Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

Glosario:

Itadakimasu: Es la bendición que los japoneses utilizan para bendecir los alimentos y agradecerlos: Si lees manga o ves animes, les has visto hacerlo constantemente, juntando brevemente las manos justo antes de comenzar. No equivale a nuestro "buen provecho", por eso no la he "traducido".

Onigiri: Bola de arroz envuelta en una tira de alga nori y rellena de otros ingredientes.

Takoyaki: Bolitas de pulpo rebozadas en harina.

Nigiri: Bola de arroz con un trocito de pescado crudo, pulpo, anguila o tortilla encima.

Trigger warning: Sexo explícito. Se narran o hay menciones a: sexo anal, sexo oral, masturbación mutua, fingering, age gap, mordiscos, estimulación de pezones, size kink, swallowing (aquí incluyo comerse intencionadamente el semen propio), rimming, facial (¿se dice así?), 69 y juguetes eróticos para sexo anal.

¡Muchísimas gracias a todes por leer y comentar!


CAPÍTULO EXTRA. PRIMERA VEZ (PARTE DOS)

Apenas se han visto durante el día. Por la mañana, Katsuki ha entrenado con Izuku durante una hora antes de que este se fuese a la universidad. No ha podido recogerle al salir, porque no ha podido cambiar la patrulla con nadie y, por tanto, ha tenido que esperar a que este regrese a la agencia para cumplir su horario laboral. Aunque también patrulla con él cuando puede supervisarlo, Izuku está trabajando a tiempo parcial en el nuevo departamento de soporte de Dynamight.

A Katsuki le gusta bajar a su taller de vez en cuando. Observarlo trabajar en un nuevo modelo de suelas para el calzado que permite aligerar el peso y aumentar la agilidad le trae buenos recuerdos, cada vez más lejanos, de otro taller, de Izuku y él charlando mientras este trabajaba en unos audífonos tan funcionales que todavía los sigue utilizando. Una conversación que recuerda vívidamente y que le había permitido conocer al Izuku cuyo talento, carácter y humildad han permitido que actualmente se integre a la perfección en la agencia; cae bien a su personal de asistencia y los empleados administrativos le adoran mucho más que a Katsuki, a quien admiran una distancia respetuosa.

Al cruzarse con él en uno de los pasillos, Izuku está charlando animadamente con una de sus empleadas. Es, concretamente, la mujer a la que All for One le robó el Don durante su ataque a la agencia. Aprovechando que no lo han visto, Katsuki se detiene y los observa conversar, absortos en la discusión acerca de unos papeles, posiblemente algún nuevo pedido de material, que Izuku lleva en una tabla de pinza. Ya los ha visto hablando en más ocasiones, algo que le alegra.

Izuku le aseguró en una ocasión que no había deseado convertirse en un símbolo, pero es obvio que lo es. La mujer lo mira con admiración y la tristeza que habitualmente empaña sus ojos desde su pérdida se suaviza cuando habla con él. Es la primera vez que Katsuki cae en la cuenta de que, por casualidad, Dynamight no es la agencia de héroes pionera en contratar a una persona sin Don, sino que han sido dos, y que Izuku ni siquiera fue el primero. Y le gusta que sea así, que el cambio sea tan patente que él ni siquiera se haya parado a pensarlo hasta ahora.

Ninguno de ellos se percata de su presencia, concentrados en lo que sea que deliberan. El pasillo es estrecho, pues el edificio todavía está en obras y no han retirado las herramientas tras pintar una de las paredes, y cuando llegan a su altura Izuku se golpea con el hombro de Katsuki, que se ha quedado inmóvil para minimizar el impacto. Desequilibrado, Izuku está a punto de caer al suelo por tratar de no empujar a su compañera accidentalmente y los papeles se desparraman por el suelo al soltarse de la pinza. Katsuki lo retiene, tirando de su brazo biónico, y le ayuda a recobrar el equilibrio.

—Lo siento —dice Izuku, apurado. Tanto él como la mujer se apresuran a recoger los folios del suelo. Luego levanta la mirada hacia Katsuki, dispuesto a disculparse una vez más, pero esta muere en sus labios al descubrir contra quién ha chocado.

—¡Camina con más cuidado, Deku! —Izuku abre la boca para decir algo, pero la mueca burlona de Katsuki lo enmudece a mitad de la frase, provocando que se ruborice y baje la mirada de nuevo.

—¡Sí! —susurra Izuku, sonriendo como un idiota. Katsuki espera, en silencio, mirándolo con los ojos entornados, esperando que capte la indirecta. Puede ver el momento en el que la comprensión se abre paso por sus neuronas—. Estoy bien —dice a su compañera, que luce preocupada por si se ha hecho daño, entregándole los papeles—. Puedes… Me reuniré contigo. En el taller. En un minuto. Quizá dos. —Katsuki esboza una sonrisa triunfal y se despide con un gesto cortés de la mujer, que sigue caminando por el pasillo.

Los dos se quedan en silencio: Izuku cambiando el peso de un pie a otro y Katsuki con las manos cómodamente en los bolsillos, divirtiéndose al ver el nerviosismo de Izuku mientras lo taladra con la mirada. Llevan varias semanas saliendo, tienen sexo, duermen juntos y, aun así, cuando se cruzan en la agencia, Izuku se sonroja, tímido.

No lo admitirá en voz alta y piensa llevarse a la tumba ese secreto, pero Katsuki adora cada vez que Izuku se ruboriza. Es el paso previo a lo que va a hacer en unos segundos, que cuenta en silencio, sin preocuparse de reprimir una sonrisa triunfal cuando Izuku mira a ambos lados del pasillo, se acerca un poco más a él y se pone de puntillas para darle un fugaz beso en los labios. Katsuki lo retiene, abrazándole por la cintura para impedir que se separe y lo besa a su vez, demandante, tanteando sus labios con la lengua, que Izuku abre para permitirle el paso con un quedo sonido de placer.

Lo deja irse e Izuku se queda quieto unos segundos, paralizado, hasta que sus ideas se reconectan y reacciona, balbuceando que tiene que marcharse. Duda un momento, mordisqueándose el labio inferior, pero antes de que Katsuki se decida a mordérselo él mismo, se aleja trotando por el pasillo. Katsuki lo sigue con la mirada, aprovechando que Izuku no lo ve para disfrutar de la forma de su cuerpo.

—¡Hoy cenas conmigo, Deku! —le grita Katsuki cuando Izuku va a doblar el pasillo. Este se vuelve y asiente antes de despedirse con un pueril gesto de la mano que provoca una sonrisa en Katsuki—. ¡Ni se te ocurra olvidarlo!

Katsuki apenas se concentra el resto de la tarde, pensando en la cena. La ha planeado con antelación, aunque no haya avisado a Izuku hasta ahora. Tampoco importa mucho, porque ya no necesita preparar mochilas con ropa de cambio cuando duerme con él. Aunque sigue viviendo con su madre, pasa tantas noches en la casa de Katsuki que este ha tenido que hacerle hueco en uno de los armarios y le ha vaciado un par de cajones para las prendas de ropa que Izuku va dejando allí cuando pasa la noche. También tiene su propia esponja y cepillo de dientes e incluso se ha apoderado de una de las dos mesitas del dormitorio para sus enseres personales y el lubricante que utilizan en sus relaciones.

Es pronto para que se mude oficialmente con él. Aunque Izuku está a punto de cobrar su primer sueldo de Dynamight, cuando cumpla un mes trabajando a tiempo parcial, y también el estipendio proporcional por colaborar con el nuevo Ministerio de Héroes, Dones y Soporte, por pocas horas que sean, todavía le quedan unos pocos meses para terminar la universidad. Si no colapsa antes, porque ahora es frecuente ver las ojeras en los párpados inferiores de Izuku los días que no duerme con Katsuki y aprovecha para estudiar y recuperar el tiempo que ha pasado con él.

A Katsuki le gustaría proponérselo en algún momento, más pronto que tarde, pero hasta ahora se conforma con todo el tiempo que Izuku le regala. Al fin y al cabo, se ven prácticamente todos los días, ya sea porque entrenan para el examen de la licencia de Izuku, porque coinciden en la agencia o en la patrulla o porque va a su casa a dormir o salen juntos o con sus amigos durante el fin de semana para que se despeje. Lo que más le gusta de que Izuku se sienta tan cómodo en su casa, es que follar en su dormitorio es mucho más cómodo que buscar un hotel, como hizo en las escasas experiencias que ha tenido con otras personas hasta que conoció a Izuku, o escabullirse en un cuarto de baño o algún cuarto oscuro de una discoteca. Aunque admite que las veces que lo han hecho han sido emocionantes y le gusta repetir cada vez que tienen ocasión.

Sin embargo, hoy no tiene planeado que salgan de casa, porque está determinado a haber encontrado la solución al pequeño problema que se han topado en los últimos días y espera que hoy sea el día en que puedan conseguirlo.

Tras la infructuosa primera vez, Katsuki se había cuestionado qué estaba haciendo mal. Sin decírselo a Izuku, había investigado por su cuenta, pero la mayoría de los consejos para el sexo anal que ha encontrado en páginas web especializadas en sexualidad se resumen, básicamente, en lo que ha intentado hasta ahora, sin demasiado éxito.

Lo han intentado dos veces más. En la primera de ellas, tratando de descartar que la tensión de Izuku se debiese al temor de provocar un accidente bochornoso y causar un desastre en las sábanas, lo había convencido de ducharse y bañarse juntos para relajarse y ayudarlo a limpiarse no sólo por fuera, sino también el interior. Izuku se había negado en rotundo a que le echase una mano en ese asunto, confesando que ya lo ha hecho en varias ocasiones al prever que podrían intentarlo de nuevo, descartando ese aspecto. Sin embargo, lavarse el uno al otro y luego compartir la bañera hasta que el agua se había templado sí había cumplido su función relajante.

