Capítulo 24
Si hacía el recuento de su vida estaba bastante seguro de que podría definirla como una mierda. Había cosas que su memoria había olvidado o borrado directamente, pero el peso de sus años solía volver a él a través de recuerdos cada vez que se iba a dormir.
A los 10 años conoció el mayor abuso físico de su vida por parte de su padre, a los 14 tuvo su primera relación sexual —no deseada— con la prostituta que trabajaba para su progenitor. A los quince años Tony ya se había graduado de la escuela, y a su celebración solo asistió Jarvis. A los 18 se graduó de la universidad, ya para entonces sus padres habían muerto.
Era parte activa de Industrias Stark desde los trece y considerado una de las mentes más brillantes desde los diez.
Tenía 17 cuando murieron sus padres y tuvo que llevar el peso de la empresa al cumplir 18.
Su vida se arregló por momentos al conocer a Rhodey a los 15 y a Pepper a sus 22; pero volvió a ser miserable a los 25 años, cuando sufrió la pérdida que más dolió en su ser: Jarvis.
Su mayordomo murió por vejez, o quizás por cansancio de la vida. Aquella muerte no fue cubierta por los medios como las muertes de sus padres, ni tampoco fue descrita en los periódicos como "la pérdida de un gran hombre", como hicieron con Howard, pues el mundo no estaba interesado en la muerte de un viejo de la servidumbre. Pero, para el último de los Stark, fue la pérdida de un padre.
Aquella vez no hubo un esplendoroso cortejo fúnebre, ni personas importantes fueron a darle el pésame, a su lado tan solo estuvieron Rhodey y Pepper, quienes tenían una idea de la importancia de Jarvis en su vida.
Ese mismo día, y contra las indicaciones de su amigo, Tony empezó a fumar. Sentía que la vida le daba de a poco y le quitaba de a mucho, y se sintió tan desesperado, que rompió todo a su paso una vez llegó a su casa.
Sus amigos estuvieron con él en todo momento, y quizás fue por eso que aquel día no hubo otro muerto; aunque ellos nunca supieron eso.
Aquella pérdida terminó por estructurar lo que él era, pues en Tony se había creado una dualidad de pensamientos, pues había crecido con dos formas de ver el mundo, con dos formas de ver la vida. Cada vez que Howard le prohibía algo con severidad, Jarvis le explicaba con paciencia y cariño —en secreto, claro está— que las cosas de las que hablaba su padre no eran malas, solo diferentes. Howard le gritó que la homosexualidad era mala, Jarvis le dijo que amor era amor. Howard lo golpeó cuando pensó que le gustaban las ropas de mujer, Jarvis le dijo que usar vestidos no era malo. Howard le dijo que jamás tuviese amigos, que un hombre solo puede confiar en sí mismo. Jarvis le enseñó el valor de confiar en las demás personas.
Al final terminó temiendo probar la ropa de mujer, aceptando sus gustos por los hombres, entendiendo que la amistad era importante pero... que la vida no era nada si los demás no te veían hacia arriba. Quizás era mitad y mitad.
Fue por eso que a sus 42 años —por coincidencia, exactitud o casualidad del destino— recibió el diagnóstico de esclerosis múltiple, justo igual que su padre. Necesitaban más pruebas para establecer qué tipo de patrón tenía, pero más de un médico se lo confirmó.
El día que se enteró de su enfermedad regresó a su casa y le pidió a su I.A toda la información que pudiera reunir sobre la enfermedad, incluyendo videos de personas que la sufrían; hacía muchos años que había estudiado acerca de ella — el dia de la muerte de su padre—, y quería refrescar su memoria. Su cabeza se llenó con información de dolores, incapacidades, dificultades y, entre todo, se llenó con imágenes de sillas de rueda y dificultades.
Se enojó mucho, con la vida, con su padre, con él mismo. Tony casi destrozó su taller arrojando todo lo que llegaba a su alcance. Pero, cuando su enojo mermó pensó las cosas; y a su mente llegaron las palabras que Howard Stark le dijo el día que se quitó la vida. Lo pensó mucho, la decisión a la que llegó no la tomó a la ligera, pero aunado a aquellos recuerdos, también se sumó su presente. No tenía dudas de que sus amigos lo apoyarán con aquello si les contaba, pero él no quería destruirles la vida a ellos también, sentía que ya con la suya era suficiente.
