So it goes...

Te conocí en la oscuridad… nos rompemos un poco, pero, cuando me tienes a solas, es tan sencillo… Es inevitable.

Ambos creen haberlo perdido todo, ahora viven rodeados de la oscuridad del pasado. Una noche, el destino juega a su favor haciendo que se encuentren por lo que parece ser casualidad, y la atracción entre ellos es inevitable. Ahora, si quieren salir de la jaula en la que viven, deben aprender a perder el control... ¿Lo lograrán?

Crossover 50Shades & Twilight.

+18 Contiene Lemon


La historia se ubica 5 años después de Luna Nueva, y la semana en la que Anastasia abandona a Christian. (Final libro 1)

Es decir, está ubicado alrededor del año 2011, pero, honestamente ya me acostumbre a la tecnología de la actualidad y por más que quiera viajar al pasado, es muy probable que se me filtren algunas cosas que tenemos en este momento. Por lo que, para fines prácticos de la historia, fingiremos que viajamos en el tiempo al pasado con las historias, pero con las comodidades de ahorita.

De todas maneras, si tienen dudas, no duden en preguntarme, trataré de aclararlas.

Por cierto, esto contiene mucho LEMMON. También tiene temas relacionados al BDSM, por favor si vas a leerlo, QUE SEA BAJO TU RESPONSABILIDAD.

También debo aclarar que no tengo mucha experiencia en el tema BDSM, por lo que haré investigaciones, pero si algo está mal me pueden corregir si saben del tema.


Disclaimer, ya se la saben… Twilight y sus personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La serie de 50 Shades y sus personajes son de E.L. James. Yo juego con los personajes y los hechos. Si ven algo que sea reconocido, no es mío.

Está inspirado en la canción So it goes, de Taylor Swift, entre otras.


Isabella POV

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Todo a mí alrededor es silencio. Solo se escucha las teclas ser presionadas, de vez cuando, alguien se mueve de su lugar, o la impresora es usada. No necesito ninguna estúpida habilidad para darme cuenta que desde el empleado de limpieza, hasta el CEO, estamos a nada del borde del colapso.

El más mínimo e inusual sonido nos sobresalta, cada timbre de algún teléfono, o el sonido de la campana del ascensor, nos alerta. Sí alguien va a la oficina de algún directivo, cuando vuelve es abordado por miles de preguntas.

No culpo a nadie. Desde que nos anunciaron los problemas que está teniendo el periódico, todos buscamos algún indicio que nos diga lo que va a suceder con nuestros empleos.

Algunos pasan horas rezando, otros lloran con desesperación y frustración. Cada persona está lidiando con esto de alguna manera todos lo notamos pero nadie menciona nada al respecto. Son varias miles de personas que dependendemos de esta empresa, algunos necesitan pagar deudas, otros están apenas estudiando, hay familias completas que necesitan comer y pagar colegiaturas. Y todos estamos en suspenso.

El ambiente de trabajo nunca ha sido malo, por supuesto que hay quienes se llevan mejor entre ellos, pero aun así, todos somos amables con los demás. Solo que esta semana, la tensión se siente en el aire, es tan papable que ahoga.

Levanto la mirada al escritorio al frente del mío. Julie está concentrada mirando su computadora, tiene el teléfono en su oído. Nuestros escritorios están en un cubículo apartado del resto, pero desde nuestra posición, tenemos vista a la oficina del gerente de área que nunca viene a trabajar, y del resto de los escritorios de mis compañeros.

Julie nota mi mirada sobre ella.

—¿Debo ir? —le pregunto, tratando de persuadirla.

—No empieces, Isabella —gruñe en mi dirección.

—Yo no sé nada de esos temas —le digo. —Tampoco soy directiva, no soy editora ejecutiva, ni nada que se parezca.

—No, pero eres la única Associate Publisher que hay en este lugar.

—¿Y eso que importa?

—Importa porque eres la jefa de este departamento.

—Eso no es verdad —le señalo a la oficina vacía.

—Él nunca está —rueda los ojos. —No cuenta, por esto es que todo se te pregunta a ti.

—Pero...

—Pero nada —sentencia. —El señor Grayson ordenó que estuvieras presente, además, yo necesito que vayas.

—¿Por qué?

—Porque necesito un infiltrado que me diga que mi semana de esclavitud laboral rindió frutos.

No puedo contenerme, me rio. Julie y yo llegamos a este día con mucha sangre, sudor y lágrimas, además de una cantidad poco saludable de cafeína y una que otra mezcla ilegal de un medicamento para evitar dormir.

Me cruzo de brazos, finjo estar molesta.

—¿A qué hora esa reunión?

—A las 12:30 —responde aun concentrada en su computadora.

Miro el reloj en mi muñeca. Bueno, me quedan 20 minutos para resignarme, tomar valor y subir.

—Te envié los documentos que me pediste —levanta su mirada hacia mí. —Ya están revisados, solo falta que los firmes.

—Sí, jefa —digo en el mismo tono que ella utiliza conmigo. Ella sacude la cabeza con diversión.

—Por cierto —titubea, sus ojos se posan sobre el aparato cerca de su oído.

—¿Aun no responde? —los nervios recorren mi cuerpo. Toda la semana hemos esperado la llamada.

—Su secretaria siempre me dice que, cuando tenga tiempo, él nos regresa la llamada.

Mi cuerpo se recuesta en la silla. Suelto el aire de mis pulmones.

Mierda, sí no conseguimos eso, estaremos en problemas, y unos muy grandes.

—Estoy repitiendo la llamada cada 20 minutos o menos. —se cruza de brazos, está molesta. —O ellos se enfadan de mí, o yo de llamarles.

—La próxima vez que le llames —la miro, —menciona que tu jefa te va a despedir por incompetente y no conseguir la posibilidad de verle en persona, también menciona que estaba esperanzada en tener una reunión más privada.

Julie me mira con la boca a abierta, luego, su cuerpo se sacude por la carcajada que sale de sus labios. Algunos ojos curiosos se posan en nosotras.

—¿Sabes que tendrás que cumplir eso?

—¿Qué cosa? —me hago la loca. —Yo no he prometido nada.

Guiñó un ojo en su dirección.

—Ve arriba —me ordena aun con una sonrisa. —Yo me encargo de esto, jefa.

—No me pases llamadas —pido. —A no ser que sean de esa oficina en especial.

—Sí, jefa —hace un saludo militar.

Sonrío, respondo el gesto. Julie coloca sus ojos de nuevo en la pantalla de su computadora. Me levanto del asiento, arreglo mi ropa, rodeo mi escritorio para salir por el pasillo que cruza el área del resto de los escritorios. El sonido de mis zapatos altos, hace que varios se fijen en mí, como he dicho, estamos todos muy susceptibles a cualquier cosa. Mis pasos son lentos, pero seguros. Hay varias reacciones a mí alrededor, unos poco me saludan, otros me ofrecen un asentimiento, la mayoría me ignoran, pero, no dejan de mirarme.

