Hola a todos! Perdon por no publicar antes pero estaba preocupada y de duelo. Sé que apra muchos sonara estupido, pero mi perro murio el sábado y fue algo muy duro, con mi novio no tenemos hijos humanos, solo nuestras mascotas que en realidad son como nuestros bebes, y él, Socrates, fue el primero, murio el viernes 21 y el sabado era su cumpleaños, iba a cumplir dos añitos... Se fué tan de repente como llego a nuestras vidas y hasta ahora no me acostumbro a llegar a casa y no verlo, a no tener quien me cuide cuando salgo a pasear. Al menos nos dejo una semillita, su hijita que, como si supiera lo que pasa, se esfuerza por llenar el vacio. Asi que, perdon por el retraso.
Muchas gracias por sus reviews, recuerden que toda la recompensa que recibimos los escritores de fanfiction es ese comentario de nuestros lectores y son realmente valiosos a la hora de tomar el teclado y continuar nuestras historias. Mañana prometo responder los reviws en mi profile. Besos!
Capitulo 8: Una cena y un beso… ¿correspondido?
- ¿Cómo estaba Hermione?- Este interrogante recibió a Ginny en la sala común de Gryffindor.
- Estaba bellísima cuando la dejamos- la pelirroja se acerco a Harry y miro divertida a los tres jóvenes.
- ¿Crees que va a estar bien?- Ron tenia el seño fruncido, se sentía muy irritado, ella había sido su novia y ahora simplemente la había perdido.
- Ella esta dispuesta a intentarlo, estaba muy tranquila cuando la dejamos- contesto con simpleza.
- Demasiado tranquila diría yo- el pelirrojo se cruzo de brazos y se hundió en su butaca frente al fuego.
- ¿No me digas que quieres que este histérica, llorando por todos lados y que pierda su magia antes que verla con Snape?- miraba desafiante a su hermano y molesta, ella sabia muy bien lo que había sucedido entre los dos, el tuvo su oportunidad.
- Ron no quiso decir eso, Ginny ¿Verdad?- interrumpió Harry tratando de evitar la pelea que se cernía entre esos dos.
- Ron necesita tiempo, Ginny, después de todo ellos estaban juntos- intento ayudar Neville.
- ESTO NO HABRIA PASADO SI NO HUBIERAS SIDO TAN ESTÚPIDO, AHORA ELLA ESTARIA CONTIGO Y NO TENDRIA QUE CASARSE DE ESTA MANERA- los ojos de la pelirroja estaban cristalinos por las lagrimas contenidas, trataba tomar todo de la mejor manera pero no podía evitar sentir que todo era culpa de Ron.
- No sabía que esto pasaría… Yo…- las palabras de Ron eran casi inaudibles, la culpa que sentía era evidente.
- Ginny no hagas esto, nadie tiene la culpa de nada, esto solo… sucedió, nadie podía saberlo, ni Dumbledore podría haberlo previsto- acariciaba la espalda de su novia en un intento de calmarla.
- Lo siento Ron… es que… Ya es bastante difícil para ella sin que tú te pongas tan idiota- la pelirroja dejo escapar unas lágrimas y se abrazo a Harry.
- Tal vez sea como dice Luna, tal vez no sea tan malo después de todo, además… Con intentarlo no pierde nada ¿verdad?- Neville se levanto de su sillón y se despidió dejando al trío pensando en sus palabras. No valía la pena preocuparse tanto.
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- Espero esto sea a tu gusto, en Hogwarts no suelen servirse comidas de este tipo- dijo Snape sin apartar la vista de la castaña.
Movió su varita y de inmediato aparecieron sobre la mesa frutas, fiambres, panes y un pequeño cabrito cocido en medio de cebollas y pimentones. Hermione quedó fascinada, era excelente. En Londres solía pedir picadas cada vez que salía con sus padres.
- Me encanta- dedico una sonrisa a Snape, cuando sus ojos se cruzaron se sonrojo por lo que bajo la mirada.
- Pruebe esto- tomo un pequeño pan redondo y lo partió a la mitad, encima puso queso roquefort y un poco de carne del cabrito- combinan deliciosamente.
- El queso roquefort es de mis favoritos, aunque a muchos les da asco- dijo la castaña atropelladamente a la vez que tomaba la vianda.
