Capitulo 3.
Una sombra se deslizo por la noche, descendiendo lentamente sobre Surrey. Nadie vio esa figura ocultándose entre las sombras de Privet Drive ni como entro casi como un fantasma a la casa con el numero 4.
La figura encapuchada cargaba algo en brazos, escucho atentamente si había un sonido y se encamino silencioso a la alacena debajo de las escaleras que se abrió, coloco cuidadosamente su carga, parecía un muñeco, o un niño, con cuidado acomodo las piernas y brazos.
Evan se levanto mirando su trabajo, era escalofriante, en la pequeña cama ahora yacía una réplica exacta del pequeño Harry, pero lucia casi roto y su expresión parecía de alguien que dormía, aun que en realidad no tenia vida alguna. Evan lo había pensado durante largo tiempo, y decidió que la mejor manera de proteger a Harry seria hacerle pasar por muerto, era lo mejor así nadie le estaría buscando, aun que el cómo había logrado obtener un cuerpo al cual convertirlo en Harry había sido desagradable y esperaba no tener que volver a repetirlo. Cerró con delicadeza la puerta y elevo la mirada, ahora tendría que modificar la memoria de ciertos muggles, la verdad es que no sentía ninguna pena por estos, había visto los recuerdos de Harry y estos muggles seguramente hubieran terminado realmente matándolo de no haber llegado a rescatarlo.
Comenzó a subir cuidando de no hacer ruido y se asomo al primer cuarto donde Dudley dormía, y con un susurro modifico su memoria, este solo brillo levemente informándole que estaba hecho, y fue al siguiente donde repitió el proceso, miro el cuarto con calma, Kreatcher ya se había llevado toda clase de objeto que hubiera pertenecido a su madre, así que dudaba hubiera algo importante, una última barrida al sitio, y salió del cuarto, y salió de la casa.
Se alejo lo suficiente antes de alzar el vuelo, era un hechizo parecido al que usaba Voldemort pero Evan lo había modificado para que fuera más discreto sin mencionar que no usaba nada de magia oscura. Una vez estuvo varios metros arriba protegido por las nubes, se concentro y formo un circulo en el aire con su varita que se mantuvo brillando y lo dirigió a la casa, este se expandió la rodeo y se pudo ver por un momento las barreras que ya estaban débiles, y las apretó un poco antes de sin más estas se rompieron, Evan creyó escuchar una alarma, seguramente Dumbledore no tardaría en aparecer, vio a algunas figuras de pronto brotar de la nada allá abajo, y con una sonrisa él se desvaneció, no quería que Harry notara su ausencia.
Mientras tanto, en el numero 4 de Privet Drive una nueva figura apareció en el sitio. Albus Dumbledore miro el sitio con ojos preocupados, vio como los Aurores entraron rápidamente a la propiedad esperándose un ataque, las barreras habían caído, y eso solo podía significar que o Petunia había muerto, o Harry, aun que se escuchara horrible, Albus esperaba que fuera Petunia, porque no podía imaginar que seria del mundo mágico sin Harry Potter.
-Director –le llamo uno de los Aurores con expresión seria y algo grave –le encontramos –murmuro, Albus sintió en ese momento cada uno de sus años encima y se movió como en un sueño al interior de la casa, vio a los Dursley sentados en la sala muy juntos, Petunia lucia muy pálida abrazando a su hijo mientras que Vernon lucia furioso de un tono purpura y al parecer los Aurores lo habían silenciado. Vago sus ojos a donde estaban reunidos otros Aurores, lucían tristes y furiosos, al verle le abrieron paso hasta la pequeña puerta de la alacena debajo de las escaleras, cuando llego, Albus sintió su corazón quebrarse al ver la pequeña figura rota en el catre dentro de ese sitio, una mata de despeinada cabellera negra, la cicatriz en forma de rayo en la frente pálida.
