Capítulo 9: Soledad
Caminó de manera apresurada hasta su habitación dejando las gotitas de agua caer de su cabello y mojar la alfombra que adornaba los pasillos. Cabe agregar que tubo suerte puesto que casualmente Miroku salía de su respectivo cuarto y lo saludaba con normalidad, a lo que optó por tomarlo del brazo y conducirlo junto con él a su habitación.
No le dio explicaciones a cada una de las preguntas que el de ojos azules le formulaba, sino que no paró de llevarlo consigo hasta que abrió la puerta y se encerró a ambos dentro. Miroku se sentó en su cama y lo miró desde allí sin entender, él se procuró en dejar en alerta sus oidos para escuchar por si alguien pasaba justamente por allí y escuchaba su conversación pero cuando se aseguró de que no había nadie, tomó aire, listo para comenzar a decirle lo que había estado teniendo en mente toda esa tarde, solo esperaba que Miroku no lo tomara a mal, aunque conociéndolo tal vez se alegraría, aunque lo que pensaba decirle no era mucho motivo de fiesta. Finalmente, decidido, habló.
hondamente y habló.
—La besé.—confesó ceriamente.
Primero le dirigió una mirada de desconcierto, aunque luego, como si se tratara de que lo estaba mirando en una secuencia por camara lenta, la sonrisa de Mirku se fué haciendo presente en su rostro. Se puso de pié y juntó ambas palmas en señal de victoria.
—¡Genial!—exclamó aún sonriente.—¡Con esto has dado un paso muy importante, es una marabillosa noticia!
Inuyasha entornó sus ojos dorados a su amigo mientras negaba con la cabeza.
—Te equivocas, no es nada bueno. Kagome no me dirigió la palabra despues de eso.
La sonrisa de su amigo disminuyó un poco.
—¿Acaso se enojó contigo?
—No lo se.—repuso frunciendo el seño.— Pero por su cara me di cuenta de que esta confundida, y mucho. En ningún momento me recriminó algo.
—¿Pero que hizo después de eso?—inquirió Miroku comenzando a impacientarce.
—Bueno... nada, ya te lo dije, tampoco se atrevió a mirarme a la cara en todo el día.
Su amigo de paseó por la habitación mientras meditaba en silencio, los ojos dorados de Inuyasha lo siguieron a cada paso que daba, haciendose cada vez más y más anciosos de oir la opinión de su amigo, aunque su mente le decía que a lo mejor haberla besado de una manera tan repentina la había afectado mucho, quizás Kagome necesitaba un poco más de tiempo para aplacar sus ideas y pensar en lo que realmente sentía... quien sabe... a lo mejor... obtenía algo bueno de esa mustra de cariño que le había dado.
Inuyasha bufó tras contar casi tres minutos desde que Miroku había comenzado a pensar y pasearce de un lado al otro con rapidez, solo optó por sonreír burlonamente.
—Si sigues así vas a hacer un pozo.
—¡Silencio por favor!—pidió Miroku con impaciencia.
El de ojos dorados lo miró con sorpresa por su reacción, por lo que lo miró con rencor mientras se cruzaba de brazos, esperando por su respuesta la cual se tardaba mucho en llegar.
—No se me ocurre nada...—admitió el de ojos azules suspirando.
—Tanta espera para nada... —gruñó Inuyasha siguiendo con aquella mirada de rencor.
—Lo único que puedo decirte es que intentes no acercarte a ella y que la dejes meditar bien las cosas.—opinó.
Inuyasha rió con amargura.
—Ya lo he pensado. Pero no puedo, estoy muy preocupado por su estado y...
—¿Su estado?
—Tubo hipotermia por la helada.—comentó mientras recordaba que él aún seguia empapado, por lo que se dirigió a su armario y sacó otra camisa limpia.
Miroku arqueó una ceja y sonrió de lado mientras se acercaba más a su amigo para mirarlo a la cara.
