Tal vez debía admitir que ese era el segundo día más feliz de su vida, lo que estaba ocurriendo era maravilloso... jamás se había imaginado que sus sueños se harían realidad, ni mucho menos que esa realidad fuera tan reconfortante.
Cuando habían logrado salir del Cuarto Blanco, pudo ver por la ventana que ya había oscurecido y se preguntó cuanto tiempo había pasado allí. Las luces artificiales alumbraban cada habitación de la mansión de un blanco puro, aunque no tanto como el de la habitación de la que acababan de salir. Inuyasha cerró la puerta tras sí y le brindó una leve sonrisa.
—Vamos a cenar.— propuso tomando de su mano y volviéndola a conducir por aquel largo pasillo.
Su corazón volvía a saltar en su pecho tras sentir la opresión de la mano tan cálida de Inuyasha torno a la suya. En pocos segundos ya habían salido del pasillo y llegado al Living, donde ella pudo apreciar el aire nocturno del patio a esas horas de la noche, todo era una gran oscuridad allá, aunque las luces delanteras de la casa llegaban a alumbrar solo hasta el patio delantero.
—Y tienes que ver las estrellas en campo abierto... —comentó el Hanyou por lo bajo, Kagome lo observó algo confundida a lo que él solo le respondió con un gesto de la cabeza hacia la puerta que daba al campo.— Cuando el cielo está descubierto, pueden verse infinidad de estrellas allá... Lastima que el viento de esta tarde trajo algunas nubes.
—¿Podremos verlas algún día?—insistió con aquella misma mirada de súplica que él ya conocía.
—Claro.—rió un poco por lo bajo.—Te va a encantar.
Tras unos minutos más observando la oscuridad de allá afuera, retomaron su camino hacia el comedor, en donde Kagome se sorprendió aún más de ver que en ese lugar, las luces estaban mucho mas bajas que en el resto de la casa, tomando un tono rojizo, casi rosado. Inuyasha soltó su mano y caminó hasta la mesa, dejándola parada en la entrada, experimentando una sensación de deja vú de esa tarde, aunque esta vez Inuyasha no se sentó en su lugar, sino que se volteó y volvió a sonreírle.
—¿No vas a venir?—preguntó en un tono que demostraba diversión en sus palabras.
—Ha... s-si —se apresuró a contestar mientras se encaminaba hacia él quien no le quitaba sus ojos dorados de encima, lo que produjo que tropezara con sus propios pies varias veces.
Inuyasha se paró tras su silla y se la ofreció cortésmente para que se sentara, a lo que dudó antes de hacerlo aunque finalmente optó por aceptar su amabilidad. Sus mejillas le ardían otra vez a lo que agachó la vista mientras jugueteaba con sus manos sobre su regazo. El Hanyou se agachó un poco hasta alcanzar su altura, a lo que ella lo volvió a mirar algo turbada.
—Esta noche cenaremos solos.—anunció.
—¿O-otro motivo de... festejo?—preguntó Kagome.—D-de verdad no hace falta...
Su anfitrión negó con la cabeza.
—Si que la hay. Y espero que te guste.
Dicho esto, regresó a su respectivo lugar, en la otra punta de la mesa, donde tomó asiento. La comida ya estaba servida en ambos platos, lo que los restantes diez minutos fueron surcados de puro silencio.
—¿Cómo estas en este lugar?—quiso saber Inuyasha tras acabar con su respectivo plato aunque Kagome seguía luchando para cortar el trozo de carne, lo que le resultó algo gracioso puesto que estaba usando los cubiertos con la mano contraria a la que realmente se usaban.
—Fantástico... —Admitió dándose por vencida respecto a lo que quedaba de su cena. En su mente comenzó a manifestarse el recuerdo de la apuesta figura de Inuyasha tocando en su piano aquella canción que tanto le había encantado, con su cabello largo y plateado cayendo sobre su espalda y sus ojos dorados y, aunque podían llegar a ser penetrantes cuando quería, también eran igual de dulces en otras ocasiones como en aquella, por lo que no pudo ocultar un sonrojo notorio. —Me siento muy a gusto en esta mansión.
