A CADA QUIEN LO SUYO

Two shot

Capítulo 2

Kocho Shinobu a veces se sentía como si estuviera enferma. Muy enferma. Terminalmente enferma, de verdad. Porque esa era la única explicación factible a cómo había terminado con un flechazo por Tomioka-sensei, de entre todas las personas.

La primera vez que lo conoció, estaba muy consciente de que algún pueblo por ahí debía haber perdido a su idiota (no importaba que resultara ser un chico/hombre/tonto de Tokio más tarde). Ella llegaba tarde a su propia ceremonia de entrada, lo cual era culpa de su hermana, ya que se olvidó distraídamente de su almuerzo y Shinobu se apresuró a regresar a casa para recogerlo. No tenía ganas de irrumpir por la puerta principal, con toda la atención puesta en la solitaria chica de primer año que llegaba tarde a su propia ceremonia de bienvenida. Su hermana también acababa de empezar a trabajar en la enfermería. Qué vergüenza sería para ambas si este incidente fuera el centro de atención. Así que trepó la cerca y saltó al patio de la escuela. Excepto que no fue en el patio de la escuela donde aterrizó. Sus pies se conectaron con un estruendo en la espalda de alguien que vestía un traje y estaba sentado tratando de acariciar a un gato feo. Se veía estúpido por detrás, y estaba un noventa y nueve por ciento segura de que también se veía bastante estúpido por el frente. Solo alguien al que le hacen falta algunas neuronas y varias emociones quedaría atrapado en esa posición tan embarazosa con un gato tan feo como ese.

Sonriendo dulcemente, saltó lejos de él y dijo sin sentirlo:

—Mis disculpas. Como agradecimiento, me abstendré de divulgar la posición comprometedora en la que te encuentras a las personas. En otros temas, Ojii-san —mostró otra sonrisa falsa—, ¿Estás seguro de que estás bien?

Lentamente, casi letárgicamente, el hombre se incorporó y se volvió para mirarla. Bueno, Shinobu tuvo razón a medias. Era guapo y estúpido de frente. Con hermosos ojos azules y el cabello oscuro mucho más largo que lo convencional para un hombre, una altura impresionante y un rostro lo suficientemente joven como para ser solo unos años mayor que ella. Le era familiar también, lo que la hizo sentir un escalofrío. Maldición. No un profesor... ¡No podía ser tan desafortunada!

—Estoy bien —dijo lentamente, como si estuviera probando algo antes de ponerlo en palabras. Él también la miraba con una mirada extrañamente intensa que hacía parecer que la conocía a un nivel íntimo (a Shinobu le asustó que el hecho no la incomodara. ¡Si se acababan de conocer!)—. ¿Y tú estás bien?

Ella salió de su estupor y dio un pequeño paso hacia atrás, sonriendo.

—Claro que lo estoy —preparándose para correr, dijo—: Fue un placer conocerte y tod, pero estoy llegando tarde, así que...

Su mano fue tan rápida como un rayo cuando se aferró a la de ella, los ojos llameantes y la boca abierta como si estuviera a punto de decir algo. Él no dijo nada, al final, pero ella reaccionó de forma equivocada y le dio un rodillazo en el estómago. Mientras él se doblaba en una agonía resignada (¿por qué resignada?), ella apartó su mano y salió corriendo a toda velocidad. Sin embargo, antes de perderlo de vista, miró hacia atrás y gritó, divertida y un poco eufórica:

—¡Es por eso que hasta los gatos te odian, Ojii-san!

Su expresión de confusión y nostalgia la persiguió en sueños durante días.


Resultó ser un profesor en prácticas. Lo cual no era mucho mejor para ella a que fuera un maestro real. Cinco días después, los rumores sobre su extraordinario atractivo, irrazonable rigurosidad y casi inquietante y dramático silencio estaban por todas partes. Él era tres o cuatro años mayor que ella, pero se graduó de la preparatoria dos años antes y ahora estaba haciendo una pasantía en su escuela para conseguir un futuro empleo también. Shinobu encontró todo el asunto muy divertido, ¿por qué alguien de su pedigrí querría trabajar como pasante para el puesto de profesor de educación física? Además, a pesar de todas las palabras bonitas que se decían sobre él en los rincones oscuros de los pasillos, la impresión que a ella le daba era la de una persona socialmente inepta y distraídamente obtusa.