—Y tú como buen samaritano la socorriste de la manera tradicional...
—Keh! Hice lo posible para que no pasara a algo más grave.— aclaró sin mirarlo por la turbación que había comenzado a sentir.
Su amigo solo sonrió sin añadir más nada, recostó su espalda contra la pared mientras esperaba a que Inuyasha terminara de cambiarse la ropa empapada la cual arrojó dentro del baño con poca delicadeza.
—Has dicho que no puedes estar lejos de ella... y menos ahora ¿No es así?—inquirió Miroku alzando su vista al techo, de manera distraída.
—¿Qué incinuas?—Inuyasha lo escrutó con recelo mientras se abotonaba la camisa.
—Ha... nada... Solo pensaba... —arqueó las cejas y volvió a mirar a su amigo.— Cambiando de tema, la fiesta que hacemos cada año será dentro de cuatro días ¿Cuándo piensas ir al pueblo?
—Tienes razón...—Inuyasha llevó una mano a su frente intentando despejar sus ideas.—Lo estaba olvidando por completo...
—Demaciado romance hace mal a la cabeza.
—No necesito reprimiendas.—el Hanyou le dirigió una mirada de hielo a lo que su amigo volvió a sonreir con inocencia.—No tenemos más tiempo... Iremos... mañana a la madrugada ¿Feliz?
Miroku asintió demostrando que estaba de acuerdo. Bien, con eso tendría suficiente tiempo de sobra como para que Inuyasha hiciera caso a su concejo, el pueblo estaba a un dia y medio de viaje y seguramente no vería a Kagome hasta el día de la fiesta, eso sería suficiente tiempo para que ambos aclararan sus mentes y su relación mejorara cada vez más, tenía ese presentimiento y generalmente no solía errar.
—¡Kagome por Kami!¿¡Qué te pasa!?
Sango había entrado a la habitación de su ama con un cuenco de agua tibia en sus manos que casi tira al suelo al ver lo pálida que estaba ella, parecía un papel y su cara demostraba un shock exesivo. Se las ingenió para depositar el cuenco en un lugar donde nadie podría tirarlo y se dirigió a su lado con demaciado sobresalto en su rostro.
—¿Kagome?—volvió a llamarla, aunque ella no la miró, sino que tenía su vista fija en sus manos que estrujaban su vestido de dormir, estaba temblando de pies a cabeza, aunque estaba segura a que no se debía del frio... sino... por algo más... Por lo que volvió a llamar su atención tomándola por los hombros y moviéndola suavemente—¡Kagome!
—E-es imposible... no... no hay explicación... —susurró ella para sí misma, sin mirar aún a su amiga.
—¿Qué es imposible?—inquirió Sango.
Kagome parpadeó un par de veces y alzó sus ojos castaños a ella, estaban demaciado brillosos y hasta podría jurar que también veía un leve rastro de llanto en ellos, la chica pronunció su nombre casi sin mover sus labios y se arrojó a sus brazos buscando consuelo que ella solo le correspondió con unas leves palmaditas en su espalda.
—Calma... ¿Qué tienes?
No obtuvo respuesta absoluta. Sino que Kagome siguió intentando calmarse, estaba demaciado sofocada, sorprendida, se sentía extraña, incapaz de creer que... había estado comprometida sin saberlo porque... ese anillo llevaba "su" nombre...
Finalmente se separó un poco de su amiga, lo suficiente para que ella pudiera verla a la cara, aunque los ojos de Kagome estaban clavados an sus manos, incapás de mirarla fijamente por una infinita vergüenza... hay por Kami... era imposible todo eso...
—B-bueno... yo... —comenzó, respirando hondamente por cada palabra que pronunciaba intentando al menos, parecer que mantenía la calma.— esto... es algo muy importante... yo... necesito que prometas no... no decir nada...
—Lo prometo.—aseguró Sango con ceriedad.— No se lo diré a nadie ¿Qué es lo que tienes que decir?
