Capítulo 5: Comienza el juego

Sus pasos llegaron hasta oídos del chico que volteó instantáneamente cuando solo faltaban más de tres metros para llegar a su lado, sus ojos dorados la examinaron fugazmente, una mínima sonrisa surcó su rostro ante la esbelta figura de Kagome, aquel vestido marcaba de una manera perfecta su cintura pequeña pero bien formada. La joven llegó a su lado rápidamente, su cara semi-redonda estaba rosada y estaba seguro de que no se trataba de ningún maquillaje.

—Buenos días.—saludó con algo de exaltación.

—Buenos días... —repitió él sin dejar de mirarla, más bien, de observarla en todo su esplendor. Hasta su cabello brillaba, instándolo a que lo tocara, seguramente sería sedoso y suave, por lo que sus dedos se movieron ansiosos junto a él, aunque se resistió a hacerlo.— Ese vestido te deja muy bien...

—Gracias.—ella le dedicó otra sonrisa.

Inuyasha negó con la cabeza, por lo que Kagome frunció el seño, confundida.

—...pero le falta algo.—repuso.

Sus ojos dorados bajaron hasta su mano que sostenía la pequeña flor de cerezo que había arrancado del árbol instantes atrás, jugueteó con ella entre sus manos, sus ojos vagaron hasta Kagome que miraba la flor aún, sin entender, por lo que se acercó unos cuantos pasos a su lado. En ese momento recibió una mirada algo asustada, pudo recordar los momentos que había pasado con Naraku y comprendió el por qué de su mirada que destellaba cierto cuidado, aunque solo rió por lo bajo y depositó la flor detrás de su oreja, enredándola delicadamente entre algunos mechones de su pelo.

—Mucho mejor.— terminó él dando un par de pasos para alejarse y otorgarle otra vez su tan preciado "espacio personal".

Kagome alzó su mano hasta rozar los pétalos de la flor con sus dedos, su cara tomó un tono rojizo al instante, aunque luego alzó los ojos castaños a él.

—Es muy linda...

—Es una flor de cerezo,—sus ojos del color del ámbar se alzaron hasta las ramas del árbol.— generalmente las flores crecen en esta estación, esta flor es la más rosada que encontré entre todas. Este árbol es más antiguo que yo, creo que era un niño cuando había comenzado a florecer por primera vez.

Kagome no respondió nada, sino que miró a Inuyasha con algo de nostalgia, él había hecho mucho por ella, según lo que Kaede le había contado, ahora debería devolverle ese favor... ¿No era así?

—Hablando de eso... —Kagome rompió el silencio.— Kaede me... contó todo.

—¿Todo?—aquellos ojos la perforaron con la mirada, el tono de su voz había perdido su calma, ahora parecía... ¿nervioso acaso? Ella solo optó por asentir con la cabeza.

—Bueno... supongo que es todo, me contó varias cosas de mi infancia que no recordaba... también que mi madre te había pedido que le hicieras algunas promesas.

Su corazón latió agitado, rogaba a Kami Sama que Kaede no le hubiera contado acerca de su casamiento, bueno eso no cambiaría mucho el nuevo plan que había ideado con Miroku, pero al menos cambiarían ciertos puntos...

—¿C-como qué?—preguntó, frunciendo el seño.

—Bueno... que cuidaras de mi... que me trajeras a este lugar y que me contaras todo lo que no sabía... son todas, creo.—contó sin entender rotundamente la expresión seria y preocupada de Inuyasha, que luego de eso, pareció calmarse un poco.

Este suspiró y se dejó caer a los pies del árbol, recostando su espalda en el tronco, ella se acuclilló a su lado, intentando no pisar los bordes de su nuevo vestido.

—Entonces ya lo sabes... —dedujo en un suave tono.— Me refiero a tus padres y a...

