Halloween
La mañana siguiente Hermione se despertó con un terrible dolor de cabeza.
Ron y Harry, que al parecer estaban muy contentos por la aventura de anoche, ya estaban preparados para otra ronda.
A primera hora intentaron emboscarla a la salida de la sala común para seguir hablando del tema. Parloteaban sobre un paquete que Harry y Hagrid sacaron de la cámara 713 el día del robo a Gringotts, e inventaban teorías que involucraban a Dumbledor escondiendo ese secreto debajo de la trampilla del perro de tres cabezas. ¿Es que acaso no eran conscientes de que se los podían haber cenado? Si Hermione estuviera acostumbrada a maldecir, cosa que por supuesto no era así, les hubiera dicho sin ningún tipo de reparo que se vayan al demonio.
Sin embargo, como estaba habituada a resolver todos sus problemas de una forma más diplomática, se decidió por otra estrategia: hacer como que no existían.
Era claro que ese par de locos no iba a entrar en razón pronto y que, no importa lo que ella les diga, ni lo lógico que suene, al final del día van a hacer lo que se les antoje. Por su parte ya estaba cansada del estrés que le generaba estar envuelta en sus problemas, así que ni se molestó en refutar sus absurdas teorías y continuó ignorándolos.
No fue poca su sorpresa cuando Harry recibió una escoba de regalo durante el desayuno. La carta que la acompañaba decía que venía de parte de la profesora McGonagall.
- ¡Una Nimbus 2.000! -gimió Ron con envidia- Nunca pude ver una en persona -
Hermione resopló por lo bajo, mordiéndose la lengua para evitar soltar un comentario al respecto. No podía creer que la profesora McGonagall, la cual ella idolatraba debido a su estricta personalidad, haya caído tan bajo solo por un tonto juego como el Quiddich.
Apresuró su café y le dio un último bocado a la tostada que le quedaba antes de levantarse y salir de allí como un torbellino.
Pensó en pasar por el baño de chicas para refrescar sus ánimos antes de ir a la clase de Historia de la magia, pero hoy no era su día de suerte. Apenas cruzó la puerta vio de frente a Parvati y a Lavander riendo como tontas mientras se peinaban. Lamentablemente no le dio tiempo de salir antes que la vean y le pregunten.
- ¿Dónde estuviste anoche? - le preguntó Parvati con una mirada acusadora – Cuando me levanté al baño no estabas en tu cama –
Se preguntó cómo podía la chica saber que ella no había estado en su cama si había dejado las cortinas de terciopelo cerradas –Quizás fue eso- pensó - normalmente las dejo abiertas -
Hermione abrió la boca para soltar alguna excusa, pero fue interrumpida antes de poder decir nada – Y no se te ocurra decir que estabas en la sala común, te busqué allí también - terminó de decir la morena.
Volvió a cerrar la boca antes de decir algo que la delate. Mordisqueó su labio por un segundo pensando en que debería decirles.
- ¿Te escapaste del dormitorio? - dijo Lavander con una sonrisa torcida en su cara – y nosotras te creímos el papel de niña buena -
-Suficiente- pensó Hermione, no iba a permitir que ese par de bobas se metan con ella de ninguna forma.
–Creo que ustedes dos deberían preocuparse menos por lo que hago y más por sus calificaciones ¿Acaso no te advirtió el profesor Snape que iba a reprobarte si no lograbas hacer una poción herbovitalizante, Lavander? Y en cuanto a ti, Parvati, deberías intentar parecerte más a tu hermana ¿una D en Transformaciones? Ahora entiendo porque fue Padma la seleccionada para Ravenclow- dijo con soberbia.
- ¡Oye tú...! - empezó a decir Parvati mientras se acercaba amenazante, Lavander la interrumpió sujetándola del brazo mientras negaba con la cabeza. La morena suspiró, se cruzó de brazos y ambas salieron del baño caminando con la barbilla en alto.
Hermione relajó sus hombros, se había librado de esta, pero si seguía así la iban a descubrir tarde o temprano, más aún ahora que había declarado una guerra abierta con sus compañeras de dormitorio.
-Tal vez debería disculparme luego- pensó arrepentida. No le servía de nada estar en malos términos con esas niñas, no importa lo molestas que fueran. Con eso en mente emprendió su camino hacia el aula de Historia de la magia.
Cuando decidió venir a estudiar a Hogwarts en ningún momento se le pasó por la cabeza que iba a ser tan complicado mantener un perfil bajo. De ahora en más intentaría no meterse en líos, estudiar en paz y volver a casa para las fiestas sin ninguna aventura extraña de por medio.
