Notas de la Autora: Wow, cuanto tiempo a pasado desde la última vez... Y si, se que debo disculparme con esas personas que se tomaban su tiempo para dejarme su comentario, y las que me escribieron después, durante este periodo de ausencia animándome a continuar... ¿Que les puedo decir?, realmente no mucho, tenía muchas cosas entre manos que necesitaba resolver, y lejos de sentir como un escape el escribir, comenzaba a sentirlo como una obligación que no era apreciada más que por unos pocos, así que decidí dejarla de lado y enfocarme en mis cosas. Creo que ahora estoy mejor, no bien, pero estoy en un punto en donde me han regresado las ganas por escribir, así que me di a la tarea de retomar la historia, porque claro que quiero terminarla, aunque si les soy sincera, no pensaba ya subirla, pensé en terminar de escribirla y guardarla para mi, pero no me pareció justo para aquellas personas que si me han estado siguiendo y comentando con emoción en cada capítulo, muchas de los cuales me siguen desde el primer arco, así que aquí estoy, actualizando una vez más por esas personitas bellas que siempre me han animado a continuar. Que sepan que si la historia se ha actualizado, es solo gracias a ustedes que interactuan conmigo!
Y gracias a Malena, SofDrarry, Hiyamu, Nanami Katsuki, AnataYume, winiferm1901103roe, Emi Huuzna y Serawl14 por sus comentarios pasados.
Espero que disfruten este capítulo, pese al tiempo trancurrido! Saludos!
Disclaimer: Ya saben que nada de este mundo me pertenece, todo es de la queridísima J.K. Rowling, yo solo lo manipulo para mi entretenimiento :D
Capítulo 9: El Prisionero
La semana termino sin mayores novedades, y a la siguiente retomaron las clases de Oclumancia con Snape dos veces por semana, pero tuvieron que tomarlas luego de la cena, porque coincidía con dos de los tres días que Harry y Draco debían entrenar con el Equipo de Quidditch de Slytherin después de clases y hasta antes de la cena. También dos veces por semana tenían clases extra con la Profesora McGonagall, donde antes de iniciar las prácticas de hechizos defensivos, repasaban un poco sobre lo que debían hacer cuando llegara el momento de la tormenta para concluir su transformación de Animagos.
Los adultos no sabían, pero el sábado por la noche Harry tuvo que ceder en ir a la Sala de los Menesteres para seguir con las clases de Pársel con Salazar, quien no lo había dejado de presionar para que las retomara, y Draco le acompañaba siempre, no queriendo perderse la oportunidad de escucharle hablar en aquella lengua que no dejaba de parecerle cautivante. Hermione por el contrario, tan atareada estaba con sus deberes, que apenas y tenía tiempo de intercambiar algunas palabras con ellos; Llegaba a la mayoría de las clases segundos antes de que los Profesores cerraran la puerta, y a las clases extra siempre llegaba pocos segundos antes de que comenzaran. Harry sabía que estaba esforzándose mucho, y aunque Draco no dejaba de mencionar lo extraño que era su comportamiento, ambos decidieron dejarla tranquila, sabiendo lo importante que era para ella tener buenas calificaciones.
- Te dije que estaría aquí – murmuró mientras él y Draco entraban a la biblioteca casi vacía aquel domingo por la mañana, donde en una mesa al fondo y rodeada por una muralla de libros, se veía la cabellera castaña, mucho más revuelta que de costumbre.
- Sabes lo que opinó al respecto. Sobre todo este año, parece que lleva más clases de las que es capaz de manejar – respondió Draco.
- Sí, casi podría pensar que ha tomado todas las clases, si no supiera que eso es imposible – comentó Harry, deteniéndose al llegar a la mesa – Buenos Días, Herm –
La chica se sobresaltó, alzando la mirada hacía ambos chicos.
- ¡Oh!, buenos días – saludo, mirando su mesa atestada de libros – Lo siento, no puedo hacerles espacio… - comentó mordiéndose el labio.
- No te preocupes, no venimos a estudiar, y pienso que sobre todo hoy, tu tampoco deberías estar encerrada aquí estudiando – comentó Harry mientras alzaba el paquete envuelto en papel rojo con un moño dorado que llevaba en las manos – Feliz cumpleaños –
Hermione parpadeo al ver aquel regalo.
