Capítulo 4

—¿Será aquí?

—Pues, es el único lugar alto que hay en este lugar, eso si quitamos la catedral…

—Pues, no estoy… seguro…

—¿Lumine? ¿Qué pasa?

—Esa estatua… ¿es la misma que vi en esa pequeña laguna?

—¿La estatua? Oh, sí, es esa misma. ¿Qué tiene?

—Wow… es… impresionante…

Aunque reacia, la señorita Diluc le contestó a Lumine con respecto al lugar donde Amber había dicho de reunirse. Le miró bastante raro, como si tuviese algo extraño. Lumine no era consiente que Diluc le miró debido a esa intensa aura roja que tenía a sus alrededores. Más allá de eso, le respondió y le dijo de cómo llegar al lugar donde el explorador había pedido que vaya.

Había una enorme estatua en honor al Arconte Anemo, una estatua que no se puede comparar para nada en aquella donde tocó y un viento le envolvió por completo. No. Esto realmente era una estatua hecha y derecha. Diría que mide más de 20 metros, según él con su vista. Luego podía ver una enorme iglesia, una catedral como dijo el pequeño de Paimon. La pequeña fuente que rodeaba la enorme estatua del Arconte, todo era hermoso. Había gente también a los alrededores, sumando al hecho que había también gente fuera de la catedral misma

—¿Mucha gente buscará a las hermanas y hermanos de la iglesia? —preguntaría el rubio, mirando a Paimon que descansaba en uno de sus hombros, sentado. Le gustaba estar ahí, al parecer.

—No lo sé —respondería—. ¿Quizás buscan a alguien?

—¿A alguien?

—Mientras tú pierdes tu tiempo en pensar cosas tontas, Paimon escuchó en el bar de la señorita de pelo rojo sobre un diaconisio que cura a la gente con una hermosa melodía y su visión

—¿Diaconisio?

—Ni yo lo sé, simplemente escuché eso a alguien del bar de la señorita de pelo rojo

—Mm… habría que ver eso luego —miró a todos lados en este lugar.

Aparte de ver unas hermosas vistas y un hermoso cielo azul con algo de blanco, también veía a gente. Luego de unos segundos de mirar a varios lados, y un Paimon que le tomaba del cabello para no caerse por estos bruscos movimientos, encontró al explorador quien parecía estar esperándole con una sonrisa.

Ambas vistas se cruzaron entonces y él, Amber, saludaba con su mano.

Lumine con Paimon se acercaron a este quien estaba muy feliz de verles nuevamente.

—¿Qué sucede? —era la pregunta entonces de Lumine—. ¿Por qué de la nada has salido corriendo?

—¡Tenía algo preparado para ti! —respondería el explorador—. Simplemente, me olvidé por las cosas que tenía que hacer. Es algo que te servirá a ti —en eso, sacó lo que tenía para entregarle. Lumine alzó una ceja cuando vio lo que le daban—. ¡Aquí tienes! ¡Tu propio planeador!

—¿Planeador?

—Para Bárbatos, nuestro Arconte, somos considerados sus hijos, los hijos del viento. Somos uno con el viento, somos uno con el cielo, somos uno con aquello que nos rodea. Nos ha dado las alas y nosotros las usamos para volar

—Wow, poético

—Hehe, gracias —el explorador se rascaba la cabeza, sonriente y nervioso—. Pero, volviendo a lo que importa. Con esto podrás desplazarte por los aires. Lo digo por si un día quieres saltar de una montaña y no morir con la caída, puedes abrir el planeador y volar…

—Volar…

Uno de los tantos poderes que tenía era poder volar. Poseía unas alas parecidas, por no decir que un poco mejor en lo estético. Con esas alas que poseía, volaba. No solo volaba, disfrutaba del aire chocando contra su cara, explorar los vastos mundos con su hermana, conocer gente nueva, deshacerse de esa gente que molesta a esa gente que era buena…

Tenía tanta nostalgia de tan solo pensar en ello

—¿Estás bien Lumine?

—Sí Amber, lo estoy —dejó de recordar aquellos tiempos. De seguir haciendo eso, seguro que termina llorando por no encontrar a su hermana—. ¿Un planeador has dicho?