Su determinación de no meterse en donde no la llaman le duro poco, ya que en la puerta del aula estaba Harry, presumiendo su nueva escoba. Una oleada de irritación la recorrió y no pudo evitar decirle - ¿Te sientes orgulloso de tener un premio por romper las reglar? -
-Pensaba que no nos hablabas- dijo Harry con la simpleza que lo caracterizaba. Él tenía un punto, pero no se lo iba a admitir.
-Y preferimos que siga siendo de esa forma – lo secundó Ron, enojado por haber sido ignorado durante toda la mañana.
Hermione frunció la nariz molesta por haberse expuesto de esa forma y entró al aula apretando con fuerza los libros que cargaba.
Las siguientes semanas pasaron rápido y, para alegría de Hermione, no había tenido grandes sobresaltos. El mayor problema al que le había tenido que hacer frente era un ensayo de Transformaciones y al examen sorpresa de Herbología del pasado jueves.
Se felicitó a sí misma por el autocontrol que había logrado en los últimos días:
Primero, pudo hacer las paces con sus compañeras de habitación, con las cuales, si bien seguía teniendo una relación frívola (por no decir inexistente), ya no había tensión.
Segundo, había logrado llevarse bien con Percy Weasley, hasta tal punto que el pelirrojo se ofreció para recomendarle lectura de referencia que le sería muy útil para sus próximos años.
Tercero, aprobó todos sus exámenes con la mejor de las notas e incluso Neville, que había estado usando sus apuntes para estudiar, sacó un Aceptable en los suyos.
Y, por último (y lo más importante) no estaba involucrada en ningún otro problema relacionado con Harry Potter y Ron Weasley.
La mañana de Halloween amaneció oscura y lluviosa, pero, a diferencia del clima, ella estaba de un humor radiante. Se había despertado muy temprano, tanto que había tenido tiempo de adelantar sus tareas para el resto de su semana; luego fue a desayunar un pastel de calabaza al Gran Comedor que estaba ambientado, siguiendo la temática, con un montón de murciélagos y cabezas flotantes. Como si esto fuera poco hoy también cursaría su clase favorita: Encantamientos.
Por un momento, creyó que nada iba a poder arruinar su humor ese día, ya que había estado muy emocionada desde que el profesor Flitwick anunció que esa semana harían volar sus primeros objetos.
Su creencia se derrumbó como un castillo de naipes cuando el profesor decidió emparejar a todos los alumnos de a dos para practicar, y a ella le toco ni más ni menos que Ron Weasley.
No habían hablado desde que Harry había recibido la escoba, pero los ánimos entre ellos estaban lejos de enfriarse. Era difícil decir quién de los dos estaba más molesto por trabajar con el otro, sin embargo, Hermione decidió respirar profundo y hacer un esfuerzo para tener la fiesta en paz.
-Una de las habilidades más elementales para cualquier mago es la levitación - dijo el profesor mientras se subía a una pila de libros para ver por encima de su escritorio – recuerden realizar correctamente el movimiento de muñeca que practicamos la semana pasada y repetir el conjuro con claridad ¿Todos tienen sus plumas? - Se escuchó un desganado "sí" a lo largo de toda el aula.
Hermione tomó su pluma y la acomodó lo más prolija que pudo en su pupitre. Ron por su lado no había hecho ni siquiera el intento de levantar su cabeza de la mesa en la que estaba recostado.
-Excelente, el conjuro para el hechizo es Wingardium Leviosa, adelante inténtenlo- dijo el profesor y todos empezaron a realizar el hechizo.
A su izquierda Seamus Finnegan se las había ingeniado para hacer explotar su pluma en tiempo récord, dejándolo a él y a su compañero Harry, cubiertos de hollín.
A su derecha, una niña de Ravenclow revisaba compulsivamente sus apuntes sin entender por qué el conjuro no le estaba funcionando.
Antes de darle tiempo para tomar su varita, Ron ya estaba incorporado e intentaba el hechizo mientras movía caóticamente sus largos brazos.
-Espera, alto- lo interrumpió ella tomándolo por la muñeca - vas a sacarle un ojo a alguien – el muchacho resopló y tiró su varita sobre la mesa - además estas pronunciando mal el conjuro, se dice Levi - o - sa, intenta pronunciando la "o" más larga-
-Hazlo tú si te crees tan lista- le respondió él con rabia.
Hermione le dedicó una mueca altanera, tomó la varita con la punta de los dedos y recitó las palabras mágicas con un suave movimiento de muñeca - Wingardium Leviosa -
La pluma se elevó con gracia un metro o dos por encima de sus cabezas ante la atónita mirada de Ron.
