Capítulo 4: Obscuro Pasado
—Tienes una cara bastante macabra hoy... —argumentó Miroku dejando reposar su cabeza sobre la palma de su mano mientras que con la otra llevaba una copa de vidrio cargada de licor a sus labios.— ¿Qué tienes en mente?
Su amigo mantenía sus ojos dorados clavados en la copa que descansaba sobre la mesa circular de madera como queriendo derretirla con la manera tan penetrante y concentrada que la miraba por más de 5 minutos seguidos, aunque no podía evitar que una pequeña sonrisa se formara en su cara tras las tretas en las que su mente ideaba, una mejor que otra, que serían irremediablemente irresistibles para su nueva "huésped".
—Bien, no me respondas.—Miroku bufó irritado, luego giró su muñeca con su copa aún en ella dejando que lo que quedaba del licor recorriera su recipiente en un movimiento circular.— Sea lo que sea, tiene algo que ver con la Señorita Kagome.
—Feh! Ni te imaginas.—susurró, luego alzó sus ojos dorados a su acompañante con algo de fastidio, este lo observó con el seño levemente fruncido, sin saber en qué pensaba ciertamente.— Acaba de llamarme "papá"... ¿¡Sábes lo que eso significa para mi!? Si no pienso en algo todo se irá a la basura y yo me quedaré sin nada.
—¿Tanto te importa ser el amo?—inquirió Miroku entre risas.— ¿Tanta avaricia tienes?
Inuyasha gruñó por lo bajo, realmente a él no le interesaba que quería y que no, de verdad, aveces Miroku no podía servir como todo un buen compañero de consejos, aveces podía llegar a parecerle tan fastidioso que llegaban a darle ganas de echarlo él mismo de aquella manción a patadas.
—¿De qué te enojas? Es la pura verdad, chico bestia.— Sonrió con burla, desde hacía tiempo solía llamar a su amigo de aquella manera para apaciguar la atmósfera opresiva que lo tormentaba, aunque las primeras veces se había mostrado molesto ante ello, luego había optado por solo pasarlo por alto. Y eso es lo que había vuelto a hacer, por lo que él volvió a dirigir la copa a sus labios hasta vaciarla de un solo trago.—Eso que tienes se llama avaricia—agregó tras dejar pasar el liquido por su garganta.—, como Kagome es la hija de los difuntos dueños de esta casa, se convierte en la eredera y la dueña de todo. Lo único que tu tienes que hacer es cumplir esa promesa y además aquel deseo abariento, es verdad, matas a dos pajaros de un solo tiro, pero sin amor no hay diversión, ni pasión, ni nada.
—¿Quién dijo que no habría amor?— inquirió Inuyasha con un tono algo macabro.— Claro que lo habrá, es más, ella misma me pedirá de rodillas que me case con ella.
—Aveces me pregunto si tu no tienes dos caras... —Miroku roló los ojos.— hasta esta mañana eras bastante amable, no puedo creer que ahora por una simple palabra que la Señorita pronuncia dormida parezcas un ogro enfurecido.
El medio-demonio no objetó nada; Se puso de pié y se dirigió a la ventana en donde se sostuvo de ella por su marco, su mirada pasó desde los jardines principales hasta más allá de la estancia, a lo mejor Miroku tenía razón, no podía enojarse con tanta facilidad, aunque tampoco podía negar que por culpa de aquel anhelo que tenía por poseer la manción lo obligaba a tomar aquel humor descabellado, no quería perder lo más valioso que tenía en ese momento, aquella casa era más que un hogar, era un cofre donde permanecían sus recuerdos de infancia... un lugar donde era respetado y reconocido como autoridad, debía admitir que pensar en perderlo todo lo frustraba de tal manera... A lo mejor también estaba celoso de aquella niña, deseaba ser el amo de aquella casa, aunque ahora su título se le sería arrebatado, volvería a ser tratado como a alguien inferior como a la servidumbre de aquella estancia... Aunque una parte de su mente le decía que Kagome no sería capás de hacerle eso, que lo trataría como a un igual, que no lo desacreditaría. Bueno, pues eso sería bueno si es que era tan ingenua como pensaba.
—¿Y que piensas que deba hacer?— preguntó, esta vez en un tono más calmado, volviéndose a su amigo.
Miroku se encogió de hombros.