Siguió tratando de recordar si se habían conocido en alguna parte. Era lo suficientemente memorable (en toda su gloria de tonto) para que ella realmente lo pudiera recordar. Su hermana parecía decidida a creer que ella estaba entrando en su fase rebelde, lo que explicaba los silencios meditabundos, el mal humor ocasional y la mirada aturdida. Pero no lo estaba, ni tampoco estaba enamorada, como tanto se empeñaba en creer su vecina Mitsuri. Mitsuri también era un año mayor que ella, y siempre había tenido el tipo de mentalidad de que incluso el perro del vecino loco era increíblemente lindo y que incluso dos tazas relativamente abolladas tenían una aventura romántica entre ellas. Shinobu la amaba, de verdad, pero a veces el filtro rosado con el que Mitsuri veía la vida la molestaba.


Sin embargo, algo cambió después de conocerlo. Ahora soñaba a menudo, como cuando era niña. Sueños caóticos, casi pesadillas. Apenas recordaba cuando despertaba, pero el sentimiento de rabia y el dolor sordo parecido a la añoranza no desaparecían.

Había mariposas, recordaba vagamente, hermosas y nostálgicas. Había flores de glicinias, volando en el viento y cubriendo el cielo. También estaban unos ausentes ojos azules que lucían desamparados. Había risas, alegres, dulces y despreocupadas en un jardín lleno de sábanas blancas y el olor de la medicina. Había sangre, también, y lluvia, y una oscuridad que podía tragarte al completo. La angustiante sensación de estar siendo sofocada se quedó con ella y parecía no irse nunca.

Kanae se preocupó, como solía hacerlo. Preguntó a Shinobu si quería hablar sobre eso. Y Shinobu, siendo Shinobu, sonrió y dijo que no.

Sin embargo, desconfió de ese maestro hombre-chico-idiota, y se esforzó por evitarlo. Quizás entonces los sueños se irían.


No fue así, desafortunadamente.

Sin embargo, lo que hizo el universo fue darle una bofetada contundente en la cara y hacer que se diera cuenta de que, de hecho, era uno de sus juguetes de uso rudo favoritos.

Cuanto más lo evitaba, más a menudo se cruzaba con él.

Si ella iba al tranquilo balcón detrás del aula de Economía Doméstica para un almuerzo silencioso y privado, él ya estaría allí en cuclillas con una mirada perdida en su rostro y la expresión de un ídolo excéntrico que huye de la multitud. Luego la miraría con esos ojos azules confundidos, pero eufóricos, y procedería a iniciar con unos saludos muy incómodos y pequeñas conversaciones. Casi consideró no volver nunca más a ese balcón, pero ¡maldita sea, ese era su lugar! ¿Por qué era ella la que debía irse? Aparentemente, él no tenía el suficiente sentido común para notar esto, ya que volvía todos los días, viéndose cada vez menos aprehensivo y más y más alegre, en esa manera espeluznante e inexpresiva suya. (Ella había oído hablar de que él se estaba volviendo más autoritario, como un profesor de educación física tiránico esperando el día en que realmente fuera promovido a uno). Solo almorzaban juntos, apenas hablaban y no se estaban amigando en absoluto. Pero aun así.

Si llegaba temprano a la escuela con la esperanza de que él no apareciera en el portal hasta que fuera la hora de los rezagados, era recibida por un Tomioka-sensei armado hasta los dientes, listo para correr por la calle atrapando a los que llegaban tarde o a aquellos infractores del código de vestimenta. Pareció sorprendido de verla (como siempre hacía cuando la veía, curiosamente), pero inmediatamente suavizó sus ojos amenazadores (buen intento, pero Shinobu se preguntó si era la única que veía al aturdido cachorrito debajo esforzándose por actuar maduro y estricto en la superficie) y asintió lentamente a modo de saludo antes de asumir su postura anterior.

