Capítulo 23
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Como si se tratara de telepatía, Hanabi había enviado unas cuantas líneas en la carta con la que Hiashi les confirmaba que su viaje se extendería unos cuantos días más. Hinata la leyó después de Natsu y ambas la comentaron en la cocina, mientras bebían un poco de té y compartían unos bocadillos. Aquello había logrado tranquilizarlas, pero solo superficialmente. Natsu no podía deshacerse de ese presentimiento que llevaba oprimiéndole el pecho los últimos días.
Hinata tampoco podía dejar de darle vueltas al asunto, había enviado un par de mensajes y, aunque Hanabi hacía alusión a ellos y aseguraba no poder responder por encontrarse un poco ocupada con las formalidades, no podía evitar sentir que esas palabras carecían de significado y profundidad.
―Concéntrate ―ordenó Sasuke.
Asintió y procuró ignorar los rasguños que aún llevaba sobre la piel el muchacho, porque eso solo la hacía caer más rápido en el espiral.
El gimnasio de la academia se sentía reducido aquel día, Sasuke más rápido de lo normal y su cuerpo más pesado. No podía esquivar con la facilidad de siempre los ataques y sabía que aquello se debía a su distracción, sin que fuera necesaria la llamada de atención de momentos antes. Además, los recuerdos que había recuperado aquel día no ayudaban.
Naruto -y esa cuestionable atracción sentimental que rallaba en la obsesión- empapaba todos y cada uno de los recuerdos ahora y estaba devolviéndole al frente de la cabeza lo que había estado ignorando por culpa de la urgencia de las demás cosas.
Sasuke chasqueó la lengua y soltó otro golpe, que Hinata esquivó por los pelos. Se enredaron en una transacción de puñetazos, patadas y bloqueos, pero no podía dejar de sentirse fastidiado. El tiempo pasaba lento, aquella pelea le parecía lenta. ¿Hinata se estaba relajando acaso? Pateó el aire y le sorprendió ver que Hinata daba unos cuantos saltos lejos de él, corrió tras ella, lanzando el brazo directo al rostro de la muchacha y de nuevo, lo había esquivado por los pelos, pero esta vez notó la urgencia en el gesto.
Chasqueó la lengua de nuevo, se había relajado.
Por unos momentos sopesó sus posibilidades, podía interrumpir el entrenamiento y compensarlo con horas de teoría, pero no le apetecía estar en la sala de estudio que habían acondicionado; quizá las cajas con las pertenencias del tercero, que nadie se había molestado por revisar o recuperar, ya no estaban ahí, pero seguía siendo un cuartucho reducido y deprimente… y no entendía porque de pronto lo notaba y le molestaba.
Pensó en la vista de las dos sillas y la mesa, que era abarcada en su mayoría por los libros y pergaminos que Hinata estudiaba, y lo repelía bastante.
Esquivó un golpe y enredó un delgado brazo con el suyo, obligando a Hinata a chocar contra su pecho y mantenerse quieta. Se miraron unos momentos a los ojos y la soltó, ignorando el impulso que sintió de darle un ligero empujón.
—Estás distraída.
—Lo siento.
Sasuke enarcó una ceja, había visto la luz abandonar la mirada de Hinata. Podía llamar a la puerta cuantas veces quisiera, pero jamás atendería, en casa no había nadie; sacudió la mano una vez frente al rostro de la muchacha, comprobando su teoría.
—Hyūga… ¡Hyūga!
—¿Eh?
—Aterriza.
—¡Ah! ¡Lo siento! —repitió, haciendo una reverencia.
La miró unos momentos, preguntándose qué tan pronto lo abandonaría si comenzaba a explicarle algo, pero no fue necesario, de nuevo comenzaba a disiparse la muchacha a un país lejano.
Desesperó. —Estás distraída… una presencia a medias no me sirve de nada.
—Lo siento —murmuró.
—Deja tus problemas personales en casa.
Asintió.