Ingreso al elevador y presiono el botón que me lleva un par de pisos arriba, a la oficina de Angela. Tomo una respiración cuando se cierran las puertas conmigo dentro. La primera vez que usé el ascensor, después de esa noche en el Lounge, dos tipos de recuerdos asaltaron mi mente, el primero, esos labios cálidos y hambrientos sobre mi boca y mi cuerpo. El segundo recuerdo, fue de la mañana siguiente, cuando el dolor y el miedo se apoderaron de mí mientras mis piernas corrían a las puertas de metal.

Casi dos semanas después, aun se presentan esos dos recuerdos en mi mente, como si alguien me los hubiera tatuado en la memoria. Supongo que eso pasó.

Salgo del cubículo de metal, caminando en busca de mi amiga. Las miradas se van sobre mí de nuevo. Tengo una opinión dividida, me encanta que me miren, me encanta la atención, me encanta que me miren con envidia y admiración Pero a la vez, lo odio, siempre lo he hecho, no es un secreto, pero ahora es muy diferente a lo que sucedió en Forks. Aquí, me hacen sentir como si estuviera en una jaula de cristal, expuesta para todos.

—Señorita Swan —Karina me saluda, su voz amable. Devuelvo su saludo cuando la veo.

—¿Ya voy tarde? —Angela levanta la cabeza de golpe.

—Aún les quedan unos minutos —Karina nos avisa. Ambas le agradecemos con un gesto leve.

—¿A qué debo la visita, Swan?

Mis hombros se enojen. En realidad no tengo razones para venir, solo improvisé, no quería entrar sola a esa reunión con personas que se creen inalcanzables solo por ser dueños de empresas importantes y con tratados internacionales. Además, ellos creen que pueden mandar y ordenar a su gusto solo por ser dueños de una pequeña parte de las acciones del periódico.

—¿Sabes quienes vendrán? —cambio el tema. —Julie me nombro a tantos que perdí la cuenta.

—La mayoría son inversionistas —Karina responde. —Pero solo conozco a algunos.

—¿Los conoces? —pregunta Angela. No creé que los conozca, al menos no en persona.

—Bueno, personalmente, no tengo el gusto —ríe. —Son los más conocidos, son algo así como famosos, casi unas celebridades.

—¿Algún nombre que deba preocuparnos? —le pregunto.

—No exactamente —sacude el lapicero en sus dedos. —Todos son muy parecidos, vienen a hacer negocios, de cualquier tipo. Saben que hacer y cómo hacerlo.

—¿En que sentido? —Angela pregunta, de repente luce interesada. Ruedo los ojos.

—En ambos —Karina se ríe al comprender a que se refiere mi amiga. —Varios de ellos son solteros.

—Quizás es mi día de suerte. —Angela coloca las manos bajo su barbilla, pestañea varias veces.

—Quizás —Karina le da la razón. —Aunque, hay algunos rumores sobre uno de ellos.

Ambas la miramos, necesitamos más detalles. Me siento sobre el escritorio de Ang, yo no vine para nada en especial, pero, el tema de conversación es demasiado bueno como para cortar la conversación tan animada que tenemos.

—Déjame adivinar —digo. —Dicen que es gay.

—A mí no me crean —se defiende. —Es solo que, no es conocido por tener citas, tampoco se le ve con mujeres paseándolas en sus autos lujosos.

—Eso ya es aburrido —Angela gruñe. —Todos los que se creen millonarios hacen eso, piensan que somos trofeos que pueden presumir por las calles. Es decir, si se me presenta la oportunidad, si la tomo, pero me ofende.

Me rio. Solo Angela es así de ocurrente.

—Pero, él no ha tenido nada de eso —suspira Karina. —¡Oh vamos! Ni siquiera ha tenido escándalos de alguna relación.

—Quizás solo es cuidadoso con su vida privada —ofrezco una solución.

—No creo que sea eso. Hubo una chica… —piensa un poco. —Salieron en la portada que lanzamos hace tres semanas me parece. Creímos que por fin veríamos un poco de drama sobre él, pero, ya no se supo nada más sobre la mujer.

—Buena suerte de la chica, apareció en la portada —Angela ríe. —Tal vez eso buscaba.

—Quizás era alguien de su familia —digo.

—No lo creo, la familia de él, también son muy conocidos y respetados, sobre todo sus padres.

Las tres nos encogemos de hombros, se nos terminaron las opciones.

—Hay algo de lo que estoy segura —el suspiro de Karina fue muy audible. Si alguien logra atrapar al Grey Bachelor, se va a ganar, la envidia de todas las mujeres de esta ciudad, el respeto de varios hombres de negocios y la curiosidad de periodistas y reporteros de todo el país.

—¿Grey Bachelor? —la miro suspicaz. ¿Hasta apodo tiene el hombre?

—Así le dicen por su apellido —se encoge de hombros. —El soltero Gris.

—Wow, hasta tiene apodo personalizado. ¿Tan codiciado es? —Angela frunce el ceño. Karina asiente. —¿Es guapo, al menos?

—Cuando lo vean, lo van a reconocer —Karina dice presumida. —Aunque no hayan escuchado de él antes, lo reconocerán.

—¿Vive aquí? —Angela sigue con su interrogatorio.

—¡Angela! —la regaño.

—¿Qué? Yo también quiero estar enterada.

—Según sé, vive en ese distrito cerca de Belltown, en ese edificio… ¿Cómo se llamaba? —Karina frunce su rostro, haciendo un esfuerzo por recordar el nombre del lugar.

¿Dijo Belltown?

Mis sentidos se alertan, mi cabeza rebota para mirarla, esperando que me diga el nombre del lugar. Recuerdo haber visto ese nombre en alguna placa de la cuidad mientras iba de regreso a mi departamento, ese fin de semana. Bueno, tranquila Isabella, no pasa nada, en esa zona, viven muchos empresarios y millonarios que pueden concordar con la descripción de Karina.

Es muy poco probable que sea quien estoy pensando. Definitivamente el hombre en mi mente no es gay.

—¡La Escala! —nuestra fuente de información eleva la voz, la emoción de recordar el dichoso nombre del edificio es muy notoria. —Vive en la Escala, en ese departamento que está en el último piso.

Jadeo.

—¿En el… vive en el pent-house? —tartamudeo sin querer.

—Sí, allí.

Mierda, mierda, mierda. No puede ser. No, no, no.

—Ya casi es hora de la reunión, lamento retrasarlas —Karina se disculpa. —Deben subir, yo tengo unas cosas que hacer. Nos vemos.

Mis ojos siguen su silueta mientras se pierde en el resto de las oficinas.

