Código Galaxy
Capítulo 35
Había llegado el día para el que se habían preparado durante los últimos meses. Los Juegos Lakyos comenzarían al día siguiente con el amanecer del planeta Delta Virgi 11, en uno de los eventos más importantes de la República aún pese a la guerra. A partir del día siguiente, y a lo largo de una semana estándar, se desarrollarían una serie de competiciones para todos los Lakyos de ambos bandos. El gran premio sería la preferencia de elegir destino una vez finalizaran, siendo estos Juegos la culminación en la formación de todos ellos… si se lograban unos resultados aceptables. Contrario a lo que sucedía cuando se ascendía a Xanium, que sólo se tienen tres oportunidades, aquí se puede postular las veces necesarias.
Anterior a la Guerra, los Juegos eran la puerta de entrada a la oportunidad de ascenso pero, con la Guerra, se modificó ligeramente y todo aquel que se sintiera capaz podía postularse para ello. Esto ampliaba el rango de solicitudes, pero eran habitualmente contenidas por la posibilidad de perder las tres oportunidades que se tenían para nada.
Sobre ello reflexionaba Aelita mientras volvía por el pasillo de la base en la que estaban. Habían llegado una semana antes para aclimatarse a la atmósfera y la gravedad, y ahora agradecía esa decisión de Jeremy. Sus músculos, articulaciones y pulmones se resintieron al inicio pero, eventualmente, lograron el objetivo y se vieron bastante fortalecido por el cambio… entendían ahora la razón de hacer allí las Pruebas. Era un mundo mucho más grande y de un aire bastante más denso que al que estaban acostumbrados, así que la gravedad era mayor y necesitaban de un mayor esfuerzo para todos.
Los primeros dos días hicieron sobre todo carreras por los caminos precisamente para cumplir al menos a nivel físico; sus poderes también se vieron afectados, los cortes de aire de Yumi eran bastante más potentes pero el súper sprint de Ulrich se vio ralentizado; no así la levitación e Jeremy, que casi parecía volar más que otra cosa allí. Para Aelita las cosas seguían siendo bastante parecidas, aunque a Odd le costaba algo más de lo habitual conservar en un sitio una de las plataformas de energía que, en vertical, servían de fuertes escudos.
Los clones también habían visto reforzadas sus capacidades, cosa que les hacía sentirse realmente orgullosos de sí mismos. Era un gran reto siempre estar mejorando, pero encontraron que la potencia de las armas y de los motores que se necesitaban en mundos de similares características tenían que ser superiores precisamente por lo extremo que era el ambiente en ese sentido. Una sonrisa de diversión se formó en su rostro al recordar cómo Ritmo lanzaba piedras en uno de los campos cercanos para experimentar con la fuerza necesaria para hacer lo propio con granadas de mano. Nada tenía que ver con ver cómo se formaban hondas en el agua, por supuesto…
Lo único que no le acababa de cuadrar era estar tan cerca de sus compañeros de rango pero del lado imperial. Entendía que durante esos días la rivalidad guerrera era sustituida por una agradable competitividad entre iguales, pero no se sentía del todo cómoda con compartir edificio con aquellos que, muy probablemente, tuviera que enfrentar en el futuro próximo. Evidentemente no estaban mezclados, los republicanos estaban en un lado y los imperiales en el otro, pero era inevitable que se cruzaran en las zonas comunes… curiosamente no había manera de distinguirse unos de otros, eso facilitaba el trato pero también provocaría amistades o algo más entre individuos de diferentes bandos con las problemáticas asociadas a un hecho así. No le dejaba de dar vueltas a ello, con un ligero presentimiento, cuando entró al cuarto que compartía con los demás.
Al menos ahora ya no tenían que ir a hurtadillas de un lado del pasillo a otro, pues estaban todos mezclados, clones incluidos. Habían dejado las camas a un lado y el centro de la sala estaba presidida por Jeremy junto a una tablet y una pantalla en la que aparecían esas mismas formaciones que entre ambos habían diseñado. Se las sabían de memoria, pero siempre las repasaban cada día para que nadie se les olvidara o dudara en un momento decisivo. Le sonrió un poco, satisfecha y orgullosa de él… jamás se hubiera imaginado verle así, hecho todo un líder militar y, en especial, con la capacidad verdadera de luchar.
Esa parte era la que más miedo les daba a todos, no estaban dispuestos a morir tan pronto pero no podían evitar desear entrar en acción cuanto antes. Una parte de ellos lo deseaba tanto como el ir directos a la Tierra a reconquistarla, aunque sólo fueran ellos en la más suicida de las misiones jamás realizadas. Se sentían confiados y poderosos pero conscientes de sus limitaciones y de que, siendo realistas, probablemente sus resultados no vayan a ser los mejores. Era normal dado que llevaban allí poco más de un año, pero había sido una formación constante, exigente e intensiva… en algo se notaría. Se sentó al lado de Yumi mientras Jeremy terminaba de repasar la formación escarlata y comprobó los movimientos que realizaban las animaciones, interiorizando las posiciones de todos y asimilando más todavía la información que ya tenía en su mente.
-Bueno… la suerte está echada, como se suele decir -comentó, finalmente-. Espero que nos vaya todo lo bien que podamos.
Los clones fueron los primeros en levantarse para ir a relajarse un poco antes de la cena, en un par de horas. Ulrich, Odd y Yumi se dirigieron a ultimar pequeños detalles de sus piezas especiales para tenerlas en regla para el día siguiente, y Jeremy fue directo a Aelita, a la que abrazó con cariño. Le devolvió la muchacha el gesto con un cálido beso y luego acarició su mano con mimo, feliz.
-Tengo noticias para ti… -murmuró- Estuve recorriendo el edificio por donde me dejaron pasar, sé dónde están los imperiales, la cantina y también he revisado la zona de las pruebas.
-¿Y bien?
-Tenías razón, hay varias zonas grandes con muchos obstáculos -explicó-. Vi pistas para correr, y también lo que parecía unas salas para ordenadores cuánticos, seguramente para simulaciones.
