Capítulo 3: Dulce Sueño

No se imaginaba que aquello iba a impresionarla tanto; Bueno, después de todo, había sufrido demasiados sustos en un solo día. Debería entender su estado de depresión y sobresalto.

La tomó en brazos al instante, realmente pesaba como una pluma ¿Estaría anémica o algo? No le parecía correcto que una chica de su edad pesara un poco más de lo que pesaba cuando tenía 7 años, aunque su cara no había perdido aquel tono rosado a pesar de su palidez... Realmente era ella, no podía creerlo, le costaba asimilar que se transformara en tan hermosa mujer, durante todos esos años se había hecho la idea de que fuera como fuera, debía aceptarla. Hasta llegó a pensar que sería tan fea que no le agradaría ni verla a la cara, aunque sin embargo debía aceptarla por el juramento que le había hecho a sus padres... Por suerte, era más atractiva de lo que se imaginaba.

Tan solo vestía una manta colorida, pudo notar que no poseía nada más que ropa interior, debía estar muriéndose de frío... maldijo por lo bajo a Naraku, todo indicaba que había intentado tomarla como su mujer por la fuerza para que Kagome le perteneciera solo a él, debía agradecer que ella había escapado de ese fin.

Caminó lentamente hacia la mansión antigua con ella en brazos, atravesando el amplio jardín abierto colmado de rocío, realmente aquella casa le había parecido una maravillo desde que era un pequeño niño, y ahora que era suya, lo seguía pensando. Seguía tan impecable como siempre, también sus amplios jardines, árboles y plantas.

Llegó hasta el patio asfaltado de pisos de cerámica color crema, como la mansión, en donde permanecía decorado con plantas a sus lados y un par de mesas de jardín de madera. Podía oír los grillos que trinaban entre las plantas, aquel agradable sonido de campo lo reconfortaba sobremanera.

Había encargado a todo el personal que las luces estuvieran encendidas toda la noche, sin importar que en aquel momento fueran las 3 de la madrugada, ni bien traspasó la puerta de vidrio que daba a la entrada de la mansión, divisó a su anciana ama de llaves, Kaede, que permanecía dormida en uno de los sillones de cuero negro, seguramente aguardando a su llegada, ni bien él terminó de cerrar la puerta, ella abrió los ojos y lo contempló adormilada, sin entender bien la situación.

—He vuelto, Kaede.— comentó con una leve sonrisa.— Traje a Kagome conmigo.

La anciana, poblada de arrugas y de cabello largo y canoso atado en una cola de caballo ahogó un grito y se llevó ambas manos a la boca para apaciguarlo, se acercó a su amo y alzó la cabeza para observar a la chica que dormía en sus brazos tranquilamente.

—¿La pequeña Kagome?— preguntó en un hilo de voz, casi sin creerlo.— ¡Que grande está... la ultima vez que la ví era solo una niña de 5 años...! —Los ojos de la anciana se llenaron de lágrimas de felicidad.— No puedo creer que halla regresado... después de 13 años sin verla... ¡Es un milagro!

Inuyasha asintió con la cabeza demostrándole que estaba de acuerdo, alzó los ojos para ver a la mujer que permanecía parada a los pies de la escalera que daba al segundo piso, tan solo tenía un par o dos años más que Kagome y había ingresado a aquella mansión hacía unos pocos años, por lo que no conocía a la verdadera dueña de esa casa. Ella era una de las sirvientas más aplicadas y responsables, sabía que su cabello castaño claro y sus ojos del mismo color volvían loco a su mejor amigo.

—Sango... —la llamó seriamente.— hay un caballo esperando cerca del bosque, necesito que lo lleves al establo ya que creo que Mioga está durmiendo...

La mujer asintió decidida y salió al patio con rapidez, dejando un agradable aroma a popurrí de flores tras ella, denotando que se había quedado trabajando en el jardín hasta tarde, otra vez.

—¡Ho mi Dios!— exclamó Kaede horrorizada.— ¿Por qué está asi vestida?