Cuando elegía quedarse al final en la clase de educación física, escondiéndose de su mirada detrás de la espalda estrecha de Gyutaro, encontraba a Urokodaki-sensei (su maestro de educación física real, quien se encontraba en medio de la crisis de la mediana edad y a un pie de distancia de la felicidad que da la jubilación) dirigiendo a Tomioka para que se parase al fondo de la clase, para tener una mejor vista de todo lo que sucedía a su alrededor. En esos casos no iniciaba ninguna conversación, gracias a todos los dioses, pero la sensación de tener su mirada clavada de vez en cuando era suficiente para que los escalofríos recorrieran su espalda y los vellos de la nuca se le erizaran todo el tiempo.

Una buena noche incluso, cuando se detuvo en la tienda cerca de su casa lo encontró de pie frente al anaquel de las revistas, luciendo estreñido de la indecisión que incluso ella no pudo encontrar las fuerzas para ignorarlo.

—Tomioka-sensei, estás obstruyendo la vía pública —lo empujó levemente por la espalda y le entregó la sonrisa que la caracterizaba.

Fue algo satisfactorio verlo recular, aunque fuera solo un poquito.

—Kocho —se volvió y dijo mansamente. Entonces, inmediatamente su rostro inexpresivo se transformó en uno de irritación—. Es demasiado tarde para que una chica de tu edad deambule sola, Kocho. ¿Qué estás haciendo aquí?

Eran las 8:00 pm y estaban en una tienda de conveniencia, ¿qué más podría estar haciendo? Cielos, este idiota. (Shinobu ignoró con valentía el hecho de que últimamente todas sus quejas sobre él se estaban volviendo más y más suaves. ¿Estaba comenzando a sentir algo por el, maldita sea?).

—Por favor, actúa como un ser humano funcional del siglo XXI, sensei. Ocho de la noche no es tarde, según el sentido común —sonrió más ampliamente, resistiendo el impulso de burlarse de él aún más. Dios, es que lo hacía tan tentador y fácil—. ¿Estás buscando revistas eróticas, sensei? ¿En un lugar tan público?

Él se puso completamente frente a ella ahora, su cara volviéndose casi morada por la desesperación.

—…No.

No hubo mayor explicación. A veces Shinobu se preguntaba cómo había sobrevivido en la sociedad hasta ahora teniendo tantas deficiencias en el contacto social.

—¿En serio? Entonces ¿qué estabas haciendo tanto tiempo frente al anaquel de revistas mientras le estorbas a los demás? —preguntó alegremente, con la cabeza inclinada hacia un lado y una sonrisa firme.

Un silencio que duró un latido, luego, casi con resignación dijo:

—Mi cuñado traerá a sus hermanos y primos a casa. Son niños de primaria y secundaria, conocidos por ser ruidosos y bulliciosos. Mi hermana me pidió que fuera a comprar algo que pudiera distraerlos para evitar que interfieran en las conversaciones de los adultos.

Esa era la mayor cantidad de palabras juntas que le había dicho a ella, o, más bien, a cualquier persona en realidad, en una sola exhalación. Shinobu procesó la información lentamente, con diversión, antes de dignarse a darle una respuesta.

—¿Y qué te hace pensar que las revistas los mantendrán ocupados?

Los hombros de él se hundieron visiblemente y soltó un suspiro:

—No puedo ir demasiado lejos e incluso a los niños les gustan las revistas, ¿no? La Shonen Jump y cosas por el estilo.

Ella se rió en su cara, un sonido ligero y burlón, y se estiró para moverse a través de los estantes frente a él. Empujándolo con una mano, ella le hizo a un lado.

—Dudo que puedan llamar su atención por mucho tiempo, pero te ayudaré a elegir. Mientras, consigue algunos jugos y bocadillos del refrigerador.

Él la miró fijamente, pero por extraño que parezca, no dudó en darse la vuelta y seguir su orden como un cachorro entrenado. Parecía casi lindo la manera tan dulce en la que estaba actuando. (Se detuvo justo a tiempo para horrorizarse con su tren de pensamientos y se reprendió a sí misma por dejarse llevar).

