Capitulo 2
El último legionario
La luz del naciente sol entraba por una de las ventanas de la habitación. De dimensiones pequeñas, pero en perfecto orden, la habitación de Tigresa era iluminada poco a poco por la luz del cálido amanecer. La maestra del Kung Fu, aún recostada en su cama, abrió sus ojos lentamente, topándose con el techo. —Era algo curioso, cada día en el templo se hacia más rutinario y monótono— dio un pequeño bostezo. Aún pensativa por todos los sucesos de la noche anterior, se inició en la espera del sonar del Gong que marcaba el inicio de la rutina diaria de entrenamiento. Se dio fuerza a sí misma para levantarse y luego dirigirse a un pequeño tocador que tenia en su alcoba, este era el único mueble que existía además de su cama, debido a su voto de humildad, tomó de allí su característico traje y se alistó.
—Ha pasado mucho tiempo, yo… mírate, cuanto has crecido, ya eres una maestr…—
—Aún no respondes— Reclamó Tigresa, interrumpiendo al personaje gris.
—… no… no lo sé… tengo recuerdos muy borrosos de lo que pasó— Respondió.
Tigresa no podía evitar recordar la noche anterior, la noche en la cual se reencontró con un fantasma. Pero, ¿como podía serlo?, si estaba allí, delante de ella y peor aún, hablándole. Era algo completamente terrorífico, pero a la vez no podía evitar sentir felicidad por verlo vivo una vez mas. Aquel lobo gris, del que el universo se apiadó y le dio una segunda oportunidad, tiempo atrás fue su salvador. Ella esta en deuda con él, pues evitó su inminente camino a lo que pudo haber sido el fin de su vida.
—… Vamos Leivent — Tigresa agregó, para luego dirigirse a la entrada del templo—
Entremos, debemos cambiar ya esos vendajes—
Leivent asintió, tocándose la profunda herida que tenia en su pecho, pues comenzaba a sangrar nuevamente.
…
—¡Buenos días maestro Shifu! — Respondieron los alumnos en coro, que consecutivamente al sonido del Gong salieron de sus respectivas habitaciones.
El maestro Shifu observó todas las puertas, para percatarse que ninguno faltase.
—Panda… ¡Panda!... mmm… bueno déjenlo descansar, ayer demostró grandes progresos. — Dijo el Maestro— Por cierto, Tigresa, ayer no asististe al salón de entrenamiento—
Tigresa en ese instante no encontró palabras para justificar su falta, ¿Qué era lo que podía decir? "Lo siento maestro, me quede dormida" o "me sentí afectada por que ese panda gordo y tonto cumplió mi sueño sin ni siquiera intentarlo" seria una falta de respeto, a si que solo calló. El maestro no la presionó más e hizo un gesto con su cabeza dando a entender que lo siguiesen hacia el pasillo, para luego llegar al comedor.
El corredor del templo era largo, decorado con cuadros de hermosos paisajes y escritos en un alfabeto chino muy antiguo. El suelo de madera pulida y brillante, era cubierta en ciertos tramos por finas alfombras, resaltando la elegancia en que se desenvolvían los estudiantes. La relación entre ellos era como la de una familia, unida por un propósito, aprender el bello y místico arte del Kung Fu.
Los cinco furiosos conocidos popularmente, además de ser centinelas de la paz en un valle del mismo nombre, eran ídolos de muchos de los pobladores de dicho lugar, algunos aficionados solamente y otros emprendedores que visualizan su camino hacia el bello arte de la pelea. Graciosamente a veces en la mira de muchos artesanos, que se dedicaban a hacer simpáticas figuras de acción, además de algunas pinturas referente a ellos.
—Si, ya veo. Debe de ser una gran responsabilidad ser Guerrero Dragón— se escuchaba desde el comedor, mientras los estudiantes llegaban a él.
—Eh eh, si ya sabes. Entrenar duro, técnicas mortales, derrotar villanos… cosa de todos los días… hhhuaayaaaaa!— dio un golpe al aire— Oh, Buenos días chicos —dijo Po al percatarse que los demás entraron al comedor, para luego seguir cocinando.
—Buenos días— agregó Leivent, que yacía sentado frente a la mesa. Hizo una pequeña reverencia, demostrando agradecimiento por haberlo acogido en el Templo.
