Notas importantes de la autora:
Aviso: esta historia también está en AO3 y en Wattpad. La pueden encontrar con el mismo título y todas las plataformas están al día con este último capítulo. Mi user en AO3 es Chemicalfairy y en Wattpad tengo el mismo usuario MiraiMoonlight.
Episodio 15
Usagi sintió como su cuerpo poco a poco volvía en sí. Movió sus dedos lentamente a pesar de que aún no era capaz de abrir los ojos o de escuchar con claridad las voces que rebotaban en el fondo.
¿Voces? Usagi hizo un esfuerzo para recuperar su cuerpo físico. Al abrir los ojos de golpe lo primero que enfocó fue el rostro de Mamoru, observándola con preocupación.
—¡¿Ma-Mamoru?! — no pudo evitar sonar alarmada, rápidamente intentó reincorporarse pero aún no sentía que la fuerza volviese por completo a sus brazos—. ¿Qué sucedió?
—Usako, ¿Estás bien? Con cuidado —el pelinegro la ayudó a erguirse un poco para poder quedar sentada recargada sobre una de las paredes de la base secreta de las Sailors—, no hagas demasiado esfuerzo, estás muy débil aún.
Usagi rápidamente recordó lo que había estado haciendo antes de su desmayo al caer en cuenta de en dónde se encontraba. Con ansiedad buscó a Seiya con la mirada y entonces lo encontró, al otro extremo de la base, siendo cuestionado por Plut, Saturn, Mars y Mercury.
—¿Qu-Qué esta pasando? —trató de subir el volumen de su voz para que los demás pudiesen darse cuenta que había vuelto en sí—. ¿Seiya?
—¡Usagi! —el cantante prácticamente empujó la figura de Mars fuera de su camino para poder trotar hacia ella. Ignoró la presencia de Mamoru mientras se agachaba a su altura para poder abrazarla—. ¡Casi me matas del susto!
Pronto las demás chicas también se acercaron a ellos. Plut y Saturn tenían un semblante de confusión, Mercury de incomodidad y Mars miraba la escena con ojos de pocos amigos. Mamoru también los observaba, analítico más que otra cosa.
—Tranquilo, estoy bien —le dijo específicamente a Seiya y luego volvió a alzar la voz, dirigiéndose a todos los presentes—: Estoy bien.
—Sentimos la explosión de energía del Cristal de Plata y venimos en cuanto pudimos —empezó a explicar Plut.
Saturn continuó:
—Cuando llegamos encontramos a Seiya sosteniendo tu cuerpo inconsciente.
—¡Nos preocupaste muchísimo a todos! —Mars interrumpió las explicaciones que encontraba innecesarias para finalmente reclamar—. ¿Se puede saber qué estaban haciendo aquí?
Usagi ignoró la pregunta de la guerrera de fuego para enfocarse en ver los mensajes que se estaban proyectando en la gran pantalla de la base y que les avisaban que habían perdido la conexión. Estaba confundida, pues lo último que recordaba había sido lanzar un último pulso de energía, el más fuerte que había podido; incluso había sentido la marca lunar en su frente.
Sin embargo había sido insuficiente. No pudo evitar sentirse terriblemente decepcionada, su rostro reflejando un semblante de impotencia pura.
—Estábamos intentando comunicarnos con Kinmoku —confesó con un tono de voz neutro, apagado, cansado—. Necesitamos asegurarnos que Healer y Maker se encuentran bien.
—¿Por qué no lo estarían? —Mamoru inquirió directamente hacia Seiya, quien igualmente no podía esconder su expresión de amargura debido a la situación—. ¿Qué está pasando en Kinmoku?
—Mamoru...
—No, Usako. Él vino a la Tierra por una razón y tú misma me dijiste que no había problemas por los cuales preocuparnos. Perdóname si ahora necesito una explicación por la cual tuviste que usar el Cristal de Plata al punto del exhausto.
Seiya, que no había dejado el flanco de Usagi, suspiró derrotado. No había querido preocupar a nadie con las razones de su retorno y más bien había decidido que dejar ir aquella vida era la acción más prudente y práctica.