—Me alegro mucho.—comentó a gusto mientras reposaba ambos codos sobre la mesa, dejando que sus palmas sostuvieran su cabeza.—pensaba que iba a costarte mucho más cambiar de ambiente, pero creo que me equivoqué un poco, eres bastante adaptativa, pero no creo que sea lo mismo con tu comida.
Ambos rieron durante unos momentos, debía admitir que su risa no era fingida ni nada, estaba feliz de tenerla con él. Reía porque lo sentía, porque realmente se sentía a gusto con su compañía.
—A lo mejor... tienes razón.—admitió Kagome seriamente tras terminar de reír.—Pero quiero quedarme aquí, no deseo volver jamás...
—Odias a Naraku ahora... ¿Verdad?—dedujo Inuyasha con la misma seriedad.
—No te haces una idea... Ya lo dije antes, él solo me usaba como un boleto a la ambición... y mientras tanto estaba siempre con Kikyo... una persona no puede ser tan ruin... usar a otros para su propio beneficio y además arruinar su vida de esa manera es inhumano.
Las palabras de Kagome produjeron que sintiera una pequeña opresión en su pecho, algo que no andaba bien. Quiso preguntarse a que se debía... ¿Era culpa?¿Culpa por qué? A lo mejor... si lo sabía; La estaba usando también. Esa era la respuesta, estaba intentando que Kagome le tomara confianza y se enamorara de él, solo para poder cumplir con su ambicioso plan, volver a ser el dueño de esas tierras tan ambiciadas... usar a Kagome para su propio beneficio... Por unos momentos se había sentido tan ruin como el propio Naraku, quien la había "secuestrado" y deseaba casarse con ella solo por ambición... pero... él era diferente, él no había matado a nadie por ambición a diferencia de Naraku... pero la estaba usando...
A su mente comenzaron a asaltarle los comentarios de Kagome una y otra vez, cosa que lo hicieron sentirse peor... mucho peor... Se irguió en su silla y encrespó los puños, no era tan diferente a Naraku después de todo... ambos habían buscado el mismo destino el cual solo se podía llegar a trabes de Kagome, y ambos habían tratado de "pasar el tiempo" de la misma manera... y con la misma persona... Se sentía furioso consigo mismo en ese momento, ¿¡Cómo había sido tan estúpido!? ¿¡Y como podía hacerle eso a Kagome ahora!? Lo único que haría ella si supiera su secreto sería odiarlo tal y como ahora odiaba a Náraku... No quería eso, no quería que lo odiara, menos ahora que comenzaba a sentir lo especial de su compañía...
—¡Inuyasha!—repitió por sexta vez.—¿Qué te pasa?
Las pequeñas manos de Kagome zarandeándolo lo despertaron de su ensueño y de sus pensamientos, la observó turbado por unos momentos, aunque luego negó con la cabeza mientras le brindaba otra sonrisa, aunque fingida esta vez.
—¿De verdad te sientes bien?— preguntó sin dejar de escrutarlo con aquella preocupación.— parecías ausente recién.
—No, solo estaba pensando... estoy bien, seguro.
Ella frunció el ceño por unos momentos, luego suspiró y se separó de él, dejándolo que se pusiera de pié con total normalidad.
—Creo que deberías ir a recostarte, solo por las dudadas.—le aconsejó.
—¿Te estoy preocupando, muaw muaselle?— inquirió con algo de burla, alzando una ceja.
Por la expresión seductora y su tono burlón, se obligó a sí misma a volver a esquivar su mirada de la suya, impregnada de vergüenza con sus mejillas ardiéndole por lo encendidas que estaban. Una mano sujetó su mentón con suma delicadeza, alzando su cara y obligando a que sus ojos se clavaran en los dorados de Inuyasha, ella entreabrió los labios para replicar, aunque, como ya había ocurrido, no objetó nada, sin embargo, observó como los ambarinos de Inuyasha bajaban hasta sus labios los cuales había dejado semi-abiertos. Su corazón se aceleró, ahora asustado por lo que el Hanyou pudiera tener en mente en aquel preciso momento. Raramente, la vez anterior cuando habían estado así de cerca no había tenido réplicas en que llegara a besarla puesto que confiaba en que no iba a hacerlo... pero ahora parecía tan... decidido... que le dio cierto terror...
