Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 1

Hace Cuatro Meses

Las chicas buenas no se enamoran de estrellas de rock. Simplemente no lo hacen.

—¡Calabacita! ¡CA-LA-BA-CIIII-TA!

—Oh, Dios. —Rio mi hermana, la mencionada calabacita.

Yo solo la miré boquiabierta. Parecía que era lo único que podía hacer hoy. Dios sabe, lo he hecho demasiadas veces desde que llegué al departamento de Hinata, esta mañana. Como yo vivía en el campus, teníamos un desayuno tardío cada domingo en la mañana desde que nos mudamos a Portland hace unos años atrás. Era nuestra cosa de hermanas. Pero en lugar de estar lista para servir tocino y huevos esta mañana, encontré a Hinata dormida encima de un semental tatuado en el sofá. Ambos casi prácticamente vestidos, gracias a Dios.

Pero, guau, qué revelación. Quiero decir, ni siquiera sabía que Hinata salía con alguien. Pensaba que yo arrastrándola a una fiesta ocasional en el campus era toda su vida social.

—Vamos, mujer —dijo Naruto, su nuevo novio—. No podemos llegar tarde a la práctica o Sasuke hará un berrinche. No tienes idea lo dramáticos que pueden ser los guitarristas. Lo juro, la semana pasada tuvo una rabieta porque rompió una cuerda. Empezó a gritar y a tirar mierda a la gente. Realmente.

—Eso no es verdad —amonestó Hinata, sacudiendo la cabeza—. Sasuke es un gran tipo. Deja de tratar de asustar a Matsuri.

—Noo. —Naruto le dio una gran mirada de cachorro, incluso fue tan lejos como para batir las pestañas—. ¿Crees que le mentiría a Matsuri, mi dulce futura cuñada?

Hinata simplemente sacudió la cabeza.

—¿Vamos a ir o no?

—No puedo creer que dudaras de mí, Calabacita.

Seguimos al maniaco baterista rubio a un gran edificio viejo por el río. Era un buen lugar para que una ruidosa banda de rock practicase. Los únicos vecinos eran edificios industriales vacíos durante el fin de semana. El interior no era cálido, pero por al menos nos encontrábamos a salvo del escalofriantemente viento frío de octubre. Metí las manos en los bolsillos de mi abrigo gris de lana, nerviosa, ahora que nos encontrábamos a punto de conocerlos. Mi única interacción con personas ricas y famosas empezó esta mañana, con Naruto. Si el resto de la banda era como él, nunca les seguiría el ritmo.

—Como si alguien pudiera dudar de mí. Eso dolió mucho —dijo él— Discúlpate.

—Lo siento.

Naruto dejó un ruidoso beso en su mejilla.

—Estás perdonada.

Estirando sus dedos y rodando sus muñecas, el hombre saltó hacia el escenario montado a un extremo. Los instrumentos, amplificadores y otros equipos de sonido cubrían el escenario y los alrededores, los encargados del equipo y técnicos de sonido ocupados en acomodar todo eso.

Me encontraba fascinada, con esto, con él, y toda mí maldita mañana. Naruto y Hinata parecían tan a gusto el uno con el otro. Tal vez Hinata y yo fuimos un poco demasiado apresuradas en desestimar el amor y afecto. No funcionó para nuestros padres. Demonios, prácticamente hicieron una burla del compromiso y matrimonio. Naruto y Hinata podrían hacerlo funcionar mejor.

Fascinante.

—Por cierto, se encuentra al borde de la locura —le dije en voz baja—. Es tan maniaco.

—Sí, ¿no es genial? —sonrió.

Asentí, porque alguien que pudiera hacer que su sonrisa brillara así debería serlo. La luz de esperanza en sus ojos, de felicidad, era hermosa. ¿Y el hombre en cuestión? No era otro que Naruto Uzumaki, baterista del famoso grupo de rock mundial, Stage Dive, y sacudió a mi hermana. Mi hermana tranquila, calmada y seguidora de las reglas. Hinata fue vaga sobre los detalles, pero los hechos seguían siendo los mismos. Su nuevo novio me dejó estúpida. Tal vez alguien echó algo en mi café en el campus. Ciertamente, eso explicaría toda esta locura.