—Yo opino que si realmente ambicias esta manción y deseas cumplir tu promesa con la madre de la Señorita, debes casarte con ella, en eso no me opongo. Pero estoy seguro que Kagome no tomará bien aquel acontecimiento si se lo dices como si fuera lo más normal del mundo.—llevó una mano a su barbilla y se mantuvo pensativo durante varios segundos que fueron eternos para su amigo.— Lo mejor sería que no le dijeras nada sobre eso.
Inuyasha frunció el seño.
—¿Y cómo se te ocurre que no se lo diga? Si no lo sabe, nunca se dará cuenta de lo que realmente quiero y de lo que debe rogarme.
—No es eso, usa la cabeza, Inuyasha. Mantenlo en secreto, ella se horrorizaría si lo supiera.—frunció el seño.— Mira, si tanto deseas que ella "caiga a tus pies" deberías enamorarla de la manera tradicional, se amable y romántico, muestrate como todo un caballero interesado en ella. Cuando sea el momento indicado, preguntale lo que siente y si da la ocación, háblale sobre ese casamiento. Seguramente en ese momento estará tan enamorada que no le importará, aceptará sin pensarlo.
Su plan pareció convencerlo, pues el Hanyou formó una leve sonrisa en sus labios demostrando que estaba de acuerdo con el plan. Descartaba lo anterior que había pensado, Miroku SI era un buen consejero y un buen maniobrador.
—¿Vas a ponerlo en marcha?— preguntó posando un codo en la mesa de madera circular.
—Esta misma tarde...— respondió el de ojos dorados tras asentir con la cabeza.— ...Comienza el juego...
Lo primero que hizo fue bostezar... cada sentímetro de su cuerpo dolía como si estuviera agarrotado, la cabeza le daba vueltas y podría jurar que estaba algo mareada... se sentía somnolienta, a lo mejor por el largo sueño, lo primero que se preguntó su mente fue cuanto había dormido aquel día, pues por la luz que iluminaba por sus párpados cerrados podía jurar que ya había amanecido hacía horas.
Estiró su cuerpo para así aflojar sus músculos agarrotados y sintió paz por primera vez desde que despertaba ¿A que se debía? A lo mejor por aquel aire que respiraba, tan diferente al que estaba acostumbrada a sentir cada mañana. Ese aire, antes viciado, ahora era puro y refrescante, el aroma de los pinos, elechos y sauces se mezclaba con el de varias cantidades de flores, especialmente jazmines que tomaban posesión de la mayor parte del aroma de aquel lugar. La luz era más clara y penetrante en sus ojos cerrados, parecía entrar plena y brillante, ya no se colaba por pequeñas grietas de polvo en ventanas cerradas en una habitación a oscuras... hasta la cama en la que se encontraba era diferente, el colchón era blando, suave, parecía nunca haber sido usado anteriormente por alguien pues olía a material nuevo, hasta podía jurar que era de aquellos colchones tan gruesos que te undes en ellos... tan reconfortante... definitivamente esa NO era su habitación en donde cada mañana despertaba, presa de los malos recuerdos y pensamientos que veía al abrir los ojos, cada viruta de polvo, cada visión en tonos oscuros dentro de ella le recordaban su miserable vida... aunque al abrir los ojos en aquella nueva atmósfera pura, todo había cambiado, era completamente blanca, el color blanco relucía en todos lados: paredes, muebles, sábanas, sillas, alfombras, adornos, juguetes, repisas, ventanas, cortinas... y era acompañado por un tono rosado pastel como en pequeños volados de encaje en las cortinas y sábanas o rayas rebeldes en algunos muebles para darles más gracia. Por primera vez al despertarse sonrió plenamente, se sentía una niña otra vez, hasta podría jurar que recordaba aquella habitación... había despertado allí cada mañana de su niñez si no se equivocaba, aunque solo presentía una sensación, no un recuerdo concreto... todos sus recuerdos habían "escapado" de su mente por arte de magia, como si sufriera de una extraña amnecia.
Se sentó en la cama y acomodó los almohadones tras su espalda, pudo contar hasta cinco de ellos, todos iguales, blancos con puntillas rosadas en los extremos. Debía estar soñando... eso era un paraíso, uno que nunca se había imaginado encontrar. Si no mal recordaba, esa debía ser una de las habitaciones de la gran manción de Inuyasha que tan familiar le parecía, a lo mejor si lo había conocido desde antes, solo que no lo recordaba ni a él, ni a su niñez, ni a nada de lo que había ocurrido antes de la muerte de sus padres, ni siquiera esa manción que había visto antes de desmayarse...