Dio unos pasos de él, alejando su distancia. Temblaba de pies a cabeza, sus ojos lo observaron asustados los que obtuvieron una mirada llena de culpa por parte de Inuyasha.
—L-lo siento... —se disculpó, sin mirarla a la cara.— No qui...
—Mejor me iré a dormir.—anunció Kagome, sin dejarlo terminar. Dio media vuelta y se precipitó fuera del lugar a paso acelerado, casi corriendo.
En cuanto desapareció por el pasillo, se llevó una mano a la frente, intentando apaciguar sus insistentes pensamientos.
—Maldición... soy un estúpido... —refunfuñó por lo bajo.
¿Pero que le pasaba realmente?¿Por qué ahora sentía tanta culpa? No quería ser él quien caería en su propia trampa aunque creía que así estaba siendo, había sentido el irresistible anhelo de besarla, se había dejado llevar por sus instintos sin pensar en lo que ella sentía al respecto. Estaba bien que Kagome halla admitido que le gustaba estar con él, pero de ahí a que le diera algún indicio de que su plan estaba funcionando como debería, no había nada. Debía aceptar que se sentía levemente frustrado por el hecho de que volvía a sentirse rechazado por ella, aunque intentó controlarlo e intentar comprender su estado: Kagome había pasado por una experiencia bastante amarga con Naraku... necesitaba tiempo.
Sus piernas corrían tan rápido y su corazón estaba tan alborotado produciendo que su mente no recordara cada instante que había pasado tan cerca de Inuyasha que había perdido el "mapa" del recorrido que se había hecho en su mente esa mañana desde su habitación hasta las escaleras. Ahora estaba en un corredor de luces atenuadas (aunque no tanto como las del el comedor) que no reconocía. Aminoró el paso e intentó calmarse para encontrar su habitación entre las tantas que se encontraban allí. Finalmente y pasados unos cuantos minutos, encontró su gran puerta pintada de blanco nacarado, la abrió y entró, lista para dejarse caer en su cómoda cama y relajarse durante toda la noche.
Pero al observar la habitación detenidamente se dio cuenta de que no era la suya, los muebles eran de algarrobo negro y la cama de dosel poseía mantas amorronadas. La habitación no era muy diferente a la suya, los muebles estaban en los mismos lugares casi, aunque esta tenía una puerta corrediza que dejaba entrever un pequeño baño personal.
El aire estaba impregnado de un aroma masculino y dulce, como del mismo material que estaban hechos los muebles, de algarrobo, pero... mezclado con algo más... Terminó por cerrar la puerta y recostar su espalda en esta mientras se saciaba de ese aroma tan peculiar, tan varonil que si no mal se equivocaba, ya lo había sentido antes.
El aroma provenía del baño por lo que se precipitó hacia este, colándose por la puerta hasta entrar. El aroma era mas fuerte allí, pudo darse cuenta que el perfume se encontraba sobre el estante que sobresalía del espejo por lo que lo tomó y sintió su aroma, claro, algarrobo y frezno. La fragancia parecía muy costosa, pero valía la pena sentir su dulzor.
La puerta de entrada se abrió y su corazón casi sale de su pecho, hay Kami Sama... si el dueño de esa habitación se enteraba de que estaba husmeando en su cuarto... La puerta se cerró con estruendo y aquella persona suspiró, pero era un suspiro conocido, uno que ya había oído. Se acercó hasta la puerta corrediza para poder espiar por su rendija. Su corazón volvió a saltar en su pecho al ver una figura alta de espaldas a ella con su cabello largo y plateado cayendo sobre esta. ¡Kami Sama, esa era la habitación de Inuyasha! Sus mejillas enrojecieron de súbito, Inuyasha parecía ajeno a la noticia de que ella se encontraba allí, espiándolo... Mucho peor cuando, con toda la confianza del mundo, se desabotonó uno por uno los botones de su camisa hasta que esta calló al suelo, dejando al descubierto su espalda desnuda. Él volteó para tomar la camisa, ahora dejando que ella pudiera ver su pecho, bien formado y musculoso, al igual que sus brazos los cuales no les dejaron duda de que Inuyasha era mucho mas que un simple joven de apariencia de poco más de veinte años... era mucho más atractivo de lo que parecía... Y si bien ya había visto anteriormente un hombre desnudo la noche en la cual había escapado de "esa" casa donde había estado apresada, podía diferenciar que Inuyasha poseía un mejor físico. Se llevó una mano a la boca para ahogar un grito, no podía evitar estar roja de la vergüenza, el lío en donde se había metido aumentaba cada vez más y más... tampoco pudo evitar tirar el frasco de perfume al comenzar a temblar sus manos.
