Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
CAPITULO 8
Entrega
Albert había ido a buscar a Candy a la universidad para invitarla al cine. Llevaban un mes de novios y su relación marchaba muy bien, se amaban con toda su alma y cada día que pasaba reafirmaban que había nacido el uno para él otro. Por otro lado, Albert se había olvidado de su venganza hacia su sobrino Niel, ahora solo le importaba estar con Candy y hacerla feliz, aunque sabía que tarde o temprano tendría que revelarle toda la verdad.
Cuando llegó a la universidad, Albert se encontró con Annie y Flammy que estaban en las afuera del lugar.
—Hola chicas -las saludó.
—Hola Albert, bienes por mi hermana, ¿verdad? –le preguntó Annie que desde que lo conoció sintió simpatía por él.
—Si…¿dónde está Candy?
—Se quedó hablando con un profesor –le contestó Flammy.
En ese momento apareció la rubia.
—Hola, mi amor –lo saludó dándole un beso en los labios.
—Hola preciosa, nos vamos.
—¿Dónde me vas a llevar?
—Al cine…
—¿Annie, Flammy no quieren venir con nosotros? –les ofreció Candy.
—No amiga, no nos gusta tocar el violín –le dijo Flammy en tono de broma.
—Jajajaja, bueno nos vamos Albert…
—Si, preciosa. Adiós chicas –se despidió Albert marchándose con Candy.
—Qué suerte tiene Candy ser novia de ese bombón –comentó Flammy.
—Si es muy afortunada, Albert es muy guapo, pero lo mejor de todo que ama mucho a mi hermana –dijo Annie sintiéndose feliz por ella.
…
Candy y Albert se fueron al cine, donde pasaron una agradable tarde disfrutando de una película muy romántica.
—¿Mi amor y que te pareció la película? –le preguntó Albert al salir del cine.
—Maravillosa, me hiso suspirar –respondió ella.
—La encontré un poco lenta…
—Albert, es que era una película de amor no de guerra.
El soltó una carcajada.
—En eso tiene razón. ¿Tienes hambre?
—Si, un poco…
—¿Qué te parece si nos vamos a cenar a un bonito restaurante?
—Mejor vamos a tu departamento quiero probar uno de tus platos –le sugirió Candy abrazándolo por el cuello.
—Ok, preciosa–contestó el dándole un beso en los labios.
Cuando llegaron al departamento de Albert, este preparó un rico plato de pescado con salsa blanca, prendió dos velas y coloco una romántica música, para escuchar mientras cenaban.
—Te quedo delicioso el pescado -le comentó Candy probándolo.
—Es uno de los platos más pedidos en el restaurante…
—Realmente cocinas muy bien Albert, vas a tener que darme unas clases de cocina.
—Claro…¿cuando quieras? -dijo él echándole vino a las copas –. Quiero hacer un brinde por nuestro amor y por qué dure para siempre.
—Así será Albert, yo siempre te voy a amar-le dijo Candy golpeando su copa con la de él y bebiendo un sorbo de vino.
—Te tengo un regalo, preciosa.
—¿Que regalo? –preguntó Candy con sus ojos iluminados.
Albert saco del bolsillo de su pantalón una cajita alargada.
—Toma es para ti.
Candy abrió la cajita encontrándose con una cadena de oro, en forma de corazón.
—¡Esta hermosa, mi amor! –exclamó mirándola.
—Ese es mi corazón, quiero que siempre la lleves contigo.
—Claro que si…gracias por el regalo –le dijo Candy dándole un corto beso –. ¿Me la colocas?
—¡Por supuesto!
Albert se paró de la mesa y le colocó la cadena a su novia, pensado que sería una buena instancia para contarle toda la verdad.
—Se te ve muy hermosa –la miró volviéndose a sentar a la mesa -. Candy tú sabes que yo te amo, y que cuando nos conocimos…
—Amor, ya sé lo que me vas a decir…-lo interrumpió ella. Que sientes que me hayas chocado mi carro, pero si no fuera por eso no nos habríamos conocido…
—Bueno sí, pero es que yo…
—Mi amor…no hablemos de cosas que ya pasaron. Mejor vamos a bailar.
—¡A bailar! –repitió Albert.
