(Aviso de escena + 18 en este capítulo).
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Capítulo VI: Augusta.
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Navidad, 1996.
Neville estaba agradecido de que Pansy no tuviera que lidiar con el ansioso, inexperto muchacho que había sido hace un año.
Sabía que ella había salido con Draco por un tiempo, y escuchó que había estado con otros chicos– todos sabían lo que pasaba en las fiestas de Slytherin–; pero nada de eso importaba ahora. Por dos años, se preguntó por qué Pansy siempre parecía estresada y por qué estaba sola tan a menudo. Luego aprendió cuán vulnerable era ella en realidad. Neville había visto desaparecer la apretada y tensa expresión de su rostro cuando la besó, había sentido la tensión derretirse fuera de su cuerpo y había visto cuán bonita era ella cuando sonreía. Supo esa noche en el Lago Negro que Pansy lo necesitaba, y entendió casi de inmediato que para él, siempre sería ella. No fue ni siquiera como si lo hubiera decidido. Era sólo un hecho.
Y, Merlín, ¡Cómo amaba los miércoles! El Invernadero Seis se había convertido en su santuario. Le habían estado añadiendo cosas poco a poco– más mantas y almohadas, una pequeña reserva de bolsas de té y bollos, y algunas tazas y platos. Neville usualmente estaba ahí antes que Pansy para así poder conjurar un encantamiento para ocultar el humo de la chimenea y encender el fuego. Diciembre en Escocía podía ser amargamente frío; pero no había nada mejor que mantener a Pansy cálida mientras la nieve caía afuera.
Él abrió la puerta al oír su toque. Y ahí estaba ella, con copos de nieve atrapados en su brillante cabello, sus mejillas rosadas por el frío y su sonrisa resplandeciente con su pintalabios rojo-rosa favorito. Ella entró rápidamente, justo hacia sus brazos.
Tenían una rutina ahora: Primero, se sentarían frente al fuego, beberían té y conversarían, poniéndose al día sobre lo que había sucedido en la semana.
"¿Cómo están las plantas?", preguntó Pansy.
"Mayormente, invernando. No hay mucho trabajo de Herbología por hacer en esta época del año, al menos no en Escocía. En casa…".
"En Somerset", sonrió ella.
"¿Lo menciono así de mucho?".
"Lo haces de vez en cuando".
Él se rio. "Extraño el jardín".
"¿Y a tu abuela?".
"Bueno, por supuesto que también la extraño; pero los inviernos son más suaves ahí y no tenemos mucha nieve, así que el jardín aún es bonito incluso en diciembre, casi siempre tenemos Rosas de Navidad".
"¿De verdad? ¿Rosas en Navidad?".
"No son realmente rosas, son eléboros. Pero lucen un poco como rosas, y usualmente florecen en Navidad, así que la gente las llama así. La abuela las pone en un platón dorado como centro de mesa cada año".
Pansy lució anhelante. La mansión Parkinson siempre estaba bellamente decorada en Navidad; pero los elfos domésticos lo hacían todo. La mitad del tiempo la familia estaba en Mallorca o en Suiza por las vacaciones y ni siquiera veían su propia casa.
"¿Qué vas a hacer por Navidad este año?", preguntó Neville, "¿Irás a algún lado?".
Pansy sacudió su cabeza. "Creo que le han dicho a mi padre que se quede cerca", dijo, "Abriremos los regalos en la mañana de Navidad– como si ya no tuviera joyería suficiente–, luego cenaremos, y luego mis padres se embriagarán mientras yo me quedo en mi habitación deseando estar en algún otro lugar".
"Suena bastante deprimente".
Ella se encogió de hombros. "Estoy acostumbrada".
"¿Se molestarían tus padres si te fueras a otro lugar en Navidad?".
Ella lo miró, perpleja. "¿Por qué?".
"¿Se molestarían?".
"No. De hecho, creo que estarían aliviados. Cuando tenía doce, fui a Italia con la familia de Daphne, y luego hace dos años, la madre de Blaise organizó unas vacaciones para bucear en Mallorca para un grupo de sus amigos".
"Vaya, dudo que Somerset pueda competir con eso".
"Neville, sabes que me encantaría pasar la Navidad contigo; pero…".
Él levantó su mano. "Escúchame", dijo, "Oh, y esto implicaría mentir y engañar, así que si estás en contra de eso…".
