Capítulo 10: Distancia

No podía creer la suerte que había tenido... había esperado por ese momento y lo había saboreado cada segundo desde que se presentó la oportunidad. Por la voz macabra y totalmente amenazadora de Inuyasha, sabía que lo había hecho enojar de una manera que no se imaginaba, pero no temía las consecuencias... iba a ganar esta vez... iba a obligarlos a separarse, de olvidar el amor que tenían el uno por el otro si es que realmente existía, aunque le había llamado un poco la atención la reacción de su enemigo, claro que ya se la había imaginado de antemano pero... era algo más... como si lo que hubiera manifestado Inuyasha en sus amenazas fuera más que rencor por perder ante él... ¿Eran celos? No debía ser otra cosa... entonces eso significaba que él tal vez no estaba usando a Kagome después de todo, tal vez se había enamorado de ella y ahora estaba defendiendo su derecho...

Rió suavemente, definitivamente Inuyasha no podía caer tan bajo... nunca se lo había imaginado así.

—Así que el tonto está enamorado... —comentó como si fuera una broma.

—Bueno... es lógico... el ama no es menos que una belleza y... no le encuentro demasiada anomalía que Inuyasha... pase del juego al amor por ella... —corroboró Ginta.

Hakkaku le dio un codazo a su compañero al visualizar la expresión de incomodidad que Kouga había comenzado a experimentar al oír palabra por palabra de Ginta. Aunque su jefe solo suspiró tras meditar seriamente sus palabras.

—No estoy diciendo que sea estúpido el asunto, pero jamás me había imaginado a esa bestia enamorada. —Kouga se pasó una mano por su cabello, de una manera distraída.— Después de todo, no le encuentro sentido... aún no logro entender como Kagome pudo llegar a fijarse en él.

—Este... por lo que sé, Inuyasha sabe como jugar sucio, Kouga... hasta el momento, Inuyasha ha sido mucho más discreto respecto a lo que se proponía... —opinó Hakkaku.

—¿De qué estas hablando?—preguntó Kouga, esta vez con cierta intimidad para su asistente, olvidando cualquier cualidad distraída que antes había tomado.

Hakkaku y Ginta intercambiaron miradas, el primero parecía algo acongojado por haber abierto su boca demasiado, aunque sabía que ya no era momento de callarse, por lo que se armó de valor y contó todo lo que había observado durante esos días junto a su compañero.

—La señorita Kagome estuvo muy bien atendida desde que llegó... Inuyasha la ha llevado a dar un par de excursiones por el lugar, le ha regalado flores... hasta los vimos entrar en un cuarto que no conocíamos hasta el momento, se quedaron ahí por horas... Incluso esa misma noche Sango los encontró en el cuarto de él a solas... y muchas otras cosas... Lo que quiero decir es que Inuyasha se demostró mucho más atento con ella.

—¿¡Y por qué ninguno de ustedes dos me dijeron esas cosas!?—se escandalizó su jefe amagándo a golpearlos por lo que ambos asistentes retrocedieron unos pasos aterrados.

—Es que intuíamos tu reacción... —se excusó Ginta.

Kouga intentó contenerse y salió del estudio echando chispas y dando un fuerte portazo tras sí. Aún no lograba creer lo que le estaban ocultando, con razón Kagome estaba tan empeñada en protegerlo esa tarde, ya entendía como se había fijado en Inuyasha con tanta rapidez... esa bestia era un saboteador... un ladrón... un traidor... Además... era imposible que tuvieran una relación tan fuerte... ¿Qué explicación más había de que ambos intentaran protegerse el uno al otro?

Caminó con suma rapidez por los pasillos, subió la escalera y sus pasos lo guiaron hasta la habitación de ella. Entró sin siquiera llamar, dando un estruendoso portazo.

Kagome permanecía de espaldas, sintiendo el aroma de un gran ramo de flores pequeñas y rosadas, pero en cuanto el gran sonido de la madera golpeando la pared resonó por el lugar, ella dio un respingo y lo miró asustada.

—K-kouga... —tartamudeó ruborizándose.

—Quiero que me digas toda la verdad, Kagome.—gruñó por lo bajo, de manera amenazadora.

La chica abrió un poco más los ojos, asustada por aquel acontecimiento tan repentino. Como había intentado hacer desde que ese hombre había llegado a la casa, se había escapado de él durante todo el día, aún más después de su encuentro en la bodega esa tarde... pero no le encontraba razón a que ahora irrumpiera en su habitación a esas horas y de esa manera.