Como consecuencia, el frasco de vidrio cayó al suelo haciéndose añicos y dejando un estruendoso ruido. Instantáneamente, el Hanyou alzó los ojos a la puerta semi-abierta de su baño privado y frunciendo el seño. Kagome llevó ahora sus dos manos libres a su boca, presa del pánico... iba a enojarse mucho si se enteraba...
Inuyasha se puso de pié y arrojó la camisa a su cama mientras caminaba hacia la puerta de la cual tomó su perilla y se dispuso a abrirla, aunque Kagome, intentando por lo menos hacer algo, también sujetó la perilla desde el lado interior y cerró la puerta con fuerza para que no fuera abierta.
—¿Quién está ahí?—inquirió Inuyasha, ciertamente molesto mientras forcejeaba con la puerta la cual no podía abrir puesto que alguien oponía resistencia del otro lado, bajó la vista hasta el líquido color caoba que brotaba bajo la puerta lo que le extrañó aún más.—¡Salga de ahí porque esto no me parece gracioso!
Ella no contestó, sino que siguió empujando la puerta con la mayor fuerza que podía, ahora que el impacto del vidrio contra el piso había quedado en el pasado, sentía varios cristales del vidrio clavados en su tobillo que le produjeron un dolor punzante, aunque intentó ignorarlos mientras seguía intentando no ser descubierta.
—¡Abre la puerta AHORA!—le gritó Inuyasha, colmado.
No podía resistir mas puesto que sus dedos estaban casi dormidos por la opresión contra la perilla y sus brazos comenzaron a acalambrarse por la fuerza que estaba imponiendo. Inuyasha, al otro lado, utilizó todo su potencial para intentar abrirla una vez más, lo que venció los pequeños brazos adoloridos de la chica, que soltó la perilla, dejando que la puerta se abriera produciendo un estruendo ensordecedor.
Inuyasha dio un paso adelante tras poder abrir la puerta, aunque en menos de lo que duró el estruendo que esta había hecho, pisó el líquido caoba del perfume y resbaló, cayendo hacia delante, empujando a aquella persona que aún sus ojos no habían podido reconocer. Produciendo que esta gritara al sentir su cuerpo sobre el suyo mientras ambos caían al suelo y ella se golpeaba la cabeza contra la pared del pequeño baño, que estaba revestida de cerámica.
Kagome gimió por lo bajo, intentando resistir el golpe que su cabeza había recibido; Ya era demasiado dolor en un solo día. Más bien, en un solo instante. Alzó su mano hasta el lugar impactado, seguramente le saldría un chichón puesto que no podía ni siquiera tocarse por el ardor. Sus ojos se entreabrieron hasta enfocar a Inuyasha quien había caído sobre ella, produciendo el accidente. Este parecía también haber recibido un golpe, pero consideraría que era mucho mas leve que el suyo. Inuyasha alzó su cabeza para mirarla a lo que sus ojos dorados la escudriñaron con sorpresa, casi sin creer que la tenían presente en aquel momento.
—¿K-Kagome que...?—comenzó a indagar, con turbación.
Ella no respondió nada, sino que apretó sus labios formando una mueca de dolor a lo que Inuyasha frunció un poco el seño ¿Ella era quien había hecho tanto estruendo? ¿Quién no le había dejado abrir la puerta? Valla entonces que potencial tenía... y que escandalosa que era...
Intentó apartarse de ella para así poder reincorporarse, lo que lo hizo sin mucho esfuerzo puesto que no había recibido más que una raspadura en sus palmas al intentar frenar el impacto, pero por lo que parecía, Kagome apenar podía mover la cabeza. Ella se sentó a duras penas a lo que la ayudó a reincorporarse tras tomarla de la cintura.
—¿Por qué has hecho eso?—la regañó.— Feh! Eres una tonta...