"Soy una Slytherin, bebé. Esa es mi vida diaria".
Él la atrajo para darle un beso. "Merlín, te amo tanto. De acuerdo, aquí está mi idea. Tengo una amiga en Beauxbatons, su abuela y la mía son amigas, y nos mandamos lechuzas de vez en vez".
"¿Ella sabe sobre mí?".
Él dudó. "Algo así. Ella sabe que estoy enamorado de alguien; pero no sabe tu nombre o tu casa, o nada más sobre ti. De todas formas, ella – su nombre es Désirée, por cierto– dijo que Beauxbatons está patrocinando un viaje para esquiar en vacaciones, y tienen permitido invitar a un amigo".
"Oh", Pansy lució decepcionada, "¿Vas a ir?".
"¿Yo?, ¿Estás loca? Me rompí el brazo cayendo de mi escoba. Probablemente me mataría si tratara de esquiar".
"Bueno, entonces, ¿Por qué me lo estás diciendo?".
"Porque Désirée sugirió que ella te invitaría. Dijo que era perfectamente lógico que te hubiera conocido en el Torneo de los Tres Magos, y que se hicieran amigas. Me mandó por lechuza todo el papeleo para que lo llenes y para que tus padres lo firmen; excepto que ella le dirá a su organizador que te enfermaste en el último minuto y que tuviste que cancelar. Sin embargo, lo que tus padres sabrían sería que estarás pasando las vacaciones en Chamonix".
"¡Oh, eso es genial! Y muy digno de Slytherin".
"Sí, ella está en Ombrelune, que es una especie de Slytherin con un poco de Ravenclaw incluido".
"Ella me agrada".
Él se rio.
"Lo harías. La conocerás uno de estos días".
"¿La voy a conocer?".
"Por supuesto, tendremos que invitarla a la boda".
"¡Neville!".
Él decía cosas así todo el tiempo, y aunque ella se llenaba de felicidad cada vez que lo hacía, no estaba tan segura del futuro como Neville.
No era que no lo amara– Merlín y Morgana, ella lo amaba más que a nadie o nada en el mundo–; pero veía obstáculos que él no. A veces pensaba que él era más un Hufflepuff que un Gryffindor, lo que sea que el Sombrero Seleccionador hubiera decidido.
"¿Qué hay de tu abuela?", preguntó.
"Puede que Désirée haya hablado con su abuela, quien habló con mi abuela, quien finalmente admitió que no soy un niño y que puedo invitar a quien sea a pasar la Navidad con nosotros".
"Ella sabrá quién soy tan pronto como menciones mi nombre. Probablemente conozca a tres generaciones de mi familia".
Él asintió. "Probablemente; pero ella guardará cualquier secreto que yo le diga. Siempre lo ha hecho".
"¿Estás seguro?".
"Absolutamente".
"Entonces sí. Hagámoslo".
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*...*
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Augusta Fawley Longbottom era una bruja tan sangre pura como Narcissa Malfoy, y había sido criada incluso más estrictamente.
Ella fue a Hogwarts cuando los chicos y las chicas eran sentados por separado en clases y en el Gran Comedor. Hubo poquísima oportunidad para socializar con los jóvenes varones y, aunque su esposo no había sido exactamente un extraño, ella había pasado tiempo con Leandro sólo bajo el más estricto acompañamiento de chaperones. Como resultado, los primeros meses de su matrimonio fueron estresantes, y ella había jurado no someter a sus hijos al mismo tipo de educación represiva.
Como sucedió después, ella tuvo un sólo hijo, Frank, un joven mago brillante y tranquilo que fue exitoso en casi todos los sentidos. Cuando Frank se interesó en una adorable chica llamada Alice Fortescue, Augusta les permitió mucha más libertad de la que ella y Leandro tuvieron. Nunca se arrepintió de ello. La larga y brillante vida que había previsto para su único hijo, había sido borrada por Bellatrix Lestrange y los Mortífagos; pero ella podía consolarse sabiendo que él había tenido la oportunidad, aunque breve, de ser feliz con su esposa y su hijo pequeño.
Neville era muy diferente de Frank. Tímido y reservado de niño, donde Frank había sido extrovertido y seguro; pero, a medida que Neville crecía, más pudo ver ella que su carácter, si no su personalidad, se parecía mucho al de su padre.