Después de ese encuentro, insistió en acompañarla a su casa, a pesar de todas sus protestas por sus ridículos argumentos sobre la hora (¡Apenas eran las nueve! ¿Creía que vivían en la era Meiji? Incluso si vivieran...). La siguiente que sucedió fue una preocupación sin fundamento, porque resultó que eran vecinos, no lo suficientemente cercanos como para tener apartamentos en el mismo edificio (la vida no podía tener tantas coincidencias, pero los dos edificios estaban uno al lado del otro, y una vez más Shinobu se lamentó por la telenovela en la que se estaba convirtiendo en su vida. Aparentemente él se acababa de mudar allí hace unos meses y era lo suficientemente asocial como para que ni los vecinos que vivían en el mismo piso que él supieran quién vivía con ellos, y mucho menos ella, que vivía en un edificio más allá y no estaba interesada en las reuniones que organizaban las amas de casa de los edificios.

Se despidieron el uno del otro con ella exhalando un suspiro de alivio por finalizar el incómodo encuentro y con él luciendo tan contemplativo como siempre (más bien como un imbécil distraído para ella de todos modos).


Después de eso, obtuvo el hábito de hacerle bromas. Decidió que, dado que evitarlo no había dado el resultado que esperaba, al menos no debería limitar su propia diversión. Además, sus reacciones eran hilarantes en el peor de los casos, y ridículas en el mejor. En un momento u otro, él se terminó resignando y siendo indulgente con sus bromas y maldades. Eso terminó por irritarla aún más. De hecho, le tomaba el pelo demasiado, de manera demasiado persistente y pública, que incluso su hermana, encerrada en su enfermería, comenzó a notarlo.

—Shinobu —dijo un día, actuando medio indiferente (lo cual no era muy sutil, considerando todas las cosas)—, ¿qué recuerdas de mi clase educación sexual que les impartí hace unos años?"

Olviden las sutilezas, su hermana había cruzado oficialmente la angustiosa línea de la racionalidad fallida y se convirtió en una habitante permanente de la Villa de los Delirios.

—¿Perdón? ¡Kanae!

Kanae parpadeó y soltó una risa repiqueteante.

—Ya sabes. Solo quiero asegurarme, eso es todo. Pero sabes que es ilegal que Tomioka-san ponga una mano sobre ti en este momento, ¿no?

Shinobu sintió que su cabeza se hinchaba como un globo púrpura. ¡Ella solo estaba bromeando con él, eso era todo! ¿Cómo podía Kanae saltar directamente de las burlas a la fornicación?

—¡No hay nada entre nosotros! —resopló, sintiendo que la indignación subía hasta su tráquea. (Eso, y también estaba mezclada un poco de su avergonzada actitud defensiva).

Los labios de Kanae se torcieron en una sonrisa suave y burlona, y tarareó una melodía sin sentido antes de darse la vuelta.

Mitsuri también la molestaba como un cachorro de gran tamaño—. ¡Dios mío, ustedes dos son tan lindos! ¿Estás segura de que no te ha pedido una cita? ¿Crees que es lo suficientemente inepto socialmente como para no saber de qué se trata? ¿Quieres tomar el asunto en tus propias manos?

La respuesta de Shinobu tendía a ser un silencio solemne. Ella no sabía qué decir o qué cara poner cuándo cuando Mitsuri estaba en uno de sus momentos eufóricos y enérgicos. Eso, y también era que ella creía con certeza que sin importar las excusas que diera, Mitsuri simplemente creería en su propia percepción de las cosas de todos modos.


