Clip clop.
Tú levantas los ojos de tu helado de chocolate y frunces el ceño. Imbécil. ¿Por qué Bobby siempre tenía que invitarlo¿Acaso no entendía que quería estar a solas con él?
-¿No vas a comer helado, John? – Tu voz se escucha con un falso tono de dulzura. En realidad quieres propinarle una patada debajo de la mesa.
El te mira, con esos ojos que tú nunca logras discernir su color y tratas de acallar la tonta vocecita en tu interior que grita que son hipnotizantes. ¡Por Dios! Tu novio es el chico agradable a tu lado no ese arrogante frente a ti.
-El helado es solo para niños. – Clip clop. El no detiene ni por un segundo el irritante sonido de su encendedor para contestarte.
Tú arqueas las cejas. El te envía una sonrisa socarrona. Bobby interrumpe el interludio de miradas entre ustedes dos. –John tiene esta única idea de que su cuerpo solo recibirá alcohol y nicotina. Todo lo demás es perjudicial. –
-Amén. –
Pendejo piensas tú. -¿Sólo alcohol y nicotina? – No terminas de hacer esa pregunta cuando te percatas de su posible naturaleza insinuante. Con todas tus mejillas sonrojadas te volteas inmediatamente a mirar a tu novio. El continúa comiendo de su helado como si nada. Miras a John; él si captó la insinuación velada en tu pregunta.
-¿Por qué¿Alguna otra cosa que haya olvidado? –
Fue una sorpresa, de las que te dejan temblando y ansiando por más… Sentiste la punta de su zapato acariciar el interior de tu muslo. En el preciso momento en que pensabas llevarte una cucharada de chocolate a tu boca. La que nunca llegó a su destino.
-¡Mierda!-
Ignoras por completo la mirada perpleja que te envía tu novio. No podía creer que su dulce novia fuera capaz de decir algo nada gentil. Todo el bocado estaba desparramado en tus jeans, en ese preciso lugar de tu anatomía. Horrorizada, miraste la mancha que parecía…
-¡Oh, Roguey¿Tienes tu ciclo menstrual? – John se había inclinado hacia un lado, sus ojos sobre esa parte tuya.
Con un grácil movimiento sales de tu silla, con toda la rapidez posible, tu rostro rojo como un tomate. Mientras caminabas apresurada al baño público, escuchaste a lo lejos a tu novio reprender a su amigo mientras este dejaba escapar una risotada y pensaste de nuevo que el bueno para nada era un imbécil. Entraste al baño y te miraste detenidamente en el espejo. El reflejo devolvía la insultante mancha, logrando que te enojaras. Intentando convencerte que tu furia era debido a su molesta presencia y no a lo que John despertó en ti con ese roce, humedeciste una servilleta y la estrujabas sin misericordia alguna sobre esa mancha que parecía haberse transformado en tu más cruento enemigo.
Te pareció escuchar a lo lejos que alguien abría la puerta del baño pero no prestaste atención. Seguías luchando contra la vil mugre en tus jeans. Nunca te diste cuenta que se acercaron a ti y se detuvieron frente a ti hasta que escuchaste ese profundo timbre de voz.
-¿Necesitas ayuda? –
Tú subes bruscamente la cabeza. -¿Jo… John¿Qué demonios haces aquí? Este es el baño para damas. –
Le ves haciendo un gesto lleno de indiferencia. Para tu desasosiego mental, él se acerca aún más a ti. Quieres huir e irónicamente, tus pies no se mueven.
-Contéstame algo, Rogue. Bobby¿te ha tocado? –
Con indignación, le replicas. -¡Por supuesto que sí! El me ha tomado mis manos, me ha acariciado el cabello… -
Su risa burlona logra que te detengas abruptamente.
-Así es como un hermano toca a su hermana. –
Te enfureces y estas segura de que tus marrones ojos lanzan chispas. –No eres justo y lo sabes, John. –
-Estoy siendo honesto. Tu reacción de unos minutos atrás fue el de una mujer que añora ser tocada… y acariciada como es debido. –
-Y tú muy bien sabes que Bobby no puede hacerlo. –
Y él se acerca otra vez, entrando a tu espacio personal y te sientes amenazada. Narices apenas separadas por centímetros. –No puede… o no quiere. – Su aliento abanica tus mejillas, mientras un extraño calorcillo comienza a subir de la parte baja de tu estomago descubriendo que Bobby nunca había provocado eso en ti.
Te sientes perderte en su mirada. Lentamente, se agacha frente a ti. Ojos marrones entrelazados con los del color de un mar en tormenta. Suavemente, deliberadamente hasta quedar frente a ti arrodillado.
