Capítulo 6: El cuarto Blanco
Guardó la flor casi muerta que reposaba entre sus manos tras su espalda al divisar el paso lento de Kaede acercarse a ella y examinándola cautelosamente.
—¿Sucede algo, ama?—preguntó.
—Nada.—se apresuró ella a responder automáticamente.
La anciana no le insistió, sino que le dio un reojo a su vestido manchado de polvo y a su pelo alborotado, lo que le produjo que se incomodara... Seguramente se imaginaba que habría sufrido de alguna caída, aunque su imaginación no llegaría tan lejos como para pensar que eso se debía producto a
un caballo mal domesticado.
—Bueno pues... ya estará preparado el almuerzo en unos minutos, puede ir al comedor cuando guste.
Kagome asintió y le brindó una sonrisa de agradecimiento, era verdad, hacía dias que no comía absolutamente bien, casi nada, y al pensar en comida, su estómago comenzaba a estrujarse, pidiendo a gritos que sea alimentado.
—Si, bueno... Enseguida voy.—aclaró, temiendo levantarse y dejar que Kaede viera el estado delicado en el que sus piernas se encontraban tras el fuerte golpe.
—¿Seguro que está bien?—insistió esta vez con algo de desconfianza.
—Seguro.—repitió.
—¿No le habrá sucedido nada allá afuera? Porque podemos llamar al hospital del pueblo si es así para que la atiendan...
—¡Ho no, claro que no!—exclamó ella, aterrada. No deseaba tanta atención, ni mucho menos que se armara un revuelo por asuntos de poca importancia.
Kaede suspiró y le dio la espalda para marcharse, aunque antes de traspasar por la puerta y darle fin al martirio por el que estaba pasando su joven ama, volteó otra vez produciendo que ella exhalara aire, algo colmada aunque le costara admitirlo.
—¿Qué hay del amo?
—Ha... p-pues... Inuyasha f-fue a... —tartamudeó sin saber que decir exactamente.
El amo de la mansión irrumpió en la habitación con aire despreocupado, interrumpiendo la explicación de Kagome. Ambas mujeres lo miraron con serpresa, aunque la joven pudo suspirar de alivio, generalmente no era buena para mentir... y sabía que Kaede la estaba presionando demasiado.
—Afuera está comenzando a levantar viento... —comentó mientras se sacudía unas ramitas que se habían incrustado en su cabello largo y plateado.—
Va a haber tormenta en unos días.
—¡Mejor avisar a Mioga!—comentó Kaede algo preocupada por el asunto, olvidando completamente el asunto de su ama.
—Claro.—aseguró Inuyasha con una pequeña sonrisa en su rostro.
Dos pares de miradas observaron a la anciana precipitarse fuera de la casa a paso rápido, luego de eso, esas dos pares se cruzaron entre sí. Él le brindó una pequeña sonrisa mientras se acercaba a ella y se sentaba a su lado cómodamente a lo que Kagome se apartó para dejarle espacio, tal vez lo había hecho demasiado rápido y brusco por los nervios que comenzaban a crecer en su interior, por lo que Inuyasha la observó por unos momentos con sorpresa, luego volvió su vista al frente, aunque no con tanto entusiasmo como antes, sintiéndose algo incómodo por su reacción tan repentina.
—Le hubieras dicho a Kaede que tuviste un accidente.—aseguró.—No sabes mentir, se notaba en tu cara.
—¿Estabas espiando?—se ofendió ella, frunciendo el seño.
Inuyasha se encogió de hombros.
—Feh! Al menos te salvé de la ultima pregunta, realmente te iba a descubrir, si es que no lo hizo ya.
Ella no comentó nada, sino que suspiró resignada. Los segundos pasaron lentos en silencio, un silencio incómodo que le producía escalofríos de alguna manera. Sus ojos castaños estaban clavados en los cuadros que adornaban una de las paredes del Living, aunque sabía que los ojos penetrantes y profundos del medio demonio a su lado la estaban observando con cautela, lo que producía que se incomodara mucho mas. Deseó saber que pasaba por su mente, pero un instinto le decía que Inuyasha no solía compartir mucho sus pensamientos.
—¿Estas mejor?—preguntó Inuyasha irrumpiendo el silencio.