Contagiado por el entusiasmo de Izuku, que se había colocado de rodillas en la cama, apoyando el pecho en el colchón para ofrecerle el mejor acceso posible a su culo, Katsuki había vaciado un bote de lubricante, aumentando paulatinamente la cantidad de dedos en su interior. No le había permitido correrse, deteniéndose cada vez que Izuku estaba a punto, al contrario que otras veces, esperando que la excitación lo ayudase a estar más receptivo y relajado, hasta que Izuku le había suplicado que lo hiciese, derretido de placer.

Tras asegurarse de que tres de sus dedos entrasen con facilidad, Katsuki se había acuclillado tras él, apoyando una mano en la base de la espalda de Izuku para mantener contacto físico con él y transmitirle serenidad y guiando con la otra su polla hacia el esfínter lubricado de este para empujar muy despacio.

Había conseguido ganar unos milímetros antes de que Izuku apretase los dientes y se tensase. Pensando en la forma en la que a veces es mejor arrancar con fuerza un esparadrapo para quitárselo, aunque duela al arrancar el vello y tirar de la piel, Katsuki consideró un instante la idea de seguir, de empujar un poco más fuerte, de introducirse lo suficiente para que el dolor, de alguna manera, se disipase por sí solo, transformándose en placer.

No lo hizo.

No sólo porque la parte racional de su cerebro había señalado lo mierda del argumento, sino porque le gusta ver el rostro de Izuku deshecho de placer por sus dedos y su lengua, escuchar sus gemidos comunicándole lo mucho que está disfrutando. Le gusta ser el mejor en todo y eso incluye dar lo mejor de sí mismo en el sexo también. La idea de Izuku sufriendo dolor involuntario por su culpa, tan diferente del placer obtenido por los punzantes mordiscos que les gusta intercambiar, había desterrado definitivamente tal locura de su mente.

Se había retirado, ayudando gentilmente a Izuku, que lo miraba sin comprender, esperando que siguiesen intentándolo hasta conseguirlo, resignado a sufrir el dolor necesario hasta que llegase el placer prometido, a ponerse bocarriba. Acomodándose sobre él, apoyado en sus rodillas y codos para no aplastarlo, su polla había oscilado sobre el rostro de Izuku, rozándole los labios y la punta de la nariz. Katsuki se había metido la polla de Izuku, sin erección debido a la incomodidad de unos segundos antes, chupando con fruición hasta hacer que la excitación inicial regresase. Izuku hizo lo imitó, abriendo gustoso los labios para permitir que Katsuki le follase la boca al mismo tiempo.

Ya relajados tras el orgasmo, Katsuki había podido ver en los ojos de Izuku la inseguridad y la tristeza. Trató de restarle importancia, pero no fue tan efectivo como la primera vez e Izuku durmió esa noche con la espalda apoyada contra el pecho de Katsuki, haciendo que este lo abrazase desde detrás con firmeza.

La siguiente había sido Izuku quien había insistido. Tumbado de lado, abrazándose las rodillas y con Katsuki penetrándole desde detrás, porque Izuku es un nerd que también ha buscado información por su cuenta y había leído que era una buena postura para las primeras veces. La expresión de súplica de Izuku, idéntica a la de un cachorro, había hecho que Katsuki, que empezaba a pensar que quizá era mejor descartar el sexo anal de forma indefinida, se mostrase de acuerdo.

No había sido muy diferente de las veces que duermen en una postura similar y también había sido, hasta ahora, la más efectiva. Tras dilatarlo como siempre, parte del glande de Katsuki se había conseguido abrir paso en el ano hasta quedar atrapado entre el músculo exterior y el interior. Con los dedos de la mano derecha crispados sobre el antebrazo con el que lo abrazaba Katsuki, sujetándose con firmeza, Izuku había respirado hondo para relajarse.

Katsuki había estado a punto de apartarse y proponer terminar de otra forma, pero Izuku le había suplicado, con la misma voz que pone al usar la cara de cachorro abandonado con la que ablanda a Katsuki cuando este está de mal humor, que se quedase muy quieto, asegurándole que no era desagradable del todo ni más intenso que cuando le muerde los pezones. Katsuki no había estado muy seguro de que lo primero fuese positivo, pero como sabe lo sensibles que son los pezones de Izuku y que le gusta que se los muerda o pellizque, aunque le resulte doloroso, había accedido a no moverse ni separarse.

No es demasiado consciente de cuánto tiempo habían pasado así, con Katsuki respirando suavemente en la nuca de Izuku hasta que este se relajó lo suficiente como para aflojar el agarre de su mano sobre el antebrazo de Katsuki. En cuanto Izuku le dio permiso, intentando permanecer inmóvil para no empujarse dentro de su culo y provocarle un dolor que diese al traste con lo que estaban haciendo, Katsuki había buscado con su mano el pene de Izuku, masturbándole suavemente para provocarle una erección. El movimiento al pajearlo había hecho que percibiese cada sacudida en su glande, atrapado aún en el ano de Izuku. A Izuku no pareció molestarle o resultarle doloroso. Su culo se había apretado con más fuerza sobre la punta de su polla cuando Izuku se corrió con un gemido audible, contrayéndose tantas veces como disparos de semen eyaculó.

«No la saques todavía», había suplicado Izuku una vez más.

Aunque no estaba muy seguro de que eso estuviese siendo agradable para Izuku, había entendido que sí era importante para él al ser un pequeño logro, una pequeña victoria.

«¿Está bien si me corro?», había preguntado Katsuki. Izuku había asentido con la cabeza, sin dudar, volviéndose a sujetar de su antebrazo para suplicarle silenciosamente que siguiese abrazándolo.

Si no hubiese sido porque la situación era maravillosamente excitante, Katsuki habría calificado esa paja como la más frustrante de su vida. Sin embargo, el tener una mínima porción de su polla en el culo de Izuku, aunque fuese parte de la punta nada más, había compensado el tener que tantear con la mano libre entre los cuerpos de ambos para conseguir llegar a su pene y, tratando de moverse lo menos posible, acariciarse la parte de la polla a la que podía acceder. Izuku había vuelto a apretar el culo, tal vez comprobando las sensaciones, tanteando cuánto más puede aguantar, y eso fue lo que catapultó el orgasmo de Katsuki, que se había corrido, manchando el esfínter de Izuku antes de retirarse y limpiarlo con una toalla seca.

Eso ha sido todo.

Hasta hoy.

—¡Hola! ¿Todo bien? —Izuku aparece, con el pelo húmedo por la ducha que acaba de darse en las instalaciones de la agencia, en la puesta del despacho. Katsuki observa los documentos que tiene entre mano, incrédulo al comprobar que no ha avanzado absolutamente nada en las, al menos, dos horas que han pasado desde que se cruzó con Izuku en el pasillo.

—Claro que está todo bien. ¿Qué te has creído, Deku? —Izuku, acostumbrado ya a sus exabruptos, sonríe, encogiéndose de hombros. Katsuki sospecha, además, que esa sonrisa también tiene que ver con que en la oficina todos usen su nombre de héroe para referirse a él, reconociéndolo como tal. Resignificándolo, tal como pretendía.

—Puedo esperarte abajo, si quieres.

—No. Ya he terminado. —No tiene sentido seguir en el despacho, simulando trabajar a la vez que fantasea con lo que ha pensado hacer con Izuku esta noche, así que se levanta y sale a grandes zancadas, pasando por delante de Izuku, que se apresura a seguirlo.

Ese último intento de tener una relación sexual con penetración anal le había dejado algo muy claro a Katsuki, algo que ya debería haber averiguado: el sexo con Izuku es muy bueno y le encanta, incluso cuando no sale exactamente como esperaba.

Salvo el escollo que les ha preocupado esos tres intentos, en el resto de prácticas ambos se entienden bien e incluso cosas que podrían parecerle raras si se para a pensarlas resultan deliciosas y calientes. El recuerdo de Izuku ofreciéndole su boca para que le follase con la polla, del tacto tibio y metálico de los dedos de la mano izquierda de este acariciándole la piel del abdomen tras el orgasmo, de una gota de semen resbalando indolente por la comisura de su labio y del contraste de su glande, brillante, rojizo e hinchado, con los labios llenos de Izuku, ese tipo de labio que siempre parece esperar un beso, mientras se frotaba suavemente con ellos, había poblado sus sueños más ardientes varias noches.

Por eso, inicialmente había optado por proponer otras cosas y alejar el sexo anal de la ecuación durante unos días.

«Siéntate ahí, nerd», le había ordenado, jodidamente cachondo, al llegar a su casa la siguiente noche que Izuku se había quedado a dormir.

Venían de una discoteca, donde Izuku se había restregado contra el cuerpo de Katsuki mientras bailaba, descarado, con el atrevimiento de quien se ha bebido tres copas con un nivel de tolerancia de apenas dos, y este llevaba toda la noche excitado y caliente. Había correspondido a Izuku, acariciándole el culo y metiendo las manos por debajo de su camisa para buscar el tacto sudoroso de la piel de su espalda. Y se había deleitado con sus labios, besándolos y mordiéndolos con fruición, ignorando los quejidos de Izuku, que no tenía intención de detenerlo, para provocar que se enrojeciesen e hinchasen.

Izuku había obedecido su orden, sentándose en el sofá de dos plazas del apartamento de Katsuki. Sus ojos ya no estaban tan desenfocados, porque del paseo desde la discoteca hasta el apartamento habían contribuido a bajar el dominio del alcohol sobre su cerebro. Katsuki estaba tan caliente que había tirado la cazadora vaquera de Best Jeanist a un lado, descuidadamente, en lugar de colocarla en su sitio. Se había pasado toda la noche observando los labios rojos de Izuku, obsesionándose con ellos y con el recuerdo de su polla acariciándoselos, su semen resbalando por su comisura y la promesa que le había hecho.

