CHICAS AQUÍ LES DEJO UN NUEVO CAPITULO DE ESTA ADAPTACION ESPERO LES GUSTEN..
**Los personajes son de Stephanie Meyer al final les digo el nombre del autor.
Capítulo Veintitrés
Edward
—Gírese, señor —dijo el hombre al otro lado de las puertas blindadas de Deep Echo a través del altavoz. Dejó de molestarse un par de meses antes y simplemente aceptaba que íbamos a visitarlos todos los días. La advertencia era solo un procedimiento. Sin armas, sin pretensiones.
—¿Alguna vez van a irse? —le preguntó Tanya al hombre—.
¿Siquiera saben que es Acción de Gracias?
—Dense la vuelta y caminen, señoritas —dijo el soldado. Tanya dio un paso más. —¿Cuál es tu nombre, soldado?
—Fred, señora. Esta es su última advertencia.
Tanya levantó su puño y les mostró el dedo del medio. —Felices fiestas, imbéciles.
—Gracias —dijo—. Felices fiestas para ti, también, Tanya.
Tanya y yo intercambiamos miradas y luego nos dirigimos de nuevo por el corredor de Echo hacia Delta. El Complejo se encontraba tranquilo, solo un equipo reducido trabajaba en la sala de control y seguridad, y un par de docenas de funcionarios esenciales. Nuestros pasos parecían resonar más de lo habitual contra la rejilla metálica que conducía a Delta, se oía gotear más fuerte el agua desde el techo, los susurros eran más fuertes.
—¿Crees que alguna vez nos dejarán volver allí? —preguntó Tanya.
—En este momento me preocupa más que esos tipos nunca se vayan —dije—. Ninguna cantidad de dinero haría que ese contrato valiera la pena.
—Quizás saben demasiado, como dijo esa rata de laboratorio.
—Entonces necesito ocuparme de mi jodido asunto. Esta noche es la primera en la nueva casa.
Tanya me dio un codazo. —¿Qué les tomó tanto tiempo?
—Pintar. Los muebles acaban de llegar. Protección para bebés. Acordamos esperar hasta que estuviera lista antes de pasar nuestra primera noche allí. Y como es Acción de Gracias, pensamos que sería un buen día para mudarnos y hacerlo oficial.
—¿Todo está listo? ¿Empacado?
—Ya fueron entregadas las cosas que tenía en el depósito. Hemos estado desempacando. Casi termino. Ya revisé mi habitación. Las cosas de Bella todavía siguen en el hotel.
Tiene un par de cajas, eso es todo. Voy a dar una vuelta por allí para recogerlas antes de irme a casa.
—Deberíamos ir al bar McCormack para celebrar. —Cuando hice una mueca, sus hombros cayeron—. Vamos. Hace muchísimo tiempo que no salimos todos juntos.
—Quizás.
Tanya sonrió, mostrando todos sus dientes. —Se lo diré a los chicos.
—Dije quizás.
—Quizás significa que sí. Lo sabes. Tienes a la chica más despreocupada de la historia. No le importará.
—Tiene que trabajar esta noche, así que no, no le importará, pero quiere conocerlos a todos —dije—. Necesitamos planificar de antemano.
Tanya frunció el ceño. —¿Ves un problema?
—Sí, uno grande. Cuando estamos todos juntos, tendemos a hablar de trabajo. Ella ya tiene una idea. Es lista como un maldito lince. No se le escapa nada. No tardará mucho en confirmar sus sospechas.
—Bueno, entonces tal vez debamos conocerla uno a la vez.
—No es mala idea —dije.
—¿Cómo se siente?
Sonreí. —Es todo panza. Cuando la ves desde atrás, ni siquiera sabes que está embarazada hasta que se da la vuelta, y entonces es... guau. Ha estado hablando de que la bebé está presionando sus pulmones y que le es más difícil respirar.
Tanya se estremeció. —Raro.
—Comenzará a ir al doctor cada quince días, luego una vez a la semana.
—¿Ya le pusieron nombre al bebé?
—Es niña. Lo hemos reducido.
—Lo siento. Jesús. De seguro te has vuelto sensible desde que te convertiste en el padre de alguien.
Sonreí. —Realmente queríamos consultarte algo.