Más tarde, Shinobu ignoró por completo los vergonzosos sucesos, ya que tenía cosas más importantes de las que preocuparse. Sus sueños habían empeorado últimamente. Sin ningún motivo, en ocasiones quedaba atrapada en una de sus visiones incluso cuando estaba despierta y caminaba por el pasillo de la escuela. A veces, cuando miraba a su hermana, la joven ya no usaba la bata de la enfermería, sino un hermoso haori con patrones similares a las alas de una mariposa. De vez en cuando también miraba al profesor de arte y sentía ganas de golpearlo en la cabeza solo porque parecía superponerse con el hombre ruidoso que casi había secuestrado a sus seres queridos con propósitos irrazonables en sus sueños. De igual manera, el profesor de Matemáticas rubio y revoltoso que había estado pasando una cantidad de tiempo impío con su hermana también se veía extrañamente como si encajara perfectamente con un haori teñido de blanco y rojo, como el color de una llama. Incluso en ocasiones le parecía ver que Mitsuri iba vestida en un escandaloso uniforme negro con medias verdes, aunque solo estuviera utilizando su ropa de educación física mientras entregaba algunos de los pedidos de comida de su mamá.

Pero lo peor era Tomioka-sensei.

No era solo que se superpusiera con el hombre del haori de sus sueños (las distracciones, la incomodidad increíble, la resignación que sentía al escuchar sus bromas, el silencio desolador...), sino también el hecho de que sentía como si se convirtiera en la versión de sí misma de aquellos sueños cuando estaba con él. A veces, mientras lo empujaba con su dedo para llamar su atención, casi podía ver las mangas de alas de mariposa de un haori cubriendo sus brazos en lugar de las mangas habituales de la chaqueta. En otro momento, cuando él dijo algo claramente estúpido , ella sintió que inconscientemente alcanzaba la empuñadura de una espada en su cadera (que claramente no estaba allí) para golpearlo en la cabeza para hacerle entender su estupidez.

Incluso comenzó a ver ilusiones de charcos de sangre en el piso y cadáveres en lugares donde solo había basura, así como escuchar los sonidos de la batalla resonando en los momentos más extraños del día. Todo el asunto la estresó, comprensiblemente. Perdía la concentración con facilidad, apenas podía dormir; su rostro se veía hundido y las bolsas debajo de sus ojos se agrandaron lo suficiente como para colocar monedas en ellas.

Bastante molesto fue el hecho de que Tomioka-sensei fue el primero en notar sus cambios. De acuerdo, accidentalmente perdió el conocimiento frente a él como una maldita damisela en apuros, justo en el medio del pasillo en el tercer piso. Aun así, pensar que se había desmayado frente a él, de todas las personas. (¿Eso significaba que se sentía tan segura y relajada con él? Ridículo).

Fue durante ese episodio dramático que pudo tener un sueño apropiado.


Por primera vez, todo sucedió en orden cronológico. Al principio tenía la estatura de una niña mientras corría con su hermana (en un bonito haori y kimono, respectivamente) en un pequeño jardín lleno de flores; sus risas resonaban como campanas y la luz brillaba tanto que no podía imaginar que nada pudiera oscurecerlas. la imagen. Luego, antes de que los ecos de la risa puedan desaparecer por completo junto a la imagen de dos chicas persiguiéndose, ella estaba de rodillas, sangre en sus manos y lágrimas corriendo por su rostro. Su hermana estaba abrazando los pedazos del cuerpo de alguien, no, de dos personas, y estaba hipando en angustia y dolor. Shinobu misma se había hecho un ovillo, debatiendo fervientemente si sentirse enojada o aterrorizada. Sentía ambas cosas, pero eso significaba poco, porque ninguna de las emociones que pudiera tener podrían devolverles la vida a sus padres. Sus lágrimas nublaron su visión, y antes de que "la ella" dentro del sueño pudiera emitir un sonido desgarrador y de lamentos desde el fondo de su garganta, las imágenes cambiaron de nuevo.

Fue peor. Su hermana era la que ahora estaba ensangrentada, el haori empapado en sangre y lluvia, y estaba jadeando, gimiendo y maldiciendo con cada respiración. Recogió a Kanae en sus brazos, juntó sus frentes y se atragantó con sus propias lágrimas. Era como si el mundo se acabara, podía sentir el dolor vibrando en lo más profundo de sus huesos, ¿cuántas cosas le quitarían los dioses? ¿Cuántos demonios debía matar para apaciguar el dolor?

Los dioses no le respondieron y Shinobu sintió que su corazón se entumecía. Que incluso con todos los demonios muertos, mutilados y torturados, su dolor aún estaría allí. Nada podría salvarla. No de esa ira interminable.