T- ambién es de mis favoritos, este es uno de los mejores- contesto mientras preparaba uno para él- puede servirse lo que guste. ¿Qué desea beber, Srta. Granger?
- ¿podría ser vino, Profesor?- pregunto con timidez
- Sabe muy bien que no se permite que los estudiantes beban dentro del colegio, Srta. Granger- Hermione bajo la cabeza avergonzada- pero como esta ocasión es muy especial, puede pedir lo que desee.
- Gracias- miro al hombre extrañada, sabía que el elegía muy bien sus palabras y acababa de decir "muy especial", sintió una sacudida en el estomago y no pudo evitar morder sus labios mientras observaba como servia el vino tan diestramente.
- Vino italiano, directo de Toscana.
- Nunca lo he probado, aunque mi experiencia en vinos no es mucha.
- En mis viajes por el mundo en busca de ingredientes por pociones tuve la oportunidad de probar muchos y este es muy particular- vio como la castaña probaba el líquido rojizo, los colores se reflejaron en su rostro dándole un aspecto tentador, apenas si podía contener sus ganas de besarla.
- Exquisito, realmente es el mejor que probé hasta ahora.
Pasaron una media hora comiendo y hablando sobre la comida y sus gustos. Cuando quedaron satisfechos, Snape hizo desparecer la comida y solo quedo entre ellos la botella de vino (que ya estaba por la mitad) y la mesa. La castaña se relajo un poco mas sobre los almohadones quedando brevemente recostaba hacia el costado, miraba el fuego silenciosamente a la vez que bebía pequeños sorbos de su bebida.
- Esta tarde, mientras preparaba todo me di cuanta de que no la conozco mucho, mas que a la mayoría de mis estudiantes pero en realidad no se que es su vida fuera del colegio, Srta. Granger.
- Bueno, mi vida en el mundo muggle no ha sido gran cosa, honestamente profesor- la castaña sonrió tristemente al recordar su vida antes de Hogwarts.
- Si no quiere hablar de eso no hay problema.
- No, esta bien… Se supone que todo esto es para conocernos mejor ¿verdad?
- Si- sintió que había metido la pata, el halo de tristeza en esos ojos que tanto amaba le hicieron recordarse un poco a el mismo.
- No sé por donde empezar…
- Yo le pregunto y usted responde si lo desea.
- Si, me parece bien.
- ¿Dónde vive?
- En Londres, la clínica dental de mis padres es bastante importante.
- Entonces ha tenido una buena vida.
- Si, en ese sentido sí, mis padres no permitieron que nunca me faltara nada también fueron siempre muy dedicados a mí.
- ¿Por qué en ese sentido solamente?- sintió un poco de envidia y a la vez pena ¿Cómo haría el, con una infancia tan dura para estar junto a alguien tan diferente?
- En la escuela era… Bueno, era la sabelotodo insufrible, como usted suele llamarme- Snape levanto una ceja dedicándole una mirada sarcástica- No se lo estoy reprochando, lo que quiero decir, bueno… Si me ha molestado bastante ese apodo pero… Bueno…
- No se preocupe Granger, entiendo su punto y por favor entienda, que eso era parte de mi papel- miro profundamente a la castaña y sintió haberle dedicado esa mirada, después de todo, el era igual a ella en su adolescencia.
- Bueno- se aclaro la garganta, esa "disculpa" era lo que menos se esperaba- digamos no era muy popular en el colegio, siempre se burlaban de mi, me hacían bromas horribles y de mal gusto.
- La entiendo, después de todo no somos tan diferentes…
- Lo sé…
Se miraron durante un largo momento, el entendimiento que los recorría era estremecedor y hermoso… Hermione sentía que ahora si era igual a él. Snape, que después de todo, no eran tan diferentes, si hubiera sabido eso antes no la habría insultado tanto y habría tomado de punto a otro nacido de muggles para su papel. En ese momento la copa de al castaña se vadeo un poco en su mano derramando su contenido en el escote.
- ¡Oh, no!- exclamo al sentir el frió liquido- soy una tonta.
- No se preocupe tanto, es un poco de vino, nada mas- si que era mas, había interrumpido ese momento tan preciado- Tome esto- le extendió una servilleta con una suave sonrisa.