—Suelta la sopa, Swan —Angela me da unas palmadas en la espalda. —¿Qué sucede? ¿Por qué tu reacción?

Mis ojos se posan en los suyos. Mis manos toman sus brazos con desesperación.

—Bella, respira —su voz es una orden, su rostro es confundido y preocupado.

Me obligo a respirar, el aire quema mis pulmones. Angela me mira intensamente. Aun siento la desesperación fluir por mis venas, quiero explicarle lo que me sucede, pero no soy tan valiente como para decir esas palabras en voz alta.

—Si no me dices que es lo que sucede no te puedo ayudar —Angela mira a su alrededor, ansiosa por encontrar a alguien que le ayude.

—Yo, creo que…

—Habla, Bella, aquí estoy —sus manos rodean mi cuerpo. —Sea lo que sea, no te dejare caer.

Trago el nudo en mi garganta. Me obligo a hablar.

—Creo que conozco el pent-house del que hablaba Karina —la miro, espero que eso sea suficiente para que me comprenda.

Por supuesto que no lo es. Sus cejas se unen, sin comprender.

—¿Cómo que lo conoces?

—Ya he estado ahí.

Siento la realidad golpearme como una cubeta de agua fría. No, no es agua, es hielo, muy frio y congelado.

Me rehusaba a creer que esa noche, había caído hechizada por un hombre que quizás volvería a ver. Me mentí a mí misma, me dije que la historia no se iba a repetir, me juré que no volvería a ver a ese hombre. Con el paso de los días, dejé de ir al Lounge, evité la zona donde estaba el departamento en el que desperté ese domingo y me encerré en la oficina. Iba de mi casa al trabajo y viceversa.

Con los días, me creí mi propia mentira.

—¿Tuviste otra escapada nocturna? ¿Por qué dices que…? —se queda callada, ahora comprende a lo que me refiero. —Maldita sea. ¿Crees que es el hombre del que hablaba Karina?

—Sí, estoy segura que él es el Richard Gere que conocí en el Lounge.

—¡¿Qué cosa?! —grita, las miradas que se habían alejado minutos atrás, vuelven sobre nosotras. Angela parece reaccionar. —Qué cosa tan interesante.

No respondo.

—Al menos ya podemos descartar la posibilidad de que sea un capo de la mafia —dice pensativa. —O un asesino en serie. No, espera, eso aún no es descartable.

—Pasé dos semanas, convenciéndome que no fue real —me lamento. —Y ahora, lo tendré frente a mí.

Sus manos cubren su boca. —¿Crees que te recuerde?

—No lo sé —siseo insegura.

—¡Por supuesto que te va a recordar! —se emociona de nuevo. —¿Qué le dirás? ¡Hoy si te vas a presentar! ¿Crees que te invite a salir?

—Angela, no me estas ayudando —me quejo. Cierro mis ojos tratando de controlar mis emociones.

Me preocupa que me reconozca, lo que pasó ese día en el Lounge era parte de mi vida personal, pero, aquí es mi lugar de trabajo, la reputación que tengo dentro de estas oficinas me ha costado sangre sudor y lágrimas, y no permitiré que nadie la dañe o me desacredite mis logros por algo que pasó mientras estaba ebria.

Pero, aunque no lo admita en voz alta, sí, si deseo que me reconozca. Quiero que me vea y su atención se centré en mi como esa noche. Quiero que mis ojos se enlacen con los suyos y que todo a nuestro alrededor desaparezca.

—Hay que subir, ya vamos tarde —le ruego.

—Prométeme algo —me pide. Asiento. —Prométeme que no dejarás que el pasado te siga arrastrando a las sombras. Si lo que quieres es tener a ese hombre, no importa de qué manera, júrame que harás todo lo necesario para tenerlo.

—No puedo prometerlo —exhalo. —Pero si lo puedo intentar.

Parece conforme con mi respuesta, yo también lo estoy.

—Siempre estaré aquí para ti —su mano toma las mías. —Hasta que la muerte nos separe.

Le doy un empujón con mi cuerpo, pero me siento infinitamente agradecida con ella. Angela ha sido el salvavidas que me ha mantenido a flote todo este tiempo.

—Andando.

Juntas, subimos a la sala de reuniones, nadie nos presta atención cuando llegamos, el lugar es un caos, Con toda mi fuerza de voluntad, me mantengo centrada, pero me permito buscarle con la mirada. Quiero verlo, necesito verlo.

Me decepciono con la vista frente a mí. Hay varios hombres y unas pocas mujeres, todos elegantes de pies a cabeza, van y vienen por el pequeño pasillo que está frente a la sala de reuniones que está dividida del resto del espacio por dos paredes de cristal. Los observo mientras se presentan o se saludad.

Nosotras no somos relevantes para ellos, somos invisibles. Angela y yo nos sonreímos mutuamente. Desde que comenzamos a trabajar aquí, somos de las personas que más atraen las miradas y la curiosidad de los demás. Desde el primer día, nos acostumbramos a ser el centro de atención. Pero, en este ambiente, es inevitable viajar al pasado. Esa época en el instituto cuando éramos invisibles, y si acaso llamábamos la atención, era porque no había nada más emocionante.

Aquí, siempre hay algo más emocionante y creo que es por eso que nos gusta saber que tenemos la atención aun cuando no debemos. Julie me regaña seguido por eso.

Mi mente se va a esa joven que está unos pisos más abajo y que estoy segura tiene sus narices metidas en la computadora. Es extraño no tenerla cerca de mí en su papel de secretaria. Siempre cerca de mí, parloteando sobre los pendientes que tengo, las citas y reuniones, mis horarios disponibles, llamadas, mensajes y cosas así.

El concejo regulador de periodismo, organiza cada año un programa de becas para universitarios. Si eres de los elegidos, obtienes la beca y un trabajo en alguno de los periódicos o revistas de todo el país. Ese fue el caso de Julie, que está en su penúltimo año de la universidad. Al inicio fue un dolor en el trasero, no tenía idea de lo que estaba haciendo, ni de cómo hacerlo, pero ahora, es de las personas más competentes que hay el periódico. Muchas veces le han ofrecido algún otro puesto, pero lo rechaza, dice que ser mi secretaria es más divertido. Sí, ella se encarga de exasperarme al punto de querer lanzarla de algún puente, pero también es mi heroína cada que estoy en problemas, además de vez en cuando suelta algún chiste, broma o comentario que hace brotar una risa inesperada en mí. Siempre mejora mis días en la oficina.

Mr. Grayson seguido bromea con llevarse a Julie a su oficina. Ni a ella, ni a mi nos divierte. Ambas estamos conformes una con la otra.

—Oye, se me olvidó preguntar —Angela reclama mi atención. —Si lo tenemos… ¿verdad?