—¿...Naraku?—terminó la frase por él, sin hacer ningún esfuerzo por evitar agachar la mirada y sentirse, de alguna manera, impura al recordarlo...— Aquel hombre... nunca voy a perdonarlo... todo lo que me hizo... todo lo que ha hecho durante estos años... Ahora entiendo por qué... por qué quería casarse conmigo... es un hombre muy ambicioso también.— sus palabras destellaban odio, un odio que había comenzado a crecer muy lentamente en su interior, aunque jamás se había atrevido a liberarlo, hasta ese momento.

Inuyasha la escuchó con atención, si que parecía afectada, Kagome parecía despreciarlo más ahora que antes. Al menos, eso era una buena señal, quería decir que se cuidaría de él, de cualquier modo, no iba a dejar que volviera a verlo otra vez, iba a ser lo imposible por mantenerla lejos de él.

—Lentamente irás recordando todo.—le dijo.— Tu misma me dijiste que no recordabas nada, por lo que ya te llegarán los recuerdos de a poco, lo que tienes es amnesia. Desde que caíste en sus manos, recuerda que él tambien es un Demonio... uno que ha estado borrando todos tus recuerdos hasta que ya no recordaste nada, pero ahora que estas lejos de él, no tengo duda de que regresarán.

Ella asintió con la cabeza, se quedaron un largo rato en silencio, por lo que aprovechó para oir el susurro del viento agitar las ramas del cerezo y el trinar de los pájaros no muy lejos... realmente aquello era un paraíso, uno sin fin. Si no se equivocaba, la estancia era enorme, y seguía más allá del horizonte, hasta donde sus ojos podían llegar a ver...

—Lo más extraño de todo.—agregó Inuyasha irrumpiendo el silencio y obligándola a que volviera a mirarlo.—Es que Naraku tenía su propio terreno antes. Por lo que sabemos, vivía a gusto allí con su esposa y sus hijos... todo se complicó luego, cuando naciste...

—¿Naraku tiene hijos?—preguntó ella, frunciendo el seño, incapaz de asimilarlo.

—Si, se llaman Kanna y Hakudoshi, su madre es Kagura... creo que los niños deben tener una apariencia de diez años más o menos.

—¿Y los dejó?—inquirió.—¿Así como así?

—Eso parece, pero ellos no vivían en una estancia tan grande como esta. Por eso opino que quería casarse contigo.

—¡Pero cuando tomó mi custodia me trataba muy mal!—se defendió.

—Porque eras una niña.—repuso Inuyasha cortante.—Por eso te llevó al otro lado del bosque, donde crecerías mas rápido y así, más rápido tendría lo que quería.

Kagome no fue capas de responder nada en su defensa.

—Si lo hubiese sabido desde antes... todo el tiempo él me había estado usando como un objeto... ¿No?—su voz desprendía melancolía, no lo miraba a los ojos, se sentía miserable— solo me veía como su boleto a la ambición... Ya veo... y mientras crecía se satisfacía con Kikyo...

En ese momento, pudo notar extrañamente como Inuyasha se turbaba, no pudo evitar alzar completamente sus ojos a él, parecía haberse incómodado cuando la había mencionado... ¿Qué estaba pasando? Su imaginación vagó por los únicos momentos que había visto a Kikyo y a Inuyasha juntos... ella le había coqueteado, pero él no le había hecho ni el mas mínimo caso... ¿Entonces por qué aquella expresión? Ahora sus ojos dorados no se atrevían a mirarla a la cara. Su corazón se aceleró, no, era imposible que algo hubiera pasado entre ellos, nunca más se habían visto, por lo que sabía... Inuyasha era incapás además de todo, cuando era niña y ellos se habían conocido, según recordaba, se había puesto celosa de Kikyo... debía admitirlo, debía aceptar que había demido perder a "su príncipe" durante esos momentos... pues un hombre enamorado no suele perder el tiempo con niños.

—¿Pasa... algo?—le preguntó, solo para saciar sus dudas.