—Sí, pueden llamarla Tanya.
Me reí. —Utilizamos el alfabeto. Tanya no fue elegida en la T, lo lamento.
—¿Qué? ¿Qué nombre me ganó?
—Tessa.
Hizo una mueca. —Asco.
—Bella quería que te preguntara si estaría bien si la llamamos Maddie.
—Por supuesto. Quiero decir, Madison es un poco común, si me preguntas, pero...
—Madeleine. Pero quiere decirle Maddie. Por Matt.
Tanya se detuvo. Luego de que desapareció la conmoción inicial, estrechó los ojos. —Eso es muy lindo de su parte, chicos. Sí. Quiero decir, sí, por supuesto. —Carraspeó—. Él se sentiría honrado. Ambos... ambos lo estamos.
Le di una palmada en el hombro. —Gracias.
—Entonces ¿es oficial? ¿Maddie?
—Madeleine Marie. Creo. Aún estoy tratando de convencerla.
—Aw, Marie es lindo.
—Es el segundo nombre de Bella. Lo detesta. Tanya se rio. —Por supuesto que sí.
Nos dirigimos a la sede central justo antes del almuerzo. Call y Tayler ya se encontraban allí, y McCarty apareció justo después de nosotros. Teníamos lo que era esencialmente un vestuario extra grande con algunos escritorios para nosotros, pero parecía muy tranquilo.
Miré fijamente la puerta por un minuto completo y luego volví la cabeza hacia el comunicador en mi solapa. —Aquí Mase para Riley, revisando.
El resto del equipo esperó, congelado en su lugar.
—Aquí Mase para Riley—repetí—. ¿Me copias?
—Es Acción de Gracias —dijo Tyler.
—Lo sé —dije, mirando hacia la puerta y esperando una respuesta en la radio.
—Esta época del año es dura para él —dijo Tyler.
—Lo sé —dije bruscamente—. Aquí Mase para Riley. ¿Me copias?
La radio crujió. —Lima Charlie, fuera —respondió Riley, indicando que me escuchó fuerte y claro.
Todos suspiramos y nos relajamos. —Nos dirigimos al comedor y es día de comida reconfortante. Trae tu culo aquí.
—En camino, fuera —dijo. La radio hizo sonidos de interferencia de nuevo.
Call se reclinó hacia atrás, dejando que su cabeza golpeara su casillero. Ninguno de nosotros se atrevió a decirlo en voz alta, pero las festividades nos tenían a todos al borde.
Riley era mayor que yo por siete años. Se casó al terminar la escuela secundaria, y ellos tuvieron a su hijo, Dylan, justo antes de irse en su primer despliegue. Su hija, Emily, fue concebida la primera semana que estuvo en casa. Los tres murieron instantáneamente en algún momento durante nuestro tiroteo de seis horas a seis kilómetros al este de Fallujah cuando fueron golpeados de frente por el conductor de un camión que se quedó dormido. Riley se negó a volver para los funerales.
Nunca regresó a Quincy después de eso, ni siquiera ha pisado el estado de Massachusetts, pero llevaba por todo el mundo una fotografía doblada que imprimió de la página de Facebook de su esposa. Karen, Dylan y Emily viajaron con nosotros a cuatro continentes y sobrevivieron a una guerra. Riley hablaba de ellos como si aún estuvieran vivos, en casa, esperándolo, y nosotros lo dejamos. No era natural que un soldado sobreviviera a su familia.
—Lo invité a pasar esta noche —dijo Tanya—. Voy a cocinar, si quieren detenerse, chicos —les dijo a Call y Tyler.
—¿Puedo llevar una cita? —preguntó Call.
—Claro —dijo Tanya—. Solo asegúrate de que venga Riley. Call asintió una vez. —Lo haré.
El almuerzo consistió en una porción de pavo asado, puré de papas, salsa de menudencias, ensalada de arándanos y tarta de manzana con una bola de helado de vainilla. Todos nos habíamos sentado cuando Riley llegó a la mesa, sin mencionar que tenía el rostro enrojecido y manchado, los ojos hinchados e inyectados en sangre. Noté que los nudillos en su mano derecha se hallaban despellejados y ensangrentados, su servilleta empapada de rojo carmesí.
