N/A: Este es un prompt para la comunidad 30limones en el livejournal. El tema o prompt que elegí es el #4: La emoción de lo prohibido o "No, no debes... acá deja que te ayude." Llevaba ya varias semanas con la idea para este fic. Es la ruta normal en todos los fics que he leído que Pyro es quien siempre busca a Rogue y decidí hacer uno rompiendo la norma... ¿Qué tal si es Rogue quién decide buscar a Pyro? Les advierto que tiene escenas fuertes de sexo. ¡Sh h h! Qué quede entre nosotras¿sí?
Y... no me he olvidado de Obsesión. La historia ya la terminé, es que le estoy haciendo unos cambios al capítulo que debo subir ahora. Tan pronto como escriba esos cambios, lo posteo. No se enojen conmigo.
-X-
Por dos semanas le había ignorado por completo. Ni tan siquiera le daba la oportunidad para que le replicara con uno de sus comentarios mordaces. No señor. Rogue nunca le perdonaría el hecho de que los abandonara por seguir a Magneto. Todavía no podía entender por que Bobby le había ayudado. Si hubiese sido su decisión lo habría dejado para que se pudriese allí en la isla de Alcatraz.
Pero, entonces, si sentía tanto rencor hacia John¿porqué su corazón latía desaforadamente cada vez que lo sentía cerca? Cada vez que le escuchaba hablar con ese registro profundo de voz, toda su piel se erizaba y añoraba... Ella sacudió su cabeza, eran ideas tontas que no debía permitir que se alojaran en su mente. John era un imbécil, un cretino, un bueno para nada. No debía perder su tiempo contemplando esas peculiares ansias que la asaltaban desprevenidamente.
Extrañas imágenes en las que se veía a si misma en los brazos del piromaniaco, ella besándole con desenfrenada pasión. Sus manos bajando por todo ese fornido pecho -el cual ella no recordaba que fuera así. Sus dedos enredándose en su cabellera rubia -¿John era rubio? Siempre había pensado que era moreno...- y besando esos labios que tenían la forma de un eterno puchero.
¡No! Era imposible que ella le deseara así, casi como una necesidad física.
Ella dejó escapar una risita algo histérica. Jubes le lanzó una mirada preocupada. Rogue imaginó que debía estar pensando. Su amiga estaba enloqueciendo; estaba al borde de una depresión nerviosa. Eso era lo que todos estaban esperando de ella desde que regresó a la mansión curada. Su piel ya no era venenosa. Y pensó, que quizás ahora si tendría una relación normal con Bobby.
'No es lo que yo quería' Le había dicho Bobby con una frialdad desconcertante, desaprobando de su decisión apenas un mes atrás. Todo terminó. Pues al carajo con él. Era eso lo que ella quería. ¡Coño! El no era quien tenía que contender con el vacío frío de no poder tener contacto físico con nadie. Pero... en ocasiones, se hallaba a si misma ponderando si habría sido acertada su decisión, porque a veces en las noches, cuando estaba tirada en su cama, sentía que había perdido una parte esencial de su ser.
Y en una de esas tantas noches en que el sueño le eludía, caminaba por los vacíos corredores de la mansión, intentando en no pensar que tal vez Rogue se había marchado para siempre y solo estaba Marie.
Fue entonces que halló a John. Estaba durmiendo en el sofá del cuarto de estar, el televisor encendido. Rogue se acercó a él, silenciosa y le observó detenidamente. Con el corazón atascado en su garganta, ella pensó que él era apuesto. Demonio, siempre lo había pensado. Mucho más que Bobby. Sin embargo, como una tonta había elegido a Bobby porque era lo que todo una niña buena debía hacer... Todo dio piruetas a su alrededor, por primera vez realizando lo que siempre había sentido por John.
Todo su ser fue atacado por una infinidad de sensaciones tumultuosas. ¡Dios¿Cómo pudo ser tan ciega¿Quizás había sido un corazón despechado quien la había llevado a tener esa actitud hostil con John? La rabia y la furia le habían ofuscado sus sentidos la primera vez que Logan llegó a la mansión con un John recién salido del hospital. Ororo le informó a todos los estudiantes que John era bienvenido a la mansión. ¡Já! Había pensado ella con rencor desmedido, por ella podía morirse frente suyo y si de ella dependía que él viviera no levantaría ni un dedo para ayudarle. Imbécil.