- ¿Hoy es 19? – no pudo evitar preguntar asombrada.
- En serio Herm, ¿Dónde tienes la cabeza? – le preguntó Harry sonriendo divertido mientras se acercaba para abrazarla, así que aun aturdida, la chica se puso en pie para recibir el abrazo primero y el regalo después.
- Lo siento, supongo que tengo algo de tarea – se justificó apenada.
- Yo diría que tienes demasiada tarea, Granger – corrigió Draco mientras se acercaba y le extendía el regalo. Aún se sentía fuera de lugar de pensar en darle un abrazo a la castaña, así que se limitó a entregarle el obsequio – Feliz cumpleaños –
- Gracias Malfoy – le dijo Hermione tomando el regalo, sin tomarse a mal que no la abrazara como había hecho Harry. El abrazo también habría sido demasiado extraño de manejar para ella.
- Y toma, me preocupa que casi no te veo en el Gran Comedor – agregó Harry, sacando de la bolsa de su túnica una servilleta con algunas tostadas para que la chica comiera – Si sigues enfrascándote demasiado en las tareas, terminaras enfermándote –
Hermione tomó con asombro la comida, y miró a Harry sonriéndole apenas, sintiéndose mal porque sabía que le estaba guardando un secreto, y su amigo estaba preocupado por ella.
- Recordare prestarle más atención a mis comidas – prometió.
- No sólo a las comidas Granger – intervino Draco – La vida es más que solo estudiar, ¿Qué pasaría si te mueres mañana?, ¿Valdría la pena todo el tiempo que viviste con la nariz metida entre los libros? –
Hermione miró ahora al rubio con asombro, pues nunca hubiera esperado aquellas palabras.
- Bueno, si bien es un ejemplo algo drástico, Draco tiene razón, Herm – convino Harry sonriendo divertido – Entendemos que los estudios son muy importantes para ti, y no es malo enfrascarse en ellos, pero debes cuidarte, y no está bien enfrascarse tanto que te olvides de disfrutar la vida –
La chica simplemente no supo que decir. Una parte de ella se sentía muy mal por estarles ocultando algo, pero otra parte creía que esto que estaba viviendo era más importante y tenía que enfocarse en ello.
- Bueno, te dejamos para que sigas estudiando – agregó Harry, y sonriéndole, se dio media vuelta para encaminarse a la salida mientras platicaba de algo con Draco.
Y Hermione simplemente se quedó ahí, observándoles mientras lentamente se sentaba de nuevo.
Sentía una desagradable presión en el pecho. Se sentía una mentirosa de lo peor, una traidora, porque Harry, e inclusive Malfoy a su manera, estaban preocupados por ella. Ambos habían notado que algo inusual pasaba, pero lejos de presionarla para saber, aceptaban que ella no quisiera contarles, y sólo se limitaban a hacerle saber que estaban ahí y que se preocupaban… Indigna, así era como en esos momentos se sentía, indigna de aquella amistad que ellos dos le daban, porque lejos de confesarles la verdad para que no estuvieran intranquilos, se empeñaba en guardarlo sólo para ella, deseando sentir y tener sólo para ella ese conocimiento que la hacía sentir orgullosa, especial, importante… Suspiro pesadamente, pero se obligó a desterrar aquellos pensamientos. ¿Cuándo una persona como ella, una hija de Muggles, volvería a tener una oportunidad como esa?, Harry y Malfoy jamás lo entenderían, ambos eran magos que habían vivido dentro de ese maravilloso mundo, venían de familias muy antiguas y poderosas, ambos llamaban la atención a donde quiera que iban sin siquiera esforzarse, Harry incluso había derrotado a El-Que-No-debe-Ser-Nombrado, y ambos eran magos muy hábiles e inteligentes. Ella por el contrario, tenía que esforzarse el doble o el triple para sobresalir, y aun así, nunca lograba ser tan genial como ellos lo eran… Quería guardar para ella ese pequeño secreto… Y demostrar que podía con una responsabilidad de esa magnitud.
Dejo las tostadas de lado, y volvió a enfrascarse en sus estudios. Tenía que esforzarse.
Por la tarde, Harry había querido ir a hablar con Remus, así que en compañía de Draco se dirigió a la oficina de éste.