Ella lo miró, primero sin recordar bien de que hablaba, hasta que la imagen violenta de Shikón parado en dos patas cruzó por su mente, haciéndola bajar de su mundo de imaginación y volver a pisar la tierra.
—S-si. Ya no duele.—aseguró.
—¿Puedes caminar?—volvió a preguntar, poniéndose de pié y extendiéndole una mano para que también se incorporara.
Tomó su mano y se puso de pié, observó que al principio se tambaleaba ligeramente, por lo que sujetó su pequeña cintura. Kagome evitó mirarlo y dio un par de pasos, tras dar el cuarto recuperó por completo la estabilidad a lo que él la soltó.
—Parece que no necesitaré médicos después de todo.—aseguró con una pequeña sonrisa satisfactoria.— No tendré problemas en montar a Shikon otra vez.
—Feh! Eres mas testaruda de lo que imaginaba.—comentó, caminando hacia el comedor, reteniéndose para protestar por su tenacidad incurable.
Ella lo siguió, ansiosa por probar aunque sea un poco de aquella comida que tan solo al mencionarla producía un apetito voraz en su interior. Al pasar por la cocina, donde el aroma a verduras y carne azada era más notorio, su estómago volvió a achicarce dentro de ella, hasta produjo que pasara por su mente la idea de entrar y profanar lo que sea que se encontrara en aquel lugar, aunque no debía, apenas conocía ese lugar y a aquellas personas, no podía hacer eso sin tomar confianza de nadie.
El comedor era mucho mas espacioso que el Living, una larga mesa de madera adornaba su centro y otros muebles reposaban contra las blancas paredes; Por supuesto que los cuadros paisajistas no faltaban, tampoco algunos retratos de gente que no conocía, aunque debía admitir que algunos eran bastante maquiavélicos por la forma en la que sus rostros habían sido pintadas sobre el lienzo.
Inuyasha tomó asiento en el extremo izquierdo de la mesa, dándole la espalda al patio trasero de la casa que se veía tras otra puerta de vidrio similar a la de entrada. Ella lo observó un eterno instante, parada en el mismo lugar, al final del pasillo.
—¿Qué no te vas a sentar?—interrogó Inuyasha con algo de sequedad.
—Ha... s-si—se apresuró a contestar mientras tomaba asiento en la punta opuesta de Inuyasha, donde él le indicaba con su mano.
El silencio volvió a reinar entre ellos, pero no era por su parte, sino porque veía en Inuyasha una expresión algo fría en sus ojos antes amables que producían que se intimidara... Algo que había cambiado repentinamente ¿Acaso era que le había molestado cuando le había cedido un lugar en el sillón?
Agachó la cabeza hasta su plato, levemente arrepentida, a lo mejor lo había hecho tan brusco que Inuyasha habrá pensado que ella no quería de su compañía... apostaba a que se debía a eso.
Alguien llegó por el patio trasero de la casa y se acercó una silla a uno de los lados de la mesa con una amplia sonrisa en sus labios tras saludarlos a ambos. Ella lo miró con algo de sobresalto, era el hombre que había visto esa mañana con Kaede, ese tal Miroku. Un escalofrío recorrió su cuerpo recordando su beso en su mano, esa mirada tan profunda y cargada de pensamientos, de quien sabe de que tipo, en ella...
—¿Cómo va el día, Inuyasha? —intentó sacar conversación el hombre.
—Feh! ¿Cómo quieres que ande?.— apoyó su cabeza sobre la palma de su mano mientras escudriñaba al hombre con cierto recelo.— Normal, como siempre.
Miroku pudo notar en su mirada y en su tono que nada iba bien, sus ojos azules se dirigieron a la muchacha sentada al otro extremo de la mesa que ni siquiera los miraba, sino que sus ojos castaños permanecían clavados en su plato desde que él había llegado. Suspiró, ya se encargaría de hablar con Inuyasha a solas en cuanto ese almuerzo terminara.
Lentamente la mesa se fue llenando por parte de los sirvientes de la casa, personas a quienes conocía y otras a las cuales no había visto desde su llegada. El barullo se hizo presente y aún más cuando Kaede junto a Sango comenzaron a traer la comida, ellas tomaron asiento una a cada lado de Kagome. Todos reían y charlaban felices, el único que se mantenía notoriamente callado era el amo de aquel lugar, cuyo silencio termino al comienzo de la conversación en voz baja con Miroku.