...Ahora recordaba también que se había llevado un gran susto, todo lo que había acumulado en el día anterior había sido el colmo al descubrir dos suaves y peludas orejas de perro en su cabeza ¿Estaba loca?¿De verdad eran orejas, como las blancas de Inuyasha? Llevó una mano a su corazón que había comenzado a acelerarse al pasar por su mente el pensamiento de volver a tocarlas y serciorarse de que se encontraban allí... respiró hondamente varias veces antes de alzar sus manos hasta su cabeza y rozar las puntas de sus nuevas y extrañas orejas con sus dedos... Definitivamente, allí seguían... dio un respingo al volver a sentir su suavidad en las llemas de sus dedos, pero eran agradables y sentía una sensación de calma al acariciarlas, como si estuviera resiviendo un reconfortante masaje. Rápidamente despegó sus manos de sus orejas, parecería una idiota haciendo eso, creía que volvería a quedar dormida si seguía así.
Pudo sentir pasos tras su puerta, se oían lejanos, como si estubieran subiendo una escalera y luego caminando por un largo pasillo, los pasos tardaron casi cinco minutos antes de sentir a la persona que los efectuaba parar frente a su puerta, sus nuevas orejas se movieron molestas ¿Tanto podía escuchar ahora?
La puerta de un color blanco nacarado se entreabrió para dejar paso a un rostro anciano, parecía una mujer ya entrada en sus sesenta años mas o menos, su rostro, surcado de arrugas, parecía sorprendido al verla, aunque luego le brindó una cálida sonrisa.
—Buenas tardes, joven Ama.—saludó con una voz desgastada por los años, aunque no perdía aquel tono tan amable.—¿Puedo entrar?
La chica asintió dos veces con la cabeza, desconcertada ¿Ama?¿La había llamado Ama? ¿Desde cuando ella era Ama de algo? Toda su vida había sido cosa inferior... bueno, lo que recordaba haber sido con su padrastro... a lo mejor, aquellos tiempos que no recordaba había llegado a ser algo importante gracias a sus padres. Observó a la mujer sentarse en una silla de madera a su lado, seguramente ya lo había hecho antes cuando ella dormía.
—¿Ha dormido bien?—preguntó.
—S-sí.—respondió ella, algo intimidada.—¿Ya es tarde?
—Ho... me temo que si, mi ama. Son ya pasadas las doce del mediodía... pero no se preocupe.— la anciana le brindó una amable sonrisa.— Está justificada, de cualquier manera, es dueña de esta casa y puede hacer lo que quiera, generalmente somos los sirvientes los que nos levantamos temprano.
Ella no respondió nada, sino que se removió incómoda en su cama.
—Ha... no me he presentado, que descortés.— La anciana se puso de pié y manifestó una pequeña reverencia.— Mi nombre es Kaede, el ama de llaves de esta manción, también he sido su niñera cuando usted solo tenía pañales, aunque tal vez no lo recuerde.
—M-mucho gusto... —hizo una reverencia con la cabeza, con sus mejillas levemente enrojecidas, definitivamente aquello era inusuál, no podía creer que en aquel lugar fuera la dueña, aún no lo creía, ni menos que tuviera sirvientes que la trataran con tanto respeto.— Y... realmente no... no recuerdo absolutamente nada de... de usted o de este lugar...
Kaede se irguió lo más que le permitió su anciano cuerpo y volvió a sentarse en la silla, sus ojos ancianos contemplaron cada centímetro del rostro de Kagome, tan pura, ingenua e infantíl que se veía, también podía ver un poco de timidez en sus ojos castaños.
—Si... eso nos temíamos todos... —sus cejas se juntaron al fruncirce.— Le contaré un poco de la historia que no recuerda, ama. Claro que si usted está de acuerdo.
—¡Por supuesto!
Sus ojos brillaron emocionados mientras su corazón volvía a acelerarse expectante, finalmente encontraría la respuesta a tantas preguntas que había llegado a hacerse en su mente... escuchó el relato de Kaede con suma atención; Primero ella exhaló aire y volvió a inhalar para comenzar.