—Sí, mira —ella con un solo movimiento, logró desplegar su planeador que llevaba puesto—. ¿Ves? Con esto luego saltar de un lugar alto y puedes planear, volar como dicen algunos otros —diría—. Espera —en eso, le dio una mano a Lumine para colocarle el suyo. Estando tan cerca se percataba del físico de este, por no decir que miraba cada parte de él. Apenado, pero rápidamente terminando, se separó tras colocarle el planeador—. ¡Listo! Ahora solo… —no terminó que el rubio ya había desplegado las alas—. Vaya, a muchos les cuesta hacer eso de desplegar rápidamente las alas…

—Costumbre… —Amber no entendió. No debería de entender tampoco—. Entonces…

—Antes que me olvide —sacó otra cosa, un libro—. Este es el manual de vuelo. Con esto aprenderás un poco las reglas que conlleva usar un planeador en esta ciudad. Además, también puedes leerlo siempre y cuando tengas dudas de cómo usarlo. A veces lo suelo leer de vez en cuando

—¿Reglas?

—Aunque seamos libres como el viento, el planear dentro de la ciudad está un tanto prohibido… aunque, siendo un caballero…

—¿Realmente quieres que me una a los caballeros? —preguntó—. La señorita esa dijo que ustedes

—Diluc siempre dice esas cosas —le quitaba importancia—. No nos ayudaría si es que pensara de esa manera. Es una muy buena persona ella… solamente parece ser que no tenía su mejor día… y se la agarró contigo…

—Sí claro… —negaba entonces con esto—. Y bien… ¿qué sigue ahora?

—¡Ah! ¡Claro! —al borde de la baranda, Amber se paró para mostrarle cómo se hace—. ¿Recuerdas el centro de Mondstadt? —Lumine asintió—. ¡Nos vemos allí! ¡Estoy muy seguro que sabes cómo planear!

—…

Se acercó el rubio hasta la baranda para ver cómo Amber planeaba como si nada. Parecía que estaba volando realmente. Se movía con una gracia, sumando el viento que soplaba un poco, hacía ver al castaño explorador con una gracia y una belleza única. Se lo quedó mirando hasta que parecía haberse alejado lo suficiente como para ya no verle más.

—…

—…

Lumine giró su cabeza. Paimon le estaba mirando… entre sonrisas y una mirada pícara.

—¿Qué?

—Hehe, ¿qué andabas mirando Lumine?

—Eh, ¿nada?

—Hehehe, sí, claro. Noté que tu vista estaba mirando a Amber… pero no su persona sino otra cosa… no te tenía de esa manera…

—Oye…

—No juzgo, no… —Paimon de la nada era tirada de una de sus mejillas—. ¡Oye! ¡Espera! ¡Espera! ¡Eso duele!

—Cállate mejor Paimon —le soltó. Lumine… estaba un tanto ruborizado. Sí, quizás estaba viendo la parte trasera de Amber… quizás, sí. Paimon se tomaba la mejilla, sintiendo que casi le arranca un pedazo de su preciada mejilla. Saliendo de eso, miró el libro que le dio.

Tras abrirlo y empezar a leerlo junto con Paimon, ambos se llevaron una grata sorpresa, alzando una ceja los dos muchachos para luego mirarse por unos instantes, mirar de nuevo el libro y mirarse, otra vez.

Tras terminar de leer el libro, lo cerró. Se quedó mirando al mismo. Luego, una vez más, miró a Paimon.

—¿Eso era un cuento?

—Quizás la gente de Mondstadt siguen las instrucciones de esta manera. Paimon la verdad es que no entiende para nada —negaba—. Será mejor preguntarle a Amber

—Sí… ha sido un bonito cuento igual —asentía—. Bien, es hora de volar…

—¿Sabes volar, Lumine?

—Hehe, tan solo mira…

Centro de Mondstadt, momentos después…

Fue al cabo de un momento que el explorador logró divisar a una melena rubia bajando los cielos con las alas desplegadas a la par con esa hada de Paimon.