- Pensé que estarían divirtiéndose con el resto de sus compañeros – comentó Remus luego de abrir la puerta, haciéndose a un lado para permitirles entrar.
- Más que nada estábamos haciendo tarea – le explicó Harry pasándose – Pero tengo una duda y quería preguntarte –
- Tú dirás – le invito Remus mientras señalaba las sillas frente a su escritorio, yendo a sentarse detrás de éste.
- Quería saber cuándo comenzarías a enseñarnos a conjurar el Patronus – le hizo saber Harry mientras iba a sentarse.
- Cachorro, creo que lo mejor va a ser que eso espere un poco más – le respondió Remus luego de hacer una mueca.
- ¿Cuánto es un poco más? – preguntó Harry, aunque no le había gustado para nada escuchar eso.
- Aún no estoy muy seguro, pero quizás pueda ser hasta noviembre – le respondió Remus.
- ¡¿Tanto tiempo?! – exclamó Harry asombrado - ¡¿Pero por qué?! –
- Bueno, aun debemos ver como sobrellevan la cantidad de actividades que ya tienen – le explicó Remus.
- ¡Pero hemos podido con eso! – le aseguró Harry.
- Si, llevamos esta clase de ritmo desde el año pasado – agregó Draco.
Remus les sonrió condescendiente al escucharlos a ambos.
- No lo dudo. Y todos sabemos que son unos chicos muy hábiles y disciplinados, pero también les recuerdo que queda pendiente trabajar sobre ese sueño que has tenido Harry – les hizo saber, mirando al pelinegro con tranquilidad – Y hemos decidido que abordemos este tema los miércoles luego de las clases, lo que les quitara un día libre, y que les apretara más la agenda para ponerse al día con sus tareas –
- Aun nos queda libre el domingo – no pudo evitar comentar Harry, lo que hizo sonreír a Remus.
- Si, pero no quiero que estés solamente sumergido en deberes, pensando en aprender, practicar y estudiar – le explicó – Quiero que tengas tiempo para disfrutar. Quiero que pese a todo, sigan siendo niños en la medida que eso sea posible –
- Realmente, yo preferiría aprender el Patronus que estar divirtiéndome – no pudo evitar comentar Harry, lo que hizo reír a Remus.
- Imagino que sí, Cachorro, pero no es bueno. Recuerda que si te la pasas constantemente sumergido en trabajos, deberes y obligaciones, tu mentes se sobresaturara, y no serás capaz de ver las cosas con la claridad que podría hacerlo alguien cuya mente esta relajada, además, eso también puede afectar tu velocidad de respuesta, tanto mental como física. El descanso es necesario – le recordó amable, lo que hizo suspirar a Harry pesadamente.
- Supongo que tienes razón – convino muy a desgana - ¿Entonces los miércoles comenzaremos a trabajar sobre ese sueño? –
Remus asintió con la cabeza.
- A partir de la próxima semana, el miércoles a las 5 los esperaremos en la oficina de Severus – les informó.
- ¿Tú también estarás ahí? – le preguntó Harry asombrado.
- Y quizás también Minerva – le hizo saber Remus mientras asentía suavemente con la cabeza – Aún no sabemos cómo trabajar con respecto a ese sueño al que sólo tú tienes acceso, así que vamos a ir trabajando sobre la marcha –
Un poco más animado de saber eso, Harry asintió con la cabeza.
- Esta bien – convino.
El miércoles a las 5 de la tarde, Harry en compañía de Draco llamó a la puerta de la oficina de Snape.
- Pasen – les indico la voz de Snape del otro lado, y cuando abrieron, se percataron de que el interior de la oficina había cambiado. Había una mesa al centro rodeada por 6 sillas, y Minerva, Remus y Snape ya ocupaban 3 de ellas. Sobre la mesa había varios libros que se veían bastante antiguos.
- ¿No les acompaña Hermione? – les preguntó Remus, curioso al ver que la joven no iba con ellos.
- No le dijimos – le hizo saber Harry mientras entraba. Detrás entro Draco, encargándose de cerrar la puerta – Parece estar demasiado saturada de trabajo, y casi no tiene tiempo para nada –
- Vaya, espero que no se esté sobrepasando – comentó Remus.
- Si, si, vamos a comenzar – les pidió Snape, que no quería pasar el rato hablando de la salud de un León testarudo como lo era esa chica.