—Bueno... espero que con esto pueda ayudarla a recordar ciertas cosas... como sabrá, usted es hija de los Higuarashi, una familia muy reconocida por estas tierras por sus poderes terrenales, a ellos les debo mucho, eran muy amables con los más necesitados, de actitudes indiscutibles...—hizo una pausa mientras la escrutaba con sus ojos, Kagome la escuchaba atentamente con una expreción ceria, lo que la obligó a proseguir.—Su padre, señorita, era muy buen amigo del señor Taisho y su esposa, por lo que cuando ellos tuvieron sus problemas, su padre, los resguardaró en esta manción como sus huéspedes. Los Taisho eran ambos demonios, aunque el señor Taisho se divorció de su primera mujer, dejándola con un hijo el cual ha vivido en esta manción hasta hace casi treinta años. Luego se casó con una humana, la cual dio a luz al segundo hijo del señor Taisho, a un Hanyou, al igual que usted, y que aún permanece en esta casa.
—Se refiere a Inuyasha ¿no?— puntualizó Kagome.
La anciana ama de llaves asintió.
—Los Demonios y los Hanyou tardan mucho tiempo en envejecer... por lo que le estoy hablando de hace casi un siglo atrás... Cuando su padre se casó con su madre, el amo Inuyasha ya tenía la apariencia que en este mismo momento tiene, por lo que no ha envejecido ni un poco en estos veinte años, o si lo ha hecho, no se he notado casi.
Ahora comprendía en parte, por qué Inuyasha no había cambiado nada la "primera" vez que lo había visto, una de sus tantas preguntas era por qué seguía teniendo la apariencia de —lo que había llegado a pensar— un "joven príncipe"... recordaba, en aquellos días en que añoraba volverlo a ver, que cuando aquel momento se hiciera realidad, encontraría a un hombre maduro, casi entrando a los treinta años de edad... casado tal vez... —lo que debía aceptar que le había molestado un poco aquel pensamiento— Aunque al volverlo a ver había surgido su duda, aunque en parte no se había desilucionado como esperaba, es más, lo había tomado como un "milagro" ¿A qué se debería ese pensamiento? También debía admitir que le gustaba la compañía de él, que realmente lo quería, le tenía un afecto especiál... tal vez porque lo consideraba su príncipe, su salvador... su...
—Lo que más debo confesarle, ama.—repuso Kaede sacándola de sus pensamientos y produciendo que volviera a clavar la vista en ella.— Es que sus padres no murieron en un accidente como le han hecho imaginar todos estos años.
La chica frunció el seño, confundida ante eso.
—¿P-pero...? ¿Cómo... cómo fue entonces...?— su voz se había quebrado un poco. Toda su vida había creído que así había sido, por lo que Náraku le había contado... pero era Náraku quien se lo había contado... y ella le creía, ahora que se daba cuenta, nada de lo que él le habría contado de sus padres era cierto, tenía esa intuición.
—Los... ascesinaron...— Kaede agachó la vista, su voz también se había debilitado un poco por la nostálgica tristeza.— Cuando usted nació... los habían amenazado de muerte... por lo que sus padres ya se temían lo peor... por eso, su madre intentó tomar las más necesarias precauciones para tu futuro.
—¿Quién los... mató?— Su voz estaba seca, al igual que su garganta, sus palabras había brotado como un susurro inaudible casi, aunque logró llegar a los oídos de Kaede.
—Un hombre ambicioso que deceaba estas tierras como suyas. Realmente, él había planeado todo desde que su madre había notificado su embarazo... todos sabían que usted sería la heredera de esta gran estancia, claro, usted y su futuro esposo, el cuál elegiría con los años, por lo que aquel hombre los amenazó de matarlos si no le entregaban su mano para que te casaras con él y así ser él quien poseyera todo esto, sus padres claro que se negaron, por lo que él los mató.
—¿Quién... fue capás de... de planear algo tan... sucio?—repuso entre dientes, sus manos aferraron con fuerza sus sábanas, arrugándolas de ira y desprecio por aquel hombre, aquel ascesino... sentía azco por él aún sin saber de quien se trataba...
Kaede se enjugó las lágrimas que habían comenzado a brotar de sus ojos, luego volvió a tomar una postura derecha y seria, demaciado seria.
—También lo conoce... un demonio que vive entre los humanos resguardado como si fuera uno de ellos para poder protegerse de los que habían intentado vengar a los Higurashi... Naraku... fue quien los mató.