—No puedo creer que le dijeras de mi enamoramiento por él cuando era niña. —Hinata, siempre tan delicada, me codeó en el costado.

Gruñí de dolor.

—Gracias por eso —dijo.

—De nada. ¿Para que más están las hermanas?

Caminamos hacia un par de mujeres sentadas en cajas en la parte de atrás de la sala. Era tan genial poder ver el ensayo de la banda. Hinata, en verdad, fue una fan psicópata, cubriendo la pared de su habitación con carteles de Stage Dive. Mayormente de Naruto, haciendo la revelación de hoy más impactante. Pero si alguien merecía algo increíble, alucinante y bueno, era mi hermana. No podría empezar a decir a cuanto renunció para llevarnos tan lejos.

La mujer rubia sonrió mientras nos acercábamos, pero la morena curvilínea seguía jugando con su celular.

—Hola, compañeras groupies de Stage Dive. ¿Cómo han pasado su domingo por la mañana? —preguntó la rubia.

—Bien —dijo Hinata—. ¿Cómo se siente, señora Uchiha?

—Me siento muy, muy casada, gracias por preguntar. ¿Cómo van tú y Naruto?

—Ah, bien. Todo bien. —Annie se les unió, sentándose en una de las cajas—. Esta es mi hermana, Matsuri. Va a la universidad en PSU. Matsuri ella es Saku, la esposa de Sasuke, y TenTen, la… de Neji.

—Asistente. Hola. —TenTen me dio una pequeña sonrisa y un movimiento de barbilla.

—Hola —saludé.

—Encantada de conocerte —dijo Saku—. Hinata, rápido, antes de que comiencen a tocar. Cuéntame tu historia con Naruto. Todavía no he oído como se juntaron, exactamente. Pero Ino mencionó que básicamente invadió tu departamento.

En su apartamento, oí una rara pelea entre ella y Naruto. Algo sobre que tenían ‚un acuerdo‛. Cuando le pregunté, de manera dulce, b{sicamente me dijo que no me entrometiese. Podría creerle que todo iba bien, y tratar de no preocuparme. Aun así, la pregunta y la reacción de Hinata me interesaron enormemente. Siempre tan sutil, me acerqué un poco más.

La parte blanca de los ojos de Hinata brilló.

—Ah, bueno, nos conocimos en tu casa, la otra noche, y nos llevamos bien.

—¿Eso es todo? —preguntó Saku.

—Sí, eso es prácticamente todo. —La sonrisa de Hinata vaciló un poco— ¿Qué es esto, Saku, un interrogatorio?

—Sí, es un interrogatorio. Dame más información, por favor.

—Él es realmente genial, y sí, se mudó conmigo. Pero me encanta tenerlo allí. Es maravilloso, ¿sabes?

Ellas no iban a sacarle nada más que yo. No era una gran sorpresa. Hinata tendía a mantener los labios cerrados, ser una persona privada.

Las chicas siguieron hablando.

En el escenario solo quedaban los miembros de la banda, el resto se retiró del lugar para tocar varios instrumentos. Permanecieron reunidos alrededor de Naruto y su batería, en una conversación profunda. Así que esta debe ser la banda, pantalones vaqueros y camisetas, cabello desaliñado y muchos tatuajes parecían ser su estilo. Uno de ellos era una cabeza más alto que el resto, aunque los demás no eran pequeños. Este hombre debía ser gigante. Y sonará loco, pero había algo en su postura, su solidez. Las montañas nunca parecieron tan fuertes e imponentes. Se encontraba a varios metros de distancia, usando grandes botas y con una mano envuelta en el cuello de su bajo como si pudiera balancearlo como un palo de golf en cualquier momento para someter a algún energúmeno callejero. Sus anchos hombros y la tinta de sus brazos musculosos hicieron que mis dedos picaran por la necesidad de explorarlo. No podría haber sido saludable, pero me encontraba malditamente segura de que mi corazón dio un salto. Cada centímetro de mí vibró con una especie de híper loca tensión sexual, cortesía de su presencia. Nunca antes la simple visión de un hombre me embobó tanto. No podía apartar la mirada.