Retrocedió un poco, golpeando su cintura contra el borde de la cómoda tras ella, aún temerosa. Los ojos de Kouga echaban chispas de rabia, eso la asustaba más.

—¿Qué... qué sucede... ?

—Me contaron que hace unos días te encontraron mucho tiempo a solas con ESA bestia... hasta en su propia habitación... —demandó con rencor.— Dime la verdad... ¿Estuviste... con él?

Kagome abrió más los ojos y volvió a ruborizarse, casi aparentando el color de un tomate... ¿¡Cómo podía preguntarle semejante cosa!? Sus manos comenzaron a temblarle levemente, aunque se retuvo lo más que pudo. Entreabrió los labios, para recriminarle las cosas que le estaba preguntando, aunque no pudo decir nada, era demasiado bochornoso...

—¿De qué... estas hablando... ?—fue lo único que brotó de sus labios mientras tomaba una expresión consternada.

—¡Dime si es verdad!—la apuró Kouga, volviendo a perder la paciencia.

Kagome frunció el seño, una vez que había logrado recuperar un poco la compostura. Negó con la cabeza lentamente, aunque esta vez había tomado también una manera desafiante en la manera de mirar a Kouga, taladrándolo con sus ojos castaños. El hombre frente a ella parecía recuperar un poco la calma tras eso.

—Esos... asuntos no... te importan.—comentó de súbito, volviendo a atormentarlo.— En cualquier caso, eso es entre Inuyasha y yo.

—Eso es un sí entonces... —Kouga entornó la mirada hacia ella, casi con rencor.— Ya estuvieron juntos... por eso tienen ese lazo tan grande ¿No es así? ¡Por eso esa bestia cree que ya le perteneces!

A pesar de estar reteniéndose estoicamente para enfrentarlo, no podía evitar sentirse muy avergonzada por el tema del que estaban hablando. Aún no cabía en su sano jucio de donde había sacado eso... era demasiado descabellado...

Además... ¿Cómo sabía él que Inuyasha ya creía que le pertenecía...? Ellos no se habían visto... amenos de que...

—¿Cómo sabes eso?—preguntó, intentando sacar sus sospechas.

Kouga rió burlonamente, borrando toda expresión consternada de su rostro.

—Hablé con el hace un rato. Ciertamente llamó y yo atendí el teléfono.

La chica entreabrió los labios pasmada, su corazón comenzó a latir con suma violencia al oir eso, Inuyasha había llamado... no podía creerlo... pero menos podía creer que... que Kouga hubiera sido justamente el que había atendido... El alma se le fue a los pies cuando recordó la jugarreta que él había planeado esa tarde cuando estaban solos en aquella bodega.

—¿¡Qué le dijiste!?—exclamaba mientras rogaba al demonio en su mirada que no le hubiera dicho cosas para que Inuyasha de desilusionara de ella... o peor... para que la odiara... por traidora...

Kouga no respondió nada, sino que rió con burla. Luego, sus ojos volvieron a ella con seriedad.

—Se terminó el juego, Kagome. No creo que Inuyasha sea tan estúpido como para seguirte pretendiendo... ya debes ir olvidándote de él...—caminó unos cuantos pasos hasta estar frente a frente, aunque sus ojos azules como el zafiro se posaron tras ella, en un inmenso ramo de pequeñas flores que, si no se equivocaba, pertenecían al árbol de cerezo.

Alzó un poco su mano, amagando a golpear algo, Kagome se encogió de miedo y cerró los ojos. Aunque el golpe no fue para ella, sino para algo más que emitió un ruido estrepitoso de cerámica haciéndose añicos contra el suelo.

Su corazón dio un brinco de susto y desesperación. Abrió sus ojos otra vez para observar como el florero donde Inuyasha había colocado su regalo atrasado de cumpleaños estaba hecho pedazos y aquellas pequeñas flores rosadas que emitian un perfume muy agradable que había llenado de vida y color su habitación durante esos días y que ella había intentado cuidar con tanto esmero, estaban siendo pisoteadas por Kouga.

—...Empezando por todo lo que te recuerde a él.—finalizó el demonio terminando de arruinar las flores.

