–Capitulo Especial San Valentin--

Capítulo 8: ¿Comprometida?

Sus manos se estrujaron una con otra, los nervios la carcomían y sentía como si aumentaran agoniosamente a cada segundo de silencio que pasaba mientras ambas atravesaban el pasillo. Sango parecía algo asombrada puesto que aquella expreción de sorpresa aún no había abandonado su joven y amable rostro.

—El amo... quiero decir... Inuyasha es un joven muy amable cuando se lo plantea.— admitió la sirvienta por lo bajo, intentando sacar algún mínimo tema de conversación con su ama.

—Aja... —se limitó a responder Kagome, sonrojándose aún más. Hubiera deseado que Sango sacara cualquier tema, alguno relacionado con el clima estaría bien, pero todo menos sobre él... su mente se torturaba imaginando lo que Sango estaría pensando acerca de haberla encontrado en la habitación de Inuyasha a esas horas... —...Opino lo mismo.

Hubo otro silencio sepulcral, su acompañante se detuvo frente a otra puerta pintada de blanco nacarado, esta vez la suya. Kagome volteó la vista hacia atrás para ver el camino que habían recorrido, ahora de daba cuenta; La habitación de Inuyasha estaba solo a unos metros de la suya, separada por otra más. Abrió la puerta y entró en ella, observando esta vez que las luces estaban encendidas proyectando un aura blanca y común. Las ventanas estaban abiertas aún dejando entrar una brisa que agitaba las cortinas con calmada suavidad.

Respiró el aire fresco y natural que entraba en su cuarto, muy agradable, aunque nada comparado con el aroma que había sentido al entrar en la habitación de Inuyasha, el perfume de él le daba un toque especial a diferencia de la suya.

—Bien Ama, me retiro.—anunció la sirvienta con una reverencia a lo que su Kagome la miró con algo de sorpresa.

—No hace falta que me llames ama.—Le anunció con una leve sonrisa.— llámame por mi nombre.

—Am... de acuerdo... Kagome.—pronunció su nombre con cierta incomodidad.

La joven de ojos castaños tomó las manos de su sirvienta con amabilidad mientras volvía a sonreírle dulcemente, como a una persona especial, como si fuera una hermana o alguien de confianza.

—Quisiera que seamos amigas, Sango.—pidió.—Eres muy amable y también atenta, hoy me la pasé muy bien en el almuerzo con tu compañía, realmente quisiera tener tu amistad, pero no como tu ama, sino como tu amiga.

Sango la escrutó con sorpresa durante su monólogo, luego de unos pocos instantes, sus ojos brillaron, supuso que tal vez de emoción puesto que luego ella asintió con la cabeza, demostrando que estaba de acuerdo con su pedido a lo que Kagome ahora le dirigió una expresión radiante.

—Muchas gracias... no había tenido una amiga desde hace años.—admitió Sango ruborizándose.—Es que... bueno... el trabajo me ha mantenido muy ocupada y mis viejos amigos vivían en el pueblo antes de que me mudara aquí a trabajar.

Kagome le dirigió una pequeña sonrisa de consuelo.

—Te entiendo, se lo que es no tener a nadie con quien compartir tus cosas.— y es más... yo jamás he tenido un amigo, en lo que recuerdo de mi vida...

—Al menos ahora tiene a Inuyasha.—intentó comentar.— Él es muy amable con usted.

Su ama pareció incomodarse y sonrojarse otra vez, parecía turbarla recordar a su amo, pero no tenía ni la menor idea del porqué de esa reacción.

—Bueno... creo que iré a dormir.—anunció Sango con una sonrisa a modo de disculpa.

Su ama asintió y soltó sus manos dejándola marcharse, cuando esta se perdió por el pasillo, cerró la puerta e intentó respirar hondamente el aire natural que provenía de afuera, no pudo evitar rememorar esos sentimientos que había vivido en la presencia de Inuyasha, él se mostraba tan interesado... pero... que cosas estaba pensando... A lo mejor solo era su imaginación...

...Aunque...en parte... no le parecía que Inuyasha tuviera intenciones amistosas con ella al acercársele tanto ni tampoco brindándole aquella mirada tan profunda y cargada de un gran cariño, bien poco podría ella saber de la vida y de las relaciones entre las personas, pero de lo que estaba segura era que tal vez Inuyasha si podía estar demostrándole algo más allá de la amistad, pero también podría llegar a confundirse. Por un momento se sintió desquiciada consigo misma de no poder ser capas de entenderlo, de no poder comprender a ciencia cierta que sucedía... y por qué en esos pocos dos días, Inuyasha la trataba de esa manera tan dulce.


Sus ojos se desviaron hacia él otra vez, estaba raro, cambiado tal vez. Esa mañana no había tenido la acostumbrada arrogancia de siempre, sino que lo había tratado normalmemente, con demasiada seriedad, y aún estaba así en esos momentos, con sus ojos ámbar clavados en un punto impreciso tras la ventana del estudio.

No había mencionado palabra alguna, más bien le había pedido que se encontraran ahí y desde ese momento, permanecía cayado, debía admitir que seguía preocupándole su estado de seriedad, debería saber que le pasaba, o al menos instigarle a que hablara, por lo que se puso de pié, tomó una botella de un líquido amarillento de un estante y lo vació en dos copas.

—Quiero que brindemos.—anunció con una pequeña sonrisa, alzando su copa.