Augusta le sonrió mientras él le presentaba a la hermosa joven bruja de cabello oscuro.
"¿Cómo se encuentra, Pansy?", dijo formalmente– no podía abandonar su educación por completo. "Estoy encantada de conocerla. Me complace que vaya a pasar la Navidad con nosotros. Neville le enseñará dónde está todo y luego tomaremos té, aproximadamente en una hora".
Neville llevó a Pansy escaleras arriba para acomodar sus cosas primero. La cabaña tenía sólo cuatro habitaciones, dos en cada extremo, separados por la escalera y un estudio. La de Augusta era la habitación delantera norte que daba al amplio césped y los campos aledaños. La de Neville era el dormitorio trasero al sur, que tenía vista a los jardines. La habitación de invitados del frente sur había sido preparada para Pansy; y ella y Neville compartirían el baño.
"Oh", dijo ella mirando alrededor. Las paredes de la habitación de invitados eran de un color azul pálido, y todos los muebles eran blancos. El edredón y las cortinas tenían estampados florales en colores pastel que no hacían juego, y había un montón de mantas y almohadas color rosa suave, azul y lavanda esparcidas sobre la cama y la silla. "Es tan… esponjoso".
Neville asintió, tratando de no reír. "Lo es. Al menos quité las pinturas de gatitos".
Ella lo miró, horrorizada. "¿De verdad había pinturas de gatitos?".
"Sí, pensé que eran un poco demasiado del estilo de Umbridge. No quise darte pesadillas".
"¡Gracias!". Ella miró alrededor otra vez, "¿Sabes qué?, me gusta. Es cómodo, y me gusta la idea de envolverme en todas esas mantas".
Él alzó una ceja. "Eso suena divertido", gesticuló hacia la puerta, "Este es el baño, también bastante florido…".
"Creo que nunca he visto un inodoro rosa antes".
"Combina con las flores en las paredes".
"Claro". Pansy comenzó a reír y no pudo parar. "Oh, Neville, lo amo".
"¿Cómo?, quiero decir, ¿Cómo? Tú eres Pansy Parkinson, la bruja más elegante que conozco, ¿Y me estás diciendo que amas un baño que luce como si una canasta de Pascua hubiera explotado ahí dentro?
"Pero lo hago. Es tierno, y no podría ser intimidante para nada. Todo en mi casa es prácticamente vidrio y metal, y esto es… de acuerdo, todo lo esponjoso puede ser un poco exagerado; pero es suave y acogedor, y no estoy asustada".
Él puso su brazo a su alrededor, "Oh, cariño, no quiero que vuelvas a tener miedo".
"No estaba segura sobre tu abuela".
"Ella te va a amar".
"Eso espero".
Él la sostuvo unos minutos más porque era demasiado bueno tenerla ahí, en ese lugar familiar, en la casa donde había crecido, la casa que eventualmente sería el hogar de los dos. Los imaginó ahí en diez años, más o menos, quizás con un par de niños. Estas serían las habitaciones de los niños entonces, y… su corazón estaba tan lleno que tuvo que dejar de pensar en eso.
Había otra puerta en el otro lado del baño. "¿Lista para ver mi habitación?".
"¿Es esponjoso?".
Él sacudió la cabeza. "No esponjoso; pero… bueno, velo por ti misma". Él abrió la puerta de golpe.
Pudo haber sido peor; pero el rojo y dorado Gryffindor era un deslumbrante esquema de color. La cama roja y las cortinas no estaban tan mal; pero las paredes de oro metálico brillante eran un poco abrumadoras.
"¿No te mantiene despierto?", preguntó Pansy.
"Todo desaparece cuando apago las luces".
Ella se rio de nuevo. "Probablemente sea lo mejor. Vaya, eso es mucho dorado".
"Sí, la abuela mandó a pintarlo apenas escuchó que me habían clasificado en Gryffindor".
Ella giró su rostro contra su pecho. "Sé que lastima tus ojos", le dijo él, y luego, "Espera. Cariño, ¿Estás llorando?, ¿Qué está mal?".
Ella se limpió los ojos. "Nada está mal. Es maravilloso, tu abuela está tan orgullosa de ti que mandó pintar toda una habitación con el dorado de Gryffindor. Te apostaría un millón de galeones a que mi madre ni siquiera sabe cuál es mi color favorito. Hay amor en esta casa, Neville".