Shifu le respondió afectivamente.
—Veo que hoy te levantaste temprano Po— agregó
Los estudiantes tomaron asiento en el comedor, presentándose amistosamente y platicando con Leivent, a excepción de Tigresa que proyectaba cierta indiferencia al invitado. Era ya extraño recibir visitas en el templo, pues los únicos que llegaban aquí eran guerreros de lugares muy lejanos, deseosos de poner a prueba el prestigio del gran Templo, midiendo su fuerza y habilidad con los estudiantes. Para luego retirarse, con la cola entre las patas después de una paliza.
—Y dime, ¿donde aprendiste Kung Fu?— Le preguntó Víbora.
—emmm… mi padre— respondió— es algo tradicional de generación a generación.
Tigresa sabía que eso era mentira, pues ambos saben que sus habilidades fueron adquiridas, en una escuela que se considera un mito ahora. Muy escasamente mencionada como leyenda y en la memoria de muy viejos sabios, que con el paso del tiempo dejan este mundo, llevándose consigo la poca evidencia que queda.
Leivent se veía joven y saludable, lo primero le extrañaba mucho a la felina, pues se veía exactamente igual a la última vez que lo vio. Suponiendo la idea de que él en verdad no hubiese muerto, seria un anciano ahora. Pero elo allí, joven como si el tiempo no existiera para él, y saludable a pesar de que ayer estaba al borde de la muerte por algún motivo anónimo, pues al parecer no recuerda lo que pasó. Los demás no se extrañan por eso, pues no lo vieron anoche y mucho menos lo conocen.
De ojos profundos y oscuros, Leivent reflejaba siempre una sensación de rencor. Era de contextura delgada, vestía una impecable camisa larga y de color blanco, sin cuello, sus mangas extensas terminaban en campana le llegaban hasta las muñecas. Algo ajustado en el torso resaltando su pecho erguido y su postura. Por debajo de este, usaba un suéter negro de cuello alto, su doblez le cubría la garganta que de un pelaje gris mucho mas claro se teñía, color que desde su hocico hasta su abdomen recorría. Su pulcro pelaje gris se veía reluciente a comparación de ayer, que rasgado y hecho jirones se hallaba. Sus piernas eran cubiertas por un pantalón negro de diseño similar a la de su camisa. Evidentemente era un traje que le otorgó el templo, pues anoche se presentó con ropa rasgada, maltratada por un combate anterior, combate en el que obviamente perdió.
—Sale sopa— Po lanzó una serie de platos que resbalaron por la mesa para luego detenerse lentamente delante de cada maestro y el invitado— Oigan, no me avisaron que tendríamos visitas, hubiese preparado algo mejor—
— ¿De que hablas?, esta delicioso— dijo Leivent maravillado, luego de dar un sorbo a la dichosa sopa.
—Que tal si nos muestras tus habilidades hoy en el entrenamiento— dijo Grulla llamando la atención de Leivent.
—Claro, por que no— respondió afirmativamente el personaje gris.
…
Rato después...
Van llegando poco a poco los estudiantes al salón de entrenamiento, menos el Maestro Shifu, que habitualmente empleaba este tiempo libre entre el desayuno y el entrenamiento para meditar. Leivent se posicionó en el centro de la arena para iniciar el Kata, ritual que consistía en simular una pelea dando golpes al aire, con el fin de demostrar todas las destrezas y técnicas que desarrolló. Se dio un tiempo, cerrando sus ojos, seguido de una profunda inhalación antes de comenzar. Los demás estudiantes yacían a un lado de la arena observándolo, y listos para ver que tan cerca se encontraba su nivel al de Los Cinco Furiosos, fiados, pues ninguno de los guerreros que llegaron aquí con anterioridad ni se asomaron en algo. Pero para sorpresa de todos, en ese momento Tigresa entró en la arena y se posicionó al lado opuesto del personaje gris. Cosa extraña ella nunca suele luchar con los visitantes.
—Yo combatiré contigo— le dijo.