—¿Por qué tienes esa cara?—inquirió su amigo mientras mordisqueaba una rodaja de pan.—¿Piensas que vas a lograr el amor de La señorita Kagome así?
—Feh! No es mi culpa, es ella la que parece querer distanciarse de mi.—gruñó mientras la escudriñaba a la chica con los ojos entrecerrados, con cierto rencor.—Además, es demasiado testaruda para mi gusto.
Miroku suspiró tras tragar su comida.
—Pero esta mañana dijiste que no sería...
—¡Ya se lo que dije!—lo interrumpió Inuyasha, queriéndolo derretir con sus ojos dorados y penetrantes.— Pero la juzgué mal, a veces creo que realmente es alguien especial, aunque de un momento para otro...
—¿Seguro?—Miroku arqueó una ceja, llevándose una copa a sus labios.— A lo mejor no, recuerda que solo es el primer día, y quien sabe si tu plan está
haciendo efecto... ¿Por qué no, después de comer, le enseñas el cuarto blanco?
Su amigo lo observó esta vez, no con aquellos ojos penetrantes, sino algo sorprendido por su idea, la cual nunca se le hubiera ocurrido puesto que en ese cuarto no solía entrar nadie más que él.
—¿El cuarto blanco?—repitió.— Pero...
—¿Es que no tienes imaginación?— el hombre puso los ojos en blanco.— Será un golpe fuerte para tu propósito, créeme que le encantará y sumarás puntos de su parte.
—Bien... —susurró por lo bajo, volviendo a mirarla, quien charlaba animadamente con Sango, aunque no podía oír nada del asunto, pues estaban en la otra punta de la mesa, demasiado lejos, y además, el barullo no beneficiaba mucho.—Lo haré.— Se decidió tras unos segundos en silencio.
Kagome volvió a recorrer la vista por las personas presentes de las cuales solo podía reconocer a Mioga, a Sango y Kaede (exceptuando a Inuyasha y ese amigo suyo). Las demás personas eran irreconocibles para ella. Sango la escrutó con cautela y llamó su atención tocando ligeramente su mano.
—¿Necesita ayuda?—preguntó la sirvienta amablemente.—Yo puedo ayudarla.
Kagome la miró sorprendida por su amabilidad y asintió mientras sonreía. Levemente, Sango se acercó más a ella y le señalaba todos los presentes uno a uno.
—Bueno... Aquel anciano que esta sentado junto a Mioga se llama Totosai. Es el técnico de esta casa, aunque también es herrero así que le sirve de mucho al amo.—Luego, sus ojos castaños se dirigieron a los tres que estaban sentados frente a Miroku Totosai y Mioga.— Esos tres son los asistentes de los dos huéspedes de esta casa. El del fondo es Hadgui, el mapache de Miroku.—Kagome noto cierta sequedad en la voz de Sango al pronunciar su nombre.— Y los otros dos son Ginta y Hakkaku, asistentes de Kouga.
Kagome observó a los dos últimos jóvenes con detenimiento, ambos tenían peinados raros y vestían como cualquier plebeyo, aunque le llamó la atención aquel segundo huésped, el cual no había visto y quien no se encontraba en aquel lugar.
—No creía que en esta casa viviera tanta gente.—comentó Kagome a Sango quien sonrió.—¿Y que hay de ese otro huésped?
—Generalmente tomamos como "huéspedes " a amigos a quienes el amo invita a su casa. Aunque el Señor Kouga no es un amigo muy cercano del amo, sino que llegó un día y él y el amo charlaron a solas en el estudio, luego de eso, el amo lo anunció como el huésped aunque Kouga también trabaja ayudando a Mioga a adiestrar a los caballos y a los perros. Lo único que se de él es que fue al pueblo hace un par de días.—contó animadamente.— Supongo que se tomará un tiempo ahí puesto que fue a visitar a sus familiares allá. Yo opino que el señor Kouga es mucho mas amable que aquel otro huésped del amo... —entornó los ojos mirando a Miroku con cierto desprecio.— Miroku es un aprovechado y un mujeriego. Según lo oí hablar, ninguna mujer se le escapa de las manos y ahora parece que yo soy su próxima presa, pero no pienso caer bajo él.
