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"Cuidaré lo que hablo"
A la mañana siguiente los tres hermanos Jonas debieron levantarse temprano ya que tenían deberes que cumplir como músicos estrellas. A primera hora comenzarían con una entrevista para la nueva revista llamada primicia juvenil –de la cual no sabían absolutamente nada- . Salieron de la casa esperando que no fuera un error ir a aquel lugar.
-¿Aquí es? –preguntó un Joseph medio dormido mirando por la ventana del automóvil. Su padre los había acompañado como de costumbre.
-Sí, aquí se supone que es –le respondió haciendo bajar a sus hijos. Todos, incluyendo a Paul, tenían sueño.
De pronto un hombre de tez oscura se acercó a ellos y los hizo entrar a una habitación con fotografías de famosos enmarcadas pidiéndoles que aguardaran allí, obedecieron viéndolo salir. Nicholas fue el primero en abrir la boca al estar solos.
-A que nos preguntan lo mismo de siempre –bufó. Iba a continuar hablando y quejándose pero la puerta se abrió mostrando una mujer de caderas anchas y anteojos que resaltaban su rostro dándole aspecto de mosca.
Contuvieron la risa pues era realmente ridícula. Llevaba una blusa amarillo chillón, falda larga y verde, y en el cabello había una especie de accesorio rosa muy ridículo que hacía su rostro se viera aún más grande de lo que ya era. No era una persona conocida y no podían decir ni pensar más de ella.
-Hola, queridos niños –cuando la entrevistadora habló los tres Jonas se observaron ¿había dicho niños?, ya no eran niños y además ella parecía la pequeña ahí con esa voz chillona como de las caricaturas que ve Frankie por las mañanas a la hora del desayuno a todo volumen-. ¿Qué les parece comenzar de inmediato?, sería más interesante y hasta podríamos ser amigos.
Era una mujer realmente extraña; hacía preguntas fuera de lo común como: «¿Qué usan para el cabello?» o «¿Qué flores les agradan?», era una locura. Pero ya no podían salir huyendo y, como ellos esperaban, la entrevistadora les preguntó cosas "incomodas" que trataban de solucionar con risitas amables pero a veces delatadoras.
-Niños, hay algo que necesito preguntarles ya que todas las chicas del mundo se mueren por saber ¿tienen novia? –aquella pregunta dolió el doble. Por llamarlos nuevamente niños y por hablar de novias.
-No –respondieron Joseph y Nicholas de inmediato, como queriendo escapar de la pregunta aunque ninguno tenía ni siquiera citas.
-Bueno, pues yo sí y no es una noticia. Todos saben que salgo con una tal Danielle –Kevin estaba tranquilo. Sus hermanos envidiaban la manera sencilla y despreocupada que acostumbraba tener a la hora de ese tipo de preguntas.
-¿Hace cuando sales con ella? ¿Por qué sales con ella?
-Desde unos meses y es obvio que salgo con ella porque me gusta –ya no sabía si sentía lo mismo por esa Danielle. Su estomago se revolvió al instante.
-Me alegro por ti Kevin –sonrió la entrevistadora acomodándose los anteojos aún más. –Cambiando de tema, me he enterado de que al fin la mansión vecina a sido comprada ¿es un estorbo los vecinos nuevos?
Nadie entendió porque ella sabía de los Molinatto. Se pusieron tensos mirándose los unos a los otros deseando que su padre -que los esperaba afuera- los sacara de ese aprieto. Kevin como hermano mayor la enfrentó un poco dudoso intentando buscar las palabras adecuadas antes de hablar; si sus hermanos no abrían la boca todo iría a la perfección.
-No, definitivamente no son un estorbo. Son muy tranquilos y agradables –contestó sin vacilar.
-¿Hay chicas de sus edades? –se alejó del respaldo de la silla para estar más cerca de la cara de Nicholas. Él sintió la respiración potente de la mujer mosca esperando que ahora fuera su turno de contestar. Miró a Kevin intentando buscar ayuda pero no tuvo éxito. -¿Nick?
-Podría decirse que sí –respondió él. Ya habían perdido como en la guerra, ahora se estropearía todo. Se encogió de hombros derrotado.
-¿Me explicarías más?
Y entonces todo fue un caos. Joseph al sentirse fuera de la entrevista sintió la necesidad de responder por su segundo hermano menor. Arruinándolo todo.
-Sabemos que es una familia numerosa ya que tienen como hijos a dos chicos y a tres chicas. Ellas son más o menos de nuestras edades, aún no lo sé con certeza. Pero son muy simpáticas, sólo eso sé, aunque una vez fueron a casa para…
-¡ah! –Exclamó la señora entusiasmada por la fuente de información que Joseph le enseñaba-, ¿Y son lindas? ¿se han enamorado de alguna? ¿no son su tipo?
Lo había estropeado. Sus hermanos ahora lo miraban con cara de pocos amigos, sobre todo Nicholas que sabía que por aquel incidente no los dejarían en paz hasta que alguna de las familias se marcharan del vecindario. Imaginándose lejos de ellafue la peor de sus pesadillas… aunque poco conocía a Aline un cable los unía y separarse de ella significaba un horror para él.
Estalló.