—Ha... bueno... —aquel tema era algo delicado para Kagome como para decirlo abiertamente a Kaede, aunque por la mirada severa y desconfiada que la anciana le otorgaba, le daba a entender que lo estaba acusando de cosas morbosas que no había hecho.— ¿No pensarás que yo...?— preguntó con un tono defensivo.—¡Sabes que soy incapaz!

—¿Y qué le sucedió?— lo instó ella.

—Pues Naraku fue el culpable... Llegué justo para evitar que Kagome se convirtiera en su mujer.

—¡Ese hombre es un maldito despiadado!— maldijo ella por lo bajo. Luego de treminar con sus maldiciones hacia aquel hombre, sus ojos se llenaron de compasión al ver a la chica.— Pobrecilla... Está desmayada ¿Verdad?

Inuyasha asintió.

—Fue tan grande la sorpresa que se llevó cuando descubrió que también era un Hanyou que se desmayo. —explicó con algo de burla.— Feh! Estupideces.

Kaede frunció el seño.

—Si, pero debe entender que Kagome no recuerda absolutamente nada, amo Inuyasha.— lo reprendió.— Yo también me desmayaría si encuentro que mi cuerpo cambia de un segundo al otro... por suerte eso no sucederá.

—Si, porque todos ustedes son humanos... —refunfuñó en voz baja.

El tener que ser el único híbrido en esa casa desde que su padre murió y su hermano se mudó lo había artado, se sentía diferente a todos, la oveja negra de la mansión... Por suerte, ahora no estaría solo, Kagome y él eran iguales, ambos poseían las mismas características de Hanyou.

—Mejor llévala a su cuarto para que descanse.—sugirió el ama de llaves.

El chico asintió y subió las escaleras. Si no mal recordaba, la habitación de Kagome se encontraba al fondo del primer piso, cerca de la suya, por lo que se dirigió hasta el final del ala Oeste.

El cuarto de Kagome era tan grande como el suyo, bastante espacioso. Hacía meses habían reemplazado algunos adornos y muebles de niña por otros más concordes con su edad, su cama se encontraba en medio de la habitación, a ambos lados se posaban las enormes ventanas de vidrio que daban al balcón con la vista al patio trasero de la casa y al resto de la estancia.

La recostó en su cama y la cubrió con las mantas. Se irguió y luego suspiró, bien, allí estaba, había cumplido la primera promesa que le había hecho a la madre de ella: "Regresarla a esa mansión en cuanto cumpliera los 18 años." Solo faltaban las demás... contarle toda la verdad, todo lo que le habían estado ocultando y la última promesa que había hecho a su madre y la que había sido como su condena a muerte, lo único que esperaba era que Kagome no lo tomara a mal, pero debía aceptarlo si es que quería liberarse de Naraku de forma permanente... Ahora que se daba cuenta, la ultima promesa que lo había torturado por años, ya no la sentía tan mala... más bien comenzaba a agradarle un poco, solo un poco.

Kaede llegó tras él mientras traía agujas de cocer y un ovillo de lana en un viejo cesto, seguramente para tejer mientras cuidaba de su joven ama. Inuyasha se hizo a un lado y le alcanzó una de las sillas blancas que se encontraban frente al escritorio de Kagome, la anciana se sentó y preparó sus agujas para comenzar a cocer lo que parecía una gorra.

—Valla a dormir un poco, amo.—sugirió.— Ha estado toda la noche despierto.—En unas horas amanecerá.

Inuyasha no produjo movimiento alguno, sino que permaneció en medio de la habitación con expreción pensativa.

—Yo... solo dormiré unas horas.— musitó.— Solo le pido que me despierte cuando Kagome cobre el conocimiento si es que sigo dormido.

La anciana asintió con su vista aún en su trabajo manual, sus ojos dorados recorrieron de ella a su ama de llaves, luego dio media vuelta y se dispuso a salir de la habitación para dirigirse a la suya, a pocos menos de unos 5 metros. Ahora que lo notaba, los padres de Kagome le habían dejado a ella la habitación individuál más grande de toda la casa, bueno, no estaba mal, despues de todo era su hija y la dueña de aquella manción a partir de ese momento.