Él negó con la cabeza, luego volvió a mirarla.

—No, solo...—sonrió con algo de culpa.—Había olvidado quien era, pero ya lo recordé.

Se puso de pié y le tendió una mano para que también se levantara, pudo notar que ella lo miró con algo de desconfianza, seguramente no le creía y estaba en su derecho, además, quién le creería aquella tonta excusa... ni siquiera él era capás de asimilar que tan estúpido e infantil era lo que había dicho.

—Acompáñame.—sugirió amablemente, intentando olvidar el tema.—quiero llevarte a ver a alguien.

Ella asintió y tomó su mano, él comenzó a caminar lejos del árbol, por lo que lo siguió. Rodearon la mansión hasta que se hizo visible un amplio granero, un anciano casi calvo, de escasa estatura, de ojos grandes y saltones y bigotes puntiagudos salió del granero con un balde de agua casi vacío entre sus manos.

—Buenos días ama.—saludó dirigiéndole una pequeña reverencia a Kagome que hizo lo mismo. Luego, sus ojos saltones miraron a Inuyasha.— Ya terminé con lo que me pidió, amo.

—Gracias, Mioga.—Inuyasha parecía gustoso.— Te debo una.

—No es nada.—el anciano con aspecto de pulga estiró sus labios en una sonrisa agradecida.—Cuando los amos quieran, pueden pedirme lo que sea. Ya sea relacionado con la vegetación o los animales.

El anciano se retiró lentamente, evitando arrastrar los pies, ella lo contempló con cierta lástima hasta que se perdió de vista al doblar la casa, sus ojos castaños volvieron a Inuyasha, con algo de reproche.

—Ese hombre debería jubilarse.— recriminó.— Tendrías que hacer algo al respecto.

Inuyasha solo rió divertido.

—Todos en este lugar ya son mayores, excepto por Sango. —le informó, aún con aquel tono divertido.— Si se jubilaran, yo mismo perdería sus servicios, además, ellos están a gusto en este lugar, han trabajado aquí por años y años.

—Al menos deberías traer nueva gente a trabajar para ayudarlos.—agregó.

—Feh! Los nuevos de ahora solo esta interesados en divertirse.—puso los ojos en blanco.— Cuando tomes la posesión de esta casa no quiero ni imaginarme como serán tus días...

—Pues yo podría buscar gente que realmente necesite un techo y trabajo si fuera la ama.—su cara demostraba una sonrisa decidida.— y si eso primero que voy a hacer cuando llegue el día ese, estoy decidida.

Inuyasha frunció el seño, incapás de creer las blasfemias que decía.

—¿Estas loca? El pueblo es muy peligroso para ti.

—¿De qué estas hablando?— Kagome puso ambas manos sobre su cintura.—Puedo manejarme sola, ya no soy una niña, Inuyasha.

—No suelen ir mujeres como tu al pueblo, ni menos mitad demonios. —Kagome lo miró sin entender, por lo que suspiró y se dispuso a explicarle la situación.—En aquel lugar todos son Demonios puros, no aceptan la traición a la sangre ni a los traidores, tampoco a sus hijos, osea, los que se casan con humanos.

—Pero tu vas al pueblo ¿No es así?

—Si pero... yo puedo arreglarme solo.

—Suficiente, yo también iré.—ella se cruzó de brazos y miró al frente, triunfal.— Fin del asunto.

La fulminó con la mirada, chiquilla testaruda... ¿Quién se creía que era para hablarle así? Ni siquiera era el ama aún y ya lo trataba de esa manera, como una adolescente rebelde... Intento calmarse y respirar profundamente, no iba a comenzar una pelea justamente ahora, arruinaría todo el momento y sus planes... no podía permitirse tal tropiezo.

—Sigamos... —habló entre dientes, intentando ser amable, aunque comenzaba a costarle horrores, generalmente no podía controlarse.