- ¿Y cómo vamos a comenzar? – quiso saber Harry curioso.
- Estuvimos investigando un poco – le explicó Remus señalando con la mano la variedad de diferentes libros que había sobre la mesa – Creemos que primeramente necesitamos poder ver el sueño que tienes, pero como eso es imposible desde el interior de tu mente, queremos ver si podemos sacarlo de tu mente –
- ¿Sacarlo de mi mente? – repitió Harry confuso.
- Sí. Algo así como una proyección que nos permita ver en el exterior ese sueño – le intento explicar Remus.
- No es seguro que funcione – añadió Minerva – No sabemos si esa restricción que impide ver a Severus tu sueño, pueda impedir que se proyecte hacía afuera, así que va a ser algo así como una prueba –
- Esta bien – convino Harry - ¿Y cómo comenzaremos? –
- Necesitamos que aprendas este hechizo – le hizo saber Snape, acercándole un libro abierto en una determinada página que señalo.
- Este proceso consta de 3 personas – comenzó a explicarle Remus – Dos que darán el soporte a la visión en el exterior, y quien mantendrá la visión proyectada. Minerva y yo vamos a mantener el soporte, y Severus te ayudara con el hechizo, para que puedas proyectarlo –
Harry miró el hechizo, leyéndolo.
- No parece tan complicado – comentó.
- Es un hechizo bastante complicado – corrigió tranquila Minerva – Y quizás no vaya a salirte a la primera –
- Lo cual va a ser muy normal – añadió Remus mirándole divertido, lo que hizo que Harry hiciera una mueca.
- Esta bien – concedió.
Las siguientes horas se la pasaron intentando realizar el hechizo, pero como ya le había dicho la Profesora McGonagall, en verdad era un hechizo complicado a la hora de ser ejecutado, y necesitaba de bastante magia para poder mantenerse, así que le costó poco más de dos horas y media el poder ejecutarlo de la manera correcta.
Remus y Minerva crearon con su magia un espacio manipulable que flotaba en el centro de la mesa, un espacio negro en el que Harry proyectaría el sueño que había tenido, pero cuando por fin pudo lanzar correctamente el hechizo, lo que se proyectó ahí fue la clase de Historia de la Magia que acababan de tener ese día.
- Eso es bueno. Ya eres capaz de conjurar el hechizo – le felicito Remus sonriéndole.
- Pero eso no es lo que se supone que debía mostrar… - murmuró Harry mirando la imagen abatido.
- Te está fallando la concentración Harry – le riño Snape – Ya te lo había dicho, debes tener en la mente lo que quieres mostrar, recordar cada detalle lo mejor posible, porque eso hará que de ese mismo modo nos lo puedas mostrar –
La imagen ondulo suavemente antes de desvanecerse, y Harry suspiro pesadamente.
- Quizás debamos parar. De todos modos ya casi es hora de la cena – comentó Remus.
- Podemos intentarlo una vez más – pidió Harry.
- Concuerdo con Remus – negó McGonagall – Es un hechizo complicado que requiere de mucha magia, y podemos notar que tu magia está comenzando a debilitarse, así que lo mejor es dejarlo así. Descansa, y continuaremos el siguiente miércoles –
- En verdad puedo continuar – quiso presionar Harry.
- Ya escuchaste, Harry – intervino Snape mirándole con severidad – De nada sirve que lo intentes con tu magia débil, no lo lograras –
- Y eso sólo te hará frustrarte más – añadió Remus sonriéndole amable – Ve a descansar, a final de cuentas ya sabes cómo hacer el hechizo, así que el siguiente miércoles deberá ser más fácil lograrlo –
Harry suspiro de nuevo pesadamente, sabiendo que no lo dejarían seguir intentándolo.
- Esta bien – cedió.
- Ve a cenar, y luego a dormir, porque en estos momentos te hace falta – le sugirió Minerva.
- Vamos, Harry – le animó Draco poniéndose de pie para acompañarlo. Si bien él no había hecho nada durante todo ese tiempo, siempre le resultaba interesante ver todo lo que pasaba, enterarse de todo, y analizarlo detenidamente, por si algún día necesitaba aplicar algo de todo lo que veía. Uno nunca sabía.