Y, fue por eso que tomó su decisión. Pero tenía cosas que hacer primero y, fue ese mismo día, donde escribió la lista con tres acápites en ella.
...
Thor se frotó los ojos con frustración cuando el mal presentimiento que cargaba desde su última reunión con Tony aumentó. Había cedido a arreglar el testamento, sí, pero eso no significaba que había tomado como verdaderas todas las palabras del genio.
Tuvo suerte de encontrarse a Hope aquel día mismo cuando iba saliendo de la oficina esperando el ascensor para irse y, puesto que habían hablado un par de veces antes —por lo que a la chica no se le hacía extraño el hablar con el abogado de Tony— intentó sacar un poco de información.
—Estuve hablando con Tony sobre doctores y eso, —intentaba lucir desinteresado, no quería que la secretaria hablara con Tony acerca de lo que él le iba a pedir. —Necesito ir al hospital pero no confío mucho en los doctores.
—¿Se encuentra bien?
—Sí, es solo rutina, ya sabes. Él me recomendó que fuera con su médico de cabecera pero no tiene su número, ¿Puedes creerlo? Me dijo que eras tú quien manejaba eso.
Pym suspiró asintiendo, sabiendo que su jefe perdería hasta la dirección de su casa si ella no la anotaba. No se le hizo raro que Thor le preguntara por aquello, no era la primera vez que ella tenía que darle algún dato al abogado. Además sabía de la familiaridad de ambos.
—Puedo enviarle el nombre y el número de su despacho.
—Te lo agradecería bastante.
Al día siguiente, viernes, Pym le envió los datos del doctor de Tony. Habló con la secretaria del doctor Reed, quien le dijo que el hombre estaba de vacaciones y que por el momento había otro doctor reemplazándolo pero, cuando Thor le dijo que era de parte de Stark —y que se trataba de una urgencia— esta le dio el correo electrónico, pues era la forma en que Reed Richards contestara. Odinson le escribió esa noche desde el correo que tenía de Industrias Stark, por lo que el Dr. Richards no sospecharía. Se hizo pasar por Pepper, pues el nombre del correo era de la institución y no personal, e hizo parecer como si preguntara acerca de la siguiente cita de Tony, pues a este se le había olvidado.
Después de enviar el correo solo le restó esperar por la respuesta, pero la espera se le hizo eterna.
Pasó todo el viernes y el sábado, y para cuando llegó la hora de la boda, Thor estuvo todo el tiempo inquieto, sin dejar de pensar en lo que sospechaba, pero se esforzó en mantenerse tranquilo y optó por no decirle a nadie hasta saber si sus pensamientos eran paranoia o algo más.
Durante la ceremonia veía a Tony tan sonriente junto a los novios que llegó a pensar que quizás estaba exagerando y nada malo estaba ocurriendo. Tony estaba enfermo, sí, pero estaba en tratamiento y diría la verdad muy pronto para buscar el apoyo de todos. Su relación con Steve era sana y solo quería asegurarse de que nada le faltara al rubio aún cuando a él le quedaban muchos años por vivir. Eso era lo que Thor repetía una y otra vez, pero no llegaba a convencerse del todo.
Se sentó junto a Steve en la iglesia, viéndolo de reojo. Si sus ojos no mentían él se notaba muy enamorado de Tony, había hecho incluso lo que Stephen no, y prometía ser la persona perfecta para el genio. ¿Por qué entonces todo aquello le resultaba extraño? ¿Por qué la llegada de Steve para él resultaba tan insólita?
Intentó concentrarse al escuchar la marcha nupcial y ver a su amiga entrar vestida de blanco y, por un momento, el acto le supuso una buena distracción. Pero al llegar al lugar de la celebración volvió a sentirse inquieto, como si necesitara resolver algo importante, como si necesitara detener algo.
Thor se mantuvo atento a los movimientos de Tony, pero se veía tan normal a sus ojos que por poco llegaba a pensar que él mismo había perdido la razón. Fue en alguna parte muy entrada la noche, dónde estaba él junto a Tony y Pepper sentados en una mesa, viendo a Steve hablar con Romanoff y Banner y a Loki y Rhodey hablar con alguien que Odinson realmente no conocía, que sus sospechas volvieron a aumentar cuando Stark dijo:
—Estaré unos días fuera.