Este asintió, con cierto interés, y le sonrió.
-Perfecto… -la besó con cierto cariño- ¿Qué haría yo sin mi valquiria?
Ella le sonrió un poco, pero con un ligero deje de tristeza. Miró hacia Od durante un instante y luego devolvió su vista a Jeremy, que no se dio plenamente cuenta de ello.
-Sobre eso… también te amo, Jeremy -este sonrió, ella le colocó un dedo en los labios antes de que él hablara- Eres lo mejor que me haya podido pasar… pero yo…
Sin más la besó nuevamente, pero se contuvieron para no hacer nada… hasta la noche, cuando estuvieran en la misma cama y tapados por las sábanas sin nadie mirando. Aelita tuvo claro en ese momento más que nunca que debía ser sincera pero antes se aclararía la mente, no demasiado, lo justo para poder tener un discurso claro y explicarle todo lo que sentía. Por otro lado tenían claro que algo así sucedería con Ulrich y Yumi también, y nada hacía descartar que sucediera lo mismo con Odd y las dos clones. A su superior ese comportamiento le era totalmente entendible dada su naturaleza, y mientras no interfiriera era libre de hacer lo que gustara… en parte le agradaba la idea de verle más centrado y pudiendo estar en una relación más estable, sentía que todos estaban en su lugar y en paz con ellos mismos.
Nada más lejos de la realidad para Odd, que estaba cada día más fuera del estado mental del resto de sus compañeros. Sólo en Ritmo y Compás encontraba algo de la paz que había perdido, se sentía sólo y sin nadie a su lado pese a pasarse los días en torno a cientos de otras personas. Y sin embargo esa sensación de soledad era perenne en su corazón, hastiado de esa vida militar y anhelando volver a sus tiempos en Kadic, cuando su máxima preocupación era no suspender por enésima vez uno de los parciales de Herb. Casi la echaba de menos, casi…
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Ellos no eran los únicos allí. Entre los Imperiales, el grupo de Laura había llegado también con cierta antelación también bajo el mimo objetivo de prepararse para lo que venía y estar en condiciones de poder dar la talla en uno de los mayores acontecimientos. Si los republicanos estaban en el ala este, cruzando un puente en la parte inferior del edificio de habitaciones se llegaba al ala oeste, donde ellos estaban. Se encontraban en la zona media del edificio, estaban allí a petición de la propia teniente dado que solicitó preferentemente estar allí.
La razón concreta la desconocían, puede que fuera una cuestión de buscar la suerte aunque sonara bastante primitivo en un pueblo tan avanzado… pero siempre había gente supersticiosa, y puede que su superior fuera una de esas personas. En lo que sí que se fijaron fue en el hecho de que solía revisar unas notas antes de tomar algunas decisiones que parecían ciertamente aleatorias pero que debían ser relevantes en algún aspecto.
No duraba demasiado y la mayoría de veces lo hacía en la misma mañana, pero sí que se guardaba de vez en cuando alguna nota en la ropa para hacer una última comprobación. Era con los horarios, también lo comprendían dado que habían cambiado en cierto grado de horario y se podrían equivocar. Y no era algo que pudiera pasar a menudo pues estaban muy bien calibrados para que todos tuvieran los mismos tiempos de entrenamiento… al menos en las pistas. Estaban en esos momentos descansando después del último entrenamiento, ya se habían duchado y se dispondrían a una última charla motivacional por parte de su líder. Se había colocado en el centro, sobre una de las camas para estar en una posición superior de los demás, en pie y con los brazos tras la espalda.
-¡Mañana será un gran día, y sé que lo haréis de puta madre! -les dijo- ¡Confío en vosotros, demostradme vuestra valía y hacedme sentir orgullosa de mi escuadrón! ¡VAMOS, JODER!
El resto coreó con sonidos guturales como si fueran animales y con los brazos en alto, a los clones les gustaba esa forma de animar tan del mundo del que venían sus superiores pero que era tan efectiva cuando había que levantar la moral de alguna manera. Sentían que sus corazones se alzaban y se llenaban de valor con algo tan sencillo, convencidos que sus escasas posibilidades en una competición que sabían no lograrían ganar salvo algún milagro. Pero éstos existían y de vez en cuando uno sucedía, eso era lo que más les alentaba a decir verdad.
-¡A por ellos, a por ellos maldita sea, les haremos morder el polvo!
-¡Au, au au!
Y entre palmadas y gritos de unos y otros Laura comprobó con satisfacción como había hecho de ellos una piña. En el fondo de su ser sabía que sólo la obedecían por obligación, al menos los humanos del grupo… pero también sabía que se había ganado su respeto. También sabía que sospechaban, o eso intuían pero ese no era óbice para seguir adelante con su plan. Por eso, decidió poner toda la carne en el asador.
-Patrick, antes de que te vayas con Yekira… -este se giró, algo sorprendido por el trato- Necesitaría que me trajeras de la cantina mi ración, necesito concentrarme y allí abajo, con tanto jaleo, no podré hacerlo.
Este asintió, despacio, y obtuvo la tarjeta de ella. La teniente tenía por costumbre últimamente meditar un poco y despejar su mente, pero desde hace un par de días no pudo hacerlo. Querría aprovechar ese rato de libertad para poder pensar antes del gran día y así sentirse más preparada, cosa que él entendía. Por ello bajó de inmediato para cumplir con la orden dada y de paso subir agua al cuarto para los demás, acompañado por su pareja en todo momento… Laura no pudo evitar sonreír al verlo.
Salieron por el pasillo dirección al ascensor cuántico, de la mano avanzaban charlando en un cada vez más fluido francés. A ella le sonaba muy romántico escucharle hablar esa lengua, con independencia de lo que estuviera diciendo, por eso se esforzaba por aprenderlo. Además, teniendo en cuenta cuales eran sus deseos para con el Imperio era lo mejor… hablar una lengua diferente que sólo ellos podían entender facilitaba el secretismo y que nadie se enterara, pero a cada día que pasaba crecía la posibilidad de que se incluyeran las lenguas humanas en el reservorio de idiomas que tenían en la galaxia en sus bases de datos internas, desde las que se descargaban los programas de traducción simultánea que todos llevaban.