—Yo creo que... que... estoy c-comprometida...
Su amiga frunció el seño sin entender.
—¿Qué?
—L-lo que oiste... —sus mejillas se ruborizaron más.— Yo tenía... un... un anillo que I-Inuyasha me había dado hace mucho y... hoy lo vi y...
Su voz se quebró un poco desde que había dicho su nombre, su confidente la miraba con cara de no entender ni una palabra de lo que le estaba contando, como si fuera incoherente.
—¿Donde esta el anillo?— preguntó, aún con esa ceriedad que había tomado antes de que le confesara aquello.
Kagome le señaló el hueco entre el suelo y el escritorio, a lo que Sango no dudó en dirigirse allí, meter su mano bajo el mueble y sacar una pequeña alianza observó con detenimiento, girándola entre sus dedos tal y como ella misma había hecho minutos atrás y, como había sucedido, Sango ahogó un grito y estrujó el anillo entre sus manos con fuerza.
—¡Es cierto, es un añillo de compromiso y... T-tiene el nombre de... !—aclaró mirándola con confución.
—¡Lo se, yo nunca... nunca lo vi y... !
—Dime, Kagome... —Sango volvió a sentarse a su lado y le extendió el anillo a lo que Kagome lo tomó entre sus manos como si se tratara de un tesoro preciado, y es que eso era.—¿Inuyasha ha... dicho algo sobre... esto?
Su ama negó con la cabeza mirando la alianza con confución, era verdad, ahora que lo pensaba bien, Inuyasha en ningún momento lo había mencionado...
—¿Podría haberse olvidado del asunto?—inquirió Sango mirando distraidamente por la ventana como el viento hacía resonar los vidrios.— ¿O... simplemente intenta parecer como que no lo recuerda?
—No lo se... tampoco ha dado ningun indicio de saberlo siquiera... —acotó Kagome.
—Pero si él te lo dio, debe saberlo.—Sango frunció el seño, decidida.—¿Por qué no mejor se lo preguntas?
—¡Ho no, claro que no, menos ahora!—exclamó la chica enrojeciendo completamente ante su idea.
De cualquier manera no iba a hablar ahora con él con todo lo que había pasado esa tarde, y mucho menos sobre un tema tan... "delicado" como un supuesto anillo de compromiso que él bien no recordaba o recordaba muy bien... Sus ojos se obligaron desviar la mirada de la cautelosa de Sango quien parecía escrutarla con verdadera desconfianza.
—Kagome... ahora que somos amigas... prometimos confiar una en la otra... —comentó arqueando una ceja.— Y desde que llegaste de ese paseo te noto muy distinta... mucho más con Inuyasha... ¿Dime... acaso... paso algo allá?
—¿A-a-allá d-donde?—tartamudeó la aludida
—Sabes a que me refiero, cuando llegaste estabas muy rara y estoy segura de que sucedió algo cuando estaban en aquel viaje.
Su corazón se aceleró de tan solo oir las palabras de Sango que le permitían recordar aquel momento y las palabras cargadas de dulzura que él le dirigía, de cualquier manera sabía que Inuyasha decía la verdad, aunque no quisiera aceptarlo, en su mente no cabia la idea de que eso podría ser posible... no podía creer que todo su mundo había mejorado en tan poco tiempo, y que sus sueños más profundos e imposibles uno a uno se fueran haciendo realidad.
—B-bueno... p-para ser sincera... —Kagome volvió a arrugar su vestido torno a sus manos con nerviosismo, aún incapás de mirar a su amiga a los ojos.
Se mordió el labio, seguía avergonzada por aquel asunto, era la primera vez en su vida que algo como eso le sucedía, y no sabía siquiera como actuar al respecto. Finalmente tomó aire, preparada para dejarlo salir, debía hacerlo, necesitaba desahogarse con alguien como nunca lo había hecho, y sabía que podía confiar en Sango, sabía que ella sería su confidente tal y como ambas había prometido ser la una a la otra.