La banda se desintegró y él dio varios pasos hacia atrás. Alguien contó y ¡bum! La primera profunda, e intensa nota de su bajo me golpeó, agitando mis huesos. No dejó ningún lugar de mí sin afectar, la canción que tocaba era como un hechizo profundo, adueñándose de mí. Mí creencia en el amor, lujuria o lo que sea que fuera este sentimiento se convirtió en algo seguro. La sensación de esta conexión parecía tan real. No tuve muchas certezas en mi vida. Pero él, nosotros, lo que sea que fuera esto, era una. Tenía que serlo.

Finalmente, giró en mí dirección, su mirada en su instrumento, una barba corta ocultaba la mitad de su cara. Me pregunté si estaría dispuesto a afeitarla. Vestía una camiseta roja descolorida y vaqueros azul oscuro, lo que lo hacía el uniforme de la banda. Mientras tocaba se balanceaba adelante y atrás en sus pies, asintiendo o sonriendo de vez en cuando al cantante, guitarrista o baterista, o a quien sea. Y me sentía segura de que todos y cada uno de ellos tocaban como los excelentes especímenes talentosos del rock 'n' roll que eran. Sin embargo, ninguno de ellos importaba, solo él.

Por supuesto, sabía quién era, Gaara Nicholson, el bajista de Stage Dive. Pero su presencia en los videos musicales o en la extensa colección de carteles de Hinata, nunca me afectó como ahora. Estar aquí, verlo en vivo, era una experiencia totalmente diferente. Mi sangre se calentó y mi mente quedó en blanco. Mi cuerpo, sin embargo, era como si se pusiera en alerta roja, sincronizado con cada pequeño movimiento que hacía.

El hombre era mágico. Me hacía sentir. Quizá el amor, el matrimonio y el compromiso no eran del todo alguna estructura social arcaica diseñada para dar a nuestros jóvenes la mejor oportunidad de supervivencia. Quizá había más que eso. No lo sé. Sin embargo, lo que sea que fuera esta emoción, lo deseaba más que a nada.

La música seguía y seguía, y yo permanecía parada, perdida.

Horas después, finalmente pararon de tocar. Los roadies invadieron el escenario, quitándoles a los chicos sus instrumentos, palmeándoles las espaldas y conversando. Cada uno sabía su trabajo a la perfección y era fascinante de ver. Pronto, los cuatro hombres se aproximaron a nosotras, viéndose cuidadosamente desaliñados. El sudor goteaba de sus cabellos cayendo a sus cansados pero sonrientes rostros.

Mi fantasía masculina andante tenía una bebida energética en sus labios, el líquido en la botella desaparecía a gran velocidad mientras la tomaba. En cuanto más se acercaba y en cuanto más veía, mi cuerpo más lo deseaba. La manera en que su camiseta se le adhería, oscureciéndose por la transpiración, me hizo comenzar a jadear. La esencia salada de su sudor emanando de su cuerpo me llevó a las nubes. Sinceramente, me encantaría explorar las otras cosas que disfrutase hacer que involucrara ponerlo sobreexcitado. Infiernos, sí, inscríbanme para eso.

De cerca, podía ver el comienzo de pequeñas líneas oscuras al lado de sus ojos oscuros. Era un poco mayor que yo. No podría tener más de treinta o por ahí, seguramente, y ¿que eran diez años entre almas gemelas? Y sí, sabía que me hallaba un poco sobre-exaltada. Simplemente no podía evitarlo, la manera en que me hacía sentir no era poco. No podía haber moderación.

No le presté atención a la conversación, solo a él. El resto del mundo podría desaparecer para siempre. Sería feliz de estar parada aquí y mirar a Gaara Nicholson por horas. Días. Semanas. Una de esas manos grandes pasó por su cabello corto y juro que mí sexo lloró con gratitud ante la vista. Me encontraba fuera de control. Si se acariciaba la barba, podría desmayarme.

—Muero de hambre —dijo, su voz profunda era una cosa perfecta, maravillosa—¿Encontramos algún lugar donde comer y beber?

