Ranma ½ y sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.

El corazón de Nabiki

Por

Dr Facer

Capítulo 11

~ Mes de Julio, parte 2~

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Nabiki abrió la puerta del baño con la intención de pasar un agradable rato en la tina, dejando que el agua caliente le relajara los músculos. Sentía que se lo merecía después de un día tan pesado como el que había tenido. Se sorprendió un poco al entrar y notar el tibio vapor que cubría el baño y razonó que quizás Kasumi le había preparado la tina, pero fue entonces que notó que alguien ya estaba allí, con sólo una toalla alrededor de la cintura y obviamente esperando que el agua alcanzara la temperatura correcta.

"¿Cambiaste de opinión?" Le preguntó Manabu, girándose para mirarla de frente.

"¿Qué haces en la casa?" dijo ella, apretando más la toalla blanca con la que se cubría el cuerpo y sin poder entender por qué el maestro Sakura estaba en su casa y, más precisamente, en su baño.

"Es domingo, ¿en dónde más iba a estar?" comenzó él, acercándose hasta quedar frente a ella, observándola con una expresión un poco confundida.

"No… es decir… ¿por qué estás aquí?" Corrigió ella mientras luchaba con los nervios.

"¿Estás jugando?..." Le preguntó él, "tu padre nos pidió que pasáramos unos días en el dojo mientras él, tus hermanas y los Saotome están de vacaciones, ¿se te olvido?"

"¿A n-nosotros?" tartamudeo nerviosa ella.

"¿A quién más?" Sonrió Manabu, que entonces agregó. "Me gusta que la casa de tu familia sea grande, ¿sabes? Cuando tengamos niños dejaremos el departamento y buscaremos algo de un tamaño parecido."

"¿C-cuando tengamos… ni-niños?"

"Sí, y de hecho creo que este sería un buen momento para tratar de tener el primero, ¿no te parece?" Le dijo él al tiempo que la tomaba suavemente por los hombros y se acercaba para besarla…

"Manabu, espera, yo…"

Y justo en el momento en que sus labios estaban por tocar los suyos, Nabiki abrió los ojos, apretando las sábanas fuertemente entre sus manos. Con la respiración agitada aún por el sueño del que acababa de despertar, se obligó a tranquilizarse y se sentó con lentitud para luego pasarse la mano izquierda por su rostro antes de mirar al frente y confirmar que se encontraba en su habitación.

—Otra vez… —murmuró ella una vez que recuperó la calma—. Otra vez tuve un sueño donde aparece ese idiota.

La muchacha se levantó y miró el despertador que tenía en el escritorio. Eran apenas las seis de la mañana y era domingo, el único día que podía darse el lujo de despertarse un poco más tarde. Suspirando al saber que ya no podría volver a dormirse aunque lo deseara, Nabiki descorrió las cortinas para dejar entrar la luz y pudo ver a Ranma y a su padre practicando en el jardín, como hacían todos los días.

"¿Por qué tengo que soñar con ese estúpido?" Se preguntó al sentarse de nuevo en su cama, estaba un poco molesta ya que desde el incidente en las regaderas el maestro había aparecido en sus sueños tres veces durante la semana, y esos sueños habían sido todos bastante parecidos. "Yo no debo tener ese tipo de sueños, ¿qué demonios me pasa?"

—...Supongo que no importa, afortunadamente la pelea será el siguiente viernes y ya no tendré nada qué ver con él, estoy segura de que una vez que todo este asunto quede resuelto ya no volveré a soñar que Manabu y yo…—Nabiki dejó la idea incompleta y empezó a arreglar su cama, esperando que su predicción fuera cierta ya que tener esa clase de sueños le estaba arruinando las noches.

"Y por eso tengo que asegurarme de que gane," pensó con algo de preocupación. "Si llega a perder es posible que tenga que seguir fingiendo que estamos comprometidos por más tiempo, y no puedo dejar que papá se siga acostumbrando a que Manabu venga a verme."