Kagome lo miró con culpa y rodeó su torso desnudo con sus pequeñas manos tibias, acercando su pecho al suyo. Sollozando un poco a lo que él la miró sin comprender, y debía admitir, con un ligero sobresalto también por su reacción tan repentina.
—¡No te enojes, por favor Inuyasha!—rogó enterrando su cara en su pecho.—¡Yo m-me perdí y... no sabía que era tu cuarto y...!
Hay Kami Sama... estaba enojado, sabía que lo estaba... ¿Iba a castigarla? No... Inuyasha no era su padre, bueno, no ciertamente... solo lo había sido en un juego pero... podría no hablarle por unos días... había roto su perfume... lo había visto medio desnudo... hay... no podía creerlo... estaba en problemas... y graves...
Un par de manos rodearon su cintura y la acercaron más contra su pecho, ella abrió los ojos asustada y ciertamente intimidada, estaba cometiendo un error tras otro, ahora no lograba entender como diablos se había atrevido a abrasarlo de esa manera... Sus dedos juguetearon nerviosos con un mechón plateado de Inuyasha mientras este volvía a hablar, aunque se sorprendió que, cuando lo hizo, no sonara enojado... mas bien, estaba divertido... tal vez a gusto...
—No estoy enojado... —rió por lo bajo.— Solo desperdiciaste uno de los perfumes más caros de todo el mundo...
Ella se separó de él como si hubiera recibido una descarga eléctrica, sus mejillas volvieron a encenderse mientras volvía a mirarlo con infinita culpa antes de efectuar una prolongada reverencia hasta dejar que los mechones de su cabello cayeran sobre sus hombros.
—¡Lo lamento mucho!¡Juro recompensarte con lo que sea... si-si quieres puedo comprar otro... no-no hay prob...!
Inuyasha volvió a reír mientras la callaba con un suave "shhh". Los ojos castaños de ella lo miraron con la duda presente en ellos a lo que él solo volvió a sonreírle.
—No hace falta, no lo necesito. Fue un accidente ¿No?—admitió.— Además... ¿Qué hace el ama y señora... "Señorita"—se apresuró a corregir.— de la casa haciendo ese tipo de reverencias (normales en un criado) a un huésped?
Kagome lo miró extrañada, parpadeó varias veces sin entender como Inuyasha podía tomarse eso como si nada, si fuera Naraku a quien le había roto el perfume... Tomó aire y lo exhaló profundamente, él la observaba con una infinita dulzura, como si se tratara de una niñita divertida, y ciertamente Kagome no había perdido aquellos aires de niña.
—Ven.—la instó a acompañarlo fuera del baño y le señaló la cama a lo que ella lo miró como si estuviera loco o algo mucho peor, a lo que él solo volvió a reír levemente.—Siéntanle un momento.
Obedeció y se sentó en ella, casi hundiéndose. El colchón era un cómodo somier, tal y como recordaba que era el de su padrastro, las pocas veces que había entrado en su habitación de por casualidad.
Inuyasha se arrodilló en el suelo y tomó uno de sus tibillos, ciertamente el que estaba casi adormecido por la cantidad de vidrio incrustado, sus latidos volvieron a acelerarse mientras aguantaba la respiración, solo para no quejarse del dolor.
—Es este ¿Verdad?—preguntó alzando la vista a ella.
Levantó un poco la tela de su vestido hasta dejar ver la herida que había quedado, Inuyasha la observó por un eterno instante antes de comenzar a quitarle los fragmentos del frasco uno por uno, siendo lo mas suave posible.
—¿Cómo sabías que... ?—preguntó ella.
—Hueles a Sangre.—contestó sin dejarla terminar.— Por lo que no me fue muy difícil adivinar.
—Gracias.—susurró algo intimidada. El de ojos dorados la observó con algo de incomodidad. antes de volver a su trabajo otra vez.
—No es nada.—respondió intentando restarle importancia. Luego tomó un tono gracioso.—La próxima vez que te metas en problemas trata de no romper mis cosas.
—Fue... un accidente... —admitió volviendo a enrojecer.
—¿Es que tienes manos de manteca?—inquirió.
—M-masomenos... —susurró, bajando la vista avergonzada. De verdad que no había sido del todo un accidente, nunca nada de le había caído de las manos sin razón, generalmente era muy cuidadosa con las cosas que tocaba pero... esa había sido una excepción...