Al parecer había surgido un imprevisto de índole personal que debía de arreglar, y estaría dos semanas ausente a partir del domingo; también mencionó algo acerca del orfanato, pero no concretó nada con sus palabras. Pepper quiso protestar de que dejaría la empresa sola, pero Tony le repitió que se quedaban personas muy eficientes a cargo, y que su ausencia por un par de días no haría la diferencia. Ella calló, pues había prometido no hablar de trabajo desde que se casará hasta el día que regresara de su luna de miel, pero a Thor aquello le pareció un mal presagio.
—¿Steve irá contigo? —preguntó el abogado.
Tony mantuvo su sonrisa mientras negaba, como si no hubiese nada de malo en que de repente necesitara ausentarse solo por dos semanas, o por lo menos era algo que Thor no veía con buenos ojos.
—Fue algo que surgió de imprevisto, se lo diré más tarde.
Thor asintió sin despegarle los ojos de encima, necesitaba la respuesta de Reed Richards con urgencia.
...
El domingo, después de la boda, la sensación de que algo terrible iba a suceder no lo abandonó, sino más bien que se intensificó. Se despertó muy temprano aquella mañana, a pesar de que la boda había terminado a altas horas de la madrugada y de que no había dormido nada. Se levantó de la cama, cuidando de no despertar a Loki, que seguía profundamente dormido ajeno a la situación, y caminó hasta la sala para buscar en internet información sobre la EM.
Conocía la enfermedad a grandes rasgos, pero quiso enfocar su búsqueda hasta en los mínimos detalles que pudiese encontrar en internet. Leyó documentos sobre las causas, los signos y síntomas, buscó ensayos acerca de los diferentes tipos y, aún con miedo, revisó información acerca de algunos cambios psicológicos que podía manifestar. Estuvo tan concentrado en su lectura, que no despegó sus ojos de la laptop hasta que la voz de su pareja le hizo mirarlo; eran casi las tres de la tarde en ese momento. Cerró la computadora cuando lo vio acercarse y, recordando lo que le había prometido a Tony, le dijo que solo estaba revisando unos correos del trabajo.
Fue poco después de que dieran las ocho que la notificación de un correo electrónico apareció en la pantalla de su teléfono. Thor vio que el remitente era el Dr Reed Richards, quien le había escrito un mensaje de siete párrafos. Después de leer el primero, donde Reed se disculpaba por la tardanza en su respuesta y culpaba a la mala conexión del lugar en donde estaba, sus ojos se deslizaron por las palabras de aquel mensaje, sin poder creerlo. Lo que más captó su atención fue la línea que rezaba "El señor Stark necesita iniciar sus chequeos y agendar una cita lo más pronto posible para establecer la forma de proceder con la enfermedad."
Thor se sentó en su cama con la vista fija en la pantalla del celular, releyendo aquella línea. Tony le había mentido, no estaba en revisión, ni bajo observación médica ni nada. Eso no era para nada bueno y ese gigantesco detalle, más todos los demás, provocaban que su mal presentimiento se convirtiera en una imagen sólida en su cabeza.
Rápidamente marcó el número de Tony, pero fue enviado al buzón de voz casi de inmediato. El genio les había dicho que necesitaba resolver unos asuntos, pero lo dudaba, les había dicho que estaría en un hotel, pero tampoco lo creía.
Después de marcarle a Tony unas tres veces, sin éxito, buscó el número de Pepper entre sus contactos y marcó, recordando que ellos tomarían un avión a esa hora para llegar de día a su destino, y esperó que aún no se hubiesen subido al avión. Tragó cuando la mujer le contestó al otro lado del teléfono.
—Pepper.
—¿Thor?
—Sé que estás en el aeropuerto...
—Está bien, nuestro vuelo sale en media hora ¿Necesitas algo?
La voz de ella sonaba feliz y relajada, e incluso parecía que Rhodey le estuviera diciendo algo. Recordó el deseo de Tony de no arruinarles su luna de miel, pero era algo que ya no tenía vuelta atrás.
—Necesito que me digas en qué hotel se encuentra Tony.
Aunque no la veía sabía que aquella petición —y su tono claramente alterado— le habían hecho fruncir el ceño.
—¿Sucede algo?—preguntó, y su tono ya no se escuchaba relajado — ¿Por qué no le marcas a su celular?
—Lo tiene apagado Pepper, es urgente.