Mirando de nuevo el reloj, Nabiki recordó que él salía a correr por el parque un poco más temprano los domingos, ya que usaba el resto del día para ir a comprar los alimentos que necesitaría para el resto de la semana, por lo que seguramente todavía podía alcanzarlo en su departamento si se daba prisa.

—Tal vez sea necesario ir a obligarlo a entrenar más duro hoy —murmuró, recordando que aunque había ido toda la semana al gimnasio para confirmar que su maestro boxeador no estaba descuidando su entrenamiento, no podía arriesgarse a que empezara a hacerlo. Decidiendo que sí tendría que ir a vigilarlo, comenzó a buscar algo de ropa qué ponerse.

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Manabu se subió el cierre de la sudadera al tiempo que entraba a su cocina, no tenía pensado desayunar aún, pues estaba en los últimos días de su régimen alimenticio antes de la pelea con Gouto Kagero, y debía cuidarse para no tener ningún problema durante la ceremonia de pesaje del jueves próximo, pero sí quería dejar algo preparado para más tarde. Abrió el refrigerador y movió la jarra de té de menta que solía tener en la parte inferior y sacó un poco de arroz que le tenía del día anterior, rebuscó entre las otras cosas que tenía guardadas y sacó un poco de atún que le había quedado de la cena, pues había decidido usar los ingredientes para prepararse un par de onigiri de atún que podría comer a media mañana.

"Me pregunto si la veré hoy," pensó mientras trabajaba con el arroz y el atún, recordando que Nabiki había estado yendo al gimnasio todos los días. No podía negar que hasta cierto punto había empezado a considerar la compañía de Nabiki como algo agradable, pues a pesar de sus constantes intentos de conseguir que le hiciera algún regalo por pequeño que fuera o la manera en que solía reñir con él por pequeñeces, ella era por lo general bastante sagaz y podían conversar de casi cualquier cosa, lo cual siempre le hacía más placenteras las tardes.

"…Aunque convivir con ella siempre me recuerda que hace tiempo que no tengo una relación de verdad con una mujer," pensó el joven boxeador, levantando un momento la mirada para respirar profundamente al preguntarse cuándo había sido la última vez que sintió la suave caricia de unas finas manos femeninas sobre su rostro, o los cálidos labios de una mujer sobre los suyos.

—La última vez fue durante mi primer año de universidad… —murmuró, recordando entonces a una bonita muchacha de largo y suave cabello negro; a una mujer de cuerpo esbelto que era alegre y optimista, y que a pesar de no haber sido la mejor alumna en preparatoria, nunca abandonó su sueño de estudiar periodismo en la universidad.

Manabu sonrió con nostalgia al recordar el momento en que esa mujer se mudó con él al pequeño departamento de una habitación en el que vivía cuando estaba en la universidad, y cómo la ayudó a estudiar durante un semestre completo y, finalmente, recordó el día en que ella finalmente pasó el examen de admisión a la carrera de periodismo y tuvo que terminar su relación con él para poder dedicarse a sus estudios.

—Naomi Okamura, ¿en verdad han pasado ya cinco años? —se dijo en voz baja, recordando a la que durante un tiempo pensó llegaría a ser su esposa—. Me pregunto si estás bien…

Manabu sonrió y bajó la mirada. No valía la pena pensar en Naomi, su relación con ella había terminado mucho tiempo atrás, cuando todavía era un muchacho universitario que deseaba cumplir sus dos sueños de ser maestro de preparatoria y a la vez boxeador profesional.

"No pude dedicarte mi primera victoria por KO como te prometí, Naomi…" pensó él, acordándose que ella se había marchado a Osaka precisamente el día de su debut profesional en el Pabellón Korakuen, y que había estado tan desanimado por perder a su novia que estuvo a punto de perder esa pelea. "Y aunque gané el encuentro por puntos fue sólo porque el entrenador Morisaki no me dejó caer, pero…"

Pero a partir de ese momento no había podido obtener una victoria por nocaut, y Manabu en ocasiones había llegado a pensar que su rompimiento con Naomi era una de las razones por las que no podía ganar por KO ninguna pelea.