El Hanyou arqueó una ceja mientras sus ojos se clavaban en él sin entender rotundamente en que pensaba, aunque intentó imitarlo puesto que también se puso de pié y tomó su respectiva copa entre sus dedos.

—¿Y... a que se debe este brindis?—inquirió, aún sin quitarle aquella mirada de confusión a su amigo de ojos azules.

—Por tu plan, todo esta marchando viento en popa, Inuyasha... Hasta me enteré que anoche la señorita Kagome pasó un largo tiempo en tu habitación a solas... —le giñó un ojo a su amigo quien ahora había entornado los ojos hacia la copa, con cierta... ¿Culpa? Miroku frunció el seño sin comprender aún que le pasaba, alzó su copa un poco más para brindar a lo que Inuyasha lo imitó, aunque casi sin ganas.—¿Qué te sucede?

El Hanyou primero suspiró con pesadez, luego se mantuvo en silencio por unos instantes que parecieron infinitos para su impaciente amigo, hasta que finalmente dejó la copa en la mesa con suavidad, sin siquiera haber hecho algo con el líquido que aún llacía reposando en su interior, y miró decididamente a Miroku.

—Lo siento, pero no puedo seguir con esto.—anunció.

—¿De qué estas hablando?—se escandalizó su amigo, dejando tambien la copa sobre la mesa.—¡Hasta hace dos dias estabas completamente decidido a conquistarla!

—Si... ya se lo que dije... —gruñó entre dientes, fulminándolo con su mirada, lo que intimidó levemente a su compañero.— Pero no puedo seguir... me siento muy culpabe con todo lo que estoy haciendo... Kagome odia a Naraku por haber intentado usarla ¿¡Y que piensas que sentirá por mi cuando se de cuenta de que yo busco lo mismo que él!?

Su amigo se mantuvo notoriamente callado, ahora él tambien permanecía con esa ceriedad, aunque no duró mucho, puesto que luego estalló en carcajadas que irritaron completamente a su amigo quien volvió a querer derretirlo con su mirada.

—¿Qué es tan gracioso?—recriminó casi como una bestia enfurecida, pues Miroku le estaba haciendo perder la paciencia.

—¡No me digas que te enamoraste de la Señorita Kagome!—continuó riendo, posando una mano en sus costillas y golpeando la mesa a modo de no soportar más el dolor que le causaban semejantes carcajadas.

Era demaciado ya, gruñó por lo bajo como la bestia que era, aunque hubiera intentado controlarse estoicamente, cerró una mano en puño, que no tardó en dolerle puesto que sus garras se habían articulado y comenzaban a clavarse en su piel, aflojó el agarre de su puño para no herirse, dejando a la vista sus amenazadoras "armas" que produjeron que Miroku dejara de reir.

—Calmate... solo... bromeaba... —intentó corregirse puesto que la apariencia demoníaca de Inuyasha no era motivo de gracia, puso ambas manos delante de su cuerpo para instigarlo a que detuviera su enojo.— Es solo que... me... me parece muy raro esto... nunca imaginé que serías tu el primero en caer...

Miroku simuló una sonrisa culposa a lo que su amigo solo bufó desquiciado y ocultó su mano tras su espalda para poder calmar su autocontrol.

—No le encuentro ninguna gracia al tema... —admitió Inuyasha volviendo a mirar fijamente por la ventana, otra vez.— Lo confirmo, si, puede que halla caido, Kagome no es una mujer a la que puedes negarle que no es atractiva,—volvió sus ojos penetrantes a él.— porque lo es.

Miroku no contestó absolutamente nada, sabía que el hecho de que Inuyasha sintiera algo por Kagome podría ser una posibilidad puesto que él mismo había comprobado la indiscutible belleza de la nueva propietaria de esa mansion, dotada con un pequeño pero magnífico cuerpo.

—¿Entonces... que harás?—inquirió el de ojos azules.—¿Dejarás el plan reusándote a que no poseerás la casa?

—Feh! ¿Eres estúpido o que?—esta vez Inuyasha le dirigió una expreción decidida.— Por supuesto que no, lo que cambiará es el verdadero "por qué", seguiré intentando ganar su amor, pero ahora hay un sentimiento más además de la ambición, será porque realmente quiero tener su afecto.


La luz molestaba, y mucho, aunque intentó ignorarla y tomar unas horas más de sueño si podía, pero le fue casi imposible puesto que un cosquilleo comenzó a recorrer desde su muñeca, lentamente subiendo por su brazo y hombro, dejando otro cosquilleo casi irresitible en su cuello, aunque intentó resistirlo, ya era tarde, el sueño se iba de su cuerpo a cada instante y podía sentir esa caricia cada vez más. Se le puso la piel de gallina puesto que aquella caricia tan agradable y molesta a la vez subía por su cuello hasta recorrer su mejilla, donde un par de dedos tomaron delicadamente un mechón de su pelo y lo acomodaron tras su oreja.

Abrió los ojos cuando aquella sensación acabó, primero lo hizo con pereza, puesto que sus parpados pesaban demaciado y además, la luz no ayudaba mucho. Aunque cuando su vista se adaptó a la iluminación del lugar, percivió una figura masculina acuclillada a su lado que la observaba con atención y tambien con ternura, con sus ojos dorados aún mucho más brillantes por la luz del lugar, los cuales luego de sentir su mirada reflejada en la suya, brillaron aún un poco más, expectantes.