—Si…me encanta esta canción, es tan romántica –dijo Candy parándose de la mesa para sacarlo a bailar.
—Ok, preciosa.
Ambos empezaron a bailar lentamente, Candy tomó el cuello de Albert y se recargo en su pecho.
—Me quedaría así contigo el resto de mi vida -expresó la rubia dando un suspiro y cerrando sus ojos.
—Yo también, me encanta tenerte cerca, sentir tu respiración y tu exquisito perfume.
La rubia levantó la cabeza y lo miro a los ojos.
—¡Te amo Albert!
—Y yo a ti, amor mío –le dijo el besándola mientras bailaban.
Pero el beso se fue haciendo más apasionado y ambos detuvieron el baile, para disfrutar de aquel beso profundo que llegaba a tocar sus corazones. Albert comenzó a introducir sus dedos en los cabellos de la rubia y ella a abrazarlo con más fuerza, recorriendo la espalda de él con sus manos. La pasión los estaba en volviendo y ninguno de los dos quería parar…
—Te amo Candy y te deseo, pero no quiero obligarte hacer algo que no quieres -le susurró Albert encima de los labios de ella…
—Si quiero, mi amor…quiero ser tuya…
—¿Estas segura? -le preguntó él.
—Sí, pero hay algo que tienes que saber.
—¿Que preciosa?
—Bueno que…yo nunca he estado con nadie.
Albert la miró sorprendido.
—¿En serio? Pero, con Neil…
—Entre Neil y yo nunca pasó nada…
El rubio la abrazo con fuerza.
—Mi amor…no pensé que tú, me hace muy feliz saber que voy hacer el primero.
—Parece que tenías que llegar tu para…-le dijo Candy mirándolo coqueta y comenzando a desabrocharle la camisa de él para quitársela.
Albert le dio la mano y la condujo hacia la habitación, ansioso por explorar y sentir el cuerpo de ella. Candy se despejó de su vestido y se tumbó inmediatamente en la cama. Oyó la respiración entrecortada de su amado mientras la miraba atentamente con un brillo en los ojos. Se inclinó sobre ella y la comenzó a besar con sus labios, dominantes y tiernos, devorando su boca sin parar, mientras le acariciaba el cuerpo con las manos lentamente, sintiendo la piel suave y tersa de Candy.
—Eres tan hermosa, amor mío… —murmuró Albert mientras la acariciaba.
Candy lo abrazaba con fuerza enterrando sus dedos en la espalda de él. Sintiendo el aroma masculino del hombre que amaba que era embriagador y tremendamente placentero.
—Te amo, Albert —le susurró Candy, con su voz agitada - Te deseo demasiado.
—Yo también…desde que te conocí soñé con tenerte entre mis brazos.
Candy le tomó la cara entre las manos, besándolo apasionadamente. Albert se dio cuenta enseguida de que la mujer que amaba era muy apasionada e intensa como él, así que sus cuerpos se estaban complementando perfectamente.
Al terminar ese momento de pasión. Se quedaron los dos tumbados, mirándose intensamente por un rato, cuando la noche aún era joven. Candy se apoyó en el fuerte pecho de él sintiendo una sensación de asombro al comprobar que sus cuerpos habían nacido para estar juntos ya que sin problema pudieron fundirse en uno. Candy pensó que todo era perfecto y que Albert era el hombre con el que quería pasar el resto de su vida.
—Buenos días, mi amor –la saludó Albert con una voz seductora a la mañana siguiente.
—Buenos días, Albert –le contestó ella con una amplia sonrisa.
—¿Cómo dormiste?
—Muy bien a tu lado.
—¿Y cómo te sientes después de lo de anoche? –le preguntó Albert acariciándole con una de sus manos la mejilla de ella.
—Bien, fue como siempre lo soñé. Albert me trataste con tanta ternura, pero al mismo tiempo con mucha pasión.
Él sonrió…
—Es que tú me vuelves loco preciosa, eres tan hermosa, que nunca me cansaría de hacerte mía…
—Te amo tanto, que no quiero sepárame nunca de ti.
—Yo tampoco quiero separarme de ti, Candy. Sabes mi amor, quiero que te quedes todo el fin de semana conmigo.
—¿Quedarme contigo?