Una vez que Inuyasha terminó por quitar los restos de vidrio, rebuscó algo en la mesa de noche junto a su cama y sacó una gasa la cual comenzó a cubrir los pequeños cortes. Sus dedos torno a su pierna producían una descarga eléctrica en su cuerpo, estaba tiesa, tal vez demasiado puesto que él alzó sus ojos a ella, levemente confundido.
—¿Por qué estas tan tiesa? Solo relájate.—le encomendó.
Ella asintió con la cabeza, aún nerviosa. De cualquier manera no podía evitarlo... Suspiró pesadamente e intentó obedecerlo, pensar en cualquier otra cosa, aunque era imposible y más ahora que Inuyasha permanecía tan sumido en su trabajo, podía contemplarlo plenamente, el hombre del cual gran parte de su vida había estado enamorada en secreto ahora se comportaba tan amable con ella, como si realmente se interesara en ella, como si correspondiera a su amor...
Sonrió de manera ingenua por las estupideces en las que pensaba... ¿Inuyasha, enamorado?¿Justamente de ella? Era imposible, él solo... estaba siendo amable porque... porque así era su promesa con su madre, solo eso... a lo mejor la veía como a esa supuesta hija de ese juego, como siempre ella había pensado que sería. Si tan solo... si tan solo ella fuera lo suficientemente segura de sí misma, le diría a Inuyasha en ese mismo momento cuanto lo amaba, cuan grande era el sentimiento que sentía hacia él... pero no podía ser correspondido...
—"No puedo decir que te amo"—se dijo a si misma en su mente, con tristeza.—"Nunca seré correspondida... nunca vas a quererme de las misma manera que yo... "
—Listo.—Anunció Inuyasha poniéndose de pié y guardando las gasas que había sacado de su mesa de noche otra vez en su lugar.—Espero que no te duela mucho...
Sus blancas orejas de perro se movieron molestas, volvió a observarla. Kagome parecía levemente afligida por algo, sin razón aparente por lo que se sentó a su lado lo más rápido que pudo, ella alzó su cara a él mientras lo contemplaba bajo sus pestañas húmedas.
—¿Qué sucede?—intentó averiguar.
—N-no es nada.— intentó limpiar las húmedas lágrimas de tristeza y resignación que brotaban de sus ojos.
—Algo te sucede ¿Qué es?— Inuyasha tomó ambos de sus hombros y la zarandeó levemente.—¡No quiero verte llorar, dime que te pasa!
Kagome volvió a negar con la cabeza y simuló una risa pequeña que no logró convencerlo ¿Por qué?¿Por qué le pasaba esto? Lo último que quería verla llorar... se veía tan destrozada de esa manera... le recordaba a aquella vez en la que Kagome era una niña y lloraba de aquella manera desconsolada cuando Naraku se abusaba de ella, cuado la maltrataba y la castigaba, varias veces sin una razón conclusa. Volvió a rodearla con sus brazos, acercándola una vez más a su pecho, aquella sensación tan reconfortante que sentía cada vez que la tenía tan cerca... ese nuevo anhelo que había nacido hacía pocos minutos... era tan reconfortante...
Su abrazo fue correspondido puesto que ella alzó sus manos y las posó tras su espalda desnuda, rozando su largo cabello con sus dedos como parte de una leve caricia.
—¿Qué tienes?—repitió, esta vez con más suavidad en su voz.
—Suki to ienai.—se limitó ella a responder, intentando hablar en un tono tranquilo.
—¿Qué es eso?—preguntó él, sin comprender.
—No lo... se... Solo se me... vino a la mente.—admitió alejándose de él, produciendo que su pecho sintiera el frío de su ausencia. Sus ojos algo húmedos lo observaron con pena. —Lo siento pero... ya me voy...
Ella se puso de pié y caminó hasta la puerta. Dispuesta a marcharse-.
—Quédate conmigo.—rogó, poniéndose de pié y reteniéndola por la muñeca cuando estaba a punto se irse.
Estaba sorprendida y sus mejillas se encendieron otra vez, aquellos ojos dorados, del color del ámbar le rogaban que se quedara. Su corazón no podía evitar sentirse afligido al ver aquella mirada de súplica en ellos...