—Inuyasha... —su nombre fluyó de sus labios semi-abiertos casi instantaneamente puesto que apenas los había movido, su mente se preguntó desde cuanto hacía que estaba allí, mirándola de esa manera... se ruborizó un poco, a lo que el medio-demonio le dirigió una sonrisa.

—No era mi intención despertarte.—Admitió.— Solo vine a traerte un pequeño regalo.

Él ladeó la cabeza hacia la cómoda que reposaba junto a al ventanal, donde reposaba un bonito jarrón pintado con flores chinas azules que ella ya había visto con anterioridad, aunque ahora el jarrón no estaba vacío como recordaba, sino que permanecía lleno de pequeñas flores rozadas, se imaginó que abría al menos unas cien, o tal vez más, puesto que el ramo era enorme y la caida de las flores llegaba a rozar el mueble donde reposaba el jarrón.

—¡Ho... son hermosas!—Kagome se sentó en la cama con agilidad, abriendo los ojos de par en par al ver ese "pequeño" regalo de su parte.

—Son Flores de Cerezo, ya las conoces.—confirmó Inuyasha encogiéndose de hombros.— Las famosas "Sakura" del árbol que esta frente a la casa.

—¿Tu mismo las cortaste?—preguntó ella, volviéndose hacia él quien asintió.

—Recordé que hace tres dias cumpliste años y no me di cuenta de regalarte algo.—admitió mirando el ramo.— Espero conpensar mi falta con esto, generalmente estas flores duran bastante, toda la primavera y gran parte del verano si no me equivoco. Pero los ramos no son muy aconsejables que digamos... pero si cambias el agua del florero todos los días, creo... ¿Kagome?

Detuvo su monólogo mientras la observaba otra vez con la misma sorpresa y preocupación que había expresado el día anterior, Kagome volvía a llorar, aunque esta vez luchaba estoicamente para impedir que sus lágrimas calleran por sus mejillas, ella tomó la sábana que la cubría y se limpió los restos de lágrimas con ella.

—¿Qué... ?—intentó preguntar que le sucedía, aunque ella le brindó una sonrisa radiante y cargada de agradecimiento que produjo que se quedara sin palabras para seguir hablando, lo siguiente que Kagome hizo ni siquiera en sus sueños se había imaginado que haría ante algo tan insignificante como un presente atrasado; Ella comenzó a reir y lo abrazó al cuello, produciendo que perdiera el equilibrio y callera sentado al suelo con ella aún aferrada a su cuello, pronunciando palabras de un infinito agradecimiento.

—¡N-nunca antes... había resivido un regalo...!— ahora lo comprendía, Kagome lloraba, pero de felicidad, a lo que solo rió con levedad y acarició su sedoso cabello con sus dedos.—¡V-voy a... a cuidarlas mucho... ! N-no sabes... lo feliz que estoy...

—Yo tambien... —susurró, casi sin que pudiera ser oido, mientras depositaba un pequeño beso entre sus cabellos los cuales olían a ella, aquel aroma tan dulce y agradable; como ella.

Kagome se separó un poco para mirarlo a los ojos, aún de aquella manera tan radiante, aunque esa vez se le sumó su típico tono rosado a sus mejillas puesto que acababa de comprender lo cerca que estaban una distancia de otra, tanto, que podía rozar su naríz con la de Inuyasha, por lo que se limitó a quitarsele de encima para dejarlo levantarse, mientras que formulaba una pequeña disculpa.

—Bueno... ya debo irme.—Anunció el medio demonio mientras se reincorporaba, a lo que resivió una mirada dudosa de Kagome, a lo que optó por añadir.—Voy a ver como está Mioga en los campos de la estancia.

—Ha... ¿Puedo ir también?— ella juntó ambas manos a modo de ruego.

—No lo se... hace demaciado calor afuera como para que camines tanto, además no estas acostumbrada...

—¡Claro que puedo!—se ofendió.—¡Puedo soportar el calor, no tengo ningun problema!

—Te digo que el camino es muy largo, puedes sufrir un golpe de calor o algo peor...

—¡Inuyasha!—ella puso ambas manos en su cintura.—Ya no soy una niña, si no te enteraste ya soy mayor y soy la dueña de esta casa por lo que tambien DEBO ir.

Volvió a separar sus labios para formular una réplica, aunque volvió a cerrarlos. Tenía razón y le costaba admitir que así era... ella era la dueña, por lo que tenía derecho a ir si así lo quería.

—De acuerdo.—suspiró y caminó lentamente hasta la salida, abrió la puerta y se dispuso a marcharse, aunque volteó antes de cerrarla completamente.— primero desayuna algo, yo te esperaré abajo...

Una vez que permaneció a solas, sonrió triunfal, no era la primera vez que tenía un "enfrentamiento" de esos con Inuyasha, pero estaba segura que ese era el primero que había ganado definitivamente.

Despues de lo que serían casi quince minutos completos en los que optó por tomar un baño rápido, ponerse un vestido de verano frezco y cómodo y desayunar un par de cosas, se dirigió al living donde, como había acordado, él estaba allí esperándola.

—No tardaste tanto.—admitió Inuyasha con un tono normal, ya no parecía frustrado.

Kagome le dirigió una sonrisa y ambos se precipitaron fuera, donde ya los esperaba un caballo gris que parecía gustoso alimentándose del verde y bien cuidado cesped. Inuyasha fue el primero en subir y le tendió una mano para que ella hiciera lo mismo a lo que obedeció sin duda alguna sentándose otra vez frente a él, donde sintió una de sus manos rodear su pequeña cintura.