—No vas a quedarme mal ¿verdad, Riley? —preguntó Tanya.
—¿Eh? —dijo este, saliendo del infierno en el que se hallaba—. No.
Estaré allí.
—Bueno. Te voy a recoger. Eres mi cita —dijo Call. Riley asintió.
—Todos asegúrense de traer licor. Vamos a salir después y el bar sube el precio del alcohol en las fiestas —dijo Tanya—. Y saldremos esta noche. —Riley frunció el ceño. Tanya lo señaló—. Eres el único que puede dar dos pasos. —Señaló su mano ensangrentada—. Vas a limpiar esa mierda, vamos a salir, hijo de puta.
—Bien —refunfuñó.
Call sonrió. Tanya siempre sabía cómo manejar Riley en sus días malos.
—Seré el conductor designado —dije. Tanya sonrió. —¿Vas a venir?
Asentí. —Alguien tiene que llevarlos, borrachos perdedores. No quiero tener que sacarlos de la cárcel para que estén en el trabajo a tiempo. No me gusta dejar a Bella sola en casa en Acción de Gracias...
—Tráela —dijo Tyler.
Fruncí el ceño. —No llevaré a mi novia embarazada a un bar.
Además, tiene que estar en el trabajo a las once.
—Deberían venir a casa —dijo Tanya.
—Ha estado cocinando todo el día.
—Entonces, vamos después —dijo McCarty—. Pasaremos por ahí después de la cena.
Asentí. —Bueno. Le preguntaré a Bella. Estoy seguro de que ella estará bien con eso. Nos quedaremos hasta que tenga que ir a trabajar.
Riley picoteó su almuerzo, removiéndolo en su plato, pero nunca comiéndolo.
—¡Atención! —dijo en voz alta Uley desde la puerta.
Volteamos para ver al general entrar. Algunos pilotos en el otro extremo de la cafetería se pusieron de pie y saludaron. Dejamos de comer y lo miramos, esperando ver de qué se trataba todo el alboroto. Se dirigió a nuestra mesa. —Masen, felicidades, tu equipo tiene el resto del día libre para pasar con sus familias, por el senador King.
—¿Qué? —dijo Tanya, indignada.
—Cálmate, Denali —dijo el general—. El salir temprano es para todos los contratistas civiles.
Tanya se relajó, poniendo los codos sobre la mesa y manteniendo la cabeza baja.
—Disfruten de su comida de Acción de Gracias y luego recojan sus cosas para el fin de semana.
—¿El fin de semana? —le pregunté—. ¿Qué pasará con la seguridad del Complejo?
—Deep Echo se encargará de eso. Se van a casa, respiran aire fresco, es un ganar-ganar. Felices fiestas. —Con eso, el general salió, seguido de su séquito.
Mi equipo intercambió miradas, luego nos limpiamos las bocas con nuestras servilletas y empacamos. En diez minutos, todos salíamos del estacionamiento en nuestros diversos vehículos. Miré el regalo envuelto en papel lavanda con un moño de color violáceo en el asiento del pasajero de mi camioneta. Lo tuve durante un mes, esperando el momento adecuado para dárselo a Bella. Acción de Gracias parecía un día apropiado.
Había estado imaginando que conduciría a la casa después del trabajo durante meses —desde que encontré la casa—, aparcando en la entrada y entrando, y Bella sería lo primero que vería. Pero tenía que pasar el desvío para conducir al hotel. Las únicas dos cajas de Bella se encontraban detrás de la barra, su habitación se encontraba limpia y vacía.
El vestíbulo del hotel también parecía vacío, sin todos los hotshots y oficiales forestales deambulando con una cerveza en las manos. Me quedé en el bar vacío, pensando que Seth aparecería en cualquier momento. En cambio, Lauren se acercó, una sonrisa en el rostro.
—¿Qué haces aquí? —preguntó—. Creí que esta noche era la primera en la casa nueva.
—Lo es. Voy a recoger las cajas de Bella. Se supone que se encuentran detrás de la barra.
Lauren se inclinó, sacando el culo descaradamente. Desvié la mirada una vez que me di cuenta de lo que hacía.
—Nop. Sin cajas. Creo que Seth las movió para que no se mojaran.
—Maldita sea —dije en voz baja.
