Clases de defensa ponisonal con el ex Rey Sombra, hoy jubilado
Por una de esas casualidades, Sombra paseaba con su amigo el Juan cerca del Imperio de Cristal. De hecho, iban en tren, no en avión, aprovechando a recorrer Equestria. Pero cuando notaron varias formaciones de cristal oscuro alrededor del castillo y por el pueblo, decidieron bajar para ver qué onda. En eso, se toparon con un par de ponis de cristal que huían despavoridos. Fue a través de ellos que se enteraron de que el Imperio estaba tomado por un unicornio que con magia oscura se había hecho con el poder en cuestión de horas. Aquellos dos ponis habían conseguido escapar y pensaban tomar el tren para ir a avisar lo más rápido posible a las princesas Celestia y Luna o en su defecto a la princesa Twilight y su cotarro.
Entonces, el negro frunció el ceño como cuando se levantaba chinchudo y dijo:
—Ah, no, no, esto así no puede ser…
Y se mandó derechito para el castillo nomás.
—Ustedes vayan igual nomás —les aconsejó Juan Seco, cebándose un mate mientras trotaba tranquilo detrás del grone. Sabía que se venía algo bueno.
Haciendo uso de sus habilidades para escabullirse en lugares vigilados, tal como lo hacían en sus mocedades, se infiltraron sin mucho problema en el castillo. Aunque uno que otro guardia poseído por magia oscura hubo que voltear… Así hasta que llegaron a la sala principal del trono, donde por un lado estaban Shining Armor, Cadence y Flurry Heart atrapados en una prisión de, como no podía ser de otra manera, cristal oscuro, aunque igual se podía ver para adentro. Había una gran cantidad de guardias, también poseídos, alrededor del trono donde estaba sentado, muy orondo, un unicornio azul con crin amarilla (de Bokita papá) con una línea roja -porque ya está muy usado eso de poner ponis negros con rojo, que todavía no había terminado de pronunciar su discurso de villano genérico de cuarta.
Ni lerdo ni perezoso, y ante el asombro de los príncipes regentes y de la tanda de ponis de cristal con bandejas de frutas y otros tributos, el ex-rey Sombra se plantó delante del gil ese y le espetó a bocajarro, sacando para afuera todo su espíritu de barrio.
—Eh, vo', que te hacés el macho con pollerudos, yeguas y menores, ¿por qué no venís y me sobás bien la… pata?
—Uh, se re pudrió —susurró Juan, escondido detrás de unas cortinas pero sin dejar de tomar mate.
El poni que se las daba de hechicero oscuro lo miró sin comprender mucho la jerga del unicornio gris.
—O sea, quiero decir que si realmente tenés huevos, vas a venir a enfrentarme solo sin andar mandando a tus patovicas.
Pero todavía no le caía la ficha al otro. Lo único que atinó a hacer fue reír malévolamente (porque obvio, no podía faltar la malévola risa boluda). Se tocó con el casco izquierdo un amuleto parecido al amuleto del alicornio pero que no era el amuleto del alicornio, y empezó a hablar de forma rimbombante.
—¡Mi nombre es Black Starfire, Emperador de la Oscuridad! ¡Y ni siquiera tú, rey Sombra, podrás derrotarme!
El negro no pudo aguantarse la risa por lo ridículo del nombre, y respondió con sorna:
—Faaaaa, máquina, ¿nombre más edgy no te podías poner? Mirá, maquinola, te cuento cómo es la cosa: acá hubo un sólo Señor Oscuro, y ese fui yo. Así que andá tomándote el palo, que la pinta de edgelord no te pega, y menos con esos colores tan horribles, de puro pecho frío.
Enojado, Black Starfire conjuró un hechizo de magia oscura con ayuda de su amuleto y lo lanzó contra Sombra, con el firme propósito de someterlo y demostrarle que no había nada de malo con sus colores… entre otras cosas.