- ¡Oh, lo logró! ¡Bien hecho señorita Granger! - anunció el profesor aplaudiendo – Miren todos, la señorita Granger lo ha logrado – dijo y mágicamente Ron no levantó la cabeza del pupitre en todo el resto de la hora.
Al final de la clase Ron se apresuró a salir, pasando por su lado veloz como un rayo. El chico tenía un humor de perros porque no había logrado (ni siquiera lo intentó) que su pluma flote. Ella suspiró, exasperada por la dramática reacción, y procedió a recoger sus cosas antes de salir del aula.
Mientras caminaba hasta su próxima clase vio que Ron y Harry se reunían unos metros más adelante. El pelirrojo gesticulaba con los brazos mientras se quejaba con su amigo sobre vaya a saber qué.
Cuando estaba a punto de rebasarlos lo escuchó decir en voz muy alta – Esa niña es una pesadilla te lo digo en serio no me extraña que no tenga amigos -
Hermione sintió como algo dentro suyo se quebraba de manera irreversible. No supo si fue su ego o sus rotas esperanzas de encontrar alguien que la valore por quién era, pero cuando se quiso dar cuenta las lágrimas corrían por sus mejillas y ya no había forma de detenerlas.
Empezó a correr en un intento de no ser vista, con tanta mala suerte que chocó contra Harry. Ella siguió su camino sin pausa pero, por la expresión en la cara del moreno, estaba segura de que la había visto llorando – Rayos -
Intentó esconder la cara entre los pliegues de su túnica mientras buscaba algún lugar aislado donde poder relamerse las heridas sin que nadie la moleste, pero durante el cambio de turno los pasillos estaban plagados de alumnos que iban a clase. Intuyó que algunos niños la miraban raro mientras pasaba, a lo mejor no estaba haciendo un trabajo tan bueno escondiendo sus lágrimas como ella pensaba.
Cuando se dio cuenta que no había forma de llegar a la torre de Gryffindor sin que nadie la vea, se obligó a detenerse y pensar un plan B. El baño de niñas recordó. Era perfecto, podría encerrarse en un cubículo para llorar todo lo que quisiera, con un poco de suerte nadie iba a darse cuenta de que la que lloraba era ella y no Myrtle.
Llegó rápidamente y se encerró, sin ganas de ver a nadie, dispuesta a pasar el resto del día ahí escondida si era necesario. Se aguantó un rato más las ganas de llorar, apretando con fuerza la mano contra su boca. por miedo de evitar ser escuchada por las chicas que la habían visto entrar.
Cuando sonó la campana del segundo período, y el baño se quedó en completo silencio, le dio rienda suelta a la catarata de emociones que estaba sintiendo. No supo exactamente cuánto tiempo estuvo chillando e hipando, pero en seguida se dio cuenta que, una vez lo abierta la compuerta, no iba a cerrarse pronto.
Lloró por lo que le parecieron horas, dejando salir todos sus miedos y sus preocupaciones. Lloró porque estaba cansada de contenerse cada vez que se relacionaba con alguien, solo para intentar agradarles; lloró por sus padres, porque los extrañaba con locura y no veía la hora de volver a verlos; lloró porque no podía ser siempre la perfecta Hermione y porque a veces tenía ganas de ceder ante la presión; lloró porque, a pesar de haber estado dos meses enteros en el colegio, aún no había podido acercarse a nadie lo suficiente como para llamarlo amigo; y lloró porque, le guste o no, el odioso pelirrojo tenía razón: nadie la soportaba.
Cuando por fin logró calmarse un poco el baño estaba oscuro, y ya no se escuchaban voces en el pasillo. Suspiró profundamente y se incorporó para lavarse la cara con agua fría. Se había saltado la clase de Pociones y la cena, y para ser sincera no le importaba en lo más mínimo.
Decidió recuperar la poca dignidad que le quedaba e irse a la cama antes de que el resto de las chicas la vean en ese estado.
Frunció la nariz cuando sintió un olor horrible, parecido a calcetín sucio y cloaca – Que asco – dijo en voz alta para nadie en particular. Supuso que eso sería otro buen motivo para irse de ese lugar pronto.
De repente escuchó un ruido similar a un gruñido, parecido al que hacía Lavander cuando roncaba. Respiró hondo y abrió la puerta del cubículo dispuesta a decirle a quien sea que este haciendo eso que se marche.
Lo que encontró allí desde luego no era una niña roncando. La visión era horripilante, digna de una noche de Halloween.