No respondo, me quedo allí, frente a ella, con mi rostro en blanco. Angela me mira aterrada y visiblemente nerviosa.

—Espero que Julie haga un milagro —suspiro. A ella no le puedo mentir.

—Señoritas, que alegría verlas —la señora de mediana edad saluda, sus pasos se acercan a nosotras con un poco de dificultad.

—Hola, Eva —le sonrió. Angela hace lo mismo.

Me acerco a ella y le doy un beso en la mejilla, ella pone sus brazos a mí alrededor, me comparte del calor de su cuerpo. Eva es la asistente del señor Grayson, es una mujer trabajadora, ama de casa y una madre de un par de hijos adolescentes a los que ama sin condiciones, creo que es por eso que me recuerda a Sue y a… ella. Eva es muy similar a esa mujer cuyo nombre me da miedo pronunciar.

—Leonard ya está dentro, con los últimos detalles —apunta a la enorme sala de juntas. —Estamos a punto de comenzar, adelante por favor.

Observo a todas las personas entrar en esa gran sala de reuniones. El señor Grayson está en la puerta, dándole la bienvenida a todo aquél que cruza la puerta. A su lado, Suzanne, imitándolo.

Desde mi posición, miro por los cristales, las personas se acomodan en las sillas que están frente a las mesas que fueron colocadas cuidadosamente para formar un cuadrado con un hueco en el medio, se suelen acomodar acorde a la necesidad de la reunión.

Mis ojos captan a una persona en específico.

Su atención está puesta en su celular que descansa en sus manos. Su cabello rizado esta peinado cuidadosamente, sus cejas juntas hacen que se formen unas líneas en la piel de su frente, la sombra causada por la barba alrededor de su mandíbula se ha intensificado. La silueta de su cuerpo, está cubierta por un traje hecho a la medida de color azul marino, usa una camisa blanca y una corbata color vino.

Maldición, se ve perfecto. Es más guapo de lo que mi ebria memoria puede recordar.

Mis ojos lo recorren varias veces, desde el lugar donde estoy de pie, él no puede verme, pero yo a él sí.

—¿Quién es? —Angela pregunta con un susurro. —Tu hombre ¿Quién es? —Le doy una mirada, me hago la que no entiendo. — Estas babeando, el piso ya está todo mojado, no me salgas con que no lo has visto.

Me limpio con el torso de la mano mis labios. Por supuesto, están secos.

—Dime, ¿Quién es?

—El del traje azul.

Estira su cuello para tener una mejor vista. —Carajo, que buen hombre de follaste.

Las comisuras de mis labios se elevan. Por primera vez me siento orgullosa, es inevitable. Sí, me folle a ese hombre, me folle al soltero más codiciado de la ciudad.

—Angela, Isabella —el señor Grayson llama nuestros nombres en una voz demasiado alta. Le miramos, él nos hace una señal para que nos acerquemos.

—¿Llegamos tarde? —Angela le mira, sus ojos con fingida inocencia.

—Al contrario, los demás llegaron temprano —nos guiña el ojo.

No miro de nuevo al interior de la sala de reuniones, no necesito mirarle para saber que es él quien recorre mi cuerpo con sus ojos.

Suzanne y Angela caminan al interior. El Sr. Grayson me detiene antes de que pueda seguirlas.

—¿Lo tenemos?

—Su oficina no le pasa la llamada —respondo incomoda. —Le di un par de, err, instrucciones… a Julie.

Sus cejas se levantan, pero, asiente.

—Si esto no funciona —se aclara la garganta. —No tengo un plan b, al menos no para la compañía —sacude la cabeza, —pero si tengo un plan para Angela, Julie y para ti.

—¿Señor?

—Vamos adentro —coloca su mano en mi espalda, —halaremos de eso después.

Tomo, con discreción, una profunda respiración. La mano del señor Grayson me empuja al interior. Es inevitable que mire en busca de mi asiento. Gracias a que todos están ya acomodados, hay un solo lugar vació en el que puedo sentarme yo, para mi suerte es a la derecha de Angela, pero, voy a necesitar toda mi fuerza de voluntad para mantenerme profesional con la persona a mi lado.

Mis hombros se cuadran, mi espalda se acomoda recta, mi mirada se levanta y mis piernas se aseguran de que, cada paso que dé, sea con total seguridad. Cruzo la puerta, el señor Grayson me sigue, ignoro las miradas curiosas que se posan sobre mí. Sé que les resulta extraño verme, es la primera reunión con inversionistas a la que asisto.

No me interesa lo que ellos piensen de mí, Tengo la atención del que verdaderamente me interesa. Tengo su mirada gris sobre mí cuerpo, la falda es una segunda piel por el contorno de mis piernas que muestra el movimiento que hacen mis caderas con cada paso que doy para llegar a mi asiento. Junto a él.

Me acomodo en mi asiento, la esquina que tenemos entre ambos, es como un abismo, pero a la vez, nos mantiene demasiado cerca. Mi cuerpo siente la cercanía, mi piel arde por ser tocada por sus manos de nuevo. Parece que lee mi mente, su mano izquierda cae por debajo de la mesa, se estira hasta llegar a mi pierna. Suelto un suspiro cuando siento el fuerte apretón a mi piel. Mi mano baja y se coloca sobre la suya, aprieto sus dedos. Él también suspira.

No necesitamos palabras, ambos sabemos quiénes somos, ambos recordamos lo que pasó esa noche.

—Buen día a todos —el Sr. Grayson habla antes de que podamos decir nada. —Les agradezco a todos por regalarme un poco de su preciado tiempo, trataré de ser breve. Como saben, tenemos varios puntos a discutir el día de hoy…

Con eso, comienza una extensa reunión. Realmente Angela y yo no tenemos mucho que aportar, nos mantuvimos en silencio escuchando la ardua conversación de los inversionistas con el Señor Grayson y Suzanne.

El principal tema era la razón por la que The Seattle Times, el periódico más importante de esta ciudad y uno de los más importantes del país, estaba casi declarado en quiebra. Los inversionistas estaban demasiado molestos, por la situación y por la caída de las acciones, exigían a los directivos un nombre para sacrificar al culpable.

Por supuesto somos personas complacientes. Suzanne se pone de pie y se toma la molestia de explicar, hasta el más mínimo detalle, la situación que nos trajo a esta reunión. Eva, Julie y yo nos tomamos durante toda la semana, la tarea de reunir este tipo de información, además de las posibles soluciones que podíamos tener.

Mientras Suzanne hace su trabajo, mi cuerpo se mantiene inmóvil, solo mi cabeza se gira ocasionalmente para mirar a la persona que hace alguna pregunta. Mi problema es que mi cuerpo reaccionaba al timbre de su voz cuando él hacia algún comentario.

—Aun no nos resuelve la situación —se queja alguien. —No queremos perder nuestro dinero.