—Tonterías… —murmuró él, pensando que era algo muy irracional creer que romper con Naomi justo el día de su debut profesional lo había marcado al punto que inconscientemente evitaba ganar noqueando a sus rivales.

"Si Nabiki escuchara eso seguramente me diría que soy un idiota…" se dijo, pero entonces parpadeó sorprendido al darse cuenta de que sin quererlo había pensado en Nabiki Tendo y en cómo solía discutir con él cuando algo no le agradaba.

—Esa niña… —dijo, y concentrándose en terminar sus onigiri, trató de encontrar el momento exacto en que había comenzado a tomar en cuenta la opinión que Nabiki tenía sobre él, pero no pudo lograrlo. No podía recordar cuándo lo que ella pensaba de él comenzó a importarle.

Estaba guardando su comida de vuelta en el refrigerador cuando el timbre del interfono sonó un par de veces, lo cual le pareció ligeramente extraño ya que no esperaba a nadie. ¿Quizás el entrenador Sakaki había ido a visitarlo para darle alguna nueva rutina para la última semana?

Intrigado, el maestro presionó el botón que activaba el micrófono para contestar.

—Sí… ¿quién es?

—¿No deberías estar entrenando? —Le respondió la voz de Nabiki desde el otro lado de la línea—. Tu pelea con Gouto Kagero es el próximo viernes, ¡no tienes tiempo para estar de holgazán, Manabu!… Menos mal que vine a verte, te acompañaré a correr al parque, ¿o piensas estar de flojo aquí todo el día?

—Estaba por salir, y… mira, espera un poco, ahora bajo —respondió él, preguntándose qué había motivado a su falsa prometida para ir a verlo. Estaba por salir del departamento, pero antes de hacerlo decidió que sería mejor si llevaba algo para beber.

—Te tardaste —observó Nabiki una vez que Manabu salió del edificio, la muchacha estaba montada en su bicicleta y recargada en el manubrio, y le dedicó una de sus típicas sonrisas sarcásticas en cuanto lo vio salir—. ¿Qué estabas haciendo?

—Estaba preparando esto, toma —respondió él, que le lanzó dos termos, uno verde y otro rojo, los cuales Nabiki logró atrapar con poca dificultad—. Ponlos en la canastilla de tu bicicleta, nos servirán más tarde.

—¿Me compraste algo? —preguntó la muchacha, que entonces notó que los termos no eran nuevos, por lo que no, definitivamente Manabu no había gastado dinero en ella todavía—. Oh, ya veo que no y que sigues igual de tacaño, ¿qué es esto?

—Té de menta, lo suelo tener en el refrigerador para beber después de hacer ejercicio —le explicó él, notando el juego de pants blanco y amarillo que se había puesto y dándose cuenta que era la primera vez que la veía usar ese tipo de ropa deportiva—. Yo puedo esperar hasta después de correr, pero me imaginé que a ti sí te haría falta.

—Pues qué considerado —dijo ella con un tono de sorpresa que se esforzó en ocultar, ya que no sabía cómo tomar que Manabu hubiera tenido la atención de traerle algo para beber.

—¿Nos vamos? —le preguntó él, comenzando a dudar si era conveniente que Nabiki lo acompañara mientras salía a correr, pues la muchacha podía llegar a ser un considerable factor de distracción cuando se lo proponía.

—Sí, vamos ya —dijo ella luego de acomodar los termos—. Adelante yo te sigo.

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Más tarde…

—¿No podrías dejar de correr por un maldito segundo? —pidió Nabiki, que bañada en sudor, decidió que ya no podía pedalear más. Le habían dado ya seis vueltas al parque entero, lo habían atravesado por el medio tres veces y después de eso habían comenzado a correr por un lado del canal. ¿Qué acaso Manabu nunca se cansaba?

