Capítulo 25

El silencio de aquella habitación de hospital era sólo interrumpido por el bep intermitente de la máquina que monitoreaba los signos vitales de Tony y por los sollozos amortiguados de Pepper.

Potts sollozaba silenciosamente sobre el hombro de Loki, ambos sentados en el sofá de aquella habitación. A pesar de que también contaban con dos sillones, estos estaban vacíos, pues Rhodey se había levantado un rato antes, incapaz de mantenerse sentado por más tiempo, y se posicionó junto a la ventana de la habitación para ver la vista sin verla realmente. Thor estaba de pie junto a la puerta, sintiéndose culpable sin merecerlo por lo que pudo haber sucedido si hubiese esperado más tiempo.

Y Steve estaba junto a Tony, sujetando su mano.

Rhodey le había alcanzado una silla para que se sentara, aunque él habría podido mantenerse a un lado de la cama del genio de pie toda la vida si era necesario. Era un puesto que le pertenecía, nadie lo pondría en duda, y menos cuando por su rápido accionar es que Tony seguía con vida, pues fue Steve fue quien lo encontró en la bañera y quien llamó a emergencias, los demás llegaron al hospital cuando los doctores estaban intentando que Tony no muriera por la pérdida de sangre.

—Se salvó por muy poco— les dijo el médico que lo atendió en emergencias. Su rostro serio y su voz suavizada para dar aquellas palabras. —Lo mantendremos bajo observación, por ahora está muy débil y necesita descansar.

Lamentablemente no solo había sido la perdida de sangre, sino que Stark no estaba comiendo debidamente tampoco; eso provocaba que se encontrara mas débil aun. Llevaban varias horas en aquella habitación y ninguno estaba dispuesto a irse hasta no ver a Tony despertar. Odinson les había contado todo lo que sabía y como había llegado a la conclusión que le hizo llamar a Pepper. Fue notorio para todo el mundo que mientras hablaba se culpaba por no haber actuado antes, por no haber compartido su curiosidad con nadie o por no haber presionado un poco más al genio hasta obtener respuestas. Rhodey, quien era el que mantenía la mayor compostura de todos aunque se podía ver que estaba desecho, intentó hacerle entender que aquello no era culpa de nadie.

Era cierto, no era culpa de nadie, aunque todos se culparan de no haberse dado cuenta antes.

Steve mismo creía haber visto señales sin darse cuenta de lo que eran; incluso hasta el te quiero que le dijo durante la boda le sonaba a una despedida de la que debió haberse percatado. Casi dos horas después de todo, cuando ya Tony estaba en la habitación privada y él se había puesto a su lado, por un momento se sintió... fuera de lugar, casi como si no debiera estar ahí. En ese momento Pepper y Rhodey habían decidido ir a la casa de Tony luego de saber que estaba fuera de peligro, fueron rápido, pero Pepper supo que podía tener la respuesta que necesitaban. Si bien Jarvis era la nueva I.A y ahora el nuevo dueño era Steve, por la configuración de Viernes sabía que ambos amigos del genio tenían acceso a la casa, por lo que pudieron entrar sin problemas. Pepper se asombró del cambio de voz, y Rhodes tomó un momento antes de reconocer la nueva voz. Consiguieron tanto la carta como la nota dejadas en la cama y eso, más la foto abandonada, fue bastante.

No pudieron evitar que se les aguaran los ojos al ver que uno de los deseos había sido verlos casarse. No era algo fácil de saber.

Cuando ellos volvieron, sin saberlo calmaron un poco el sentimiento de Steve de no merecer estar al lado de Stark, pues uno de ellos, ni se fijó bien cuál, le tendió una camisa para que se cambiara la que tenía, pues estaba cubierto con sangre del genio. También le habían entregado la carta para que la leyera, pues consideraron que gran parte del contenido era sobre él y, después de todo, ellos sabían que él era la pareja de Tony.

Steve pudo leer la carta cuando ellos regresaron al hospital, él no se había movido ni un segundo, y ni siquiera contestaba las llamadas que seguramente serían de Natasha preocupada por como había salido de su casa. Apretó los labios mientras leía las líneas escritas por Tony y él "darte las gracias por hacer algo que no esperé que hicieras: hacerme feliz" le hizo temblar y tuvo que sostenerse de la pared más cercana.

La carta, más la confesión de Thor acerca de lo que Tony le había dejado lo abrumó. Él no quería el dinero de Stark, nunca fue algo que le interesará en lo absoluto, y sintió unas horribles ganas de gritarle al genio, aunque estuviese inconsciente sobre la cama de hospital, que lo último que deseaba de él era su dinero.