Por un momento, los ojos del unicornio gris se pusieron igual que el que gobernaba el imperio, con las pupilas rojas y las escleróticas (o sea, la parte blanca del ojo) de color verde, más la estela púrpura. Sin embargo, Sombra simplemente parpadeó, estornudó y eructó, quitándose de encima el influjo mágico.
—¡Ése es mi pollo! —se oyó decir a Juan, medio enrollado en las cortinas.
—Pfff, principiante. —dijo Sombre mientras soltaba un gargajo que fue a embocar a una escupidera casualmente ubicada al lado del trono— ¿Hechizos básicos de manual, en serio? ¡A papá mono con bananas verdes, no, pendejo!
Lo de pendejo lo decía porque se había dado cuenta de que el tal Black Starfire no tendría ni veinte años cumplidos.
—Ahura te vua enseñá a respetar a los mayores, viteh'.
Y en un visto y no visto, se teletransportó al lado del pony edgy y lo bajó del trono de un sartenazo. Y con un sartén Essen, por si fuera poco.
—Mierda que salen buenos estos sartenes, che.
Y antes de que su adversario pudiera reaccionar o intentar levantarse, Sombra le pegó un japish en la nuca como para reiniciarle las ideas y le sacó el goyete de magia negra que estaba usando. Aquello no hizo que los colores del pono oscuro cambiaran, así que se ve que era así de feo nomás.
Toqueteando el artefacto, el negro descubrió cómo funcionaba: básicamente controlaba a todos los que estaban poseídos según la voluntad del usuario. Entonces, Sombra se puso el artefacto y una cumbia empezó a sonar de la nada mientras los guardias aún poseídos sacaban los pasos prohibidos al ritmo del siguiente cumbión:
Llegamo' los ponis chorros,
queremos los cascos de todos arriba
porque al primero que se haga el ortiba
por pancho y careta le vamos a dar…
Y mientras los demás ponis no terminaban de salir de su asombro, la canción cambió de repente:
Por ser un potro bien cumbiambero,
me mandás al destierrooooooo….
¡Anti!
Porque si un negro corre dicen que ese robó,
vamos a llevarlo preso que algo se afanó,
y si un cheto lo hace, no, no,
ese poni no robó….
—¡Cantáte la de la comisaría! —pidió Juan, todavía atrás de la cortina.
Entonces, otra vez, la música volvió a cambiar:
Fui aaaaaaaaa parar
a la Comisaríaaaaaaaaaaaa
Fui aaaaaaaaa parar
a la Comisaríaaaaaaaaaaaa
Aaaaaaa parar
A la Comisaríaaaaaaaaaaaaa
—Bueno, ya fue, suficiente boludeo —y con unos simples movimientos, Sombra desactivó el coso. Enseguida, todos los ponis poseídos recuperaron el dominio de su voluntad, algunos todavía en pose de baile. Miraron confundidos a su alrededor sin comprender lo que sucedía, y menos cuando vieron al antiguo villano desarmando la baratija con la que los habían poseído en primer lugar.
—Pero… ¿cómo? —fue lo único que atinó a decir Black Starfire sobándose todavía la cabeza (la de arriba) por el sartenazo. Ni siquiera había tenido una batalla mágica ultraviolenta como lo había soñado cuando usó el amuleto por primera vez.
Sombra simplemente sacó un puro y un encendedor de quién sabe dónde (esto es un fanfic, no necesita tener lógica) y después de darle un coscorrón por puro gusto, comenzó a hablar echando circulitos de humo como hacen en las caricaturas.
Empleaba un acento extraño, por alguna razón.