Los Aurores tuvieron que hacerle de apoyo cuando el anciano director pareció a punto de desmoronarse, aquello era terrible para todos. Ninguno noto un par de grandes ojos desde las sombras, los elfos domésticos podían no ser detectados si así lo querían, se habían creído todo, ahora el joven amo estaría a salvo como el hijo del amo Evan, sin más desapareció de ahí, de regreso a donde sus amos, para informarles que todo había ido bien.
La noticia de la muerte de Harry Potter hiso tanto ruido que el regreso de Evan Perevell al mundo mágico paso casi silencioso, así como su hijo Arazar. Aun que algunos se sorprendieron de que aun siguiera existiendo la familia tan antigua, no fue sacado en las noticias.
Harry, ahora yendo por el nombre de Arazar, se miro en el espejo curioso, sus cabellos negros y desordenados habían desaparecido dejando paso a cabellos del mismo tono rojo sangre casi negro en suaves y leves risos ordenados, sus ojos seguían siendo los mismos por suerte, pero no llamarían la atención puesto que Evan como su padre los tenia igual, en cuanto a su rostro muy pocas cosas habían cambiado, Evan había arreglado sus ojos y ya no necesitaba los lentes que eran tan representativos de él antes, su piel también tenía un tono más sano, moreno por el sol, y gracias a algunas pócimas nutritivas y las buenas tres comidas durante esos últimos días había agarrado algo de peso. En sí, se veía muy diferente a su viejo yo, Evan le había explicado que había hecho creer a todos que había muerto, no lo entendía muy bien, pero lo había aceptado si eso quería decir que el podría vivir tranquilo sin personas volviéndose a verles, miro su frente sin cicatriz alguna, eso sí era un gran cambio aun estaba ahí, pero nadie podría verla, Evan había colocado un hechizo glamur, en esta, uno muy especial que él había diseñado especialmente.
-Ari, estás listo? –le llamo la voz de Evan desde el piso de abajo, Ari, ese era su apodo ahora, uno lo suficientemente parecido a Harry sin ser evidente.
-SI, ya voy –dijo saliendo contento vestido con una fina túnica de un tono verde botella, ese día irían al callejón Diagon por primera vez, y estaba emocionado.
Evan le esperaba por la puerta acomodándose la camisa y la túnica frente al espejo vestía con una túnica de un verde casi negro y la camisa debajo de una seda fina en un tono blanco y unos pantalones negros, Ari llevaba algo parecido pero la túnica era de un verde más claro. El mayor sonrió al verle bajando los escalones de dos en dos, habían hecho un excelente trabajo en su disfraz, tenía 8 años, pero si podían hacerle pasar por alguien de 7, tal vez resultaría que el haya sido un padre joven pero a él no le molestaba, además no era tan extraño tampoco.
-Perfecto, ahora mejor irnos, tenemos muchas cosas que hacer, algunas compras y visitar el banco –le recordó relajadamente, Ari asintió y le tomo de la mano que le tendía, y salieron de la casa, ya que para aparecerse tenían que alejarse un poco de la casa al punto de aparición. Ari miro curioso el sitio al cual llegaron en el caldero chorreante, todos parecían algo desanimados, pero les dirigieron miradas curiosas, no se mostro muy sorprendido ante las muestras de magia en el sitio, ya que se suponía que era un purasangre quien siempre había estado rodeado de magia, aun que la curiosidad no era peligrosa ya que jamás había visitado antes esos sitios, Evan miro con calma el sitio antes de sin soltar de la mano a Ari, le guio hasta al patio trasero, donde dio con su varita a los ladrillos correctos, y sonrió ante la exclamación de sorpresa y maravilla de Ari cuando esta pared se abrió y dejo ver el callejón donde había bastante movimiento.