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El sol del amanecer le dió de lleno en la cara, terriblemente molesto, frunció el seño y volteó en para darle la espalda a la luz, aún no había dormido lo suficiente, su cuerpo seguía algo cansado, aunque sabía que no debía remolonear tanto, había prometido levantarse en cuanto amaneciera... no recordaba por qué... Abrió un poco sus ojos y los centró en el reloj de su mesa de noche, ya eran las nueve de la mañana, con razón el sol le molestaba tanto... además, acostumbraba a esa hora ya haberse levantado hacía rato... Boztezó, ahora recordaba que se había acostado bastante tarde, había ido a buscar a la hija de los Higurashi, a la pequeña Kagome que ahora llacía dormida a dos habitaciones de la suya.

Juntó toda la fuerza de voluntad que pudo y descorrió sus mantas para levantarse por fín. Se dirigió a su baño, que era juztamente la pequeña puerta, pasando junto a el guardarropa en donde dejó colgada su camisa negra, y se lavó la cara con agua helada para apaciguar el sueño, las gotas de agua resbalaban por su flequillo plateado y ahora húmedo que al menos tapaba sus ojeras negras y hacía que sus orejas de perro blancas se movieran, molestas por el frío. Aún con eso no se iba el sueño, por lo que decidió tomar una ducha también helada. No era gran cosa, despues de todo, estaban a mitad de la estación de Primavera, había tardes en las que el sol castigaba... ya había mandado a pedir una piscina para cuando llegara el Verano.

Luego de haberse cambiado, se dirigió a la cosina a robar algo de comida, no solía ser tan señorial como para sentarce en el comedor a esperar a que le sirvieran el desayuno, sino que prefería robarlo él mismo, con su sigilo y rapidez nadie solía notarlo, por lo que vacíaba gran parte de la nevera en pocos segundos y en esa cantidad de tiempo o menos, ya se lo había deborado completamente.

—¿Desayunaste?— Preguntó su amigo al verlo salir de la cosina, con tono divertido.

Miroku era uno de sus huespedes y mejores amigos, aunque él también era un humano, ambos solían llevarse bastante bién mutuamente desde hacía años, por lo que él había decidido vivir en aquella manción cuando el padre de este falleció por una extraña enfermedad. A pesar de todo, aquel apuesto hombre de cabello castaño oscuro y ojos azules era todo un Don Juan que cada día acostumbraba conquistar los corazones de las sirvientas de esa casa o las mujeres del pueblo, no muy lejos de esa Manción, cada noche, él, el amo de la casa, debía soportar a sus "acompañantes" de las cuales cada una representaban era una historia diferente, las mujeres no solían durarle mucho, hasta lo había instado a él a probar el "sabor" de una historia nocturna, aunque se había negado, ya había tenido suficiente de mujeres con la última que había tenido hacía unos años atrás, de la cual no pensaba hablar. Pero si, Miroku era un gran tema, es más, en aquel momento, estaba marabillado con su nueva sirvienta, Sango, la cual siempre que intentaba hablarle le daba la espalda, ignorándolo, pero Miroku no se daba por vencido, había jurado conquistarla.

—¿Novedades?— preguntó Miroku.

Inuyasha se mantuvo pensativo por unos instantes.

—Ayer traje a Kagome, en este momento está durmiendo en su habitación del segundo piso.— contó. Luego entornó los ojos a él.— No se te ocurra molestarla, recuerda que ahora ella es la dueña de esta casa y puede echarte a patadas cuando se le antoje.

—De todas formas no tenía la intención.— respondió él con tono inocente.— ¿Acaso ya estás celoso?— preguntó, observandolo con suzpicacia.

El Hanyou bufó.

—No es eso, lo digo para advertirte. Kagome puede llegar a tener un carácter rudo cuando se enoja.

—Entonces me mantendré distante.—comentó su amigo con una sonrisa que mostraba sus dientes blancos.— Y... ¿Ya te hiciste la idea de cómo le dirás a Kagome toda la verdad?

Él suspiró.

—No, aún no... si se lo digo directamente le daría un ataque, bueno, creo que exagero... —agregó tras ver la mirada cervera de Miroku.— Pero si, es un golpe muy fuerte para ella, justamente ahora que comenzará a retomar su libertard.