Observó con sorpresa como Sango intentaba doblar uno de los tenedores de plata para poder descargar su enojo y podría haber jurado que había logrado doblarlo un poco. Por lo que le quitó el tenedor de las manos con suavidad.
—Yo opino que no hace falta tanta agresividad, Sango... —comentó con una risa amarga.—Si no quieres tener nada con él, solo ignóralo.
La de cabello castaño asintió sin ganas, sin sacar sus ojos de él, aunque luego estos se desviaron hacia su amo que permanecía callado como muy raras veces, mirando a Kagome con aquellos ojos dorados, y aunque podía ver que estaba cargados de cierto recelo, también notó que permanecía concentrado en ella, pensando quien sabe que
Volvió la cabeza a su ama para preguntar sobre su relación con Inuyasha, aunque solo pudo entreabrir los labios un poco; Pero no fue capas de preguntar nada, esos temas no le convenían y, aunque se muriera por saberlo, Kagome solo era su ama por el momento... Tendría que esperar... al menos, un tiempo hasta poder cerciorarse de que confiaba en su ama, y su ama en ella.
Inuyasha se puso de pié de inhóspito dejando un silencio sepulcral en toda la sala. Este examinó uno por uno a todos los presentes con aquella expresión seria, quienes le devolvían la mirada con la pregunta formulada en sus ojos. Tomó aire y se dispuso a hablar.
—Como saben, el motivo por el que ustedes estén acá es muy especial, puesto que debo anunciar que la Señorita Kagome ha vuelto otra vez a su hogar. Lo que significa que ahora ya no estoy a cargo puesto que ella es la única heredera de los Higurashi, no yo. Por eso, ahora deberán respetarla como a su nueva ama. —Estiró su mano hasta la mesa y tomó su copa, alzándola en el aire.— Brindo por ella.
Todos alzaron sus copas para brindar, chocándolas una con otra. Excepto ella, quien se mantuvo boquiabierta y con las mejillas teñidas de rojo por la vergüenza... ¡Inuyasha tramposo! ¡No le había dicho que ese mismo día le daría la tenencia de la casa, ni menos que harían un almuerzo y un discurso por eso! Mantuvo sus labios fruncidos en una mueca de fastidio, él la observó en ese momento y le brindó una sonrisa culposa a lo que ella frunció más el seño. Que vergüenza...
Ni bien el almuerzo terminó, se puso de pié disculpando a los presentes y se marchó de allí a paso rápido con las mejillas teñidas de rojo. Sus ojos dorados la siguieron hasta que los volados que su vestido dejaba tras su andar se perdieron por el pasillo.
—Mejor que vallas.—aconsejó Miroku en un susurro disimulado.
Él también se puso de pié y, pidiendo disculpas por retirarse también, se precipitó tras ella, pasando por el pasillo hasta que la encontró saliendo por la puerta de entrada, ella se sentó en la mesa de madera de jardín que se encontraba a pocos pasos de la puerta. El aroma a campo era agradable, mucho más agradable era sentir los pájaros trinar otra vez. Recordó que lo que había dicho Inuyasha era verdad, había una pequeña corriente de aire en el lugar lo que supondría que anunciaría tormenta dentro de poco.
—¿Te sientes bien?
Dio un respingo en su lugar y se puso de pié al momento mientras miraba a la persona que la había asustado tanto, aunque al divisar su expresión arrogante, volvió a escrutarlo con cierto enojo.
—Ha... si... ¿Por qué debería sentirme mal?—preguntó de manera altanera.
Él se encogió de hombros, lo que la molestó un poco más.
—Porque te fuiste muy apurada. Creía que te había pasado algo.—admitió.—pero parece que estas bien después de todo... Pensaba llevarte a ver algo que te gustaría, pero por tu cara veo que no quieres.
No obtuvo respuesta, aunque no le molestó en absoluto. Sino que le dio la espalda y se dispuso a caminar hacia adentro una vez más a paso lento, hasta que su voz lo detuvo, pidiéndole que esperara, a lo que solo sonrió de manera triunfal y volteó hacia ella.
—B-bien i-iré.—susurró sin mirarlo.—Pero... quiero pedirte el favor de que no vuelvas a tomar decisiones sobre mí sin consultarme primero.—lo
contempló con el seño fruncido esta vez.— Me molestó mucho que dieras todo ese discurso sin preguntarme primero si estaba lista o no.