Lo último que había querido era causarle problemas a Usagi.
—Recibimos una señal de radio hace unos días, todos ustedes la escucharon, que contenía la voz de Healer. Solo es una precaución.
—¿Una precaución?
—Está bien Usa, tal vez es mejor decirles —Seiya abandonó su lado al ponerse de pie y enfrentar a aquella comitiva—. En resumen: vine de vuelta a la Tierra porque fui exiliado de Kinmoku. Después del fallecimiento de la princesa Kakyuu un grupo de personas tomaron las riendas de la corona y, bueno, digamos que tuvimos diferencias. No se que esta pasando pero sí sé que aquella señal era para mí y que necesito comunicarme lo más pronto posible. Si Healer me está buscando debe ser porque sucedió algo grave; Usagi solo estaba intentando ayudarme.
La mencionada intentó también ponerse de pie y a pesar de que por unos momentos se tambaleó, causando que tanto como Mamoru y Seiya intentaran sostenerla, logró mantener el equilibrio para poder caminar hacia la computadora de la base.
—Logramos encontrar a Kinmoku en el radar y estábamos intentando lanzar una transmisión de nuestra parte pero no funcionó.
La mirada de Usagi se posicionó principalmente en Mercury, invitándole a unirse a ella en la consola. La peliazul atendió el llamado silencioso y se acercó a verificar lo que Usagi y Seiya habían estado trabajando durante algunas semanas.
—Debiste avisarnos que ibas a intentar algo así, Usagi —volvió a regañar Mars, aunque con menos ímpetu—. Es nuestro deber estar al pendiente de ti.
Seiya no pudo evitar notar un tono de molestia en aquel comentario que la guerrera de fuego había lanzado, igualmente había notado un semblante un tanto reservado hacia él de parte de Mercury, que ya había sido absorbida por su curiosidad y ahora trabajaba en el computador. Intentó analizar a las dos Outers que se encontraban demasiado silenciosas, pero de su parte no pudo notar algo extraño.
El que también se encontraba demasiado estoico para ser verdad era Mamoru. El príncipe de la Tierra había adoptado una postura analítica, con los brazos cruzados sobre su pecho y con su cuerpo recargado sobre la pared y, aunque no había reaccionado a ninguna parte de la historia que Seiya y Usagi habían compartido, el cantante notó como su mirada fluctuaba constantemente entre la rubia y él.
—Vaya, han sido muy inteligentes en haber utilizado este sistema —elogió Mercury, interrumpiendo los pensamientos de todos en aquella base—. Tal vez si aumentamos los puntos de rebote podamos reducir la cantidad de energía necesaria o tal vez si usamos otro tipo de transmi-
Las hipótesis de Mercury fueron interrumpidas cuando la pantalla de pronto se cubrió de una gran cantidad de ruido estático. Inconscientemente Mamoru tomó a Usagi de una de sus manos para jalarla hacia él, al mismo tiempo que el resto de las Sailors se colocaban en una posición defensiva.
Los puntos blanquecinos que rebotaban en la pantalla fueron adoptando poco a poco lo que parecía ser el contorno de una persona, sin embargo la imagen no era clara aún. Lo que sí fue perfectamente perceptible fue la voz cuando aquella figura comenzó a hablar.
"¿Y cómo estamos seguros que esta cosa está transmitiendo?"
"No lo estamos" otra voz sonó al fondo. "Solo inténtalo."
"De acuerdo..." la figura pareció suspirar resignada antes de aclarar su garganta. "uhm ¿cómo era? Ah... Search for you love sora no suishou... Search for your love nakainaidekure... Search for your love hontou wa dakishimetai no saaaa"
—¿Qué demonios está haciendo? —Seiya se acercó a la consola mientras escuchaba incrédulo a Healer cantar la vieja canción de los Three Lights.
—Es Healer de nuevo, ¿cierto? —preguntó Usagi después de abandonar el flanco de Mamoru y acercándose de nueva cuenta al idol. Seiya estaba demasiado atónito para responderle, entonces la rubia se giró a Mercury—. ¿Puedes intentar establecer contacto?