—Podría ayudarte a buscarlas. —Levantó los brazos e hizo un gesto hacia el vestíbulo—. Como puedes ver, no estoy ocupada. Te daré una llave de su vieja habitación y ve si Seth las puso allí.
—¿Dónde se encuentra él? —pregunté.
Se rio entre dientes. —Es Acción de Gracias. No ha venido en todo el día.
—Bien, bueno, sí. Probablemente deberíamos mirar primero en su habitación.
Seguí a Lauren a la recepción y esperé mientras codificaba una llave de tarjeta, y luego caminamos juntos por el pasillo. Lauren introdujo la tarjeta, la cerradura hizo clic, y presionó la palanca. Encendí la luz y la seguí hasta la zona principal.
—No hay cajas —dijo—. ¿Son grandes? ¿Son lo suficientemente pequeñas como para caber debajo de la cama? —Se agachó otra vez, y de nuevo, desvié la mirada—. Nada. —Se sentó en el colchón, rebotando—. Esto es tan incómodo como recuerdo. Es difícil de creer que ustedes dos hayan vivido aquí durante tantos meses.
—Quizás se encuentran en la trastienda —dije, señalando detrás de mí.
Lauren colocó sus palmas sobre el colchón y se inclinó hacia atrás. No era tan voluptuosa como Bella, pero los botones de su camisa aún se aferraban como a punto de explotar. —Apuesto a que ustedes dos usaron mucho este colchón. Recuerdo usar mucho el tuyo. Cuando acepté este trabajo esperaba que pudiéramos, ya sabes, continuar donde lo dejamos. No sabía que estabas con Bella.
—Hablando de Bella, deberíamos irnos, Lauren. Tengo que volver.
Me espera.
Lauren puso los ojos en blanco y se levantó. Me volteé hacia la puerta y sentí sus brazos deslizarse por mi cintura. De ninguna manera iba a salir al pasillo de esa forma, así que, en lugar de estirar la mano hacia la puerta, agarré sus muñecas y la quité de encima.
—Lauren, apártate —dije con el mismo tono que usaba con mi equipo. No se dejó intimidar, sino que se inclinó y recostó la cabeza.
Di un paso atrás, con las manos todavía en sus muñecas. —¿Qué diablos crees que haces?
Soltó una carcajada. —¿Por qué estás tan enojado?
—Porque estoy enamorado de Bella, y tú tratas de lastimarla.
—Lo único que estoy haciendo es intentar hacerlo contigo.
Arrugué la nariz. —Dejé de enviarte mensajes de texto y de llamarte meses antes que conociera a Bella, y luego bloqueé tu número. ¿Por qué crees que quedaron sentimientos? Deliras.
—Porque te veo mirándome, Mase. Puedes fingir que eres el chico bueno de Bella, pero yo lo sé. Eso solo puede durar un tiempo.
—No sabes una mierda.
—Sé que no la follas como me follaste.
—Eso es porque no la follo. Le hago el amor. Mantente alejada de mí.
Se rio, y solté sus muñecas, alcanzando detrás de mí la palanca.
Abrí la puerta y retrocedí. Lane me siguió, paso por paso y demasiado cerca. Cuando la puerta se cerró a sus espaldas, noté a alguien de pie en mi periférico.
Di otro paso atrás, y esta vez Lauren se mantuvo en su lugar.
—Oye, Brady —dije.
—Oye —respondió, sus cejas se juntaron. Sus ojos bailaron de ida y vuelta a Lauren y luego a mí.
—Estábamos buscando las cajas de Bella —dije.
—Buscamos mucho—dijo Lauren—. En todos lados.
—Cállate, Lauren —dije, disgustado. Esperaba que Brady se lo dijera a Bella, o al menos a Seth. Todos sabían que Seth no podía guardar un secreto.
Brady señaló hacia atrás. —Están en la parte trasera, al lado de la nevera. Seth no quería que se mojaran en el área del bar. Bella tiene libros allí.
—Gracias —dije, dando un paso, deteniéndome para señalar a Lauren—. Es una puta psicópata.
—Lo sé —dijo Brady al pasar junto a él.