Pero se contuvo de gritar, en cualquier momento él despertaría y Steve se encargaría de hacérselo entender.

...

Tony sintió que salía de la bruma en la que había caído luego de meterse en la bañera. No sabía donde estaba, tan solo escuchaba un sonido molesto que se asemejaba a un bep, unos murmullos y unos hipidos, como si alguien estuviera llorando.

De pronto recordó lo que había sucedido ¿Acaso estaban llorando por él? ¿Era su funeral? ¿Pero si estaba muerto cómo era posible que escuchara algo? De repente el murmullo comenzó a tomar más forma en sus oídos, y fue comprendiendo que las voces que estaba escuchando las conocía bien. Supuso que si escuchaba voces conocidas no podría estar muerto, a menos que después de morir hubiese alguna especie de salita de espera desde donde pudiese ver su funeral y, quizás, le pasaran el recuento de su vida.

A su alrededor todo estaba negro y se sentía cansado. Quizás se movió, pues escuchó que una voz a su lado dijo: despertaste, muy suavemente, y tanto los murmullos como el hipido cesaron casi de inmediato, dejando solamente el molesto beep.

Tony reconoció la voz que había hablado, era de Steve, y pronto también fue consciente de la presión que sentía en su mano. Abrió los ojos lentamente, como si la vida se le fuese en esa simple acción, y tuvo que parpadear un par de veces hasta que sus pupilas se acostumbraron a la iluminación de la blanca habitación.

Lo primero que captaron sus ojos fue el hermoso rostro de Steve, que le veía con una mezcla de dolor y felicidad en partes iguales. Agradecía que la cama estuviese ligeramente inclinada, pues no necesitó levantar la cabeza —ni podía —para ver a Thor parado en la puerta, con sus ojos fijos en él. Tony no pudo ver, o quizás la bruma que aún le rodeaba no le dejó ver, la culpa que se reflejaba en el rostro del abogado. Volvió su vista en dirección a Steve sin mover la cabeza, y logró ver tras él a Pepper y Loki que se habían puesto de pie; detrás de ellos también vislumbró a Rhodey. Todos los veían sin emitir palabras, temiendo quizás decir algo inapropiado, pero al mismo tiempo teniendo demasiadas cosas que decir.

Por un momento sintió un deja vu con la vez que casi lo secuestran y despertó en una cama de hospital tras el fracaso de aquello con una leve contusión. La habitación quizás era la misma, decorada de la misma forma para verse elegante y disimular que estaba en un hospital, y la preocupación en el rostro de sus amigos también era la misma, solo que en aquella ocasión era por una causa diferente, y Steve se encontraba a su lado.

Tony intentó hablar, pero sintió su garganta seca al intentarlo y apenas emitió un sonido; sus labios también estaban secos, pues los sintió al pasar su lengua por ellos. Steve vio la acción y le alcanzó un vaso de agua entendiendo lo que sucedía. Tony sintió que su mente se despejaba un poco más después del agua, y el peso de lo que había hecho, más el hecho de que había fracasado y era claro que todos lo sabían, lo abrumó.

¿Por qué?

—Necesito... hablar con... Steve.

Su voz salió rasposa y débil, pero todos entendieron lo que había dicho. Pepper pareció reacia a dejar la habitación, no por qué no quisiera dejarlo solo con Steve, sino por qué no quería dejar a su amigo, pero la mano de Rhodey en su espalda le indicó que lo correcto era darles un momento, por lo menos Tony no había pedido que lo dejaran solo.

Pronto en aquella habitación de hospital solo quedaban ellos dos , y Rogers sabía que debía dejar al otro hablar. Steve tenía demasiadas cosas en su cabeza en aquel momento, quería reprocharle lo que había hecho, el que no confiara en él o sus amigos para apoyarlo, que se atreviera a decir que sería una carga o que creyera que él quería su dinero. Pero calló cuando Tony abrió la boca y, aún con dificultad, preguntó:

—¿Tú fuiste quién... me salvó?

Recordaba haber estado "soñando" con Steve en la bañera, pero ahora le parecía algo más que un simple sueño. Steve asintió y vio atentamente como Tony apretaba los ojos antes de volver a hablar:

»¿Por qué?

Dos palabras, Tony solo había utilizado dos palabras y la voz rota, y Rogers sintió que su pecho era apretado y estrujado por una mano invisible dispuesta a sacar todo el aire que tenían sus pulmones.