-no te separes de mi Ari –le indico Evan dándole una sonrisa y sujetándole bien y se internaron entre la gente, algunas personas se volvían a verlos, puesto que no había muchos magos y brujas que usaran túnicas tan de buena calidad. Ari sujeto de su mano miraba todo curioso pero no se alejo de Evan como le había indicado, sabía que primero tenían que ir al banco, para reclamar todas las cuentas de los descendientes de los Perevell así como la antigua de ellos, y claro abrir otra nueva para ellos dos. Ari miro a Evan de reojo sonriendo al verle avanzar con calma con bastante elegancia natural, así como la frente en alto y su expresión tranquila que influía confianza.
Llegaron a Gringotts y Ari observo maravillado alrededor, Evan le había contado del sitio claro, pero era aun más impresionante cuando lo conocías en persona. Evan se encamino aun duende desocupado
-buen día, necesito hablar en privado con quien este encargado de las cuentas de Perevell –dijo con calma y tono amable que hiso al duende no muy seguro de cómo reaccionar más que con un movimiento de cabeza y un seco
-un momento- bajo de su banco y fue en busca de quien sería el que se encargaba de esas cuentas, era la primera vez que alguien mencionaba a los Perevell en varios años.
Ari miro curioso alrededor al notar ciertas miradas, vio entrar aun algo mago de cabello de un rubio casi blanco, en una túnica de evidente calidad aun que lo que le llamo más la atención en realidad fue el niño que venía con él, este también le miro curioso a su vez, pero antes de que Ari pudiera preguntarle algo a Evan, el Duende volvió y les guio a una oficina mas al fondo donde un duende increíblemente anciano les esperaba.
-Tomen asiento, me llama la atención que usted pregunte acerca de las cuentas de los Perevell, ¿señor…? –le duende miro con sospecha a Evan quien solo sonrió calmadamente sentándose, Ari se sentó en el otro asiento mirando curioso alrededor.
-Evan Perevell, y este es mi hijo Arazar –presento con calma ignorando la expresión sorprendida del duende mientras sacaba de su bolsillo el árbol familiar empequeñecido –mi difunto abuelo me aviso que trajera esto cuando pensara reclamar de nuevo todas nuestras propiedades –dijo tendiéndoselo una vez lo volvió a su tamaño normal el duende lo tomo con mirada curiosa y lo extendió en una pared libre observándolo atentamente
-si claro, esto sirve, pero también tendrá que dar una muestra de sangre –dijo el duende luego de checar donde estaba el nombre de Evan, y saco de un cajo de su escritorio una especie de copa muy adornada –esto confirmara sobre que tiene derecho –le explico a lo que Evan solo asintió tendiendo su mano confiadamente, eso sorprendió un poco más al duende pero no dijo nada mientras le abrió una herida en la mano para que pudiera derramar algo de sangre en la copa, Ari miro aquello preocupado pero se calmo ante la sonrisa de Evan, y cuando el duende termino curo su mano y se la mostro, el pequeño se relajo al ver que no había ya ni un rasguño.
El duende mientras tanto saco otra caja de su cajón del cual saco un largo pergamino especial y una pluma cuya punta sumergió en la sangre y la absorvio por completo y dejo sobre el pergamino. La pluma de inmediato comenzó a escribir una larga lista de apeidos luego de algunos términos legales, y luego de otros tantos términos legales nombrándolo cabeza de todas esas familias comenzó a escribir una larga lista de todas las propiedades y bóvedas, la expresión del duende era impresionante como iba de seriedad a incredulidad a sorpresa total, cuando la pluma no parecía que iba a detenerse nunca.
-Pues bien Lord Perevell, parece todo está en orden –murmuro y luego pareció acordarse de algo –oh que modales los míos, mi nombre es Goldbrig, y soy el asesor de su familia desde hace varias generaciones –dijo el apenado duende, Evan solo sonrió
-es un gusto, espero que continúe por supuesto siendo el asesor ya que usted esta mas familiarizado con esto, cree que sería posible que obtuviera una clara lista y todos los papeles de mis propiedades y demás, me gustaría ponerme al corriente, y claro, abrir una nueva cuenta a mi nombre tengo algo de dinero que querría depositar –le dijo sacando de su bolsillo un baúl empequeñecido –también querría que me sacaran de la bóveda principal la caja con los medallones de protección, tengo uno claro que se lo di a Ari –le dijo señalando al pequeño a su lado que ante la mención mostro a Goldbrig el collar oculto entre sus ropas con el escudo de armas de la familia, o también, el símbolo de las reliquias de la muerte.