Corrí hacia la parte de atrás, apilé las cajas y las llevé a mi camioneta, colocándolas en el asiento trasero. Conduje a cuarenta kilómetros por encima del límite de velocidad, corriendo para llegar a casa antes de que Bella oyera lo que había pasado antes de que pudiera decírselo.
Entré, estacioné, dejé las cajas, agarré el regalo y entré corriendo a la casa.
Bella se hallaba de pie en la cocina, giró rápidamente cuando entré, sorprendida. Sostenía sus manos contra el pecho, tenía los ojos muy abiertos. Cuando me reconoció, se relajó. —Oh, hola.
Cerré la puerta detrás de mí. —Lo siento. No quise asustarte.
—No te esperaba tan temprano. ¿Recogiste mis cajas?
—Sí. Sí, están en la camioneta. —Señalé detrás de mí.
Los pisos de madera oscura se hallaban impecables, la alfombra beige recién aspirada, una mezcla de nuevos olores en el aire: barniz, pintura, tapicería, y la increíble comida que estuviera haciendo Bella. No pensé en ese extra cuando me enamoré de una chica del sur. Estaba de pie en la casa de mis sueños con la chica de mis sueños cruzando la habitación, a punto de arruinar nuestro maldito primer día por culpa de esa idiota en el hotel.
Sus ojos brillaban más que el candelabro que colgaba sobre la mesa del comedor mientras caminaba hacia mí, con cuchara en mano. Me besó rápidamente, luego se echó hacia atrás. —¡Estoy revolviendo el relleno para la tarta! ¡Lo siento!
La seguí hasta la cocina, tratando de no reírme. Usaba una camisa ajustada, de rayas horizontales color crema y mora que se extendían sobre la perfecta guarida de Maddie.
—Eh, necesito contarte algo —digo, dejando el regalo sobre el mostrador.
—¿Qué es esto? —preguntó, levantándolo—. ¿Para mí?
Asentí y lo abrió, soltando un jadeo ante su contenido. —¿Qué hiciste?
—Necesitas un celular, Bella. ¿Y si entras en trabajo de parto mientras no estoy?
Lo sacó de la caja. —¿Cuál es mi número?
Toqué la pantalla para mostrarle donde encontrarlo.
—¿No está a mi nombre, cierto? —dijo, mirando la pantalla con los ojos grandes y curiosos.
—Sé cómo mantenerte a salvo. Fui un agente federal una vez. — Levantó la vista hacia mí y yo guiñé.
Me abrazó, besando mi mejilla. Algo me golpeó, no era Bella, y bajé la vista. Dejó el teléfono sobre el mostrador y sujetó su abdomen con ambas manos, riendo.
Me puse de rodillas, con las manos a cada lado de su vientre. — Escúchame, señorita. No golpees a tu papá.
Bella se subió la camiseta, y algo pequeño y redondo sobresalió de su barriga lo suficiente para que yo lo viera.
Retrocedí, luego levanté la vista hacia Bella. —Mierda.
—Lo sé. Parece que tengo una alienígena dentro de mí. Estuvo dando vueltas hoy. Me despertó.
Presioné suavemente la protuberancia y ella empujó. —Maddie Marie, estás castigada —bromeé.
—¿Tanya estuvo de acuerdo? —preguntó.
Me puse de pie, manteniendo los dedos sobre el codo de Maddie, o la rodilla, o cualquier parte de su cuerpo que sobresaliera del vientre de Bella, que de otro modo sería suave. —Dijo que sería un honor.
El bulto apareció de nuevo, esta vez en un lugar diferente. Me reí.
—¿Juega a las escondidas?
—Eso creo —dijo, riendo de nuevo.
El ombligo de Bella ya sobresalía, una línea oscura se extendía desde ahí hasta su hueso pélvico y sus mejillas se hallaban un poco más llenas que antes, pero aparte de eso, y que su cabello crecía grueso y como diez centímetros por las vitaminas prenatales, no había diferencia.
—Entonces… —comencé.
—¡Mierda! —dijo Bella, girando para revolver el relleno.
—Nena, de verdad tengo que hablarte de algo.
—Aja —dijo, revolviendo.
—Cuando fui a buscar tus cajas…
—¿Seth se encontraba ahí?
—No —dije con un suspiro—. Estaba Lauren.
—Sí, me pidió que cubriera su turno —contestó, haciendo una mueca.