—¿Qué dices?—preguntó dudoso.

—¿Por qué me salvaste? Debiste... debiste haberme dejado, quizás ellos no habrían llegado a tiempo... como tú.

Había tenido la ligera y ridícula esperanza de que al despertar Tony tuviese una idea diferente, pero no, había sido muy estúpido al pensar aquello. Ahora se encontraba sentado junto a una cama de hospital al lado de la persona que amaba, mientras esta le preguntaba por qué no le había dejado morir. ¿Cómo se suponía que debía sentirse ante eso? ¿Había alguna forma correcta de sentirse ante aquella situación de todas formas?

Steve aferró entre sus puños las sábanas que cubrían al genio, incapaz de materializar en palabras todo lo que deseaba decirle. O, por lo menos, incapaz de poner en orden todo aquello.

—Tony...

—Te habrías quedado con...

—¡Nada, no quiero nada! —le interrumpió, incapaz de escuchar lo que estuvo a punto de decir. —Lo único que quiero es a ti.

Él se puso de pie sin soportar mucho más tiempo permanecer sentado; para ese momento Tony ya había abierto los ojos y se encontraba mirándole.

—Habrías vivido bien.

—¿Cómo?¿ Sin ti?

—Te habrías recuperado en unas semanas, podrías haber encontrado a alguien, quizás a otro hombre, o a alguna buena mujer que te diera los hijos que una vez dijiste que querías.

¡¿En unas semanas?! ¿Él cree que mi dolor por su partida solo duraría unas semanas? pensó apretando los labios, conteniendo el enojo que esa absurda suposición provocaba en él.

—No quiero a ninguna mujer, ni deseo a otro hombre que no seas tú. No quiero ni un centavo tuyo, te devolveré la casa y, sobre todo, no quiero ni una sola de tus acciones. Lo único que deseo es que entiendas que tú todavía tienes mucha vida para ser feliz, y para que la vivas a mi lado si aun me quieres.

Tony hizo una mueca con la boca y Steve se dio cuenta que estaba conteniendo el llanto. Nunca se imaginó ver al genio tan desvalido, tan indefenso y vulnerable; y quiso acercarse para abrazarlo, pero no estaba seguro de si el otro aceptaría el acercamiento.

—Ya sabes lo que tengo ¿cierto?

—Si Tony, lo sé... —dijo, pero luego se corrigió, —lo sabemos. Leímos tu carta y todo lo que dices. No se mucho al respecto de la enfermedad, pero Thor nos estuvo explicando, al parecer él estuvo investigando y dice que no siempre se necesita una silla de ruedas, que la enfermedad es muy variable, podrías no necesitarla nunca.

Tony se rio, un sonido amargo y dolido a oídos del rubio.

—Podría necesitarla en unos tres o cuatro años.

—O en 20 años, es algo muy variable.

—Mi suerte no es tan buena Rogers.

—No lo sabes.

Tony apretó ligeramente los labios al escuchar aquellas palabras. Su suerte era mala, muy mala, y Steve no podría hacerle cambiar de opinión respecto a eso.

—A mi padre le diagnosticaron la misma enfermedad, —comenzó a decir con voz calma, casi en un susurro— ¿Sabes cuál es el por ciento de probabilidad de que un padre y un hijo padezcan de esclerosis múltiple? Solo un puto 2 por ciento. Es algo bastante bajo, y aun así yo fui agraciado —Tony hizo una pausa y vio la sorpresa reflejada en el rostro del rubio, aunque sabía que lo que iba a decir le sorprendería aún más. — El se dio un tiro al día siguiente de enterarse de la enfermedad.

Steve se congeló momentáneamente, incapaz de procesar aquello de forma rápida.

—¿No murió de un infarto?

Negó rememorando el testamento de su padre y las palabras de Jarvis y María. Lo que le estaba diciendo a Steve no lo sabía nadie, y era extraño decir la verdad a alguien después de tanto tiempo.

—Eso fue lo que se le dijo a la prensa, con buen dinero los médicos y abogados hacen lo que sea. ¿Sabes por qué lo hizo?—se detuvo al volver a sentir las molestias de su garganta. Tomó otro poco de agua con dificultad y pudo volver a hablar. —¿Sabes por qué mi padre se dio un tiro? Porque no quería verse débil. El siempre me enseñó que una persona vive de lo que deja en la tierra, del nombre que hace, del legado que forma. Se dio un tiro porque no quería que las personas pasaran de idolatrar su persona a tenerle pena. No quería pasar de ser un dios a un triste hombre incapacitado en silla de ruedas.