La peliazul asintió decidida y empezó a teclear en su computadora personal, que ya había sido conectada a la consola principal. Usagi entonces volvió hacia Seiya y apretó su hombro:
—Verás que Ami logrará conectarnos —En respuesta Seiya puso su mano encima de la de Usagi y apretó con fuerza.
Healer seguía cantando aquella canción que todas las scouts, especialmente Usagi, conocían muy bien. Sin embargo su tono de voz se notaba nervioso, un poco avergonzado pero sobre todo ansioso. La figura escondida en la estática parecía estar siempre volteando hacia los lados y hacía atrás, como si estuviera cuidándose las espaldas.
—Creo... que ya estoy anclada a su señal.
El grupo que estaba en la base se acercó rápidamente hacia Ami, quien realizó la primera prueba de voz a través de su intercomunicador.
—¿Sailor Star Healer?
No podían estar seguros si había funcionado pues Healer había seguido cantando después de que Mercury había contestado, sin embargo ella les había pedido paciencia, después de todo Kinmoku estaba en otra región de la galaxia y era normal encontrarse con algún tipo de retraso en la señal.
Todo el grupo lanzó un jadeo de sorpresa cuando notaron cómo de pronto Healer había dejado de cantar.
"...¿funcionó? ¿Hay alguien ahí?"
Seiya prácticamente se abalanzó sobre Ami para poder usar su micrófono.
—¡Healer! Soy yo, Fighter. ¡¿Se puede saber qué está sucediendo?!
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Seiya apretó los ojos cansados con desesperación. Podía notar un poco de luz escabullirse por el contorno de sus cortinas y aquello le avisaba que el sol ya había salido. Refunfuñó, tratándose de envolver nuevamente en las sábanas y dándole la espalda a la ventana de su habitación.
Realmente detestaba que siempre que estaba expuesto a situaciones de estrés, su cuerpo respondiera con insomnio; no había castigo peor porque además de sentir su cuerpo destruido, el mantenerse despierto le obligaba a seguir pensando obsesivamente. En su cabeza revoloteaban los mensajes clave de Healer, con quién habían logrado hablar por primera vez un par de noches atrás:
"Fui emboscada, estoy herida."
"Me encuentro escondida con un grupo de rebeldes"
"No sé nada del paradero de Maker."
"Ya hay enfrentamientos con las tropas. Esto rápidamente se puede volver un baño de sangre."
"...por favor, vuelve."
Seiya le había prometido que encontraría la manera de regresar y le había asegurado que irían juntas a buscar a Maker.
Estaba demasiado preocupado por sus hermanas: pensar en Healer escondida, herida y asustada le rompía el corazón y ni siquiera quería imaginarse lo que había podido haber pasado con Maker. Entendía ahora ese mal presentimiento que se había instalado en su pecho desde aquella primera llamada de auxilio, a pesar de estar a años luz de distancia, el vínculo que las tres compartían era inquebrantable.
Pero no solo le preocupaba el bienestar de Healer y Maker. Seiya había omitido decirle a sus hermanas y a Usagi que conocía perfectamente los planes de las células rebeldes, después de todo el mismo les había asesorado al respecto. Se sintió terriblemente culpable pues todo aquello lo veía como una posibilidad lejana; tal vez, se preguntó, había caído cautivo de sus emociones también: el desagrado que tenía por el consejo había sido tal que no había dudado en aliarse con los rebeldes secretamente y ahora había personas heridas y muertas por una guerra que él mismo había ayudado a avivar y que ya había alcanzado también a sus hermanas.
Tendría que quedarse en Kinmoku pues ahora, más que nunca, estaba convencido que tenía que poner todo de su parte para que su planeta volviera a conocer la paz. Aquello último era un sentimiento agridulce pues aunque era su llamado, su razón de ser como guerrera, le dolía tener que dejar la Tierra nuevamente, dejar a Usagi, dejar su carrera, dejar la vida que en pocos meses había construido y que encontraba realmente satisfactoria, para regresar a dónde solo le esperaban problemas.
Aquel sentimiento tenía un tinte de deja vú muy irónico. Seiya volvió a refunfuñar, lanzando un gruñido frustrado contra su almohada.