-¡NO PUEDO NI QUIERO COMPRENDER PORQUÉ NOS PREGUNTA SOBRE NUESTRAS VECINAS! –comenzó a gritar como loco. Kevin y Joseph abrieron los ojos de par en par intentando reaccionar ante la actitud de Nicholas-, ¿O ES QUE NOS QUIERE ATORMENTAR PREGUNTANDONOS SI SON LINDAS?, SI LO SON ¿QUÉ HAY CON ESO?, SI LAS AMAMOS ¿QUÉ...?
-¡Nick! –Kevin reacciono abalanzándose sobre su hermano intentando tranquilizarlo. La entrevistadora parecía muy exaltada y asustada. Aunque las palabras de Nicholas las copiaba en un cuadernillo azul como loca.
-O ES QUE USTED NECESITA SABERLO DEFINITIVAMENTE TODO ¿SEÑORA-CARA-DE-MOSCA?
-¡DETENTE! –saltó Joseph sobre él y le pegó un puñetazo en el pómulo derecho muy fuerte a decir verdad. Nicholas quedo ido tocándose la zona afectada. –Creo que la entrevista terminó aquí, me disculpo por mi hermano.
-No se preocupen, niños. Esto era todo lo que quería saber –entrecerró los ojos y sonrió más bien de una manera maliciosa. Los Jonas no le hicieron mucho caso a aquel gesto y se marcharon sin saber que una tormenta les esperaba por el escándalo que habían armado delante de una chismosa vengativa.
De regreso a casa fue todo un silencio sepulcral. Nicholas estaba molesto, aunque se sentía merecedor del puñetazo que Joseph le había dado por su estúpido comportamiento. Joseph se sentía realmente culpable debido a que si no fuera por él no habría ocurrido nada malo. Y Kevin con su padre se miraban una y otra vez intentando animarse con la mirada, pero nada les resultaba. Todos ellos detestaban tener una vida en la que estaba interesada gente ajena y continuamente debían lidiar con ello quejumbrosamente.
Al llegar a casa Paul estacionó el automóvil afuera de la cochera, y para cuando fue a apagar el motor Nicholas y Joseph hablaron al mismo tiempo.
-Perdón –al decir esto ambos se miraron comprendiéndose. Ya no importaba el puñetazo de Joseph y tampoco el griterío de Nicholas. Sólo importaba permanecer juntos como la gran familia que eran.
Paul no abrió la puerta del coche y se quedó mirando a sus hijos fraternalmente. Luego, con voz apaciguadora les dijo:
-No se preocupen, muchachos. Estas cosas son parte de la vida que les ayudarán como cada equivocación que cometemos, una enseñanza desde luego. Es un buen momento para decir: "cuidaré lo que hablo" y si son astutos no volverá a suceder.
-Tienes toda la razón papá –aprobó Kevin-, pero déjame decir que viéndolo ahora de manera tranquila fue bastante divertido. Nick todo un histérico diciendo Señora-Cara-De-Moscade manera entrecortada y, Joe contra él sacando lo aprendido en clases de karate.
Todos rieron.
-Queridos hijos, ahora entremos a la casa. Denisse nos debe estar esperando con el almuerzo –decía Paul bajando del automóvil. Lo siguieron-. Nick, colócate un hielo que se está enardeciendo tu mejilla y si pregunta tu madre que ocurrió trata de esquivarla. Pues seguro si lo sabe me retará a mí.
Denisse se puso histérica al ver a Nicholas maltratado. Lo atendió frenéticamente y, una y otra vez les preguntaba que había ocurrido. Terminó descubriendo todo y los castigó la tarde entera dejándolos solos en casa limpiando sus habitaciones y los platos del almuerzo mientras ella salía con Frankie al parque. Paul decidió quedarse a inspeccionar la limpieza de los chicos pero la realidad era que quería darse una larga siesta. A penas se durmió a Joseph se le ocurrió una idea.
-Iré a hablar con nuestras vecinas. He recordado que ayer quería invitarlas a la fiesta del Sábado –comenzó a decir mientras depositaba un vaso ya seco en el estante de arriba a la izquierda-, ¿me acompañan?
-Estamos castigados –le recordó Kevin cerrando el agua del grifo.
-Además ni las conoces, ¿Cómo crees que aceptarán si somos extraños para ellas? –preguntó Nicholas terminando su deber de asear la cocina. Él quería que asistiera a la fiesta Aline pero no debía ser obvio, sus hermanos no podían enterarse que sufría de un caso de amor a primera vista.
-No somos extraños –resopló su hermano-, somos sus vecinos y ya nos conocen. Ya terminamos de limpiar así que les ruego que me acompañen.
-Pero no puedo ir con esto –señaló Nicholas con su dedo índice el cardenal de su cara. No estaba tan notorio por todo lo que Denisse le había dado, pero si se notaba. No podían verlo así.
-¿Ves?, te interesa al menos lucir bien delante de ellas. Eso significa que te importan, así que vamos ya –apremió su hermano algo hiper-activo. No les preguntó si irían, sólo los jaló del brazo y los arrastró hasta la mansión Molinatto. De cualquier manera, ellos también querían ir.
Al ya estar afuera Joseph comenzó a arrepentirse de lo que hacía como a menudo le ocurría. Sintió vergüenza y ya se le había olvidado todo lo que quería decir. Kevin sólo para atormentarlo tocó el timbre y se echó para atrás junto a Nicholas, a él le latía dolorosamente el corazón.
Muchas cosas nuevas se avecinan... :)
