No recuerdo la última vez que volví a sentirme de esta manera, en dónde mis sentimientos florecieron con emoción y me dí cuenta de lo bien que se sentía tener a alguien abrazándome o simplemente sosteniendola en mis brazos, mientras le decía cuánto la amaba.
— ¿Recuerdas cómo nos conocimos?.— Me preguntó en un suave susurro, ella permanecía recostada entre mi torso y mi hombro, solamente nos cubría una sábana, nuestro calor corporal era suficiente para abrigarnos. — Si lo analizas, fué bastante extraño.
— Ahora que lo pienso, recuerdo estar borracha... Y que golpeé a un idiota.— Reí suavemente, aún sentía los nervios en todo mi ser al mirar aquellos ojos color ámbar.—
— Y después lo hicimos toda la noche, cómo hoy.— Su cálida voz me hacía estremecer, Kotori sabía mis puntos sensibles, y esas palabras dichas cerca de mi oído no eran una buena señal.
— C-c-con la diferencia de qué ahora estamos recién casadas.— Mencioné con felicidad, una de mis manos descansaba en mi frente, Kotori me tomó de esa mano con un movimiento lento y cuidadoso, uniendo nuestros dedos, dejando ver el par de anillos a juego. — ¿Q-q-qué pasa?.—
— ¿No crees que esto podría ser un sueño?.—
— Incluso si es un sueño, me encantaría vivirlo una y otra vez.— Sonreí con seguridad.
— Espero que sólo sea conmigo.—
— Claro que solamente estaría contigo, no volvería a casarme si no fuera el caso.— Dejé de lado mi tímida aura, y en cambio sólo cambié nuestras posiciones, quedando yo encima de ella y entre sus piernas. Siempre amé todas las facetas de Kotori.
Cuando se enojaba por que su personal de trabajo no le ayudaban cuando ella lo necesitaba, cuando reía suavemente después de ver su tv show favorito sobre comedía, cuando actuaba con madurez frente al público al mostrar sus diseños de ropa e incluso cuando a ella le tocaba caminar en la pasarela, también cuando se sonrojaba frente a los halagos sobre su marca de ropa, cuando lloraba por que mostraba su lado débil y después se sentía segura consigo misma al sonreír, cuando siempre daba lo mejor de si misma para hacer las cosas bien, cuando me decía que me amaba, cuando pronunciaba mi nombre... Y cuando me miraba con esa sensación inexplicable de querer más de mi, y yo de ella.
Me tuvo tanta paciencia y amor al encontrarse con una Umi lastimada con miedo de volver a amar de nuevo, decidí dejar todo aquello que no me beneficiaba, dar lo mejor de mí y sanarme. Me entregué a ella, justo como ahora.
— Umi-chan...—
— ¿Si?.— Subí mi mirada para encontrarme con sus ojos acuosos.
— S-s-sólo estaba pensando en que no podía verte de cerca mientras lo haces...— Giró su rostro, intentando cubrir su cara por el rubor que había adornado su rostro, aunque entre sus dedos se podía ver como intentaba verme nerviosamente. En respuesta reí tiernamente, el alcohol que había bebido en la fiesta de la celebración ya estaba en mi cuerpo, el calor me parecía insoportable, así que saqué mi cabeza de entre sus piernas y subí hasta su rostro para darle un largo beso.
— ¿P-p-por qué estás llorando?.— Me alarmé al darme cuenta de que unas lágrimas rodaron de sus mejillas al terminar nuestro beso, limpié su rostro con mis manos.— ¿Hice algo malo? ¿Tal vez ya estás cansada?.
— N-no, es sólo que de verdad estoy muy feliz.— Me respondió con una dulce sonrisa, mi preocupación se esfumó, y sus abrazos abiertos me esperaban para acercarnos de nuevo, no perdí la oportunidad.— Perdón por asustarte,Umi-chan.