Seguía envuelto en las sábanas hecho una masa de amargura cuando escuchó el pitido característico de la puerta principal. Supuso que se trataba de Usagi, pues era la única que tenía el código de acceso, pero se encontraba demasiado deprimido y cansado como para ponerse de pie e ir a averiguar.
Esperó algunos segundos a qué la rubia encontrara su camino a la habitación pero cuando escuchó sonidos de sartenes cayéndose en la cocina, finalmente sacó su cabeza de entre las sábanas. Después de levantarse y ponerse rápidamente un par de jeans, se recargó en el marco de la puerta de su habitación para observar como Usagi intentaba colocar las cosas que había tirado de vuelta en su lugar.
—¿Qué haces?
Usagi saltó asustada, lo cual le hizo golpearse la cabeza con otra olla que yacía colgada sobre la estufa. Se volteó hacia Seiya con un gesto de dolor.
—¡Me espantaste! Ay
Seiya le sonrió divertido y decidió acercarse a ella para ayudarle a sobar su coronilla.
—Qué rápido se te forman los chichones —bromeó, aunque con un tono de voz sombrío.
Terminando de acariciar el punto de dolor de Usagi, remató con un beso sobre la frente de la rubia.
Iba a ser demasiado difícil decirle adiós nuevamente. Sin pudor alguno, ya que no tenía puesta la camisa del pijama, la abrazó fuertemente hacia él.
—Supuse que no estarías de ánimos para nada —empezó a explicar Usagi, su voz chocando contra el pecho desnudo del cantante, sus dedos nerviosos y al mismo tiempo ávidos de tocar la piel de Seiya—, así que vine a hacerte el desayuno. ¿Qué se te antoja?
—Ehm... la verdad no tengo hambre.
—Tienes que comer, hoy es más importante que nunca.
Seiya separó un poco la figura delgada de Usagi de su cuerpo para poder verla a los ojos. Era cierto, hoy más que nunca debía tener la fortaleza necesaria para llevar a cabo lo que tenía que hacer.
Usagi había comentado la situación con el resto de sus senshis y habían decidido usar una de sus técnicas de teletransportación para intentar mandar a Seiya de vuelta a Kinmoku. A pesar de que jamás habían usado dicha técnica para viajes intergalácticos, Ami había dicho que tenían una remota posibilidad de lograrlo, sobre todo ahora que tenían las coordenadas correctas de Kinmoku.
Así que aquella noche habían acordado reunirse todos en el templo Hikawa para llevar a cabo la prueba.
Seiya se había quedado absorto mirando a Usagi, quien también le sostenía la mirada callada intentando colocar una sonrisa a medias en su rostro. Ella igualmente no se encontraba con los mejores ánimos pero había decidido dejar su amargura para después pues quería enfocarse en brindarle todo su apoyo y entusiasmo al idol.
—Pídeme que me quede... —de pronto susurró Seiya, descolocando a Usagi por completo—. Pídemelo y lo haré.
—Seiya...
—Se que nunca tuvimos oportunidad de hablar de lo que esto podría llegar a ser —Estiró su mano para acariciar los pómulos de Usagi—. Pero estas semanas para mi han sido lo mejor de mi vida, quería decírtelo, y que si tú me lo pidieras me quedaría contigo para siempre.
—No digas eso —contestó bajando la cabeza—. Healer y Maker cuentan contigo.
—Lo sé pero...
Seiya tuvo que morderse la lengua. Confesar explícitamente sus sentimientos a Usagi no ayudaría en nada, estaba seguro, pero de alguna manera quería saber en donde estaba parada ella.
¿Había logrado sentir algo más que atracción por él?
No quería volverse a ir con aquella duda.
—Volverás y entonces podremos tener esa conversación pendiente —afirmó Usagi como si aquello fuese un hecho que estuviese fuera de cualquier discusión—. Yo también quiero que sepas algo: no me arrepiento de nada de lo que ha sucedido entre nosotros estas últimas semanas. Al contrario, me ha ayudado a reflexionar sobre mi vida y hacia dónde quiero dirigirla. Eso mismo pasó la primera vez que estuviste aquí y cuando te fuiste no tuve las agallas de aceptar que era una persona diferente. Eso me hizo lastimar a otros y a mi misma, pero esta vez si las tendré, te lo prometo.