—Bella…tus cajas no se hallaban detrás de la barra. Fui con Lauren a tu vieja habitación para ver si las encontraba ahí. Ella…Jesús…
Paró de cocinar y me miró con una expresión que me partió el corazón. —¿Qué?
Dudé. Arruinar nuestro día de mudanza oficial y nuestro primer Día de Acción de Gracias ya me molestaba. No tenía idea de cómo reaccionaría o si se molestaría, y la idea de hacerla llorar me hizo perder la voluntad de contarle.
—Se encontraban atrás, al lado de la nevera —dije—. Seth tenía miedo de que se mojaran en la barra.
Arqueó una ceja. —¿Eso es todo?
Me encogí. Si le contaba, arruinaría las festividades; si esperaba, podría enterarse por otra persona. Iba a ser una mierda de todas formas.
—Lauren se acercó a mí, pero no pasó nada.
Su rostro cayó y volvió a revolver. —Perra —refunfuñó—. ¿Qué pasó?
—Codificó una tarjeta para tu habitación y me llevó allí a mirar.
Trató de besarme. Literalmente se lanzó sobre mí.
Dejó la cuchara. —¿La besaste?
—No —contesté, disgustado. Siguió mezclando—. Comencé a irme y envolvió los brazos a mí alrededor. La aparté de mí y regresé a la parte de atrás. Me siguió, súper cerca. Brady estaba en el pasillo. Nos vio salir. Se veía mal, Bella. Lo admito, lucía muy mal, pero juro que no pasó nada.
Se quedó callada. Tanto que me dio un susto mortal pero esperé, dejándola procesar lo que le acababa de decir.
—Es hermosa —dijo, tranquila—. Y no está embarazada.
Deslicé los brazos a su alrededor, besándole el cuello. —No estoy enamorado de ella. No me importa lo que es. Y no tiene una mala apariencia, pero es una psicópata.
Bella soltó una carcajada. —Algo así. —Sacudió la cabeza—. No voy a dejarla arruinar el día. Lidiaré con ella más tarde.
—No te preocupes por Lauren. No es nada.
—Cierto.
La apreté suavemente, poniendo los labios en su mejilla. Se inclinó para mi beso, recordándome la primera vez que la besé en el vestíbulo del hotel. Parecía que había pasado toda una vida desde ese entonces. Ahora teníamos una casa juntos, una bebé en camino, y tenía todo lo que siempre quise, lo cual daba miedo, porque cuando no tenía nada, no tenía nada que perder.
—¿Cómo estuvo el trabajo? —preguntó, sin dejar de revolver. El postre acababa de empezar a burbujear.
—Es nuestra primera noche en la casa nueva y nuestra primera Acción de Gracias, así que dime si no quieres… pero Tanya invitó a todos a tomar algo después de la cena.
Sonrió. —Eso suena divertido.
—También quiere salir después. Me ofrecí a ser el conductor designado.
—Tengo que trabajar —dijo, frunciendo el ceño—. ¿Cómo voy a cruzarme con Lauren y no abofetearla? ¡No puedo creer que intentara besarte! ¡Qué zorra!
—Nena —dije, riendo—. No te preocupes. No vale la pena.
—Tú sí —refunfuñó.
—Aw. ¿Quieres defender mi honor? Eso es un poco rudo. Trató de no sonreír; pero falló.
—Puedo entrar contigo, darte un gran beso, y restablecer quien le pertenece a quién —dije. Levanté su teléfono—. Luego haré explotar esto los primeros diez minutos.
Negó. —Entonces pensará que fuiste a verla. Es así de delirante.
—No me jodas —respondo.
Apagó la estufa y el horno, y yo abrí la puerta, sacando el pavo mientras Bella ponía la mesa. Me observó cortarlo con el nuevo cuchillo eléctrico que compré en Target la semana pasada, y luego llevamos los platos a la mesa.
—¿Está bien si rezo? —preguntó.
—Por supuesto.
Sostuvo mis manos sobre la mesa y cerró los ojos. La miré con una sonrisa.