Delante de ella había un monstruo enorme, de al menos cuatro metros de alto, que tenía toda su piel llena de callos y pústulas que olían fatal. Su calva cabeza era muy pequeña en relación al resto del cuerpo, tenía la mirada perdida y los dientes chuecos que le sobresalían de la boca.
Por un momento se congeló, sin saber que hacer –Voy a morir- pensó en ese segundo - corrección, un troll me va a matar-
El monstruo le gruñó, levantando el enorme bastón de madera que cargaba en el aire, con la intención de partírselo en la cabeza.
Su primera reacción fue volver a meterse en el cubículo en el que había estado toda la tarde y fingir que no existía. Se agachó y cubrió su cabeza negándose a creer en lo que veía - No puede ser, estoy soñando, seguro me quedé dormida-
Hermione gritó con todas sus fuerzas cuando el mazo arrancó toda la fila de cubículos, cubriéndola de restos de madera y astillas.
- ¡Hermione! - escuchó por fuera de la pila de escombros que le impedía moverse.
- ¡Ayuda! - gritó desesperada porque alguien la saque de allí.
Entre medio del caos pudo ver a Harry y a Ron igual de aterrados que ella, tirándole restos de cosas en la cabeza al troll para distraerlo.
- ¡Vete! ¡Sal de ahí! - le gritó Harry cuando la vio.
Ella se apresuró a arrastrarse lo más lejos posible, intentando ocultarse bajo los lavabos. Por desgracia el movimiento atrajo la atención del gigante, que volvió a arremeter con el mazo, esta vez golpeando a menos de medio metro de donde estaba escondida.
- ¡Auxilio! - exclamó implorando que alguien de fuera la escuche y venga a ayudarlos.
- ¡Oye bobo! - escuchó chillar a Ron. La atención del monstruo se volvió hacia el pelirrojo, que retrocedió atemorizado.
- ¡Vamos, corre, corre! - dijo Harry mientras la agarraba por la muñeca, ayudándola a pararse.
Los gritos y los golpes parecían haber enloquecido al trol que iba de frante hacia Ron.
No registró en qué momento Harry soltó su mano, pero en menos de un parpadeo estaba subido a los hombros de la bestia que se sacudía salvamente.
El troll chilló enloquecido de dolor cuando Harry le clavó accidentalmente su varita en la nariz. Por un momento parecía que iba a calmarse, pero todo empeoró cuando intentó golpear al moreno con su mazo. -En cualquier momento va a destrozarlo- pensó Hermione congelada de miedo y sin saber cómo ayudarlo.
- ¡Wingardium Leviosa! - conjuró Ron, haciendo flotar el mazo unos metros en el aire para luego dejarlo caer directo en la pequeña y calva cabeza. El trol se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación.
Los tres se quedaron muy quietos mirando al monstruo en silencio, como si esperaran que fuera a levantarse de un segundo al otro – Brillante - pensó Hermione al ver el resultado del hechizo.
La castaña fue la primera en moverse, acercándose con cuidado a la puerta con la intención de salir de allí antes que se despierte - ¿Está muerto? - les preguntó temblando de miedo.
- No creo, solo se desmayó - le dijo Harry mientras recuperaba su varita enterrada en la nariz del troll – Puajj – dijo arrugando la cara con disgusto.
A su lado, Ron estaba pálido y boquiabierto. En su cara se leía una mezcla de miedo, asombro y orgullo por haber actuado rápido.
Hermione se llevó una mano al pecho donde su corazón latía desbocado, lo escuchaba resonar tan fuerte en sus oídos que se preguntó si algún día volvería a la normalidad.
Unos pasos sonaron fuera del baño haciendo que los tres se sobresalten nuevamente. Unos segundos después apareció la profesora McGonnagal junto con el profesor Snape y Quirrell.
El profesor Quirrell soltó un gemido extraño y trastabilló hasta caer de espaldas apenas vio al monstruo tirado en el suelo. Mientras tanto Snape lo miraba con una mueca de desprecio que acentuaba su ganchuda nariz.
A pesar de todo, lo que realmente le aterraba era la expresión de la cara de Minerva McGonagall. Tenía los labios blancos y apretados en una fina línea, sus ojos estaban tan abiertos que Hermione creyó que se iban a salir de sus cuencas.
- ¿En qué estaban pensando en venir aquí? ¿Por qué no están en sus dormitorios? - exigió la mujer con una furia que le helaba las venas.
Harry y Ron se miraban entre sí, abrían y cerraban la boca como un pez fuera del agua, pensando cómo responder a esa pregunta.