Pero, ahora después de esa revelación¿quién había abandonado a quién?
Y Rogue hizo lo único que su corazón le dictaba en ese momento. Se sentó junto a él y sin delicadeza alguna, le tomó por el cuello de su camiseta. El abrió sus ojos, sorprendido y desorientado.
-¿Qué carajo...? -
Ella no le dejó terminar porque le plantó sus labios sobre los de él, abriendolos para que su lengua tuviera aceso a todo el interior de esa boca. Al escuchar ese gemido brotar del interior de John, todo en ella se encendió de placer.
John la abrazó con fiereza a su cuerpo; estas dos últimas semanas habían sido la peor tortura de su vida. La frialdad de Rogue había sido su castigo. Sin embargo, esa apatía suya solo había servido para echar mas leña a su deseo por ella. El subió su mano y la enredó en la larga cabellera marrón mientras profundizaba el beso y saboreaba todo el interior de esa cavidad húmeda y dulce. Los papeles se intercambiaban, ahora John era el agresor y se lanzó sobre ella. Todo su cuepro oprimiendo esas suaves partes femeninas.
-¿Qué sucedió con el no me hables imbécil pedazo de desperdicio humano? - El le preguntó sobre los labios femeninos, sus ojos brillando como la más oscura amatista.
-Cállate la boca y dedicate a besarme. -
Para John no fue ningún problema cumplir con esa orden; tantos meses soñando con besar esos labios. Se acomodó entre las piernas de Rogue, su erección rozándola. Un débil y prolongado quejido se escapó a través de los entreabiertos labios de Rogue. John mordió suavemente su barbilla para luego recorrer el mentón femenino con su lengua, deleitándose en la suavidad de esa delicada piel. Luego, esa boca ardiente bajó por el cuello hasta llegar al manguillo de su camisón. Tomándolo entre sus dientes, lo bajó por su hombro para dejar al descubierto su seno.
Las pupilas se dilataron al ver todo esa turgida piel, cautivado. Su mano se posó sobre la desnuda piel, acariciándola con reverencia. Todo el rostro de Rogue se contrajo en un singular rictus de dolor y placer. John le miraba, grabando en su memoria la expresión de ese hermoso rostro. Ojos cerrados, embelesada en la magia que provocaba esa mano. Cuando ese dedo pulgar rozó el pezón, ella jadeó. Bajando la cabeza con lentitud premeditada, su boca clamó la rosada punta, su lengua prodigándola de generosa embestidas de placer mientras halaba esa punta hasta el interior de su boca. Rogue apenas se cae del sofá, ese ataque sensual sobresaltándola, desde sus entrañas subiendo un ardor como ninguno, tomando posesión de todo su ser.
Con su otra mano, él subía lentamente su camisón de dormir, sus dedos friccionando ligeramente a todo lo largo de esas piernas bien torneadas. Todo el cuerpo femenino era pura simetría, desde el primer momento que la vio pensó que era la más hermosa criatura sobre la faz de la tierra y deseó que fuera solo suya. Toda ella, con su lujurioso cuerpo. Y ahora, al fin, no sabía porque gracia del cielo, la tenía entre sus brazos. Alejó su boca del seno para observarla, todo el material satinado de su ropa de dormir alrededor de su cintura y alcanzó a ver sus bragas. Encaje negro sobre blanca piel. ¡Dios, era bella!
Sus dedos frotaron suavemente el delicado bordado y ella alzó sus caderas siguiendo el movimiento. Encanjando un dedo en uno de los bordes, haló la pequeña braga con destreza. El ahogó un suspiro al deshacerse del diminuto material, sus ojos clavados en esa parte femenina. Colocó la mano sobre los lustrosos rizos y la presionó contra esa sensible parte. Ella ronroneó, subiendo todavía más su cadera. John volvió a bajar su cabeza, rozando su nariz cerca del ombligo femenino, aspirando todo ese aroma único. Sus dedos retornaron a todo ese suave pelaje, delineando sus dobleces y hallando ese minúsculo organo.