«Yo siempre cumplo mis promesas, nerd», había anunciado Katsuki, con una sonrisa de medio lado, quitándose la camiseta. «Ni se te ocurra moverte. Si te mueves, te siento de una explosión», le había advertido, sonriendo todavía y entornando los ojos con amenaza.

Izuku había asentido, tragando saliva. Sus pupilas, enormes por la excitación, habían seguido a Katsuki mientras este se quitaba los pantalones y los calcetines, se frotaba con una mano la ya enorme erección por encima de la ropa interior y acariciaba con la otra por su pecho y abdomen, rozando con las yemas de sus dedos toda la piel posible antes de enganchar ambos dedos pulgares en la cinturilla del calzoncillo y tirar de ellos hacia abajo, provocando que su erección saltase y se bambolease.

«No oses apartar la mirada», había ordenado Katsuki, observando la reacción de Izuku. Este lo miraba con los labios entreabiertos, jadeando por la excitación. «Mírame, nerd, joder», había repetido a la vez que empezaba a masturbarse con parsimonia. Despacio, Katsuki se había acercado hasta quedar frente a Izuku, que había tragado saliva, hipnotizado por el movimiento de su mano. «Dijiste que querías mirar, ¿no? Pues mira».

Katsuki, en cambio, sólo tenía ojos para los labios de Izuku y había tenido que apretarse la polla con fuerza para no correrse cuando Izuku se lamió el labio inferior, excitado.

«¿Puedo…?». Izuku no había podido terminar la frase, ahogado por su propia falta de aliento.

«Sólo mirar, nerd. Es lo que te prometí, ¿no?». Katsuki se acercó un poco más, hasta que las pantorrillas golpearon con el borde del sofá, con las piernas de Izuku entre sus rodillas. La cara de Izuku estaba a apenas unos centímetros de su polla. «Pero sí puedes hacer lo que quieras contigo mismo», había añadido al ver que Izuku se estaba acariciando a sí mismo por encima del pantalón.

«¡Sí!».

Sin apartar la mirada de la polla de Katsuki, se había desabrochado el pantalón, bajándose el calzoncillo lo mínimo para poder liberar su polla y masturbarse también. La docilidad de Izuku, dispuesto a obedecer cualquiera de sus órdenes, hizo que la excitación de Katsuki aumentase. Le habría gustado tener voluntad para retroceder un paso y poder ver a Izuku masturbarse, extrañamente atraído por la idea de mirarse sin tocarse el uno al otro, pero los labios de este, que jadeaba de una forma jodidamente sexual, captaban por completo su atención y era incapaz de apartar la mirada de ellos.

«Más rápido», le había ordenado Katsuki. Izuku había acelerado el ritmo con el que se estaba pajeando, y eso le había hecho jadear un poco más y lamerse los labios para humedecerlos. Katsuki había acelerado también, a punto de desbordarse. «Mírame».

No había pensado esa última orden, pero Izuku la obedece al instante, levantando los ojos hacia Katsuki, y sus labios habían rozado el glande de su polla. Katsuki había enredado los dedos entre los rebeldes mechones del cabello verde de Izuku para impedirle moverse, acariciando el labio inferior con su polla.

«Voy a correrme en tus labios. ¿Está bien?», había preguntado Katsuki para asegurarse. Izuku había asentido con un gemido inarticulado y la humedad de su aliento al jadear le había envuelto la polla. «Tus ojos y tus labios… Joder, nerd».

Más tarde, Izuku le explicaría entre risas que ese había sido el instante en el que se había corrido. Katsuki, inmerso en sus sensuales labios rojos y sus anhelantes ojos verdes, no se había dado cuenta. Él lo había hecho instantes después, de forma abundante, con la polla apoyada suavemente encima de sus labios.

Izuku no había cerrado los ojos, ni siquiera cuando un hilo de semen había caído sobre su ceja. Katsuki tampoco, aunque sí había perdido el aliento varios segundos, fascinado por el contraste del blanco y semitransparente líquido sobre el rojo los labios de Izuku y el verde profundo de su intensa mirada, clavada en los ojos rojos de Katsuki.

Inmóvil, excepto el dedo con el que había acariciado el labio inferior de Izuku, recogiendo una gota de que ya empezaba a resbalar, Katsuki había contemplado durante un rato cómo su semen manchaba la ceja, las pecas de su mejilla y los labios de Izuku. Los ojos de este brillaban anhelantes.

«Puedes tocarme, si quieres». Con gula, la lengua de Izuku había salido de entre sus labios, acariciando el glande de Katsuki para limpiar golosamente las últimas gotas de semen que brotan de la diminuta abertura de la punta. Encantado por la inesperada carantoña, Katsuki se había colocado a horcajadas sobre las rodillas de Izuku. «¿Te ha gustado, nerd?»

«Sí», había contestado Izuku con un hilo de voz.

«Cumplo siempre mis promesas», le había advertido una vez más, sin delicadeza, al inclinarse hacia su rostro.

«Kac… Katsuki», había susurrado Izuku con un hilo de voz estrangulado. «Te… Yo… Te…»

«No digas tonterías y quédate quieto», había respondido Katsuki para disipar cualquier tipo de reparo por lo que iba a hacer que sintiese Izuku. Al fin y al cabo, si Izuku podía lamerlo o tragarlo, él también.

Le había lamido primero la ceja obligando a Izuku a cerrar el ojo mientras lo limpiaba. Después había punteado las pecas de la mejilla y la punta de la nariz, recogiendo las gotas de semen que resbalaban en un espeso hilo hasta llegar a los labios, que había lamido y chupado durante más tiempo del estrictamente necesario. El sabor, ligeramente agrio y algo salado, no era desagradable.

Cuando no quedaba rastro alguno de semen en los labios de Izuku, había sujetado sus mejillas con ambas manos y para besarlo profundamente, introduciendo su lengua para lamer la de Izuku en un intento de compartir con él todo lo que bullía en su interior y que Katsuki no habría sabido expresar con palabras. La sonrisa beatífica de Izuku al separase había sido mejor recompensa incluso que el cumplimiento de su fantasía.

Katsuki quiere conservar esa sonrisa, obtenerla todas y cada una de las veces que follen. Por eso ambos tienen que hablar para seguir disfrutando sin que el placer se enquiste y extinga las sonrisas por querer forzar algo que, al menos por ahora, no consiguen. Además, desde la conversación que había dado pie al sexo, Katsuki se está esforzando en implicarse en lugar de dejar que Izuku gestione los pasos que dan en la relación por su cuenta, y esto se ha convertido en una parte que afecta significativamente a esta.

Intuyendo que el carácter Katsuki está un tanto voluble esa tarde, Izuku apenas habla durante el breve trayecto que separa la agencia del piso. Katsuki se arrepiente de su brusquedad. Cuando caminan juntos Izuku suele parlotear sin descanso, supliendo los silencios hoscos de Katsuki con murmullos que este puede escuchar gracias a los audífonos que todavía lleva, inasequible al desaliento de los monosílabos con los que Katsuki suele contestarle. Aunque hable poco, Katsuki siempre le escucha con atención e Izuku lo sabe, pero hoy guarda un silencio expectante. Sacando las manos de la cazadora vaquera heredada de Best Jeanist, Katsuki busca la mano de Izuku, entrelazando sus dedos con los de él.

La sonrisa de Izuku cambia. También su forma de caminar, que de pronto es más ágil y entusiasta. Ninguno rompe el silencio, más cómodo ahora que Izuku ha comprendido que Katsuki sólo necesita un poco de espacio. Abstraerse en sus pensamientos le viene bien para gestionar la frustración por fantasear toda la tarde en el trabajo, preocupado porque quiere que todo salga bien. Que proponerle un nuevo intento de follar no acabe con la mirada Izuku teñida de culpabilidad e inseguridad por algo que, hasta donde ha podido comprobar, es habitual. Porque no soporta la idea de volver a hacer daño a Izuku, física o emocionalmente.

Katsuki es consciente de que ha tenido mucha suerte en la vida.

A su madre le costó muchas collejas y gritos, pues ambos tienen un carácter muy similar, metérselo en la cabeza. Probablemente en la actualidad habría implicado más paciencia y conversaciones, pero en aquel momento Mitsuki hizo lo que supo y lo que pudo para educarlo en un entorno que no hacía más que repetirle lo bueno que era su Don y lo lejos que llegaría. Además de la utilidad de sus explosiones para el combate, tenía una familia que lo amaba, arropaba y apoyaba y que pudo permitirse impulsar los estudios y el futuro laboral que él había elegido.

Había llegado a la adolescencia lleno de arrogancia, pensando que su paso por la U.A. sólo era un trámite para alcanzar su verdadero destino: ser un héroe profesional, como todo el mundo había vaticinado y él había deseado durante toda su infancia. No un héroe profesional cualquiera. Tenía que ser el mejor héroe, el número uno, porque para eso había sido el mejor estudiante de su escuela y tenía el mejor Don.

A los profesores que velaron por su educación en su etapa de aprendizaje les tocó presionarle hasta que comprendió que ser un héroe era algo más que reventar villanos por doquier. Aizawa le había enseñado a exprimir lo mejor de su Don y que había algo más que pelear. Endeavour a ser el más rápido, pero no para ser el mejor, sino para llegar cuanto antes y minimizar los daños.