Kagome se llevó una mano a la boca horrorizada... no podía creerlo, aunque al mismo tiempo, no tenía duda de lo que Kaede le decía. Sabía que su padrastro era capás de eso... pero... pero... ¿Matar a sus padres y luego fingir tristeza por ellos? Recordaba parte de su funeral... personas vestidas de negro que funcionaban como sombras para ella pues no lograba reconocerlas ni saber de quienes se trataba. Ella permanecía tomada de la mano de una señora la cual tampoco reconocía, pero no lloraba. También recordaba ver a su padrastro pronunciando palabras de despido para sus padres fallecidos, los cuales ahora sabía, que él mismo había matado.
—¡Al principio no sabíamos nada!—se justificó Kaede.— Una noche, el amo Inuyasha me contó todo lo que yo le estoy diciendo ahora...
—No... no puedo creerlo... —susurró Kagome con un infinito dolor.
Ahora entendía mucho más, tal vez por eso Náraku la había nombrado su prometida, a lo mejor queria casarce con ella para cumplir aquel cometido que deseaba por años y así, reclamar aquellas tierras que tanto ambiciaba como suyas... ese debía ser su plan... además de impedir que Inuyasha la apartara de él... seguramente tenia todo bien planeado desde hacía tiempo... maldito despiadado...
—Cuando los Higurashi murieron, Naraku tomó su custodia, señorita, aún sin ser pariente suyo, ni nada, solo había llegado a ser casi un amigo para tu padre, aunque él nunca se había mostrado muy interesado en la amistad que Naraku le brindaba, sabía que era un interesado. La custión es que él llegó a ser su padrastro gracias a sus otras amistades, llegó a sacarla de esta casa y alejarla de todos nosotros para llevarla al otro lado del bosque, donde sería mucho más dificil quitarle de sus manos... todos sabíamos que la custodia terminaba cuando usted cumpliera los dieciocho años, por eso creo que Naraku intentaba tomarla como esposa, para cumplir por fin su avariento plan.— volvió a hacer una pausa.— Luego de la muerte de sus padres, la casa fue tomada por los Taisho, y luego de ellos, hasta ahora, el amo Inuyasha, el cuál llegó a contarme que su madre, señorita, le hizo jurar varias cosas que la pondrían a salvo de Naraku.
—¿Mi madre... lo hizo jurar?— inquirió extrañada.
Kaede asintió.
—Ella no quería un mal futuro para usted, y sabía que Naraku haría lo imposible por tener su custodia, por lo que hizo al amo prometerle que cuidaría de usted día y noche en secreto y que interviniera si realmente lo necesitaba. También lo hizo jurar que al vencer el contrato de custodia, la trajera de regreso a esta casa antes de que Náraku intentara hacer algo con usted; y que le dijeramos toda la verdad para que se informara y se mantuviera a salvo aquí, lejos de ese hombre.
Kagome no objetó nada, aquellas ultimas oraciones de Kaede la hicieron sentirse incómoda al recordar a Náraku intentando tomarla como su mujer a la fuerza, si no mal se equibocaba aún permanecía envuelta con aquella manta colorida...
—Inuyasha ha sido muy amable con mi madre en cumplir sus promesas... —comentó la chica.
La anciana asintió, si fuera por ella, le diría la faltante... la que, por orden de su amo, debía ocultarle... su casamiento con él. Aún no entendía la forma de pensar del amo, era una cosa extraordinariamente marabilloza el casamiento de ambos, solo que él no deseaba que la señorita lo supiera... pero no se equivocaba, la señorita accedería al instante, sabía que le tenía un profundo cariño al amo, y que a ese cariño no le tomaría mucho transformarse en amor.
Hubo un momento de silencio, en el cual Kagome permanecía con la vista clavada en sus manos, shockeada al repasar todo lo que Kaede le había contado, principalmente sobre el ascesino de sus padres... Náraku... su padrastro...
—¿Desea algo, señorita?— irrumpió Kaede poniéndose de pie.
—Ho no... por supuesto que no... —se apresuró a responder.— Solo me gustaría saber si puedo hablar un momento con Inuyasha.
—Me temo que no se en donde se encuentra, dijo que saldría por unos momentos... pero si quiere, puede recorrer su casa mientras lo espera.
Kagome sonrió gratamente mientras afirmaba con la cabeza, sería extraordinario, y tal vez podría recordar cosas de su niñez al ver cada rincón de aquella manción... Rápidamente se preparó para descorrer sus mantas y levantarse, auque recordó que se encontraba semi-desnuda cubierta solo por una tela de montar para caballos, sus mejillas tomaron un color rojizo de vergüenza y se volvió a acomodar en su cama, arrepentida.