Cabe decir que había un toque de elegancia en su descenso y en su forma de volar. Es normal que las personas que prueban esto por primera vez sean un poco rústicos, un poco duros. No, Lumine demostró por completo una elegancia total, una forma de volar única y diferente… hehe. Era como si en serio fuese uno con el cielo, uno con las alas que poseía. Era… majestuoso…

—Vaya…

Su corazón latía un poco más rápido de lo normal. Se puso la mano en el pecho. Se había sentido raro verle. ¿Qué le pasaba? ¿Qué era esta sensación que tenía que le hacía sentirse así? Era extraño, demasiado. Se palmeó la cara un par de veces. Volvía a ser el mismo de siempre. Aunque volviendo a ser el mismo, esa leve sensación de verle volar de esta manera seguía presente. ¿Era lo mismo cuando en cierta manera veía a aquella chica que rondaba por las llanuras de Mondstadt?

Lumine aterrizó entonces a cercanías de Amber.

—¿Qué otros secretos escondes, Lumine?

—¿Ninguno?

—Paimon descubrirá tarde o temprano todos los secretos que escondes. No por algo soy el mejor detective que existe en este mundo…

—Paimon, literalmente te estabas ahogando en un charco hace meses atrás…

—¡E-eso no prueba nada!

—… ya, es mejor hablar con Amber

El rubio junto con el peliblanco flotante se acercaron a Amber que le miraba con gracia y sorpresa en su rostro.

—¡Ey! —saludaría Amber—. Veo que todo salió bien. ¿Y bien? ¿Qué se siente poder volar?

—Es… refrescante —diría—. Los vientos de este lugar son hermosos y en serio son una caricia para el rostro cuando desciendes —sonreía—. Gracias por las alas, les daré un buen uso

—¡Sabía que serías bueno! Mis corazonadas nunca fallan.

—Por cierto —sacó el libro que antes le había dado. Amber al ver el libro que le había dado no pudo evitar sonrojarse de la vergüenza—. Este manual… ¿realmente lo usan ustedes los caballeros?

—… —y largó una carcajada apenada tras tomar el libro—. N-no, no es el manual el que te he dado —estaba muy apenado, la verdad. Lumine y Paimon solo se limitaban a mirarle—. E-es… un cuento que suelo leer… de vez en cuando…

—Haha, qué pendejo

—¡Paimon!

—N-no, no pasa nada, hahaha… realmente me confundí… pensé que en serio te he dado el manual… pensarás tal vez que somos unos niños si seguimos esto como un manual para el vuelo de los planeadores…

Paimon iba a decir algo, Lumine le tomó y le tapó la boca. También quiere decir muchas cosas, pero la verdad es que por respeto a la persona delante de él, se limitará a decir algo o casi nada, por respeto nada más.

Amber le dio el verdadero manual a Lumine quien lo aceptó. Lo vio primero y luego asintió para decirle que este era el verdadero manual, haciendo que suspire en alivio el explorador quien volvió a la sonrisa.

—Ahora que has logrado esto, ¿te parece si…?

Las ráfagas de viento entonces comenzaron no solo a ser leves y agradables, ahora estaban siendo bastante agresivas y ya no eran agradables, eran hasta cierto punto dolorosas, algo que molestaba y mucho a los habitantes de la ciudad que de un segundo a otro, ese viento ya era demasiado agresivo al punto que podría lastimarte. Muchos se tapaban la cara con estos vientos, otros ya corrían a buscar protección porque realmente estaban siendo lastimados con estas brisas.

El cielo se tornó totalmente oscuro, muy gris mayormente, seguido de esas ráfagas de viento y faltaba nada más que los truenos cayeran a este lugar porque el clima se prestaba.

Los caballeros, ya atentos a todo esto, trataron de hacer que los ciudadanos conservaran la calma, ni hablar de los aventureros y mercenarios que estaban de paso por la ciudad, brindando una mano y ayudar en todo lo que puedan para evitar problemas.

—¡Lumine! ¡Ven conmigo! —decía Amber tras tomar la mano de Lumine—. ¡Hay que buscarte un refugio!

Tras tomar su mano, quería ayudarle a buscar refugio. Podrá ser muy capaz y todo, pero ante esta situación, hoy es un ciudadano más, no un caballero. Como tal, lo debe tratar ahora como uno y ayudarle a buscar refugio.