Laura hizo mucho hincapié en que aprendieran la lengua común, por si fallaba ese sistema en pleno combate y lo necesitaban. Por suerte para todos los clanes ayudaron bastante, y Patrick encontró una buena razón más para esforzarse al conocer a esa muchacha. Tan dulce y elocuente, era poderosa como las amazonas de su mundo, él la llamaba cariñosamente Iris por siempre dejar una suerte de arcoíris de felicidad allá por donde pasara, encima a su velocidad, cada vez mayor.
-Luego me gustaría dar un paseo… -reconoció, al llegar al ascensor- Quiero estirar bien las piernas, despejarme…
Él la abrazó por detrás y besó con cierto cariño, ella suspiró satisfecha y giró sobre sí misma para recibir a su compañero. Se fundieron en mimos antes de ser envueltos por un haz de luces que les transportó a la parte inferior, cerca precisamente del enorme comedor y ya separados como si nada entre ellos sucediera.
-No nos dijo lo que quería de comer, ¿verdad?
Patrick cayó entonces en la cuenta de que, efectivamente, ni idean tenían. En cada horario tenían diferentes platos y menús, aunque no se sabía qué habría ese día hasta que se bajaba y se acercaban a las encimeras térmicas. Hechas con paneles de plástico transparente en el frente y buen metal a los lados y debajo, conservaban siempre una buena temperatura para conservar fresco o caliente, según las necesidades, cada alimento; a Patrick le recordaban mucho a las que se veían en un hotel, pero no podía pararse a reflexionar sobre esa similitud dado que tenían que dejar paso a los siguientes en la cola.
Gracias a llevar las indicaciones, y especialmente la identificación, de un oficial pudieron acceder antes a una parte mejor de la sala. Era amplia, con muchas mesas y sillas blancas, luz suave y el agradable ambiente de diferentes conversaciones generando un murmullo que impedía entender nada. Sujetando el techo había largos arcos de metal bastante finos y planos que se extendían por bastantes metros, sirviendo también de decoración por tener hermosas marcas y colores, junto a hilos de metal que facilitaban la labor. Todo estaba dispuesto de tal manera que incluso el sonido era bastante claro, como si se usara anteriormente de sala de conciertos o similar, Yekira pudo comprobar que en uno de los laterales había una suerte de mural de energía que separaba el lado de los oficiales del resto, incluso la comida parecía diferente aunque el espacio que compartieran fuera en esencia el mismo.
Según se acercaron para pedir, la persona encargada les solicitó la acreditación. Se trataba de un clon que llevaba de identificación un número en vez de los nombres que usualmente tenían. Tenía el pelo blanquecino y se le notaban los años, debía ser de las hornadas más antiguas y aquel destino tranquilo era el mejor para sus desgastados huesos y articulaciones. En sus ojos se veía la envidia sana por sus iguales más jóvenes, pero los dos muchachos entendían que era mejor aquello que no caer en el frente sin nadie que se preocupara de uno.
-¿Qué le cogemos?
-A ella siempre le ha gustado las cenas ligeras… -murmuró- Creo que le traeremos una ensalada de frutas, un par de filetes de esos finos… y un batido.
Satisfecha por su elección, Yekira le tendió la documentación requerida y el clon sin nombre se dedicó a preparar la comanda. Patrick no se había fijado en detalles como ese, agradecía que su pareja sí lo hiciera para no pasar por semejante ridículo. Se preguntó si sería buena idea llevarles sus platos a los demás, pero también entendió que sería deseos de su superiora estar a gusto un rato a solas y no tener que "aguantar" a su grupo durante media hora o más incluso, así que descartó la idea.
-¿Puedes con todo, amor?
Ella asintió, y anduvo tranquilamente comprobando que el muchacho abría las puertas que se pudieran cruzar en su caminar al adelantarse un poco. Le gustaba esa costumbre humana, le parecía agradable y de gentes civilizadas el ayudar con un gesto tan sencillo pero útil a la vez para la persona que necesitara de esa pequeña asistencia.
-Voy a rellenar un par de botellas de agua también, ¿me esperas o subes conmigo?
Yekira le sonrió. Además de por la comida también necesitaban llevar unas botellas de agua fresca para los demás. Solían rellenarlas en el baño de la planta pero, ya que estaban, lo harían allí. No les costaba nada y así le demostraban a Hielo que a todos les proveían del mismo sitio y no se diferenciaba de forma alguna a ninguno de los bandos o secciones dentro del edificio, era una de esas cosas en las que a veces pensaban y generaban ese carácter frío… pero cálido cuando abría su gran corazón.
Pensando en ello Patrick entró al baño y llenó las botellas, silbando suavemente la melodía de alguna de las canciones que más le gustaban. Solía hacerlo cuando tenía alguna tarea rutinaria que llevar a cabo, como limpiar armas o munición de algún tipo, montar o desmontar algo… cosas que no requerían un gran esfuerzo. Mientras él estaba en ello la otra esperaba tranquilamente cuando vio que aparecía por el ascensor cuántico una persona.
-¡Ostras! Se parece un montón a Starlight…
Y es que Aelita había bajado también. En su caso, tras la charla motivacional de Jeremy había querido salir un rato a andar en solitario y poder pensar un poco antes de decirle la verdad de lo ocurrido con Odd. Y mientras pasaba por delante de la puerta pudo escuchar claramente aquella suave música, ese ritmo que tantas veces había escuchado en la radio cuando aún estaban en la Tierra… su corazón latió con la fuerza del rayo y su rostro se giró con incredulidad hacia la puerta, tensos segundos pasaron antes de que desapareciera en un hueco de la pared y apareciera Patrick por la puerta.