—Padre celestial —comenzó—, por favor bendice este alimento para la nutrición de nuestros cuerpos. Te agradezco por esta hermosa casa nueva, por la salud de Maddie, y por las muchas bendiciones que has traído a mi vida. Gracias, Señor Jesús, por tu sacrificio para que podamos tener vida eterna junto a ti, y gracias por Mase. Sé que sólo tú podrías haberme bendecido con alguien tan amable, amoroso, y fiel. En tu precioso nombre oro, amén.
—Amén —dije.
Abrió los ojos y sonrió. —Casi oré por Lauren. Pero es Acción de Gracias, y no estoy agradecida por ella.
No pude evitar reírme. Lo decía en serio, pero su intento de ser odiosa era demasiado lindo. Hablamos sobre su día, la próxima cita con el médico, y traté de disfrutar la comida en vez de inhalarla. Estaba tan
buena. Sólo había probado un par de comidas caseras en el año, pero esto era algo más en lo que Bella era increíble.
Llenamos la quietud de la casa que nos rodeaba con nuestra risa e hicimos nuestra la oscuridad con velas. Fue el Día de Gracias más íntimo y maravilloso que tuve, y sabía que el próximo año sería mejor.
Limpié la cocina mientras Bella se preparaba para el trabajo, y luego la llevé a casa de Tanya. Varios autos se hallaban estacionados en la calle, pero no los reconocí todos. Dejaron un espacio en la entrada para nosotros, pero antes de llegar al porche, la mitad del equipo se encontraba afuera haciendo una escena.
—Ya se encuentran borrachos —dije.
—Bien —dijo Bella con una sonrisa.
La agarre del brazo mientras llevaba una tarta de nueces por el patio. Se hallaba oscuro, era terreno desconocido, y no quería que se cayera.
—Gracias —dijo Tanya, tomando la tarta.
—Bueno, hola hermosa —dijo Tyler, abrazándola.
—Tyler Crowley—dije—. Te presento a Bella —señalé su vientre—, y a Maddie.
—¡Bella! —dijo Call, dándole un abrazo.
—Embry Call—presenté.
—Sólo E —contestó él, haciéndose a un lado—. O solo Call.
Como quieras.
Señalé al resto. —Y el és Riley Biers . Riley solo saludó con la mano.
—Emmett y su familia se hallan adentro —dijo Tanya—. ¡Vamos! Marcamos el camino y Emmett se paró para saludarnos.
—Emmett y Rosalie McCarty—dije—. Sus hijos, Henry y Miles.
Emmett le estrechó la mano, Rosalie la abrazó. Era divertido ver a todos los que querían abrazarla inclinarse para alcanzar sus hombros.
No me llevó mucho tiempo darme cuenta de quienes eran el auto y la camioneta que no reconocí. Jacob y Jared se hallaban sentados en la mesa oval, con una botella de cerveza en las manos. El senador King se encontraba en la sala de estar, mirando las noticias deportivas del partido de fútbol más temprano. Jacob se puso de pie, acercándose a Bella. Besó su mejilla, y sentí la sangre de mis mejillas arder. Miré a Tanya y me guiñó el ojo, claramente al tanto de algo de información que yo no tenía.
—Masen —dijo él, estrechándome la mano—. Felicidades por la nueva casa. Es genial.
—Gracias —respondí. No me di cuenta que tenía una mano sobre el vientre de Bella hasta que esta puso su mano sobre la mía.
—¿Mase? —dijo—. Necesito sentarme.
—¿Te sientes bien? —pregunté.
—Sí, sólo necesito descansar, eso creo —dijo, sobando su estómago.
La lleve de la mano hasta la mesa, apartando una silla.
—¡Mase! ¡Te has vuelto todo un caballero! —dijo Call, palmeando mi espalda.
Rosalie le trajo agua con hielo.
—Gracias —dijo Bella.
Jacob le susurró algo en el oído a Tanya y caminaron por el pasillo hacia el baño. Jared trató de pasarme una botella de cerveza, pero la rechacé. —Soy el conductor designado esta noche.
—¿Saldrás con nosotros? —preguntó. Ya estaba un poco borracho, relajado y feliz.
—Después de dejar a Bella en el trabajo, si se siente mejor — respondí, mirándola.
—Estoy bien —aseveró.
—¿Todavía trabajas de noche, Bella? —preguntó Jared.