—M-mejor no... no c-creo que sea c-conveniente... —tartamudeó.
La ama de llaves arqueó una ceja, luego contempló las mejillas enrojecidas de la muchacha y su cara de turbación, ahora entendía, había olvidado por completo que al llegar a esa casa, su ama apenas vestía ropa alguna, en pocos segundos se dirigió al guardarropa junto a la ventana y abrió dos de sus tantas puertas, comenzó a revisar en su interior unos instantes antes de introducir su mano y sacar una prenda de aquel armario blanco la cual extendió sobre la cama de su ama que observaba la prenda anonadada.
—Aquí tiene una infinidad de vestidos para elegir, unos eran regalos de sus padres y otros los compró el amo hace tiempo. Recuerde que esta es su casa y tiene todo lo que necesita aquí. —sonrió mientras le quitaba una arruga a la prenda.— Puede usar este si gusta, sino, tiene varios en el guardarropa.— Luego se irguió y efectuó una pequeña reverencia con la cabeza.— Me retiro para que pueda cambiarse, señorita, si me busca, estaré en el living.
Salió por la puerta dejándola sola, Kagome aprovechó el momento para salir de su cama y observar la prenda que Kaede había dejado sobre su cama, un hermoso vestido color rosa pastel, de mangas infladas y escote en V, cintura estrecha y caida delicada, con un brillante tul sobre esta. Era hermoso, por supuesto que no iba a dudar en usarlo, con rapidez de quitó la manta y se vistió con aquella hermosa prenda. Se observó en el gran espejo que reposaba sobre el escritorio, realmente parecía una princesa con ello, rebuscó en los cajones de este hasta encontrar una hevilla del mismo color que el vestido y atarla a su pelo formando una media coleta con su cabello. Volvió a observar cada cajón que escondía infinidad de accesorios que podría convinar; hevillas, anillos, guantes, brazaletes, tiaras, moños, pulceras, guantes de diferentes longitudes, collares de perlas y de otros tipos y hasta pinturas femeninas, aunque no quizo usarlas, nunca en su vida se había pintado los labios siquiera, mejor no tocarlo. Cerró los cajones y abrió el guardarropa, lo cual no pudo retener un grito de exaltación, en su interior relucían vestidos impecables de cualquiera de los colores inimaginables, largos, otros más cortos, con diferentes diseños y encajes, sueltos, ajustados... infinidad de ellos relucían allí... cada uno con sus respectivos zapatos... nunca en su vida había visto tantos vestidos... ni mucho menos si eran para ella.
No podía evitar sonreír ampliamente al salir de su habitación, estaba irremediablemente feliz. Caminó por un largo pasillo el cual observo varias habitaciones, algunas puertas eran tan grandes y altas como la sulla, pintadas de tonos claros, todas llevaban carteles con el nombre de su respectivo huesped, las que pudo llegar a leer por aquel pasillo fueron las que llebaban por apellido "Taisho", la habitación que parecería la más grande titulaba "Sr. y Sra. Taisho" en letras doradas; Las dos habitaciones enfrentadas a aquella tenían un cartel más pequeño, aunque sus letras relucían en plateado; una titulaba "Niño Sesshomaru" y la otra "Niño Inuyasha", llegó a preguntarse si tras esas puertas encontraría una habitación infantil, pues Inuyasha ya no era un "niño" desde hacía tiempo, y llegó a imaginarse que Sesshomaru podría tratarse de su hermanastro, el cual Kaede le había dicho que se había ido de allí hacía más de treinta años atrás.
Al final del pasillo se encontró con una joven de ojos y cabello castaños, atado en una coleta, que vestía un vestido común rosado y un delantal verde, parecía ocupada limpiando los cuadros de paisajes que adornaban las paredes, aunque al verla, primero la obervó con algo de intriga, Kagome se sintió otra vez intimidada, a lo mejor era demaciado exagerada la forma en la que vestía mientras el resto de las personas que allí estaban tenían solo trajes de servicio doméstico, llegó a sentirse mal consigo misma...
—¡Buenas tardes!—la joven hizo una leve reverencia.— Usted debe ser la señorita Kagome.
—Amm... bueno... s-si... —respondió ella con una sonrisa incómoda.