Había estado tomando su mano, su muñeca. Pero, luego, no sentía nada de nada que estaba agarrando. No, no estaba agarrando nada. Se volteó y notó cómo Lumine era absorbido por una especie de pequeño tornado que entró en la ciudad para ser disparado por los aires.

En los cielos…

Lanzado a los cielos por un tornado que logró alcanzarle, tanto Paimon como Lumine estaban en estos momentos por encima de las nubes. Ambos muchachos no entendían nada, sobre todo el rubio que miraba a todos lados, habiendo desplegado las alas del planeador.

No descendía, algo extraño para él. No, estaba literalmente volando.

El fuerte rugido de lo que parecía ser un dragón sacó de los pensamientos a Lumine y a Paimon, viendo en dirección a este que voló casi por encima de ellos, mismo dragón que vieron no hace mucho en el bosque hablando con aquella persona de verde que luego se fue volando.

—Es el dragón del bosque…

—Lumine, ¿te encuentras bien?

—Lo estoy… no sé cómo estoy volando ahora mismo, pero estoy volando…

—¿Qué vamos a hacer? Paimon sugiere que evitemos a toda costa el enfrentamiento contra el dragón…

—Ese dragón… ¿no es Stormterror? —preguntaría el rubio mirando al mismo que lentamente se iría alejando—. Ese es el dragón que he escuchado de Amber, sí, tiene que ser él…

—¿Piensas combatirlo? —preguntaba Paimon, realmente asombrado de escuchar esto—. Debes de estar loco

—Pero, ¿qué otra cosa…?

No temas, joven. Te prestaré mi poder a cambio que puedas ayudarme con mi amigo…

—¡¿Qué es esa voz?!

Soy aquella persona que te está prestando sus poderes para que puedas volar…

—Poderes… prestados…

Por favor, ayuda a mi viejo amigo… se nota que está sufriendo… mira aquellos fragmentos que salen de su espalda. Con el poder que te he brindado, se uno con el viento y trata de deshacerte de ellos… por favor, mi amigo estará muy agradecido…

—¿Lumine? ¡¿Lumine?!

El rubio tras escuchar esa voz, e ignorar un poco a Paimon, podía sentir ese extraño poder correr por todo su cuerpo, un poder que en cierta manera recuerda al que tenía antes de ser bloqueado totalmente, una leve porción de lo que antes cargaba encima. Era una extraña, pero cálida, sensación que recorría su cuerpo, una sensación que tras leves segundo de asimilarlo, sentía que podía hacer muchas más cosas.

Las alas del planeador se volvieron más grandes y cambiaron a un color plateado, un tanto traslúcido, con unos bordes de color dorado. Dichas alas hicieron que la mirada de Paimon cambie un poco y asombrado, mirase a un Lumine que con dicho nuevo poder, prestado, vaya contra Stormterror.

Era extender su brazo y ver como de la palma de su mano salía el poder que él quería que saliese, yendo esas bolas de aire contra aquellos fragmentos que cargaba en su lomo, impactando y viendo que lentamente estos iban rompiéndose a medida que iban más y más impactando contra las bolas de aire.

Sede de los Caballeros de Favonius, sala del Gran Maestre…

Ni Jean ni el bibliotecario Lisa podían hacer mucho.

Ambos fueron tomados por sorpresa con los fuertes rugidos del dragón protector de toda Mondstadt, siendo ambos incapaces de poder salir debido a los fuertes vientos y confiando plenamente en los caballeros que estaban en la ciudad para ayudar a la gente en encontrar refugio además de los aventureros y mercenarios que esperaba, Jean sobretodo, que prestasen ayuda en este caso.

Encerrados y sin poder hacer casi nada, solo podían limitarse en mirar fuera de la oficina donde Jean siempre se encontraba.

Vieron cómo alguien, una persona de cabellos dorados, era lanzado por los aires debido al poder de Stormterror y su azote de furia contra la ciudad que alguna vez protegió. No solo veían cómo es que había sido lanzado a los aires como si nada, también vieron cómo éste se puso a pelear contra el dragón, desplegando una de las alas más hermosas que habrán visto.

—Ese muchacho… —diría Jean en sorpresa—. ¿De verdad está peleando contra Stormterror?