Leivent abrió los ojos lentamente y sin poner objeción alguna, se colocó en posición de combate al igual que Tigresa. Los dos personajes se mantuvieron inmóviles por unos segundos, esperando la reacción del otro. En un simple parpadear Tigresa tomó la ofensiva, y dio un salto al frente de Leivent seguido de un rápido golpe con su puño dirigido al rostro de su oponente, este se movió en lateral esquivando fácilmente la ofensiva contraria. Seguido la maestra dio un giro en remolino concentrando su fuerza en una patada, su adversario se agachó lo suficiente para esquivarla también. La felina sabía muy bien con quien se enfrentaba, no le dejaría oportunidad de atacar, así que retomó su ofensiva, juntó sus manos y dio su famoso Golpe del Tigre. Para su sorpresa, Leivent lo detuvo rápidamente con su palma izquierda, y en solo décimas de segundo la golpeó en el estómago con la otra, dejándola sin aire y con una terrible sensación. Tigresa saltó hacia atrás para reincorporarse.
—No puede ser— Se dijo a si misma incrédula, había concentrado suficiente fuerza en este último golpe como para derribar una muralla, pero el lobo la detuvo sin hacer esfuerzo alguno. —Que irónico, era lo mínimo que podía hacer un miembro de la Elite Templaria, lo he subestimado— Pensó.
La maestra retomo el aliento rápidamente, o al menos eso daba a entender, no quería hacer un espectáculo delante de sus demás colegas, "Un vagabundo derroto fácilmente a la más fuerte de los cinco" seria el titular de todo el valle si es que ella no ganaba.
Se coloco en posición de combate nuevamente, para sorpresa suya Leivent corría hacia ella para atacarla, la felina dio un gran salto hacia el cielo para anular cualquier ataque que él tuviera en mente. El gris se detuvo e intento ubicarla, pero las nubes brillantes lo cegaban. Tigresa desde lo alto se percató de esta situación.
Un fuerte sonido similar a un trueno resonó en todo el templo, su causa, el poderoso golpe que la felina de ojos carmesí le dio a su oponente. Tigresa había aprovechado dicha situación y de una poderosa patada proveniente del cielo, mandó a volar a su oponente levantando nubes de polvo. Eso era todo, la maestra salió victoriosa en el encuentro. Sus colegas la aplaudieron por su victoria, luego voltearon a ver a Leivent, el polvo descendió, se podía ver el surco que hizo en el suelo después del impacto pero el lobo no aparecía.
—Buen movimiento, me tomaste por sorpresa— dijo una voz, Leivent descendió detrás de Tigresa, poniéndose otra vez en posición de combate.
—Veo que aun no te rindes— Tigresa agregó.
Esta vez Leivent tomo la primera ofensiva dando una serie de golpes a alta velocidad, Tigresa los podía esquivar y bloquear, pero cada vez se hacia mas lenta por la fatiga, cosa que obviamente quería el lobo. Así que dio un salto rápido hacia el tejado del salón de entrenamiento, para tomar distancia, segundos después Leivent hizo lo mismo. Ya no existían reglas en esta batalla, solo se trataba de quien ganaría. Los demás estudiantes observaban la pelea, atónitos, nunca antes un guerrero había durado tanto en un encuentro con ella.
—¡Wow!, de lo que se esta perdiendo Shifu— dijo Mono asombrado.
Era obvio que Tigresa perdía ritmo, y se volvía cada vez más lenta, mientras bloqueaba los rápidos movimientos de Leivent, se dirigió lentamente hacia el tragaluz del salón, cayendo de pie con su adversario. Leivent se detuvo, y dio un paso atrás, una fuerte ráfaga de fuego salió del suelo delante de él. Ambos se encontraban en una de las maquinarias del salón.
Los estudiantes corrieron a la entrada de este, para no perderse ni un solo segundo de este combate. Apenas la ráfaga cedió, Tigresa atacó con una rápida serie de golpes con sus puños, pero el lobo los bloqueaba con facilidad, hasta que de repente Leivent atrapó las dos manos de la felina, que en trayecto a su rostro se dirigían, zafarse era inútil por más que ella lo intentara. Leivent se inclinó tranquilamente hacia un costado, y pudo ver los rostros atónitos de los estudiantes, en ese instante dirigió su mirada a los ojos de la felina que llenos de furia lo observaban. Sin ninguna razón justificable, liberó las manos de su adversaria, ella aprovechó el instante dando un salto con un giro de 360° y una patada en la quijada del lobo suspendiéndolo en el aire, pero antes que este cayese, juntó sus manos y dio de nuevo el golpe del tigre, mandándolo a volar fuera del salón para luego colisionar con el muro que rodeaba el lugar.