Los ojos de él dieron con los de la chica y por un instante dudó. Ella también, estaba viendo un fantasma ante ella y no entendía si era una visión o sus sentidos le estaban jugando una mala pasada. ¿Qué probabilidad había de cruzarse en la enorme galaxia allí, en esas circunstancias tan concretas? Casi nulas, menos después de lo sucedido en la Tierra con la invasión… les crían muertos, destruidos junto a París en una muralla de fuego que asoló todo, lo pudieron ver desde una vista privilegiada en lo más alto del cielo. Y si esa ciudad había sufrido aquel funesto destino estaban totalmente seguros que otras muchas también.
-Patrick… ¿eres tú… de verdad?
La conmoción de él no era menor. Sabía que muchos habían sido capturados, pero no albergaba esperanzas de verles nuevamente en lo que les quedara de vida… hasta ahora. Ni siquiera había movido los brazos para bajar las botellas de agua que tenía, Yekira por instinto se le había colocado al lado al escucharla hablar en la misma lengua de él, lista para actuar en cualquier momento a la mínima señal de peligro. Sin embargo la apartó delicadamente, dejó caer lo que tenía en las manos y la abrazó como un oso, rompiendo a llorar.
-Sí, Aelita…- masculló- Soy yo… y no sólo yo…
Rompieron a llorar en ese instante, comprendiéndose ya no en solitario en esa fría y oscura galaxia de la que se sentían tan lejanos muchas veces. Temblaban un poco y sus ojos se llenaban de lágrimas más deprisa de lo que podían quitárselas con las manos o la ropa, pero les daba igual. Yekira comprendió entonces que ella debía ser una de esas amistades que decían tener… puede que hasta fueran del mismo lugar, la tal Kadic, lo cual sin duda era sorprendente.
-¡Joder, que alegría me da verte Patrick! ¡Os echábamos tanto de menos…! ¡No… no sabes cuanto! ¡Hasta a Jim echábamos de menos a veces!
Eventualmente el llanto fue sustituido por una alegría infinita en ambos, que no podían parar de acariciar, tocar o pellizcarse mutuamente para saber que lo que tenían delante era tan real como sus sentidos les indicaban. Al darse cuenta que no era ningún sueño comprendieron que el destino, o la vida o algo les había reunido de nuevo. Eso no importaba, sino que había opciones, esperanza de tener una parte mayor de sus mundos de nuevo… de su antigua vida.
-¡Ja, pues Jim precisamente está con nosotros! ¡Y Hertz, y William también!
-No te creo… -ella abrió mucho los ojos- Nosotros somos Jeremy, Ulrich, Yumi y Odd…
Patrick también se emocionó de tener a su primo con vida también y apretó el rostro para intentar contener las lágrimas, pero le costó un esfuerzo que no estaba dispuesto ni con energías de acometer, por lo que volvió a llorar un poco. Aelita se dio cuenta que Yekira seguía ahí y que incluso parecía entenderles, así que avergonzada suspiró un poco y volvió a la lengua común.
-L-lo siento, es que…
-No te preocupes… ¿Aelita? -ella asintió- Te entiendo bien… si me quitaran a Patrick tampoco sabría muy bien qué hacer…
La muchacha se dio cuenta rápidamente que eran pareja así que sonrió con cierta emoción contenida.
-Los demás estarán muy contentos cuando lo sepan… -fue entonces que ella miró al chico a los ojos y le hizo una sencilla pregunta en su lengua natal- ¿Es de fiar tu chica?
-Totalmente, tenemos incluso pensado huir todos del Imperio.
Obviamente aquello fue dicho en francés igualmente, así que ella asintió.
-Podéis contar con mi ayuda para esto… -murmuró- Os liberaré a todos, pero necesitaría algo de tiempo para poder saber cómo exactamente… y no creo que pueda ser antes del final de los Juegos, pero os ayudaré a liberaros.
Se dieron un abrazo en señal de esa promesa.
-Nosotros debemos subir o nuestra superiora se preocupará -murmuró Yekira- ¿Cómo podremos entrar en contacto?
Aelita sonrió, lo tenía bastante claro.
-¿Te acuerdas de las clases aquellas de primeros auxilios, cuando nos contaron que había una canción muy recomendable para hacer un masaje cardiaco?
El chico sonrió complacido y se rio, aunque Yekira no entendía demasiado qué era aquello.
-Dale a tu cuerpo alegría, Aelita -respondió, su pareja ahora sí que les había perdido-. ¿Deberíamos guardar el secreto o contárselo a los demás?
-Creo que es mejor que seamos los que menos -comentó-. Daos prisa y volved, no les demos más razones a vuestra superior de dudar.
Los otros dos asintieron y fueron de inmediato hacia el ascensor cuántico mientras ella se dirigía al exterior. Por suerte en es rato no llegó nadie para molestar pero, estando en un área de paso eventualmente alguien o incluso un grupo entero llegaría y podrían preguntar cosas indeseadas o perniciosas contra ellos. La paz mental que pretendía alcanzar ella ahora había sido hecha saltar por los aires con ese descubrimiento, pero era más grato que perturbador… se sentía en una nube de felicidad gracias a encontrarse con Patrick, por eso apenas dio con un sitio algo agradable se sentó en el suelo sin importar salir manchada.
Tenía entre sus cosas un colgante hecho junto a Yumi para poder rezar apropiadamente a los kamis que vivían en todas partes; y aunque su primigenia intención era pedirles fuerza y coraje para lo que venía, ahora sólo sentía gratitud hacia ellos por el encuentro que acababa de tener y por darle una misión en la vida nuevamente. Hacía tiempo que no se sentía una damisela en apuros pero no había tenido opción a demostrarlo demasiado hasta ahora que por fin tenía alguien a quien ayudar. No sabía si decírselo a Jeremy para poder ser ayudada, pero por otro lado esa podía ser una gran sorpresa y así le liberaba de ese gran estrés… Por otro lado quería poder contar con él también, por lo que de hacerlo lo haría más adelante, pasados los Juegos.