—I-Inuyasha m-me... dijo que él estaba c-conmigo p-porque me... me... a-amaba...
Sango estaba tiesa mirándola como si no crellera ni una palabra de lo que le había dicho, y así tambien estaba ella misma, sería que el tema era tan inimaginable que ya no se consideraba la única loca que creía que era descabellado. Su amiga optó por dirigirle una sonrisa de felicidad mientras exhalaba un gritito ahogado.
—¡Eso es marabilloso, no puedo creerlo!—tomó sus manos y las oprimió con suavidad, por unos momentos, Kagome se atrevió a mirarla y volvió a enrojecer por la vergüenza que sentía.—¡Debes estar feliz para que un joven como Inuyasha esté enamorado de ti! ¡Yo ya lo sospechaba, era demaciado amable contigo... muy atento... no entiendo por qué estas así, es estupendo eso!
Ella sonrió con algo de pena, a lo mejor para Sango era marabilloso y tal vez muy obvio, pero para ella era dificil, muy confuso y... no lograba entender el por qué... Inuyasha era como su salvador... su príncipe de cuentos... esta bien, debía admitir que también había llegado a sentir cierta atracción por él, pero... nunca se había imaginado que sus sentimientos serían correspondidos, creía que Inuyasha la veía como a una hija o una hermana o quien sabe como, pero nunca que la amara como bien decía, y eso era lo que generaba sus dudas y su confución: No podía creer que fuera cierto.
—Por tu cara no pareces muy feliz... —acotó Sango.— Estas confundida ¿No? —Luego de ver como su amiga ascentía, suspiró.— Se como te sientes y es normal que estés así... pero piensa que no es para tanto, despues de todo, solo ha sido una confeción, no tiene por qué afectar tu trato con él, a menos de que halla pasado algo más...
Kagome no pudo evitar reir con algo de amargura ante el comentario de Sango, lo que produjo que ella se diera cuenta al instante.
—Si ha pasado algo... —acotó la sirvienta.— Y es muy obvio tambien...
—Él me... besó... luego de eso —contó siguiendo con aquella voz con un leve tono de amargura..
—¡Eso si es llegar lejos!—exclamó sobresaltada y abriendo sus ojos como un par de platos.—¿Y tú que hiciste luego?
—Nada.—comentó con algo de congoja.— No pude... decir nada... desde ese momento no nos hemos hablado... todo esta muy confuso...
Una mano se posó en su hombro a modo de consuelo, Kagome miró primero a Sango y luego a su mano con algo de incredulidad.
—Apuesto a que lo que Inuyasha dice es cierto, si él esta seguro de que te ama, es porque eso siente, no debes estar confundida, no hay razón. Aunque entiendo que estés en un momento en el cual sientes que no te atreverías a mirarlo a la cara, pero la vergüenza pasa conforme al tiempo y luego comenzarás a sentir que ya no puedes despegar sus ojos de él...
Esta vez fue Sango la que se ruborizó y apartó su mano del hombro de su amiga al instante, los papeles habían cambiado puesto que ahora era Kagome quien examinaba a su amiga con cautela.
—Ya has pasado por esto... —dedujo.—Seguramente Miroku...
—No quiero hablar de eso.—la detuvo Sango con voz lastímera.— Ya te lo contaré algun día, pero no ahora.
Ella asintió demostrándole una sonrisa tranquilizadora.
—Gracias por todo, Sango. Mañana le preguntaré a Inuyasha si es que tengo el valor.
—Pero dime ¿Qué sientes tú exactamente por Inuyasha?
Kagomer arqueó las cejas sorprendida por su pregunta. Apretó sus labios con fuerza para no dejarlos entreabiertos por la sorpresa repentina. No se atrevió a decir palabra durante varios segundos, aunque finalmente se reusó a suspirar y a mirar a su amiga con seriedad.