—Si preciosa, ¿acaso no quieres…?
Ella le sonrió y le paso la mano por el cabello de él.
—Claro que quiero mi amor…
—¿Entonces te quedaras…?
—Por supuesto, aunque no traje más ropa para cambiarme.
—No te preocupes por eso, porque no la vas a necesitar –le dijo Albert besándola con mucha pasión para volver amarla como la noche anterior.
…
Residencia White.
Candy y Albert después de haber pasado un romántico fin de semana donde se amaron intensamente, Albert la llevo de regreso a su casa.
—La pase muy bien estos días contigo–le dijo la rubia.
—Yo también Candy -contestó el –. Pero hay algo importante que hablar contigo.
—¿Qué pasa, mi amor…?
Albert dio un suspiro.
—Bueno Candy…no sé cómo decirte esto, pero tienes que saber que yo…
—¡Candy baja de ese automóvil! –le gritó Edward que llego en ese momento.
Ella rápidamente se bajó al ver la figura de su padre.
—¿Que sucede papá? –le preguntó.
—Se puede saber dónde estuviste todo el fin de semana y no me digas que estuviste con Flammy porque no te creo.
—Papá, yo…
Albert bajó en ese momento.
—Candy, estuvo conmigo.
—Me lo imaginaba…-expresó Edward con molestia –. Candy entra a la casa.
—Señor White, no cree que es tiempo de que tengamos que hablar -le pidió Albert.
—Yo no tengo nada que hablar contigo –contestó Edward mirándolo con indiferencia –. Lo que le hiciste no tiene nombre.
—Yo no le hecho nada a Candy, ella está conmigo porque me ama tanto como yo a ella.
—Eso es verdad, papá…Albert me ama sinceramente –le dijo la rubia.
—Señor White, yo sé que hice mal con llevarme a Candy el día de su boda. Pero, me sentía tan desesperado que fue lo único que se me ocurrió. Por favor deme la oportunidad de demostrarle que amo a su hija de verdad.
—Lo siento…pero no.
—Papá, entiende que Albert y yo nos amamos…-intervino Candy –. Tu siempre has sido un hombre comprensivo, no juzgues a Albert sin conocerlo.
—Bueno… voy a pensarlo…
—Entonces, ¿vamos a conversar? –le preguntó el rubio.
—Sí, pero ahora no. Dame tu dirección y yo te voy a ver un día de estos –le pidió Edward.
—De acuerdo señor White, Candy se la puede dar.
—Perfecto, permiso –dijo Edward entrando a la casa.
Albert abrazo a la rubia.
—Ojalá que tu padre me dé la oportunidad de demostrarle que te amo de verdad.
—Lo ara, papá es un buen hombre. Yo sé que él te va terminar aceptando.
—Bueno… mi amor, ya me voy.
—Ok, sueña conmigo.
—Claro que lo are –le dijo Albert dándole un beso en los labios –. Nos vemos mañana.
—Me encantaría, pero tengo mucho que estudiar…No olvides que me pase el fin de semana contigo.
—Que lastima, ya no puedo vivir sin ti….
Candy le sonrió.
—Yo también no puedo estar sin ti, pero después de los exámenes tengo vacaciones y así podremos estar junto todo el tiempo.
Albert la tomó por la cintura…
—Eso me encanta, porque he estado pensado en algo.
—¿En que mi amor…?
—Eso es una sorpresa –le dijo Albert con una sonrisa.
—Albert, me vas a dejar metida
—Tienes que aguantarte hasta que lleguen tus vacaciones
—De acuerdo…
—Bueno preciosa ya me voy. Buenas noches, mi amor -se despidió él dándole un beso.
…
Edward había subido a su habitación, donde desde ahí llamo a Neil.
—Hola Neil –lo saludó.
—Señor White, ¿qué necesita?
—Te tengo buenas noticias, mañana te tendré la dirección de Albert Johnson.
Neil mostro una sonrisa.
—¿En serio?
—Si…así que tendrás la oportunidad de conocerlo.
—Gracias señor White, por fin mañana conoceré al hombre que me quitó a mi novia –dijo Neil levantando una ceja.