El señor Grayson da una larga mirada en mi dirección, luego, su rostro se gira hacia la puerta de cristal. Todos esperamos que Julie haga su magia. Frente a todas estas personas, ambiciosas, gruñonas y que tienen una espada en sus manos lista para cortar cuellos, nos vemos muy tranquilos, pero por dentro, nos comemos las uñas por la ansiedad.

—¿Cuál es el plan, Leonard? —el hombre a mi lado pregunta. Su voz te obliga a no decirle ninguna mentira, mi cuerpo se sacude al escucharlo.

El Sr. Grayson comienza de nuevo una discusión, menciona las posibilidades que todos sabemos, serían muy desagradables para ellos. Vamos a mostrarles de lo peor, a lo mejor, para así acorralarlos y que acepten nuestro plan. Si es que llega a tiempo.

Mi celular vibra sobre la mesa.

"Voy subiendo. J."

Cierro los ojos, agradezco internamente que la ansiedad se disipe de golpe de mi cuerpo. Por fin puedo respirar con tranquilidad.

Mierda, eso estuvo cerca.

Trato de no ser notada mientras recorro mi asiento hacia atrás para levantarme y salir a recibir a Julie. Fallo en el intento, no me sorprende.

Los ojos de los presentes se posan sobre mí con curiosidad.

Paso detrás del señor Grayson, coloco una mano en su espalda por un par de segundos. Ambos sabemos que significa eso, desde mis inicios en este lugar siendo su secretaria, acordamos el significado de ese gesto. Aun bajo mi mano, noto sus pulmones inhalar con fuerza.

Julie aparece del otro lado del cristal, da un par de golpe por cortesía. Llego a ella y abro la puerta. Mira a mis espaldas, sin dejarse intimidar por las miradas de las personas presentes que en su mayoría son hombres. Extiende frente a ella un folder de piel de color negro.

—¿Te he dicho que eres la mejor? —pregunto en un susurro. Ella sonríe, coloca el objeto en mis manos, se da la vuelta y se va.

La abro, necesito leer su contenido rápidamente antes de entregarlo. El documento es correcto, pero hay una nota sobre las hojas.

"Espero que me sea entregado en persona, pero, si soy honesto… Si no eres tú quien viene a entregarlo, mejor no los hagas firmar. L. "

Trato de ocultar la sonrisa en mis labios, mis dedos arrancan la nota del resto de las hojas. Me giro sintiéndome liberada. Avanzo de nuevo a la mesa, asegurándome de dejar el folder frente a la persona correcta antes de colocarme en mi asiento de nuevo.

—¿Qué fue eso? —pregunta alguien del fondo.

—Como sabrán, soy viejo y terco —se pone de pie el hombre que lidera el periódico, —y en mis planes no está vender algo que le ha costado tanto tiempo a mi familia.

—Hay otra propuesta que aún no se les menciona —Suzanne habla, también ella parece más relajada. —El concejo nos está pidiendo que se reestructure el funcionamiento del periódico, a nivel externo e interno.

—Esa será nuestra última oportunidad con ellos —suspira Grayson.

—¿Lo harán? —pregunta asombrado el hombre a mi lado. Sé que desde el sábado pasado, supone que nos van a despedir a todos.

—Lo haremos, sí, pero con una condición —sonríe Suzanne.

—Esto, damas y caballeros —el Sr. Grayson levanta el folder de piel color negro. —Esto es un contrato, donde se propone una fusión de The Seattle times y The New York Times.

Todos sueltan jadeos sorprendidos. Cuando Suzanne dio la idea, nade lo creyó conveniente, pero, después se analizó la propuesta con todos los equipos, finanzas, legal, marketing, logística y el resto. La mesa directiva aceptó que era una nueva idea.

El problema era que nadie creía posible que el NYT aceptara unirse a un periódico en quiebra.

—¿Una fusión?

—Sí —sonríe el Sr. Grayson, — al finalizar el proceso de reestructuración, quedaremos como una subsidiaria del NYT.

—¿Cómo lograste que e The New York Times te ofreciera ese trato? —la voz dura a mi lado hace que me sobresalte. —Es que es imposible.

—Hace una semana estabas a nada de declararte en quiebra —una señora habla, aun puedo escuchar la sorpresa en su voz —y ahora tienes la opción de ser parte del periódico más importantes del país.

—Queridos amigos míos, saben que así son los negocios. Es una oportunidad que se presentó y me quiero arriesgar a tomarla.

El lugar se queda en silencio.

—¿Qué beneficios trae eso? —alguien pregunta.

—The New York Times nos da la libertad de trabajar a nuestro parecer —le explican, —claro, ellos tomaran las decisiones que consideren pertinentes.

—Además —Suzanne continúa con la explicación, —ellos inyectarán el capital necesario para la reestructuración.

—¿Y para nosotros? —mi tortura personal, pregunta con un tono de voz interesado. Me siento curiosa por mirarle, analizarlo, saber qué es lo que pasa por su mente al momento de hacer negocios.

—Tendrán acciones en el NYT sin pagar un centavo.

Por la sonrisa de todos los inversionistas, la idea resulto tentadora.

—¿Cómo será la reestructuración interna? ¿Se piensa despedir a empleados?

—Se hará una evaluación del desempeño y conocimientos —en encargado de personal le responde, —de ahí, el consejo tomará la decisión. Para nosotros, la idea de despedir al personal no es llamativa, pero si ellos deciden que así sea, tendremos que acatar la orden.

—¿Y la reestructuración externa?

—El equipo de marketing está trabajando en varias propuestas —Angela habla por primera vez, —se busca mejorar la percepción del público hacia nosotros, principalmente.

—Es lo que nos urge en este momento —se disculpa Grayson.

—En caso de que se acepte lo que propones… —alguien se aclara la voz, —¿Cómo se hará?

—Yo les paso el documento, ustedes firman accediendo —el jefe se encoje de hombros y les da una sonrisa traviesa. Para la edad que tiene el hombre y tu apariencia, todos creen que es una persona muy seria, dura, de carácter violento. Pero en realidad es todo lo contrario. Es el hombre más tierno y juguetón que puedas encontrar.

—En este momento todos tienen en sus dispositivos una copia del contrato que les corresponde —Suzanne los señala. A medida que habla, todos centran su atención en leer lo que se mencionó.

Tenemos tres tipos de contratos —el señor Grayson habla para matar el silencio. —El que yo debo firmar como CEO, el que debe firmar la mesa directiva, y el que deben firmar ustedes.

Los siguientes minutos se pasan dando explicaciones del contenido de cada tipo de contrato y de la diferencia entre ellos. Además de resolver las preguntas que surgen al respecto.

Miro complacida como todos se inclinan a firmar y pasan el documento a la siguiente persona.