—Realmente lo está haciendo —pellizcó a Jean por las dudas. Este le miró mal por hacer eso, algo que él se burlaba por debajo. Claramente no era un sueño—. Está plantando cara a Dvalin…

—…

—..

Bajo ningún momento a Jean se le pasó por la cabeza la idea de combatir contra el protector de la ciudad, jamás. Sería una completa locura hacer algo así… pero allí está viendo cómo alguien se estaba enfrentando al mismo con todas sus fuerzas, una imagen bastante shockeante que si alguien le cuenta de esto, nunca lo creería.

—¿No es ese muchacho que Amber dice que tiene material para unirse a la orden? —diría el bibliotecario de Lisa—. Sí, creo que sí. Algunos caballeros hablaron sobre un muchacho rubio…

—¿Será él?

—Pues, hablaron de un muchacho de una cabellera dorada, estoy seguro que será él. Mira cómo brilla ese cabello incluso cuando está peleando…

—Si es él… —pensaría muchas cosas Jean en estos momentos. Una persona que decide combatir contra Stormterror, Dvalin, y vivir para contarlo. Aparte de eso, Amber habló bien de él, quitando de lado el hecho que ha bromeado sobre que sean novios y eso, estaba impresionado por lo que veía, por no decir que estaba en cierta manera asombrado—. Lisa, por favor, ve y avisa a Kaeya que traiga a ese muchacho —ordenaría

—¿Eh? ¿Yo? —se señalaría a sí mismo—. ¿Por qué?

—¿Cómo que por qué? —le miraría—. Ve tú. Noé no está ahora mismo para nosotros

—¿Me llamó, señor?

Tanto Jean como Lisa se giraron para encontrarse con aquel muchacho que sirve como sirviente, como mayordomo, en la sede de la orden de los caballeros. Muchacho de cabello corto, un tanto grisáceo, plateado, como gusten de llamarle, con unos ojos de color como los olivos. Este había hecho una leve reverencia tras haber sido nombrado, algo que a día de hoy, ambos jóvenes siguen encontrando curioso cómo hace esto.

—Sí… —Lisa entonces aprovechó esto—. Busca a la capitana de la caballería de la orden. Necesitamos que encuentre a aquel muchacho que está ahora mismo combatiendo contra Stormterror —Noé, el mayordomo entonces, alzó una ceja al escuchar esto. Vio dónde es que señalaba el señor Lisa, se inclinó un poco, observó y vio lo que él había dicho—. ¿Crees que puedes avisarle?

—Sí, será un placer, señor —asentiría para hacer una leve reverencia y retirarse.

—Ah, qué buen muchacho que es —diría sonriente el bibliotecario—. ¿Por qué no le haces caballero de una vez? Se nota que se está esforzando mucho…

—No está preparado y no es el momento para hablar de ello…

Noé, que escuchó esto, mordía con algo de fuerza su labio inferior. Escuchó esto en lo que salía, sintiéndose realmente devastado. Pero, tiene un trabajo y primero debe de hacerlo y no quejarse…

. . . . . . . . .

Ya de un momento a otro, Lumine de alguna manera logró llegar al mismo lugar donde Amber le había dado su planeador.

Las alas que había desplegado en los cielos desaparecieron también y volvieron a ser las normales que tenía antes, las que Amber le había dado antes, su planeador común y corriente.

Paimon estaba con él, por suerte estaba muy bien. No le pasó nada de nada. Estaba con algunos pequeños rasguños. Pasó su dedo en la cara de este, se quejaba, pero estaba bien. Sonreía. En pocos meses, aprecia tanto a Paimon que de pasarle algo, está muy seguro que estaría muy preocupado, demasiado.

—¿Estás bien Lumine?

—Lo estoy —contestó—. Me trae recuerdos de haber peleado contra dragones…

—¿Has peleado contra dragones?

—Mi hermana y yo peleamos contra dragones… luego venía un hombre y absorbía la fuerza vital de este que lo haría un guerrero demasiado poderoso… —sí, eran buenos recuerdos esos también, un hombre que ayudaron en su misión en aquellas tierras de frío y que estaba ocupada por un fuerte imperio que buscaban deshacerse de ellos—. Pero, no importa eso… —no importaba porque no poseía los poderes que alguna vez usó. De tenerlos, uff, sería otra historia esta—. ¿Tú estás bien?