Seiya no estaba seguro de cómo interpretar aquello pero se había dibujado una sonrisa en su cansado rostro al haber escuchado de voz de Usagi la manera en que él le había cambiado la vida. Esperaba de todo corazón que la rubia pudiese encontrar aquello que tanto anhelaba y que pudiese hacer las paces consigo misma.
—Te quiero —y aún si Usagi no pudiera corresponderle aquello todavía, no volvería a quedarse callado otra vez. Le susurró aquellas palabras antes de tomarla por los hombros y jalarla hacia él para que sus bocas chocasen en un beso lleno de urgencia y añoranza.
Al diablo el desayuno, la comida o la cena. La besaría por todo el tiempo que tuviesen disponible antes de partir; la dirigió con pasos torpes hacia la sala, en ningún momento separando sus labios, para que pudiesen dejarse caer en el mullido sofá de la sala del idol.
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Usagi caminaba hacia el templo Hikawa aun reviviendo los momentos que había terminado de experimentar en el piso de Seiya. No podía creerse que aquella noche tendría que volver a despedirlo y vivir nuevamente la incertidumbre de no saber si lo volvería a ver.
Reflexionó sobre lo que le había dicho a Seiya: después de aquella primera despedida no había sido capaz de aceptar los cambios que habían sucedido en ella, principalmente en cómo sus sentimientos por él y por el destino habían cambiado. Sabía que, aunque le había dicho que sería más valiente esta vez, estaba faltando ya a su promesa.
No había podido ser capaz de decirle que ella también le quería.
Igualmente que no había podido responderle a Seiya en aquella azotea, cuando él le había dicho que jamás la olvidaría. Había decidido tomar el fácil camino de hacerse la boba en lugar de decirle, frente a frente, que ella jamás le olvidaría tampoco, que lo llevaría atado a su alma por el resto de su vida.
¿Por qué era tan difícil ser honesta? Se preguntó desesperada.
Una parte de la respuesta apareció frente a ella, como si fuese una broma cruel del destino. Quiso escapar, darle la vuelta a la manzana para esperar a que se fuera, pero tenía que dejar de posponer lo inevitable.
Tal vez la honestidad que tanto buscaba debía de iniciar en aquel momento.
—¡Mamoru! —le llamó a la distancia para que aquella figura detuviese su paso. Al verlo voltear hacia atrás, a donde estaba ella, rápidamente acortó la distancia entre ellos—. Gracias por esperarme. Llegas temprano.
—Supuse que tú también lo harías. Necesitamos hablar, ¿no lo crees?
La ex pareja decidió recorrer juntos el resto del camino que quedaba hacia el templo. Aquel camino era una calzada que alcanzaba la entrada trasera de la residencia Hino, donde normalmente quedaban las senshis en reunirse, y que estaba delineada por árboles de cerezos. Siendo aún invierno los árboles se mostraban desnudos, lo cuál le brindaba un aura de desolación al lugar, aunque sin dejar de ser hermoso.
Poco a poco Mamoru fue alentando más y más el paso, hasta casi detenerse.
—Aunque él se vaya a casa, las cosas no pueden volver a lo que eran antes ¿o me equivoco? —Mamoru había decidido que no valía la pena endulzar aquella conversación—. ¿Qué has pensado al respecto de nuestra situación, Usako?
—Qué tienes razón, no podemos volver a lo mismo —Ese era un hecho del que no podían escapar, Usagi sabía que no podían volverse a dejar llevar por la necesidad de sentir algún tipo de normalidad—. Aquella tarde me pediste dos cosas: definir lo que quería para mi futuro y a quien de los dos prefería, si a ti o a Seiya. Del primer punto no puedo decírtelo aún con seguridad, aún me siento demasiado impotente para sentir que tengo algún tipo de control sobre ello, pero de lo segundo...
—Le has elegido a él.