—Sí.

Sus ojos oscuros se volvieron a mí, mirándome, notándome por primera vez. Oh, Dios, era como una revelación sucediendo en su mirada. Era como la luz de las estrellas y los rayos de la luna y todas esas cosas fantásticas y ridículas de las que pasé los últimos siete años burlándome por el ejemplo de mis padres. La existencia de este hombre me devolvió todo, la esperanza, el amor, cosas como esas. Me hizo volver a creer.

Luego me dio una mirada lenta. Me quedé quieta, sonriendo, esperando, e invitando su escrutinio. Lo suficientemente justo, yo estuve comiéndomelo con los ojos por horas. Y aunque podría no dejar a una supermodelo sin trabajo con mi altura promedio, sin mucho adelante, pero curvilínea atrás, como mi hermana, difícilmente encontraría a una chica quien pudiera vencerme en abierto y ansioso entusiasmo. Podría llegarle solo al hombro, pero maldición, haría que agacharse valiera la pena.

Lentamente, una sonrisa curvó sus labios, haciendo que mi corazón saltara con júbilo. El hombre me redujo a una adolescente deslumbrada. Sí, me sentía dispuesta a todo y a cada cosa que posiblemente podría cruzar por su mente.

—Bueno, está bien entonces.

—¿No tienes que regresar a la universidad, Matsuri? —preguntó alguien.

Hinata. Seguro. Como sea. Hombre, era divino. Tal vez Dios existía después de todo. Podría haber más de un tema, además del amor que necesitaría evaluar. Qué día de revelaciones.

—No, estoy bien.

—¿Pensé que tenías una tarea que hacer? —La voz de mi hermana se intensificó en una manera que normalmente enviaría sirenas rojas gritando a través de mí. Pero a pesar de sus esfuerzos, no sería influenciada.

—Nop.

—Matsuri —chilló.

—Señoritas, señoritas —dijo Naruto—. ¿Tenemos un problema aquí?

No había problemas en ninguna parte. No mientras la mirada de Gaara se encontrara fija en mí, haciendo que mi mundo diera vueltas. Mi sonrisa se hizo más inestable mientras nuestro concurso de miradas lujuriosas continuaba. Luego el hombre sonrió juguetonamente y las mariposas enloquecieron en mi vientre. Maldito, no podía apartar la mirada. Podía y quería ganar.

Pero de repente hubo un disturbio perceptible en la felicidad. Una mujer se encontraba enrollada alrededor de Naruto, riendo y susurrando. Y el problema era, que esa mujer no era mi hermana. Hinata se hallaba de pie viendo la escena con el rostro pálido y la boca en una línea triste y resignada.

Mierda.

Todos los pensamientos sobre Gaara desaparecieron de mi mente como si estuviera despertando de un sueño. Los deberes de hermana me llamaban fuerte e imponentes.

—Oye, Naruto —dije tratando de sonar despreocupada y probablemente fallando miserablemente—. ¿Deberíamos invitar al amigo de Hinata, Shino, a comer? Suele hacer cosas con nosotras los domingos.

Shino era su jefe y en algún momento tuvo un enamoramiento por él. Por lo menos hasta que Naruto apareció. Verdaderamente no había usado los celos mezquinos anteriormente para promover una causa.

Las cejas de Hinata se fruncieron.

—Creo que Shino dijo que estaría ocupado.

Le di mi mejor mirada inocente. —No, ¿en serio? ¿Por qué no lo llamas y lo compruebas, Hinata?

—Tal vez otro…

—Demonios, no, Matsuri. Quiero decir, no creo que haya suficiente espacio. —El idiota estrella de rock miró alrededor, finalmente notando los rostros desconcertados (sus amigos) y el rostro de homicida (el mío) de los presentes.

La puta le bateó las pestañas. —¿Algo está mal?

—Todo está genial —dijo Hinata—. ¿Por qué no vas a tomar algo con tu amiga y se ponen al día?

—Pensé que íbamos a hacer algo. —Y Naruto podría ser muy bonito, pero seguro como el infierno que no era el baterista más inteligente.