Suspiró suavemente y realizó una oración para sí, buscando la claridad que sólo ellos, estaba convencida, podían darle. No había sido creyente hasta ahora, en una necesidad de reconectarse a su mundo… esos rituales se habían convertido en una constante en su vida, algo que le colocaba los pies en el suelo y le hacía recordar cómo era su vida antes de todos esos cambios. También la unían más a Yumi y podía darles charlas a los demás, que se interesaban en ello. Sonrió para sus adentros y la corta meditación llegó a su fin al encontrar su mente la solución ideal a su problema, momento en que se incorporó y se dispuso a volver con los demás.
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Siguiendo la recomendación de la muchacha, los dos guardaron silencio de su encuentro con ella ante los demás, que notaron que parecían algo más alterados y nerviosos de lo habitual… lo achacaron a casi ser descubiertos en uno de sus toqueteos, cosa que confirmó el mismo Patrick cuando se le preguntó al respecto. Laura sabía perfectamente que era una mentira pero se hizo la sueca al respecto, como si no supiera nada de lo que había visto perfectamente toda la conversación. Le venía bien que lo creyeran así y pudieran actuar con cierta seguridad de oscuridad en cuanto a sus actividades, ocultas en apariencia hacia todos los demás. Tenía que reconocerles que se cuidaban bien las espaldas, pues de no ser por sus poderes tampoco se habría enterado demasiado bien de lo sucedido.
Pensó en ello según les vio salir por la puerta para bajar ellos mismos a cenar, y dejó la bandeja de su regazo a un lado en cuanto el último cruzó el portal al pasillo. También guardó las notas que siempre tenía encima y se limitó a estirarse antes de acabar de comer a toda prisa y levantarse para continuar con sus planes. Desapareció en el aire y pudo mirar desde arriba la misma sala en la que hacía unos segundos estaba, giró sobre sí misma y anduvo unos metros antes de llegar a una zona de duchas. Pudo ver precisamente a Odd bajo el agua de una de ellas, pensativo y con su cola biónica ya perfectamente preparada y enroscada en torno a su cadera.
Él pareció notar su presencia dado que abrió los ojos y observó el cristal con vaho ante él, en el que ella escribió con uno de sus dedos. Por estar en la quinta dimensión tenía un aspecto sobrenatural, alargado y fino pero ancho y corto a la vez, incontenible y más allá de cualquier entendimiento. Brillaba un poco y podía interactuar con las dimensiones inferiores a voluntad, pudiéndose mover por el tiempo en todas sus direcciones a la vez que lo hacía por el espacio. Sólo las infinitamente delgadas cuerdas que unían a la realidad misma podían habitar en dimensiones mayores de la quinta, de la que ella era nativa.
De la misma manaba el tiempo y la gravedad hacia la otras cuatro, a partir de ahí la realidad se complicaba hasta llegar a las once dimensiones, pero sólo había vida natural hasta la quinta dada la naturaleza intrínseca de aumentar una dimensión cada vez. En su reino el tiempo era bidimensional y el espacio era tridimensional, lo que implicaba poder moverse por el espacio como quien movía la mano por una superficie, así que podía moverse hacia atrás, adelante y probar las diferentes oportunidades… si llegaran a la sexta, podrían moverse por un tiempo tridimensional, lo que llevaría a poder vivir dos presentes, pasados o futuros a la vez. Pensar en ello le hacía gracia, si ya con su actual naturaleza parecía una diosa, vivir en más dimensiones sería algo totalmente fuera del entendimiento de cualquiera. (1)
Cuando terminó de escribir en el espejo, esperó a la respuesta de Odd. Era la mejor manera de comunicarse con él, y sonrió al comprobar que rápidamente escribía justo debajo. Dentro de poco se podrían encontrar y le estaba dando las instrucciones para poder hacerlo… estaba deseándolo pero estaba en el momento más importante de su vida y tenía que salir lo más perfecto posible. Nada podía fallar, no podía salir mal o todo lo logrado se volvería a perder como lágrimas en la lluvia.
Esta noche no encontraremos, tengo un destino muy importante para ti… ¿Estás listo?
Desde luego, Nadie.
Perfecto… pronto serás libre de tus cadenas, pero el dolor será inmenso… sufrirás como nunca, ¿estás dispuesto?
Lo daría todo por ser libre de nuevo.
Y Laura retiro aquello con un suave movimiento de mano en la superficie. Estaba satisfecha, él estaba a punta de caramelo pero quedaba la segunda y tercera parte de su plan. Las piezas estaban listas e irían cayendo como naipes a partir de ese día, si todo salía como tocaba todo saldría a pedir de boca y, en última instancia, el Imperio ganaría la guerra civil por la galaxia. Por ello dejó a solas de nuevo al muchacho, que sintió que se iba y siguió con la ducha como si nada. La atención de Laura se fijó en ese momento en otra dirección diferente y se encontró con la poderosa Shamarya en pleno entrenamiento.
El vello de la mujer se erizó en cuanto notó la presencia de la otra, giró sobre su propio cuerpo y la zarpa izquierda de ella quedó a pocos palmos del rostro de Laura, que se apareció ante ella en el mismo aire. Su espada de luz estaba orientada hacia abajo y tintineaba cuando caía algo de su sudor a lo largo del mango y entraba en contacto con el ardiente plasma del que estaba formada la hoja, pero la mujer rápidamente recuperó la conpostura.
-Aún me impresiona tu presencia, Nadie…
-No me extraña, mi naturaleza es rara para los seres como vosotros.
-¿Necesitas algo?
-Todo está en orden, pronto tendrás lo que te prometí.
La larga cola de ella chasqueó contra el suelo y sus ojos se abrieron con excitación, pero controló su júbilo y asintió.
-¡Fantástico, Nadie! -murmuró- ¿Me explicarás ya el significado de mis visiones? Aún hay lagunas oscuras en ellas…
-Lo sabrás llegado el momento, te lo aseguro -le dijo-. Pero está todo bastante más cerca de lo que pueda parecerte.