El anciano duende asintió –claro claro, también iré por los anillos de cabeza de familia que necesitara –y sin más se levanto y salió rápidamente algún tiempo después volvió con varias cosas más, varios papeles que firmar e incluso de una vez una especie de tarjeta que podría usar para sus gastos tanto en el mundo mágico como en el muggle, y dos sacos mágicos, para sacar dinero en efectivo, uno pequeño para Arazar que tenia limite de cierta cantidad impuesta por Evan.
Evan miro los anillos frente a él, entre ellos el de los Potter, que tomo con calma pero no se lo coloco, por ahora.
-escuche que el ultimo de los Potter había fallecido, quien estaba a cargo de la llave mientras el chico cumplía la edad? –pregunto con calma.
-Dumbledore, Albus Dumbledore, aun la tiene creo, también fue quien se suponía debía leer el testamento de sus padres y puso en ese hogar al chico después de sus muertes, una verdadera lástima –murmuro Goldbrig, y luego poso sus ojos en Ari, quien miraba curioso el anillo –Ahora que lo pienso, siendo su hijo el más joven heredero de todas estas familias, podríamos hacer que su hijo obtenga algunas de estas fortunas, creo el joven Potter era solo un año mayor –comento, Evan noto entonces que de alguna manera Goldbrig se había dado cuenta de la verdad sobre Arazar.
-Si, tal vez, por ahora, me gustaría que le quitaran a Dumbledore, todo el control sobre esas cuentas, así como pedirle que regrese todo lo que pertenece a mi familia incluyendo cierta capa de la invisibilidad que se los Potter tenían, y dígale que la varita puede quedársela por lo pronto pero que la cuide bien, y que arregle para que a su muerte regrese a mi familia –le dijo suavemente, Goldbrig pareció extrañado por eso pero asintió, luego de unos intercambios mas de información Evan salió con solo un anillo de cabeza de familia en el dedo y ese era el de los Perevell, los demás escudos aparecerían según fuera necesario.
-A sido un placer conocerlo Lord Perevell, estaré en contacto –se despidió Goldbrig dándole el paquete de documentos sobre sus cuentas que había pedido, Evan asintió guardándolos en sus interminables bolsillos sin fondo.
Ari suspiro feliz cuando finalmente salieron del banco, había sido muy aburrido todo aquello, Evan rio suavemente ante su expresión
-ya terminamos por ahora aquí Ari, no te apures intentare no llevarte a reuniones tan aburridas de nuevo –comento entretenido y noto una juguetería mágica, que no había visto antes tal vez porque nunca había estado buscando una –mira, vamos ahí, de todas maneras te hacen falta algunos juguetes, no creo que los que te llevo Kreatcher te entretengan mucho mas –comento y rio al ver la sonrisa enorme de Ari, y al ser casi jalado por el pequeño hasta esa tienda.
El sitio era increíble, y lleno de ruidos y de niños, Evan dejo que Ari se internara a explorar prometiéndole que estaría esperándole que eligiera lo que le gustara. Y sonrió feliz al ver lo animado que estaba el pequeño al ir corriendo al ver los juguetes completamente maravillado por algunos. Ari se estaba adaptando perfectamente a su nueva vida, y ahora realmente podría disfrutar de una infancia, aun quedaba el problema de que era un horocrux, pero Evan tenía confianza en que encontraría una forma de sacar ese pedazo de alma de Voldemort sin lastimarle ni someterlo a la maldición de la muerte. Además, aun tenía tiempo, por lo pronto podía ocuparse de los demás horocrux primero.