—Sí, pero…

—Lo siento, ¿tú eres? —preguntó la puta con voz chillona.

Saku se aclaró la garganta y anunció de manera sensata—: Ainslie, esta es la nueva novia de Naruto, Hinata. Hinata, esta es Ainslie.

—¿Novia?

Rio Ainslie, y ahora definitivamente quería matarla. Lento. Dolorosamente. Ya sabes la idea general.

—Solo le decía hola a una amiga —dijo Naruto, siguiendo con la inocencia masculina—. ¿Cuál es el gran problema?

—Ninguno. Está bien.

—Sí, obviamente hay uno o no me estarías mirando de esa forma.

—No tienes que hablarme en ese tono de voz —espetó Hinata—. Especialmente no frente a otras personas. Ve con tu amiga, pasa un buen momento. Podemos discutir esto más tarde.

—Podemos, ¿eh?

—Sí.

Su boca se curvó con una sonrisa falsa. —A la mierda.

Todos se miraron entre sí, pero Hinata permaneció parada allí. Sus dedos se abrían y cerraban a sus costados, igual que los míos. Maldición, esto no puede estar pasando, no a Hinata, no ahora. Por una sola vez permite que el mundo sea justo. Aunque pronto el estruendo amargo de la batería llenó la sala. Acabó. Dejó que el animal toque vigorosamente en sus pieles. Parecía que nadie tenía nada más que decir. Casi.

—¡Mierda, lo olvidé! —Saku se agarró la cabeza dramáticamente—. Todas las mujeres tenemos que ir a encontrarnos con Ino. Noche de chicas.

Su esposo, el guitarrista, le dio una mirada inexpresiva. —¿Sí?

—Sí. Comenzaremos temprano. Y aleluya.

Cualquier cosa para sacar a Hinata de esta horrible situación con un poco de su orgullo intacto sonaba bien para mí. Ignoré cualquier conflicto interno. Sí, la idea de renunciar a mi oportunidad con Gaara dolía. Estoy bastante segura de que mi corazón y mi vagina nunca me perdonarían. Pero Hinata lucía devastada, sus manos temblando. La agarré del brazo y la arrastré hacia la puerta. Un tipo musculoso vestido todo de negro, que tenía que ser seguridad, nos encontró junto a un Escalade brillante y nuevo. Entramos con mínima charla. Todo dentro era de cuero. En serio, el auto era genial. Sin embargo, no lo suficientemente genial para sacar el amargo sabor de mi boca por la deserción de Naruto.

—No lo entiendo —giré hacia Hinata, sentada tan extrañamente quieta en el asiento trasero. Cada centímetro de ella tenso y se encontraba encorvada, con los hombros caídos y las manos cruzadas sobre el regazo. Era como si estuviera esperando otro ataque, más dolor. Odiaba eso. Si Naruto Uzumaki hubiera pateado a un cachorro no podría estar más molesta.

—¿Qué cosa?

—Esto —le dije, agitando una mano hacia ella—, te hace más feliz de lo que he visto en mi vida. Es como si fueras una persona diferente. Te mira como si hubieras inventado la crema batida. Y ahora esto. No lo entiendo.

Se encogió de hombros. —Romance intenso. Fácil viene, fácil se va.

Mi boca se abrió para desmentirla, pero no podía. Conocía a Hinata demasiado bien. Nos miramos la una a la otra durante un buen rato hasta que el coche de lujo comenzó a moverse hacia adelante. Los últimos siete años nos unieron firmemente. Más firmemente de lo que a cualquiera de nosotras nos hubiera gustado, la verdad sea dicha. Amor y esperanza eran igual a dolor. Te joden y te dejan a la deriva.

Estúpido creer lo contrario. Esas eran nuestras verdades y las aprendimos de la manera difícil cuando papá se fue. El amor apestaba, y los hombres... bueno, parecía que eran tan poco confiables como siempre. Aun así, no podía sacar el recuerdo de Gaara fuera de mi cabeza. La forma en que sus ojos marrones oscuros se fijaron en los míos y nunca vaciló. En honor a la verdad, podría haber significado nada.