— Mi nombre es Sango Kohayaru, la encargada de la limpieza y el jardín.— la joven alzó sus ojos castaños a ella, era un poco más alta, aunque su cara no demostraba más que amabilidad.—Mucho gusto.
—Lo mismo... digo... —respondió, ahora sonriéndole más libremente.
—Yo jamás la he visto, solo he comenzado hace unos meses quizá... pero se con certeza que usted ahora es mi ama y también podríamos llegar a ser buenas amigas, si usted lo decea.
—¡Ho por supuesto!—admitió felizmente, no le importaba si sonaba algo fuera de contexto su tono de voz esperanzado, aunque pensar en tener migos en aquel lugar la hacía sentirse más a gusto pues jamás había tenido uno.
Sango le devolvió la sonrisa y se alizó las arrugas de su delantal verde.
—Si necesita algo por favor dígamelo. Puedo ayudarla en lo que sea.
—Si emm... ¿Tiene idea cuanto tardará Inuyasha en volver?—preguntó tras un silencio.— Kaede me dijo que se había marchado y no sabía nada al respecto.
La sirvienta levó una mano a sus labios y los rozó levemente con sus dedos mientras pensaba, pasados unos instantes asintió con la cabeza de súbito.
—Ahora recuerdo que ví al amo en el jardín hace un rato, creo que estaba ayudando a Miouga con los caballos, si no me equiboco debe seguir ahí.— comentó ante la mirada expectante de su ama.
—¡Muchisimas gracias!— Kagome hizo una leve reverencia y se encaminó escaleras abajo hasta llegar al living, allí encontró a dos personas hablando calmadamente, si no se equivocaba, una de ellas era el ama de llaves y la otra persona se trataba de un hombre alto, bastante apuesto con aquellos ojos azul marino y el cabello negro atado en una pequeña cola en su nuca. Al hacerse presente entre ellos, ambos la observaron, la anciana con dulzura y el hombre con algo de desconcierto.
—¡Está bellizima ama!—comentó Kaede.— Sabía que ese vestido le quedaría bien... el amo Inuyasha quedará facinado al verla tan hermosa.
La chica se ruborizó y bajó la vista turbada, Inuyasha... como anciaba verlo... tenía tantas cosas que decirle... tanto que agradecerle... pensar en que él la miraría con ojos llenos de expectación la hacía estremecerse, aquellos ojos dorados, intensos, brillando de esa manera... Pero que idiota era en pensar eso, sintió que enrojecía más.
—¿Usted es la señorita Kagome?— preguntó el hombre dando unos pasos hacia ella.— Realmente si que se ve preciosa...
El hombre tomó su mano y depositó un largo y cálido beso en ella, Kagome lo contempló consternada por unos instantes, de verdad que se comportaba como un caballero, aunque sus alagos la ponían incómoda. Luego de despegar sus labios de su piél, el alzó su vista hasta clavarla en la de ella y le sonrió de lado, de una manera provocativa. Pudo darse cuenta de aquella mirada que le otorgaba era la misma mirada que se había imaginado que tendría Inuyasha, solo que no estaba reflejada en ojos ámbar, sino unos azules que simulaban el mar en ellos. No pudo evitar reir incómodamente.
—Mi nombre es Miroku, un muy buen amigo de Inuyasha... Y... veo que mi gran amigo tiene mucha suerte en tener una huesped tan bella como usted... No sabe como lo envidio...
—Ha... b-bueno g-gracias...—respondió de forma cortés, pero turbada.— M-mucho g-gusto... de co-conocerlo también...
—¡Ho... por Kami Sama...!—refunfuñó Kaede mientras se arremetía contra Miroku y tironeaba de su camisa (que hacia un exelente juego con sus ojos) hasta alejarlo unos cuantos metros de Kagome.— ¡Deje a la señorita en paz... si no es que quiere que el amo lo heche de esta casa a patadas...!Ya hemos hablado sobre esto, Señor Miroku.
El hombre suspiró resignado, luego mostró sus blancos dientes a Kaede en una sonrisa un tanto inocente.
—B-bueno y-yo m-me iré un momento al jardín.— anunció Kagome a quien Miroku le daba la espalda para complacer a la anciana con aquella sonrisa. Ninguno comentó nada, lo que la calmó un poco y se esfumó de allí lo más rápido que pudo.
Kaede frunció el seño disgustada y alzó su dedo índice para amenazarlo.