Ella entró primero al granero, donde lo primero que se hizo visible ante su vista fue un hermoso corcel blanco que, al verla, relinchó gustoso. Ahora estaba múcho más limpio que antes, hasta poseía una silla de montar en su lomo.

—Mioga le ha puesto entusiasmo... —repuso Inuyasha entrando tras ella.

—Shikón esta hermoso... —sus ojos brillaron emocionados y se dispuso a acariciar al caballo que, como acostumbraba, agachó un poco la cabeza para permitirle a su dueña acariciarlo con más comodidad.

—¿Le pusiste Shikón al caballo?—preguntó Inuyasha.

—Claro, estube pensando el nombre perfecto hasta que se me ocurrió ese ¿A que no es lindo el nombre?

El joven solo se encogió de hombros, no iba a añadir que le desagradaba el nombre, pero mejor callarce. Luego de otros minutos de silencio en los cuales Kagome seguía acariciando al animal con sus ojos llenos de cariño, se acercó hasta este y tomó sus riendas, Kagome lo observó con la pregunta formulada en sus ojos.

—Cuando eras niña me dijiste que querías aprender a montarlo algún día.—le recordó, guiando al corcel fuera del granero. —Puedo enseñarte ahora.

Los ojos de ella lo contemplaron con sorpresa, luego le sonrió gratamente, era un detalle muy lindo de su parte acordarse de esa anécdota tan pequeña. Ambos salieron del granero hasta un lugar bastante amplio como para poder cabalgar tranquilamente, Inuyasha le hizo señas para que se acercara.

—¿Lista?—preguntó.

—Pero... —ella bajó sus ojos a su ropa, algo preocupada.— Creo que hoy no puedo... yo... tengo vestido...

Inuyasha chasqueó la lengua en señal de restarle importancia, sus manos rodearon su pequeña cintura, preparado para subirla al lomo del caballo, durante unos instantes no hizo nada de lo que planeaba su mente, sino que, al rozar la fina tela que cubría su cintura, sus manos se inmovilizaron en torno a ella. Alzó sus ojos a Kagome que primero lo miró sobresaltada con aquellos ojos grandes y castaños... que podría jurar, aún concerbaban un tono infantíl por su brillo, pero luego, parecío sentirse iguál a él, perdida en sus propios ojos...

Bajó la vista hasta sus labios semi-abietos que lo tentaron a besarlos otra vez, pero solo realizó un pequeño amago que casi no fue visible, "no es el momento, recuerda el plan", se dijo a sí mismo, por lo que optó por desviár la mirada y alzarla hasta el lomo del caballo, sentándola de lado. Le entregó las riendas y aseguró la silla de montar.

—Bien, solo debes sacudir un poco las riendas cuando quieras que el caballo comience a galopar y para que pare, solo tira de ellas con fuerza.—explicó ceriamente. Kagome lo observó con atención, luego volvió su vista al frente y agitó las riendas por lo que el caballo comenzó a galopar, tal y como él había dicho.

Sentía una sensación de libertad, el aire fresco agitando sus cabellos y refrescándola era como sentirce libre para ella y para alguien que toda su vida había permanecido encerrada en una obscura habitación... No pudo evitar reir de felicidad, tampoco podía creerlo, por fin estaba cabalgando... finalmente... Shikón también parecía sentir lo mismo, puesto que había relinchado de euforia unas cuantas veces.

—¡Suficiente, ya para!—le gritó él desde la lejanía.

Volteó hacia él al escucharlo, luego volvió hacia el caballo y tiró de las riendas, aunque su sonrisa se borró de su rostro cuando el caballo no le hizo caso alguno, vovió a tirar de ellas con más fuerza por lo que el animal agitó la cabeza molesto como si aún no quisiera parar.