Tigresa jadeando dejo la posición de combate, era un hecho, estaba exhausta. Tomó una bocanada de aire y se dirigió hacia el lugar donde yacía su oponente derrotado. Al llegar le extendió su mano para ayudarlo a levantarse, Leivent accedió, para luego dedicarle una pequeña sonrisa, la felina haló de él para ayudarlo, haciendo caer los escombros y el polvo que se hallaba sobre su camisa. Los demás aplaudieron a los dos luchadores.
—Como lo temía— Pensó la felina — Ni una sola gota de sudor en su frente, ni siquiera estaba agitado, acaso será que…—
—wow, Leivent eso fue... ¡BARBARO! — Dijo Po dándole unas palmadas en la espalda.
—Bueno, termino su descanso— Dijo Shifu mientras entraba a la arena.
—¡Maestro!, no sabe de la que se perdió—Agregó Po —Tigresa salto sobre el tejado y Leivent también y pelaron allí y luego entraron dentro del salón y… —
—Primero lo primero, Po— Interrumpió el maestro
—Aaashh… Shifu cuando nos darás un día descanso— Reclamó.
—Todos descansaremos algún día, mi joven aprendiz, y será por un largo… largo… largo… tiempo— Dijo su maestro — En otras palabras, cuéntenme con detalle en la cena, comencemos el entrenamiento ya—
¿Que era lo que querías demostrar Leivent? ¿Acaso no soy suficiente oponente para ti?
...
Al anochecer…
Los estudiantes cansados por el duro entrenamiento se dirigieron a sus respectivas habitaciones, era una noche tranquila de luna llena. Tigresa se dispuso a descansar, recostándose en su cama, observando nuevamente esa parte del techo con la que tan familiarizada estaba, ya hasta el punto que se había memorizado hasta el más minúsculo detalle del gastado madero. No podía dormir, la angustia de saber por que Leivent se dejo vencer la tenia incomoda.
Se vistió rápidamente y se dirigió a la habitación que le designaron al invitado. La puerta estaba abierta, así que ella se dispuso a entrar. Leivent se encontraba observando el cielo desde la ventana. Tigresa se dirigió hacia él, pero antes de que dijera algo.
—El cielo se ve tan hermoso en esta época del año, cuando esta despejado podemos ver las estrellas en su esplendor, nuestros ancestros se encuentran allí, vigilándonos y velando por nosotros, además dándonos luz para cruzar las penumbras que nos rodean— Dijo Leivent con un tono de voz suave.
—Por que no esquivaste mi ultimo golpe y por que me liberaste, ¿acaso crees que necesito tu lastima? —Le reclamo la furiosa.
—Ellos te admiran Tigresa, tal vez no lo hallas notado, pero los demás estudiantes te ven como un ídolo a seguir. Además desde un principio sabías que era una pelea desigual. El haberte ganado seria un escándalo en el templo, me considerarían una amenaza en el peor de los casos— Respondió. Y abrió la ventana que a poca altura se encontraba del suelo.
—¿A donde vas? —
—Al norte, me siento llamado a regresar—
—Oeiver? —pregunto Tigresa.
Leivent le respondió afirmativamente con un gesto de su cabeza. Luego se lanzó sin despedirse, y comenzó su recorrido hasta desaparecer en la oscuridad nocturna.
Allí va el último sobreviviente de la Elite Templaría, aquel selecto grupo oriundo de La milenaria escuela de Oeiver, ahora reducido a un solo miembro, su extraña resurrección es un misterio. Subestime tus destrezas al retarte, tal vez fui yo la del error, por mas que me esforcé no pude hacerte mas que un pequeño rasguño. Pero, ¿Quien pudo derrotarte? ¿Quién fue aquel que al borde de la muerte te dejó?, debió ser un guerrero de poder extraordinario, algo nunca antes visto.
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Holz, sorry por la demora - 3-, algo ocupado y victima de un blokeo de proporciones colosales. :0, Regreso con el FanFic, subiere el Cap.3 pronto ñ ñ dejen reviews y Grax por leer.