Toma un tiempo, pero finalmente se da por concluida la reunión, todos se ven satisfechos con el resultado y con lo que van a obtener cuando suceda la fusión. El señor Grayson despide de uno en uno a los invitados, agradeciéndoles su tiempo y su apoyo. Suzanne se mantiene atenta a las dudas y a cualquier cosa que surge en el momento.

—¿No te has cansado de mantener el cuello así de torcido? —Angela pregunta en voz alta. Muy alta.

—Si —le respondo, suelto un suspiro. Pero no me muevo. Ambas seguimos esperando a que los acontecimientos se terminen de desarrollar.

—¡Lo hicimos! —el señor Grayson se vuelve hacia nosotros. La sonrisa en su rostro es más deslumbrante que el sol.

—Sentía que me iban a cortar la cabeza —Suzanne se queja.

—Ya somos dos —Grayson se deja caer de nuevo en su asiento.

—Fue horrible —lloriquea Angela, su cabeza se deja caer en el respaldo de la silla. Coloco mi cabeza entre mis manos. Comprendo el sentimiento de ellos.

—Lamento que hayas tenido que trabajar fuera de la oficina Isabella —el señor Grayson se disculpa.

Mi rostro se levanta, sonriéndole. —Está bien, tenía que aprovechar las horas de insomnio.

—Y vaya manera de aprovecharlas —Angela se ríe. Puedo notar el doble sentido en sus palabras.

—¿Qué indicaciones le diste a Julie para cuando lo llamara? —Grayson pregunta, una ceja esta levantada en mi dirección. Su menté recordó las palabras que le dije antes de la reunión.

—¿Indicaciones? —Angela pregunta.

—Lucas no tomaba la llamada de Julie —explico. —Debía conseguir ese contrato de una manera u otra…

—¡¿Te prostituiste?! —Grayson ruge. Alguien a mi lado gruñe.

—¡No! —grito ofendida. —¿Por quién me toma?

—¿Entonces?

Me obligo a ser valiente. Estiro mi brazo y muestro la nota que venía dentro del folder, junto al documento, durante toda la reunión, lo mantuve apretado dentro del puño de mi mano.

Angela la quita de entre mis dedos y se toma la molestia de leerla en voz alta.

Trágame tierra.

Todos me miran, cada par de ojos expresa una emoción diferente. Molestia, asombro, burla y más.

—Entonces —Suzanne duda al hablar. —¿Le prometiste una cita? O ¿Una noche completa?

Angela logra contener la risa que brota de sus labios, los aprieta hasta formar una línea.

—Teóricamente —suelto una risa nerviosa — ninguna.

—Cariño —Grayson habla, su voz lleva un matiz de ternura. —Sabemos que tienes una vida amorosa nula, pero, no pensé que estuvieras tan desesperada.

—¡No estoy desesperada!

—Si quieres tener sexo, está bien —Suzanne habla en el mismo tono. —Puedes decirme con confianza, conozco a muchos hombres a los que no les molestaría una noche de diversión.

¿Por qué? ¿Por qué me pasa esto a mí? Es inevitable que la sangre suba hasta mi rostro. Estos últimos días, esa ya desconocida sensación había estado muy presente, pero hoy, me resultaba molesta. No quiero que él me vea sonrojada.

—¡Oye! —el señor Grayson la reprende. —No vamos a dejar que se acueste con cualquier imbécil urgido que se le ponga enfrente.

Lo miro con la boca abierta, a mi lado, se escucha un carraspeo incómodo. Es en ese momento en el que Angela pierde el control que había conseguido durante la conversación, la carcajada que brota de su boca hace que su cuerpo se doble de la risa.

Cierro los ojos. Por más que mantenga mi rostro escondido de la vista de él, ya es muy obvia la situación.

—¡Oh por dios! ¡Ya lo hiciste!—Suzanne chilla asombrada. —¿Cuándo fue? ¿Fue bueno? ¿Estaba bueno?

—¡¿Isabella?! —Leonard Grayson entra en su papel de padre sobreprotector. Su pregunta fue en el mismo tono que usa Charlie cuando ya sabe que hice algo malo y solo quiere que se lo diga en voz alta.

—¿Por qué estamos hablando de eso? —les pregunto, estoy desesperada por dejar el tema de lado. —Tenemos invitados aun.

Por primera vez, hago referencia a él. Los tres pares de ojos se posan en el hombre a mi lado.

—No se preocupen, no me molesta escuchar las respuestas a esas preguntas —su voz es la clara evidencia de que está interesado en saber que responderé a eso.

—Tranquila, Isabella, estamos en confianza —Grayson dice restándole importancia. —Permítanme presentarlos, chicas, él es Christian Grey, un socio y gran amigo mío.

Angela vuelve a reír. Está encantada con la situación.

—Christian, ellas son Angela Webber e Isabella Swan —nos señala mientras dice nuestros nombres.

—No sabe el gusto que me da finalmente conocerlo, señor Grey —Angela salta emocionada en su asiento. Empuja mi silla lejos, se acerca para estrechar su mano.

Él da una mirada fugaz en mi dirección antes de estrechar su mano. —Igualmente señorita Webber.

Estoy segura que no le pasó desapercibido las palabras "por fin" en la frase de mi amiga. Su atención vuelve a mí.

—Isabella Swan —sus labios saborean mi nombre mientras lo pronuncia. —Es un verdadero placer conocerla

Mis piernas tiemplan por el significado implícito de sus palabras. Su mano se estira delante de mí, en espera que la tome para el formal saludo. Simple formalidad, ahora titubeamos para tocarnos, pero hace casi una semana, no dudamos en tocar hasta el último centímetro de nuestros cuerpos.

Imito el movimiento, nuestras manos se encuentran. En el momento en que nos tocamos, todo lo que sucede a nuestro alrededor desaparece. No tengo intención de ponerle atención a nada más que a él. No quiero que mis sentidos se concentren en nada más que él.

Gira mi mano dentro de la suya, las yemas de sus dedos acarician el torso con suavidad, llevándome a los recuerdos de sus caricias esa noche. Levanta ambas manos a la altura de sus labios, deposita un beso sobre mis nudillos.

Me estremezco, es inevitable.

En ningún momentos sus ojos no han dejado los míos, siguen siendo igual de profundos, llamativos, brillantes y obscuros a la vez, aún hay esa sombra en su interior

Alguien se aclara la garganta. Nos sacan de la burbuja que hemos creado a nuestro alrededor.

—El gusto es mío, señor Grey —hablo y suelto su mano.

—Muy bien —dice desviando su atención de mí. — Leonard, dame esos documentos para firmarlos.

El señor Grayson sonríe emocionado de nuevo. Nos rodea y comienza a decirle las grandes ventajas que van a tener con la fusión de ambos periódicos.