— Está bien, no tienes que disculparte.—
— ¿Seguimos?.— Ya no me parecía raro ver cómo mi recién esposa cambiaba sus actitudes, ella de verdad conseguía lo que quería, pasó sus manos por detrás de mi cuello haciéndo que mi cuerpo cayera encima de ella, aunque traté de controlar mi peso, mi falo hizo cierta presión con fuerza en su abdomen.— Gracias por darme atención, ¿puedo darte yo a ti, Umi-chan?.
Nunca obtuve respuesta de cómo es que Kotori podía encenderme con palabras tan rápidamente, mi piel podría ser sensible pero cuando me tocaba mientras me miraba a los ojos; era demasiado. Mi cuerpo flaqueaba, y esa sensación de cuando tomaba mi longitud con la palma de su mano, me hacía esconder mi rostro entre su cuello, aguantando la respiración.
— ¿Esto está bien? .— Sus preguntas se escuchaban como si estuviera debajo del agua, el choque electrizante en mi vientre no me dejaba pensar, el ambiente comenzaba a nublarse.— ¿Umi-chan?
— E-espera... Estás siendo muy rápida, Kotori...— Mi voz sonaba un poco ronca, el placer empezó a recorrerse en mi cuerpo, y esa agitación en mi corazón no se desvanecía. Ella lo entendió a la perfección, apresurando sus movimientos, estaba apunto de sentir el climax, pero de repente se detuvo sin decirme nada, causando una frustración agradable y exasperante para mí, dejé salir un gruñido. — Hey, eso fué muy cruel.
Me quejé con un ligero aire de molestia, tomé un poco de distancia para verla a los ojos.
— ¿Para qué quieres acabar en mi mano, cuándo puedes hacerlo dentro?.— Y aunque no me lo dijo dos veces , atraganté con sorpresa, deseaba con toda mi alma quitar esa sonrisa juguetona de ella y cambiarla por una mueca de placer. Me posicioné sobre mis rodillas, abrí sus piernas, dejando ver aquella zona que desbordaba por ser atendida de nuevo. Kotori dejó escapar un pequeño gemido al sentir mis dedos en su pequeño punto, dándole suaves movimientos círculares. Quedé hipnotizada, ella intentó parar mi mano, cosa que evité por completo.
— Oh no...— Introduje un dedo, eso bastó para que gimiera ruidosamente, mis labios formaron una sonrisa de satisfacción.— Quiero que me lo pidas...
Definitivamente mi vergüenza quedó en otro lugar muy lejos, pero eso ya no era importante ahora. Sólo quería escucharla decir lo que tanto había estado queriendo, una vez más y las veces que fuera necesario, ya que era mi adicción.
— Hmh... Ah.. Ah...— Intentó cubrirse la boca para disminuir su voz, fruncí las dejas porque de verdad quería escucharla, así que apresuré el movimiento de mi mano, con lentitud a la vez.
— Kotori...—
— Por favor Umi-chan, sólo házmelo.— Me sorprendió que se levantará un poco para darme un beso, un beso que me suplicaba que le hiciera el amor.— Por favor...
No pude resistirme más, y regresé a la posición entre sus piernas, cada vez que me acomodaba para hacerlo de una manera propia, sentía la intensa mirada de la mujer que pasaría el resto de mi vida junto a mí. ¿por qué se seguía sintiendo cómo si fuese mi primera vez?, no tenía idea.
— S-siento que voy a ser un poco ruda esta vez, así que no dudes en decírme si algo no está bien.— Le mencioné con toda la amabilidad y claridad que podía, en respuesta ella me sonrió tímidamente.
Removí algunos mechones de mi cabello azulado detrás de mi oreja, logré acomodar las piernas de Kotori al lado de mis costados. Con cuidado tomé mi erecto miembro, rozando la punta en la entrada de mi amada esposa, sentí la humedad, gemi de placer a la par de ella.