Best Jeanist le había ayudado a comprender que su suerte y talento podían y debían ser utilizados para ayudar al resto como acto de generosidad, en lugar de glorificarse a sí mismo. A ser el mejor y el número uno porque serlo significa salvar vidas y hacer feliz a la gente, no tener el mejor Don o ser superior. A Best Jeanist le habría caído bien Izuku. Le habrían gustado sus ideas. Seguramente habría sabido entrenarlo mejor que Katsuki, ayudarlo a calmarlo y serenarse, a no precipitarse, como le enseñó a él. A pensar con frialdad y a planificar, en cambio, Izuku los gana a ambos con clara ventaja.

El héroe había sido el punto de inflexión en el que Katsuki por fin había podido comprender qué es realmente un héroe profesional, al menos hasta que Izuku apareció en su vida para trastocar todas las cosas que ha aprendido hasta ahora.

Katsuki tardó años en comprenderlo, pero Best Jeanist no se rindió en ningún momento con él.

También había habido esfuerzo su por parte, por supuesto. Sus notas y entrenamientos eran mérito de su trabajo continuo y eso había ayudado a que su cuerpo fuese tan normativo como su Don, a pesar del sudor. Es probable que, si su carácter no fuese tan explosivo y no se hubiese centrado exclusivamente en sus estudios y en su carrera laboral, hubiera podido salir con quien quisiese durante su adolescencia, algo que, salvo algunos besos perdidos o meterse mano con algún compañero o compañera de profesión en los vestuarios o una habitación de un hotel por horas, nunca le había interesado demasiado.

Hasta que Izuku se metió debajo de su piel y supo que quería ser suyo para siempre.

Al llegar a casa, Katsuki se dirige a la cocina directamente, quitándose la sudadera hasta quedarse con la camiseta interior. Izuku lo sigue, cautelosamente, y Katsuki sabe lo que está pensando al mirarlo con curiosa intriga: que está raro hoy.

—¿Vamos a cenar aquí? ¿Puedo ayudarte? —Izuku se asoma por detrás de él, poniéndose en puntas para ver por encima de su hombro qué está cocinando. Katsuki se mueve, de forma refleja, para hacerle sitio a su lado.

—En juliana —responde Katsuki, que ya tiene varias elaboraciones preparadas para terminar de cocinarlas rápidamente, pasándole una cebolla morada. Cuando Izuku la acepta, Katsuki la retiene un segundo en su mano para obligarlo a detenerse un segundo y, inclinándose hacia él, le muerde en la mejilla poblada de pecas.

—¡Kac… Katsuki! —protesta Izuku, con un quejido lastimero impostado.

—Calla, nerd —dice Katsuki, fingiendo una mueca de desagrado. Sonriendo ruborizado, Izuku saca una tabla de cortar y un cuchillo con la familiaridad de quien conoce bien el lugar y tiene la confianza para hacerlo.

La cocina del apartamento de Katsuki es, en realidad, muy pequeña. Para compartir el pequeño trozo de encimera, ambos tienen que trabajar hombro con hombro, rozándose continuamente. A Katsuki, que siempre ha preferido cocinar sin ayuda ni intromisiones, le agrada la novedosa sensación de tener a Izuku a su lado, cortando con esmero las verduras que le va ordenando preparar.

En silencio, observa de reojo cómo Izuku se muerde la comisura del labio inferior, concentrándose para cortar perfectamente los pequeños trozos que le ha pedido, tomándoselo tan en serio como cualquiera de los ejercicios que le ordena durante los entrenamientos o con la determinación y tenacidad que dedica a todos los retos de su vida, incluso los más sencillos. Nunca le ha dicho verbalmente lo mucho que admira la voluntad que tiene de dar lo mejor de sí mismo, aunque imagina por la sonrisa que Izuku le dirige, pausando un momento en su tarea, que este ya lo sabe. Ensimismado en su rostro, Katsuki le devuelve la sonrisa, más relajado, y ese es el detonante para que Izuku, que sabe leer en su ánimo como en un libro abierto, comience a parlotear, explicándole una anécdota relacionada con su madre Inko, mientras Katsuki intercala monosílabos y asentimientos para indicarle que está escuchando.

—Te caería bien si la conocieses. ¿Cómo es tu madre, Katsuki? Nunca me hablas de ella.

—Es… —Katsuki duda unos segundos. Es irónico que le pregunte justo hoy, que ha estado pensando en ella—. Intensa. Cariñosa, a su modo, pero también bruta. Un poco como yo. —Izuku arruga la nariz, no muy convencido de que Katsuki esté hablando bien de Mitsuki y este sonríe con malicia—. Te caería bien —dice, convencido.

Él se parece mucho a Mitsuki y le gusta a Izuku, así que su madre seguro que también. A Mitsuki le caería bien Izuku, porque Izuku le gusta todo el mundo, tiene esa rara cualidad que lo hace capaz de llevarse bien con cualquiera tras intercambiar unas pocas frases o interacciones. Al contrario que Katsuki, quien siempre impone temor desde su brusquedad y respuestas groseras.

—¿Puedes encargarte la sopa por mí? —pregunta al cabo de un rato. Izuku asiente, diligente.

Katsuki sale de la cocina para darse una ducha rápida. No se moja el pelo, sólo se frota el cuerpo con la esponja. Está nervioso y cuando eso ocurre suda más de lo habitual y quiere que esa noche esté todo perfecto para Izuku. Poniéndose unos bóxer a modo de pantalones y una camiseta de tirantes limpia, regresa a la cocina. La mirada de Izuku, que se mordisquea el labio inconscientemente y tiene las pupilas dilatadas de deseo, viaja desde los tatuajes de sus brazos al bulto de sus calzoncillos. A Katsuki le excita que Izuku lo mire así, tan cachondo que llega a olvidarse de prestar atención a la sopa que hierve en el fogón.

—¿Te molesta si me quedo así? —Izuku niega con la cabeza. Al verlo morderse el labio de nuevo, concentrado, adivina qué es lo que está pensando—. No lo he hecho con la intención de que te quitases la ropa también. Al menos por ahora. Sólo tenía calor.

—¡Yo no…! —Katsuki se ríe de él con una carcajada burlona. Pillado, Izuku también sonríe y se relaja—. Bueno, a lo mejor sí lo he pensado un poquito.

—Lo contrario me habría decepcionado, nerd. Pero… —Se interrumpe, buscando las palabras más adecuadas para expresar lo que quiere en voz alta—. Si quieres ponerte cómodo hazlo, pero si te da igual… Prefiero que te quedes así. Yo mismo te quitaré la ropa después. Me… me gustaría hacerlo.

—¡Claro! ¡Sí! —Izuku asiente sin dejar de morderse el labio ni apartar los ojos, que brillan febriles, de Katsuki. Este se acerca a él, atrapándolo entre sus brazos con fuerza para morderle la mejilla una vez más—. ¡Katsuki! —protesta Izuku sin demasiada convicción.

—Calla, nerd. —El susurro de Katsuki hace que Izuku se estremezca. Este se remueve en el interior de su abrazo para liberar la mano izquierda y acariciarle el rostro. Katsuki percibe el extraño tacto suave, tibio y agradable de la prótesis y, para romper el instante, antes de soltarlo vuelve a morderle, esta vez en la punta de la nariz, sin hacer fuerza—. Yo llevo la sopa y el bol de arroz. Tú los cuencos, palillos y servilletas.

Izuku obedece, un poco torpe porque, como Katsuki observa, con cierta satisfacción, el abrazo le ha pillado por sorpresa y está excitado y nervioso. Mientras colocan los utensilios en la mesa y al volver a la cocina para traer lo que falta, Izuku no deja de mirarlo de reojo, sonrosado. Katsuki no aborda el tema hasta que Izuku separa las palmas de las manos después de decir «itadakimasu».

—He estado leyendo en internet. —Izuku alza la mirada, deteniendo en el aire los palillos que sostiene entre los dedos. No está muy seguro de cómo planteárselo sin que se sienta presionado, juzgado o infantilizado y su poca habilidad a la hora de expresarse no ayuda—. Izuku… Sabes que está bien si no lo hacemos de esa forma, ¿verdad?

—Pero tú… —Katsuki observa la inseguridad que asoma bajo los grandes y sinceros ojos verdes de Izuku, incapaces de disimular sus emociones. Agazapado detrás del talante atrevido, valiente e impulsivo de Izuku, se esconde el temor a fallarle. Esa es la inseguridad que Katsuki quiere desterrar de Izuku. Le recuerda demasiado al momento en que se descubrió la mentira sobre su Don. Prefiere la mirada llena de emoción, deseo y algo indescifrable que ve cuando Izuku clava sus ojos en él o al vibrar de placer por el toque de sus manos.

—No se trata de mí, Izuku. Se trata de… —«Se trata de ti», quiere decir Katsuki. «De que estés bien, de que estés cómodo con todo esto, de que lo estemos ambos», pero comprende que no es así. Sí se trata de él también—. De los dos. Podemos vivir sin ello si no es posible. No lo necesitamos para seguir pasándolo bien.

—Pero tú… —insiste Izuku, frunciendo el ceño.

—Yo puedo vivir sin ello —remarca, tratando de que Izuku entienda que no le está fallando en ningún sentido. Está totalmente seguro de ello. Izuku lo conoce lo suficiente para saber que de otro modo no lo habría dicho. Katsuki no es alguien que diga las cosas para complacer o agradar a nadie—. Por eso digo que no se trata de mí, no que no sea un asunto de los dos.

—El sexo me gusta —dice Izuku, finalmente. Katsuki asiente, porque también es importante para él, pero si Izuku le dijese que no van a volver a follar jamás, seguiría quedándose a su lado sin dudarlo.