Rogue aspiró una gran bocanada de aire. Estaba segura de que pronto moriría del puro deleite. Nunca estuvo preparada cuando él le introdujo un dedo.
-¡John!- Gritó ella, sin importarle quien pudiese escucharla. Todo sus sentidos estaban centrados en esa mano firme que provocaban esas ondas de agridulce gozo que recorrían todo su cuerpo. Cuando tan solo se hallaba al borde de su culminación, ella le empujó con algo de violencia. No; ella no le iba permitir que la llevara a la cúspide sin ella haber tocado, besado, acariciado...
Un sorprendido John vio como una agresiva Rogue se arrojaba sobre él. -Ahora me toca a mi- Y de un tirón le arrancó la camiseta sobre su cabeza y brazos. Pequeñas y delicadas manos acariciaron ese recio pecho. El ya no era un niño, casi comenzaba a ser un hombre. Las yemas de sus dedos deslizándose sobre esa sólida piel, en ocasiones hallando leves cicatrices... Cicatrices que él no tenía antes de marcharse con Magneto. Ella colocó su entreabierta boca en su hombro y la lengua femenina le rozó sutilmente. Le agradó escuchar su gruñido de aprobación; se sentía poderosa. Ella también podía crear magia y despertar sensaciones en él. Bajó su boca, su lengua saboreando el gusto a salitre de esa caliente piel.
John tomó la nuca femenina y la apretó con ternura, dándole todo su consentimiento a sus ministraciones. Sintió esas suaves manos bajar por su costado y comenzar a deslizar sus pantalones, para luego hacer lo mismo con su calzones tipo boxeador. Cuando esa menuda mano atrapó su endurecido miembro, un bramido ahogado subió desde lo más profundo de su ser. Y él había pensado que no podía existir tortura tan hermosa como esa... estaba equivocado. Porque cuando ese rostro bajó y esa deliciosa boca lo clamó, casi pedía toda cordura.
Nunca había sentido nada igual, mientras esos labios rozaban toda su longitud, la dulce lengua despertando en él sensaciones hasta entonces desconocidas. Y entonces fue él quien esta vez, cuando creyó que no podría soportar más, que la alzó en sus brazos. Tomando cada una de sus piernas, las colocó en la cintura masculina y suavemente, saboreando cada minuto, la hizo resbalar sobre su erección. Al sentir la barrera que le dificultaba su aceso al interior femenino, una singular y fiera posesividad se apoderó de él. John era el primero en hacerle el amor.
Rogue se mordió su labio inferior, el hermoso rostro contraído en lo que parecía ser una mueca de dolor y dicha. Ella continuó bajando y no estuvo por completo satisfecha hasta que lo sintió dentro de ella, tocando hasta lo más recóndito de su ser. Solo entonces dejó escapar un grito sofocado. John la apretó contra sí, escondiendo su rostro entre sus senos, todo el camisón femenino formando una suave laguna de satin alrededor de la cintura femenina. Rogue enredó sus dedos en la rubia cabellera para obligarle a subir su rostro y besarlo. Ambos comenzaron a mecerse, cada uno siguiendo el ritmo del otro.
El la escuchaba gemir, ese exquisito sonido haciéndolo perder toda cordura. Toda esa humedad alrededor suyo, contrayéndose. Las manos masculinas recorrían con languidez cada una de las curvas deliciosas del cuerpo femenino. Luego entrelazó sus manos con cada una de las manos femeninas. Ojos como el mar en tormenta mirando fijamente los marrones y en ellos pudo ver el brillo de quien es totalmente sorprendido, al experimentar la maravilla de alcanzar la cumbre, de tocar un pedazo del cielo. Todo acompañado por un suave grito y él a su vez, se unió a ella con uno suyo.
Ella dejó caer su cabeza sobre el hombro masculino. Para luego dejar escapar un suspiro lleno de satisfacción. Apenas sobre un murmullo, ella dijo, -Bienvenido a casa, Johnny. -
El la abrazó con desmedida fiereza. Sí, al fin él había llegado a su hogar...