— ¿Lista?—preguntó su jinete demaciado cerca de su oido.

—Lista.—repitió Kagome sonrojándose levemente sintiendo cosquillas en su oido por su aliento.

Él agitó las riendas del caballo y este comenzó a galopar con rapidez en dirección al Este de la casa. Varias veces no pudo evitar desviar sus ojos a Kagome mientras esta observaba el campo verde que ya ni recordaba, era hermosa, no podía negar que le atraía bastante... aquella mujer con carácter de niña... Sabía que estaba perdido en ella, en su sonrisa, en sus ojos... en cada una de sus expeciones... en todo... Tal vez había permanecido demaciado tiempo mirándola puesto que ella también le devolvía la mirada, aunque una algo incómoda. Parpadeó confundido y rápidamente volvió la vista al frente, turbado y ciertamente avergonzado por haber sido descubierto... ¿Pero... desde cuando sentía tanta vergüenza como esa vez?

El viaje duró más de media hora transcurrida casi en silencio, el calor comenzaba a hacerce insoportable a cada segundo, Kagome comenzó a hacerce viento con su propia mano a lo que, al darse cuenta, Inuyasha aceleró el andar del equino hasta que se hizo visible la casita que ocupaba Mioga cuando quería estar cerca de su campo de cultivo. Inuyasha detuvo el caballo y bajó de él, siguiendo por extender su mano a Kagome quien había comenzado a dormirse desde hacía unos diez minutos. Ella se desperezó y tomó la mano que Inuyasha le ofrecía para bajar, callendo sobre el pecho de su compañero quien la sujetó fuertemente por su cintura hasta que sus pies alcanzaron el suelo.

—No creia que esta estancia fuera tan amplia... —comentó Kagome, rememorando el calor que sentía y todo lo que habían recorrido.

—Feh! ¿Ahora te das cuenta por qué Naraku te tenía tanto interes?—preguntó Inuyasha con cierta molestia mientras se cruzaba de brazos.

Kagome no añadió nada, sino que frunció el seño por su comentario, no necesariamente porque le molestara, sino que lo que realmente era lo que la había molestado es descubrir cada día que su odio hacia él iba creciendo cada un poco más.

Ambos caminaron hasta llegar a la puerta de la casita, donde el viejo anciando con aspecto de pulga salió para resivirlos con una reverencia mientras se quitaba el sombrero de paja de la calva cabeza.

—Buenos dias, ama. Buenos Dias, Señor Inuyasha.

Kagome volteó la vista hasta Inuyasha, con cierta extrañeza.

—¿Desde cuando eres "Señor"?—preguntó.

—Desde que te nombre la nueva ama de la estancia... —anunció Inuyasha poniendo los ojos en blanco, ciertamente no le agradaba mucho ese asunto.— No pueden llamarme amo puesto que no soy tu esposo ni nada por el estilo.

—Amm... ya-ya veo... —Volvió la vista al frente, ruborizándose, a lo que Inuyasha arqueó una ceja pero no objetó nada al respecto.

—Bueno, Mioga... creo que Kaede te tiene al tanto de que se avecina una tormenta bastate fuerte, por lo que hay que tomar precauciones para no perder todo el cultivo.—comentó Inuyasha seriamente.

—Si, haré lo que pueda... —Mioga parecía bastante preocupado cuando volvió la vista a los cultivos que rodeaban su chosa y se perdian bajando una colina.— Ya he comenzado haciendo unos cuantos canales a los costados pero... si llegara a llover a cántaros, muchas hortalizas no sobrevivirán...

—Al menos, algo es algo.—repuso Kagome con una sonrisa de consuelo para el anciano.— Cuando acabe la lluvia volverán a crecer seguramente pero apuesto a que muchas se salvarán, de igual manera, aprecio tu esmero Mioga.

Los ojos del anciando brillaron emocionados por la compación de su ama, le agradeció unas cuantas veces sin dejar de inclinarse ante ella quien ciertamente parecía algo incómoda pero no replicó. Mioga los guió por el campo, al menos, por las partes más cercanas e invitó a Kagome a que arrancara algunas frutas para llevar en el camino de regreso a lo que ella solo se conformó con un par de racimos de uvas.

—Más allá estan las hiervas de Kaede.—comentó Mioga señalando un punto apartado.— Ella es la que se encarga de cuidarlas bien y hasta sabe identificarlas... yo solo opino que son todos yuyos iguales...

Kagome rió dulcemente, de una manera cantarina ante su comentario que llamó la atención del Hanyou quien respectivamente caminaba tras ella. Él solo sonrió placidamente al oir su risa divertida, a lo mejor era tal y como Miroku le había dicho, era mucho más que un afecto lo que sentía por Kagome, quizás si realmente se estaba enamorando de ella.

—¡Nos vemos Mioga y suerte con el campo!—le gritó Kagome alzando su mano para despedirse de él mientras se alejaban sobre el caballo gris.

—¿Siempre vas a ser tan amable con todos?—preguntó Inuyasha, bajando la vista a ella.

—Claro, todos son muy amables, tu eres el duro aveces, Inuyasha.