—A mí también me gusta, porque es divertido y placentero para los dos. Pero no deseo algo que no te haga sentir bien. No tienes que sentir que debes… sacrificarte por esto. No me lo debes, y a mí ni siquiera me supone un esfuerzo excluirlo de mi vida. —Lo taladra con la mirada, cerciorándose de que Izuku lo ha entendido. Se relaja cuando una chispa brilla en sus ojos, desterrando la inseguridad de unos minutos antes.

Ha sido sincero. Ni le preocupa ni le molesta la perspectiva de no tener sexo anal jamás con Izuku, si este así lo decide o no es posible. Lo que siente por él, el chico que no tenía ningún Don, pero que consiguió hacer creer a todo el mundo que lo tenía y que fue capaz de llevar a cabo grandes gestas sólo por la fe que tenía en su vocación, está incrustado profundamente dentro de él. Mucho más de lo que Katsuki suele manifestar en voz alta, incluso contando el esfuerzo que hace de hablar más a menudo de ello desde que Izuku lo paró en medio de la calle para aclarar los términos de su relación, porque hablar de sus emociones siempre le ha costado.

—He estado leyendo en internet. —Vuelve a comenzar ahora que está seguro de que Izuku va a comprender su propuesta y no se va a sentir presionado ni va a creer que se lo está exigiendo. Esta vez las palabras fluyen con más facilidad—. Que haya problemas para meterla la primera vez es algo habitual, pero por lo visto, si tienes paciencia y vas despacio, una vez lo consigues es todo mucho más fácil las siguientes veces.

—¿Será más fácil?

—Eso decían. Que es posible no dedicar tanto tiempo a la distensión y que la incomodidad desaparece con la práctica. La web parecía fiable —añade, adelantándose a la duda de Izuku.

—Pero nosotros no lo hemos conseguido. —Izuku frunce el ceño, analizando la información.

—Error. —Katsuki sonríe cuando Izuku, desconcertado, levanta la vista hacia él—. La última vez casi lo conseguimos. Estuve un rato dentro, justo en la entrada. Por lo visto, eso ayuda a acostumbrarse. Lo habíamos intentado ya un par de veces y hemos utilizado mucho los dedos. Explicaban que eso y la postura que elegiste es muy adecuado. Y creo que estabas más relajado porque lo habías propuesto tú y eso ayudó —remacha, terminando de exponer sus argumentos.

—No fue tan incómodo —dice Izuku, pensativo, recordando su propia vivencia—. Que estuvieses así. No es que fuese del todo agradable, pero tampoco dolía. Era… extraño.

—Decían que la sensación al principio puede ser rara.

—Lo fue la primera vez que usaste los dedos, pero no todas las demás —admite Izuku, sonrojándose.

En la web, una tienda online donde ha podido comprar algunos productos eróticos y lubricantes, le han atendido con profesionalidad, seriedad y muchísima información, ofreciéndole un asesoramiento personal y anónimo que agradece al ver cómo transcurre la conversación. También le han dicho, aunque esto ya lo suponía él sin necesidad de preguntar, que los nervios, la tensión y las expectativas de la primera vez pueden dificultar la penetración aún más. Sobre todo, si como es su caso, ya ha habido intentos infructuosos.

Izuku, que murmura ensimismado para sí mismo, ha llegado a la misma conclusión por su cuenta. Katsuki entorna los ojos, observándolo y escuchándolo. Su meta esta noche era conseguir que Izuku se relaje y que se convenza de que es posible, de ahí poner toda la información, dudas y decisiones, sin tapujos, encima de la mesa.

—Yo tampoco lo necesito y no pasa nada si no lo hacemos nunca. Pero si es cierto que poco a poco te adaptas y que me he acostumbrado un poco… prefiero seguir intentándolo —dice Izuku, todavía hablando para sí mismo—. Me gustaría mucho saber qué se siente al hacerlo, no quiero rendirme aún —añade, esta vez mirando a Katsuki, que asiente, comprensivo. Aunque le ha planteado la opción, a él le gustaría no rendirse tampoco, está seguro de que están cerca de lograrlo.

—Entonces, sigamos intentándolo, pero sin obsesionarnos con ello. Si no sale… pues nos pajeamos o nos la chupamos, como otras veces. Pero, Izuku… —Katsuki duda. No sabe cómo nombrar lo que siente. Decirle que lo quiere y que todo lo demás da igual suena posesivo. Que lo ama, demasiado sensiblero. Que le pone cachondo, por muy cierto que sea, es pueril y zafio. Carraspea, reordenando sus ideas—. A mí me gusta cuando probamos cosas. Como lo del otro día. —No añade que todas las veces que han tenido sexo hasta ahora están marcadas a fuego en sus recuerdos.

—Lo del otro día estuvo muy bien —aprueba Izuku, sonriendo con descaro y mordiéndose el labio inferior. Katsuki clava la mirada en él, seguro de que Izuku lo ha hecho intencionadamente, porque el labio le ha enrojecido—. Sí, yo también quiero que sigamos probando cosas, aunque no siempre nos salgan bien.

—Eso es justo lo que quería escuchar, nerd —dice Katsuki, satisfecho, con una sonrisa engreída, sujetando sus propios palillos ahora que ha podido aclarar las cosas y establecer un acuerdo.

—Ya has pensado en algo, ¿verdad? ¿Un consejo de esa web de la que has hablado antes? —Katsuki asiente, orgulloso de la intuición de Izuku y complacido al ver el brillo de decisión de sus ojos—. Por eso querías asegurarte de que si no funciona, no me obsesione ni lo sienta como un fracaso.

—Se trata de divertirnos y pasarlo bien.

—Sí. Tienes razón. Gracias, Katsuki —dice Izuku, sonriendo beatíficamente, justo de la manera que Katsuki adora y que no quiere perder—. ¿Me cuentas lo que aconsejaban en la página web?

—¿Me prometes que, en lugar de intentar aguantar para no decepcionarme, me avisarás si te duele o necesitas parar? —contrataca Katsuki.

—Lo prometo —dice Izuku, solemne.

—¿Y confiarías en mí si te lo muestro en vez de contártelo? —Katsuki está convencido de que Izuku ha disfrutado obedecer sus órdenes y aguardar expectante lo que va a ocurrir cuando se ha masturbado para él, pero quiere asegurarse de que desea repetirlo.

—¡Sí! —asiente Izuku, con los ojos brillando por la excitación y la emoción.

—¿Y te parece bien que sea yo quien diga qué hacer? ¿Incluso aunque eso signifique que no te la meta? —Ni siquiera hay un atisbo de duda en Izuku, que casi vibra de la impaciencia—. Ven conmigo.

Poniéndose en pie, Katsuki le tiende la mano para ayudarlo a levantarse. Izuku la acepta, sonriendo como un idiota y entrelazando sus dedos con los de él. Katsuki esboza una sonrisa ladina y lo guía hasta el cuarto de baño, situándolo frente al espejo que preside el lavabo. Las manos de Katsuki se posan sobre los hombros de Izuku, que le observa a través del espejo antes de levantar la mirada hacia arriba, cuando Katsuki, que le saca una cabeza, sonríe maliciosamente y desliza las manos por encima de la tela de su camiseta, acariciándole con un toque suave pecho y abdomen. Las manos de Katsuki son grandes y la cintura de Izuku estrecha y la imagen que el espejo devuelve es excitante. Cuando las posa sobre sus caderas, Izuku está mordiéndose el labio inferior, esta vez de forma inconsciente, incapaz de apartar la mirada del reflejo.

—Así me gusta —aprueba Katsuki, excitado—. La idea ahora es que te dejes hacer.

—Como el otro día —asiente Izuku.

—No exactamente. Hoy tu tarea es relajarte y disfrutar. Ahora no puedes moverte, ¿de acuerdo? Si algo no va bien, avísame y me detendré —le advierte Katsuki.

Sin apartar la mirada del reflejo de Izuku, Katsuki desabrocha el botón del pantalón de Izuku. Se coloca en cuclillas tras él, tirando de sus pantalones y del calzoncillo para descubrir el culo de Izuku. Inspira profundamente, conteniendo el aire en los pulmones al verlo justo delante de él, a apenas unos centímetros de distancia.

Sujeta las nalgas de Izuku, una con cada mano, y tira de ellas para separarlas y hallar el pequeño esfínter rosado, apretado y fruncido, que se contrae un par de veces en respuesta a la inquietud de Izuku por estar siendo observado tan minuciosamente. Katsuki había pensado dejar para más tarde lo que va a hacer ahora. Uno de los artículos de la web que explicaba varias prácticas que podían ser útiles como juego previo al sexo anal lo aconsejaba con rotundidad. Aunque le había excitado la idea de hacerlo, Katsuki no había estado muy seguro de que fuese a gustarle hasta ahora, que la sola visión del diminuto y fruncido ano de su novio y la confianza con la que este le permite acceder a él lo ha convencido y no puede ni quiere contenerse.

Hundiendo la nariz entre sus dos nalgas, lame con decisión desde la base de sus huevos hasta el punto donde comienza su espalda, haciendo que este dé un respingo de sorpresa, y luego acerca sus labios al apretado esfínter de Izuku y lo besa antes de poner la lengua rígida para puntearlo un par de veces con la lengua.

—Katsuki… —susurra Izuku con cierto tono de escándalo, pero no suena incómodo ni le pide que se detenga, así que vuelve a lamerlo.

—Es uno de los consejos que he leído. ¿Te gusta?

—¡S-sí! —La respiración jadeante de Izuku es un claro síntoma de lo caliente que está. Katsuki repite los besos, reparte lametones y chupa con ganas el ano de Izuku unas pocas veces más, sonriendo con malicia al apartarse cuando Izuku gime, ansioso de más—. Kac… Katsuki… —suplica.

—Tienes razón, nerd —asiente Katsuki, burlón—. No está bien comerse el postre antes del plato principal.