- Gra..Gracias- se veía radiante cuando sonreía, no sabia si era por ser la primera vez que lo veía hacerlo sin sarcasmo o si era por la revolución que había causado en su cuerpo- Necesito usar el baño para limpiar mejor esto.
- Por supuesto.
Se puso de pie para ayudar a la joven, cuando tomo su mano e intento levantarla, la castaña se resbalo en un almohadón provocando que el la tomara de la cintura y la sostuviera contra su cuerpo.
Sintieron sus cuerpos tibios, sus corazones latían con tanta fuerza que era imposible no sentirlos. La castaña levanto la cabeza un poco y se encontró con los ojos negros más oscuros y hermosos que hubiera visto jamás. Se sentía hipnotizada.
- Yo…
- No diga nada Srta. Granger, no hace falta- rozo con sus dedos el rostro terso de la joven sorprendiéndose a si mismo, debía controlarse si no quería tirar todo por la borda.
Se separaron lentamente, como si realmente no lo desearan pero la urgencia que sintió Hermione al estar de pie por el baño, pudo más. Se alejo en dirección a la puerta señalada por Snape, él observo su andar, sintió su túnica un poco húmeda donde antes rozara el escote de ella por lo que debió quitársela, quedando solo con su camisa blanca y pantalón.
- ¡Hermione estúpida!- se decía en susurros la castaña. El mundo estaba patas para arriba. sentía la respiración agitada y algo de euforia. Nunca, hasta ese momento había mirado a sus profesores con otros ojos, mucho menos al temido profesor de pociones, el único que nunca le había dado un cumplido… hasta esta noche. Y entonces… las dudas… Tal vez el solo lo hace para no perder su magia, tal vez solo quiere jugar contigo, tal vez esto no sea más que un trato para el, si pudo mentirle al mismísimo Voldemort…
Mientras tanto, Severus pensaba en el siguiente paso, debía ir despacio pero a veces todo se aceleraba y tomaba un ritmo alarmante. Odiaba perder el control. Al final, el contrato lo había complicado todo ¿Cómo convencerla de que no era por su magia que se preocupaba sino por perderla a ella?
- Disculpe por… la… demora- tenia la mirada perdida en el fino cuerpo que se vislumbraba tras la costosa camisa- Ejem…- se acomodo en los almohadones- Creo que debo hablar con mis padres, no estoy segura sobre como decirles que…- se corto a media frase, estaba dando por sentado que se casarían pero ni ella estaba segura.
- Sé lo que piensa Srta. Granger- la interrumpió suavemente, casi sin desearlo, sintió que volvía a estar frente a Lily y Petunia en la plaza de su infancia.
- No me gusta que use la oclumancia en mi profesor, además esta prohibido- le recordó a McGonagall, era claro que se sentía ofendida.
- No lo hice, solo lo supuse, Granger- se sentía acusado pero no importaba ahora.
- Cierto, mi rostro es como un libro abierto…
- Solo hay que saber leerlo- tal vez era el momento- Debemos hablar sobre la boda.
- Sí, profesor- suspiro y miro el vino, Snape le sirvió más sin que se lo pidiera. Se puso de pie con al copa en la mano y comenzó a dar vueltas en el cuarto.
- Srta. Granger, no le miento en nada. No soy la persona mas cariñosa del mundo, soy frió, no se como demostrar afecto… No soy romántico…- se había puesto de pie y estaba mirando la espala de la castaña, ella se había detenido frente a uno de los cuadros sin mirarlo- No me preocupa perder mi magia, se manejarme en el mundo muggle y sin ella. No soy joven ni apuesto pero estoy dispuesto a conquistarla, usted decide siempre. Le pedí su consentimiento y me lo dio, entonces, aquí estoy. Créame que no quiero engañarla, eso se acabo para mi- mientras hablaba se había acercado a ella muy despacio, poso su mano en el hombro de la silenciosa muchacha- por favor, créame- estaba cansado de las dualidades, necesitaba que ella le creyera, hacia tanto que estaba encerrado entre mentiras y verdades.