Él solo volvió la vista al frente y sonrió, a lo mejor si era verdad. Pudo notar que ya habían pasado más de la mitad del mediodía en el campo de Mioga, el tiempo había transcurrido rápidamente y podría jurar que estaba bastante oscuro... pero... ¿Ya había oscurecido? Alzó sus ojos dorados al cielo, los cuales se abrieron más, sorpendidos, puesto que estaba oscuro por las nubes de tormenta que se habían acumulado en pocos minutos.

Un trueno azotó la calma del lugar y Kagome dio un respingo en su lugar, tambien mirando el cielo con cierto temor.

—¡No estaba así de oscuro hace unos minutos!—exclamó ella sujetando la camisa de Inuyasha fuertemente.

El viento se levantó contra ellos, demaciado fuerte y helado que la hicieron tiritar de frio por unos momentos, buscó refugio en el pecho de su compañero quien la acercó más a él tomándola otra vez por la cintura y obligando al caballo que galopara más rápido aunque este se negó puesto que otro relámpago alumbró el lugar por completo asustando al animal. Inuyasha soltó a Kagome y tiró fuertemente de las riendas del caballo quien pareció detener sus movimientos que amenazaban con tirarlos a ambos, aunque no estaba cien por cierto tranquilo.

—¿Qué vamos a hacer?—preguntó Kagome, asustada tambien.—¡No estamos ni a mitad del camino y el caballo no quiere seguir!

Inuyasha gruñó y bajó del caballo junto con Kagome quien tambien parecía temerosa. Él tiró de las riendas del animal para que lo siguiera hasta que logró atar las sogas que lo sujetaban a el tronco de un grueso árbol.

—No tenemos opción.—anunció el medio demonio ceriamente.—O caminamos o nos quedamos.

La chica juntó ambas manos, nerviosa y confundida intentando decidir que hacer, aunque no fue posible demaciado tiempo puesto que a los pocos instantes, el viento volvió a elevarse y unas gruesas gotas de lluvia los empaparon en cuestión de segundos. Kagome inhaló aire con profundidad, incapás de seguir respirando puesto que aquella agua estaba tan helada que le impedía a sus pulmones seguir respirando. El sudor que había recorrido su cuerpo causante del agobiante calor ahora era sustituido por un temblor que recorría cada sentímetro de su cuerpo de manera violenta. Tubo que hacer varios intentos para recuperar la respiración aunque no normalmente, puesto que su cuerpo ahora tiritaba de frío, se abrazó a sí misma buscando calor aunque no lograba encontrar algun atisbo mínimo. Sus ojos se entrecerraron, sus manos estaban casi congeladas, apenas podía mover sus dedos por el frío.

Inuyasha intentó contener la calma, a los pocos segundos el frio que su cuerpo había comenzado a experimentar se fue, sabía que estaba acostumbrado a esos repentinos cambios de calor a helada, ya desde hacía muchísimo que era victima de ese cambia tan bruzco. Sonrió triunfal y sus ojos dorados volvieron a Kagome, aunque toda expreción de supremacía hacía segundos atrás se borró de su cara, se acercó más y la tomó por los hombros, estaba helada y tambien su piel la cual había palidecido completamente.

—¡Kagome!¡Kagome!—la llamó Inuyasha sarandeándola.—¡Estas congelada...!

—T-t-ten-go m-m-much-o f-f-fr-í-io—intentó hablar como pudo, aunque apenas podía mover sus labios.

El de ojos dorados estaba completamente asustado, ella apenas podía hablar y temblaba de pies a cabeza y sus labios se habían tornado azulados al igual que sus manos. Por Kami... el cambio de temperatura tan derrepente la habia afectado a ella... claro... jamás había tomado la inmunidad que ahora él tenía.

—¿E-Escuchame... Como... Como te sientes?—preguntó con torpeza, puesto que apenas sabía que podría hacer con ella en ese estado. Sus peores temores serían que estubiera sufriendo de un principio de hipotermia pero... de tal manera, así parecía...

No obtuvo respuesta por parte de Kagome quien solo cerró los ojos fuertemente mientras la lluvia seguia callendo sin piedad sobre sus cabezas, helando cada vez más su pequeño cuerpo entumecido. Sus piernas comenzaron a flaquear y perdió el equilibrio, hubiera caido de no ser porque los reflejos de Inuyasha aún seguían funcionando inclusive en aquel momento en el que parecía notoriamente shockeado y confundido.

La sostuvo en brazos, debía decidirse que hacer, si dejaba que continuara... Kagome podría... No, por supuesto que no iba a dejar que algo le sucediera... menos que muriera estando él para ayudarla... eso sería lo último que se dignaría a hacer.

La condujo bajo un sauce donde al menos lograba retener un poco más la lluvia que en un campo abierto, dejó caer su espalda contra el tronco del arbol y posó una mano sobre la mejilla de ella, seguia congelada. Bien, solo había una solución para que no muriera de hipotermia...

Intentó erguirse, se quitó la delgada camisa húmeda que se había pegado estoicamente a su piel y la arrojó lejos, el frío se colaba hasta sus huesos, pero no había elección. Rápidamente tomó entre sus manos el cuello del vestido de Kagome y tiró de él para desabotonarlo lo más rápido posible (claro que no pudo evitar razgarlo), se lo quitó tambien y acercó su cuerpo casi desnudo al suyo, intentando darle al menos un poco de su calor.