—Ya lo sabes, es muy confuso... pero de igual manera se que... siento algo por él, el problema es que no se como interpretar ese cariño... tengo miedo de descubrir que no es el amor que él dice tenerme.
—¿Lo sientes cómo a un ser querido?—inquirió.
—No lo se, aveces como si eso fuera, pero aveces me doy cuenta que tal vez si sienta amor por él... todos esos años que pase en "esa" casa no me dejaron saber mucho de la vida...
Se quedaron en silencio durante unos segundos, Sango se puso de pié y tomó el cuenco de agua calienta para dejarlo junto a la cama de su ama. Sacó un pañuelo y lo remojó mientras Kagome la miraba dudativa.
—¿No te acuerdas? Inuyasha me pidió que usaras esto para que te subiera la temperatura, acabas de tener hipotermia ¿No?
—Ha... s-si...
Se recostó en la cama y dejó que Sango cuidara de ella, aún sentía como el viento y la lluvia repiqueteaba en la ventana con fuerza. Cerró los ojos y se dejó llevar por su sonido hasta relajarse completamente, creyó sentir otra vez la sensación de unos brazos torno a su cuerpo que intentaban darle calor que luego había comenzado a hacerce más exesivo a cada instante hasta que aquellos labios habían tocado los sullos, encendiendo una llama en su interior.
No supo cuanto tiempo había estado durmiendo ese día, pero cuando abrió los ojos aún seguía nublado el cielo, oscureciendo el hambiente de su habitación. Las gotas de lluvia caían aún, pero más delicadamente que cuando había comenzado la tormenta.
Estaba sola y podría imaginarse que hacía unos segundos Sango estaba a su lado. Sus ojos miraron el reloj de su mesa de noche, las diez de la mañana, se llevó una mano a la frente donde aún descansaba su paño de agua, aunque esta vez estaba completamente seco, estaba somnolienta por todo lo que había dormido, realmente había estado agotada... Se levantó de la cama y se vistió con un vestido de tela gruesa, el frío se sentía en el aire, como si el clima hubiera cambiado de un momento a otro.
Justamente cuando estaba arreglando su enmarañado cabello, sintió los pasos de Sango aproximándose a su habitación unos segundos antes de la puerta se abriera.
—Buenos Días.—saludó, aunque su voz no tenía aquel sentimiento alegre de siempre.
—Buenos Días.—contestó Kagome sonriéndole, aunque casi sin notar la cara de ella.— Estoy decidida, ahora veré a Inuyasha e intentaré hablar con él... solo espero tener el valor de preguntarle sobre el anillo.
—Ammm... sobre eso... —Sango se removió incómoda en su lugar captando su atención.— No creo que sea posible...
Dejó su cepillo a un lado y se hizo una media coleta en su pelo. Tras terminar, miró a su amiga con una ceja arqueada.
—¿Qué sucede?
—Inuyasha... se fue esta madrugada... al pueblo...—contó con cierta congoja.— Me pidió que te dijera que no volverá hasta el día de la fiesta y que no quería llevarte porque estaba preocupado por tu salud y que lo perdonaras si llegas a enojarte por eso...
—¿¡Qué se fue dónde!?—Exclamó su ama exhaltada.—¡Pero dijo que me llevaría!
Kagome cerró las manos en puño totalmente irritada, ese Inuyasha... su salud no era una excusa porque ahora se sentía perfectamente... ¡Y ni siquiera se había tomado la molestia de avisarle en la cara porque sabía que se enojaría...! Creía que iba a enrogecer de rabia por su altanería y así parecía que había sido. No dijo más nada a su amiga y salió de la habitación hechando chispas ¿Por qué no quería llevarla? ¿Tanta carga era para él?
"—Pues yo podría buscar gente que realmente necesite un techo y trabajo si fuera la ama.—su cara demostraba una sonrisa decidida.— y si eso primero que voy a hacer cuando llegue el día ese, estoy decidida.
Inuyasha frunció el seño, incapás de creer las blasfemias que decía.