Me concentré en causar esa fricción que tanto le encantaba, aunque le frustraba era un gusto culposo. Todo cambió cuando sentí en mi brazo libre un escaso dolor punzante, noté que Kotori había arañado mi antebrazo, señal de que ya no podía más.
— L-lo siento...— Susurré inaudible, tomé una de sus piernas para posicionarla un poco más a mi alcance, y con mi otra mano introduje poco a poco mi falo, uniendome a ella en un chocar de pieles. Esa unión hizo que mi consciencia terminará por perderse, ni siquiera podía cerrar por completo mi boca. Las ganas de mover mis caderas fuertemente acompañadas de movimientos largos y lentos ya habían tomado dominio total de mí. Cerré mis ojos fuertemente, centrándome en tener un control y ritmo decente.
Casualmente abrí mis ojos para ver a Kotori, pero esa imágen frente a mis ojos jamás podrá borrarse de mí memoria, ella lucía tan absorta en el placer, mirándome con sus orbes ámbar que se perdían con los golpes que daba en su mero punto, el sonrojo en su cara, sus pechos se movían acordé a mis movimientos de arriba y hacia bajo, su boca levemente abierta para dejar salir sus gemidos.
Ya no pude más y perdí el control por completo, ya no podía tener un ritmo normal, sus gemidos pasaron a ser gritos ahogados en placer. Estuve atenta a sus reacciones, aunque parte de mi consciencia ya estaba del otro lado, me aseguraba de que ella estuviera bien.
— U-u-umi.., dame un ...Beso...— Con dificultad logró acabar su petición, no podía negarme ante esa bella mujer. Sin dejar de moverme, me acerqué a ella para darle ese beso, pero ella no quiso que me retirará, pues posó sus piernas detrás de mi espalda baja para que no me alejará, y sus manos recorrieron mi espalda, dejando dolorosas pruebas de ese momento.
Fué una de las tantas veces que lo hicimos en aquella agradable noche. Algo así como la tradicional "Luna de miel". Nos habíamos hospedado en un hotel cerca de la playa, el lugar favorito de Kotori, sólo quería permanecer al lado de ella, abrazándola cómo lo hacía ahora. Descansando después de demostrarnos cuánto nos amamos, aunque yo fuí la primera en despertar por el frío, nos cubrí con una manta, me aseguré de abrazarla lo suficiente para darle calor, y una vez más, me dí cuenta de qué me había enamorado de ella más de lo que me pude imaginar el día en el que la encontré en el bar.
Sonreí al verla descansar cómodamente, decidí acompañarla en ese profundo sueño, ya que también me sentía bastante cansada y muy probablemente me esperaría un dolor corporal increíble. Le dí un beso en su mejilla y cerré los ojos.
— •Pov normal • —
La luz que entraba por la ventana, iba directo al rostro de Umi, quién comenzó a removerse por la molestia. La modista ya estaba despierta, se puso de pie para cerrar aquellas cortinas.
— ¿Kotori?.— La peliazul parpadeó varias veces, tallando un poco los ojos para aclarar su vista. — K-kotori, podrías haberte cubrido con alguna sábana.
La peligris no se había percatado de que estaba completamente desnuda, y la mirada acusadora de su recién esposa le causó cierta gracia. Caminó lentamente hacía la cama, sentadose al lado de Umi.
— ¿Y de qué te avergüenzas?, me verás muy seguido así.— Reía con suavidad, inclinándose para darle un tierno beso a la escritora.— Buenos días Umi-chan.
— Buenos días...— Susurró sumergida en la vista que tenía ante sus ojos al corresponder el beso.— ¿Estás bien?.
— Solamente un poco adolorida.— Guiñó un ojo, siendo cómplice de aquellos actos que le habían causado ligeros dolores en sus caderas y piernas.— ¿Y tú?.
La escritora por su parte sintió cierta culpa, sonrió nerviosa y rascó su cabellera.