Instantaneamente sintió la piel fría de Kagome contra la suya que logró cortar su respiración, aunque solo afirmó más su agarre a su cuerpo desde su pequeña cintura desnuda, soportando la agonía... solo por ella. Sus ojos dorados la miraron con demaciada preocupacion, estaba desmayada. Posó su mejilla sobre sus cabellos mojados rogando por que ella estuviera bien, que se recuperara.

Ya había perdido la cuenta de cuanto tiempo se había mantenido en aquella posición, solo sabía que a medida que los instantes pasaban, trataba de que su preocupación dismunullera al notar que la temperatura de su cuerpo y el de Kagome aumentaba un poco más y ella volvía a recuperar el color poco a poco hasta que sus labios se volvieron otra vez rojos y sus mejillas sonrosadas. Acercó su frente a la sulla, estaba casi tibia. Sonrió con levedad, ya casi había pasado... Una de sus manos rodeó la espalda pequeña de Kagome y la sostuvo para verle la cara. La llamó un par de veces, cerciorándose de que despertaría de su demayo a lo que luego de la quinta vez que pronunció su nombre, sus ojos fueron reflejados en los castaños de ella que se abrieron lentamente.

—Inuyasha... —respiraba entrecortado aún, aunque él estaba mucho más tranquilo ahora que ella podía volver a hablar casi con normalidad.

—No te preocupes, esta todo bien.—la calmó con una leve sonrisa.— Lo que importa es que estas viva, Kagome.

La chica asintió y frunció un poco el seño cuando otra corriente de aire volvió a helar su cuerpo produciendo un leve temblor que azotó su piel como si no llevara ropa sobre su cuerpo. Sus ojos castaños bajaron hasta el pecho desnudo de Inuyasha y luego a su propio cuerpo el cual solo estaba revestido de ropa interior.

Kagome pronunció un grito ahogado mientras se sonrojaba completamente, mucho más que las veces anteriores, su piel volvía a hervirle, ya no tenía ni una pizca de frío, más bien, un calor exesivo invadía su cuerpo, demaciado excesivo...

—Bueno, ese rubor ayuda a mejorarte.—opinó Inuyasha con un leve tono burlón.

La chica formuló una leve mueca mientras lo fulminaba con la mirada e intentó separarse de él, aunque Inuyasha hizo más firme su agarre contra su pecho, obligando que la cabeza de Kagome recostara esta vez en su hombro.

—Eres una terca... —gruñó entre dientes.—Te salvé la vida... si haces alguna estupidez ahora la temperatura te volverá a bajar.

Kagome entrecerró los ojos con pena y gimió un poco, por unos momentos había sentido que revivía los momentos pasados con Náraku al verse ambos casi desnudos, su corazón dolía en su pecho por los fuertes latidos... pero era distinto, Inuyasha nunca sería capás de hacer semejante cosa... pero que pensamientos tan descabellados habían invadido su mente... Inuyasha la había ayudado... nada más... Cerró los ojos sintiendo su calor irradiar de su cuerpo y rodeó la espalda de él con sus manos.

—Gracias... —susurró Kagome.

—Te dije que no debías venir... —agregó Inuyasha molesto consigo mismo más que con ella.—Sabía que algo podría pasar...

—No digas eso... —Kagome sonrió.—Estoy contigo porque me gusta.

Inuyasha se irguió un poco y la miró con algo de confución, la mirada de Kagome le demostraba agradecimiento y felicidad, sabía que no mentía... hasta ella misma le había dicho que le agradaba su compañía el día anterior.

—Kagome... yo... —Inuyasha bajó un poco la vista, entrecerrando los ojos, incapás de mirarla a la cara.—Me asusté mucho... lo... siento por... haberte expuesto a esto, hubiese sido mejor... dejarte en esa casa pataleando si así fuera. Pero... igual no me quejo ahora... en este mismo momento... —sus ojos volvieron a mirarla con infinita calma.—Yo... tambien estoy contigo porque me gusta... estoy contigo porque te amo.

El tiempo de detuvo, ya no oía el sonido de la lluvia recorrer la estancia ni tampoco los relinchos molestos del caballo más allá. Ya no sentía ni siquiera su corazón palpitando alocado, se mantuvo mirándolo eternamente, a aquellos ojos dorados que correspondían a su mirada con una infinita pasión. Sus labios se entreabrieron, pero no pudieron articular nada, sino que volvieron a temblar pero no de frio, más bien por el repentino nerviosismo que experimentaba, siempre se había imaginado la confeción de Inuyasha en sus más profundos sueños infantiles... eso debía ser un sueño más... no podía ser real... no... no tenía sentido... era... imposible...

—¿No me crees, verdad?—preguntó con un tono divertido en su voz.

Ella bajó su mirada, en un leve intento de demostrarle que así era, por lo que el Hanyou rió amargamente antes de obligarla a mirarlo a la cara alzando su mentón con su mano. Sus ojos castaños se abrieron inmensamente cuando resivió aquella mirada cargada de cariño y preocupación de parte de Inuyasha la cual entornó mientras le sonreía levemente.

Una de sus manos se afirmó firmemente su espalda mientras que con la otra dejaba una leve caricia en su mejilla sonrojada. Kagome alzó una mano temblorosa hasta posarla sobre la que seguia en su mejilla, ella tambien le dirigió esa mirada de cariño, aunque tal vez demostrándole confución tambien.