Lo miró por el rabillo del ojo, se arrepintió. Sasuke miró al techo, en un intento por no rodar la mirada, pero dejó caer los hombros… primero el brazo lastimado y ahora no se concentraba.
—¿Qué demonios tienes en la cabeza? —vio a Hinata negar y juntó las cejas. —Escúpelo.
—E-Es personal… no le incumbe.
—Me incumbe si interfiere con tu entrenamiento —lamentó.
Una miradilla esquiva se posó sobre él y le rehuyó de inmediato. Se llevó la mano al entrecejo y apretó suavemente con la punta de sus dedos, sintiéndose fastidiado por aquella situación, nunca se había interesado en chismes y no comenzaría por culpa de los Hyūga.
Hinata, por su parte, estaba deliberando internamente. Sabía que llevar sus problemas a Sasuke era lo más estúpido que haría, pero no podía pensar en una mentira creíble.
—N-No es nada —murmuró, pero su voz murió, y miró el suelo unos momentos.
Quizá no fuera un disparate hablar con él… ¿a quién podría contarle? Kiba y Shino eran una opción, pero habían revoloteado alrededor del clan esos últimos años y no sabía qué tanto se inclinaba la balanza. Miró a su maestro y encontró el mismo gesto plano, pero un poco fastidiado y arrugó el semblante, apretó las manos y "escupió".
―Sabe que mi hermana está de viaje ―confirmó, mirándolo. Bajó la mirada y jugó con sus dedos. ―… tengo un mal presentimiento.
―¿Es todo?
Asintió. ―… le dije que era personal.
―Es una tontería, más bien ―aseguró.
Aquello terminó de fastidiarle. No estaba de humor para tolerar sus sarcasmos aquel día. Sus ideas y sensaciones estaban revueltas, él seguía siendo por completo un enigma, no descubría los secretos en casa, la presencia flotante su hermana estaba ausente, había algo raro en el aire y ese enrome vacío en su cabeza que amenazaba con no llenarse nunca solo lo empeoraba.
Estalló. —¿Te gusta que te odien?
La voz rebotó, como un balón que había fallado el blanco lo habría hecho. Ambos se sorprendieron ante aquella explosión, pero ninguno hizo esfuerzo por reconocerlo. Sasuke pareció dispuesto a fingir no haber escuchado palabra y Hinata apretó los puños, no había manera de retractarse.
Notó la postura de Hinata y se giró un poco, lo suficiente para poder mirarla y no hacerlo por encima de su hombro. Negó.
—¿Entonces por qué actúas de esta manera siempre? —un tartamudeo la había atacado al principio, pero terminó la pregunta sin atropellarse la lengua.
—¿"Actuar" cómo?
—… grosero, cruel, altanero. Cómo si fuera mejor que el resto, cómo si todos fuéramos unos idiotas que no merecemos su tiempo, ni su empatía.
No ignoró que volvía a hablarle con un tono formal, a pesar de que el fastidio seguía ahí. La miró en silencio. Era la primera persona que le increpaba su manera de actuar, el resto solían entretenerlo, como sucedía con los mirones de los entrenamientos. Por unos momentos pensó en salirse por la vía rápida y recordarle que, técnicamente, era mejor que el resto, pero se ahorró la broma de mal gusto.
—¿Así es cómo me proyecto? —preguntó, sacándole una curva.
—No siempre, pero es habitual… —aclaró, dibujando círculos en el suelo con su pie y mirándolos.
Había notado un cambio en el semblante que la remontó a los años en la academia, a aquellos días en los que la tragedia aún no sucedía y él aún era un niñito sonriente, con esperanzas y un futuro que brillaba tan fuerte como el sol.
Sasuke enarcó las cejas. —Hm.
Se dio la vuelta y caminó hacia el almacén, dejando a Hinata plantada en su sitio, debatiéndose entre pensar que quizá sí era el malnacido que Kiba detestaba y que no había cambiado mucho en siete años o mantenerse firme en su creencia de que solo era una persona lastimada e incomprendida que ya no sabía cómo comportarse.