- Sí le creo, profesor. Solo necesito tiempo- no había mirado sus ojos pero no lo necesitaba, había sentido la verdad golpeándole en la nuca con cada palabra. El tiempo no estaba a su favor, no podía forzarse pero si quería casarse con él debía dejar el papel de pobre niña y asumir el control de las cosas.
Severus Snape permanecía en el mismo lugar y sin que ella lo viera había sonreído, sentía su peso tan ligero como una pluma, finalmente ese peso que sentía continuamente en su conciencia se esfumaba del todo, podía ser sincero. Movió casi imperceptiblemente su varita y comenzó a sonar una melodía suave e intrigante, descendió su mano hasta la fina cintura de la castaña disfrutando el contacto con la tela suave, imaginando que era su piel, ella se giro suavemente y respondió a la invitación colocando su mano en el hombro de él. Severus tomo firmemente la mano libre de la castaña y comenzó a moverse al ritmo de la música, guiándola, sin apartar su mirada de ella. Hermione cerro los ojos, si se iba a casar con el debía confiar totalmente, se dejo llevar, sin miedo, respondiendo a los movimientos de el.
Pasó el tiempo, ninguno sabía cuanto llevaban bailando ese ritmo lento, conociéndose cada vez más, acercándose cada vez más. Cuando la música término se quedaron en silencio. En algún momento del baile ella había apoyado su cabeza sobre su pecho, respiraba su aroma y se dejaba llevar: pergamino nuevo, hierba recién cortada y lluvia… Levanto la cabeza tan de repente que su nuca se resintió.
- ¿Qué sucede, Miss Granger?- se había relajad tanto que ese movimiento lo asusto y perdió el control de la voz, no pudo evitar sonar preocupado.
- ¿Estuvo afuera? ¿Hoy llovió?- tenia los ojos tan brillantes como cuando se sentaba en la biblioteca a resolver algún enigma.
- No a las dos preguntas pero ¿Qué tiene eso que ver?- se sentía tentado a averiguar por si mismo lo que sucedía- no, debes respetarla, vas a casarte con ella.
- Es que… Ron olía a pergamino nuevo y a hierba recién coratada… digo, cortada pero no a lluvia… Y usted… usted… No importa, lo siento. No quería preocu... parlo… ¡Pare el mundo que me quiero bajar!- penso la castaña- está preocupado, preocupado por mi, entonces sí le importa lo que me pase, finalmente sí soy importante para él.
- Miss Granger ¿Qué le sucede?- entendía que había descubierto que el olía a su amortentia pero no entendía la cara de estúpida mirando al vacío.
- Nada importante, solo descubrí algo pero no tiene importancia profesor- intento levantar la cabeza para verlo a los ojos pero el dolor que la lleno la hizo tambalear- ¡Auch!
- Ven, recuéstate- no le molesto en lo mas mínimo que la castaña cayera prácticamente sobre el, la tomo en sus brazos y enfilo hacia su habitación.
- Puedo caminar- dijo confundida observando el perfil del hombre, realmente no era tan desagradable.
- Pero me gusta más cargarla, Srta. Granger. Las mujeres de su edad no están acostumbradas a los caballeros- le dedico una suave sonrisa y la deposito en la cama- ya vuelvo, voy por un ungüento.
La castaña se dio el lujo de admirar la decoración en la medida que podía por su cuello lastimado. Las sabanas eran suaves, Hermione sentía que nadaba en un mar de plata y perlas, el satén gris era de sus favoritos, ni muy oscuro ni muy claro, el acolchado descansaba a los pies de la enorme cama, era verde oscuro, parecía aterciopelado. Los postes de la cama estaban tallados con hermosos dragones japoneses. Las paredes eran blancas al igual que la sala, a los pies de la cama le pareció ver un baúl.
- Toda una sorpresa…- susurro la castaña por los variados motivos ornamentales.
- ¿Los dragones?- pregunto Snape desde una puerta a la izquierda de la cama, sabia que la joven era curiosa y quería que explorara.
- Si, todo en realidad- su respiración se agito un poco al verlo acercarse.
- Siéntese un poco- se coloco a sus espaladas y movió con delicadeza el cabello para tener el área del cuello despejada.
- ¿Qué es, profesor?
- Un desinflamante y descontracturante muscular- contesto mientras masajeaba habilidosamente a la chica.
- ¿Y porque no una poción?