Se había quedado helada, pálida, mientras observaba la figura de ese hombre dándole la espalda, saliendo de su habitación. Cuando pasaron unos cuantos minutos despues de que la puerta se cerró, volvió sus ojos a sus preciadas y arruinadas flores. Con un leve intento de desesperación y de salvar lo que quedaba de su hermoso ramo, juntó con torpeza algunas de ellas las cuales parecían haber sobrevivido, aunque era tan solo un pequeño ramillete de ellas. Juntó las flores contra su pecho, intentando aliviar la sensación de ahogo que se había apoderado de su pecho ¿Por qué siempre tenía que pasale eso? ¿Por qué nunca podía nadie dejarla ser feliz algún dia?

Su vida era así, llena de altos y bajos... ahora era una ruina... pero debía salir de ella. Inuyasha debía estar siendo engañado por Kouga, a lo mejor estaría pensando cualquier cosa de ella... pero se encargaría de remendar ese error, en cuanto volviera a verlo, le aclararía las cosas y le contaría la verdad.

—¡Ama! ¿Qué ocurrió?—exclamó una voz tras suyo.

Volteó para observar a Kaede quien parecía asustada por la escena, Kagome solo intentó sonreírle para calmarla, aunque una pequeña mueca brotó de sus labios casi sin querer, aunque la anciana no preguntó más nada y se acercó a ella para ayudarla en su tarea de recoger las flores y la porcelana rotas.

—Deja, Kaede, no hace falta... —intentó persuadirla su ama apresurándose a juntarlo ella misma.

—No pude evitar escuchar parte de su discusión, señorita... —le comentó con seriedad.— Si usted tiene algún problema con... Kouga...

Kagome rió con cierta amargura en su voz.

—No se preocupe, no volverán a suceder más problemas... —aseguró.


—Cambia esa cara... —Miroku volvió a insistir.— Mañana comprovarás si es cierto, no hace falta creer todo sin pruevas.

Sus ojos se alzaron un poco al de su amigo, como si le costara hacerlo. Se había sumido en una ola de pensamientos que lo habían dejado aturdido, ahora estaba más calmado que antes, pero eso no incluía que hubiera olvidado aquella noticia. Sus palmas le ardían como si estuvieran perforadas completamente pero había logrado vendárselas torpemente antes de que siguiera borboteando sagre.

—¿Crees que... ya se habrá olvidado de todo... ?—preguntó con algo de pena, entornando apenas sus ojos dorados.

—Naaah. A lo mejor es todo puro invento.

—¿Pero si no?— Inuyasha volvió a mirar a Miroku con infinito dolor, volvía a sentir esa sensación de sequedad en su garganta... si la perdía... sabía que no soportaría verla en brazos de ese lobo...

Su amigo solo posó una mano sobre su hombro, incapaz de darle una respuesta certera. Sabía que Inuyasha estaba pasando por un mal momento, pero no podían hacer nada hasta que llegaran y comprobaran la gravedad de las cosas... El de ojos dorados alzó la mirada a él, aunque luego volvió a bajarla, incapaz de encontrar consuelo o al menos, una respuesta para sus preguntas y dudas.

Miroku dejó la habitación, no sin antes observar como su amigo de desplomaba en su cama con aparentes señales de querer descansar, por lo que apagó la luz y bajó las escaleras con pesadez, no tenía un rumbo fijo en su camino, más bien ni lo había pensado, iba a donde sus pies lo guiaban, ver así a su mejor amigo era como si le traspasara su pena. Sus pisadas finalmente lo guiaron a la sala donde había estado con anterioridad.

El teléfono sonó con un ruido estrepitoso, por lo que fue atendido por una mujer. La voz de ella produjeron que alzara la mirada tras exhibir una sonrisa radiante, la sexy secretaria terminó de decir unas breves palabras antes de alzar también sus ojos a él, que, al hacerlo, le sonrió también de forma provocativa.

—¿Trabajando mucho, My Lady?

—Am... bueno, es solo... que hay una llamada que debo atender.—anunció tapando el tubo del teléfono por donde debía recurrir su voz.— Es para su acompañante, el de cabello blanco.

—¿Para Inuyasha?—arqueó una ceja.

—Si, de parte de una joven, una tal Kakame... o algo asi...

El de ojos azules observó a la secretaria anonadado, luego una leve sonrisa de esperanza se formó en sus labios otra vez mientras estiraba sus manos hacia el teléfono para que la secretaria se lo diera, lo que, cuando lo hizo, llevó el tubo del objeto a su oido.