—¿Qué sucede?
La palabra "urgente" claramente la había alarmado, no quería romper la promesa a Tony de guardar silencio, pero en aquel momento era algo imposible y Potts no haría nada hasta enterarse de lo que parecía suceder. Thor en ese momento se percató que Loki había entrado a la habitación sin que lo sintiera,—por qué había elevado el tono al hablar por teléfono — y lo veía extrañado. Se notaba que había escuchado lo que le pedía a Pepper y, en ese justo momento, tendría que decir la verdad a ambos.
—Le diagnosticaron una enfermedad degenerativa, Pepper. —dijo, y obtuvo un jadeo de parte de la pelirroja y los ojos abiertos de Loki. — Ahora me acabo de enterar de que no ha estado llevando el tratamiento como me dijo y creo que va a hacer una locura. Su médico dice que ni siquiera ha ido por algún chequeo, cambió su maldito testamento y... se que algo malo está sucediendo.
No tuvo que esperar ni un segundo para escucharla decir
—Llamaré yo misma al hotel.
En el corto intervalo en el que esperó que Pepper le volviera a marcar después de llamar al hotel, tuvo que explicarle a Laufeysson lo poco que sabía y, que si no lo había contado antes, había sido por qué Tony le obligó a guardar el secreto y por qué él no quería alarmar a nadie si resultaba solo su paranoia.
No esperaron mucho antes de recibir la llamada esperada, pero está vez era Rhodey quien le marcaba. La voz del hombre se escuchaba preocupada, Thor supuso que había escuchado todo lo que le había dicho a Pepper.
—Nunca hizo una reservación en ningún hotel. Pepper está llamando a Peter, pues se supone que parte de lo que resolvería tenía que ver con el orfanato, pero el chico dice que Stark no habló con él en ningún momento.
Thor sabía que aquello confirmaba todo lo que estaba pensando.
—Dame el numero de Rogers, —demandó, pensando en una última esperanza —Quizás esté con él.
...
Steve se sentó en el sillón de Natasha mientras esperaba que ella regresara de la cocina con algunos bocadillos. Había decidido quedarse en su casa después de la boda, después de todo Tony le dijo que tendría planes y Natasha se había emborrachado demasiado como para dejarla sola. Por lo menos, a esa hora ya su amiga estaba consciente aunque ligeramente resacada. Encendió el televisor con la confianza que tenía en la casa de su amiga y, cuando ella volvió cargando una bandeja, no se resistió a hacer la pregunta que rondaba en su cabeza.
—¿Entonces hay progresos con Banner?
—Eso parece— admitió con una sonrisa, tendiéndole a Steve una un vaso de jugo, no queriendo oler alcohol por mucho tiempo —Iremos al cine el martes en la noche.
—Sabes que él es... delicado con el contacto físico. ¿Cierto? ¿Cómo intentarás siquiera darle un beso ?
—Ya verás Steve, nadie se resiste al encanto Romanoff.
Steve no dijo nada más y alcanzó el plato de comida china que Natasha había puesto sobre la mesita. Comieron en relativo silencio, viendo un programa donde los participantes jugaban adivinando las palabras para ganar un premio.
Eran alrededor de las ocho y cuarenta de la noche y no había gran cosa que ver en la televisión. Aunque en verdad le estaba prestando poca atención a la pantalla y su mente divagaba más en lo que hacía Tony. Le había marcado un par de veces pero no contestó, pero pensó que seguramente estaría ocupado con lo que le había surgido de improviso.
—Oye, ¿Me estás escuchando?
La voz de su amiga le sacó de su ensueño, Natasha lo miraba con una ceja levantada, y se notaba que le estaba hablando desde hacía un rato.
—Me desconecté por un momento. ¿Qué decías?
—Pregunté que cómo estás llevando lo de Sarah.
Fijó la vista en su plato un segundo y se encogió de hombros. Lo estaba llevando mal, muy mal, pero no quería que Natasha se preocupara por eso.
—¿Has hablado con ella ?
—Ella me llamó, me pidió que te convenciera de que...
—¿De que deje de ser gay?
Natasha no contestó, pero su silencio dio la respuesta.
—Estoy segura de que algún día ella entenderá.