- Porque tarda un poco mas en actuar y necesitaría tomar una ahora y otra mañana, en cambio esta crema actúa de inmediato y solo se aplica una vez, Srta. Granger.
- ¿Dónde puedo comprarla? Suele sucederme por leer tanto, a veces no me doy cuenta y estoy...
- En la misma posición durante horas- completo la frase con una suave sonrisa, le encantaba ese parecido entre ambos, tan iguales y tan extraños- me suele pasar, por eso la creé.
- Vaya… Era de suponerse siendo el maestro que es- reprimió un bostezo, se sentía tan a gusto y el vino empezaba a hacer efecto.
- Listo, quédese acostada un momento, vuelvo enseguida.
- Sí…
Entro al baño y se miro al espejo, tenía un tono algo rosa en las mejillas. Sentía sus manos arder, hacia tanto que no tocaba a una mujer como ella. Ya había olvidado a todas las mortífagas y demás mujeres. Se lavo las manos y coloco la poción en su lugar.
- Srta. Granger si se siente cansada puede…
Se había dormido profundamente. Al final no sabía como había salido todo. Esperaba que bien. Se acerco un poco, solo quería admirarla. Tenía los labios un poco entreabiertos, la lengua rosada descansaba placida y húmeda… Tal vez…
- No sabe cuanto la amo Miss Granger…- susurro acercándose a ella atraído como por un imán.
Rozo los labios de la castaña, el sabor era exquisito, dulce como las moras blancas, presiono un poco más y cuando iba a alejarse sintió que era correspondido…
O eso quiso creer porque la castaña libero sus labios para dar un bostezo digno de Grawp, el hermano menor de Hagrid.
- Severus estúpido…- pensó invadido por la desilusión- demasiado bueno para ser cierto… aun. Acaricio el sereno rostro durmiente y salio de la habitación- Winky…
- Diga amo Severus- chillo la elfina.
- En mi ropero hay un pijama de color plateado con su bata, viste a Hermione y deja la bata a los pies de la cama, asegúrate de que no le haga frió. Luego vuelve para darte más indicaciones.
- Sí amo- la elfina obedeció y se retiro a la habitación- Entiendo porque el amo esta tan enamorado de usted- susurro mientras la cambiaba con delicadeza- espero sepa corresponderle porque aunque es muy fuerte sigue siendo frágil en algunas cosas, debe curar sus cicatrices Srta., por favor, no lastime al amo Severus.
Termino sus deberes y salio en busca de su amo.
- Ya termine, amo.
- Bien, ahora necesito que prepares esto para el desayuno- dijo pasándole una lista.
- Si, como usted ordene amo ¿Debo prepararle una cama?
- No, Winky, ya me encargo yo.
La criatura desapareció y Severus fue a echar un último vistazo a la castaña para comprobar que estuviera cómoda. Se recostó sobre los cojines que antes usara Hermione, permitió que su perfume lo inundara, se cubrió con una manta y durmió profundamente con los sueños del amor.
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Sentía que al piel le hervía, no podía ser que en otoño hiciera tanto frió, tal vez se había dormido frente a la chimenea, abrió lentamente lo ojos y miro a su alrededor, se espanto al descubrir que se había quedado dormida en la pieza de su profesor. Encendió algunas velas y se miro. Tenía cinco frazadas encima, con razón parecía verano. Quito dos y observo que su vestido era ahora un pijama de seda fina muy confortable.
- ¿Dónde estará el Prof. Snape?- se puso la bata y salio de la habitación.
Lo vio durmiendo placidamente en los almohadones cubierto con una manta fina, parecía tener frió porque temblaba un poco, la chimenea solo tenia un par de brazas. Busco las mantas que tenia sobre su cama y se las coloco encima, encendió un poco la chimenea por si acaso. Se veía tan diferente recostado que el estomago le dio un vuelco, no pudo evitar reírse al pensar en que diría si la descubriera observándola. Volvió a la habitación pensando en su adusto profesor, el cabello brillante y todo lo que descubrió sobre él en tan poco tiempo…
- Me gustaría saber que mas esconde, profesor…- dijo en un bostezo mientras rozaba los labios cosquillantes con la almohada, esa sensación era nueva y excitante, ahora todo tenía mejor vista.