Nada, o todo, o algo intermedio. No lo sabía.

—No lo necesito —anunció Hinata desde lo alto de la mesa de café, su martini de chocolate sostenido alto en el aire.

Una ronda de aplausos por parte de Ino.

—¡Realmente no!

—Correcto, hermana. Amén.

—De hecho, ¡no necesito a ningún hombre! Soy... Soy... —Chasqueó los dedos con impaciencia, su cara sumida en pensamiento—. ¿Cuál es la palabra que estoy buscando?

—Eres una mujer moderna.

—Si-i-i. —Mi hermana silbó—. Gracias. Soy una mujer moderna. Y de todos modos los penes son simplemente extraños. Lo digo en serio, ¿quién demonios creó esa mierda?

En el suelo, Ino comenzó a reír tan fuerte que tuvo que agarrar su vientre. Yo, no tanto. Por qué Hinata no podía dar sus discursos con los pies firmes en el suelo estaba más allá de mí.

—No, de verdad. Piensen en ello. Están bien cuando están duros, pero cuando están blandos... —Con un débil ceño fruncido, mi hermana torció el dedo meñique y luego lo agitó—. Tan arrugado y de aspecto extraño. Las vaginas tienen mucho más sentido.

—Oh, Dios. —Cerré los ojos por un momento.

Por fin llegamos al apartamento de mi hermana al anochecer, debido a que Saku necesitaba hacer un par de paradas. Primero fue una tienda de licores. A continuación, Voodoo Donuts. Y por último, pero no menos importante, una tienda de pizza en Pearl. El gran y corpulento hombre de seguridad llevándonos, lo tomó todo con calma. Arrastró las innumerables bolsas, cajas y botellas requeridas por las escaleras hacia el pequeño apartamento de dos dormitorios de Hinata. Cuando se trataba de lanzar una improvisada fiesta de odio contra los hombres, Sakura Uchiha tenía claramente todas las bases cubiertas.

Mi rabia hacia el baterista en cuestión, Naruto Uzumaki, descendió de hervir hacia fuego lento. La forma precaria en la que Hinata se balanceaba encima de su alta mesa me preocupaba más.

—Por favor, no te caigas de la mesa y te rompas algo.

—Oh-mi-jodido-dios. —Líquido oscuro se derramó sobre el borde de la copa, salpicando sobre el piso de madera rayado, por poco evitando dejar a Ino con la cara roja—. Deja de ser tan adulta, Matsuri. Soy la hermana mayor aquí. Tú eres la niña. Actúa como tal.

Abrí la boca para decirle lo que pensaba de esa brillante idea, pero una mano cubrió mis labios rápidamente.

—No te involucres —susurró Saku en mi oído, su brazo envuelto sobre mis hombros y la palma todavía silenciándome—. Está extremadamente ebria y discutir con ella no te llevará a ninguna parte.

Retiró la mano, aunque el brazo permaneció ahí.

—Eso es lo que me preocupa —le dije.

Probablemente debería haberse sentido extraño, ser tan amable con ella en el impresionantemente suave nuevo sofá de terciopelo de Hinata. Acababa de conocer a Saku. Sin embargo, había algo sobre ella. Ella y Ino, a la cual ya había visto una vez antes, brevemente. Tenías que apreciar a las mujeres que exudaban un aire de cero tontería. Lo que sea que pasara con el idiota de Naruto, esperaba que se quedaran con Hinata. Necesitaba amigas de verdad, no las sanguijuelas que chupan tiempo, energía y dinero que atrajo en los últimos años con su estilo de mamá osa.

—Dime si me equivoco, pero no creo que tu hermana se desahogue muy a menudo. Podría necesitar justo esto.

Fruncí el ceño. —Tal vez.

Arriba en la mesa, Hinata tarareaba junto con la música tocando suavemente sobre el equipo de sonido. Perdida en su propio mundo pequeño. Por lo menos la cara triste ya no estaba. La vi lo suficiente para durarme toda una vida. De todos modos, hice una nota mental para golpear hasta el cansancio a Naruto Uzumaki si alguna vez lo volvía a ver. Era como el millonésimo pensamiento de ese tipo que tuve en el día.