Steve también esperaba que ese día llegara, tanto para su madre como para Bucky, pero por el momento intentaría estar lo más feliz que pudiese. Su teléfono sonó en ese momento y al ver la pantalla, se dio cuenta que no reconocía el número. Abrió la llamada llevando al aparato a su oreja y una voz conocida se escuchó al otro lado.
—¿Steve? Dios mío contestó. Es Thor Odinson, Pepper me dio tu número.
Se enderezó en el asiento cuando escuchó la voz notoriamente agitada del abogado de Tony. Además parecía estar con alguien más.
—¿Sucede algo malo ?
—¿Tony está contigo?
—No, él está en un hotel en Los Angeles.
—¡No, no! ¡No está con él, le mintió también!
Rogers confirmó que el abogado le estaba hablando a alguien más. ¿Le mintió a él también? ¿Qué significaba eso? Un mal presentimiento lo embargó, dándose cuenta que algo muy malo estaba sucediendo. Se levantó del sofá con cara de angustia, y no pudo responderle a Natasha quien le hacía señas para saber lo que estaba sucediendo.
—¿Qué está sucediendo?
—Tengo un mal presentimiento Steve. Tony nunca hizo reservación en ese hotel. ¡Nos mintió a todos! Sé que Tony va a hacer algo malo. Está enfermo y no quiere que nadie lo sepa. ¡Creo que va a cometer una locura! Vamos a su casa en este momento y Rhodey y Pepper salieron del aeropuerto para allá pero...
Steve no necesitó escuchar nada más antes de colgar la llamada, guardar su celular en el bolsillo y salir corriendo del departamento de Natasha sin siquiera decirle nada.
—¡Steve!
Escuchó el grito de su amiga detrás suyo, pero no tenía tiempo para detenerse a dar ninguna explicación. Ni siquiera él había entendido bien aquella explicación, y lo único que pudo captar es que Tony estaba en peligro. Encendió su moto tan rápido como pudo y aceleró apenas respetando las señales de tránsito; ni siquiera se colocó su casco. Tenía suerte de que el departamento de Romanoff estaba un poco más cerca de la casa de Tony que el suyo propio, pero aun así sentía que estaba demasiado lejos.
En todo lo que podía pensar era en Thor diciendo que Tony estaba enfermo. ¿Enfermo de qué? ¿Cáncer? ¿Era acaso por fumar o era otra enfermedad? Y la palabra suicidarse se clavaba tan profundo en él que le costaba respirar. No la había mencionado en la conversación pero era algo casi inevitable de pensar en la forma en la que habló. Cometer una locura, eso era lo que había dicho Odinson, y rogaba que aquello fuera una tremenda equivocación.
Su Tony podía morir. Su Tony podría quitarse la vida. Su Tony estaba sufriendo y él no se dio cuenta. Steve sentía que su corazón palpitaba de forma tan acelerada que apenas podía respirar bien. La sola imagen de Tony estando en peligro le hacía temblar y apenas tuvo tiempo de frenar cuando llegó frente a la puerta del millonario, y rogó al cielo seguir teniendo acceso a la casa.
—¡Viernes, es Steve Rogers, déjame entrar!
Steve no recordó el cambio de "identidad" de las I.A pero, de todas formas, Jarvis reconoció los permisos que tenía el hombre en su base de datos y aceptó su acceso abriendo la puerta. Aceleró con su motocicleta para atravesar el terreno que lo separaba hasta la puerta principal. La apagó rápidamente sin molestarse en estacionarse, y el ruido de su corazón desbocándose no le permitió escuchar el golpe seco de su moto contra el suelo. La puerta principal se abrió sola sin necesidad de que el volviera a pedir acceso para entrar, y Steve se topó de lleno con la penumbra que envolvía la casa.
—Tony, ¿Dónde está Tony?
—El señor Stark está en el baño de su recamara. Debe darse prisa, no se encuentra bien.
Sintió como un frio pesado le recorría la espalda ante las palabras del androide, y subió las escaleras de dos en dos rogando por que no fuera demasiado tarde para lo que fuera que estuviera sucediendo.
No necesitó, ni se preocupó, en encender las luces, pues conocía muy bien el camino hacia la habitación de Stark. La puerta de la alcoba estaba entornada y en penumbras al igual que el resto de la casa. Solo una pequeña luz se filtraba a través del resquicio de la puerta, dando la única señal de que había alguien dentro. Corrió hacia el baño sintiendo todo su cuerpo temblando de miedo, y un grito desgarrador que clamaba el nombre de Tony se abrió paso a través de su garganta cuando lo vio tendido en la bañera repleta de agua teñida de sangre.