—No es necesario que te enfades, ya terminé de correr —le contestó él, deteniéndose y limpiándose el sudor con la manga de la sudadera—. Pensé que te cansarías antes, no tienes tan mala condición como pensaba.

—¿Pensabas que no podría seguirte, eh? —dijo ella, que a pesar del cansancio se sintió extrañamente satisfecha por haberlo sorprendido—. Tal vez no practico artes marciales como mi hermana menor, pero eso no significa que no haga ejercicio, ¿sabes?

—Sí, lo sé, he leído tu expediente en la preparatoria y vi que tuviste un buen desempeño en los festivales deportivos —le dijo Manabu, que comenzó a bajar por la pendiente para sentarse cerca de la orilla del canal. No le sorprendió que Nabiki bajara de su bicicleta y luego de dejarla recargada en la barda al otro lado de la calle y tomar los termos, lo siguiera y se sentara junto a él. Que hubiera hecho eso no le molestaba, la muchacha había estado siguiéndolo tanto durante el mes que ya se había acostumbrado a tenerla cerca.

—Toma, apuesto que ahora sí necesitas tomar algo —dijo ella, dándole uno de los termos para después acomodarse sobre la hierba de modo que pudo estirar las piernas para descansarlas un poco luego de pedalear por casi dos horas—. Así que leíste mi expediente, ¿y qué descubriste, que tengo otros reportes además de los que me hicieron por tu culpa?

—No tienes ningún reporte, Nabiki —contestó él luego de tomar un trago de té—. Entregué las fotografías que te confisqué en la dirección, pero nunca di tu nombre.

—Pero… yo pensaba que… —Nabiki parpadeó y bajó la mirada, fijando la vista en el termo que tenía en las manos. En más de una ocasión llegó a pensar que Manabu había conseguido que le hicieran al menos un reporte, y le causaba algo de asombro el que no hubiera sido así.

—¿Que te había reportado? —dijo Manabu, apoyando los antebrazos en las rodillas, la mirada fija en el arroyo que corría frente a ellos—. No, nunca lo hice.

—Oh… eso es… algo que no esperaba —dijo ella, y sin saber qué más responderle luego de que cortó de tajo el reclamo que pensaba hacerle por arruinar su expediente, terminó abriendo el termo para darle un largo trago al té de menta.

—No ganaba nada con eso —agregó el maestro, su mirada aún fija en el arroyo—. Sé que soy estricto, pero no me gusta dañar a mis alumnos.

—Sí… eso lo sé —contestó ella en voz baja, su mirada también fija en el arroyo y al final no pudo evitar recordar la manera en que el maestro la estaba ayudando, y nuevamente se preguntó por qué lo hacía—. Oye, Manabu…

—¿Qué sucede?

—¿Por qué…? —comenzó ella, pero al final, nuevamente no logró sentirse preparada para preguntarle por qué la ayudaba sin pedirle nada a cambio, pues por alguna razón que se le escapaba no se sentía lista para escuchar su respuesta.

—Dime, te escucho —la alentó él—, ¿qué quieres?

—Nada… bueno, es… —Nabiki se mordió el labio inferior con discreción, ¿y ahora qué le decía? No había otra cosa que pudiera preguntarle… un momento, sí, sí había algo más de él que le intrigaba—. ¿Es verdad que nunca has ganado una pelea por KO? Gouto nos dijo en la escuela que nunca has noqueado a nadie.

—Es verdad —contestó él, su tono de voz tornándose serio y un poco triste—. Siempre gano por puntos o decisión del jurado, es… es complicado.

—¿En verdad es tan difícil noquear a alguien en una pelea de box? —insistió Nabiki, más que nada para hacerlo hablar y así quizás conseguir un poco de información que quizás podría serle útil más adelante.