—¿Estas loca? El pueblo es muy peligroso para ti.
—¿De qué estas hablando?— Kagome puso ambas manos sobre su cintura.—Puedo manejarme sola, ya no soy una niña, Inuyasha.
—No suelen ir mujeres como tu al pueblo, ni menos mitad demonios. —Kagome lo miró sin entender, por lo que suspiró y se dispuso a explicarle la situación.—En aquel lugar todos son Demonios puros, no aceptan la traición a la sangre ni a los traidores, tampoco a sus hijos, osea, los que se casan con humanos.
—Pero tu vas al pueblo ¿No es así?
—Si pero... yo puedo arreglarme solo.
—Suficiente, yo también iré.—ella se cruzó de brazos y miró al frente, triunfal.— Fin del asunto."
Recordó el momento en el cual habían quedado en ir, incapás de entender... Podía defenderse sola si eso quisiera, ahora era un mitad-demonio ¿No era así? Bajó y se dirigió hasta la cocina casi sin darse cuenta, solo había sido guiada por el apetitoso aroma que despedía dentro de ella. Allí Kaede le ofreció una bandeja de desayuno que justamente había estado pensando en mandarle a su misma habitación.
Kagome tomó la bandeja y podría decirse que deboró su desayuno por completo puesto que su estómago volvía a pedir a gritos ser alimentado.
—¿Cómo se siente, ama?—preguntó Kaede resiviendo la bandeja que ella le entregaba ya vacía.
—Bien... —aseguró casi sin ganas.— Kaede... ¿Usted sabe a que hora se fue Inuyasha?
Dentro de su propia mente se imaginó que, si ellos estaban a solo un par de horas desde que partieron, podría tomar uno de los caballos del establo y alcanzarlos, había tenido esa esperanza durante esos segundos.
—Y... bueno... salieron temprano para llegar cuanto antes... esta madrugada, a eso de las seis o siete...supongo que para el almuerzo ya habrán llegado al pueblo.
Suspiró, hacía bastante habían salido entonces... su fantasía se había roto por completo. Le dio las gracias a Kaede por el dato y salió de la cocina a donde sus pies la condujeran, que casualmente, cuando quizo darse cuenta, se encontraba en uno de los pasillos de la planta baja, sus ojos intentaron ver hasta el final, adornado de puertas iguales y aburridas, aunque solo la del fondo se confundía de una manera perfecta con la pared; El cuarto blanco.
Su corazón se oprimió, volvió a recordar la canción que Inuyasha había hecho especialmente para ella por lo que le había dicho, comenzó a tararearla en voz baja reviviendo la sensación que en aquel momento había tenido en su pecho y un cosquilleo que embargó su estómago. Sonrió con levedad y salió de allí, directo al patio delantero donde la lluvia seguía callendo, suave, casi ausente.
Se sentó en la mesa de jardín de madera observando el paisaje húmedo, sus ojos se centraron en el árbol de cerezo al cual se le habían caido varias flores ya, dejando un manto rosado bajo este. Suspiró, esta vez recordando las flores que Inuyasha le había regalado el día anterior, ya comenzaba a extrañarlo a pesar de seguir enojada con él... ¿Cómo sobreviviría esos cuatro días que restaban sin su presencia?
Recostó su cabeza sobre sus palmas dejando que la brisa meciera sus cabellos negros, ahora veía el mundo de otra manera, tal vez un poco gris. Lo extrañaba, debía admitir que así era, de otra manera no sentiría esa melancolía... Rogaba porque los días pasaran rápido para volver a verlo... sabía que iban a ser una tortura...
Una mano se posó en su hombro con suavidad, Kagome se irguió sintiendo un escalofrío recorrer su espalda torno a la "caricia" que posaba esa mano en su recorrido hasta la punta de sus cabellos, hasta tomar uno y juguetear con este torno a sus dedos.
