Disclaimer Nada me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es de Jayeliwood, yo solo hago la traducción
Capitulo 32
"Alice, yo pienso que nos deberíamos casar en el jardín, con pantalones de mezclilla y con un juez de paz. Todo esto es realmente innecesario." Dijo Bella mientras se masajeaba la parte de atrás de su cuello. Sabía que le temía a la ira de mi hermana al decir algo como esto. Honestamente, no me importaba nada, siempre y cuando nos casáramos; al final, eso era lo que me importaba.
"Si es necesario." Alice rodó sus ojos mientras cerraba su gran libro de recortes en la mesa del comedor; estaba completamente lleno de cosas, incluso, algunas de éstas se salían. "Es perfecto que tu cumpleaños caiga sábado. Tendrás como unas treinta semanas, vas a estar… bastante…" Mi hermana trataba de encontrar una palabra que no ofendiera a Bella. Las palabras que pasaban en su cabeza eran realmente graciosas, pero no eran para decírselas a una mujer embarazada.
"¿Gorda?" Murmuró Bella. Se veía algo molesta con todo eso; aún cuando sabía que Alice no quería decir eso.
"Bueno… tal vez. Redonda sería la palabra. Así que ya escogí varios vestidos."
"Ya sabes lo que quiero, Alice." La cortó Bella.
"Mire, señorita: elegí varios, como los que te gustan; solo que tienes que escoger tu favoritos y habré terminado contigo, no te necesitaré más hasta hacer la lista de invitados." Dijo Alice firmemente, golpeando el suelo con su pie. Se imaginaba que al menos podría terminar con eso esta noche, si es que Bella no le discutía mucho. Suspiré, sintiendo pena por Bella. No estaba seguro si quería ser parte de toda aquella masacre de revistas de bodas, por lo que decidí ir a la sala con mis hermanos; era más seguro allí.
"¿A dónde crees que vas?" Rugió Alice. Me volteé sorprendido ante su actitud. "Esta también es tu boda; siéntate y ayuda, ¡ahora!"
Bella empezó a reír; le dediqué una mueca. Cerró fuertemente su boca, presionando sus labios para no dejar salir las risas. Rodé mis ojos, tratando de no reír.
"¿Qué? Es gracioso ver cuando te ponen en tu lugar, eso no pasa muy a menudo." Me sonrió juguetonamente. Después de rodar nuevamente mis ojos por sus palabras, la cogí en mis brazos, me senté en su silla y la coloqué en mi regazo. Ella se retorció un poco, buscando comodidad. Finalmente se acomodó, apoyando su espalda en mi pecho.
Nunca, en mis cien años de existencia, vi tantas cosas cursis en un mismo lugar; le hubiese puesto otro nombre, pero Alice la hubiese agarrado conmigo. Pobre Bella, tenía que estar traumatizada. Vimos todo, excepto los vestidos de novia, lo que realmente me sorprendió hasta que Alice me explicó que era de mala suerte que lo viera antes de la boda.
"Como si eso hiciera la diferencia." Resopló Bella ojeando el libro de mi hermana donde se encontraban los trajes de las damas de honor.
"¡Si importa! Vamos a hacer esto correctamente." Dijo Alice, todavía tomando notas; ni siquiera se molestó en levantar el bloc de notas mientras escribía.
"Se supone que es mi boda." Gimió Bella. Le di un pequeño beso en su cuello, mientras ella se volvía a recostar contra mí, con un gran suspiro. Quería consolarla, pero no sabía como.
"Dime qué es lo que quieres" Susurré en su oído.
"Tu y yo, casándonos bajo la luna; eso es lo que quiero." Susurró suavemente, girándose para mirarme a los ojos. Era tan profunda y hermosa… y tan mía.
"Entonces, eso es lo que tendrás." Descansé mis manos en su estómago.
"Vamos, eso no es justo ¡déjenme planear la boda!" Alice rebotaba en su asiento. Me recordaba tanto a los niños cuando hacía eso.