Se detuvo de nuevo y la miró, notando que ella le enfrentaba, con las cejas juntas.
—No soy mejor que el resto —aseguró, recordando sus pecados, mirándola a los ojos y haciendo un cortísimo silencio entre ellos para poder cambiar de tema. ―Te lo dije el primer día, yo no estoy aquí para ser tu amigo…
Lo vio seguir caminando y no pudo evitar seguirlo.
―No espero que sea mi amigo ―aseguró, sintiendo su orgullo herido de pronto.
―Bien.
Lo vio alejarse. Una extraña desesperación creció dentro de ella y lo único que atinó a hacer fue girarse y caminar directo a las gradas, donde mantenía sus cosas. Cruzó el gimnasio a toda velocidad y se echó la mochila al hombro, caminando después directo a la puerta; no le sorprendió que Sasuke apareciera ante ella cuando estaba a punto de alcanzar su libertad, bloqueándole el paso con aquel brazo que aún portaba los rasguños.
―¿Qué estás haciendo?
Inspiró profundo y se rehusó a mirarlo. ―Me voy a casa.
―Aún no termina el entrenamiento.
―Me voy a casa ―repitió.
Sasuke enarcó la mirada, pero no bajó el brazo. ―Acabas de decir que tienes un mal presentimiento.
Exhaló y cerró los ojos, avergonzada. ―… no se burle de mí…
―No lo hago ―aseguró, cerrando la puerta y asegurándola. Se recargó en las puertas y la miró.
Hinata mantuvo los ojos cerrados.
―Vas a dejar de entrenar, consciente de que tienes un mal presentimiento.
―No soy yo quien me preocupa.
―... ¿y cómo pelearías por tu hermana si eres débil?
Aquello hizo que algo dentro de Hinata se rompiera. Abrió los ojos y lo miró, su respiración amenazaba con agitarse. Tenía la boca seca por culpa del enojo que sentía de pronto. Separó los labios, pero la mirada gacha de Sasuke y el brillo de tristeza en los ojos la obligó a tragarse el remolino de emociones.
Sentía la mirada de la muchacha encima y fue su turno de exhalar. Era difícil hablar… mucho más aún hablar con ella. Se pasó la mano por el cabello y exhaló de nuevo, no le gustaba eso. No le gustaba nada. ¿Así se sentiría Kakashi cuando tuvo que lidiar con sus problemas de adolescentes engreídos?
Lo dudaba.
―… sabes… mi hermano cargó con muchas cosas. Solo.
―No tiene que hacer-
―A lo que voy es ―interrumpió ―: que era consciente de su fuerza y de la fuerza que necesitaba para lograr lo que se proponía. Tu no lo eres.
Cerró los ojos de nuevo y una sonrisilla irónica le tembló en los labios, por un momento se había sentido un monstruo. Inhaló profundo, abrió los ojos y miró el suelo. Quería reírse… también quería llorar. Asintió.
―… soy débil ―murmuró. ―No tiene que repetírmelo en cada entrenamiento… estoy consciente de ello… me estoy esforzando y no…
Hizo una corta pausa, en la que Sasuke la miró fijamente, pero no reunió el valor para mirarlo.
―… no se atreva a decir que no me esfuerzo… no todos somos… los hijos de la profecía ―renegó, dando un paso al frente, con la intensión de salir.
No la detuvo el brazo de Sasuke, la detuvo la solitaria carcajada que logró arrancarle del pecho. Lo miró, confundida, por un momento pensó que se había confundido, que quizá alguien había pasado y reído en el pasillo, pero la sonrisa aún atacaba los labios del muchacho, aunque sus ojos seguían tan vacíos como siempre lucían.
―Tuve que esforzarme mucho, a pesar de ser hijo de la profecía.