Por un momento Steve se congeló, era como si Tony le estuviese explicando con la sencillez de quien habla del tiempo acerca de como él y su padre estaban destinados a quitarse la vida todo por mantener... su imagen.

—Tu no tienes que pensar en eso. —Comenzó a dar ligeros pasos a través de la habitación, queriendo encontrar una forma de hacerle entender a Tony.— Tú no tienes que pensar igual que él o seguir sus pasos. No es cierto nada de lo que te dijo...

Steve iba a decir algo más, pero Tony le interrumpió y le hizo detenerse cuando levantó una mano.

—Al principio pensé que lo hacía solo por eso, no te mentiré; pero después me di cuenta que también lo hacía por mi, por mi y los demás.—Apretó los labios y Steve temió lo que iba a decir el genio— No quiero ser una carga...

—No serías una carga.

—Por favor, entiéndeme...

Rogers no pudo evitar que un recuerdo volviera a su mente, uno que nunca habría querido asociar. Recordó la noche en la que estuvo con Sharon unos meses atrás, donde vieron la infame película que tanto le gustaba a la rubia, y recordó las palabras exactas que habían compartido esa noche.

—La forma en que ella lo abandona. Se supone que lo ama, ¿o no? Debió quedarse.

—Después vuelve. —defendió Sharon mirándolo confundida— al final vuelve para apoyarlo.

—Sí, pero ¿no debió quedarse desde un principio? Se supone que lo ama, debió apoyarlo si ya era su decisión final. Yo no dejaría a alguien que amo tan fácilmente si está pasando por una situación tan difícil.

—Es una decisión complicada, él está hablando de terminar con su vida y ella lo ama—se estiró ligeramente en el sofá mientras buscaba las palabras para defender su punto. —Es obvio que no quiere, lo ama demasiado para que la idea de perderlo de esa forma no le resulte dolorosa.

—Quizás, pero él no puede moverse, creo que si yo estuviera en su lugar, tampoco querría vivir así.

—Supongo que es algo que no se puede juzgar a menos que no estés en esa situación— Sharon no dejaba de ver la pantalla, sintiendo las mismas emociones que cuando la vio por vez primera.

»Creo que nadie es tan fuerte como para soportar que la persona que ama quiera terminar con su vida. Sin importar el por qué. Yo realmente no sé qué haría si me pasara lo mismo con Bucky. Es una situación en donde yo no desearía estar.

Ella había tenido razón, uno no es tan fuerte para soportar que la persona que se quiere piense en terminar su vida, y él lo entendió en ese momento. Steve se mordió el labio con fuerza, controlando lo que estaba sintiendo en ese momento, y ni cuando sintió el sabor metálico del sabor metálico de la sangre dejó de hacerlo. No era el tiempo que tenía desde que se dieron el primer beso, sino más bien desde el momento que se conocieron, aunque no lo supiera. Tal vez en ese justo momento no hubo amor, pues él no creía en el amor a primera vista, nunca lo hizo. Pero sabía que desde el momento en que los ojos de Tony Stark lo vieron existió algo entre ellos. Una conexión, una amistad, un deseo profundo.

Steve no quería perder eso, no tenía el valor, no tenía la fortaleza, no tenía el altruismo necesario.

Él quería ser egoísta.

¿Era acaso malo ser egoísta para salvar la vida del ser amado? El caso de Tony no era como el de la película, podía encontrar alguna similitud pero no, eran diferentes. O eso era lo que quería creer.

Steve se subió a la cama lentamente, quedando acostado a su lado. En silencio envolvió a Tony con un brazo, cuidando de no tocar las heridas recientes en sus muñecas, y sintió el estremecimiento del genio cuando escondió su cara en su cuello.

—No serías una carga, no para mí. —susurró contra la piel del otro — Tampoco lo serías para ninguno de los que están allá fuera. Mírame—se alejó un poco y esperó a que Tony girará el rostro para verse a los ojos. —No tienes que dejar ningún legado de oro o empresas. Tú legado, no, lo que dejas, debe ser la felicidad que diste y recibiste.

Hubo un momento en que ninguno dijo nada y Steve pensó que estaba perdiendo aquella batalla, pero Tony habló conteniendo las lágrimas.

—Eso es muy cursi Rogers—dijo, pero se notaba en su incipiente sonrisa que aquellas palabras habían dado en el blanco.

—Seré tan cursi como se necesite para que entiendas mi punto.