—¿Qué? —Izuku, todavía jadeante por las sensaciones, parpadea desconcertado.

—Recuerda que tú también puedes pararme cuando quieras —susurra Katsuki, riéndose todavía. Frota la nariz en la nalga derecha de Izuku, percatándose por primera vez de las pecas que motean su piel ahí también.

—No quiero hacerlo. Pararte —se apresura a decir Izuku.

—Joder, nerd. No digas esas cosas o no respondo de mí mismo —masculla Katsuki, cuya erección trata de escaparse del calzoncillo.

—No quiero decir que no —repite Izuku, intencionadamente esta vez.

Conteniendo una carcajada, Katsuki le da un mordisco en la nalga a modo de reprimenda. Es lo suficientemente potente como para que Izuku dé un respingo, pero controla el impulso inmediatamente y vuelve a quedarse muy quieto, tal y como Katsuki le ha ordenado. Para recompensarlo, Katsuki vuelve a lamerle el culo un par de veces, gozando de los gimoteos suplicantes de Izuku cuando lo hace.

Después, abre un pequeño armario lateral del mueble que rodea al lavabo y saca lo que ha comprado en la tienda de la página web tras el asesoramiento profesional. Izuku observa sus movimientos, visiblemente nervioso al ver los tres plugs anales alineados sobre la repisa del lavabo, de menor a mayor, junto a un bote de lubricante especial para el sexo anal. Tienen forma ovalada y alargada para facilitar la inserción en el ano, diseñada para conseguir una dilatación progresiva, con un tope amplio y seguro en la parte inferior. Son negros, sin florituras ni adornos, pero de tacto sedoso, suave y sin olor.

Según ha averiguado, son ideales para lo que Izuku y él necesitan y se ha decidido por ellos tras informarse sobre los pasos más convenientes a seguir para conseguir una penetración anal completa si una de las partes tiene el pene más grande que la media y la otra tiene problemas al intentarlo.

—El pequeño se supone que es para principiantes que nunca han hecho nada. Pero a ti te entran tres dedos con facilidad, así que, en realidad, no cuentas como tal —explica Katsuki.

Igualmente, escoge el plug más pequeño, lo empapa de lubricante y lo introduce con cuidado en el culo de Izuku, que lo acoge con tanta facilidad que lo absorbe apretándose alrededor del tope que impide que se pierda en su interior, en cuanto Katsuki lo empuja suavemente. A Katsuki empieza a dolerle el pene de lo duro que lo tiene, pero hay algo excitante en relegar su propio deseo un poco de tiempo más. Sujeta el plug por la base para sacarlo y meterlo varias veces, follándose a Izuku con él, que lo agradece con un par de suspiros ahogados.

—¿Bien? —pregunta Katsuki. Izuku murmura un sonido inarticulado a modo de asentimiento.

Katsuki tira del plug con cierta rudeza, obteniendo otro respingo placentero de Izuku cuando sale de su interior, y lo deja sobre la repisa del lavabo. Después, elige el de tamaño mediano. Antes de utilizarlo, mete un dedo empapado de lubricante dentro del culo de Izuku para asegurarse de que está resbaladizo en el interior, que se contrae en respuesta, y luego dos, satisfecho al escuchar a Izuku lloriquear de placer. Aun así, se asegura de que el plug esté generosamente lubricado antes de introducirlo con delicadeza.

El gimoteo de Izuku cuando la parte más ancha del plug dilata su esfínter va directo a la erección de Katsuki. Sosteniéndolo en ese punto, antes de continuar, Katsuki se detiene a escuchar sus sollozos, temiendo haberle hecho daño, pero los jadeos de Izuku no suenan doloridos, sino excitados y demandantes. Se ha movido: ahora se sujeta con ambas manos a la repisa del lavabo y Katsuki ve a través del espejo que se muerde el labio para contener sus gemidos, ruborizado.

El ano de Izuku opone resistencia, empujando con fuerza el plug para expulsarlo, y Katsuki le permite hacerlo, procurando que el extremo más puntiagudo sí quede insertado, antes de volver a presionarlo hacia el interior de su culo repetidas veces, iniciando una penetración suave en la que procura ganar un milímetro más cada vez, sin alcanzar todavía la parte más ancha. Fascinado por lo erótico que resulta, Katsuki observa cómo el plug se desliza con facilidad en su interior, brillante por el lubricante, cómo el ano de Izuku se ensancha y estrecha, ajustándose al tamaño gradual y expulsándolo con fuerza cuando deja de hacer presión.

—Por favor —suplica Izuku cuando Katsuki lo saca del todo, acariciándole el ano con la yema del dedo para cerciorarse de que está bien y respirando profundamente para reprimir la necesidad de masturbarse ahí de cuclillas en el suelo del baño mientras mira el culo de Izuku.

—¿Tienes prisa, nerd? —dice Katsuki, satisfecho por el resultado que está teniendo, hasta ahora, su plan.

Tantea con la punta del plug en su ano en una caricia previa a volver a deslizarlo, follándole con él, más rápido y profundo ahora, hasta que, al sobrepasar el punto más ancho del juguete, el propio culo de Izuku, que ahoga un gemido anhelante, lo absorbe hacia adentro de golpe, como ha pasado con el primero que ha probado. El ano de Izuku se aprieta varias veces, provocando que la base ancha que queda fuera de su culo tiemble con cada contracción.

—¿Te ha dolido? —pregunta Katsuki, consciente de que las cosas se han acelerado en el último momento.

—N-no —dice Izuku, con la voz trémula. También las rodillas le tiemblan y respira rápidamente. De la punta de su polla, dura y apretada contra el mueble del lavabo, cuelga un hilo de semen que mancha la madera de la puerta del armario.

—¿Te has corrido, nerd? —pregunta Katsuki, fingiendo tono de sospecha.

—N-no —repite Izuku, jadeando. Su ano sigue contrayéndose rítmicamente, Katsuki cree que de forma inconsciente—. Pero he estado a punto. Lo siento, Kac-Katsuki.

—No pidas perdón, nerd. Puedes correrte cuando quieras, se supone que es para eso. —Coloca la base alargada del plug para encajarla entre los glúteos de Izuku y que no le moleste. Le levanta los calzoncillos y los pantalones, acomodándole la erección como habría hecho con la suya propia y se pone de pie.

—Pero yo… —Izuku no se mueve, tal como le ha ordenado. Rodeándolo con los brazos para alcanzar el grifo y lavarse las manos y limpiarse el lubricante, Katsuki besa la nuca de Izuku, enterrando la nariz entre los rizos rebeldes de su cabello.

—Recuerda lo que hemos acordado: no pasa nada si hoy no llegamos al final. Y que te corras con algo grande dentro de tu culo puede ayudar a relajarte en futuras ocasiones —murmura contra su pelo, aspirando su aroma.

—Sí —suspira Izuku, ladeando la cabeza como un gatito mimoso. «Sólo le falta ronronear», piensa Katsuki, burlón. Aunque Katsuki tiene las manos mojadas por el agua que no se ha secado, Izuku las guía hasta abrazarse a sí mismo con ellas.

—¿Estás cómodo? —pregunta Katsuki, observando la respuesta de Izuku en el reflejo del espejo. Este le devuelve la mirada, febril por el placer interrumpido, y asiente con convicción—. Si te molesta, dímelo y lo sacamos.

—De acuerdo.

—Y si te quieres correr, hazlo, se trata de que disfrutemos. Yo estoy disfrutándolo ya —añade, adelantándose a la protesta de Izuku, a la vez que frota su erección, cubierta sólo por los calzoncillos, contra el culo de Izuku para remarcar su afirmación. Conteniendo una carcajada por la mirada depredadora que Izuku le lanza a través de su reflejo, Katsuki hace ademán de apartarse, pero Izuku se lo impide, obligándolo a abrazarlo un poco más.

—Gracias por esto, Katsuki —Izuku sonríe, una de sus sonrisas amplias y cautivadoras, de las que hace que sus ojos brillen. Justo la que Katsuki quiere ver. Desaparece todo rastro de la docilidad y sumisión con la que se ha dejado llevar en los minutos anteriores, reemplazada por osadía y valentía, lo cual hace que el pecho de Katsuki duela por la profusión de emociones que colisionan al mismo tiempo en su interior.

—No digas tonterías. No han costado tan caros.

—Por eso no, idiota engreído —lo interrumpe Izuku con una carcajada.

Katsuki, haciendo un mohín de fastidio, le muerde la mejilla para aceptar el cumplido y lo estruja más fuerte dentro del abrazo, pensando que si alguien le hubiese dicho unos meses atrás lo mucho que le iba a gustar el contacto físico con otra persona, se habría burlado. Sin embargo, ahora es incapaz de apartar las manos de Izuku, pareciendo un novio pegajoso sacado de las películas románticas que tanto le gustan a Shouto últimamente. Izuku se recuesta contra él, disfrutando también de la intimidad que están compartiendo, con menos reparos porque para él el contacto físico es algo mucho más cotidiano: se abraza, toca y besa con sus amigues de forma habitual.

Al mirarse al espejo, buscando el rostro satisfecho de Izuku, se topa con su propio reflejo, ruborizado y un poco despeinado, con un aspecto vulnerable que no le incomoda. Avergonzado, Katsuki aprieta la mandíbula para adoptar lo que considera que es un gesto de tío duro, arrancando una carcajada de Izuku, que no le ha quitado ojo.

—Vamos a cenar —murmura, mordiendo suavemente, apenas un roce con los dientes, la mejilla de Izuku una vez más.

Afortunadamente, las preparaciones que ha elaborado Katsuki, con la ayuda de Izuku, son frías en su mayor parte. Sólo tienen que recalentar la sopa de miso y el takoyaki antes de volver a sentarse a la mesa.