Hinata dio un paso atrás, no se atrevía a bajar la mirada, por alguna razón sentía que esa risa no debía relajarla. Sasuke no se acercó a ella, solo la miraba fijamente.
―Tuve que entrenar como un obseso para enfrentarme a Gaara, ¿recuerdas eso? ―preguntó, con un gesto que le apretó la nariz unos momentos.
―… y-yo ―murmuró, luego de pasar saliva con dificultad ―… no estuve ahí…
―…hm, es cierto ―arrastró, mirando al pasado, recordando la serie de eventos que lo llevaron a lo que se refería Hinata. ―Como sea. No logré lo que logré por ser eso que dices y serlo no me sirve de nada. No sé qué está pasando en tu casa y de verdad ―enfatizó ―no me interesa.
Asintió.
―¿Se ofendería si pido cambio de entrenador? ―preguntó, bajando la mirada. ―Sabe que puedo hacerlo, ¿cierto?
―Bajo ciertas circunstancias ―coincidió.
El silencio los rodeó de nuevo.
―Toma un descanso, come tus refrigerios… retomaremos en veinte.
―Dije que me iba a casa.
―No te vas a ir ―aseguró, recargándose de nuevo en las puertas.
Hinata enarcó la mirada y dio media vuelta, volviendo a las gradas, donde se sentó malhumorada. No tocó en ningún momento el refrigerio que había llevado aquel día, ver la porción que había preparado para Sasuke solo empeoraría el enojo que sentía en esos momentos. Dejó que sus sentimientos maceraran en completo silencio, esperando y detestando el momento en que tuviera que retomar el enfrentamiento de momentos antes.
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Luego de una asfixiante hora en aquella habitación de estudio, Hinata salió de la torre, consciente de que Sasuke le pisaba los talones, pero decidida a ignorarlo. Su enojo había ido perdiendo vapor, hasta asentarse por completo; el mar embravecido que había llevado dentro era ahora una peligrosa calma en la que nada parecía ser capaz de avanzar. Meditó su arranque, consciente de que no era extraño, pero tampoco habitual, ella no solía molestarse… al menos no de ese modo.
Tuvieron que detener sus pasos al notar que la avenida principal estaba cerrada, Hinata cayó entonces en la cuenta de que el festival de primavera sería al siguiente día y de nuevo pensó en Hanabi y la prolongación de su viaje.
―Por acá ―indicó Sasuke.
Pero Hinata no lo escuchó o quizá simplemente lo ignoró, mantuvo la mirada en las personas que terminaban los preparativos para el siguiente día.
Sasuke inspiró profundo y se alejó un par de pasos, miró hacia la torre Hokage y observó la ventana de la oficina de Kakashi, en cuanto terminara su turno de vigilancia, iría a despertarlo y obligarlo a levantarle ciertas restricciones a su libertad. Esos paseos lo matarían.
El sonido de los tamborcillos, las palmas y el canto infantil arrancó una sonrisa a la atribulada Hinata, que observó con ilusión a los pequeños que ensayaban para la presentación en la que ofrecerían una danza por la abundancia de ese año. Se cubrió los labios con una mano al ver que una de las niñas pisaba el talón de otra de las niñas y se armaba un pequeño barullo que la maestra no tardó en calmar.
Un lejano recuerdo le llenó la memoria de luces, música, la confusión del gentío durante la presentación y el olor de la mezcla para takoyaki y okonomiyaki cocinándose; una corta risa melancólica escapó de sus labios, había odiado tanto el hana kanzashi[1] que le habían puesto en el cabello. No pudo evitar agachar la mirada y ocultar los lagrimones que escurrieron de sus ojos y cayeron al suelo. Ese respiro la había golpeado con el agobio que de verdad sentía y temía no poder detener el torrencial diluvio que la amenazaba, pero un golpe en la pierna la obligó a espabilar, limpiarse el rostro y mirar a la niña que le miraba desde su corta estatura.
Le ofrecía una flor de origami que tomó dubitativa.
