Hechizos, Pócimas y Brujerías. - Fanfic.
Cap. 4 - Anhelo.
Después del altercado con Ino Yamanaka, Naruto no había vuelto a llevar a nadie. Los días en casa se dedicaba a jugar con su mascota o bien, ver alguna película estando su felina sentada junto a él mientras su dueño le daba de mimos.
Un domingo en la mañana la puerta del departamento sonó un par de veces, Naruto se apresuró a abrir, pensando en que quizás era el paquete que había pedido a domicilio.
- ¡Hola! - Saludó una dulce chica. - Soy tu vecina, acabo de mudarme al departamento de enfrente. Mi nombre es Shion. - Se presentó muy sonriente y carismática aquella mujer.
- Mucho gusto. - Saludó el de ojos celestes correspondiendo a la amable sonrisa de su vecina. - Soy Naruto.
Ese fue el comienzo de una linda amistad que fue escalando a otras proporciones.
Hinata estaba contenta por su dueño, pues aquella mujer le caía muy bien. Ella siempre se preocupaba por Hinata, siempre le hacía mimos y siempre le regalaba cosas y comida deliciosa para el paladar de la felina. Por su parte, Hinata estaba satisfecha por la nueva integrante a la pequeña familia.
Durante años vio y vivió momentos en dónde las personas se conocían unas a otras y luego poco a poco, daban el paso para formalizar una relación. Tal cual como pasaba ahora con su dueño.
Así los días fueron pasando, hasta que Naruto le pidió a Shion que se mudara con él, pues ya tenían planes de casarse y era absurdo estar viviendo en el mismo edificio, pero en apartamentos diferentes.
- ¡Por supuesto que sí! - Exclamó felizmente aquella mujer mientras se abalanzaba hacia sus brazos.
Con la fecha de la boda en puerta, el rubio tuvo que trabajar horas extras para poder costear los gastos de la ceremonia. Hinata estaba feliz por ellos, realmente se había imaginado ser parte de una familia que pronto se formaría…
Pasos torpes fueron golpeando algunos objetos, la mesa rechinar, un jarrón balanceándose y risas que parecían provenir de la sala. Hinata se estiraba en su cama, la habían despertado con todo ese ruido. Pensó en que quizás su amo había llegado junto a su prometida, por lo que no dudó en salir de su cama para ir a la sala y asomarse a ver lo que estuvieran haciendo.
En efecto, era la prometida de su amo pero el hombre que estaba encima de ella, besándola desenfrenadamente sobre el sillón de la sala, no era su amo.
- ¡Pero qué diablos pasa aquí! - Gruñó Hinata muy enojada, haciendo que sus pelos se erizaran del enojo que traía.
Los amantes dejaron de besarse por unos momentos, Shion volteó y miró a la felina que estaba erguida lista para atacar, sin embargo su amante prefirió seguirle besando el cuello.
- Espera. - Pedía Shion con algo de remordimiento por lo que estaba haciendo, pero su amante no dejaba de manosearla. - ¡Que esperes te he dicho! - Exclamó alejándolo un poco más.
- ¡¿Y ahora qué?! - Respondió aquel tipo muy frustrado.
- La gata de mi prometido está ahí.
- ¿Y?
- ¡Lárguense de aquí malditos!
- ¿Qué no estás viendo? ¡Nos quiere atacar! ¿Sabes qué? No. Mejor no, vayamos a otro lugar, yo así no puedo. - Contestó queriéndose levantar.
- Oh no, ya he esperado mucho tiempo y ahora no planeo detenerme. - Dijo aquel hombre.
- ¡Shion cómo pudiste! ¡Yo confiaba en ti! ¡Puse mi confianza en ti! ¡¿Y así nos pagas?!
- Vayamos a otro lugar. - Pedía Shion, miedosa por escuchar los gruñidos de aquella felina.
El tipo vio a la gata y luego miró a la rubia que estaba muy asustada. Resignado y pasándose una mano por la cabeza, no tuvo más remedio que aceptar.
Ambos salieron de aquel departamento, y desde entonces Hinata no volvió a ser la misma con la prometida de su dueño.
- ¿Cómo se atreve a venir esa sinvergüenza?! - Se decía Hinata mientras miraba filosamente a aquella mujer que la había decepcionado tanto.