Marcó el número de emergencias tan rápido como lo sacaba de aquella bañera.
...
Unas horas antes ese día.
Tony encendió el último cigarrillo de aquella cajetilla y colocó el encendedor sobre su mesita de noche. Llevaba puesto un pantalón negro de vestir y una camisa del mismo color; dudó en si debía ponerse una corbata, pero al final desistió pensando que sería demasiado.
Estaba sentado en su cama, observando la foto que le habían tomado junto a Jarvis el día de su graduación y sonreía viendo que pese a los esfuerzos del mayordomo, su corbata había quedado torcida.
—Es una buena foto, Jarvs ¿No crees?
—Así es señor,—contestó su I.A— yo siempre he sido muy fotogénico.
Tony sintió su corazón oprimirse pensando que le habría gustado tener más fotos junto a Jarvis, y no las pocas que tenía.
Dejó la foto sobre la cama junto con una carta que había escrito. Al principio había pensado que una carta de despedida era demasiado rudimentario y que habría sido mejor grabar un video diciendo unas palabras, pero al final no lograba decir nada cuando encendía la cámara, y optó por el papel y el lápiz. Sus ojos se posaron en aquellas líneas escritas con su puño y letra, volviendo a releerlas:
Querido cualquier persona que encuentre está carta primero.
En mi es extraño escribir, más bien me disgusta, pero no sabía de alguna otra forma de dejarles unas palabras. No quiero sonar muy cursi, jamás me ha gustado serlo, y no creo empezar ahora que mi vida terminará pronto.
Solo quiero que entiendan que nada de esto es culpa de ustedes, solo mía, del destino, de la vida o que se yo, pero no de ninguno de ustedes. Thor tiene mi testamento, quiero que se cumpla al pie de la letra y, en lo preferente, hagan parecer que mi muerte fue un accidente, no es tan difícil pagar para eso, de todas formas al momento que encuentren mi cuerpo estaré lo suficientemente muerto para que ni siquiera tengan que revisarme, eso sería un plus. Lamento dejarlos de esta forma pero, como quizás ya estén enterados, me diagnosticaron esclerosis múltiple, y no podría soportar todo lo que eso conlleva, no soy tan fuerte ni tan valiente para verme a mi mismo en silla de ruedas.
No soy una persona de muchas palabras, y quiero que entiendan que está carta va para todos, pues todo lo que habría necesitado decirles ya lo he hecho, pero hay dos personas a quién necesito expresarles algo. Pepper, mi querida Pepper, eres la mejor amiga que pude tener en mi vida, yo nunca te culpe de nada (sabes a lo que me refiero), ni lo haría nunca, pues sé que me cuidas mucho mejor que yo mismo.
Y Steve, lo siento. No fue mi intención que lo nuestro surgiera así, cuando te contraté solo quería a alguien que llenara el vacío de mi puesto cuando yo no estuviera junto con Bruce, y así nadie tendría que ocuparse de buscarme un reemplazo. Pero, sorpresivamente, lograste mucho más que eso. No me extenderé mucho, pues como dije al principio no me gusta lo cursi, solo quiero darte las gracias por hacer algo que no esperé que hicieras: hacerme feliz. Te dejé algunas cosas que por esa gran hazaña que hiciste te pertenecen, y disculpa si el estar conmigo te causó problemas, solo espero que lo que hay en el testamento te sirva para que me perdones.
Se despide de ustedes, el gran A.S.
Al terminar de releer su carta vio su reloj y se fijó en que eran casi las nueve de la noche: la hora que tanto había planificado.
Se preguntó qué estaría haciendo Steve en aquel momento, si estaría riendo o viendo televisión. Quizás estaría con alguno de sus amigos o sencillamente tomando un baño, y tuvo ganas de haber estado en una situación diferente para haberse podido quedar con él sin arruinarle la vida.
Dio una calada al cigarrillo mientras abría el cajón de su mesita de noche para extraer un sobre; dentro había dos anillos atados por una cadena de oro: eran los anillos que le había dado Jarvis el día de su graduación.
—Nunca pude dárselos a nadie. —susurró mientras se ponía la cadena alrededor del cuello. —Te dije que nunca podría.