―¡Muy bien, Kimi-chan! ―celebró la maestra. ―¿Vieron todas? Después volvemos por aquí y…
Las observó maravillada y nostálgica, esos niñitos no eran perfectos, pero se notaba el esfuerzo y esmero con el que tocaban sus instrumentos, cantaban y bailaban. Recordó la presentación de la que había sido parte. En aquel entonces su vida había sido fácil…
"A menudo te tengo envidia, tu vida es tan fácil…"
Rio con aquel recuerdo, pero el sentimiento de pronto la dejó vacía. Agachó la mirada, clavándola en la flor de papel, sin mirarla realmente, se había aferrado al timbre de aquella voz, pero por más que buscara en su mente, no encontraba a la dueña.
Levantó la mirada y observó alrededor, extraviada.
―¿Quién? ―susurró, mirando a las pocas personas que observaban junto a ella. ―Lo escuché hace poco… ¿Dónde?
La mano de Sasuke sobre su hombro le espantó las dudas y el recuerdo. ―…nos.
Lo miró, sin poder borrar la confusión de su rostro.
Sasuke había observado todo en completo silencio y sin formar parte de los espectadores, desde su puesto se dedicó a vigilar a su protegida, tal como Kakashi se lo había ordenado. Pero su mente no tardó en divagar por los mismos rumbos en los que hacía la de Hinata y de pronto no pudo creer que él también hubiera formado parte de aquel ritual en su tierna infancia. Recordó las sonrisas en los rostros de su madre e Itachi, el gesto orgulloso de su padre, que asentía cada que él terminaba alguna secuencia de golpes al tamborcillo… recordó el cosquilleo y la felicidad que había sentido al volver a lado de su familia y recibir los elogios, con los que le aseguraban que ese año sería próspero gracias a su esfuerzo.
Bajó la mirada unos momentos y no pudo evitar frotarse el pecho… aún había fantasmas, solo no se había dado tiempo de buscarlos.
Una pequeña raicilla comenzó a buscar el suelo, pero no se dio cuenta.
Se le hacían tan lejanos aquellos días en los que llegaba corriendo a casa y le recibían con una sonrisa y una bola de arroz, que no solía distraerse mucho en ellos. Apretó los puños y dejó de pensar en esas cosas, tenía demasiadas preocupaciones y una de ellas estaba feliz de la vida y disfrutando del ensayo del festival como si fuera una aldeana promedio que no está siendo resguardada constantemente.
Dio un paso al frente, pero lo detuvo la pequeña que se acercó a la muchacha con la flor de papel. La observó tomarla, dubitativa, y luego observar con una sonrisa la fila de niñas que volvían a formar un semicírculo frente a los niños que golpeaban los tambores. La voz de la maestra vibraba en el aire, marcando la pauta del canto que seguían los afortunados. Observó el perfil de la muchacha y notó la humedad que aún se aferraba algunas de las pestañas y la piel en la orilla del ojo.
Supuso que aquello se debía a algún recuerdo extraviado y dio un paso atrás. No tenía urgencia por volver a su puesto de vigilancia.
Los tambores no ayudaban a mantener alejados de su mente los recuerdos de su familia, se hundió unos momentos en esas tristezas que sentía a diario, pero ya no se detenía a prestarles atención. Quizá Naruto tenía razón cuando le decía que estaba huyendo de Konoha. El sonido de la celebración de la maestra y sus alumnos al terminar el ensayo llenó el aire de alegría, pero el murmullo confundido de Hinata lo arrancó de nuevo de sus preocupaciones y lo plantó a lado de ella. Reconoció el gesto extraviado, era el mismo con el que lo había mirado antes de hacer el retrato.
La centró con cuidado, poniéndole la mano en el hombro. ―Hinata, ya vámonos.
Observó la confusión que se quedó prendada al rostro y le señaló con un movimiento de la cabeza la dirección.