—Técnicamente no lo es —comentó Manabu luego de vaciar el termo—. Es sólo que mi estilo de boxeo no se presta mucho para noquear al oponente, y...

Nabiki esperó a que el maestro continuara sin decirle nada, aunque recordó cuando lo hizo pelear con Ranma y no pudo evitar pensar que si Manabu peleaba de esa manera seguramente podría noquear a cualquiera que se le pusiera enfrente en el ring.

"Aunque eso sólo pasó por el punto de presión que usó Happosai," pensó ella, sintiendo de nuevo un pequeño tirón de remordimiento al recordar cuando Akane la acusó de no tener corazón, el cual tuvo que aplastar con un esfuerzo consciente. "Supongo que haberle pedido ayuda al viejo pervertido no fue tan buena idea…"

—...Aunque he intentado pelear de otro modo, en realidad no me funciona —admitió Manabu alzando los hombros.

—Quizás mi papá podría ayudarte con eso —ofreció Nabiki, pensando que tal vez de esa manera podría garantizar la victoria de Manabu y así también quitarse la posibilidad de volver a quedar endeudada con los yakuza—. Tal vez no lo parezca, pero mi papá es bastante fuerte, ¿no te gustaría que te ayudara a entrenar por unos días?

—Te lo agradezco, pero el boxeo es distinto al tipo de artes marciales que practican en el dojo de tu padre —respondió Manabu girándose para mirarla al pensar que era un poco extraño que le ofreciera esa clase de ayuda, ya que fuera de aquella vez que fue a verlo luego del accidente cuando estaba practicando con Ranma en el gimnasio, Nabiki nunca había demostrado mucho interés en ayudarlo.

—Más bien pienso que eres terco —le dijo ella, aunque en esta ocasión no hubo rastros de malicia o sarcasmo en su voz—. Bueno, si cambias de opinión...

—Quizás después de la pelea con Gouto —respondió Manabu levantándose—, aunque no creo que sea necesario, para entonces ya no estaremos comprometidos, ¿recuerdas?

—...Sí, y más vale que ganes, no quiero arriesgarme a que los yakuza decidan que tenemos que pagar la deuda de todos modos —le contestó ella, que se levantó para seguirlo.

—Creo que puedo ganar, estudié bien el estilo de Gouto y es muy similar al de Kosaku Hatanaka —explicó él con una mirada llena de determinación—. Siempre termina sus peleas en tres o cuatro rounds, estoy seguro de que no podrá soportar llegar hasta el sexto o el séptimo asalto, mi plan es cansarlo y así ganar por decisión del jurado.

—Espero que te resulte, por el bien de ambos —comentó Nabiki una vez que llegaron a donde había dejado la bicicleta—. ¿A dónde iremos ahora?

—Te llevaré a tu casa —dijo él que comenzó a andar hacia el dojo Tendo sin esperarla, pues sabía que lo alcanzaría pronto una vez que subiera en la bicicleta.

—Grosero —le reclamó ella mientras pedaleaba con lentitud junto a él—. No me esperaste.

—No hacía falta, ya me alcanzaste —contestó Manabu, que sin avisar comenzó a trotar, dejando a Nabiki otra vez atrás.

Nabiki respiró profundamente y comenzó a pedalear con más rapidez para poder seguirle el paso a Manabu, y sólo fue cuando lo alcanzó por segunda vez que se dio cuenta de que no había sentido deseos de pedirle que le comprara algo durante todo el tiempo que había estado con él esa mañana, y pensando bien las cosas tampoco tenía muchas ganas de regresar al dojo, pues no tenía mucho qué hacer allí, así que… ¿quizás pasar un poco más de tiempo con Manabu sería una buena idea?

"Y si estoy con él, quizás logre que me compre algo hoy…" Pensó, decidiendo que se quedaría con el maestro al menos por un rato más.