"Alice, podrás ayudar; pero por favor, déjame hacerlo a mi manera." Suplicó Bella.
"Tendrás que usar un vestido y él tendrá que usar un traje." Alice puso sus manos en sus caderas mientras se levantaba de la mesa.
"Bien, ¿alguna otra exigencia sobre mi boda?" Ella tenía una mueca sarcástica en su boca; me dí cuenta que pensaba que esto era divertido, desde que supo que lo haría a su manera.
"¿Podemos tener un pastel?" Los ojos de Alice le rogaban; era gracioso verla así.
"Esta bien, pastel, ¡pero eso es todo! De todas formas, ¿para que lo quieres? Tu no lo vas a comer." Bella se relajó contra mí, a sabiendo que todas aquellas exigencias habían llegado a su fin.
"Son lindos. De igual manera, créeme, querrás pastel." Alice tenía una sonrisa de suficiencia en su rostro. No había necesidad de ser psíquico, para saber que una mujer embarazada iba a querer algo dulce después de un estresante día; pero no diría eso.
Bella se encogió de hombros y se volvió hacía mí. Una dulce sonrisa se formó en sus labios y me acerqué para sentir la calidez de ellos. Ella alzó su mano hasta mi mejilla y la acarició detenidamente mientras se alejaba.
"Bien, ¡hablemos de la lista de invitados!" Alice interrumpió nuestro momento por lo que le gruñí.
"¿No podemos hacer esto en otro momento?" Pregunté exasperado.
"Edward y yo, tu, Jasper, Rose, Emmett, Carlisle, Esme, Charlie, Renée y Phill, ¡y ya! Nadie más. No invitaré a todo el pueblo a esto." Dijo Bella apresuradamente. Reí suavemente, sonriendo ante la cara de mi impaciente hermana.
"Grrrr, ¡bien! Aguafiestas." Alice se levantó de la mesa, tomando su gran libro de bodas. Ella estaba refunfuñando para sí misma en su cabeza.
"Alice, ¿Por qué tu y Jasper no renuevan sus votos?" Bella le sugirió a mi hermana. Alice gritó emocionada y pude oír a Jasper gemir en algún lugar de la casa; no pude evitar reír.
"Acabas de hacer muy feliz a mi hermana." Susurré en su cuello, dejando un ligero beso en su cálida carne.
"Así todos ganamos: Ella prepara una boda, y yo me la quito de encima." Se volteó en mi regazo para poder mirarme. Besé su nariz suavemente.
"Eres malvada." Pasé mi nariz por su mejilla, oliendo su dulce aroma mientras respiraba constantemente.
"¿Dónde te gustaría ir para nuestra luna de miel?" Preguntó suavemente, su cabeza echándose para atrás ligeramente.
La pregunta me tomó desprevenido; honestamente no tenía idea. De hecho, nunca pensé en una luna de miel. Supongo que debíamos hacerlo, tenía sentido. Casi todas parejas recién casadas tenían una luna de miel en algún momento de su matrimonio. "A donde quieras ir."
"De hecho, estaba pensando que deberíamos esperar hasta que el bebé nazca; un par de meses después. Una corta, de tres días; podríamos ir a Canadá, ¿o a Victoria tal vez?"
"Perfecto." Sonreí ante la idea. Realmente me gustaba porque a ella se le había ocurrido. Estaría feliz con todo lo que ella quisiese hacer.
De repente, Bella se inclinó hacía mí, y presionó sus suaves labios en mi oído. "No puedo esperar a que me hagas el amor." Tragué, tratando de tragarme también mi deseo por ella. Ella me sonrió malvadamente, para después levantarse. Se dirigió a las escaleras, girando su cabeza para mirarme con una pequeña sonrisa y después guiñarme el ojo. "¿Vienes?"
"Sí, señorita." Tartamudeé, y me levanté rápidamente de la silla, llegando instantáneamente a su lado.
De alguna manera, ella logró llegar antes que yo a la habitación. Quizá porque yo aún estaba sorprendido. Cuando entré a la habitación, ella cerró la puerta tras de mí, acercándose peligrosamente a mí. "Eso fue malo." Respiré.