—Itadakimasu —susurra Izuku de nuevo, uniendo las palmas de sus manos antes utilizar la parte trasera de sus palillos para servirse unas pocas verduras en tempura en su plato, lanzándose sobre ellas, hambriento.

Al observar el rostro ruborizado de su novio, que lo mira y habla entre bocado y bocado, comprende que es un reflejo del suyo propio y que, a pesar de la charla banal, tiene tan presente como él la intensidad de lo que han hecho en el baño. Sorprendido por lo relajado que está, a pesar de que ninguno de los dos ha llegado al orgasmo, descubre que postergar el deseo que nota en el vientre para disfrutar de la cena es más excitante incluso que si ambos hubiesen decidido correrse en el baño. Ni siquiera se molesta en disimular la sonrisa sincera que esbozan sus labios mientras Izuku, que ha recuperado su talante parlanchín habitual y también está relajado, le habla de cómo el último invento de Hatsume ha destrozado medio taller en la universidad al explotar.

—¡Tendrías que haberlo visto, Katsuki! —dice Izuku, riéndose a carcajadas, comiendo más bolitas de pulpo con apetito—. Yo estaba lo suficientemente lejos como para que no me afectase, pero una compañera que estaba trabajando en la mesa de al lado se ha chamuscado el pelo y se ha quedado sin cejas.

—¿Todo bien? —pregunta Katsuki, en cambio. Izuku ha hecho un gesto extraño con la cara al acomodarse. Apenas dura una milésima de segundo, pero lo ha visto. Sin embargo, Izuku sonríe más ampliamente, tranquilizándolo.

—Se… Es… Excitante —confiesa Izuku, bajando la mirada con timidez. Katsuki se pregunta cómo es posible sonreír tanto. Cuando él lo hace enseña los dientes, pero no es como Izuku, que alza las comisuras tanto que se le achican los ojos, se le remarcan las pecas y su rostro se transforma en ilusionada luz. «Jodidamente cursi», se maldice a sí mismo. Izuku lo mira, inquisitivo, y le responde.

—Carajo, sí que lo es.

—¿Quieres que te lo cuente? —pregunta Izuku, mordiéndose el labio inferior con picardía, empleando activamente contra él su particular fijación por ese gesto.

—Sí, joder.

Izuku no habla inmediatamente. Elige un nigiri con los palillos y lo moja en salsa de soja, abriendo la boca más de lo necesario para metérselo entero. Katsuki no los ha hecho grandes, no para justificar el exagerado gesto, pero los ojos de Izuku no se han apartado de él en ningún momento. O a lo mejor está tan cachondo por la situación que se está imaginando la insinuación de Izuku.

—Esto está buenísimo, Katsuki.

—Ya sé que cocino bien —asiente secamente Katsuki, provocando una risita traviesa en Izuku que le hace entrecerrar los ojos, amenazador. Izuku suele elogiar su comida cuando cocina para él; cumplidos que él acepta con mal disimulado orgullo y revolviéndole los rebeldes mechones verdes de su cabello.

—Ten. —Indiferente a su muda exasperación, Izuku ha cogido el último nigiri, de salmón, y lo deposita en el plato de Katsuki—. Es tu favorito, ¿no?

Katsuki ha utilizado dos tipos de pescado: salmón y atún. El atún porque Izuku mencionó que eran sus favoritos al comerlos en una de sus salidas. El salmón porque, como ha dicho Izuku, es el que le gusta a él, aunque nunca lo había mencionado. Se pregunta si lo ha adivinado sólo viendo ambos tipos en el plato en una de sus acertadas deducciones. O si sólo está siendo cortés ofreciéndole el último nigiri. Acepta el bocado, saboreándolo mientras mastica lentamente, sin dejar de mirar a Izuku, esperando que le dé lo que realmente le ha ofrecido.

—Lleno. Por dentro, como si necesitase ir al baño, pero al mismo tiempo es diferente —agrega, al ver que Katsuki lo mira con intriga. Se muerde el labio, esta vez sin ser consciente de ello—. Da gustito, sobre todo cuando me muevo. Al sentarme, se presiona hacia adentro todo lo que el tope permite. Si me inclino hacia adelante o a un lado para alcanzar algo, se sale un poquito, volviendo a entrar al sentarme. Son sólo unos milímetros, creo, pero se siente más… grande.

—Ya sabes que puedes…

—Lo sé —lo interrumpe Izuku. Su sonrisa vuelve a ser pícara—. No he dejado de tenerla dura desde que me lo has metido.

—Sólo avísame si lo necesitas, nerd.

—¿Quieres mirar? —pregunta Izuku, y su Katsuki, divertido por su descaro, se ríe con carcajadas que resuenan graves en la salita—. Me gusta verte reír. Y sonreír de esa manera. No… no lo haces a menudo.

—¿Vamos a hablar de sentimientos? —Katsuki entrecierra los ojos al reconocer el tono que Izuku cada vez que quiere tener una conversación seria.

—No, si no quieres.

—Soy perfectamente capaz de mantener una conversación sobre sentimientos —se defiende Katsuki, un tanto hostil, pero la tímida carcajada de Izuku estropea el efecto al distender el ambiente.

—En realidad, sólo quería decir eso. Que me gusta que sonrías, porque… —Izuku se sonroja y baja la mirada, avergonzado—. Bueno, lo haces cuando me miras. Te observo constantemente y nunca sonríes cuando hablas con otras personas. Enseñas los dientes, pero no sonríes. Sin embargo, siempre que me miras me sonríes y cuando eso ocurre el corazón me da un salto que casi duele y a veces no sé cómo gestionarlo, porque…

—Nerd —lo llama Katsuki, que sospecha que ya no está hablando con él, sino para sí mismo, embalándose en uno de sus interminables soliloquios.

—Y es genial, pero al mismo tiempo me abruma un poco, porque nunca sé si tú quieres que yo…

—¡Nerd!

—¿Qué? ¡Perdón! —Izuku se sobresalta Está tan rojo que sus pecas destacan en su rostro con intensidad—. ¿He vuelto a abstraerme? Lo siento. Estaba… pensando para mí mismo.

—Eso es obvio. —Katsuki duda. No es ducho a la hora de hablar de emociones, no de una forma tan directa, pero Izuku sí lo necesita. Y quizá él también. Un poco—. Estoy tratando de ser más…

—¡Cariñoso, lo sé! —lo interrumpe Izuku, sonando un poco ansioso y, sobre todo, entusiasmado—. ¡Y me encanta! Pero no pasa nada si… —Katsuki pretendía utilizar la palabra «verbal», pero deja que Izuku divague de nuevo, sonriendo para sí mismo.

En verdad, lo disfruta más de lo que habría supuesto años atrás de imaginarse en una tesitura así. Le cuesta más la parte verbal, pero Izuku capta tan bien sus expresiones que tampoco le hace falta. Y, si no había empezado a mostrar todo ese afecto físico nada más empezar su relación no era únicamente, tal y como le había dicho a Izuku, para cederle la iniciativa. Instintivamente, estaba intentando autoprotegerse ante una marea de sentimientos que le habían desbordado.

Hasta que Izuku ha llegado a su vida, no había tenido la necesidad de tocar a nadie todo el tiempo. Durante la guerra contra la Liga de Villanos, había habido demasiadas cosas en las que pensar, demasiado estrés, demasiadas preocupaciones, como para ser plenamente consciente de lo que su cuerpo sentía cada vez que sujetaba de la mano a Izuku. No tanto, eso sí, como para que Katsuki no recuerde la noche de insomnio en una tienda de campaña, con el cuerpo de Izuku dormido envuelto por sus brazos y piernas y el olor a humo en su cabello quemado cosquilleándole en la nariz.

Ahora, le invade constantemente la necesidad de tocar a Izuku todo el tiempo, besarlo, acariciarlo, darle la mano, abrazarlo, apretarlo contra su cuerpo… Y, si además de experimentarlo, Izuku necesita escucharlo para saberse más querido o sentirse más seguro de su relación está dispuesto a hacerlo. Hay pocas cosas que no sería capaz de hacer ahora mismo por Izuku y ni siquiera tiene muy claras cuáles serían.

—La sopa va a volver a enfriarse —dice Katsuki al ver que Izuku alza la cabeza, sonriente tras haber llegado a alguna conclusión en su murmurado monólogo.

Indolente, como si no lo hiciese adrede, Katsuki extiende la mano sobre la mesa y sujeta los dedos de la mano derecha de Izuku, entrelazándolos con los suyos. Es la izquierda, pero da igual: una vez Izuku se ha acostumbrado a ella y el cerebro ha ido rehabilitando las conexiones nerviosas conectadas al sistema biónico de la prótesis, la panoplia de sensaciones que Izuku puede percibir con ella ha aumentado. No sólo la temperatura, también el tacto o la presión. A veces, es capaz incluso de detectar matices sutiles de toques ligeros, como el aire o las gotas de lluvia, aunque Izuku a veces se queja de que estas sensaciones quedan ahogadas por «el regusto metálico» por la forma en la que la prótesis codifica las señales nerviosas.

—No lo hago por ti, ni porque me lo dijeses. ¿Me ves con aspecto de ir obedeciendo a lo que la gente me dice?

—No —Izuku frunce el ceño. Katsuki se arrepiente de la tosquedad de sus palabras, pero esto escapa a lo que había planificado decirle y no sabe expresarse mejor.

Se le da mejor lo práctico. Cocinar para Izuku. Darle la mano o acariciarle la mejilla para que se sienta querido. Planificar esta velada para que Izuku no se sienta frustrado y triste por creer que no es capaz de satisfacerle en la cama, cuando en realidad es todo lo contrario. Katsuki necesita incansablemente a Izuku porque es tan delicioso todo lo que hace juntos en el sexo que resulta adictivo y no se hastía de ello.