Shamarya asintió, pensativa, y luego miró hacia la puerta. Se escuchaban pasos pero cuando giró el rostro para hablar con su interlocutor, este había desaparecido. Por ello decidió seguir entrenando, la gravedad de Delta Virgi 11 no podía ser una excusa para no poder enfrentar a quien tuviera que enfrentarla de entre los Lakyos participantes. Uno de ellos tendría ese honor como premio por su valor demostrado, algo que solía hacer por su propi iniciativa sin contar con nadie y hasta ahora nadie se lo había impedido. Ese año no iba a ser diferente, puede que ese año encontrara… alguien realmente digno. Hasta esa fecha no había dado con nadie que tuviera el valor de encontrarse en un cara a cara con ella más que contadas excepciones y, aún así, al final salían corriendo como ratones asustados.
La puerta se abrió y la cruzó la joven Beatrice, a la que sonrió cuando le trajo un poco de agua con una jarra y una bandeja de comida. Sonrió un poco cuando hasta le tendió una toalla oscura para que se la pasara por el rostro y limpiarse, aunque igualmente necesitaría de una buena ducha para estar presente. Cuando recibió la bandeja olisqueó un poco y se relamió, la otra esperó con paciencia y miró con cierto interés las instalaciones, pensativa y preguntándose cómo lo haría ella con todas aquellas máquinas y pesas.
-¿Qué tal está Star?
-Bastante animada, la veo… feliz, últimamente -le respondió-. Estoy contenta por ella.
-No me extraña… -murmuró- Necesitaba un cambio de aires y tú se lo diste, Beatrice.
Ella sonrojó un poco y asintió, sabía que en parte era por ella.
-Es… una gran amante, la verdad.
Sentía ganas de explicar cosas pero no sabía si era lo apropiado. No tenía amistades de las que hablar más allá de la misma Shamarya, Barugo y la propia Star. Se sentía contenta con su nueva situación, aunque en algún momento hubiera sentido peligro la mayor parte del tiempo estaba siempre bajo el ala protectora de la poderosa general y se sentía segura.
-Me alegra oír eso, su obsesión por Seriel era ya enfermiza.
-Aún… habla de él en sueños -reconoció-. Pero cada vez menos.
-Estuvieron a punto de dejarlo todo por amor -le recordó-. Por suerte o por desgracia no fue así…
Se fijó entonces en la indumentaria de Beatrice y se rio. Llevaba las ropas ceremoniales de los Xaniums pero ella claramente no era uno, hasta tenía al cinturón una espada de luz. Cuando se disponía a arrebatárselo de un tirón de energía la otra lo detuvo con cierta aprehensión, cosa que sorprendió a Shamarya, que la dejó recuperarla.
-Vaya, vaya… -murmuró- Esto es sorprendente, sin duda, ¿desde cuándo sabes usar la energía?
-Star me está enseñando, pero más allá de hacer flotar o atraer o lanzar objetos poco sé hacer…
-Poco a poco, ya haces más que algunos.
Eso hizo reír a la otra, que asintió. Luego se disculpó con cierta torpeza y se disponía a salir pero fue detenida por Shamarya, que la tomó del brazo mientras sostenía la bandeja con la otra. Así parecía una camarera, pensó Beatrice, y la miró con interés.
-Quédate, anda -le pidió-. Quiero hablar con alguien, llevo todo el día casi a solas y hecho de menos el contacto.
La otra asintió, luego iría a cenar con Starlight y nada le impedía estar con una amiga. Por eso se sentaron juntas en una de las bancas, y mientras Shamarya comía con ganas la otra le comentaba sobre lo que pensaba que pasaría durante las pruebas. La otra escuchaba atenta, mientras se barruntaba cómo se le daría la espada… si ya tenía una debía ser señal que habilidosa era. Tenía el entrenamiento militar y la determinación de alguien dedicada a la seguridad y protección pública… fuerza tenía, y para controlar y animar a Star y dominarla se debía tener una fuerza interior increíble.
-¿Sabes manejar eso?
-¿La espada? -la otra asintió, y Beatrice suspiró algo- Estoy aprendiendo a sostenerla bien y a moverla con velocidad.
La otra asintió, divertida y dejó la comida a un lado, ya había terminado y sólo quedaban las migajas. Comprendiendo por dónde iba la otra se levantó junto a la otra.
-Vamos a hacer una pequeña demostración, luego me ducharé y podrás irte con tu novia, ¿vale?
Beatrice se sonrojó pero asintió, contenta por el trato. Era un lujo aprender de una de las mejores. Su espada era reciente, se acababa de construir hacía poco y hasta entonces había practicado con una antigua que habían recuperado de almacén. Ahora que tenía una propia la solían usar precisamente para que se acostumbrara a su ligereza, facilidad de corte, maniobra y gran calor que emanaba con sólo ser activada. Como una auténtica lanza térmica podía ser usada incluso para atravesar el más duro de los metales como quien cortaba mantequilla, casi parecía fácil hacer largas hendiduras que iban de lado a lado en el poderoso metal del que estaban hechas las grandes placas que servían como conejillos de Indias para sus entrenamientos. Era consciente que luchar con ella era una tarea bien distinta.
Tras dejar la bandeja a un lado una vez terminó la cena, Shamarya extendió su espada de luz y se colocó en una posición defensiva: piernas extendidas, cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante y ambas manos sujetando el mango del arma con firmeza, estaba ligeramente de lado respecto de Beatrice, que vio cómo la otra mantenía su arma ligeramente pegada al cuerpo. Esperaba, pues, ser atacada y de esa manera podía defenderse con facilidad para, en cualquier momento, lanzar una de sus poderosas garras hacia su rostro, brazo o incluso pecho… Pero comprendió que no podía estar a la espera a perpetuidad e igualmente se lanzó.