—No como tal... es solo que me di cuenta que esa elección es imposible de hacer. No cuando dentro de mí vive Serenity y dentro de tí Endymion. Yo jamás podría elegir no amarte, eso es pedirme demasiado.
Mamoru tragó saliva con dificultad, a pesar de que Usagi acababa de confesar la incapacidad de dejarle ir, estaba convencido que la balanza no se movería a su favor. Lo había notado con creces aquella noche en la antigua base de las sailor senshis: la manera en que Usagi miraba a Seiya y viceversa había sido demasiado transparente. Era adoración, era dolor al sentir inevitable que volviesen a partir sus caminos, era correspondencia. A donde Seiya se movía, automáticamente Usagi lo hacía también, y la manera en que se tocaban... ni siquiera podía empezar a describir lo que aquello le había hecho sentir.
Pero, después de un par de días para procesarlo, se había sentido listo para recibir las respuestas de Usagi, fuesen las que fuesen; aunque aquello último que había dicho lo había dejado un tanto confundido.
—Endymion y Serenity están atados por la eternidad —siguió explicando Usagi—. Y no me lo tomes a mal, no es algo que me moleste. Es solo que entendí que si deseo realmente descubrir lo que espero de mi futuro, debo dejar de vivir en función de ser la princesa y ser solo yo, Usagi Tsukino. Y para hacer eso necesito alejarme de ti.
—Usako...
Aquella respuesta estaba removiendo todo tipo de sentimientos en él. Estaba genuinamente sorprendido por el nivel de introspección que la rubia había alcanzado, haciéndose preguntas que él hacía mucho había decidido encerrar en una cajita de su mente. Ser Endymion, más que un ente aparte en su cabeza, se sentía más bien como una meta a la cual tenía que llegar, costase lo que le costase.
Lo cual significaba que, a su manera, también había vivido en función de llegar a ser el príncipe que fue milenios atrás.
No se había dado cuenta que había dejado caer un par de lágrimas hasta que sintió las manos de Usagi sobre sus mejillas, buscando limpiar los trazos húmedos de sus pómulos. Él la miró anonadado y en silencio, cómo si estuviera tratando de memorizar su rostro y encontrar sentido a lo que las palabras de Usagi le habían hecho descubrir.
—Mamoru, yo... no puedo poner en palabras lo agradecida que estoy por todo lo que hemos vivido juntos. Ha sido lo más importante de mi vida y en ningún momento podré arrepentirme de ello.
Ambos rieron tímidamente, cada quien recordando a su manera diversos momentos de su relación, y Mamoru entonces decidió envolver a Usagi en un fuerte abrazo. Besó sus cabellos y sostuvo su cuerpo con fuerza contra el suyo propio. Debatió internamente si alguna vez sería capaz de dejarla ir, un impulso de posesión tratando de tomar control de lo poco que quedaba de su cabeza fría.
Le había prometido a Usagi, aquel día, que él entendería cualquier decisión que ella tomase pero estaba siendo demasiado difícil. Sentía que si alguna vez dejaba de estrecharla su corazón abandonaría su pecho para irse junto con el de ella.
Usagi tampoco lograba ser capaz de soltar la figura de Mamoru. Le había rodeado la cintura también y, con fuerza, restregaba su rostro en el pecho del hombre. Aquella acción le hacía aspirar su colonia como si fuese una droga, queriendo memorizar aquel aroma intoxicante, y también le ayudaba a secar sus propias lágrimas en la camisa de él. En el momento en que había empezado a agradecerle su llanto había comenzado también y sentía que no podría ser capaz de detenerse.
Ninguno de los dos supo cuántos minutos pasaron juntos abrazados, llorando el uno sobre el otro, acariciándose con abandono. En cierto momento las manos de ambos se sostuvieron de los hombros del otro y, aquella pose, les recordó uno de sus besos más emblemáticos.
Separaron solo sus rostros un poco para poder verse nuevamente a los ojos y entonces simplemente se dejaron llevar. Compartieron un beso como el que hace mucho no se regalaban: pasional, intenso y lleno de recuerdos y añoranzas sobre todo lo que pudo haber sido y que conocían perfectamente.