—Oye, ¿puedo acompañarte? —le pidió ella—. No tengo ganas de ir a casa todavía.

—Pues si no te importa acompañarme a comprar despensa… —dijo él, deteniéndose para mirar a Nabiki con algo de curiosidad, decidiendo que lo más seguro es que estaba planeando tener un duelo de citas o algo así.

—En realidad no, y es mejor que estar en el dojo sin hacer nada —respondió la muchacha.

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Algo después…

Manabu llegó a su edificio cargando bolsas con arroz, algunos vegetales, carne y pescado. Había pasado un tiempo comprando lo que necesitaría para comer durante el resto de la semana, y tenía pensado comenzar a preparar la comida del día siguiente durante la tarde.

Recordó que Nabiki intentó convencerlo sin éxito de comprarle algunas cosas, lo cual no era inusual, pero fuera de eso no se había portado mal con él, ni tampoco intentó iniciar una discusión entre ellos. Manabu tenía qué admitir que pasar la mañana con ella le resultó agradable, y en realidad había sido mucho mejor que salir de compras solo.

Ocupado pensando en que el día iba bastante bien, Manabu Sakura perdió todo el ánimo al encontrarse con la sorpresa de que Gouto Kagero estaba esperándolo afuera de su edificio, recargado en su motocicleta mientras se entretenía limpiando su casco con un trozo de tela. Al acercarse, el maestro notó que la camisa polo azul con el logotipo de Saru-Tools bordado al frente, lo cuál le llamó la atención y pensó que seguramente los yakuza usaban ese negocio como un frente para lavar dinero, o algo así.

—Ah, Sakura, al fin llegas —saludó Gouto al verlo llegar.

—Kagero, ¿qué quieres aquí? —respondió Manabu, no muy feliz de tener a un yakuza fuera de su domicilio.

—Cálmate, sólo vine a hablar un poco.

—Si es sobre el dinero de la apuesta…

—No, no es sobre eso —interrumpió el otro boxeador—. ¿Podemos hablar o no?

—...Supongo que sí —contestó Manabu luego de un momento en que consideró las cosas—. Adelante, te escucho.

—En primer lugar, debes saber que yo voy a ganar la pelea del próximo viernes —dijo Gouto cuando Manabu se le acercó.

—Si eso es lo único que querías decirme podrías haberlo hecho en la ceremonia de pesaje.

—No es lo único que tengo que decir —aclaró el boxeador—. Escucha bien, Sakura, esto es muy importante. No quiero que me veas como un yakuza en el ring, la única razón por la que trabajo para ellos es porque estoy pagando la deuda de mi padre y así evitar que nos quiten nuestro negocio.

—¿Qué negocio?

—Saru-Tools —contestó Gouto, apuntando al logo que adornaba el pecho de su camisa con una expresión de orgullo—. Mi abuelo abrió nuestra tienda y no pienso dejar que los yakuza nos la quiten.

—Me imagino que tu padre perdió alguna apuesta y puso la tienda como garantía —adivinó Manabu, que encontraba la situación bastante interesante.

—Así es, y como no teníamos suficiente dinero para pagarla de contado, no me quedó otra opción más que hacer algunos trabajos para el apostador de la casa de té —explicó el boxeador—. Es por eso que siempre me pongo una gorra y cubrebocas cuando tengo qué hacer algo para ese tipo.

—Y me imagino que si ganas el viernes perdonarán la deuda de tu padre.

—Claro que no —se rió Gouto—. El boxeo no forma parte del trato que tengo con los yakuza, mi entrenador nunca lo permitiría. La deuda de mi padre ya casi está cubierta, en un par de meses más terminaré de pagar el dinero y nos dejarán en paz.

—¿Entonces qué es lo que quieres de mi? —preguntó el maestro, cruzándose de brazos al no entender lo que su próximo oponente quería decirle.

—Ya te lo dije, que no me veas como un yakuza en el ring —repitió Gouto—. En el ring soy un boxeador y sólo un boxeador.