—¿Disfrutaste verlos practicar antes de que todo se fuera al carajo? — preguntó Saku.

—Sí. Realmente lo hice. —Le di a la mujer una discreta mirada lateral— El bajista... ¿cómo se llamaba?

—¿Gaara?

—Hmm. —Asentí con la cabeza, haciendo mi camino a través de la conversación con mucha precaución—. Parecía interesante. Es una pena que no tuvimos la oportunidad de salir a comer.

—Fue una lástima. No puede dejar de verte notándolo en la práctica —dijo Saku, poniendo fin a cualquier farsa de sutileza.

Genial.

—Relájate. No voy a decirle nada a tu hermana. —La mujer suspiró— Gaara, Gaara, Gaara. ¿Cómo describirlo? Es un gran tipo, muy relajado.

No dije nada.

—Sin embargo, ten cuidado, no es conocido por salir en citas. —Le di una mirada lateral.

Me dio una pequeña sonrisa.

—Por supuesto, tampoco lo era Sasuke hasta que nos casamos. De cualquier forma... Gaara. ¿Qué tan interesada estás en él?

—¿Me estás preguntando acerca de mis intenciones?

Una risa sorprendida salió de ella. —Eh. Sí, supongo que lo estoy. Tengo un hombre ahora, así que tengo que meterme y hacer de casamentera. Al parecer es lo que hacen las mujeres. Pero en serio, no es que esté necesariamente preocupada sobre él saliendo lastimado.

—Eso sería hipócrita de mi parte, teniendo en cuenta que me casé a los veintiún años. ¿Y tú tienes, cuántos?

—Casi veintiún años. —Me moví en mi asiento.

—Bueno, él tiene casi veintinueve años, para que lo sepas. Ocho años. No era tan malo.

Miré fijamente a los residuos turbios de mi segundo martini como si en algún lugar en la porquería yaciera una pista. Para predecir el futuro necesitabas hojas de té. Vodka, crema y licor de chocolate no funcionaban. — Probablemente no llegaré a verlo de nuevo de todos modos, así que...

—¿Te rindes tan fácil? —preguntó—. Por la forma en la que lo mirabas, pensé que estabas más decidida que eso.

—Es una estrella de rock. ¿Estás diciendo que debería acecharlo?

Se encogió de hombros.

—Las estrellas de rock son solo gente también. Sin embargo, no creo que pararse de pie fuera de su hotel en la lluvia sea divertido.

—No. Probablemente no.

Aunque podía verme haciéndolo, triste pero cierto. La idea no era del todo estúpida. Tal vez funcionaría. Definitivamente él se mostraba interesado. Al menos, estoy bastante segura que sí, con la mirada fija y sonriendo vagamente. ... Sí, está bien, necesitaba saberlo.

—¿Qué hotel, solo por curiosidad?

Un cierto brillo apareció en los ojos de Saku.

—¡Ey! —gritó una voz. Le tomó cerca de un año, pero con movimientos dolorosamente lentos y deliberados, Ino finalmente se puso de pie—. Déjame traerte otra copa, niña.

—Estoy bie…

El vaso fue arrancado de mi mano y la autoproclamada barman de la noche se fue tambaleando hacia la cocina.

—Será mejor que la ayude con eso o te servirá vodka puro. —Saku se inclinó hacia delante, sacando el celular del bolsillo trasero de sus vaqueros. Sus dedos se movieron sobre la pantalla, entonces lo arrojó sobre el asiento a su lado, y me dio una mirada significativa—. Dejaré eso ahí. Estoy segura de que puedo confiar en que no buscarás el número de ningún bajista mientras estoy en la cocina, ¿verdad?

—Absolutamente. No tengo intención de buscar S por Sabaku en tu índice de contactos.

—Trata G por Gaara en su lugar. —Me guiñó un ojo.

—Gracias —dije en voz baja.

—No hay problema. He visto esa mirada con los ojos amplios, pasmada por una estrella de rock antes. —Se puso de pie— En mi propio rostro, da la casualidad. Usa ese número sabiamente.

—Oh, confía en mí. Lo haré.