—Feh! Aunque te lo hubiese preguntado me dirías que necesitabas tiempo. Apuesto lo que sea a que iba a ser así.—arqueó una ceja.—¿O no?
—B-bueno... —Sus mejillas volvieron a teñirse de rojo.
Inuyasha negó con la cabeza a manera de ya dejar el tema y pidió que la siguiera. Entraron otra vez a la casa y la condujo por un largo pasillo de paredes y piso blancos situado a la derecha del Living. Caminaron durante unos momentos pasando varias habitaciones con las puertas talladas en madera oscura, todas iguales y aburridas, hasta llegó a preguntarse como alguien podría recordar que había detrás de cada una de ellas... esa casa parecía un laberinto.
—¿A dónde vamos?—preguntó.
—Al cuarto blanco.—Anunció Inuyasha con un tono calmado.
—¿Y que es eso?
—Un cuarto blanco.—explicó como quien no quiere la cosa con una risa burlona, aunque se detuvo al ver la expresión de fastidio de Kagome sobre su hombro.— Bueno, es un lugar en el que nadie más que yo ha entrado.
—¿Un cuarto solo para ti?—asimiló.
—Exacto. Y serás la primera en verlo.
Llegaron hasta el final del pasillo, en donde no encontró mas que una ventana que daba al granero. Pensó que Inuyasha estaba jugándole una broma, por lo que se dispuso a replicar, aunque sus labios permanecieron semi-abiertos tras observar como su acompañante abría una puerta completamente blanca, casi mezclada con la pared por lo que no había logrado verla.
Inuyasha le volvió a sonreír mientras la invitaba a pasar. Sus ojos lo miraron temerosos por unos instantes, aunque más bien se encontraban expectantes acerca de lo que podría encontrar allí adentro. Dio unos pasos hasta traspasar la puerta y encontrar una habitación completamente blanca, aunque no era el blanco que se ceñía en el pasillo anterior, este era un color mas puro y brillante, como si se encontrara en un lugar donde solo reinara una pureza infinita. Observó el lugar sorprendida, todo allí era blanco, hasta los muebles que se concentraban en unos rincones que le hicieron preguntarse que había en ellos... sus ojos lentamente descubrían cosas que se mimetizaban con ese color, como algunos juguetes de niños junto a un baúl del mismo color, hasta algunos instrumentos musicales como flautas y hasta una guitarra en una esquina... pero lo que más llamaba la atención era un piano blanco en medio de la sala, parecía nunca haber sido usado pues estaba demasiado bien cuidado.
—Este cuarto solía ser tuyo en realidad.—admitió.— Como tu cuarto de juegos, pero cuando desapareciste, decidí darle otro uso y lo trasformé en un cuarto de música, aunque al principio no supiera tocar ninguna de estas cosas.
Lo escuchó atentamente y sin sacarle la vista de encima, cuando terminó de hablar, resporó aire hondamente, aunque no lo miró. Iba a aclararle lo que no había podido hacían unos minutos atrás.
—I-inuyasha yo... lamento si... te molestó cuando yo me corrí tan rápido cuando te quisiste sentar conmigo... D-de verdad no... no lo hice a propósito... es que... s-sabes que soy un poco torpe aveces... —sonrió un poco, aunque tambien un sonrojo se hizo visible en sus mejillas.— Yo no... no es que no quiera tu compañía... yo... quiero que estes c-conmigo... amm... más bien... m-me gusta tu compañía, quiero decir.
Él se mantuvo observándola a los ojos de una manera que lentamente se tornaba dulce tras oir su explicación y terminar con la batalla en su mente hacerca de que ella intentaba evitarlo, parecía no ser así. Las mejillas de ella se volvieron a teñir de rojo, mucho más al notar que estaban a una escasa distancia, uno del otro, casi rozándose a lo que intentó prestar su atención en otra cosa que no fuera sus ojos tan atrapantes, aunque le fue imposible.
—Ya veo... pues a mi tambien me gusta tu compañía... —admitió, hasta su voz se había tornado dulce, aunque no habló muy alto puesto que estaban tan cerca que no era problema que lo escuchara.