-John… - De verás que no entiendes que haces pero su mirada te tiene cautiva.
Nunca estuviste preparada. El aproximó su rostro a la mancha y la lamió. De tu garganta escapó un gemido. Fue un choque sensual, esa visión. Su cabeza justo en esa parte de tu privada anatomía. El repitió la acción y esta vez observas como toda su boca se apodera de esa área. Sientes que vas a desfallecer y te sujetas del lavabo más cercano. Sabes que no debes permitirle esas libertades, que no es correcto lo que hacen pero no puedes. No quieres hacerlo. Esa boca comienza a despertar todas esas avasalladoras sensaciones dentro de ti con sus movimientos eróticos.
Alguien entra al baño; una mujer que se detiene abruptamente al verlos a ambos. John no para de torturarte con su boca. La señora palidece por completo, da media vuelta y la escuchas farfullar sobre la juventud y lo perdida que se encuentra.
-John… - Te quejas, intentas llamarle la atención.
Pero recibes por toda respuesta sus manos en tu trasero, sosteniéndote para presionar su boca en tu ya sensibilizada parte femenina y cierras los ojos por la ola de placer que arremete en tu ser. Y esa lengua… ¡Cómo deseas desabrochar tus jeans para sentirla en tu piel! Tus enguantadas manos encuentran la cabellera marrón y las enredas por todo ese sedoso cabello. Y sientes que estas a punto de estallar, que apenas tocas algo que de seguro es la gloria y ya casi estas ahí…
Tocan a la puerta. -Rogue. ¿Estas bien ahí adentro? –
Tú le empujas con violencia, furiosa y avergonzada. ¿Cómo pudiste? Ese que te llama es tu novio, quien debía de estar ahí, frente a ti en el suelo. No su engreído e idiota amigo. El cae al suelo sentado y para tu total sorpresa, él te envía una sonrisa socarrona. Solo, que así de pronto, te das cuenta que no es tan socarrona; que parece tener un dejo de amargura. Y eso ojos… ¡Dios! Sus ojos brillaban como el jade.
-¿Rogue?- Vuelven a llamar.
-Salgo ya mismo. -
Se coloca de pie y le ves caminando al otro extremo del baño mientras te parece que le escuchas decir. –Ve. Tu novio te llama. – No es difícil detectar el cansancio en su voz, casi un susurro descorazonado.
Tus pies parecen estar pegados al suelo y lo observas tomar su cajetilla de cigarrillos para tomar uno y encenderlo. De espaldas a ti.
–No debes sentirte culpable, Rogue. –
Esperas callada a que continúe.
–Yo entiendo perfectamente. Bobby es el buen chico y yo no soy como Bobby. – Y una risa vacía flota alrededor de él y llega a ti, dejándote helada. –Las chicas como tú solo buscan chicos como Bobby; nunca como yo. – Le ves exhalar una nube de humo.
Y quieres volver a él y deseas… Tienes miedo de saber que realmente deseas. Tus piernas y manos temblorosas, tu corazón agitado y el zumbido en tus oídos de la sangre que corre alocadamente por tu cuerpo; todo ello te indica lo que deseas.
Pero no lo haces. Te logras mover al fin, caminando como una autómata hacia la puerta para buscar a Bobby, tu novio. Te detienes antes de abrir la puerta, te volteas a mirarle una vez más, tu corazón se contrae. Toda arrogancia, estupidez y altanería pareció abandonarle. Casi parecía derrotado a pesar de la rigidez de su cuerpo. Y por primera vez, Marie D'Ancanto desea romper todas las reglas, enviar al infierno lo que es correcto y si haber escogido al chico malo.
-¿Todo bien? – Te pregunta Bobby al llegar a la mesa.
No, nada esta bien. Pero de todas maneras asientes con un movimiento apenas imperceptible de tu rostro.
-John salió un momento al baño. Tan pronto regrese nos vamos de acuerdo. –
De nuevo asientes, haciendo lo imposible para ignorar las tumultuosas emociones que John despertó en ti.
-¡John! – Tú escuchas a tu novio exclamar. – No lo puedo creer. ¿Es eso helado lo que comes? –
Giras tu rostro con brusquedad. John te envía esa sonrisa que es de su completa signatura. En su mano tiene un helado de chocolate. -Rogue logró convencerme. No hay nada como un buen helado de chocolate, creo que será mi nueva adicción. –
Tu novio; ajeno a todo lo que sucede, solo pensando que su amigo había decidido comer helado. Te sonrojas con delicadeza y John te guiña un ojo…