— Me siento igual, tal vez nos excedimos ayer.—
— Supongo que debemos acostumbrarnos a eso.— Los orbes ámbar brillaron con intensidad, algunos rayos de luz entraron por los huecos libres que quedaban por las ventanas, Kotori era iluminada por esa misma luz. Lucía como un ángel ante Umi.
— Tienes razón.— Se unió al coqueteó de su esposa, acercándose para darle otro tierno beso.— ¿Quieres desayunar?,puedo traerte algo.
La modista se subió por completo a la cama, abrazando a la escritora con completa comodidad.
— Aún es muy temprano, descansemos un poco más y después salgamos a desayunar al restaurante del hotel.— Hizo un puchero, de verdad no quería despegarse de su escritora. Umi sonrió enternecida por la escena, devolviendo el abrazo.
— Está bien, pero no dudes en pedirme algo.— Se removió en su lugar para quedar más cerca de la modista, subió las sábanas que les cubría para no atrapar ningún resfriado por el frío de la mañana.
—¿Ahora mismo puedo pedirte algo?.—
— Dime.— Umi puso toda su atención para escuchar la petición de Kotori con claridad.
— Quiero otro beso como el de hace un momento.— Cerró los ojos, esperando que aquella muestra de afecto llegará pronto.
La sonoda se sonrojó, a veces su vergüenza regresaba en repetidas ocasiones, pero cuando se trataba de su ahora esposa. Se proponía seriamente en dejarlo de lado, no quería abstenerse de mostrar el afecto físico que tanto le encantaba a Kotori. Miró por un par de segundos a la peligris, respiró hondo para reunir toda esa confianza y se acercó a su rostro, dándole ese beso que tanto quería. No contaba con que, al querer retirarse, Kotori la detuvo para seguir con el beso.
— ¿No preferías descansar?.— Preguntó con sarcasmo.
— Tu esposa quiere hacerlo de nuevo.— Le regaló una sonrisa juguetona.
— K-kotori...— El rubor subió hasta sus orejas, su rostro ya estaba emanando calor, el simple hecho de escuchar a la modista decir "Tu esposa" la hacía inmensamente feliz .— ¿Estás segura?.
— Tenemos algunos días antes de regresar a casa.— Aseguró con toda la confianza posible.— ¿Si?.
— Sólo una vez, debemos comer algo después.— Sugirió, rindiendose por completo. Kotori no perdió el tiempo y besó apasionadamente a su esposa, una que otra risita se escapaba de sus bocas.
— Deja de estar tan preocupada y disfrútalo.— Casi como una advertencia, la modista le dió un pequeño golpe en la nariz.— ¿Lo harás Umi-chan?.— La pregunta dejó atónita a la escritora, la peligris consiguió recostar a la Sonoda, posicionándose encima de ella, estando sentado en su regazo, con una sonrisa malvada.— ¿Por qué no dices nada?.
— ¿Uh? ¿Ah?.— Las expresiones desconcertadas de Umi y su notable sonrojo a causa de los nervios provocados por su esposa, le ponía la mente en blanco, imaginándose muchas cosas.— S-si, lo disfrutaré.— Atragantó decidida, aceptando que ella también terminaría bastante adolorida y tal vez sin poder hacerlo por unos días, ya que toda la noche se la habían pasado en aquél acto.
— Buena chica, Umi-chan.— Kotori acomodó un mechón cenizo detrás de su oreja, agachándose a la altura de la escritora para iniciar uno de los tantos besos que darían comienzo a las intensas muestras de afecto. Por supuesto, Umi le correspondió gustosa, olvidando toda preocupación posible.
Después de todo, la luna de miel no puede suceder dos veces. No había motivo por el cuál abstenerse y estaba con la persona que tanto amaba, quería sentirlo todo en carne propia.
Capitulo especial KotoUmi. Nada mejor que su Luna de miel (‿).