Miroku entornó los ojos y posó una mano sobre el hombro de su amigo.

—Se que puedes.— lo alentó.— Despues de todo, te vienes con la idea desde hace años ¿No es así? Creo que desde que nació ella que debes haberte comenzado a preparar para el gran momento que es AHORA. Tan solo déjate llevar,—le aconsejó, Inuyasha lo escrutaba con ceriedad y algo de incomodidad por el asunto que debía tratar con ella en cuanto de despertara.— No creo que Kagome sea tan ruda despues de esos años tan duros por lo que ha pasado, a lo mejor es una chica dócil que logrará entender tus razones. Solo déjate llevar y verás que comenzarás a enamorarte de ella en pocos días.— dijo en tono de burla, luego rió ante la cara profunda ceriedad de su amigo.— Si quieres también puedes fingir.

—No me parece correcto fingir.—repuso entornando los ojos.— Sería un pobre diablo esclavizado por toda mi vida.

No le respindió nada, sino que se quedaron ambos en silencio por unos momentos al sentir pasos que provenían del primer piso y que luego bajaban la escalera, ambos caminaron hasta el final del pasillo para llegar al Living, donde encontraron a la anciana ama de llaves bajando por las alfombradas escaleras con lentitud.

Su corazón comenzó a latir rápidamente, seguramente Kaede bajaba para anunciarle que Kagome había despertado... entonces, él debía subir hacia donde estaba ella para comenzar su gran monólogo que la desconcertaría sobremanera y rogaba por que no volviera a desmayarse.

—¿D-despertó?—preguntó su amo en un susurro.

—No, aún no.— anunció Kaede con calma.— Solo bajé para desayunar algo, se me ha pasado mi hora sin darme cuenta.

Ahora sus latidos se habían calmado, hasta notó que sus manos había comenzado a sudar de los nervios del momento. Miroku lo miró con extrañeza, nunca había visto a Inuyasha tan nervioso ¿Es que encarar una situación personal e importante era tan frustrante como parecía?

—Miroku.—llamó Inuyasha.— acompaña a Kaede hasta el comedor para que desayune algo, yo iré a ver que todo esté bien.

—Ho... pero no hace falta.— repuso la anciana.

—No es molestia.— Inuyasha intentó sonreír con levedad.— Es parte de mi agradecimiento por desvelarce y preocuparse por Kagome y por mí.

Miroku caminó hasta Kaede cuando Inuyasha terminó su charla y se paró frente a ella mientras le extendía el brazo para que la anciana lo tomara.

—Permítame que la acompañe al Comedor.— se ofreció de una manera cordiál.

Kaede frunció el seño, luego caminó dejando al joven detrás de una manera altanera.

—¡Por favor, amo! Se lo digo con respeto, pero no soy tan vieja como para que alguien me escolte hasta allá, puedo mantener mi equilibrio yo sola.

Su amo sonrió con levedad, era verdad que Kaede no soportaba tanto que la trataran como a una anciana, ella aún tenía vitalidad como para hacer cientos de cosas, y la había visto hacerlas, era una empleada grandiosa.

Miroku volteó la cabeza justo cuando su amigo ponía un pié sobre el primer escalón para subir al primer piso.

—¿Vas a verla?—Preguntó.

—Si, no voy a dejarla sola.

Siguió su recorrido hasta el final del pasillo del primer piso, la última hilera de habitaciónes a la izquierda, la puerta pintada de blanco nacarado. Ella seguía dormida en su cama, aucente al mundo que la rodeaba, llegó a preguntarse que estaría soñando como para no permitirse despertar en horas. Se sentó a su lado mientras la examinaba detenidmente, no necesitaba agregar que despues de todo, Kagome seguía teniendo algunos razgos de niña a pesar de los años, el cuerpo pequeño, manos suaves y ojos grandes y resplandecientes (que había visto con anterioridad). A pesar de vivir como una condenada al encierro, no parecía sucia, estaba impecable, su cabello negro brillaba con la luz que entraba por los ventanales a ambos lados de su cama.