Julie aparece del otro lado del cristal, ingresa cuando le damos la señal.

—Señor Grayson —le extiende dos folder parecidos al que está en este momento en la mesa. —Este es el que debe firmar usted, y este otro ya está firmado por todos los gerentes de la mesa directiva.

—Gracias por salvarnos el trasero, Julie —Suzanne la toma del brazo.

—Yo solo hice lo que la señorita Swan me pidió.

La atención vuelve a mí.

—Por cierto, Isabella —Julie se gira a mí, —el señor Lucas me pidió que te preguntara un par de cosas.

Levanto una ceja.

—¿Qué cosas? —la pregunta es hecha en coro por todos los presentes.

Julie mira a su alrededor, sorprendida por el comportamiento de todos. Yo asiento, la animo a que continúe. Después de todo, más humillada de lo que estoy, no creo que sea posible.

—Me ha pedido que le informe que día y a que hora necesitas que esté un avión en el aeropuerto esperando por ti. Dice que va a enviar el de la empresa.

—¿Y la otra?

—Quiere saber el vino de tu preferencia.

Hago una mueca. Las intenciones de Lucas son demasiado obvias.

—Tu vino favorito y un avión privado —Angela silba. —Eso si es impresionante.

Grey bufa a mi lado. —Si claro, muy impresionante.

Sus palabras son en un tono molesto e irónico, sé que trato de hablar para sí mismo, pero pronunció las palabras en un tono demasiado alto que llamó la atención de todos.

—¿Puedes hacerlo mejor, Christian? —el señor Grayson le mira divertido.

—Por supuesto que sí —responde muy seguro de sí mismo.

—Wow, así es como un hombre responde —Suzanne aplaude complacida. —Tiene mi respeto, señor Grey.

—¿Escuchaste, Isabella? —Angela mueve sus cejas sugestivamente. —Dice que puede hacerlo mejor.

Grey buja, pero se ríe.

—No sabes lo arrepentida que estoy de haberte contado —le gruño a Angela.

—¿Contarle qué? —Suzanne pregunta con confusión. —¿Hay algo que no sabemos?

Las risas de Angela se duplican. Yo solo puedo hundirme en mi asiento.

—¿Qué le respondo al señor Lucas? —Julie reclama una respuesta.

—Infeliz urgido —gruñe Grayson. —Dile que Isabella no necesita nada de eso, que yo me encargaré de acompañarla hasta Nueva York.

—Sí, señor —Julie asiente y se va.

—Mañana viernes iremos a entregar estas cosas —gruñe el hombre de edad media. —Entre más pronto te lo quites de encima, mejor.

—Pero mañana tenemos la reunión con el senador —Suzanne le recuerda.

—Ay carajo.

—¿Nueva York? —Christian Grey se inclina interesado. —¿A las oficinas centrales del periódico?

—Sí, ahí está la oficina de Lucas —levanto mi rostro para responder.

—¿Te molestaría ir conmigo? —pregunta. Salto del asiento, le miro sorprendida. —Mañana tengo un par de reuniones con algunos empresarios de Manhattan, si Leonard no puede acompañarte, al menos yo podría escoltarte.

—¿No te importaría, Christian? —Grayson le mira preocupado. —No quiero quitarte de tus asuntos, Isabella y yo podemos ir el lunes.

—Sé que quieres que se entreguen los documentos cuanto antes, y yo de todas maneras necesito ir allí —suena convincente. —No me molesta modificar un poco el itinerario, si a la señorita Swan no le molesta compartir un viaje conmigo, claro.

—No, no le molesta en lo absoluto —Angela responde en mi lugar.

—Siendo honesto, me sentiría más tranquilo si vas con él —mi jefe pone una cara parecida a un niño cuando quiere conseguir algo. —Confió en Christian con mi vida.

—Además, el señor Grey ya conoce Nueva York —Suzanne me mira de la misma manera que el señor Grayson. —Sería más fácil para ti llegar al Times Square.

Siento como si fuera un pobre animal que lo está acarreando al matadero. ¿Por qué carajos de repente todos están de su lado? De Angela lo entiendo, pero, el actuar de mis jefes me tiene perdida.

—Está bien —accedo. —Iré contigo.

—Gracias —luce satisfecho.

Maldición, un vuelo de 5 horas al lado de éste hombre, ¿Cómo esperan que lo sobreviva? Ya quedó claro que mi voluntad se vuelve de cristal cuando estoy a su lado.

—¿Les molesta si los invito a un almuerzo casi comida? —Grey propone mirando el reloj en su muñeca. —Me muero de hambre, pero me gustaría continuar con la conversación.

—Que amable de tu parte, Christian —dice mi amado jefe. —Pero tengo una reunión en 20 minutos.

—Yo no tengo hambre —Angela niega cortésmente. —Pero gracias por la invitación.

—Gracias, señor Grey —Suzanne suspira. —Yo también debo ir a la reunión. Pero, ¿Por qué no se lleva a Isabella? Ella sí debe tener hambre, no desayunó.

Frunzo mi rostro. —¿Cómo sabes eso?

—Porque Angela, Karina y yo nos juntamos para el desayuno, —Suzanne me reprende. —Esperábamos que Julie y tú se nos unieran, pero no sucedió.

—Estaba ocupada —murmuro. —Pero no tengo hambre.

—Pero vas a comer —sentencia el señor Grayson, me mira muy serio, su voz me dice que no debo revelarme contra sus palabras. —Llevas toda la semana alimentándote con bebidas energéticas, cafeína y una mezcla de medicamentos para nada legales.

—No te preocupes, Leonard, yo me encargo de Isabella.

Casi me atraganto. Este hombre será mi perdición, lo juro.

—Gracias Christian —le sonríe el jefe.

—Iré a la oficina para decirle a Julie que volveré en un par de horas —aviso, me pongo de pie con la intención de salir de este lugar.

—Ve por tus cosas y dile a Julie que no volverás el día de hoy.

—¿Por qué? —le pregunto a mi jefe. —¡Tengo cosas que hacer aquí en la oficina!

—No tienes nada urgente. —mueve su mano, le resta importancia. —¿Sabes qué? Dile que no volverás hasta el lunes.

Lo miro con la boca abierta, sin creer lo que dice. Siento movimiento a un lado de mí, una cálida mano se posa en mi espalda baja, me empuja levemente. Mi cuerpo reacciona, sé quién me está tocando.

—¿Nos vamos? —pregunta muy cerca de mi oído. Su aliento hace mi cuerpo temblar.

—Aun debo ir por mis cosas —hablo con la garganta seca.

—Te acompaño.

Empuja mi espalda, hace que mis piernas se muevan en dirección a la salida.

Angela sonríe maquiavélicamente, Suzanne levanta las cejas un par de veces, el Sr. Grayson se gira con los tres folders en las manos.