No quería otro regaño de su amo, por lo que cada que él no veía, Hinata le gruñía o le rasguñaba a aquella tipa que había traicionado su confianza.
Para Shion los días empezaron a ser difíciles, más aún teniendo a aquella felina que la veía con ojos asesinos… ¿O quizás era su imaginación? Se decía. Sin embargo, la culpa que yacía en ella no la dejó continuar con aquella relación y antes de que se hicieran más grandes sus problemas, decidió terminar su compromiso con Naruto.
Shion no estaba lista para casarse y menos el pertenecer a alguien, pues ciertamente quería seguir experimentando con más personas. Sabía que en el fondo quería a Naruto, le gustaba la idea de vivir juntos, pero no quería casarse, no aún.
El día en que se llevó sus cosas de aquel departamento, Naruto estuvo ahí.
Él trató de buscarle alguna explicación coherente a su ruptura, pero no encontraba nada que le dijera el "por qué Shion estaba haciendo, lo que estaba haciendo". Se había enamorado realmente de ella, de su simpatía y de lo amable que siempre fue con él y con los suyos. La noche en que ella se había ido, se permitió llorar de frustración, realmente la quería y lo que más le dolía era el no poder entender la decisión de ella.
- No llores… - Maulló tristemente Hinata mientras se acercaba a su dueño. - Te aseguro que no la conociste del todo y el que ella te dejara, fue lo mejor… ella no te merece, créeme. - Maullaba al frotarse en su brazo. - ¡Mira que la infeliz hasta a mí me engañó! - Se quejó muy molesta. - Tengo más años que tú, y realmente creí conocer a las personas… ¡Pero vaya sorpresa! ¡Esa tipa sí que nos supo engañar! - Maulló enojada.
Naruto la tomó entre sus manos mientras se sorbía la nariz, y se permitió mirarla directamente a los ojos. Hinata estaba expectante.
- Quien fuera tú… - Dijo Naruto con una voz apacible mientras sus ojos estaban rojizos por haber llorado. - Eres un gato. ¿De qué te preocupas? ¿De que no tengas un filete en tu plato? Solo comes y duermes…
- ¡Hey! - Se quejó Hinata un tanto molesta, aunque no podía enojarse con él, no después de lo que había pasado.
Naruto sonrió tristemente y se secó sus lágrimas.
- Vayamos a dormir. - Sentenció tomándola entre su regazo y se dirigió hacia su habitación.
Se acostó y la felina quedó a un lado de él.
A pesar de que Hinata tenía su propia cama, decidió pasar la noche con él. Ella había vivido por muchos años y sabía que su compañía podía consolar a un alma herida.
Desde que Shion había llegado a su vida, ciertas cosas habían cambiado en la rutina de Naruto, por lo que esa noche se sintió más solo que otras veces… pero tener a su mascota caminando encima de su pecho, en cierta forma lo reconfortó. Ella se había acurrucado encima de él y por inercia, Naruto sonrió. Al parecer ella era el único ser vivo que no lo dejaría solo, al menos mientras tuviera comida y agua en su plato… rió ante sus pensamientos y se permitió acariciarla.
Hinata se había quedado dormida entre caricias sobre su pecho, mientras que él divagaba por entre sus pensamientos.
- A veces siento que me entiendes. - Habló Naruto sonriendo, pensando en que se había vuelto loco hacía unos momentos cuando su gata lo miró con unos ojos molestos. - Siento que tú eres la única quien me quiere. - Bufó hacia sus adentros. - Ojalá fueses humana, para que comprendieras… - No terminó su frase, sólo miró a su felina y luego sonrió tristemente pensando en sus absurdas palabras. Era un tonto, y con esos pensamientos Naruto se quedó dormido con su mascota encima de su pecho.
Sus palabras habían sido absurdas quizás, pero también era como un anhelo dicho al viento. El cuerpo de Hinata fue cambiando poco a poco mientras seguía acostada sobre el regazo de su amo.
Continuará.
Capítulos cortos, pero con gran significado (¿?) A veces dice que más es menos jijiji :P en fin, ¿Qué creen que pase? Gracias por haber leído, gracias por el apoyo que me dan, ¡Los adoro!
Espero no tardar tanto con la conti.