—A ver, pibe, donde vos estás galopando yo ya hice jineteada. Y me agarraron a rebencazos por el lomo y me dejaron hecho un buraco al otro lado del alambrado. Hacéme caso que yo te hablo desde la experiencia: esto de ser villano ya no es negocio. Miráme a mí, que me tocó fumarme mil años en un puto glaciar y cuando volví, no me dieron la oportunidad de redimirme como a otros, ni tampoco me revivieron para enseñarme sobre la amistad ni engancharme con una poni que me deje hacer lo que quiera y me perdone todas las cagadas que me mande. No, no, nada de eso: por ser negro me hicieron mierda, me reventaron como a un sapo con una cursilería vomitiva pero poderosa. A mí no me permitieron currar con la lástima y decir que hice lo que hice porque era un pobre huérfano al que todos le hacían bullying por ser negrito, y que obviamente por culpa de todo ese rechazo se convirtió en un resentido social con ínfulas de megalómano y recurrió a la magia negra para esclavizar a todos los soretes que se burlaron de él en el pasado. Nanai, con el negro que va de caño cero empatía, es destierro o eliminación, no hay medias tintas. Ahora, si yo fuera una yegua de colores pastel, ahí no hay problema: unas palabritas sentimentales y abracitos y besitos, chau, chau. Tranquilamente podría haber vendido la magia de las cuatro princesas por chirolas y no me hubieran hecho nada si yo dijera "lo siento". ¿Vas entendiendo por dónde van los tiros?
—Eh…. —el corcel azuli-amarillento no estaba muy seguro de qué responder, pero todavía no era capaz de razonar del todo y seguía emperrado en sus trece— ¡Pero si te hubieras unido a mí, hubiéramos podido conquistar Equestria!
Aquello hizo que el negro casi se ahogara con el humo del puro por la risa. Y por un buen rato estuvo riéndose con la boca abierta, mostrando hasta las muelas de juicio casi careadas.
—¿Vos te pensás que hubiéramos llegado muy lejos? Pdfffff no seas tan boludo, pedazo de marmota: a lo sumo uno o dos días, y aunque consiguiéramos destruir el Corazón de Cristal o hacer chota el Árbol de la Armonía o matarle la vieja a Twilight, vos perdé cuidado que algún poder cursi va a aparecer para salvarles las papas y a nosotros nos van a sacar del forro del culo. Así de simple. Por eso te digo, y prestá mucha atención: vos tenés que aggiornarte al esquema de poder que impera en este universo: hacéte el boludo y mangueá lo que puedas. Hacé la gran Discord: sometéte al discurso y práctica de la Amistad, que es la fuerza superior acá, y listo. Yo ni en pedo volvería a querer conquistar este Imperio roñoso, si caí acá fue de pura casualidad nomá, pero en circunstancias normales no pondría ni ahí un casco acá. Yo ahora estoy para conseguirme un terrenito, plantar una viña, sentarme los sábados a la tarde con el mate y mirar cómo otro pelotudo es vencido por creerse el top villano edgy que se puede pasar por los huevos las normas. Además, si te dieras una idea de lo hermoso que es este futuro… —a partir de acá la voz de Sombra se volvió gradualmente tan alta y tan intensa que hasta lo podían escuchar desde afuera— ¡Hermano, quién iba a soñar que con abrir una canilla ibas a tener agua caliente corriente! ¡Y bañarte en una bañadera, en un baño propio, con un retrete limpio, impoluto y blanco! ¡Si vos vieras lo que era bañarse en mi época, con una palangana maltrecha y recontra cagándote de frío en invierno! ¡O ir a cagar al pozo ciego, y mirar al interior del excusado que era como mirar al abismo, y sentías que el abismo te devolvía la mirada! ¡No sabés, están en la gloria hoy en día!
Sólo los ponis de cristal eran capaces de recordar el lenguaje grosero que el ex rey Sombra solía emplear cuando gobernaba. Y especialmente si se había bajado un par de botellas de vino tinto -y nadie dudaba de que probablemente tenía un pedo viejo machazo cuando Celestia y Luna vinieron a enfrentarlo hacía mil años-, porque a eso le entraba como a otras cosas que no vamos a mencionar acá porque es horario de protección al menor.