—Sé lo terca que eres —me los entrega mientras habla. —Si se te ocurre poner un pie en tu oficina antes de tu horario de entrada del lunes… considérate despedida.

Suelto un sonoro suspiro. —Bien, no me verá hasta el lunes, jefe —me giro indignada. —Si es que vuelvo.

Salgo por la puerta de cristal, una risa profunda y pisadas menos ruidosas que las mías, me acompañan. El resto de la sala de reuniones estalla en risas. Mis jefes y mi amiga confabularon en mi contra y me vetaron de la oficina.

Supongo que el lunes les agradeceré. Mi cuerpo necesita descansar.

Veo su silueta pasar junto a mí, llega primero al ascensor, presiona el botón mientras me observa llegar a él.

—No tienes que almorzar conmigo si no quieres hacerlo —me dice. —Puedes decirle a Julie que te acompañe, pero, sé que todos estaríamos más tranquilos cuando comas algo.

Lo analizo. ¿Pasar tiempo a solas con él? Por supuesto que quiero hacerlo y sé nota que él también.

—Quiero hacerlo —respondo. —Quiero almorzar contigo.

Las puertas del ascensor se abren, me deja entrar primero, se coloca a mi lado. El ascensor se mueve con nosotros dentro.

—¿Segura? —su mano tira de mi brazo, gira mi cuerpo, hace que choque contra él. Mis manos se van a la altura de su pecho, trato de evitar el golpe de nuestros cuerpos. Se tensa, pero luego toma una respiración y se relaja. Coloca amabas manos en mi espalda baja, me empuja aún más contra él.

Maldición. Me siento cohibida por lo imponente que es.

—¿Segura que quieres estar conmigo?

El tono serio en su voz llamó mi atención, permito que mis ojos lo vean para evaluarlo. Sus facciones están apretadas con fuerza, sus manos en mi cuerpo están tensas, sus ojos grises están esperando mi reacción.

—No te tengo miedo —levanto mi rostro hacia él.

—No me conoces, no soy un hombre común —advierte. —Tengo mucha mierda con la cual lidiar, tengo más cosas malas que buenas.

¿Está tratando de asustarme? ¿De verdad cree que eso con eso voy a salir huyendo? No me conoce. No sabe que ya puse mi atención en él y resulta que soy tan obstinada que no voy a detenerme hasta conseguirlo.

—Tú tampoco me conoces —lo desafío. —No te tengo miedo.

—¿Qué quieres de mí? —pregunta conmocionado. —Sabes que me dejaron hace poco —sacude la cabeza. —No sé si estoy listo para volver a fingir ser alguien que no soy.

—No quiero que finjas —digo segura. —Quiero conocer al verdadero Christian Grey.

Cierra los ojos unos segundos. Nuevamente me deja ver su lado débil y perdido, me permite conocer eso que lo hace vulnerable.

—Soy un monstruo, Isabella.

Abre los ojos para mirarme. Sonrío, mis labios se estiran todo lo que mis mejillas les permiten. Mi reacción lo confunde.

—Necesitas más que eso, para asustarme, Grey —me jacto. —Quizás seas un monstruo, pero, apuesto mi vida, a que no eres el peor que he conocido.

Va a rebelarse contra mis respuestas, pero, para suerte mía, el ascensor se abre. Me suelto de su cuerpo, salgo con pasos seguros. Hay personas frente a mí, esperando el ascensor, hay personas saliendo de las oficinas que están a ambos lados del elevador, hay empleados que están solo de pie, perdiendo el tiempo. Todos ellos, posan sus ojos sobre mí.

—¿Vienes? —extiendo mi mano al interior. Los curiosos, parecen sorprendidos por mi actuar. Grey sale de su estupor, avanza dos pasos hacia mí, toma mi mano bajo la atenta mirada de los empleados.

A mis oídos llega un jadeo comunitario. Es inevitable que reaccionen de esa manera, nunca me han visto comportarme de esa manera, nunca me han visto llegar con una persona ajena a esta empresa, nunca me han visto tomar la mano de alguien.

Seguimos caminando aun tomados de la mano.

—¿Es la señorita Swan? —alguien pregunta a lo lejos.

—¿Quién es él? —otra pregunta se escucha.

—¿Ese es Christian Grey? —jadean. —

—Es tan guapo —suspiran unas voces.

—¿Qué hace él aquí? —los susurros comienzan después de esa pregunta. —¿Están saliendo?

—Se ven bien juntos —alguien suspira. —Parecen sacados de una película de Hollywood.

Por algún motivo, mi ego se dispara hasta el cielo. Parece que el tiempo se ha congelado a nuestro alrededor, nadie se mueve. Llegamos hasta mi escritorio, él se aleja unos pasos con la excusa de una llamda.

—Julie —la llamo. Ella levanta su mirada de la computadora. —¿Hay algo urgente que hacer?

—Pues, yo tengo que terminar mi jugada de solitario —señala la computadora. —Tú… no realmente.

—Bien, me iré a casa —le aviso. —Nos veremos el lunes.

—¿No vendrás mañana?

—Iré a entregarle los documentos a Lucas.

Julie asiente sin decir ni una palabra más. Voy a mi lugar, tomo mi bolso, y el blazer del conjunto que uso el día de hoy.

—Por cierto, Mr. Grayson me ha dicho que si pongo un pie en esta oficina antes del lunes, me despedirá —digo divertida. Ella suelta una carcajada. —Te recomiendo que hagas lo mismo.

Salta sorprendida.

—Hemos trabajado mucho esta semana, ve a descansar —ordeno. —Llamaré más tarde, si respondes el maldito teléfono, te despediré.

Ella hace su clásico saludo militar. —Sí señora.

Me despido de ella. Camino de nuevo hasta donde está Grey, tiene su teléfono en el oído, su voz es dura, como si estuviera dando órdenes por una llamada.

—Encárgate de todo —cuelga cuando me ve cerca.

—¿Lista para salir de aquí? —pregunta, extiende su mano frente a mí, sus ojos me gritan que la tome.

—Vamos.


Associate Publisher: (Editor asociado) Es un especialista con probados vínculos académicos que garanticen dirigir un número temático de la revista. Comparte con el director la responsabilidad sobre la calidad científica y académica del número que edita.


Honestamente, no sé que tan bien está tratado todo el asunto del problema con el periódico. No se nada sobre esos temas, traté de investigar un poco en Internet, pero, aun así, el tema con Estados Unidos y sus leyes, es confuso. En fin, si alguien sabe de eso, le agradecería la orientación, pero por lo pronto se quedará de esa manera para que evolucione la historia.


¡Hola! ¿Qué tal están? ¿Qué les pareció? ¡Por fin se encontraron! y se irán de viaje juntitos. Wiii.

Nos leemos en el siguiente.