- ¿Cómo se les ocurre? ¡Podría haberlos matado! - dijo esta vez alzando la voz.
Hermione nunca había sido regañada por un profesor antes.
Para ser sincera, en este caso tampoco deberían regañarla, ya que ella no había tenido la culpa de estar en el lugar y el momento equivocado. Además, si ponía las cosas en perspectiva, no debería preocuparse porque Harry y Ron sean castigados, después de todo se habían portado terriblemente mal con ella.
Quizás la ablandó la expresión de derrota en la cara de los chicos; que por algún motivo la hacía sentir culpable, o quizás se sentía más generosa que nunca por no haber muerto, mejor dicho, porque la habían salvado, pero, antes de ser consciente de lo que estaba haciendo, de su boca salieron solas las palabras -Profesora fue mi culpa, ellos solo intentaban detenerme-
- ¿Señorita Granger?- parecía que la profesora no había reparado en su presencia hasta ese momento, como si una barrera en su cerebro no le permitiera vincular la palabra "problemas" con Hermione Granger.
La mirada de la profesora la atravesó como una lanza, causándole tanto impacto que se replanteo lo que estaba diciendo. ¿Realmente quería meterse en líos con la vicedirectora? Se pregunto mientras evaluaba mentalmente cuantas posibilidades tenía de ser expulsada por perseguir un troll.
Volvió a mirar a Harry y a Ron, que tenían los ojos muy abiertos. Creyó ver una leve esperanza brillaba en su expresión por debajo del miedo - Ya es tarde para arrepentirse-
Aspiró profundo antes de decir rápidamente - Verá profesora, vine en busca del troll porque creí que podría manejarlo ya que había leído sobre ellos. Harry y Ron trataron de detenerme, pero no les hice caso. Si ellos no me hubiesen ayudado seguro estaría muerta- termino soltando el poco aire que le quedaba en los pulmones.
Volvió a mirar a los chicos para evitar ver la expresión de decepción en la cara de su profesora preferida. Ambos tenían la boca abierta en una mueca de asombro tan grosera que haría a cualquier persona desconfiar de su inocencia.
-No lo arruinen ahora- intentó transmitirles mentalmente, mientras los miraba con el ceño fruncido.
Algo de la telepatía fue recibida, ya que de inmediato los dos cerraron sus bocas y adoptaron una postura de "yo no he roto un plato en mi vida" que era aún menos creíble que la anterior. -Par de idiotas- pensó Hermione para sus adentros -van a arruinarlo todo-
Por suerte para ellos, la profesora McGonagall estaba tan desorientada con la situación que no se dio cuenta de las miraditas que se lanzaban entre sí y creyó en la historia que ella le estaba contando.
-Debería estar avergonzada, señorita Granger, ha sido usted una tonta e imprudente y por eso Gryffindor perderá cinco puntos- declaró la bruja.
Hermione sintió una punzada de dolor en el estómago al escuchar esas duras palabras. Bajo su mirada al suelo intentando que sus ojos no vuelvan a llenarse de lágrimas, pero para su sorpresa no había ni rastro de humedad en ellos.
-Estoy muy desilusionada con su conducta... y en cuanto a ustedes dos- dijo mirando a los chicos - Tendrán cinco puntos... como recompensa a cada uno. Por la suerte que tuvieron-
No pudo ver las reacciones de Harry y Ron debido a que estaba mirando a sus pies para ocultar la sonrisita que se le formó en la boca, sin embargo, podía imaginar la expresión de felicidad en la cara de los dos por ser recompensados.
-Ahora, si están todos bien, será mejor que vayan directo a la cama en este instante, y no se les ocurra tomar otro desvío por el camino- finalizó la profesora apuntando la puerta del baño con su mentón.
El trio tomo esta señal cómo indicativo para salir de allí. Caminaron a paso rápido, sin emitir palabras, hasta la entrada de la sala común donde se detuvieron simultáneamente cómo si un muro invisible los estuviera frenando.
-Gracias- dijeron los tres al mismo tiempo.
Hermione levantó la vista del piso por primera vez en todo el trayecto y cruzo miradas con los dos chicos: Verde, azul y marrón; tan distintos y tan iguales al mismo tiempo.
-Gracias por sacarnos de este lio- dijo Harry.
-Gracias por salvarme- respondió ella.
-Para eso están los amigos- remató Ron.
Una sonrisa de oreja a oreja estalló en la cara de Hermione y, de pronto, le pareció que el clima ya no se veía tan sombrío como esta mañana.