—En fin, aunque vos sientas que esto es una humillación y toda la bola, —Sombra rodeó con un casco al joven imprudente como un entrenador lo haría con un jugador que estaba jugando para el orto—considerá que en realidad te estoy un favor, nene, porque te estoy ahorrando una derrota mucho más humillante. Y si realmente no podés controlar ese impulso estúpido de conseguirte una mísera cuota de poder, al menos agarrá, buscáte un mapa de Equestria, y fijáte que hay otras cientas de ciudades más para conquistar. Acá yo ya dejé mi marca y no pienso permitir que venga otro tarado con ínfulas de Sauron a borrarla. Y cuando digo que dejé mi marca lo digo en serio.
En efecto, el negro había meado la puerta del Imperio de Cristal, dejando un olor que hasta aún podía percibirse al pasar.
—Así que donde yo me entere que volviste a venir acá haciéndote el poronga, vengo y caigo ponisonalmente a rajarte la garganta, ¿entendiste? Que hace mucho tiempo tengo un facón con ganas de derramar sangre de giles.
Black Starfire, que en realidad tenía un nombre mucho más pedorro pero me da paja nombrarlo, podía ser un poco boludo pero captó, muy claramente, la mirada de loco que tenía el Sombra y comprendió que el tipo hablaba muy, muy en serio. Entonces, llevado por el miedo más profundo imbuido en su alma -y eso que el negro ni siquiera necesitó usar un mínimo hechizo de magia negra- asintió con la cabeza, completamente mudo.
—Muy bien, muy bien —de repente la expresión del ex monarca se suavizó, y volvió a adoptar el tono risueño y descansero— Igual, te entiendo, pibe. Yo también fui joven, pajero y menso. Y encima al escucharte hablar me dio un cringe tremendo porque me di cuenta de que yo también hablaba así en mis mocedades. Por suerte y a la fuerza, maduré y ahora veo la vida de otra manera. Puedo imaginarme tus motivos para ponerte así de intenso: falta de atención maternal, falta de validación paternal, nulos vínculos con el sexo opuesto, la compulsión de la cascuela, o el síndrome del virgo mal aconsejado. Pero todo eso… bueno, gran parte, tiene solución. A veces la necesidad de enterrar la batata nos hace perder el juicio, y ahí es donde la vida nos echa un casco. Eso sí: mucho cuidado con convertirse en un simp o en un incel, ¿entendiste? No hay que irse a los extremos.
Aquella charla se estaba volviendo incomprensible para el joven corcel. Pero algo alcanzó a captar, aunque no se animaba a preguntar por lo que no sabía. Desde algún lugar, alguien se estaba desternillando de risa. ¿Dónde estaba lo gracioso?
Por su parte, las neuronas de Shining y Cadence por fin empezaron a hacer sinapsis de nuevo.
—Disculpa, esto… —empezó a decir la princesa Cadence, pero ni bien Sombra se giró hacia ellos, comenzó de nuevo con su verborragia, echándoles encima una importante cantidad de humo de su segundo puro. El primero se había consumido en algún momento del infumable discurso anterior.
—¡Y ustedes dos, Shining Armor y Cadence, media pila por favor! —el unicornio aplaudió con sus cascos delanteros de modo indignado, de verdad parecía muy decepcionado— ¡Son un unicornio y una alicornio, no los tendría que parar nadie che! Shining, encima vos sos capitán, tenés un alto mando militar, pero no se nota porque parece que acá cualquiera se manda como Pancho por su casa y los guardias tienen menos entrenamiento que una tortuga. Y Cadence, aunque no seas la más poderosa de las alicornios, se supone que deberías tener un plan de contingencia por si aparece un ser oscuro sin alma como la madre de mi ex que intenta esparcir la oscuridad o algo así. Encima no habla bien de ustedes como gobernantes que venga el villano anterior que derrotaron a derrotar al villano actual al que no pudieron derrotar… sonó confuso pero yo me entiendo. ¡Hasta Spike podría defender mejor este imperio de morondanga! Capaz ahora no puede hacer mucho porque 'tá chiquito, pero ténganlo un mes comiendo gemas, Danonino y Vitina y van a ver cómo queda. Al primero que se quiera mandar la parte, lo rostiza o se lo morfa de un bocado. Así que pongan huevo, eh, que si la Tía Porota fuera un cachito más exigente con los ponis que designa para gobernar feudos marginales, ustedes no estarían acá tan tranquilos. Y tampoco pueden esperar a que siempre venga Twilight a sacarles las castañas del fuego, la pobre gurisa merece vivir un poco su vida, ¿no? Ni chonguear se puede así.