Caminaron en silencio, a la par esta vez. Hinata giraba en sus dedos el tallo de la flor de papel y la miraba, estaba completamente distraída en lo que fuera que le llenaba la cabeza. Sasuke se arrepintió de haberse portado tan arisco durante el entrenamiento, al pensar en todos esos brillos de tristeza que presenciaba e ignoraba… Sus cejas se juntaron y miró a Hinata de soslayo, la voz de Naruto le hizo eco en la cabeza y reservó su frustración en el puño, ya se la descargaría cuando lo viera.
No perdía esa manía de meterse en su cabeza, plantarle ideas… más bien: regar las semillas que él descuidaba y nutrir las ideas y sentimientos que se esforzaba por ignorar, aún en detrimento suyo.
Quizá no había cambiado tanto… seguía siendo el imbécil que era a los diecisiete años.
―… lo siento.
Ambos enarcaron las cejas y se miraron, habían hablado al mismo tiempo. Hinata no pudo evitar una sonrisilla avergonzada, agachó la mirada y asintió una sola vez. Sasuke se le quedó mirando.
No era fácil que ciertos detalles pasaran desapercibidos cuando convivías con alguien a diario, pero él, en verdad, se esforzaba por no mirar a nadie. Observó el cambio que había sucedido en Hinata esos cuatro meses… se veía más madura y ahora había una seguridad en ella que no había visto, nunca, antes. Una briza fría, de esas que el invierno aún soplaba, le provocó una desagradable sensación en la piel, que lo obligó a mirar de nuevo al frente; ignoró pronto aquel malestar, había soportado climas peores.
―Sensei…
Desvió la mirada hacia la derecha y vio a Hinata, tenía la mirada aún clavada en la flor de papel, pero tenía una pequeña sonrisa en los labios que no le alcanzaba los ojos, que brillaban por culpa de unas lágrimas que se rehusaban a escurrir por las mejillas.
―¿Sí?
—… gracias por entrenarme y por cuidar de mí. Sé que su lugar está afuera y que esto es una terrible molestia, así que gracias —murmuró, deteniéndose para hacer una reverencia.
Escuchó los pasos de Sasuke crujir en el suelo, pero el sonido se detuvo pronto. Al erguirse lo encontró de pie a un metro y con un gesto extraño, claramente sorprendido por lo que acaba de suceder.
—Hm… es tolerable ahora que perseguimos un fantasma ―murmuró, encogiéndose incómodamente de hombros.
Apretó los dedos alrededor del tallo, rio suavemente y asintió. ―Ya veo.
La muchacha dio unos cuantos pasos, pero no la siguió. Ya habían llegado, podía verla entrar a casa desde ahí. Hinata solo giró para mirarlo al encontrarse frente a las puertas y se despidió con una tímida sonrisa y un gesto de la mano, que él no reciprocó. Inspiró, miró al suelo unos momentos y desapareció de ahí. Hizo el recorrido habitual a su puesto, aunque se tomó su tiempo esta vez.
Cuando llegó no le sorprendió encontrarse a uno de los Hyūga con gesto de fastidio. Lo saludó con un asentimiento y se postró a unos metros de él.
"… no te involucras con el resto, porque crees que entre menos rostros te atormenten allá afuera, es mejor para ti…"
Miró la casa y maldijo a Naruto en silencio.
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Hinata se quedó recargada en la puerta unos momentos, con los ojos cerrados, respirando profundo, y meditando las cavilaciones que la habían distraído durante el camino. Desde afuera aquello parecería una frivolidad, pero desde su perspectiva era un problema.
No tenía sentido que Sasuke lograra hacerla enojar de la manera en que lo había hecho aquel día, pero ahora que las aguas estaban tranquilas había comprendido qué las había alterado. No era su orgullo el que había reclamado el maltrato… había sido un corazón al que había ignorado por culpa de todo lo demás. Se cubrió el rostro con ambas manos y exhaló, luego negó con movimientos cortísimos.