—¿Señorita Kagome?—preguntaba con su corazón latiendo con emoción... si lograba al menos sacar algo de noticias... podría animar a Inuyasha...

—Ham... ¿Miroku?—preguntó ella también con cierta timidez y extrañamente en un tono muy bajo, apenas audible.

—Si, si... ¿Se encuentra bien? Parece como si hubiera estado llorando.

—No, estoy bien... no se preocupe por mi... Quería hablar con Inuyasha, es urgente.

—No lo creo, esta un poco... contrariado, ahora esta descansando un poco... tubo un día algo pesado y además... bueno...

—¿Habló con Kouga antes?—preguntó, ahora en una voz muchísimo más baja.

—Si, quedo algo abatido por eso, según él, le dijo que usted ya se había olvidado de él y que ahora estabas mucho mejor en los brazos de Kouga.

—Hay no... —se lamentó ella, con la voz quebrada.— No crean en esas mentiras... Kouga solo pretende que Inuyasha termine odiándome... por favor, Miroku... dile que... que no es cierto, que no podría hacerle semejante cosa... que lo extraño mucho... por favor, que no le crea...

Miroku rió un poco.

—No te preocupes, se lo haré saber en pocos minutos, tan solo tranquilícese señorita... ¿Pero esta segura de que está todo bien?

—Si, si, estoy segura... solo...

Al otro lado del teléfono se oyeron unos cuantos golpes a una puerta, Kagome quedó en silencio, un silencio sepulcral antes de murmurar un rápido "debo irme" antes del sonido del teléfono al ser cortado.

Miroku frunció el seño, preocupado.

—¿Señorita Kagome? ¡Kagome!


En cuanto divisó aquellos ojos entrar por la puerta del estudio se heló su sangre. Tan solo se puso firme y ocultó tras sí el tubo del teléfono mal colocado. Kouga la escrutó con cierta desconfianza, lo que, además de cierto temor que ella le había comenzado a tomar desde que él manifestó aquella reacción violenta en su habitación, también le produjo algo de enojo, Kouga se creía el dueño de la casa... mandándola como si nada...

—¿Estabas hablando con él?—Demandó.

Kagome no contestó absolutamente nada y se dispuso a salir de allí, pasando por su lado, totalmente ofendida. Aunque el hombre la tomó por el brazo para que no se marchara, afirmándola contra su costado.

—¡Respóndeme!

—¡No tengo porque darte explicaciones!—lo enfrentó.

—¡Dime si hablaste con esa bestia!

—¡Me lastimas!

Kouga había presionado su brazo con extremada fuerza, produciendo un dolor y un ardor terribles. Él la soltó al instante que se quejó y la observó sobarce el brazo mientras gemía apenas por el dolor.

—Kagome... —intentó disculparse, mientras se acercaba a ella para observar su estado.

—¿Pero que te pasa, Kouga?—preguntó ella con dolor.— No eras así antes... ¿Por qué estas tan violento?

El de ojos azules bajó la mirada sintiéndose apenado por sus palabras. Es verdad... los celos por Inuyasha lo habían puesto así... aquellas ganas incontrolables de no perder a su amada lo estaban volviendo loco...

—Lo lamento... —se disculpó aún sintiéndose un imbécil.— Creo que me pasé de la raya...

Kagome no respondió nada, sino que le dio la espalda, incapaz de acotar nada, seguía enojada por todo lo que había pasado con él, no podía creer que hiciera de su vida un infierno al igual que como lo había hecho su padrastro, no había derecho, nadie tenía derecho de hacer con ella lo que ellos hacían.

Unos brazos rodearon su cintura desde atrás y un pecho mucho más corpulento se pegó contra su espalda. Las manos de Kouga comenzaron a juguetear con los mechones de su pelo de manera distraída, aunque sus ojos azules no la miraban, estaban esquivos ante su mirada.

—Lo siento.—repitió esta vez de manera adolorida en sus palabras.—Intentaré ya no ser más violento contigo.

No volvió a responder nada, sino que se mantuvo esquiva, mucho más mientras Kouga buscaba sus labios con los suyos, los cuales besó con suavidad.

—Perdóname, yo dolo lo hago porque quiero protegerte, porque te amo con toda mi alma.—susurró entre sus labios.