—¡Tú no nos puedes hablar así! —fue lo único que le salió gritar a Cadence, en sus mejillas se notaba claramente un color rojizo de furia.
—¡Les voy a hablar como se me cante el ojete! ¿Y por qué? Porque me revienta ver que los ponis que por puro culo me ganaron no son capaces de defender el reino que me quitaron con pezuñas y dientes como corresponde. O sea, le paré el carro yo… y ni siquiera tuve que entablar un combate mágico con el boludo éste, sino que me alcanzó con un sartenazo y una charla motivacional pasivo-agresiva. A ver, si pudieron conmigo, no acepto que no puedan con alguien obviamente inferior a mí, si no quedó claro.
—¿Entonces esto para ti es una cuestión de orgullo?
—Y, algo así. Yo sé aceptar una derrota, pero me da rabia que quien me derrote no demuestre estar a la altura…. Bah, igual ustedes no hicieron la gran cosa. El mérito es de los ponis de cristal: ellos son los que alimentan al corazón de cristal y etcétera. —A este punto, el rey Sombra se digirió a los ponis de cristal, que por alguna razón habían ido formando un corro alrededor de la escena— A ver, ponis de cristal, no me parece necesario aclararles que son ustedes los que tienen la sartén por el mango acá. Tranquilamente podrían ir al castillo de la Porota y pedirles que les dé un gobernante como la gente… O bien, pueden echar a estos dos ñoquis inútiles y elegir ustedes quién quieren que los gobierne. Eso sí, tengan muchísimo cuidado con los comunistas/socialistas porque donde se les meta uno en el trono, están al horno. Les aseguro que van a vivir peor que cuando yo gobernaba. Como dice el dicho: más vale malo conocido que malo por conocer. Y de esto les prevengo porque entre todo soy un tipo piola y todo lo demás: a cualquiera que les venga a hablar de tomar los medios de producción, de armar la revolución, entre otras yerbas, mátenlo y entiérrenlo cinco metros bajo tierra. Por nada del mundo dejen que la ideología enfermiza del socialismo entre en sus mentes, porque desde ya les digo que es peor que la magia negra, y tengan muchísimo cuidado porque los peores villanos de ahora no son brujos nigromantes que van a venir con ejércitos de demonios sacados del Tártaro, no, no, se van a presentar como tipos comunes, inofensivos, y quizá ni siquiera sean unicornios o pegasos, pero lo peligroso de estos tipos es que son hábiles manipuladores y charlatanes, que ni bien se hagan con el poder van a hacer para ellos mismos todo lo contrario de lo que van a exigirles a ustedes…
(La conferencia anticomunista se prolongó demasiado como para reproducirla acá). Cuando Sombra terminó su perorata, volvió a dirigirse a Shining Armor, probablemente porque confiaba en que el hermano de Twilight sabría darse cuenta de su punto de vista.