—Ya lo dije, me gusta estar contigo.—admitió.—Quédate conmigo un poco más, por favor.
—B-bien... —aceptó sin mirarlo, teniendo una apariencia cada vez más parecida a un tomate.
Inuyasha volvió a sonreírle, esta vez felizmente mientras acomodaba un mechón del cabello de Kagome tras su oreja. Quien le devolvía una mirada llena de turbación, comprendía que ella jamás había recibido ningún tipo de afecto como el que ahora él sentía por ella por lo que no estaba mal que lo mirara de esa forma, más bien le gustaba, seguía pareciendo una pequeña niña así.
—Llevamos dos días... —dijo por lo bajo.—... y ya creo que te necesito más que nunca...
Volvió a posar su frente contra la suya, sin sacarle la vista de encima, como si en sus propios ojos pudiera ver todo lo que ella pensaba y lo que sentía... Sus manos recorrieron los hombros de Kagome hasta bajar por sus brazos en una larga caricia y finalmente acabar entrelazando sus pequeñas manos con las suyas.
Ella tenía algo que lo hacía sentirse de esa manera, algo que le producía una irresistible atracción por aquella "niña" en un cuerpo de mujer, porque a pesar de la edad de Kagome, ella bien podía tener algunos comportamientos infantiles, aunque no dejaba de ser dulce y él no dejaba de quererla de esa manera ni dejaba de sentir el anhelo por sus labios que se tornaba como una droga que deseaba ahora más que nunca.
—¿Qué sientes?—preguntó Inuyasha, cerrando los ojos y procurándose en sentir su dulce aroma.
—B-bueno... —tartamudeó.—A-algo de n-nervios... y... ¿C-cosquillas?
Él rió, de verdad seguía siendo una pequeña niña.
—Me refiero a lo que sientes por mi.—aclaró aún sin dejar de reír por aquella confesión infantil, aunque a pesar de todo no era tan infantil puesto que él también sentía lo mismo.
Kagome frunció un poco el seño y lo miró esta vez con seriedad, definitivamente no se animaba a confesarle la verdad, no ahora, no podía hacerlo... pero era su oportunidad... Inuyasha se la estaba dando, él mismo ahora se estaba mostrando... ¿Romántico? Su corazón volvió a acelerarse, por Kami... debía decirlo...
—¿Yo... qu-que si-ento...?—repitió la pregunta.
Inuyasha abrió los ojos para verla, ¿Qué tenía en mente? Dentro de pocos instantes sabría que era lo que ella sentía, con todo su anhelo deseaba que dijera que lo amaba también, aunque una pequeña intuición le decía que no iba a decirlo, seguramente intentaría evadirlo o solo iba a confesarle que lo estimaba.
No podía evitar mirarlo a los ojos, esa mirada tan profunda que le daba la confundía cada vez más, la estaba apresando en ellos, hipnotizándola.
La puerta resonó con tres golpes que la alarmaron, instantáneamente ambos giraron para la puerta de la cual parecía que alguien intentaba interrumpirlos. Inuyasha gruñó por lo bajo y soltó a Kagome, tomó su camisa arrugada que había tirado sobre la cama y se la puso mientras se acercaba a la puerta y la abría de mala gana.
—¿Si?—preguntó secamente.
Kagome dio unos pasos atrás para que la persona que había interrumpido no la viera, sería mucho más vergonzoso que la vieran en la habitación de él a esas horas, volvió a sentirse avergonzada de lo que podrían llegar a pensar.
—Amo Inuyasha, debo...
—Ya no soy tu amo, Sango.—Le recordó él de mala manera.
—Am... de acuerdo... Señor Inuyasha... debo decirle que... no encontramos al ama por ninguna parte... —confesó nerviosa.— creía que estaría en su habitación pero toqué la puerta varias veces y no contestó... cuando la abrí no había nadie... todos la hemos estado buscando por todas partes y... no hay ni rastro... Kaede me pidió que se lo dijera porque suponemos que estuvo con usted cuando cenaron y queríamos saber si no sabía algo de ella...
Arqueó una ceja a la sirvienta.
—¿Asi que no la encuentran...?
—Aja... estamos muy preocupados...