Algo pasaba, frunció el seño, el caballo no se detenía por más que ella intentara pararlo. Lo primero que pasó por su mente fue volver como una bala al granero y traer otro caballo para ir a buscarla y bajarla de ese caballo que se mostraba tan rebelde, aunque cuando tomó el pensamiento como decidido, un grito de Kagome lo alertó y con él sus sentidos, volteó hacia ella asustado, más aún al ver a Shikón parado en dos patas. Kagome rebaló por su espalda y sus manos soltaron las cuerdas dejándola caér tras el caballo que siguió su galope lejos de ella.

Corrió hacia ella, llegando a su lado en poco más de tres segundos por su agilidad, su corazón latió desbocado en su pecho, estaba blanco como el papel, parecía haber tenido una caida dolorosa, pues sus ojos estaban cerrados con fuerza.

—¡Kagome!—la llamó, pasando su mano bajo su espalda y alzando su cuerpo un poco.—¿¡Estás bién!?

Abrió un poco los ojos mientras respiraba fuerte, estaba bañada en sudor y sentia su cuerpo entumecido, instantaneamente clavó su mirada en la dorada de su acompañante quien la observaba asustado, tal ves demaciado, por lo que solo volvió a cerrar los ojos, esta vez con más suavidad mientras que, con la mueca que sus labios poseían, formaba una pequeña sonrisa.

—Si... estoy... bien... —susurró.— No te... preocupes.

Inuyasha suspiró aliviado, por unos segundos creía que se había lecionado, o algo mucho peor... sabía que las caidas de caballos solían hasta matar a las personas quebrándo su cuello, aunque a pesar de que ella le hubiera asegurado que se encontraba bien, no pudo evitar sentirse culpable por el hecho de su caida ¿Pero por qué? Nunca se había hecho cargo de los problemas ajenos, aunque fueran por su causa... ¿Sería porque ahora se trataba de Kagome?¿Por la ambición que ocultaba tras su idéa de casarce con ella?O tal vez sería... porque REALMENTE estaba callendo en su propia trampa, como Miroku le había dicho antes de marcharse... "Si te eres tu el que se enamora primero, creeme que echarás todo a perder" esas habían sido esactamente sus palabras...

Posó su frente sobre la sulla, sintiendo el flequillo ahora húmedo de Kagome en su piél, entrecerró sus ojos, aún sin evitar sentirse de aquella manera tan miserable...

Ella abrió los ojos de súbito, lo miró asustada primero, aunque luego de sentir la respiración agitada de Inuyasha por el susto y sus ojos dorados, entrecerrados, mirándola de aquella manera apenada y dulce a la vez, se ruborizó. Pero pasandos unos instantes, pudo oler el perfume natural de su piel, tan cálido, tan embriagador... por lo que no pudo evitar que un fuego desconocido comenzara a brotar en la boca de su estómago, recorriendo su cuerpo por completo.

Hasta cuando lo olló hablar, a la par de ese fuego comenzó a crecer un hormigueo.

—Soy un idiota... prometo no volver a insistirte en montar un caballo... —al igual que sus ojos, su voz tambien denotaba arrepentimiento.

—Ho... el caballo... —ella fijó sus pupilas en las suyas.—No puedo dejar que se pierda...

Inuyasha cerró los ojos mientras reía con algo de amargura.

—¿Ya, tan rápido quieres arruinar el momento?

Ella agachó la mirada, volviendo a ruborizarce. Inuyasha volvió a suspirar y se alejó de ella, sintiéndo frío al perder el contacto con la cálida piel de Kagome, la ayudo a levantarse lentamente, aún sosteniendo su espalda con su mano hasta mientras que ella agarraba las solapas de su camisa como sostén.

—¿Puedes caminar?— le preguntó al verla tambalear al ponerce de pié.

—S-si.

—Primero, volvamos a la manción. Deberían sentarte por un rato hasta que se te pase el dolor, no cualquiera se cae de esa manera tan violenta de un caballo y sale ileso.