Después tomó el anillo de compromiso que reposaba en una cajita recubierta de terciopelo, el que le había dado Stephen Strange como promesa de que en verdad lo amaba, y sonrió amargamente ante el recuerdo. Era increíble como el anillo que le regaló Stephen costaba quizás cinco veces más que los que Jarvis le regaló, pero para él no valían lo mismo, para él los de Jarvis eran infinitamente más preciados.
Tiró el anillo de Stephen en la papelera a un lado de su cama, deshaciéndose por fin de aquella joya, y se preguntó por qué no lo había hecho antes.
— Jarvis
—¿Si, Joven?
—¿Sabes? aunque estuve con Strange tanto tiempo nunca sentí correcto darle tus anillos. Llegamos a hablar de un compromiso en algún momento, cuando yo pensé que en verdad me quería, y en verdad pensé que era el indicado pero... algo me retuvo.
—Quizás dentro de usted sabía que él no era el indicado. Siempre has sido un hombre inteligente después de todo.
—Supongo, cuando él fue quien me dio el anillo me alegré por que para mí era un símbolo de que me quería y, por que no tenía que desprenderme de los tuyos. ¿No es un poco patético?
—Ni un poco, joven Tony.
Tony bufó, sabiendo que Jarvis siempre lo apoyaba, aunque fuera una voz robótica. Volvió su vista a la Tablet a un lado suyo en la cama. Acababa de revisar toda la configuración de Jarvis, y estaba totalmente seguro de tener todo preparado. Su I.A. tenía programado todo un mes de mensajes para sus amigos y Steve, además tenía su voz lista para reproducirse en mensajes de voz e incluso en llamadas, por lo que no sospecharían de su desaparición sino hasta después de que Rhodey y Pepper volvieran de su luna de miel. Solo le había dicho a Jarvis que no dejara entrar ninguna llamada o mensaje por lo que quedara de la tarde y se activará al día siguiente, no quería saber de nadie en aquel momento. Pero, de todas formas, pensaba que nadie se preguntaría dónde estaba debido a la excusa que les había dado.
Tomó impulso cuando el reloj marcó las nueve en punto y terminó de apagar la colilla en el suelo de su habitación, se levantó de la cama con destino al baño. La tina ya estaba llena de agua.
—Jarvis, ¿Puedes poner algo de música ?
—¿Cuál prefiere señor ?
Tony pensó por un momento, pero luego desistió de la música y se encogió de hombros.
—Creo que prefiero el silencio. Antes de irme, recuerda que tú nuevo dueño será Steve Rogers, hazle caso en todo. Ah y, cuando esté dentro, no intentes convencerme de que no lo haga ni llames a emergencias.
Rebuscó en el bolsillo de su pantalón la cuchilla que había guardado. Se metió en la tina cuidando de no rebosar agua y se recostó fijando su vista en el techo. Cerró los ojos un momento cuando sintió que su resolución vacilaba y se obligó a pensar en la silla de ruedas, los temblores, la ceguera y la inutilidad que llegaría en el futuro.
Él no sería el mismo. Sus amigos tendrían que cuidarlo. Steve perdería su vida cuidando de él o, en caso contrario, rompería con él por no poder llevar esa vida. Y Tony no se sentía capaz de soportar ninguna de esas dos opciones.
No quería ser una carga, ni para él mismo ni para nadie.
Tomó la cuchilla entre sus dedos y la acercó a su muñeca, luego a la otra. No sintió tanto dolor como imaginó en un principio. Quizás su sufrimiento interno anestesiaba el externo.
Se dejó estar en el agua, olvidándose de que el agua a su alrededor se teñía, y pensó que, si volviera a nacer, haría muchas cosas diferentes.
No supo cuánto tiempo pasó, quizás unos pocos minutos, cuando comenzó a sentir una mezcla entre cansancio y somnolencia. El cuerpo se le hizo pesado dentro de la bañera y, si no fuera por qué estaba mareado, podría jurar que había escuchado ruido en el piso de abajo.
El sueño se hizo inmenso y cerró los ojos un momento, tratando de imaginarse a Steve. En su mente aquella imagen era tan real que podía escucharlo gritar su nombre, y sentía sus manos alrededor de su cuerpo, sacudiéndolo. Una presión en sus labios le hizo recordar los besos de Steve y se preguntó si de aquello se trataba la entrada al cielo.