Serenity y Endymion o Usagi y Mamoru. No importaba realmente quiénes eran en ese momento.
Sobre todo porque Mamoru estaba seguro, aún si Usagi no lo sabía aún ella misma, que no volvería a verla en mucho tiempo.
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El resto de las chicas fueron llegando poco a poco, todas sintiendo la atmósfera cargada de sentimiento que reinaba en aquella pequeña sección techada del templo. Rei estaba dejando una bandeja con algunas galletas en el centro de la mesa mientras que Makoto le ayudaba a servir algunas tazas de té. Ahora establecidos en diferentes extremos de aquel lugar, Mamoru y Usagi decidían posar la mirada en cualquier lugar excepto en el otro. Ami le lanzó una expresión de preocupación a Minako, quien solo levantó los hombros.
¿Qué podían hacer?
—¿Y dónde se encuentra el protagonista de esta noche? —preguntó Haruka mientras tomaba asiento, cruzando las piernas.
—Está terminando de arreglar unas cosas con su manager, no tarda —Usagi contestó. Haruka dejó por un momento su semblante duro por uno de preocupación, la voz de su princesa sonaba tan apagada.
—He puesto al tanto a Haruka y Michiru de lo acontecido aquella noche en la base —le comentó Setsuna a la rubia mientras esta le recibía una taza de té que la guardiana del tiempo le había llevado hasta donde estaba.
—Te lo agradezco Setsuna —luego se dirigió al resto del grupo—: De verdad, a todas, les agradezco tomarse el tiempo de hacer esto por Seiya. Se que hace tanto tiempo que no nos hemos visto en la necesidad de usar nuestros poderes y que esto puede ser un sacrificio para algunas de ustedes.
Mamoru decidió dedicarle su atención al té que yacía en sus manos al escuchar las palabras de Usagi.
—Estamos felices de ayudar, Usagi —contestó Makoto, tratando de infundir un poco de entusiasmo a la apagada reunión—. Verás que lo lograremos. ¿Cierto, Ami?
—Oh, sí. Tengo una buena espina, chicas.
—¿Cómo sabremos que tuvimos éxito y que Kou no acabó en algún asteroide perdido? —nuevamente preguntó Haruka.
Ami les mostró el intercomunicador que había construido para Seiya, un modelo de pulsera muy similar al que ellas mismas tenían.
—He conectado la frecuencia de este aparato a los nuestros, tal vez la conexión no sea muy clara pero creo que será suficiente para asegurarnos de que Seiya llegó correctamente a Kinmoku.
—Wow Ami, ¿Hiciste esto en un par de noches? Nunca dejas de sorprenderme —felicitó Hotaru a la peliazul, que respondió un tanto sonrojada, como si no estuviese acostumbrada aún a recibir elogios por su trabajo.
—De hecho, use la idea inicial de Usagi y Seiya: pulsos de energía basados en puntos de rebote. Cuando la transmisión empieza a debilitarse, simplemente la hacemos pasar a través de resonadores naturales, que volverán a amplificar la señal y así varias veces, hasta que llegue al punto final.
Todo el grupo de senshis, y Mamoru, voltearon a ver a la rubia con genuino shock en su rostro.
—¿Qué? —se sintió incómoda al tener todas las miradas encima de ella—. Lo vi en una película.
—Siempre subestimándote a ti misma, Odango.
Ahora todos los rostros se voltearon hacia el recién llegado Seiya Kou, quien caminaba directo hacia Usagi pero se detuvo a mitad del camino, recordando que estaban en compañía de todos. Eso, inadvertidamente, lo dejó justo en medio de aquella comitiva.
Supuso que era mejor terminar con ello lo más pronto posible.
—Estoy listo —mencionó mientras escondía sus manos dentro de sus bolsillos.
Ami se acercó a él mientras el resto de las senshis se acomodaban en su lugar, formando un círculo a su alrededor. Le colocó en su muñeca el intercomunicador del que había estado hablando un poco antes de su llegada y le dio unas rápidas indicaciones de como usarlo. El cantante asentía a lo que Ami le comentaba, aunque su mirada seguía posada en la figura de Usagi.
—Muy bien, empecemos con esto.