Kagome no respondió nada, sino que siguio presa de sus ojos en los cuales se perdía cada vez mas por cada segundo que pasaba... Sabía que si Inuyasha se tomaría el atrevimiento de besarla en ese mismo momento, no se iba a oponer, aunque sabía que lo que pensaba eran solo fantasías, puesto que él solo la apreciaba como a una amiga, o tal vez como a alguien quien formó parte de un juego infantil como su hija.
—¿Qué te parece este lugar?—preguntó Inuyasha, rompiendo el silencio.
—M-muy... hermoso...—comentó sin sacar los ojos de los suyos, casi hipnotizada.
Inuyasha sonrió satisfecho y volvió su vista al frente, liberándola de su tortuosa pero a la vez dulce escena por la que pasaba. Ella se dirigió con lentitud hasta el piano (intentando no tropezar con sus pies por salir de su "encanto") que adornaba el centro mientras que él cerraba la puerta con disimulo y recostaba su espalda en ella para poder mirarla libremente con una pequeña sonrisa en sus labios sin que ella se diera cuenta. Kagome tocó la cola del piano con sus dedos, ni una viruta de polvo, estaba impecable...
—¿Sabes tocarlo?—preguntó volviéndose a él con una sonrisa expectante.
Él se encogió de hombros.
—Un poco, hace unos cuantos años que practico pero no me considero un músico.
—¿Puedes tocar algo? Lo que sepas.—pidió emocionada.
—Lo inatentaré...
Inuyasha se apartó de la puerta y se sentó frente al piano, abrió el estuche que contenía las teclas. Primero exhaló aire antes de comenzar, sus ojos se dirigieron a uno de los cajones no muy lejos pasando por su mente la imagen del libro donde había anotado unas cuantas notas, aunque pensó que lo mejor sería olvidarlo, la canción que había creado la conocía perfectamente, no necesitaba de ningún libro.
Sus dedos comenzaron a presionar cada tecla comenzando una canción primero lenta, pero suave, una melodía dulce y calma. luego volviendo a los tonos graves y comenzando los lentos otra vez hasta extender la nota que formó una dulce melodía.
Kagome se llevó ambas manos a su boca para ahogar el grito que se creaba desde su interior... esa canción... No logró evitar que en sus ojos se agolparan lagrimas de felicidad y a la vez de tristeza... Aquella imagen que se formaba en su mente... eran viejos recuerdos, recordaba un campo verde, surcado de flores amarillas en las cuales ella jugaba tranquilamente con alguien, un ser de ojos dorados que permanecía algo distante al principio...
"—¡Inuyasha!—lo llamó la niña con un ramo de flores en su mano.
—¿Qué quieres?—inquirió el medio demonio acercándose a ella a paso lento y agachándose hasta su altura, entre las flores.— Sabes que este
olor me desagrada.
La niña rió y su risa fue como un conjunto de campanas en son a su dulce voz:
—Es mentira ¡Se que te gustan estas flores!
Le extendió el ramo hacia su cara. Sus ojos grandes y castaños observaron la turbación en los dorados de su compañero mientras le apartaba
el ramo con rapidez antes de comenzar a estornudar. Kagome volvió a reír divertida, no podía evitarlo. Inuyasha era la mejor compañía que había tenido en su vida.
—¿De que te ríes?—el chico la miró con cierto recelo mientras estornudaba.— ¡No es gracioso Kagome!
—¡Pareces un cachorrito!—canto mientras reía.—Eres muy gracioso.
Él se limpió el resto de polen que había quedado en su cara mientras observaba distraído a cualquier otro lado, luego de eso, una sonrisa maquiavélica se formó en su rostro y lo volteó hacia la niña.
—¿Si? ¡Te mostraré que es divertido!—exclamó arrancando unas cuantas flores y vengándose de lo que ella le había hecho al hacerle lo mismo.
Kagome comenzó a estornudar también cuando el polen logró entrar en su nariz, aunque lo hacía más suave, casi sin hacer ruido entre cada estornudo. Frunció el seño enojada y se lanzó hacia su compañero para comenzar una guerra de flores, la cual duró casi toda la tarde...
...Las cuales sabía que se repetiría cada día de su vida"
Alzó sus ojos a ella, quien parecía sumida en sus propios pensamientos, su mirada cargada de dulzura se dirigió a la suya y le sonrió con algo de culpa.
—Realmente la pasábamos bien cuando era una niña ¿No?—admitió, secándose las lágrimas con disimulo.