Kagome entrecerró sus ojos, dolida por oír esas palabras dichas por Kouga con tanta sinceridad hacia ella y hacia el amor que decía tenerle. Pero... ella no le correspondía, ella sentía amor por otra persona, alguien que le había demostrado su amor con mucha más anticipación... un amor que se iba acrecentando cada minuto a pesar de la distancia...

"Sus ojos volvieron a mirarla con infinita calma.—Yo... también estoy contigo porque me gusta... estoy contigo porque te amo."

Separó sus labios de los suyos y lo miró con algo de pena, la mirada que él le devolvió tampoco fue muy feliz puesto que tras vez aquellos ojos de la chica, Kouga intuyó que algo andaba mal.

—Yo se que sigues amando a esa bestia pero...

—No es eso.—lo atajó ella bajando la vista.— pero yo no puedo corresponderte, es algo mucho más que lo que pasa con Inuyasha, simplemente pues porque no puedo verte como un novio, ni como un amante, ni nada. Para mi eres como una persona que puede llegar a ser muy amable, quiero decir que yo solo podría verte como un amigo, Kouga. Ya deberías haberte dado cuenta, lo siento,—suspiró con algo de pena.— pero yo no te correspondo.

Kouga bufó como un niño pequeño mientras soltaba su cintura. No podía aceptar haber sido rechazado, aunque preferiría mejor no tomarlo como una derrota... no aún... No podría haber esperado tantos años por ella para que ahora lo rechazara...

—Seré tu amigo, solo por ahora.—aclaró dando media vuelta y marchándose con cierto aire ofendido.

Se quedó mirando su silueta marcharse con algo de sorpresa, incapaz de creer que hubiera asimilado eso con tanta facilidad. Aunque no quiso darle muchas vueltas al asunto, intentó ser paciente y guardarse las preguntas, Kouga tenía un humor bastante llamativo.


Esa mañana se despertó por todos los ruidos y todo el alboroto proveniente de la planta baja. Por primera vez deseó arrancarse las orejas que adornaban su cabeza, o al menos poder introducirse las almohadas en ellas para no escuchar las voces aquellas. Finalmente se rehusó a despertarse por completo, cuando estaba a punto d abrir la puerta de su habitación, esta se abrió sola, con un gran golpe, sorprendiéndola por completo al ver a Sango totalmente agitada, aunque intentando disimular su ahogo con una risa nerviosa.

—Kagome... Kaede te necesita, abajo es un caos... ya están preparando todo para esta noche... Inuyasha está ocupado también y no puede controlar el orden... también debes probarte tu vestido.

—¿Inuyasha regresó?—fue lo único que preguntó la chica con un latido más acelerado.

—Si... esta mañana... pero no podrás verlo hasta esta noche, todos andamos muy atareados... Kaede es la peor...

La expresión de sorpresa y felicidad de Kagome pasó a una de resignación, aunque siguió a Sango hasta la planta baja donde pudo encontrar a casi una docena de personas yendo y viniendo del salón, varias que ni siquiera conocía.

—¿Quiénes... ?—comenzó a preguntar mientras observaba un par de niños corretear por el lugar.

—Son todos ayudantes que Inuyasha reclutó del pueblo, cada año lo hace.

Cuando terminó su pequeña explicación, la tomó de la mano y la llevó hasta la sala de estar, donde Kaede la esperaba con una tela que parecía estar refaccionando. Pudo jurar haber oído la una voz conocida en la habitación continua, una persona quejándose sobre algo.

—El amo esta muy ocupado ahora.—la detuvo Kaede al ver que Kagome intentaba espiar por la puerta semiabierta que daba a la habitación.

Kagome suspiró en silencio y dejó que entre Kaede y Sango tomaran sus medidas, sabía que ese día iba a ser agotador hasta el momento que pudiera reencontrarse con Inuyasha y decirle todo lo que sentía por él, no había otra manera... si es que Sango estaba acertada en decir que no tendría la oportunidad de verlo en todo el día...

Continuará.


Primero que todo, ofrezco un millón y medio de disculpas por haberme retrasado tanto con el capi, pero es que la escuela me exige mucho y no tengo tiempo ni para respirar... lo lamento muchísimo, además la inspiración no estuvo de mi lado estos días... u.u Sepan disculparme y gracias por los 50 reviews jajaja =) son una buena manera de animarme a escribir en mis cortos lapsos de tiempo libre.

Como veran, ,me costo algo retomar la historia, pero no ha pasado algo muy importanto, veremos el proximo capitulo que sucede con nuestra pareja ;)