No, ella en ningún momento le había dejado de parecer atractiva, más bién, le gustaba en un sentido figurado, tal vez no figurado, pero si sentía que le atraía de alguna manera. De todas formas, aquel sentimiento había sido ayudado por sus pensamientos de años, sabía que fuera como fuera, debía aceptarla... y sabía que a lo mejor no tardaría en enamorarse de ella, a lo mejor ella tampoco, aunque lo que nunca debío hacer era jugar a ese estúpido juego de ser su padre... eso podría llegar a cambiar los pensamientos de Kagome y confundirla aún más... pero ya no debía seguir engañándose, de cualquier manera, tarde o temprano ella iba a caer, haría lo imposible para no llegar a un rechazo...

Casi por inercia, sin ser conciente de sus actos, se acercó hasta ella hasta sentir sus labios sobre los suyos, suaves, tibios, dulces. Quizo imaginarse que nunca antes habían sido besados por alguien más... a lo mejor, si las palabras de Kagome de que lo había esperado por tanto tiempo eran ciertas, ella no se sintió atraida por otro hombre en esos años, eso era lo que su mezquina mente quería pensar.

Kagome se movió un poco, aunque él no despegó sus labios de los suyos, los sentía de alguna manera embriagadores para él, demaciado dulces como para separarse. La chica entreabrió sus labios para decir algo, Inuyasha se separó de su beso solo un poco y observó que aún no había abierto los ojos... seguía dormida entonces.

—Inuyasha... —primero la contempló pasmado ¿Estaba soñando con él? Kagome sonrió y luego volteó un poco la cabeza hacia su dirección, aún dormida.— Pa...pá...

Se irguió completamente y suspiró.

—Soy un estúpido... —se dijo en un susurro casi inaudible.—¿¡Pero qué diablos estoy haciendo!?

Se paró y salió de aquella habitación a paso rápido, con un humor que había cambiado repentinamente. De alguna manera se sentía frustrado e indirectamente rechazado, no podía permitir que ella lo viera como el padre que no es. A partir de ese momento, se encargaría de hacer lo imposible para que ella cambiara esa maldita forma de pensar, iba a hacerla entender que no era su padre y nunca tubo la intención de simularlo... Todo contal de cumplir aquella promesa que le resultaba de cualquier manera interesante y avarienta.

Continuará


Primero que todo, les deceo Feliz año 2010 a todas!!! Que este año la pasen muy -muy bien y todos sus deseos se cumplan .

Segundo, quiero responder a un review que me había pedido que publicara más seguido los capis de Suki. Pues ya se que la diferencia del uno con el dos era de mucho tiempo, pero es que el uno lo publiqué como una "muestra" de lo que sería este fic cuando iba por la mitad de Angeluz, por eso había avisado que cuando terminara ese seguia con este. Y ahora voy a empesar a publicar normalmente, un capi por semana, cada Sabado (algunos dias me puedo extender hasta el lunes, maximo) jejeje.

Tercero, la semana que viene temo decirles que tal vez no publique porque me voy de viaje y no este durante toda la semana, asi que sepan disculparme u_u

Cuarto, el comentario personal del capi, bueno, lo que quiero aclarar que tal vez dejo algo de confución es el papel que Inuyasha juega, bueno, cuando la madre d Kagome estaba viva, ella le hizo prometer tres cosas, de las cuales una ya cumplio que era llevar a Kagome a aquella mancion cuando cumpliera 18, Bien, la segunda era contarle todas las dudas que quedaron desde el primer capi y q tal vez ustedes ya tienen, y la tercera es una algo comprometedora pues tiene doble condición para Inuyasha, es algo de lo cual tubo que "hacerce la idea" desde hacía años que, en parte, tiene un lado avariento, ya sabrán cual es. Siguiendo con mi comentario, ese beso que Inuyasha le dio a Kagome cuando estaba dormida puede contar como el primer beso de Kagome ;) ustedes juzguen que les parece, aunque como ella dormia, nunca lo sabrá, al menos de que Inuyasha mismo le cuente lo que hizo..........

Quinto, muchas felicidades a todas n.n (creo q ya lo dije) y grax por sus reviews a todas, tambien las q m ponen en Alert jajaja Ns vemos!!