Cuando abrió los ojos, supo que de nuevo estaba soñando. Miró a su alrededor. Estaba sobre lo que parecía una roca, y alrededor de él había agua. Todo aquello podía verlo, porque a un lado de él, sobre un pedestal, había una vasija de piedra, y dentro de ésta, un líquido verdoso que brilla con una suave fluorescencia, iluminando tenuemente a su alrededor.
- Se nos acaba el tiempo – dijo de nuevo aquella voz gruesa y rasposa.
- ¿Aquí es donde están? – se animó a preguntarle a la voz, sin hablar demasiado alto por si las dudas, y mirando a todos lados como si esperara que su interlocutor se mostrara en algún momento.
- En el agua – le respondió la voz, y Harry pudo notar que cada que la escuchaba en sueños, le parecía mucho más cansada que la vez anterior.
Se acercó a la orilla de aquella piedra con cuidado, mirando su reflejo en la ondulante superficie.
- ¿Bajo el agua? – preguntó dudoso.
- Si, bajo el agua… - apenas y respondió la voz.
- ¿Por qué bajo el agua?, ¿Ahí viven? – siguió preguntándole Harry. Saco su varita, y convoco Lumos, tratando de ver si podía divisar algo a través del agua.
- Ahí es donde mi amo se encuentra prisionero… - le explicó la voz.
- ¿Prisionero?, ¿Tu amo? – repitió Harry frunciendo el ceño, y estaba por volver a preguntar, cuando comenzó a divisar algo a pocos centímetros de la superficie. Tardo un poco en comprender que lo que estaba viendo en formas difusas a causa del suave ondular del agua, era el cadáver de un hombre que flotaba a escasos centímetros de la superficie. No pudo evitar el grito que salió de sus labios, y al tratar de echarse hacía atrás, su pie resbalo y termino metiéndose en el agua; Segundos después, con un sobresaltó mayor, vio que las tranquilas aguas comenzaban a agitarse casi con furia.
Trato de echarse de nuevo hacia atrás, viendo con terror que del agua comenzaban a asomarse manos y cabezas blancas. Estaban trepando aquella roca, acercándose cada vez más a él en medio de gruñidos guturales. Eran hombre, mujeres y niños que Harry contempló con autentico terror. No tenían ojos, y aun así, se sentía desagradablemente observado por aquellas cuencas vacías. De pronto, uno lo sujeto del tobillo con tal fuerza que le hizo gritar de dolor, y cuando quiso reaccionar, otro le sujeto de la mano, haciéndole en la sorpresa soltar la varita.
- ¡No, suéltenme! – grito, tratando de forcejar, y entonces, en medio de la suave penumbra, se percató de que aquellas cosas estaban arrastrándolo hacía el agua - ¡Necesito despertar, necesito despertar, necesito despertar! – se repitió una y otra vez cerrando fuertemente los ojos sin dejar de forcejar, pero nada paso, no despertó de aquel sueño - ¡Maldita sea, necesito despertar! – grito, sobre todo cuando sintió que sus pies se sumergían en el agua helada.
Se aferró con fuerza a una roca que sobresalía, sintiendo como sus manos se cortaban ante el forcejeo por mantenerse sujeto a aquella filosa roca mientras las criaturas le jalaban.
- ¡Suéltenme!, ¡Suéltenme! – gritaba mientras pataleaba, preguntándose sin poder evitarlo y con bastante angustia, si ese en realidad era un sueño, o en verdad se encontraba ahí.
- No puedes morir aquí, debes ayudar a mi amo – le recordó la voz.
- ¡Eso estoy tratando de hacer! – grito Harry frustrado, pero por más que lo intento, no pudo evitar soltarse de aquella roca, sintiendo sus manos demasiado adoloridas ante los cortes - ¡Dime como se llama tu amo! – exigió mientras sentía que aquellas criaturas le comenzaban a meter más y más al agua.
- Regulus Black – le respondió la voz segundos antes de que Harry fuera totalmente sumergido en el agua.
Draco se despertó a causa de los gritos, y sobresaltado, se apresuró a la cama de Harry, comprobando que en efecto era este quien había gritado, y que se removía en la cama con fuerza.
Todos los demás también se habían despertado a causa del grito.
- ¿Qué pasa? – le preguntó Blaise al rubio, pero este no le contesto.