Hasta que llegó él.

Los recuerdos, —se dio cuenta ahora, en su sueño y la rabia residual que aún corría por sus venas— cambiaron a la primera vez que se dio cuenta de que su corazón aún latía, después de todo, a pesar de todo el dolor y la ira.

No había sido en esta vida la primera vez que se encontraban. Se habían conocido antes, aunque no podía recordarlo claramente. Fue en una enfermería, y él había estado cubierto de vendajes y estupidez. Ella había conocido a mucha gente de ese tipo en ese entonces, por lo que él no había causado exactamente una gran impresión. Sin embargo, sí la logró cuando fue presentado entre los Pilares y los Aprendices como el Pilar de Agua solo cinco meses después de su alistamiento. Era algo sin precedentes para ese momento. Pero fue solo eso. Él no entró en su vida en ese entonces, y ninguno de los dos se esforzó por cambiar ese hecho. Luego murió su hermana, y durante los primeros años, parecía que él estaba en todas partes. Era el asignado para trabajar con ella después de que se convirtiera en uno de Pilares, él era el que sangraba sobre las sábanas blancas de la enfermería cuando era su turno para cuidar a los pacientes, él era el que jugaba con sus palillos en su tienda de ramen favorita en los raros momentos en los que ella se acercaba por una comida. Se acostumbró a él lo suficiente como para que la falta de él ocasionalmente la hiciera sentir melancólica.

Soñaba con bromear con él, como en ese momento de su vida. Soñaba con molestarlo, y Dioses, qué cosa tan divertida era. Soñaba con noches sentadas sobre el techo en un cómodo silencio, con aniversarios de la muerte de seres queridos pasándola juntos, con caminos tranquilos en misiones donde solo se escuchaban sus risas burlonas y sus gruñidos evasivos, con ese abrazo tan impropio de él a solo unos días antes de la gran batalla con Muzan. Él estaba casi delirando de dolor en ese entonces, pero a ella le gustaba creer que no fue solo la confusión aquello que lo impulsó a hacerlo. Fue entonces, recordó, cuando finalmente se dio cuenta de que él significaba mucho para ella, que su corazón aún latía, y que ya era demasiado tarde para que ella lo reconociera (llena hasta las uñas de veneno, y solo a días de vengar a su hermana).

Pensó en él la primera vez que tomó el veneno, pero pensó más en su hermana, así que bebió. Pensó en él cuando ese asqueroso hijo de puta la hizo parte de su cuerpo. Fue solo un breve destello de su imagen debajo de sus párpados, y oh, cómo quería romper a llorar allí mismo. Pero no lo hizo, ya que Douma no merecía ver pena o dolor en su rostro. Aun así no pudo evitar susurrar en voz baja mientras se hundía en la oscuridad: Lo siento.


Shinobu se despertó sobresaltada, con la vista nublada por las lágrimas por derramar y la garganta vibrando de dolor. Primero vio la luz blanca y brillante del techo de la enfermería. Sin embargo, su hermana no estaba allí; casi pensó que estaba sola en la habitación con lo silencioso que se encontraba.

Hasta que Tomioka-sensei asomó la cabeza dentro de su campo de visión, luciendo a la vez preocupado y como un niño castigado.

Finalmente, sus reacciones hacia ella todo ese tiempo cobraron sentido. Alguien había estado guardando un terrible secreto.

Shinobu no se dignó moverse, solo lo miró fijamente, parpadeó con lentitud y luego estiró los labios en una sonrisa felina.

—Profesor de educación física, ¿de verdad, Tomioka-san? ¿No te odiaron lo suficiente en el pasado como para que eligieras ahora una profesión que todos detestan?

Y así, todo comenzó de nuevo.

Esta vez, al menos, los Dioses los dejaron tener su propio final feliz.


FIN


Hola. 100 años después. Este fic tiene otro capítulo, pero yo solo quería compartir la parte del Giyuushino, por lo que lo doy por concluido. Después paso a corregir errores gramaticales, ya que esto lo hago en el trabajo y es programar embarques o traducir, y los fics no pagan las cuentas.

Adiosito.