¿En qué momento había empezado aquello?
Se encogió, inconscientemente, de hombros. No tenía idea. Podría ser producto de una confusión con la admiración que sentía, pero podía diferenciar ese sentimiento del que la había indignado horas atrás… quizá fuera ese complejo de salvadora, pero los límites estaban bien establecidos entre una cosa y la otra. Los inicios estaban velados por una extraña niebla, provocada por todos los problemas que se habían anticipado a esa situación.
―… ay, Hinata, te enamoras de puros imposibles ―sonrió, mirando sus pies.
Inspiró profundo y se irguió, alejándose de la puerta, ganando un pequeño impulso al empujarse con las manos.
Al menos ahora sus sentimientos estaban más taimados, no parecían desbordarse de su pecho cómo le había sucedido con Naruto tantos años atrás. Quizá todos esos años y esa amnesia habían servido para ayudarla a manejar mejor sus emociones, aunque al principio pareciera lo contrario, pero se estaba aventurando demasiado. Dejó sus sandalias en el genkan y caminó a la cocina, donde se dedicó a comer los bocadillos que había ignorado por culpa de su enojo.
―Parece que está de buen humor ―celebró Hikari.
―No… no realmente ―arrastró, concentrada en su comida. ―¿Han sabido algo más de papá o Hanabi?
―No lo sé, Hinata-sama ―se disculpó, apenada.
―¿Sabes si Natsu ya envío el recado que pensaba enviar? Quisiera añadir unas líneas.
―Aún no, dijo que la esperaría.
―Ah, menos mal ―exhaló.
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Iruka, Kakashi y Sakura habían estado discutiendo ante el consejo los resultados del último simulacro. Habían de tomar demasiadas precauciones y esquivar las reservas del Clan Hyūga, pero ya Kakashi tenía en mente un plan de acción para poder continuar con el entrenamiento de Hinata, minimizando al máximo los riesgos que pudieran rodearla.
Una vez Iruka y Sakura confirmaran que daban el visto bueno para pasar a la siguiente fase, abandonaron la sala, dejando completamente solo al Hokage con su consejo de ancianos.
―Creemos que no está de más esperar un par de meses, ¿qué considera, Kakashi-sama? ―preguntó Utatane.
―Creemos que la dificultad de los simulacros aún puede aumentar ―secundo Mitokado.
Asintió. ―Sí, pero estoy de acuerdo con Sasuke… Hinata necesita el impulso del peligro real.
―Entonces crees que lo mejor es que comience a trabajar fuera de la aldea.
―Hay bastantes trabajos de espionaje aún, en los que las actividades son pasivas, creo que es una buena manera de empezar… los riesgos son mínimos y es un ambiente controlado, de cierta manera.
Los ancianos se miraron y asintieron una sola vez.
―¿Consideras que está lista?
―Tenemos en puerta misiones de espionaje adecuadas para los genin y chunin. Ya ha realizado algunos simulacros aquí dentro y sus resultados han sido favorables. Además, Sasuke estará con ella todo el tiempo, estará segura… y me encargaré de llegar a un acuerdo con el kage correspondiente.
De nuevo se miraron, pero la duda aún les plagaba el rostro.
―Podríamos darle un mes más ―coincidió con ellos.
―Sí, un mes más estaría bien… te servirá para coordinarte con los kage ―coincidió Utatane. ―Mantén una comunicación fluida con los cuatro países.
―Aún no estamos seguros de dónde se encuentra el responsable de esta tragedia ―lamentó Mitokado, con impotencia. ―Podría haber infiltrados en cualquiera de las aldeas, incluso aquí.
―Así que no comentes los detalles de la misión con nadie más que Hinata y Sasuke… y quizá con Ino.
―Nosotros nos encargaremos de explicar todo a Hiashi.
Referencias:
1.- Hana kanzashi: son adornos para el cabello con motivos florales.
Miércoles, 03 de mayo de 2023