Inuyasha acercó otra vez el cuerpo de Kagome al sullo, atrayéndo sus labios a los suyos los cuales dejaron un largo pero suave beso sobre los semi-abiertos de ella, los cuales no se movieron debido al shock. Su mano que había estado sobre su mejilla, tomó la de Kagome y la guio tras su cuello la cual se afirmó a su piel al instante. Los labios de ella se permitieron abrirce un poco más permitiendo que él pudiera ahondar el beso, lo que no dudó en hacerlo al instante.

Podía sentir su propio corazón y el de ella latir al unismo, puesto que ambos se mantenían uno junto al otro por su cercanía. Kagome lentamente comenzó a corresponderle a sus besos con algo de torpeza, pero ahora ambas de sus manos estaban afirmadas a su cuello como si su vida dependiera de ello mientras que sus dedos jugueteaban con su largo cabello plateado con nerviosismo. En cambio, una de las manos de Inuyasha habían comenzado un camino lento de manera ascendente por su espalda siguiendo la linea de su columna hasta alcanzar su nuca, donde afirmó su mano y se inclinó más sobre ella, incapáz de saciarce completamente de esa droga que se había convertido sus labios para él, eran demaciado tentadores desde hacía tiempo y ya había tenido la oportunidad de provarlos una vez, aunque no completamente como estaba sucediendo en ese mismo momento, ahora se sentía demaciado tentado, no lograba entender tampoco como había conseguido llegar a eso, pero lo único que le importaba en ese momento era que a cada segundo sentía que la amaba cada vez un poco más y que a cada momento sería más dificil dejar de besarla con ese amor y esa pasión que le estaba demostrando.

Finalmente fue él quien se separó a duras penas de ella, intentando recuperar el aire que sus pulmones habían perdido. Abrió sus ojos ámbar que la escrutaron con demaciada atención, ella no se dignaba a abrir sus ojos, seguramente por temor a lo que podría suceder a continuación de ese acontecimiento. Sonrió y depositó un pequeño beso ahora en su frente que produjo que Kagome lo mirara con cierto temor primero.

—No estoy jugando ni estoy mintiéndote.— confirmó Inuyasha.—De verdad eso siento...

Kagome no objetó nada, entornó sus ojos y se afirmó a su cuerpo con fuerza, aunque no fue más bien porque necesitara otra vez de su calor puesto que ahora cada centímetro de su cuerpo hervía como si el sofocante sol hubiese vuelto a salir, pero no era así puesto que la lluvia seguia callendo con estruendo. Más bien estaba demaciado confundida e incapaz de comprender que había estado sucediendo en los últimos minutos, todo había sido tan repentino... tan... mágico... así lo pensaba, pero tambien sentía un gran amor por él, tal vez mucho más de lo que Inuyasha podría imaginarse.


Tocó la puerta muchas más veces de lo necesario hasta que esta se abrio por Kaede quien parecía terriblemente preocupada por su estado. Al verlos completamente empapados, pidió a Sango que trallera un par de toallas mientras los dejaba pasar.

—Me preocupé mucho, ama... la lluvia se largó de repente y... afuera está helado... —Kaede la miraba con detenimiento.— Espero que no halla sucedido nada...

La chica no respondió, el de ojos dorados la miró un eterno instante, si no se equivocaba, Kagome seguia en estado de shock o algo por el estilo puesto que no había hablado en todo el día desde que le confesado sus sentimientos. Cuando la lluvia había calmado un poco, había decidido retomar el camino de regreso a casa lo más rápido que pudo en el caballo, y allí estaban ahora.

—¿Ama, esta bien?—se preocupó Kaede acercándose más a ella para examinarla.

—Si... he... bueno... —esta vez fue Inuyasha quien intentó explicar la cituación.— Kagome no esta acostumbrada a estos cambios de clima y... tubo hipotermia y...

La anciana se escandalizó completamente mientras pronunciaba un grito ahogado, justamente en ese momento Sango llegó junto a ellos y le entregó las toallas en las cuales se envolvieron ambos.

—¿¡Pero está bien, no es así!?—la anciana volvió a examinar la cara pálida de su ama una vez más.

—Si ya... me ocupé de eso... —la tranquilizó el Hanyou, luego volvió su vista a Kagome.— Será mejor que te acuestes y te pongas unos paños calientes.

Ella apenas lo miró y su cara se ruborizó notoriamente cuando lo hizo, pero asintió con la cabeza mientras daba media vuelta y salía se la habitación a paso algo torpe y rápido. Sango de dirigió tras ella y la ayudó a subir las escaleras con amabilidad, aunque no obtuvo ni una pequeña palabra por parte de su nueva amiga.

Juntas llegaron a la habitación, sus ojos se dirigieron instantaneamente hasta el florero donde las flores de cerezo aún permanecía allí, recien cortadas y con aquel aroma tan peculiar. Su estómago se revolvió de solo recordar al dueño de esas flores, sus mejillas también se ruborizaron; Aún su mente no lograba asimilar que había sido besada por él, que Inuyasha le había confesado que la amaba, aquellas cortas fraces habían recorrido su mente toda la tarde y no había sido capaz de dirigirle ni una pequeña palabra a su compañero, era demaciado confuso y además, tampoco sabía que podría decirle ahora... Su mente no asimilaba nada, en parte tampoco podía creer lo que Inuyasha había dicho y hecho esa tarde... su mente quería pensar que tal vez había sido casualidad... quien sabe... algun juego de niños... pero no, no la habría besado de no ser porque la amara como él mismo había dicho...

—Será mejor que valla a buscar agua tibia.