—Agradezca que no le diré nada de esto al amo, porque si se entera le irá mal. Usted ya lo conoce y ya a hablado con él... La señorita es su prometida, no puede coquetearle.
—No, ella no es su prometida aún.—se excusó Miroku.— Inuyasha ni siquiera quiere hablarle sobre ello.
—Pero usted lo conoce, sabe lo celoso que puede ser. Creo que no perdonará ni siquiera a su mejor amigo por una falta tan grande como coquetearle al ama.
Lo vió suspirar y alzar la vista al techo, luego caminó lejos de ella hasta caer sobre el sillón de cuero negro con los brazos extendidos a ambos lados de la cabecera.
—De acuerdo, Kaede... de acuerdo... Pero debo admitir que es hermosa... —arqueó una ceja.— Si es que Inuyasha planta cabeza y llegaran a casarce, yo me encarharé de la despedida de soltera de Kagome.
Rió con ganas al ver a la anciana ama de llaves enrojecer de rabia, hizo un gesto con su mano a modo de que ella se diera cuenta de que solo bromeaba, aunque solo obtubo una mirada de hielo por su parte antes de dar media vuelta y encaminarce a la cocina echando chispas y refunfuñando cosas por lo bajo.
El jardín era extremadamente bello, el suelo estaba cubierto de pisos de cerámica grises con grabados en ellos, a los costados, desde unos centímetros apartados de las puertas hasta unos diez metros estaban construidos unos canteros altos con infinidad de plantas florales decorándolos. Caminó hasta pasar por una mesa de madera circular de jardín hasta terminar el piso de cerámica, donde sus zapatos sin taco pisaron un pasto verde y brillante de lo bien cuidado que estaba. Alzó sus ojos al cielo azul que se extendía sobre su cabeza, ni una nube lo cubría, era un día caluroso, pero agradable a la vez. Más allá del horizonte pudo ver como se extendía la estancia, era enorme, hasta donde sus ojos pudieron detectar fueron algunos árboles aislados alrededor de la manción, no muy lejos, más allá algunas plantas silvestres y casi sin ser visto por la lejanía, el bosque de donde habían llegado, en donde sabía que al otro lado encontraría un mundo diferente.
Frente a la casa, no demaciado lejos de donde se encontraba pudo ver un henorme árbol, parecía viejo, pero tenía una gran copa repleta de hojas verdes y pequeñas pero cautivadoras flores rosadas que daba una cálida sombra, debajo de él divisó a una persona, aunque no pudo reconocerla pues estaba sentada, recostando su espalda en el tronco del árbol, disfrutando su bella y cálida sombra. Solo cuando la persona se puso de pié para tomar una de las flores rosadas que daba el árbol, pudo distinguir el cabello plateado callendo desordenadamente por su espalda, no cabía duda de quien se trataba, por lo que no evitó ocultar una sonrisa y dirigirse hacia él, sintiéndose una niña otra vez al sentir el viento rozar sus cabellos, desparramándolos tras sí, por lo que no pudo evitar comenzar a trotar lentamente hacia su lugar para llegar más rápido a su encuentro.
Continuará
Hola a todos!!! Quiero agradecer por sus firmas primero que todo n.n parece que les gusta este fic y eso es suficiente para mi jajajaj. Quiero disculparme por no subir la semana pasada, pero ya comenté la razón en el capitulo anterior, unas pequeñas vacaciones que me duraron hasta el domingo :p por lo que cuando llegue me puse a escribir un poquito todos los dias hasta q termine recien jajaja
Quiero comentar que este capi se me da más como novela que como fic, no se bien, será porque tiene mucho más detalle que lo que suelo escribir, o porque lo hago muy extenso, lo único que se es que para escribir este fic, novela o como quieran llamarlo estoy poniendo mis baterias al máximo jajaja asi q tambien m disculpo si lo encuentran muy denso.
Creo que eso es todo, y ya saben la ultima promesa de Inuyasha, aunque creo que ya se la imaginaban desde antes, veamos que pasa con él... que se le ocurrirá para "conquistar" a Kagome :p y hacerla cambiar de parecer, lo unico que les adelanto es que no sera muy facil a pesar de que parezca que Kag s siente atraída por el. No diré mas, el resto es confidencial :p
Que tengan una linda semana, y lo de siempre, agradezco la molestia q s toman en dejarme los reviews, tambien pido que disculpen mis faltas ortograficas u.u y nos vemos el proximo sabado!!!