Al día siguiente, Neil con la dirección que le había conseguido Edward, fue al departamento de Albert, para por fin conocerlo. Sin embargo, no lo encontró. Frustrado regreso al consocio, donde se enteró que tendría que viajar a los Ángeles, así que iba a postergar por algunos días la visita a su rival.
…
Dos semanas después…
—¡Por fin terminamos los exámenes! –exclamó Candy sentada en el patio de la universidad.
—Lo mejor de todo que tendremos unas vacaciones para relajarnos –dijo Flammy –. Yo pienso irme pasar unos días en alguna playa.
—Es una buena idea, se lo voy a proponer a Albert.
—¿Y crees que él quiera ir con nosotras a la playa?–le preguntó.
—Bueno…en realidad no lo sé. Además, me dijo que me tenía una sorpresa.
—Yo creo que te va invitar algún lugar para que pases la vacaciones solo con el –le dijo Flammy.
La rubia suspiró.
—Sería maravilloso, Albert y yo en alguna isla paradisiaca. Pero no creo que a papá eso le parezca bien.
—Pero si es tu novio.
—Es que papá…es un poco conservador –contestó Candy.
—Pero, amiga ya tú eres una mujer, no puede seguir tratándote como a una niña.
—Papá no lo ve así -suspiró -. Me acorde que tengo que ir a ver a los niños del hogar de pony. Voy a llevarle unos dulces de regalo.
—Me imagino que iras con Albert….
—Sí.
—¿Oye Candy y la hermana María como tomó que ahora tienes otro novio?
—Bueno…le sorprendió, pero cuando conoció a Albert le encantó. Hasta nos dijo que hacíamos bonita pareja.
…
Mas tarde Candy y Albert fueron al hogar de pony a llevar los dulces a los niños del hogar.
—Candy, no debiste molestarte por los dulces para los niños –le dijo la hermana María que estaba en su oficina.
—No es nada, usted sabe que le tengo mucho cariño a los niños.
—Lo se…eres tan buena Candy, ya con tu colaboración como doctora es suficiente.
—Mi novia es una mujer maravillosa –dijo Albert tomándole la mano a la rubia –. Por eso yo me enamoré de ella.
—Si…por eso también los niños la quieren mucho.
—A propósito, hermana María quisiera ver a los pequeños.
—Claro, vayan están en el jardín.
Candy y Albert se dirigieron al jardín, donde los niños estaban jugando alegremente. Al ver a Candy todos corrieron hacia ella para saludarla con un fuerte abrazo. Candy le repartió los dulces y regresaron a jugar.
—Son encantadores esos niños –comentó la rubia.
—Si lo son…-sonrió Albert -. Preciosa hay algo que tengo que contarte…
—Dime, Albert –le dijo ella abrazándolo.
—Tengo que viajar a Londres…
Los ojos de Candy se entristecieron, sintiendo un gran dolor en su corazón.
—¿Te vas a Londres…?
—Si…tengo que ir a ver mis negocios.
Candy se apartó de él dándole la espalda.
—¿Por qué no me lo habías dicho…?
—Es que esa es la sorpresa que te tenía.
—¡Albert como puedes decirme que es una sorpresa que te vayas a Londres! –le reclamó Candy con molestia.
Él soltó una carcajada acercándose a ella y la abrazo por detrás.
—La sorpresa es que quiero que vengas conmigo.
Ella volteo su cuerpo quedando frente de él.
—¿De verdad me quieres llevar a Londres…?
—Si mi amor, crees que podría irme solo y dejarte aquí. Además, quiero que conozcas mi restaurante y a mi tía Elroy. ¿Qué me dices te vas conmigo a Londres?
—¡Claro que sí, mi amor! –contestó Candy con alegría dándole un beso en los labios.
En ese momento venía llegando Neil en su carro, ya que había regreso de los Angles. Traía un donativo para el hogar de pony, encontrándose con la escena de los rubios besándose.
—¡No puede ser es mi tío William el hombre que me quito a mi novia! -exclamó Neil realmente desconcertado -. Desgraciado no te vas a salir con la tuya.
Continuará...
Hola mis lindas chicas.
Espero que se encuentren muy bien. Aqui les dejo otro capitulo de este fic, espero que les guste y me sigan dando su apoyo.
Un abrazo a la distancias, gracias por sus reviews.