Si por Katsuki fuese, ya habría propuesto a Izuku mudarse a su apartamento para poder dormir con él, y follar, todas las noches. Para poder estar con él, porque nunca ha tenido tan claro su deseo de compartir su vida así con alguien, más allá de Shouto y Eijiro, e incluso con ellos los sentimientos son diferentes y no tan intensos. Si no lo ha hecho, es porque llega una época en la que Izuku tendrá que afrontar exámenes decisivos para su futuro profesional y no necesita distraerse con una mudanza o más cambios vitales que asumir y a los que adaptarse. Katsuki se ha hecho la firme promesa de no robarle ese tránsito vital, desea que pueda terminar la universidad, elegir su futuro y planear su vida en pie de igualdad con él.

Planes que lo elijan, como él desea elegir a Izuku.

—Quiero hacerlo —dice Katsuki, finalmente, en tono tajante—. Que tengamos ese tipo de relación asquerosamente moñas en la que parece que ambas partes están idiotizadas. Si es contigo, sí.

—Katsuki… —susurra Izuku, emocionado. Los palillos tiemblan en su mano y Katsuki sonríe al comprender que está intentando reprimir las lágrimas.

—Si dices algo jodidamente cursi en este preciso momento, te mato, nerd —amenaza Katsuki, conteniendo una sonrisa a su vez.

—De acuerdo, de acuerdo. —Izuku se ríe, enjugándose un ojo con el dorso. Luego, lo mira con picardía, mordiéndose la comisura del labio—. ¿Decirte que sigo duro como una piedra cuenta como algo cursi?

—No —responde Katsuki, tragando saliva. Su propia polla se endurece en un tiempo récord por la excitación parece recordar que le produce saber que Izuku está duro por el plug que él le ha metido en el culo.

—¿Quieres comer algo más? —pregunta Izuku, sonriendo con un descaro que no oculta su impaciencia, al tiempo que ladea la cabeza—. ¿O podemos pasar al postre?

—El postre —asiente Katsuki ferozmente, incorporándose tan bruscamente que derriba la vajilla de la mesa.

Tiende la mano a Izuku para ayudarlo a levantarse también. Emplea tanta fuerza, que este choca contra su cuerpo. Comparado con el cuerpo de Katsuki, la corpulencia naturalmente delgada de Izuku parece pequeña, incluso con toda la musculación que ha conseguido entrenando, así que le basta rodear las caderas de Izuku con las manos para absorber el impacto y estabilizarlo.

Izuku no ha mentido: Katsuki puede percibir su erección apretándose contra su muslo. Se inclina hacia adelante para acunar sus nalgas, que encajan perfectamente en sus manos, e Izuku se pone de puntillas, alzándose lo más posible para salvar los más de veinte centímetros de diferencia de altura y corresponder a su beso. Katsuki desliza las manos dentro de los pantalones de Izuku, buscando el plug con los dedos. Izuku, enardecido por la caricia, le rodea el cuello con los brazos mientras le mete la lengua ansiosamente en la boca y da un respingo cuando Katsuki aprieta el plug dentro de su culo.

—Justo así —jadea Izuku junto a su oreja, sujetándose del cabello de Katsuki con fuerza—. Así lo nota cuando me siento y se presiona hacia adentro.

—Mierda, nerd, me pones demasiado caliente —dice Katsuki, cerrando los ojos cuando Izuku, todavía tirándole del pelo, vuelve a besarle con intensidad—. Quieto, joder. Espera.

La risa clara de Izuku al escucharlo, entre beso y beso, ayuda a despejar la niebla de deseo que se ha formado en los ojos y mente de Katsuki. Con habilidad, sujeta a Izuku de las nalgas y lo impulsa hacia arriba. Este comprende rápidamente qué pretende, porque da un salto y cruza los tobillos por detrás de la cintura de Katsuki. Se oyen dos golpes secos: las zapatillas de andar por casa de Izuku han caído al suelo. Katsuki las ignora y carga con él hasta el cuarto de baño.

—¿Katsuki? —pregunta Izuku, desorientado.

Este no contesta. Cargando sin esfuerzo con Izuku, se pone de cuclillas. Este está tan firmemente aferrado a él con brazos y piernas, que puede soltar una de sus manos para sacar el tercer plug, el más grande, y el bote de lubricante. Como un trofeo, se lo muestra a Izuku, que lo mira con los ojos abiertos de par en par, un poco impresionado.

—E-es… tan ancho como tu…

—Aproximadamente —asiente Katsuki, cargando con Izuku hasta el dormitorio mientras habla—. Mi polla es un pelín más gruesa que el punto más ancho del plug. Por unos milímetros —añade, para tranquilizarlo.

—¿Te la has medido? —pregunta Izuku con sorna.

—¿Tú nunca lo has hecho? —rebate Katsuki, negándose a sonrojarse. Sin éxito, porque el rubor ya le alcanza las mejillas.

—Con catorce años, sí. Quería saber si me estaba creciendo. Y una vez a los dieciséis, en los vestuarios, con un compañero que quería comparar tamaños —admite Izuku.

—¿Ganaste?

—Empate —dice Izuku, y se ríe, escondiendo la cara en el hueco del hombro de Katsuki, avergonzado.

—Tsk —dice Katsuki, fingiendo decepción. Se arrodilla sobre el futón, apoyando a Izuku y luego aplastándolo con su peso. Sus rostros están tan cerca que podría lamerle la nariz sólo con sacar la lengua—. Pues yo lo hice el otro día, para saber qué tamaños comprar —añade, desafiante.

Izuku estalla en una carcajada histérica. Katsuki le muerde la punta de la nariz para callarlo. No lo consigue, así que lo ataja besándolo. Izuku enmudece, olvidándose de qué se estaba riendo. Al apartarse, Katsuki se incorpora. Izuku ha relajado los brazos y las piernas y se queda tendido sobre el futón. Sentado sobre sus talones, entre las piernas abiertas de Izuku, puede ver de nuevo la duda en sus ojos verdes cuando se muerde la comisura del labio involuntariamente.

—Ya lo hemos hablado.

—Pero no sé si…

—Y si no, ¿qué? —pregunta Katsuki, retándolo. Ha sido más borde de lo que pretendía, porque porque Izuku aprieta los labios, sin sonreír—. Vamos a ver… ¿Te gusta cuando te la chupo? ¿O cuando te hago una paja? —Izuku asiente, ruborizándose—. A mí también me gusta. Me gustó la primera vez que me hiciste una paja y también la primera vez que me la chupaste, aunque fue una mierda.

—No lo hice muy bien, ¿verdad? —ríe Izuku, más distendido. Katsuki se relaja. La risa de Izuku podría iluminar calles enteras. Si Izuku se ríe, todo es mucho mejor. Y significa que sus dudas son menos profundas ahora que hace unas horas.

—Aprendes rápido —dice Katsuki, burlón—. Y me gustó muchísimo lo que hicimos el otro día.

—Puedes volver a hacerlo. A mí me gustó mucho también, fue…

—Lo sé. —Katsuki recuerda que tanto cuando le folló la boca como cuando se corrió en sus labios, Izuku había estado tan caliente que no había sido capaz de esperar a que fuese Katsuki quien se encargase de su orgasmo—. Si no entra, no entra. Yo voy a disfrutar igualmente, porque te la chuparé o te haré una paja. Y tú me harás una paja, o me la chuparás, si te apetece. O me dejarás que lo haga en tu boca. O en tus labios —añade, con la voz estrangulada de deseo sólo con imaginarlo—. Confía en mí. Sin presión. Disfrutando, termine en lo que termine.

—Confío en ti —dice Izuku, con determinación.

Katsuki sonríe y resopla, negando con la cabeza con cierta exasperación. Izuku lo ha tomado como un reto, como cuando decidió que lo derrotaría en el entrenamiento o cuando juró que no descuidaría sus estudios si dormía en su casa. Aunque admite que, hasta ahora, esa actitud le ha funcionado a su novio a las mil maravillas.

Decidido a conseguir que Izuku se relaje, se olvide de lo que quieren conseguir y se derrita de placer, culebrea sobre su cuerpo, acercando su rostro al de él hasta quedarse a unos escasos milímetros de sus labios.

—Me avisarás si algo te duele o te molesta. Se trata de disfrutar, así que córrete tantas veces como te dé la gana y si después de correrte no quieres seguir, no seguimos —susurra Katsuki, en tono imperativo—. Si dices que no, paramos. Si te duele, paramos. Si no te gusta, paramos.

»¿Entendido, nerd?

—Sí —musita Izuku, ahogando un gemido y arqueando la espalda para frotarse contra él.


Notas: La web a la que Katsuki hace referencia está directamente inspirada (no me patrocinan por decir esto) en Plátanomelón y en las experiencias en varios sexshops, donde ese asesoramiento a la hora de adquirir productos ha sido crucial y muy agradecido. Los plugs descritos, de hecho, son el Do Re Mi que venden en la web de Plátanomelón xD.

Este capítulo (en general estos tres capítulos) se me fueron de las manos durante la reescritura (pasaron de ~20k palabras ~35k y de ser cuatro a ser tres), por lo que el capítulo 45 (11,5k) deja de ser el más largo y pasa a serlo este (12,4k)... hasta la semana que viene, que tendrá 13,2k y el 57, que tiene 13,3k, jajaja. Ya, ya sé que es una chorrada, pero nunca había escrito TANTÍSIMO en una historia y para mí es como "wow, mira lo que he hecho". Diría que los demás capítulos no quedarán tan largos, pero mira, yo ya paso de hacer estimaciones, para lo que me sirven... xDDDD