Él sabía eso. Siempre lo había sabido. Incluso cuando era difícil y exigente, él nunca había dudado que su abuela lo amaba. Pansy no había crecido con eso; pero él se aseguraría por siempre que ella supiera cuán amada era. Se lo dijo.
"Yo te amo, Pansy Parkinson, y amo que estés en mi habitación, y que vas a estar aquí por dos semanas. Esta va a ser la mejor Navidad de mi vida".
"Deberíamos escribirle una carta de agradecimiento a Désirée por su brillante idea".
"Lo haremos".
"Y probablemente deberíamos ir abajo para el té".
"Bésame primero".
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*….*
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"El té estuvo delicioso", dijo Pansy más tarde mientras subían las escaleras. "Y el jardín era hermoso…".
"Y ahora sabes los nombres científicos de todas las flores", rio Neville.
Ella rodó la mirada y continuó, "La cena fue encantadora, y tus fotos de bebé eran preciosas, y…".
"¡Oh, Merlín, las fotos de bebé!", gruñó él.
"Y cada una tiene una historia", le recordó Pansy, "Eras adorable, por cierto".
Neville bufó. "¿Notaste lo aterrorizado que me veía en algunas de esas fotos?".
"Lo hice, de hecho. ¿Qué estaba sucediendo?".
"El tío Algie". Neville se estremeció, "Te lo contaré en otro momento. Ahora mismo, tenemos una decisión qué tomar".
Habían llegado al vestíbulo de arriba. "¿Qué decisión es esa?".
"¿Tu habitación o la mía?".
"Oh" Ella lo miró con los ojos muy abiertos. "¿De veras?".
"No pensaste en serio que íbamos a dormir en habitaciones separadas, ¿Verdad?".
"Um, ¿Tal vez?, ¿Qué va a pensar tu abuela?".
"Nada. Quiero decir, va a pensar que estamos durmiendo juntos. No es idiota".
"¿Y está de acuerdo con eso?".
"Claramente. De otra manera, ella no te habría invitado aquí– y, ¿no notaste que hay otra habitación de huéspedes junto a su dormitorio en la que pudo haberte acomodado?; pero no, estás compartiendo un baño privado conmigo en el otro extremo de la casa". Él sonrió. "Ella sabe que te amo".
Pansy tomó un respiro. "De acuerdo entonces, tu habitación. Estoy suponiendo que en algún momento has tenido fantasías en esa cama".
"Oh, las tuve alguna vez". Llegaron a la puerta de su habitación y él la hizo entrar, "Pasé horas pensando en tu labial rojo".
"¿Mi labial?".
"Tu boca es muy bonita, y siempre usas ese labial rojo. Lo juro, estaba hipnotizado por eso en las comidas en el Gran Comedor. Esto puede ser un poco retorcido – bueno, de acuerdo, probablemente muy retorcido–; pero, Merlín, las veces que te vi lamer el postre de una cuchara y pensé en qué se sentiría tener ese lápiz labial embarrado en…".
"Oh. Oh, eso es ardiente. Vamos a hacer de esa fantasía una realidad esta noche".
"En realidad, puede que me mates".
"No hay manera. Puedes soportarlo".
"Oh, mierda".
Ella dejó que la viera aplicarse generosamente su labial rojo más brillante. Observó su rostro en el espejo, los ojos de Neville estaban entrecerrados y ella se lamió los labios.
"Siéntate en la cama, bebé", le dijo y él lo hizo. Ella se arrodilló delante.
"Pans, no tienes que…", comenzó Neville.
"Cállate". Ella bajó el cierre de sus pantalones y tiró de ellos hacia abajo, luego fuera. Se inclinó y le dio un beso por encima de sus calzoncillos. Él jadeó y ella dijo: "Oh, mira, te manché de labial. Lo siento".
Él apretó las manos a sus espaldas y se echó hacia atrás, murmurando: "Joder, joder, joder…", mientras ella le quitaba la ropa interior y lo acariciaba.