—Espero que no estés mintiendo.

—No lo estoy —dijo el boxeador con una expresión muy seria—. Durante nuestra pelea no habrá interferencia de los yakuza dentro del ring, y es por eso que te venceré en dos asaltos, Sakura, yo me especializo en destrozar a peleadores defensivos como tú.

—Como te dije antes, no te conviene confiarte —le recordó Manabu—, podría costarte caro.

—No lo creo —dijo Gouto mientras se ponía el casco—. Pienso que eres débil y poco hábil, pero ya lo veremos en el ring. Te veré el jueves en la ceremonia de pesaje, Sakura.

Manabu ya no respondió y se limitó a ver cómo su próximo rival se alejaba del edificio. El maestro subió a su departamento sintiéndose molesto. Y una vez solo, luego de guardar sus compras en el refrigerador, entró a la otra habitación del departamento, la que había convertido en un pequeño gimnasio en donde tenía un saco de arena y equipo de boxeo, algunas pesas y una banca inclinada. Tomó un par de guantes de boxeador de un anaquel y luego de haberlos puesto comenzó a golpear el saco cada vez con más fuerza. Estaba enfadado, no le agradaba ser subestimado por los demás, en especial cuando se trataba de sus habilidades como boxeador.

"¿Qué importa si mi estilo de boxeo es defensivo?" pensó al tiempo que daba un fuerte gancho con el puño izquierdo al saco. "¿O que no tenga ningún KO en mi historial?"

—¡Te demostraré que no podrás ganarme! —Juró Manabu, golpeando el saco de arena con su puño derecho, usando todas sus fuerzas y logrando zafarlo del techo, mandándolo hasta la esquina de la habitación en donde se estrelló contra el muro con un impacto sordo—. No he estado entrenando para aumentar la fuerza de mis golpes sólo por diversión, Kagero, ¡no serás el único que puede golpear duro en nuestra pelea!

Respirando profundamente mientras se limpiaba el sudor y sintiéndose más tranquilo luego de desahogar su enfado, Manabu se acercó al saco para ver qué fue lo que había pasado. Esperaba no haber roto las cintas, pero estaban en buen estado y al mirar el techo descubrió que el gancho se había caído; tendría que volver a instalarlo y reparar el daño.

—Bueno, eso no será difícil de hacer —dijo en voz baja, pensando que podía conseguir cemento y yeso con facilidad.

Se inclinó a recoger el saco y ya lo estaba apoyando en la pared cuando sonó el teléfono. Preguntándose quién lo llamaba, el maestro salió de su improvisado gimnasio y fue directo a la sala para contestar la llamada.

—¿Hola?...¡Oh, papá, qué sorpresa! —dijo al descubrir que su padre estaba al otro lado de la línea—. ¿Cómo estás?... Oh… ¿y qué noticias tienes?

El maestro hizo una pausa para escuchar y levantó la ceja izquierda al enterarse de lo que había pasado en casa.

—No hay manera de posponer eso, entonces…. —comentó Manabu—. Está bien, iré a Chitose el viernes, pero no podré quedarme el fin de semana con ustedes… No, lo siento, tengo pelea ese día, y es imposible pedir que cambien la fecha.

Una nueva pausa.

—Sí, está bien, los visitaré después y me quedaré todo el fin de semana, lo prometo… de acuerdo, papá, salúdame a mamá y a los demás.

Manabu terminó la llamada y se sentó en el sillón. Ir a Chitose la mañana del viernes implicaría que no podría ir a Furinkan a dar clases ese día, pero eso no era difícil de arreglar, sólo era pedirle permiso al director Kuno. Lo que le preocupaba era llegar tarde a la pelea.