Entornó los ojos, aunque más bien con un apiste de felicidad, sonrió, no podía estar equibocada, Inuyasha era el único que podía hacerle sentír aquel cosquilléo con su caricias lentas, cerró los ojos y rió por lo bajo, estaba allí ¿No se había ido entonces? Vil mentiroso... la había hecho enojarse y preocuparce por nada... Se giró para decirle algo, aunque no más bien una réplica, sino algun comentario para hacerle notar como había "funcionado" su jugarreta.
Pero sus palabras quedaron en el aire al notar que los ojos que ahora la miraban no eran los dorados a los que ella estaba acostumbrada a adorar, sino que eran de otro color, unos azules intensos, pero no los de Miroku, los de él eran más oscuros, como las profundidades del mar, estos eran brillantes, eléctricos, casi asemejados con un safiro. La embargó el susto repentino y enrogeció de golpe, se puso de pié, apartandose de ese extraño que se había osado a acariciarla de esa manera sin saber ni siquiera su nombre. Iba a gritar por ayuda o algo ¿Quién era aquel que la miraba con tanta facinación y mezcla de picardía en su mirada?
—Buenas tardes... —saludó el extraño.— Tu debes ser Kagome ¿No?
Ella no contestó nada ¿Cómo sabía quien era? El hombre vestido con pieles marrones de lobo y con una coleta que sostenía su negro y largo cabello rió con gracia ante su cara de desconcierto.
—Soy yo, Kouga, no se si me recuerdas...
Por supuesto que no, nunca había conocido a un hombre que se "aprovechara" del espacio personal de los demás sin su permiso... no es que tampoco Inuyasha se aprovechara del suyo, pero él era diferente, él era su salvador y claro que lo conocía desde hacía tiempo y tenía un poco más de confianza... Ese tal Kouga era un completo desconocido...
Kouga volvió a reir mientras su mano alzaba la barbilla de la chica, acercando su cara a la suya. Kagome lo miró con exhaltación mientras aquel extraño depositaba un prolongado beso en sus labios, produciendo que ella enrogeciera de vergüenza y se separaba de él empujándolo. Tocó sus labios con susto y volvió sus ojos a los azules de él mientras separaba su mano de sus labios, abofeteandolo con ella.
—¿¡Quién te crees que eres!?— le gritó tras sentir como su palma comenzaba a picarle.
Kouga tocó la región impactado con la yema de sus dedos sin quitar su sonrisa de sus labios.
—Se nota que ya no te acuerdas... —comentó tras un suspiro.— Bueno... hace años, mucho antes de que tus padres murieran, tú eras mi novia.
Ella frunció el seño, incapás de creerle. Estaba completamente loco, no recordaba jamás haber podido tener un novia a esa edad tan temprana... ese hombre definitivamente deliraba... no podía estar diciendo semejantes cosas...
—Es verdad.—anunció arqueando una ceja.— y desde entonces jamás hemos cortado.
CONTINUARÁ.
Primero que todo sepan disculpar el atraso, se que debía subirlo el Sábado pero la falta de tiempo y de ganas me tiene cansada ya... u.u por eso trate de ponerme las pilas hoy jajaj.
Tengo que agradecer los reviews del capi anterior n.n que bueno que les halla gustado a las que me escribieron, y en respuesta a otro (pero de hace dos capis atrás) es verdad, para todo escritor (en mi caso, escritora) los reviews son su paga por su esfuerzo, y en este ya vamos 40, es una buena suma para un fic con menos de diez capis, eso pienso yo jajaj
Bien, supongo que este capi no es muuuy "wauw" que digamos puesto que en mi parecer n hubo una escena entre la pareja principal (descartando la mini-escena de Kouga) Hablando de eso, veamos si lo que dice es verdad, aunque quien sabe, aprovechando la aucencia de Inuyasha, Kouga puede llegar a tomar su lugar en el corazón de Kagome, eso hay que apostarlo...
Supongo q es todo por hoy, esperamos llegar a los 50 reviews!!! n.n un saludo!!!