Iba a protestar, aunque luego no lo hizo, sabía que Inuyasha solo se preocupaba por su estado, por lo que solo asintió y ambos se dirigieron a paso lento hasta la casa, pues el golpe que había resivido en su columna había inmovilizado un poco sus piernas.

Llegaron a la puerta de entrada y ella hizo lo posible por mantenerse lo más derecha posible, no quería que los demás sirvientes de esa casa se preocuparan por cosas sin gran importancia. Inuyasha la dejó sobre el sillón de cuero negro a un lado de la puerta de entrada mientras se agachaba hasta alcanzar su estatura.

—Voy a buscarlo, no estará muy lejos.

—¿Pero... podré montarlo de nuevo?—preguntó, intentando no perder la ilución de sentir aquella sensación de libertad otra vez.

Por la cara seria de Inuyasha, se esperaba que la respuesta sería negativa.

—Preferiría que no todavía.—se limitó a respoder.—Al menos hasta que logre adiestrarlo un poco, por lo que se ve, nunca ha sido cabalgado por nadie.

—Pero cuando llegamos tu lo cabalgaste.

Él solo le respondió con una pequeña sonrisa.

—Será porque yo lo manejé con más cuidado. O porque en este tiempo que lleba acá se puso rebelde.

Ella acintió con la cabeza. Inuyasha volvió a ponerse de pié, dispuesto a irese, no sin antes besar su frente con delicadeza anunciando un pequeño "no me tardo" que le produjo un escalofrío repentino.

Observó su silueta alejarse y cruzar la puerta de vidrio, de cualquier manera, sabía que todo aquello que había experimentado ese día era nuevo y extraño a la vez... ¿Qué le estaría pasando?¿Acaso lo que sentía no era un afecto común? No... sabía que no, era algo más, algo que siempre había sentido, desde la primera vez que lo vió y durante todos esos años en los cuales tanto lo había esperado... no era afecto por un familiar ni por un amigo... eso era... amor... Se sentía como una pequeña niña enamorada, pues así era, siempre lo había sentido, y ahora más que nunca...

Se quitó la flor de su cabeza y la examinó, le faltaban un par de pétalos y estaba bastante arruinada. La envolvió en sus manos y la acercó a su pecho sin vitar una pequeña sonrisa en sus labios, aunque era diferente esa vez... estaba feliz, a gusto en aquel lugar... era una sonrisa risueña y enamorada.

—Inuyasha... —pronunció su nombre por lo bajo en un tono dulce, un nombre que producía que su corazón latiera de una manera diferente al oirlo...CONTINUARÁ


Hola!!

Primero que todo, quiero agradecer la dedicación que le ponen a sus reviews, realmente son inspiradores y tengan la seguridad que los leo todos y a cada uno, por eso agradezco tambien su empeño en dejarmelos. También a los que me ponen en Alerta n.n

Este capi no se que les parecerá, al comienzo no tenía mucha inspiración, eso es en parte por lo que subo recien a 45 minutos de que termine el día Sabado jajaja

Por lo que parece, el plan de Inuyasha no sirve de mucho, puesto que Kag esta enamorada de él desde hacía mucho más tiempo que antes, veamos que más sucede, lo único que aseguro es que intentaré poner mi empeño máximo en las escenas románticas para hacerlas lo más "empalagosas" posible. Jajaj

Supongo que es todo, aunque se que siempre me olvido un detalle... ha, las disculpas por las faltas ortográficas u.u......... Otra cosa, el nombre de Kikyo puede llegar a turbar a Inuyasha ¿No despierta la duda en alguna de ustedes? Además tengan en cuenta que la excusa de Inuyasha no fue muy creible para Kagome, aunque ella lo dejó pasar ajajajja pero Kikyo no aparecerá masomenos de acá a diez capítulos o mas :p pero tal vez si su nombre... que puede llegar a formar algo en el pasado de Inuyasha del cual hasta ahora sabemos poco y nada.

Un beso muy grande, feliz fin de semana y hasta el proximo sábado!!!