Los movimientos de Beatrice eran lentos y algo torpes, no costumbrada a ese tipo de armas de corto alcance. Con armas láser era infinitamente mejor por su pasado policial, la había visto varias veces apuntar a un área del tamaño del tapón de una botella pequeña y acertar plenamente, pero la espada de luz era un arma casi ritual entre los Xanium. El poderoso honor que impulsaba a la Orden y que les servía como fundamental característica e incluso divisa para Starlight hacía que usaran aquellos medios cuando enfrentaran a seres vivos no entrenados como ellos. Aquello se había mantenido hasta ahora par ambos bandos pero algo les decía que pronto se perdería esa humanidad y comenzarían a usar medios bastante más eficaces y menos propensos a causar bajas.
Beatrice, por su parte, estaba muy centrada en lo que hacía. La energía que podía usar la centraba en impulsarse y darle ese brío y velocidad con la que normalmente contaban los Xanium más entrenados para mover brazos y manos en una hipnótica danza que ella ya muchas veces había visto. Su espada chocaba contra la de Shamarya, de vez en cuando la veía sonreír cuando hacía algún movimiento algo más preciso y veloz pero no dejaba que se mostrara demasiado lo que pensara… En un momento dado intentó un par de tajos seguidos en forma de cruz pero la otra s limitó a alzar un muro de energía. Beatrice chocó contra ella, dio unos pasos atrás atontada y, de un movimiento que la otra ni vio, le colocó el filo de su arma a pocos dedos de su cuello. Había retirado de un zarpazo la pared, movido su brazo y el filo del arma en todo el arco que permitía su brazo en apenas un parpadeo… increíble.
-Eres… sois tan veloces todos… -murmuró, aún se seguía sorprendiendo- ¿Cómo lo hacéis? Sé que es a través de la energía, con la que os impulsáis, pero sigo so comprender cómo se siente, cómo… podéis rodearos así de vuestro poder y elevarlo.
Shamarya retiró su arma y la miró con diversión, se digirió hacia las duchas mientras le explicaba como podía.
-Una vez que aprendes a usar mejor tu energía la empiezas a entender como una acción natural de tu cuerpo -comentó ella, buscando las palabras-. Es como respirar o el latido del corazón, son cosas que simplemente haces de forma inconsciente… esto es igual, llegará un momento en que tu dominio te permitirá usarla así y enfocarla para agilizarte y volverte ligera… y por tanto, volverte veloz como sólo nosotros podemos serlo.
Beatrice la miró con admiración y dejó que entrara a solas hasta el baño para cambiarse y asearse a gusto, por eso se despidió con un cálido gesto y se encaminó de vuelta por el pasillo hacia el cuarto que compartía con Star. Llegaron esa misma mañana desde un planeta proveedor del Imperio para ultimar los detalles de la producción de Gran Resplandor, con todo lo que aquello implicaba de productos químicos, materiales para producir el arma en sí, las baterías que lo hacían funcionar y los cables que llevaban la energía a lo largo del aparato… Su compañera no estaba nada contenta con esa arma propi de cobardes, y sin embargo ería muy útil si el plan de Shamarya salía bien.
Estaba sentada en la cama, leyendo en una tablet con el pelo colocado en una coleta y pensativa. Sus largas piernas, bien trabajadas y a la vista, estaban ligeramente bronceadas y su mirada, centrada en lo que hacía, le daba un aire intelectual y, por qué no decirlo, sexy. Beatrice la contempló unos segundos, perdiéndose en su torneado cuerpo cincelado por los dioses… se acaloró y sonrió con cierta diversión, escaló por la cama y la besó con cariño en los labios; Star se sorprendió al inicio pero la recibió con los brazos abiertos, dejando sus cosas a un lado y centrándose en la otra con cariño.
-Te noto feliz -comentó-. ¿Hablaste con Shamarya?
-Sí, practiqué con la espada con ella -le explicó-. Fue… increíble, tengo tantas ganas de aprender…
La otra asintió, sonriendo un poco y se limitó a suspirar un poco.
-Me alegra, amor -murmuró-. Están las bandejas ya aquí, no hará falta que bajes.
Beatrice giró su rostro y se encontró que ahí estaban los dos platos para cada una con las mismas sabrosas viandas que había llevado minutos antes para su amiga. Sonrió un poco y le tendió el suyo a Star, que recibió gustosa y le dejó un hueco para que se pudiera sentar a su vera. Estuvieron charlando mientras le explicaba en qué consistían exactamente cada una de las pruebas y qué esperaba encontrarse, su compañera escuchaba con atención según removía un poco la carne y se la llevaba a la boca con cuidado usando un tenedor. La Xanium tenía que reconocer que le encantaba tenerla ahí a su vera, y le permitía quitarse de la cabeza posibles malas ideas que pudiera tener sobre Seriel o Gran Resplandor, sus dos grandes preocupaciones en aquellos momentos.
-¿Tienes ganas? Será una oportunidad de ver posibles nuevos alumnos.
La pregunta de Beatrice no era una nueva, alguna vez se lo había comentado pero siempre venía a responder lo mismo.
-No creo tener uno nuevo… -reconoció- La guerra, de todas formas, terminará pronto así que…
Beatrice asintió. Los intentos de paz parecían estar llegando poco a poco en determinados aspectos, se potenciaría gracias a que, durante los Juegos, toda la actividad bélica se paraba en pro de la unión de toda la Orden… era la oportunidad perfecta, aquel podía ser el inicio del final de aquel enquistado conflicto que nada aportaba a ninguna de las partes.
-Eso… me alegra mucho.
Star sonrió un poco y acarició su rostro con cierto cariño, pasó su pulgar por la mejilla de la otra y siguió comiendo algo más.
-Eres demasiado buena, Bea -le dijo-. Me alegra haberte dado la oportunidad de estar a mi lado, he descubierto una ayuda muy valiosa en ti.
La aludida asintió con cierto orgullo. Había descubierto también su lado de agente infiltrado entre otras cosas cuando tuvo que vigilar al grupo de Laura por el infiltrado, sólo la intervención de un tal Nadie había impedido que tirara definitivamente de la manta pues estaba cerca de dar con ese infiltrado o eso creía ella. Luego estuvo también en muchas reuniones con ella, se hacía la primitiva nativa de un mundo atrasado – y en parte así se sentía – pero se enteraba bastante más de lo que parecía en un inicio.