- ¡Harry!, ¡Harry despierta! – le pidió, sacudiéndolo ligeramente, pero al ver que eso no funcionaba, lo movió con un poco más de fuerza - ¡Harry! – le llamo, comenzando a sentirse ansioso, sobre todo al escuchar que entre sueños, Harry volvía a gritar.
- Traigan a Snape – les ordeno Theodore a Blaise y Vincent, que apenas asintieron con la cabeza antes de ponerse los zapatos y salir corriendo.
- ¡Harry!, ¡Harry! – seguía llamándole Draco una y otra vez, moviéndole ansioso, preocupado de no poder hacer que despertara, de verlo revolverse entre sueños con desesperación, sabiendo que lo que sea que estaba soñando no debía ser bueno, y que si ese era el caso, debía hacer que despertara de inmediato.
Theodore se había mantenido cerca sin decir nada, intuyendo que no podría ayudar de forma alguna, al ver los fracasos de Draco. Entonces noto algo en lo que el rubio no había reparado.
- ¡Mira, Draco! – le llamó, sujetando con firmeza el hombro del rubio para que le prestara atención, y cuando éste así hizo, señalo las manos del pelinegro, donde comenzaban a aparecer cortes de los que salían finos hilos de sangre.
- Por Merlín… - murmuró Draco, sintiendo un vacío en el estómago al ver eso, y sin dudarlo, comenzó a mover con más fuerza a Harry por los hombros - ¡Harry despierta ahora! – le ordeno, pero al segundo siguiente la voz le tembló y se abrazó a él – Por favor… Debes despertar… - murmuró ansioso y preocupado.
Al ver aquello, Theodore estaba por apartar la vista ante aquella escena, cuando noto algo más.
- ¡Draco, mira! – le llamó de nuevo acercándose a la cama, y cuando Draco se separó del pelinegro apenado por su comportamiento y confundido por el llamado de Theodore, éste último le levanto el flequillo a Harry, dejando ver el fino hilillo de sangre que comenzaba a salir de la enrojecida cicatriz. De pronto, ambos chicos contemplaron con asombro que de la nada, el pelinegro se encontraba completamente empapado de agua, y Harry comenzó a boquear como si el aire le faltara.
- ¡Harry!, ¡Harry despierta!, ¡Tienes que despertar ahora mismo! – le urgió Draco angustiado, sabiendo que tenía que despertar a Harry de inmediato, pero sin saber cómo hacerlo.
De pronto Harry dejo de boquear y moverse. Su cuerpo se aflojo como si hubiera perdido el conocimiento, y un desagradable escalofrió recorrió por completo a Draco.
- ¿Harry? – le volvió a llamar, sin darle importancia a su voz temblorosa. Acercó su oído a la nariz del moreno, tratando de confirmar que aún respiraba, pero descubrió con pánico que no era así – No…. ¡No, no, no, no!, ¡Harry, despierta! – grito desesperado, sacudiéndolo de nuevo.
Theodore estaba bastante confundido. No sabía que hacer o decir, y cuando Harry dejo de moverse, presintiendo que algo malo estaba pasando, incluso contuvo la respiración. Por suerte, en ese preciso momento la puerta se abrió con fuerza, y el Profesor Snape entro dirigiéndose de inmediato a la cama de Harry.
- ¿Qué sucedió? – preguntó, deteniendo a Draco para que dejara de sacudir a Harry.
- ¡Estaba teniendo uno de esos sueños!, ¡Y ahora no está respirando! – le hizo saber éste con desesperación, y aunque aquellas palabras tomaron de sorpresa a Snape, no tardó en reaccionar.
- ¡Trae a Lupin! – le ordeno a Draco, y acercándose a Harry, saco su varita.
La puso en la cien del moreno, usando la Legeremancia de forma no verbal para poder adentrarse en su mente, pero su mente no tenía la estructura que Snape ya tan bien conocía. No podía ver los pasillos por ningún lado, de hecho, no podía ver absolutamente nada. Se sentía como si estuviera flotando en medio de la nada, rodeado de oscuridad pura, y la única luz que percibió, fue una suave luminiscencia verdosa que brillaba a lo lejos. No lo dudo y trato de acercarse a ella, pero le costaba trabajo moverse, como si se encontrara rodeado de una sustancia espesa que se lo dificultaba.