—Paimon está de maravillosa —contestaría muy seguro de sí mismo—. Ha sido realmente increíble de ver —volaría alrededor del rubio—. ¿Crees que luego de esto podamos comer algo?

—Paimon, no todo es comer en la vida…

Más allá entonces de la batalla contra el dragón, el cielo sigue casi igual. Un ambiente lúgubre y oscuro, totalmente oscuro. Los fuertes vientos se hacían oír todavía más no hay presencia de lo que arrastró a nuestro protagonista a los cielos.

—¡Lumine! ¡Lumine! —Amber logró localizar al viajero. Bah, supo dónde aterrizaría principalmente. Estaba preocupado porque le vio ser arrastrado por ese tornado. Tenía miedo de perderle, de alguna manera. Verle ahora, ya aterrizado y habiéndose hecho la idea que peleó contra el protector de la ciudad, suspiraba muy aliviado—. Lumine… estás bien…

—Lo estoy —contestó como si nada—. No creo que me haya sentido bien desde siempre…

—Qué alivio… —suspiraba de nuevo el explorador, mostrando al rubio lo mucho que se había preocupado por este—. Si te llegase a pasar algo…

—No me va a pasar nada —contestaría de nuevo, ahora mostrando una leve sonrisa—. Gracias por preocuparte por mí, Amber…

—Eh…

Amber se apenó, un poco. Lumine solo podía sonreír ante esto y pensar que el explorador era un muchacho bastante tierno en estos momentos. De hecho, ambos cruzaron miradas nuevamente y había un sentimiento extraño en el aire y entre los dos, quizás por los momentos que han pasado juntos, un sentimiento que quizás les hacía acercarse el uno al otro, algo que ninguno de los dos tampoco pueden explicar, pero quieren estar cerca del otro.

Paimon intercambiaba miradas entre ambos y puede jurar que esto parece ser costumbre y pesado, también. Estaba muy seguro que el viajero gustaba de las mujeres… ¿por qué ve con esos ojos de deseo al explorador? ¿Por qué ese chico Amber le ve de la misma manera?

Si alguien no les detiene, está muy seguro que van a coger aquí mismo.

No logró intervenir él.

Al contrario, una mujer de tez morena apareció lentamente en escena, aplaudiendo con una rara sonrisa en su rostro, haciendo que ambos muchachos mirasen en dirección a esos aplausos. Una mujer un tanto alta y que lo que más destacaba, aparte de su cabello azul y un parche que llevaba en uno de sus ojos, era precisamente que sus pechos se podían ver…

No, no estaba desnuda, vestía ropa como toda persona de bien… aunque ella… no, estaba vistiendo ropa, sí. El tema es que la parte de lo que era el centro de su pecho, estaba abierto. Se podían ver esas dos grandes sandías, ¿son tan grandes?, que colgaban de su pecho, haciendo que Lumine pase de estar muy concentrado en el explorador a ver esas dos cosas que tambaleaban un poco…

—Vaya, seguro que he interrumpido un momento romántico —es lo que diría—. Perdona Amber, quizás hice que no tengas tu primera vez con tu novio

—¡Que no es mi novio!

—Sí, claro, como digas —negaría la chica del parche en el ojo—. Se veía cómo lo mirabas con deseo… ah, el amor joven. Qué hermosos puede llegar a ser a veces —se reía, se burlaba, de Amber quien se cruzaba de brazos y hacía algún que otro puchero—. Pero, no vine a molestarte

—¿No?

—Hoy no —diría—. Hoy vengo en nombre de nuestro Gran Maestre Jean, un hombre que no tuvo la mejor idea de hacer que trabaje… es una persona mala

—Uy sí, qué persona mala debe de ser ¿no?

—¿No me vas a presentar a tu novio?