De esa forma habían encontrado bastantes cosas interesantes que podrían serles útiles más adelante, y por supuesto se infiltró sin problemas igualmente entre mandos intermedios para conocer todos los pormenores. Todo para encontrar desleales al Imperio y sus fines, ese trabajo aunque estresante le gustaba a Beatrice. Starlight lo haría pero era demasiado conocida, ella al final era una don nadie y nunca aparecía oficialmente al lado de ella más que como su secretaria, nunca como nada más. Era una suerte de mono de feria que se enteraba de muchas cosas y le contaba a la general… en definitiva, había acertado plenamente con esa mujer.
-A mi me alegra estar en tu vida también…
Se besaron con cierto cariño entonces, mimosas, y dejaron las cosas a un lado según se tumbaban a un lado al tocarse y pellizcar el cuerpo de su compañera con cierto deseo. Poco a poco la temperatura subió entre las amantes pero el deber de tener que levantarse al día siguiente con cierta prontitud las obligó a contener las ganas de quererse como querían en aquellos momentos.
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Plantas más abajo y al otro lado del edificio descansaba Asmeya en su cuarto. Lo compartía con Alione y Daya, que estaban jugando a Rua – Jish, mismo juego en la que era especialista Naipe. La primera se había estado duchando después de haber tomado algo en la cafetería y subido de nuevo al cuarto para descansar un poco antes del gran día. Se sentía cansada pero satisfecha con estar allí con sus mejores amigas. Tenía además una gran noticia que darles en esos momentos, cuando salió estaba radiante.
-¡Chicas!
Ellas se giraron, estaban bastante concentradas en su juego. Se giraron para mirar en dirección a la chica y esta les mostró un papel que les tendió. No les hizo falta leer demasiado para comprender el significado de aquello, y la abrazaron de golpe mientras chillaban.
-¡Enhorabuena, enhorabuena guapísima! -decía Alione, feliz- ¡Por fin lo lograste!
Ella sonrió, rememorando el evento en el que se convirtió por fin en Xanium en su último intento… Fue duro, pero finalmente lo logró aunque estuvo cerca de no ser así.
Había llegado a la tercera y definitiva prueba, las veces anteriores no pudo superarla y esa vez tendría que lograrlo sucediera lo que sucediera. Si suspendía nuevamente tendría que abandonar la Orden Xanium, podría seguir en el ejército como oficial pero seguramente acabaría en l mayor de los ostracismos y toda su vida carecería de sentido alguno… no sería capaz de seguir adelante de ser así.
El grupo que en esa ocasión le tocó fue el mismo que a su compañera Daya, les reconoció cuando ella les explicó su forma de hacer y de cómo buscaban sacarla de quicio con cada una de sus acciones. En cuanto dieron la orden de ir a por la bandera, situada en lo alto de una colina artificial, varias armas de luz automática se alzaron desde el suelo y comenzaron a disparar como siempre. Y como siempre todos se refugiaron tras unas rocas para buscar la manera de lograr el objetivo.
-Bien, es muy sencillo -les gritó-. ¡Buscad piedras por aquí cerca, por favor!
Ellos se miraron con ligera sorpresa,
-Sí, capitana.
Y como un grupo bien entrenado, contrario a lo que solían hacer, formaron un montículo de piedras del tamaño de su manos al lado de ellos. No tuvieron que ir demasiado lejos y Asmeya sonrió un poco. Los alzó con su energía y formó una corriente con todas ellas para hacer una lluvia horizontal a lo largo de la ascensión. Eso permitió a los clones poder moverse, pero ella les indicó con un grito que no se movieran.
Los disparos dejaron de caer eventualmente pero ella subió en solitario, nerviosa hasta la bandera, que tomó con cuidado entre sus manos y sin aún creerse lo que estaba sucediendo. Lágrimas cayeron por su rostro de la emoción mientras Seriel, al otro lado del cristal que separaba su salita de la zona de combate, sonreía con cierta satisfacción.
-No sabes cuánto nos alegramos… -murmuró Alione- Por fin una Xanium de la República… ¿hace cuánto fue?
-Apenas una semana -reconoció-. Quería estar con vosotras para decíroslo, esto lo hace oficial…
-Pero sigues siendo sólo capitana, ¿verdad?
-Por desgracia sí, Daya -murmuró-. Mi falta fue demasiado grande, pero me lo merezco, no creo ascender en una buena temporada.
Pero esa no era su preocupación en esos momentos, y tras separarse, llegó hasta un minibar y sacó una botella de licor junto a unos vasos. Sus compañeras asintieron, contentas por la idea, e hicieron un brindis, un juramento que llevaban queriendo hacer años pero que sólo ahora podrían formular.
-Ahora y siempre, juntas hasta la muerte -dijeron, casi a la vez-. Ahora y siempre, compañeras en la guerra y en la paz, Xaniums y guerreras a la par -llenaron sus vasos para brindar en la última parte-. Ahora y siempre, hermanas de sangre escarlata, corona y garra.
Y dieron un largo sorbo. Todo estaba a punto de cambiar para siempre, y las consecuencias de las acciones de todos los habitantes de la galaxia estaban a punto de salir a la luz.
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(1) Esta es una explicación sintetizada de la teoría (mejor dicho, hipótesis) de cuerdas, que necesitan de once dimensiones físicas para existir. A través de ella se demostraría que las cuerdas existen, siendo este el componente más pequeño de la realidad. A cada dimensión se añade un grado de libertad, primero en el espacio, luego en el tiempo. A partir de la séptima se compactan las seis anteriores en un punto y vuelta a empezar, a medida que se añade una dimensión se puede mover uno en más universos. Es complicado, pero hay vídeos divulgativos muy instructivos que recomiendo ver para poder aprender más.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