Tony no pudo soportar más la situación y, sorprendiendo a Steve, dejó brotar las lágrimas sin restricción de sus ojos. Steve lo atrajo más hacia su cuerpo para profundizar su abrazo y dejó que el genio llorará ocultando el rostro en su cuello todo lo que quisiera. Se aferró a la bata de hospital que Tony tenía puesta, manteniéndose firme para Stark en aquel momento, sin querer sucumbir a su propio llanto. Tony lloraba bajo, como si le avergonzara aquel acto, pero no rompió el abrazo, ni dejo de llorar, hasta que sintió que parte del peso que había llevado —no todo— escapaba de sus hombros.

Steve se dio cuenta que el otro era un hombre roto que se mantenía a flote sosteniendo los pedazos que lograba juntar. No podía imaginarse todo lo que tuvo que haber soportado mientras sufría en soledad, mientras planeaba abandonar todo, mientras creía que sería una carga para los demás.

Rogers lo sintió relajarse en el abrazo pero no habló, quiso esperar a que fuera Tony quien hablara cuando se sintiera seguro y capaz, y esperaría todo el tiempo del mundo si era necesario.

—¿Y si debo estar en una silla de ruedas?

Se esperó muchas cosas, pero no se esperaba que lo primero que saliera de su boca fuera aquella duda. Aunque no debió de extrañarle, en aquella pregunta se reflejaba toda la inseguridad de Stark, y Steve se alejó lo suficiente para asegurarse que Tony le viera mientras le respondía.

—Tú seguirías siendo malditamente imponente en una silla de ruedas, y yo iré detrás de ti, para asegurarme de que nadie más tenga el privilegio de conducirte a donde sea que quieras ir.

Tony reprimió el impulso de comentarle que había dicho una de las palabras obscenas que tanto detestaba, y se concentró en el sentimiento que aquella frase le generó.

—No seré el mismo, Steve.

Quería que Steve entendiera que no era algo fácil con lo que tendría que lidiar. No quería que se sintiera obligado a nada si después se arrepentía. Fue en ese justo momento que Tony entendió que había accedido a intentarlo, a...luchar por seguir viviendo.

—Siempre serás el mismo Tony, tú nunca vas a cambiar, sin importar qué.

Tony se aferró a Steve temblando.

—Tengo miedo...

—Estarás bien, yo te cuidare. Lo prometo.

,...,...

No fue sino media hora después —cuando Tony había vuelto a dormir por agotamiento— que Steve salió de la habitación para dirigirse a los amigos de este. Había intentado borrar los rastros de lágrimas de su rostro, pero fue inevitable que los otros no se dieran cuenta de que había llorado. No les detalló toda la conversación que tuvo con Stark, pero tocó los puntos más importantes, y en primera instancia les contó de la verdadera muerte de Howard Stark, algo que consideró necesario.

Ninguno pudo ocultar la sorpresa y desconcierto al escuchar aquello, y menos al saber la conexión de la enfermedad de Tony con su padre. Después de un rato Steve sintió que en algún punto las miradas se posaron sobre él, no recordaba si fue por que estaban hablando de algún plan de recuperación o por que concordaron en que Tony no podría volver solo a su casa; pero era obvio que los amigos del genio no sabían hasta dónde podrían involucrarlo sin que él se sintiera incómodo con todo aquello. Por mucho que entendieran que Tony le quería, y por mucho que le hubiese dejado algo en su testamento ellos no sabían que tanto Steve aguantaría, y no era cuestión de forzarlo.

Pepper y Rodhey parecían estar dispuestos a tomar su lugar si era necesario, pues lo habían hecho antes. Pero, como Steve le dijo a Stark cuando el último tocó el tema de la silla de ruedas, el cuidar de él era un privilegio que no se lo permitiría a nadie.

—Yo iré con él, no es bueno dejarlo... —se detuvo, iba a decir "no es bueno dejarlo solo" pero entendió que eso no aliviaba las dudas de los amigos de Tony ni expresaba realmente lo que quería decir, y prefirió cambiar sus palabras— No quiero dejarlo solo.

Aquellas palabras parecieron ser las necesarias, pues el grupo dio un suspiro involuntario, y se notaba que estaban esperando que él se hubiese rehusado a aquello. Steve se preguntó si solo lo habían hecho por la situación actual o por el recuerdo de Stephen Strange, pero no quiso pensar demasiado en aquel hombre al que ni siquiera conocía.

Él sería quien cuidaría de Tony, siempre y cuando él lo quisiera.