Rei fue la primera que llamó su transformación, seguida de Haruka y el resto de las Outers. Rápidamente Venus, Jupiter y Mercury se unieron al resto de las guardianas. Por último, Tuxedo Mask hizo aparición, vistiendo su atuendo con la rapidez de un parpadeo.
De nuevo todas las miradas se posaron en Usagi, quien no había activado aún su broche de transformación y lo miraba estática en la palma de su mano.
Estaba nerviosa de siquiera gritar aquellas palabras que le habían fallando desde hace años. Nuevamente subió su mirada y encontró la de Seiya.
—Recuerda lo que hemos practicado —le dijo con voz calmada—. Sé que puedes hacerlo. Respira, concéntrate y deja fluir su poder dentro de ti, no hacía afuera.
Antes de intentarlo colocó su broche sobre su pecho y lanzó al aire una rápida plegaria. Por favor, por favor, ayúdame a ayudar a Seiya. Nos necesita, no hay otra manera.
Y entonces exclamó aquella oración con su mano estirada hacia el cielo: ¡Eternal Sailor Moon, transformación!
Seiya sonrió idiotizado al tener a la guerrera que conocía muy bien de nuevo frente a él. Las alas prístinas de Eternal Sailor Moon se abrieron poco a poco, dejando ver su fuku blanco con amarillo. Usagi mantenía los ojos cerrados, como si estuviera esperando que en cualquier momento la magia dejara de surtir efecto o que si acaso se movía de pronto, la transformación se desvanecería de su cuerpo.
—Lo lograste, Odango.
Usagi entonces tuvo el valor de abrir los ojos y observar por ella misma que la transformación, finalmente, había surtido efecto. Miró con lágrimas en sus ojos su viejo fuku y acarició sus alas con añoranza.
¿El Cristal de Plata finalmente la había escuchado?
Sonrió agradecida mientras volvía a abrazar su pecho, en donde yacía su broche, y nuevamente emitía un mensaje de gratitud que solo ella misma pudo escuchar.
Al acabar aquello, entonces, se unió al círculo y decidida tomó las manos Mercury y de Jupiter, que estaban a su lado.
—Seiya, necesito que enfoques toda tu atención en Kinmoku. En tu mente recuerda el viaje que normalmente tomas, la sensación al llegar, lo primero que ves y todo lo que pueda ser específico a llegar a Kinmoku —instruyó Mercury—. Los demás, intenten acceder a lo que Seiya nos mostrará.
Usagi sonrió cuando pudo notar en sus fosas nasales el aroma tan distintivo de la princesa Kakyuu. Eran las flores de olivo, recordó que Seiya le había explicado alguna vez, aquella especie endémica de Kinmoku. Sintió también el brillo de la estrella de Healer y de Maker y entonces supo que Seiya estaba usándolas como faro para poder llegar a casa.
Aquello le conmovió demasiado. Observó al resto de las chicas y supo que si alguna vez ellas tuvieran problemas ella también iría al otro lado del universo por ellas. Por todas y todos los que estaban allí...
...incluído Seiya.
Cuando notó que la luz arcoíris empezaba a envolver la figura del cantante, la angustia volvió a hacer presa a su corazón. En su mente, que luchaba por no perder la concentración, se reprodujo aquella primera vez en que se habían dicho adiós y lo tentada que había estado en pedirle que no se fuera.
Tal y como él le había pedido hacerlo por la mañana:
"Pídeme que me quede. Pídemelo y lo haré."
No podía pedirle eso, pero tampoco podía verlo partir de nuevo. No cuando sabía que en Kinmoku le esperaban todo tipo de problemas y que más que nunca necesitaría ayuda. Además, sin la ayuda de su Star Yell, probablemente estaría en un grave peligro.
¿Por qué no había pensado en eso antes?
Seiya le lanzó una última mirada a través de los rayos cósmicos que ya empezaban a levantarlo de la corteza terrestre y entonces, solo siguió su instinto. Sin que nadie pudiese evitarlo, en el momento cumbre de la teletransportación, Usagi entró a aquel túnel de luz.
Gracias por seguir la historia!