"Me encanta que seas tan grande", dijo Pansy con suavidad. "Amo que puedas llenarme". Lamió una larga caricia en la parte inferior de su polla, y él gimió. "Estás realmente duro. ¿Te pusiste así de duro pensando en mi labial cuando tenías catorce?", preguntó. Él hizo una especie de sonido estrangulado, y la lengua de ella giró sobre su punta como si él fuera un cono de helado, mientras sus dedos acariciaban su longitud. Pansy lo miró por debajo de sus pestañas. Su rostro estaba abierto y vulnerable, y ella lo amó más de lo que nunca pensó que era posible amar a alguien. "Quiero que sea bueno para ti", le susurró, "Quiero hacerte sentir bien".
"Es bueno, es… joder, Pansy, es fantástico, no puedo…".
Ella lo tomó en su boca tan rápido como pudo, más allá de lo que él hubiera creído posible. Luego selló los labios a su alrededor y chupó mientras sus dedos masajeaban su base. Él echó la cabeza para atrás y trató de meter aire en sus pulmones, pero la única parte de su cuerpo que parecía estar funcionando era su polla, y había perdido el control. Ella iba a tragarlo entero y todo lo que él quería era follar su caliente y pequeña boca pintada de rojo por el resto del tiempo. Ella estaba chupando, lamiendo y acariciando como si fuera a darle vuelta de dentro hacia afuera, y él le agarró del cabello y trató de decirle que estaba a punto de venirse; pero no hubo tiempo, y sus caderas se sacudieron hacia adelante mientras sollozaba su nombre una y otra vez.
Pansy tragó la mayor parte de ello; pero no todo, y cuando el mundo volvió a enfocarse, ella se estaba limpiando la boca con el dorso de la mano, embarrando su lápiz labial rojo en su rostro. Y, Merlín, Morgana y Mordred, era la cosa más ardiente que él hubiera visto nunca.
La subió a la cama con él y la besó, saboreándose a sí mismo, saboreándola a ella, saboreando ese jodido labial rojo.
"Joder, Pansy, mierda… nunca me vine tan duro en mi vida, no puedo… joder, fue asombroso".
"¿La fantasía de tercer año cumplida, entonces?".
Su respiración estaba regresando a la normalidad. "Mi yo de tercer año nunca podría haber imaginado nada como eso". Él conjuró un hechizo de limpieza sin varita y preguntó. "¿Por qué todavía tienes ropa puesta?".
"Tú aún tienes puesta una camisa", señaló ella.
"Punto a favor". Él se la quitó y la arrojó al piso. Luego le desabrochó su vestido negro clásico y la ayudó a sacárselo por su cabeza. Pansy se sentó frente a él usando un brassiere y bragas de encaje negro y medias negras hasta los muslos. "Estoy tan contento de no haber apagado las luces", le dijo.
"Pensé que era para que podamos disfrutar las paredes doradas Gryffindor".
"Bueno, eso también, por supuesto; pero juro por todos los dioses, Pansy, tú eres la cosa más hermosa que he visto nunca".
"¿Sí?". Ella aún no estaba acostumbrada a oírlo. Nunca se cansaría de hacerlo.
"Sí. Mírate. Eres magnífica". Él alcanzó la parte de atrás de ella, desabrochó su brassiere y se lo quitó. Luego se apoyó en un codo y le acarició los senos con su mano libre. "Tan suaves", murmuró y llevó su boca a uno de ellos.
Pansy gimió y se arqueó mientras su mano se deslizaba sobre su estómago y entre sus piernas. Sus pequeñas pantaletas de encaje estaban empapadas y él enganchó su pulgar en el elástico para quitárselos.
"¿Dejamos las medias puestas?"
Ella sonrió. "Si tú quieres".
"Quiero".
Ella gimió cuando él la abrió con dos de sus dedos.
"Puedes tener todo lo que quieras".
"¿Cualquier cosa?".
"Cualquier cosa, Neville. Yo siempre te daré todo lo que quieras".
"Esto es lo que quiero". Él le separó las piernas y las levantó sobre sus hombros, sus manos en sus muslos, sus pulgares manteniéndola completamente abierta. Luego se puso a trabajar con su boca, lento y profundo, y hambriento. Su lengua rodeó su clítoris continuamente, llevándola más cerca al borde; pero sin cambiar la velocidad o la presión para que tomara el mayor tiempo posible. Era como si los tensos nervios dentro de ella se estiraran más, y más, y más cerca de romperse; pero sin llegar ahí.