Cuando por fin llego, descubrió que lo que soltaba aquella suave luminiscencia, era el agua de lo que parecía ser un pequeño estanque. Lo observó un poco, y de pronto observó que a pocos centímetros de la superficie flotaba Harry. No lo dudo, y metiendo la mano, lo sujeto del brazo para sacarlo, pero para su total asombro, tres figuras cadavéricas surgieron del agua, gruñendo mientras sujetaban con firmeza al moreno.
Aquello descoloco a Snape, sobre todo porque con un escalofrió, reconoció a esos seres como Inferis, y no entendía que podían estar haciendo en el interior de la mente de Harry. No lo dudo, y sacando su varita, apunto hacía ellos.
- ¡Incendio! – llamó, y de la punta de su varita salió un chorro de llamas que dirigió hacía aquellos seres, que de inmediato soltaron a Harry, permitiéndole a Snape sacarlo por completo del agua.
Vio que el cuerpo del chico entre sus manos comenzaba a desvanecerse, al igual que aquella oscuridad, y sabiendo lo que eso significaba, salió de su mente.
Draco no iba a alejarse de Harry, no en un momento como ese, así que ordeno a Vincent y a Blaise que fueran por el Profesor Lupin, pero al no saber éstos donde era su dormitorio, les indicó que fueran al retrato de Salazar y le dijeran que era urgente que Dumbledore y Remus fueran ahí, que algo le había pasado a Harry, así que ambos chicos salieron de inmediato hacía donde estaba el retrato de Salazar, mientras Draco y Theodore se mantenían cerca.
De pronto, Harry comenzó a boquear y toser, aunque no despertó, y al mismo tiempo, Snape cortó el hechizo, separándose mientras notaba lo cansado que se sentía, sin recordar cuando había sido la última vez que se había sentido tan cansado luego de usar Legeremancia en alguien.
- ¿No te dije que llamaras a Lupin? – le preguntó a Draco al ver que se encontraba ahí, mirándolo apenas de reojo mientras se acercaba a comprobar que el pulso de Harry ahora era estable, aun cuando Harry había dejado de boquear y parecía sumido en la inconsciencia.
- No iba a alejarme de aquí – le respondió con testarudez Draco, algo que asombro a Theodore bastante – Igual mande a Blaise y a Vincent a avisarle al retrato de Salazar. Será más rápido de esa forma –
Snape se limitó a asentir con la cabeza mientras cargaba a Harry, notando que sentía el cuerpo débil, y que le costaba un poco cargar al chico. Igual lo hizo sin decir nada.
- Vuelvan a dormir – ordeno al ver a Blaise y Vincent llegar.
- Voy con usted – se apresuró a decirle Draco mientras se calzaba, y aunque Snape le miró de reojo, no se negó a ello, presintiendo que hacerlo, sólo haría que comenzaran a discutir, y no debía perder el tiempo en esos momentos.
- Los demás regresen a sus camas – les ordeno al resto de sus estudiantes antes de salir, siendo seguido por Draco.
Blaise, Theodore y Vincent se quedaron ahí parados, observando la puerta por la que el Profesor Snape y Draco acaban de salir con Harry, aun tratando de asimilar aquello que había pasado.
- No voy a decir nada al respecto de lo que paso – comentó Blaise, recordando lo que habían hablado en una situación similar el año anterior – Pero debes aceptar que esto que paso fue muy extraño – y miró a Theodore – En fin… Supongo que lo mejor será acostarme, aunque dudo mucho poder dormir –
- Yo tampoco creo poder dormir – comentó Vincent, y como Blaise, regreso a su cama.
- Creo que ninguno podrá – convino Theodore, y aún pensativo sobre todo aquello que había visto, regreso a su cama como los otros para acostarse, pero sin poder dormir en lo absoluto.
Cuando llegaron a la Sala Común, Snape se detuvo, y poniendo a Harry en uno de los sillones, saco su varita, convocando a aquella hermosa cierva plateada.
- Llevo a Harry a la Enfermería – informó, y con otro movimiento de la varita, la cierva troto hacía la puerta antes de esfumarse.
Snape volvió a tomar a Harry en brazos y volvió a emprender su camino hacia la Enfermería seguido por Draco.