—No… agh, me rindo contigo —suspiraba—. Lumine, la chica que ves delante de ti es la Capitana de la Caballería de nuestra orden, la capitana Kaeya. Kaeya, este es Lumine, es un viajero que ha estado ayudándome con mis cosas a cambio de prestarle mi casa…

—Oh vaya Amber, hasta ya lo haces dormir contigo —el explorador se estaba molestando cada vez más. Era hermoso verle sonrojarse de esa manera. Nunca antes se había divertido tanto en molestarle como ahora. Aunque, ¿viajero? ¿No había nada más?—. Lumine ¿cierto?

—Sí, soy esa persona

—Es un placer en conocerte. Hubiese sido mejor conocerte en mejores condiciones, pero como dije, el Gran Maestre pide que te lleve ante él. Quiere conocer al hombre que ha logrado derrotar a Stormterror —diría con el tono más cautivador posible. Aparte, miraba a donde tenía que mirar, que era sus pechos. Sus amiguitas sí que logran atraer un poco de atención—. ¿Crees que puedes acompañarme?

—Sí, claro que puedo —replicó—. ¿Ellas vendrán?

—¿Ellas? —vio que señalaba sus pechos. No vio que Amber le dio con codazo al igual que Paimon a Lumine por dicha pregunta. Sonrió—. Oh, Amber, debes controlar a tu novio, quizás te lo robe —definitivamente un día Amber le matará, pero no lo hará pronto, ni nunca. El explorador, una vez más, se molestó—. Sí, vendrán, joven viajero. También son las que te estarán vigilando…

—¿Vigilando?

—Podrás haber ayudado a la ciudad, pero, ¿cuáles son tus verdaderos motivos? ¿Cómo no sabemos que has salvado a la ciudad para poder tener inmunidad y hacer lo que quieras? ¿Cómo no sabemos si intentas hacer daño y estragos? ¿Cómo no sé yo si eres un espía?

—¡Lumine no puede ser un espía! ¡Es una buena persona!

—Amber, los espías suelen ocultar muy bien sus intenciones —su tono cambió por completo—. Uno nunca sabe qué motivos podrá tener una persona nueva que llega a la ciudad… y como caballeros que somos, es nuestro deber averiguar de ellas…

La misma sensación de incomodidad y extrañez le sucedía a Kaeya con respecto a Lumine.

Podía de alguna manera sentir el aura de este. Tal y como lo hizo aquella chica Diluc, esta mujer, Kaeya, podía sentir que había algo raro con Lumine. Tenía no solo esa aura extraña, también tenía un aroma a sangre, a muerte, a perdición, que lo ocultaba demasiado bien, lo suficiente como para que ni Amber se pudiera dar cuenta de ello.

¿Será mandado por alguien más?

Por eso ahora le miraba de una manera distinta. De lejos no se notaba tanto, de cerca y como está ahora, sí, se logra notar y mucho.

—Sólo estoy buscando a mi hermana —replicó Lumine a todo esto—, nada más. Si resulto ser un problema, puedo retirarme sin más.

—¿Tu hermana? Ah, los avisos de persona perdida que Amber estuvo pegando estos días —sí, ahora lo recuerda. ¿Un viajero que busca a su hermana perdida? Mm, curioso—. De todas maneras, estoy muy segura que Jean podrá darte una mano con todo esto, ¿no lo crees? Sería mejor que me acompañes, viajero Lumine.

—Guía el camino, capitana Kaeya.

—Con gusto… y… —hizo unos cuantos pasos delante de Lumine y Amber—. ¿Puedo preguntar qué es eso?

—¿Eso? Paimon…

—Es mi mejor amiga —replicó Lumine

—¡Sí, eso! —asentía Paimon para luego darse cuenta—. ¡Ey! ¡Soy un chico!

—Ah, claro, perdona. Mi mejor amigo —corrigió Lumine—, el mejor de todos…

—¡P-pues claro que lo soy!

—Un gusto, Paimon —sonreía. Ahora sí, hizo unos cuantos pasos para luego, seguir caminando, mirar por encima de su hombro y sonreía—. Ah, procura no verme mucho el trasero ¿quieres? Sé que es grande, pero, no hace falta mirar mucho…

—Pero… no estoy mirando…

Amber le dio otro codazo a nuestro rubio protagonista en lo que era cubierto sus quejidos de dolor por las hermosas y pequeñas risillas de Kaeya quien guiaba el camino y que, por esta vez, debería de hablar con su hermana por esta persona…