"Seguramente no pasará nada, no creo que tarde mucho en ir y regresar," pensando esto, Manabu fue a la cocina con la intención de prepararse algo de comer. "Aunque tendré que avisarle al entrenador… y supongo que a Nabiki también, para que no haga alguna locura que termine subiendo el monto de la deuda…"

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Días después…

—Mañana no iré a Furinkan —dijo Manabu, observando a Nabiki para ver su reacción a la noticia, era jueves, y acababa de dejarla en el dojo—. Y hoy no estaremos en el gimnasio, por lo que no podrás ir a hacer la tarea allí.

—Oh, y yo que ya me había acostumbrado a trabajar en la oficina del entrenador Morisaki, ¿por qué no van a estar? —preguntó ella levantando una ceja—. ¿Y por qué no irás a la escuela mañana?

—No estaremos hoy en el gimnasio porque iremos a la ceremonia de pesaje —contestó el maestro—, y mañana no iré a Furinkan porque tengo algo qué hacer que me tomará varias horas.

—¿Pero sí estarás en la pelea? —quiso saber Nabiki, un poco nerviosa al pensar que Manabu estaba dejándola con la deuda encima.

—Sí, estaré allí —dijo él—. No te preocupes por eso.

—¿Pero qué vas a hacer mañana? —insistió ella.

—Iré a ver a mis padres —respondió Manabu que procedió a sacar un sobre de su bolsillo—. Y por cierto… antes de que se me olvide, ten, esto es para ti.

Nabiki miró extrañada lo que Manabu le ofrecía y lo tomó para abrirlo, descubriendo que dentro del sobre había dos boletos para la pelea del viernes en el Pabellón Korakuen.

—¿Me compraste boletos? —preguntó, sin saber qué pensar de que esto era lo único que Manabu le había comprado.

—No, al entrenador Morisaki le dan cortesías y siempre me ofrece algunas, simplemente nunca había tenido a nadie a quién dárselas antes —explicó Manabu—. Puedes ir si lo deseas, aunque quizás quieras mantenerte alejada de los yakuza.

—Ah… pensé que al fin habías gastado dinero en mi… pero está bien, iré —prometió ella, aún mirando los boletos.

—¿En serio?

—Sí. Tengo que ir y asegurarme que ganes, ¿no es cierto? —le dijo, levantando la mirada para verlo de frente—. Te veré en el Pabellón.

—Perfecto, hasta mañana, Nabiki.

—Hasta mañana, Manabu.

Lo observó alejarse en silencio y finalmente se preguntó porqué había estado tan callado durante todo el camino de Furinkan al dojo. Normalmente conversaban un poco, y sus pláticas habían llegado a ser algo amenas en los últimos días pero esa tarde… esa tarde Manabu había estado bastante callado.

—Como si algo lo estuviera molestando —dijo en voz baja—. ¿Pero qué?

"No creo que sea necesario, para entonces ya no estaremos comprometidos, ¿recuerdas?"

Nabiki parpadeó al recordar las palabras que Manabu le había dicho el domingo anterior. ¿Quizás eso era lo que le molestaba, terminar el compromiso con ella?

—No, es imposible —murmuró la muchacha—, seguramente es algo relacionado con sus padres.

Aunque recordar esas palabras hicieron que Nabiki considerara por primera vez una idea que no había entrado en sus pensamientos. ¿Le molestaría terminar el compromiso con él?

—Por supuesto que no me molestará terminar con esta farsa —dijo Nabiki, entrando al dojo mientras guardaba los boletos en el bolsillo de su uniforme—. ¡Si ya no puedo esperar para librarme de ese tacaño idiota!

Y sin embargo, una parte de ella no parecía estar tan de acuerdo con sus palabras.

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Notas:

Les agradezco haber leído este nuevo episodio, que espero les haya parecido interesante, ya que cumple la función de mover un poco los sentimientos de ambos protagonistas y también de ser la antesala a la pelea de box de Manabu, que es prácticamente el clímax del segundo arco argumental.

Gracias por seguir dándole una oportunidad a la historia, hasta el próximo capítulo!