"Neville, por favor. Por favor", suplicó ella. Pansy siempre había odiado suplicar; pero Neville podía reducirla a un tembloroso desastre, y él lo sabía–maldito fuera–, sabía exactamente qué tan lejos podía presionarla. Hasta ahí. "Jódete, Neville Longbottom. ¡Si no me dejas venirme, te cruciaré ahora mismo!".
Y él se rio, porque esa era la vibración suficiente para empujarla por el acantilado, y mientras caía, él se levantó y se introdujo dentro de ella tan duro que Pansy lo sintió en sus dientes, y su visión se disolvió en olas de estrellas más brillantes que el dorado Gryffindor.
La mañana siguiente, en la ducha, él la tuvo apoyada en los azulejos, el agua tibia corriendo por sus cuerpos. Ella le sonrió, toqueteando su polla.
"Anoche, y esta mañana, ahora una ducha, y sólo mira esto". Él miró abajo y por un frenético momento pensó que era sangre; pero por supuesto que no lo era. La brillante mancha de escarlata en su polla era lápiz labial, y casi perdió el control de sí mismo. Levantó a Pansy de las caderas y la deslizó sobre él, mientras ella envolvía las piernas alrededor de su cintura.
"Joder, cariño, ¿Tienes alguna idea de lo que tu labial rojo me hace?".
Ella presionó su rostro en su cuello y rio con suavidad. "Realmente vale la pena el costo adicional para obtener el del tipo indeleble".
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*…*
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Augusta se sentó con su bastidor de bordado– incluso a su edad, sus ojos todavía eran lo suficientemente buenos para la costura fina–, y fingió que no estaba prestando atención a los dos sentados al otro lado de la habitación. Ellos estaban tan transparentemente felices que le hacían doler el corazón sabiendo lo que sabía del retorno del Señor Tenebroso y los mortífagos. Neville lo sabía también, sabía todo lo que ella, excepto que el dolor de la pérdida nunca te abandona realmente, y que ese era conocimiento que sólo podía venir con la experiencia que esperaba que él no tuviera jamás. La pérdida de Frank y Alice no era lo mismo para Neville como lo era para ella, ya que él nunca los conoció realmente. Él podía imaginar cómo hubiera sido si Bellatrix Lestrange no les hubiera robado la mente. Augusta lo sabía, y los extrañaba todos los días.
Bueno, suficiente de eso, se dijo a sí misma.
A su edad, sabía cómo sentarse con ese dolor en la habitación y no dejar que la destruyera, y estaba agradecida más allá de toda medida de tener al hijo de Frank y Alice. Estaba agradecida también por esta chica que hacía que su rostro se iluminara cada vez que ella entraba por la puerta. Se preguntaba por qué habían tenido que engañar a los padres de Pansy con la historia inventada del viaje para esquiar. Nunca lo mencionó, por supuesto, pero observó a Pansy y a Neville muy cuidadosamente. Era una cosa que una pareja de diecisiete años creyera que estaban enamorados; otra era que entendieran lo que eso significaba. Sin embargo, el amor juvenil y el matrimonio temprano eran comunes en el Mundo Mágico, y ella estaba satisfecha de que esos dos estuvieran tan firmemente conectados. Apoyaba por completo su relación.
Los Parkinson podrían sentirse muy diferente; pero ese sería su problema, no el de ella. La familia Parkinson siempre habían estado bien, suponía; pero la madre de Pansy era francesa y había sido una Guillot, una familia nouveau riche– muy nouveau, pero también muy, muy riche–. Leandro había comentado sobre ellos una vez, añadiendo que la fortuna Guillot parecía haberse originado en algunas fuentes muy turbias.
Augusta se había dado cuenta de que a Renaud y Marguerite Parkinson no les habría gustado que Pansy se aliara con un Longbottom, y eso sólo hizo que la sangre le hirviera, porque no había familia más fina en Gran Bretaña Mágica. Sin embargo, lo que era peor, era la clara implicación de que los Parkinson eran sumisos seguidores de los Malfoy, los Lestrange y otros que estaban convencidos de que el Señor Tenebroso les daría poder.
Joven como era, Pansy era más sabia que sus padres y era bienvenida ahí en cualquier momento.
"Neville", dijo, "Lleva a Pansy al jardín y reúnan un bonito bouquet de Rosas de Navidad para nuestra decoración. Nunca siento que es Navidad hasta que están en la mesa".
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*Fin del Capítulo VI*
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