"¿Qué?" Preguntó inocentemente, batiendo sus pestañas a mí.
"Tu sabes que." Pasé mis brazos alrededor de su cintura, y la acerqué a mí.
Ella soltó unas risitas y sonrió. "Bueno, no lo puedo evitar. Todo lo que quiero hacer es tocarte; nunca sentí tanta necesidad de hacerlo." Sus mejillas eran de un brillante color carmesí a medida que decía las palabras; absolutamente delicioso.
Empecé a acariciar su cuello. "¿Sabes?, se supone que el libido se incrementa con el embarazo." Murmuré contra su oído.
"Oh, ¿acaso es eso? ¿Estás seguro que no es por besar al hombre más guapo del mundo, innumerables veces? Porque, yo pensé que era por eso." Sus dedos presionaron la parte de atrás de mi cuello, aferrándose a él como si se le fuera la vida en ello. Besé su cuello, sintiendo su pulso correr bajo mis labios.
Sonreí contra su piel. "Chica tonta, no sé de que estás hablando."
"Mentiroso…" Dijo en un ronco susurro. Se giró y presionó firmemente su cuerpo contra el mío. Pasó uno de sus delgados dedos por debajo de mi camisa, su calor envió un choque eléctrico a través de mi sistema. Miedo. Miedo de que esto pasara a más; miedo de herirla; miedo de herir al bebé.
"Bella, no podemos…" Susurré cerrando mis ojos.
"¿Por qué no?" Estaba ignorándome, sus dedos recorriendo mis costados. Sus labios se dirigieron a mi cuello, y empezaron a besarlo.
"Puedo lastimarte."
"No lo harás." Sonó tan convencida, deseaba sentir esa seguridad; por lo menos un poco de ella.
"No tengo el control suficiente." Tragué, tratando de sacar las palabras. Sus delicados dedos ahora estaban acariciando mi cuello; sus labios estaban en mi oído cuando habló:
"Confío en ti."
"Bella…" susurré su nombre. "No puedo, todavía no. No ahora."
"¿Por qué no?" Se apartó de mí repentinamente, y la extrañé en seguida. Sinceramente, Bella se veía furiosa.
"Quiero hacerlo bien; tu mereces lo mejor." Susurré. Me recargué contra la puerta de su habitación, tomando suaves respiraciones para calmarme. Estaba lleno de tantas emociones, que me abrumaban; no sabía si Jasper podría con eso.
"Tú eres lo mejor. Estoy lista." Ella se sentó en su cama. Prendió la lámpara, llenando la habitación de luz. No había notado que estábamos a oscuras; estaba tan enfocado en eso, en ella, que no lo noté.
"No es solo eso, Bella. Y no, no soy lo mejor. Mereces mucho más que a un monstruo. Necesito protegerte, de mí, al igual que del mundo." Presioné el puente de mi nariz con mi pulgar y mi dedo índice.
"¡Ugh! ¡No eres un monstruo! Quiero que pares con eso." Me gruñó, alzando los brazos furiosamente.
"¡Si me escucharas, lo haría!" Grité. Me levanté y abrí la puerta, azotándola al salir para ir hacia mi habitación. Ya sé que era infantil y estúpido. No sabía por qué estaba tan frustrado.
Prendí el estéreo, probablemente más fuerte de lo que debí hacerlo. Seguramente rompí el botón, no que me importara mucho. Lo sintonicé en una estación de música clásica y le subí más al volumen. 'Toccata E Fuga' de Bach empezaba. Sonreí con una mueca con el siniestro sonido del órgano retumbando en mi habitación.
Sabía que Bella estaba parada en la puerta, podía oler su dulce aroma. "Música apropiada para un monstruo, ¿no crees?"
"Oh, ahora estás actuando como un niño." Espetó disgustada.
Volteé, mirando directamente a sus frustrados ojos marrones. "¿Trato de protegerte, y soy como un niño?"