—Sip —dijo—. ¿Qué has estado haciendo?
—Viajar, en su mayoría. Uno de los chicos tiene una casa en México, en la playa. He pasado mucho tiempo ahí. ¿Esa chica Lauren todavía trabaja en las tardes?
La sonrisa de Bella se tensó cuando me miró antes de responder.
—¿Lauren? Sip.
—Oh-oh —dijo Tanya, entregándome un vaso de agua. —¿Qué pasó?
—Gracias. Fui allí esta noche después del trabajo para buscar sus cajas —susurré.
—¿Sí?
—La perra loca trató de follarme en la vieja habitación de Bella.
—¿Qué? —dijo Tanya, tratando de mantener la voz baja—. ¿Bella lo sabe?
—Sí, se lo dije cuando volví. Se encuentra enojada, pero no conmigo.
—Va a ser un cambio de turno incómodo. Me alegra que le contaras. Es la forma de evitar un estúpido malentendido.
—Casi no lo hice. Estaba tan asustado de que eso arruinara nuestra primera noche en la casa.
—Bueno, mírate. Tienes una novia razonable. Felicitaciones. — Chocó su cerveza con mi vaso y ambos bebimos.
—Te dije que valía la pena la espera —dije.
—¿Aún crees en esa mierda? ¿Piensas que es la "única", eh?
Bella reía y conversaba con Rosalie y mi equipo, mi pasado se mezclaba con mi futuro, algo que nunca imaginé.
—Sin una sola duda —dije, dando otro sorbo. Mi teléfono sonó y lo revisé. Victoria me había enviado un mensaje de texto con solo cuatro palabras.
Ponte alerta.Él está ahí.
—Mierda —dije, guardando mi teléfono.
—¿Qué? —preguntó Tanya, instantáneamente alerta.
Riley entró desde el porche. —Tany. ¿Tienes una linterna?
—Sólo en cada habitación de la casa —bromeó ella. A Riley le hizo gracia. —Necesito la más cercana.
—En la cocina. El cajón a la izquierda del lavavajillas.
Fue a la cocina, escarbó por un segundo y regresó, pasando rápido.
—Es a la derecha del lavavajillas —dijo.
—¿Todo se encuentra bien? —pregunté.
Empujó la puerta mosquitera, apuntando su linterna al suelo.
—¿Qué hace? —preguntó Tanya.
—Jefe —llamó Riley desde afuera.
Tanya y yo pusimos la misma cara, luego lo seguimos al porche delantero. Estaba de pie en la parte superior de las escaleras, señalando el patio con la cabeza. La linterna destacó un montón de conejos muertos.
—¿Qué demonios? —exclamó Tanya, quitándole la linterna a Riley. Siguió los cadáveres con la luz. Me la tendió y luego corrió adentro.
—¿Qué pasa? —preguntó Call, deteniéndose cuando vio el montón.
Tanya regresó, con media docena de linternas en los brazos, incluyendo un faro. Tayler y Emmett salieron, y ella les entregó una a todos los miembros de nuestro equipo. Cada uno de nosotros la encendió y apuntó a la misma dirección.
—¿Qué mierda pasa? —preguntó Emmett.
Jacob y Jared salieron, hablando y riendo, pero se callaron en cuenta reconocieron lo que había en el patio.
—Eso no estaba ahí hace diez minutos cuando salimos para que Jared fumara —dijo Jacob—. ¿Alguien…alguien está jugando una broma enferma?
—Es más de una persona. Un tipo no podría hacer todo eso en la cantidad de tiempo que tenía —contestó Tanya, iluminando los cadáveres con su linterna.
—Estoy de acuerdo —concordó Emmett.
La puerta se abrió una vez más y me di la vuelta para asegurarme de que no fuera Bella. El senador sacó una botella de cerveza, retrocediendo ante el desastre en el patio. —¿Eso es…?
—Sí —respondí, echando chispas.
Miramos por encima de los cadáveres de los conejos que yacían en la yerba muerta, iluminados con seis linternas potentes, formando una sola palabra: MÍA.
MUCHAS GRACIAS POR SUS REVIEWS
Marbelli
Wenday 14
Jade HSos
sandy56
francicullen
ALBANIDIA
Maryluna
OnlyRobPatti
catita1999