—...y mirá, Shining, 'cucháme una cosa. Un cuerno es una máquina de hacer agujeros, se pueden lanzar rayos hasta para cocinar. Yo el otro día me estaba haciendo un mueble, y como me cansaba mucho usar el destornillador, agarré y le tiré un rayo. Después ajusté el tornillo a la madera y quedó bárbaro. ¿Mi consejo, si se te vuelve a presentar una situación así? Bueno, si entra el villano, vos no lo podés amasijar en el balcón porque después va a decir que se cayó de arriba. Vos lo tenés que llevar al lugar más recóndito del castillo, al último calabozo, o si es posible, al sótano. Bien acorralado. Y ahí lo reventás a casquetazos o a lanzazos, por qué no… le tirás todos los hechizos, no uno porque sino vas a ser hábil tirador y te comés un garrón de la gran flauta. Vos estabas en un estado de emoción violenta y de locura… Lo reventaste a patadas, le sacaste todo el aire, lo pisoteás arriba, lo meás… para demostrar tu estado de locura y de inconsciencia temporal. ¿Me explico? Además, tenés que tener una botella de vino tinto al casco, te tomás media botella, y si tenés tabaco, masticá un poco, y vas ante las princesas así —procede a moverse todo chueco como si le estuviera dando un ataque de epilepsia— Sos inimputable, hermano, en un día salís. Y menos si el tipo se atreve a hacerle daño a tu familia. Mirá, si yo tuviera una esposa y una hija y un maldito se atreve a tocarles un pelo, te aseguro que yo lo perseguiría hasta los confines de Equestria y lo haría tirarse pedos de colores de tantos embrujos que le echaría encima. Se retorcería en su propia mierda por semanas.
Todos los presentes, desde el matrimonio de príncipes regentes hasta los ponis de cristal y guardias que habían sido liberados de la magia negra del pony edgy, hasta el mismo pony edgy, hicieron mutis por el foro, ya que no terminaban de entender del todo la jerga de barrio y la verborragia de Sombra. Como si fuera un unicornio radicalmente distinto del que había tiranizado el Imperio un milenio atrás.
El ex monarca se dirigió al pueblo.
—Y yo que ustedes, ponis de cristal, agarraría el cadáver del occiso, lo cortaría en partes, y clavaría cada pedazo en estacas alrededor del Imperio. Así, el próximo rejediento que quiera venir a armar bardo va a ver eso y se lo va a pensar bien antes de venir a hacerse el polenta acá. No sé, yo digo… ¡Y no me miren con esas caritas horrorizadas de "ay, yo no mato una mosca", porque no por nada estudié oclumancia en el colegio y he visto cada cosa en lo más hondo de sus mentes que no me atrevería a decirlo acá…!
Ya satisfecho de haber realizado la papeada de su vida, Sombra decidió ir al baño, más o menos guiándose por dónde quedaban los baños en el castillo. Mientras tanto, los demás ponis presentes no sabían cómo manejar tanta información junta. De momento, la princesa Cadence dio un patético discurso como para calmar las aguas y que los ponis de cristal pudieran retornar a sus casas y labores sin problemas. El poni azuli-amarillento autonombrado Black Starfire no se animaba a mirar ni a la alicornio ni a Shining Armor, pero tampoco se animaba a moverse de su sitio. Y por si fuera poco, Juan Seco se decidió a salir de atrás de las cortinas para preguntarles dónde quedaba la cocina, así podía cargar agua para el mate. La única que no parecía afectada en lo más mínimo por toda la situación fue Flurry Heart, quien jugaba con una lanza de plástico -que menos mal que era de plástico- con la que Sombra les había explicado a los ponis de cristal cómo empalar a un enemigo.
Y como este capítulo se me hizo largo y ya dije lo que quería decir y no tengo con qué más rellenar, voy a hacer como un montón de autores de fanfics basura.
Todo terminó en un asado, del que se encargó Juan Seco (con verduras, obvio: zanahorias, zapallos, morrones, papas, batatas, calabazas y eso). Mientras tanto, Sombra había traído un lote de libros que podríamos definir robando el nombre de una materia de Hogwarts, Defensa contra las Artes Oscuras, y les estaba enseñando a Shining y a Cadence cómo defenderse, justamente, de la magia oscura.
Y por alguna razón, a Sombra se le dio por vestirse con una túnica negra y andar con la crin larga, peinada a lo Ozzy Osbourne, y constantemente le quitaba puntos a Gryffindor (?) También había hecho buenas migas con Flurry Heart, quien a pesar de su corta edad aprendía mucho más rápido y más fácil que sus padres.
Bueno, fin, ahora vayan a leer un mejor fanfic.
Besitos en los flancos.