"Al único que estás protegiendo es a ti mismo." Sus brazos estaban cruzando sobre su pecho, y sus ojos me miraban recelosamente.
"¿Qué quieres decir?" Me acerqué a ella, prácticamente acechándola con mis pesados pasos.
"¿Tienes miedo de tocarme o de cómo reaccionaré?" Preguntó, su boca presionada en una firme y seria línea.
"¡Ambas! ¿Es tan incomprensible?" Grité, alzando mis manos al techo; parecía que se movían por su propia cuenta.
"¿Me tocarás cuando nos casemos?"
"Claro, no seas tonta." Me giré y caminé a la ventana. Miré hacia el nublado cielo de junio; no la podía ver en ese momento.
"Entonces, ¿qué diferencia hay en un par de meses?" Su voz era tranquila, podía imaginar su cara de tristeza. Presioné mi frente contra el vidrio, sintiendo el calor de afuera contra él.
"Una gran diferencia." Respondí, prácticamente para mí mismo.
"¿Qué diferencia hace un papel?"
"No solo es el papel. Y, siendo honesto, no estoy seguro si estaré listo para la noche de bodas." Cerré mis ojos, deseando que la conversación se terminara.
"¿Por qué?" Caminó hacía mí. Sus manos rozaron mis hombros, tratando de calmarme.
"Tengo mucho miedo." Susurré.
"¿De qué tienes miedo?" Sus dedos seguían recorriendo mi espalda suavemente, sujetando una parte de la camisa.
"Tengo miedo de dañar la única oportunidad que tengo de ser padre." Las palabras salieron, antes de que yo supiera que era lo que estaba diciendo, en un lastimero sollozo. Cuando salieron de mi boca, pude darme cuenta de cuan ciertas eran. Me dejé caer en el piso, recargándome en mi espalda. Acerqué mis rodillas a mi pecho, mientras tomaba profundas respiraciones. Estaba teniendo un ataque de pánico, y no había nada que pudiera hacer con eso.
Bella se arrodilló a mi lado. "Oh por Dios, realmente estás asustado. Eres tan fuerte que nunca me imaginé que tuvieras algo a que temerle." Me trató de confortar.
"Mi fuerza viene de ti." Susurré, escondiendo mi cara en mis rodillas, meciéndome hacía delante y hacía atrás.
"Esperaremos, y voy a dejar de presionarte." Sus dedos acariciaban la parte de atrás de mi cabeza; parecía que tuviera miedo de tocarme. Como si pudiera derrumbarme en cenizas frente a sus ojos.
La canción cambió, 'Duo Dos Fleurs' de Delibles empezó a sonar; era hermosa y suave, extremadamente relajante. Volteé mi rostro para mirarla y suspiré; me recliné hacía ella y suspiré. Necesitaba detenerme, antes de que eso pasara a más.
"Te deseo, más que el aire, que la sangre, y más que a todo el oro del universo. Por favor, nunca dudes eso." La besé nuevamente, profundizándolo unos momentos antes de separarme de ella.
"Sé que lo haces, solo que es difícil de creer." Se sentó completamente en el suelo, sus piernas completamente estiradas. Una de sus manos descansó en la parte inferior de su vientre. Sonreí cuando me dí cuenta de lo embarazada que estaba; ella se dio cuenta de mi sonrisa. "¿Qué?"
"Eres extremadamente linda." Le sonreí, señalando con mi cabeza su mano. Ella miró abajo y se sonrojó.
"Se va ahí automáticamente, como si estuviera tratando de que no se cayera." Desvió la mirada hacia la oscuridad.
"No es anormal hacerlo." La atraje a mi regazo.
"Lo dice el vampiro con problemas de confianza." Murmuró bajo su aliento. Le sonreí sarcásticamente, ignorando su comentario. Se reclinó y apoyo su cabeza en mi pecho. "Pero te amo por eso."
Continuara…
Hola a todos aquí tienen otro capitulo que Steph-Midnight me ayudo a traducir. Mil gracias Steph. Nos leemos el domingo y mil gracias por seguir leyendo la historia.