Sango salió de la habitación con rapidez, dejándola sola, aunque en ningun momento se cruzo por su mente recostarse en su cama como Inuyasha había ordenado, sino que soltó la toalla que envolvía su cuerpo, al instante, esta y su vestido roto calleron al suelo. Sus ojos castaños examinaron las prendas y su corazón se aceleró al instante, alzó su vestido y observó que le faltaban varios de sus botones, seguramente en un intento desesperado por abrirlo, tambien estaba razgado...

Se dirigió a su armario y de vistió con su camisón el cual usaba para dormir, no tenía pensado levantarse en todo el día de la cama, se sentía debil y sin fuerzas como para seguir manteniendose en pie por mucho tiempo. Otra corriente de aire violenta entró a su habitación y agitó las cortinas, haciendo que algunas flores de su preciado ramo volaran lejos. Kagome se precipító hasta la ventana con una rapidez exesiva y la cerró, no quería perder aquellas preciadas flores...

Luego de eso, caminó hasta el escritorio y abrió el primer cajón de donde extrajo un pequeño estuche adornado con caracoles de mar, lo abrió y sus ojos observaron una única flor de cerezo maltratada a la cual le faltaban varios pétalos, sonrió levemente y con algo de pena, tal vez era un pensamiento infantil lo que ahora pasaba por su mente, pero esa bien podría ser su primera flor que había resivido como regalo de parte de Inuyasha, se había prometido guardarla allí como recuerdo de él... Tambien recordaba haber puesto allí los restos que quedaban de esa flor de cerezo la noche anterior junto con...

Sus dedos sujetaron un minúsculo anillo de oro que ya desde hacía años no le entraba, era demaciado pequeño, infantil, aunque de cualquier manera lo había concervado hasta ese momento...

"—Si. Naraku no podrá retenerte. Cuando seas mayor, una chica adulta, te llevaré al lugar en donde yo vivo y viviremos juntos ¿Qué te parece? Serás como una princesa.

¡Claro que quiero!— exclamó ella, mientras sus mejillas de decoloraban a rojo. Tan solo pensar en que sería una princesa, la hacía emocionarse... a lo mejor, estaría viviendo un cuento de Hadas como aquel de la pobre Cenicienta.

Bueno, es una promesa. Promesa de padre.— agregó el chico.

Rebuscó en el bolsillo de sus jeans y sacó un pequeño anillo de oro, lo suficientemente pequeño como el dedo de Kagome. Se lo entregó, mientras ella lo miraba sorprendida.

Este es un regalo que te va a recordar mi promesa.—contó.

Lo tomó en sus pequeñas manitos y lo examinó detenidamente, era muy bonito... se preguntaba de donde lo habría sacado, aunque al mismo tiempo no: Inuyasha podía ser realmente un príncipe azul y vivir en un castillo, solo que se lo estaba ocultando... ¿No era así?"

Cerró sus manos en torno al anillo que Inuyasha le había regalado y lo acercó a su pecho, ese anillo representaba la promesa de él, la promesa de sacarla de aquella casa donde se sentía apresada, y ahora estaba cumplido. Volvió a observarlo detenidamente, ahora que se daba cuenta, a pesar de ser pequeño, esa joya le recordó a un anillo de compromiso ya que era perfectamente lizo y tan solo un pequeño diamante, casi minúsculo, lo adornaba. Generalmente jamás se había fijado en ese detalle, sino que lo había tomado como algo natural, aunque solo se mordió el labio para evitar reir tontamente, que pensamientos tenía... se notaba que estaba demaciado confundida y demaciado enamorada de él...

Alzó el anillo sobre sus ojos para poder verlo mejor, algo había relucido en su interior, que había captado su atención, pero este era demaciado pequeño como para poder verlo bien lo que contenía, entrecerró los ojos un poco y trato de acercarlo más a la poca luz que entraba desde la ventana...

...El anillo resvaló de sus manos y calló al suelo, rodando hasta desaparecer bajo el escitorio. Sus manos temblaban, tambien sus piernas y podría jurar que su corazón ya casi estaba fuera de su pecho puesto que latía tan rápido que no lo sentía, tubo la necesidad de sentarse en su cama ya que sentía que desfallecería otra vez por el shock... era... inexplicable... demaciado incoherente... imposible...

—Inuyasha... —pronunció debilmente, casi sin aire, el nombre que formaba el conjunto de letras al reverso del anillo de compromiso.

CONTINUARÁ


Ufff... realmente estaba inspirada... creo que de todos este capitulo ha sido el maaaas largo, pero vale la pena ;) ya que mañana es San Valentin e intente inspirarme lo más que pude, por eso, este capi romántico va dedicado a este dia tan especial para los enamorados n.n por eso la dedicacion al inicio del capitulo jajaj espero que este bien para el gusto de todas a pesar de que intente dar lo mejor de mi.

Bueno, el final es algo inconcluso, podría decirse que el anillo que Inuyasha le regalo es uno de compromiso porque ES uno de compromiso por lo que parece y tiene el nombre de él al reverso... algunas pensaran que es un perverso en hacerle eso a una niña pequeña... pero quien sabe...

A respuesta de uno de los reviews acerca de lo que significa el titulo d este fic: SUKI TO IENAI, la traducción es NO PUEDO DECIR QUE TE AMO, perdon si no lo deje muy en claro n.n' jeje...

Bueno, es todo, y les mando un saludo bien grande y un feliz dia de San Valentin!!