—¿De que hablas?— preguntó Inuyasha sin dejar de tocar la canción.
—Todas esas tardes... cuando me llevabas al campo de flores... —contó.— Ahora recuerdo que si te conocía de antes...
No objetó nada, sino que volvió su vista a las teclas que seguía tocando con aquellas notas alegres que rememoraban su pasado. Se acercó más a él y apoyó los codos en el piano mientras sostenía su cabeza con sus palmas, oyendo las dulces notas que Inuyasha tocaba para ella...
Casi al final de la canción, volvía con los tonos suaves hasta que dio por sentada la última tecla poniendo el final de la canción.
—La canción también es hermosa... —dijo en un susurro.
—Quisiera mejorarla un poco. Todavía le falta algo... —aseguró, mirándola con atención.—¿Sabes? Esta canción la hice especialmente para ti.
—¿Para mi?—preguntó ella extrañada mientras sus mejillas se teñían de rojo.
—Si.—afirmó.— La hice pensando en ti, y creo que no está nada mal.
—¿Y t-tiene nombre?
—Ámame.
No fue capaz de responder nada, aquel cosquilleo volvió a tomar posesión de su estómago y sus mejillas ya le ardían. Inuyasha podía ser tan embaucador como dulce cuando se lo proponía... pero... esa cancion... de cualquier manera, no le encontraba razón por la cual Inuyasha hubiera elegido ese nombre, pero igualmente... no era malo para la canción...
Se quedaron en silencio por un momento hasta que Inuyasha terminó de arreglar el estuche de las teclas, luego se irguió un poco más y cruzó su vista con la de Kagome.
—En esta casa vamos a hacer una fiesta dentro de muy poco.—anunció calmadamente.— Pensaba hacerla como una sorpresa para ti pero como veo que te molesta que tome decisiones sin conculcarte...
—¿Una fiesta?—preguntó extrañada a lo que Inuyasha asintió.
—Aja, dentro de una semana. La hacemos cada año como una tradición que tus padres celebraban.
—¿Y que celebraban?
—El aniversario de tus padres. Nunca dejamos de celebrarlo porque estábamos acostumbrados a hacerla cada año desde que ellos se casaron.—explicó.— Lo tomamos como una tradición ahora.
—Ya veo... —susurró con algo de pena.
—No te desanimes. Este año va a ser diferente porque tú estas con nosotros.—se puso de pié frente a ella.— Prometo que la vas a pasar bien.
Kagome le sonrió con algo de pena y asintió.
—¿Me... tocas esa canción otra vez?—pidió con aquella misma vocesita de ruego.
Inuyasha la observó con algo de sorpresa, aunque luego le sonrió felizmente y asintió.
CONTINUARÁ.
Hola! Como cada sábado, acá estoy presente con este nuevo capi. Quiero agradecer a sus reviews y a todas las alertas de autor e historia que me dejan, también a los lectores anónimos jaja.
No quiero adelantar nada del fic pero lo único que sé es que por ahora las cosas van bien calmas en la casa, por lo que parece, Inuyasha no va a fracasar en su plan puesto que Kagome ya siente algo por el, aunque quien sabe, una pequeña metida de pata puede hacer que un edificio se caiga. Espero que entiendan lo que quiero decir, aunque por ahora todo será tranquilo, la tormenta se viene después de esa fiesta, eso si lo aseguro... hasta ahora tal vez no encuentren nada fuera de lo normal en lo que llevamos del fic pero, como dije, esperen al día de la fiesta n.n
Les mando un saludo grande y que pasen una linda semana, el próximo fic se viene con los preparativos de la fiesta. Ha, y como ya saben, ya van dos "personajes enigma" uno es Kikyo quien por ahora a un largo tiempo no va a aparecer y el otro es Kouga quien se encuentra de viaje ¿Cuándo volverá? Ni siquiera yo lo se :p
La canción que Inuyasha toca es real, la escuché un dia de aburrimiento en el que estaba buscando videos de Youtube y caí en ese video con esa hermosa cancion, se los aconsejo que la escuchen, vale la pena n.n solo tienen que poner en el buscador: Love me Yiruma. De los videos que aparecen, el que tiene un dibujo de una plantita es la que mejor se escucha. PD: En el fic dice que la cancion la creo el pero es una mentira piadosa mia :p
Saludos! Hasta el próximo Sábado!