—mmm... dame un momento y ahora decido que hacer.—anunció a lo que Sango asintió con la cabeza mientras él cerraba la puerta lentamente.
Inuyasha le dirigió una mirada divertida, ella estaba algo incómoda aún y sus mejillas no habían perdido su color en todo lo que había transcurrido de su charla con Sango.
—Creo que te buscan.—anunció en voz baja.— Deberías ir.
Kagome negó con la cabeza rápidamente.
—¡No...! ¡Q-quiero decir... no puedo salir de tu cuarto así como si nada!—exclamó, aunque su voz salió como un suave susurro.
—¿Entonces qué?—preguntó.—¿Vas a esconderte en el baño otra vez?
Ella no respondió y agachó la mirada turbada y a la vez, vencida. Suspiró resignada mientras observaba como Inuyasha volvía a abrir la puerta, bien, soportaría la vergüenza una vez mas... ya inventaría una buena excusa para explicar como se encontraba en una habitación agena con un hombre vestido con una camisa a medio abotonar.
—Está conmigo.—contó a la sirvienta con una sonrisa.— Iba directo a su cuarto pero se perdió y acabó en la mía, estábamos hablando justamente ahora.
Kagome se armó de valor y se acercó hasta ellos, la mirada incrédula que Sango le dirigió no ayudaba a disimular su bochorno, mucho menos cuando ella miró primero a uno y luego al otro sin comprender.
—B-bueno m-me iré a dormir... —anunció Kagome sin mirarlos.—¿Podrías acompañarme a mi cuarto, Sango?
—Claro.—aceptó la joven.
Kagome dio unos cuantos pasos fuera de la habitación y se volteó hasta Inuyasha, ciertamente intentando no mirarlo a los ojos, aunque le resultó casi imposible.
—N-nos vemos.
Pronunció una pequeña reverencia y se alejó de allí junto con Sango dejándolo sumido en sus propias dudas. Sus ojos dorados permanecieron clavados en su perfecta figura marchándose por un eterno instante; Kagome estaba cada vez mas... hermosa que antes...
Sus dedos se dirigieron a sus labios, recordando el beso que le había dado cuando ella dormía tan placidamente... el beso que había comenzado con su ambicioso plan.
—Suki to ienai...
Repitió las palabras de Kagome claramente, aunque aún sin entender ciertamente que significaban ni de donde las había sacado. De lo único que estaba seguro es que desde ese momento intentaría hacer algo por ella, no quería seguir el plan, no quería que ella lo odiara ni él tampoco quería usarla... pero no podía evitarlo, Kagome le atraía, y mucho... sin darse cuenta había caído en su propia trampa, pero no estaba enojado por eso, más bien, intentaría hacer las cosas correctamente a partir de ahora... ya lo discutiría con Miroku... Podía seguir intentando enamorarla, pero ahora sería con algo más que un sentimiento ambicioso, sería porque realmente ella le interesaba como mujer.
CONTINUARÁ.
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Bien, otro capitulo presente, creo que lo subí un poco tarde de tiempo pero debo admitir que realmente estaba inspirada por lo que el capi lo acabe el miércoles, aunque no pudo subirlo el sábado porque estuve ausentada desde el jueves hasta ahora. Pero creo que a pesar de todo, el capi me salió un poco empalagoso, no se que pensaran ustedes n.n
Espero que a partir de ahora las cosas mejoren por parte de Kagome, la pobre esta muy confundida... entiendan su estado... u.u pero podría decir que para ella se esperan muchos altos y bajos, va, para ambos puesto que las cosas van a mejorar y empeorar de a poco... Por otro lado, dicen que para enamorarse no toma mucho tiempo, tal vez piensen que tomó muy poco para que empiecen a gustarse ambos, pero piensen que la cosa viene desde hace años...
Debo avisar que ya decidí que este fic tendrá un lemon, Bah, lemon no exactamente, sino un lime aunque intentare hacerlo un poco mejor que el de Ángelus, veamos como me sale... jeje... n.n
Creo que es todo por ahora, ya llegamos a los 30 reviews, no es poco a pesar de que solo vamos unos pobres 7 capítulos jajaj les agradezco sus firmas a todas n.n que tengan una linda semana y nos vemos hasta la próxima semana!!!
Belle.
