Holas! si, volvi xDD

al fin tengo un descanzo asi que me pondre a escribir.

acabo de escribir este capitulo y como soy malvada decidi terminarlo en un momento tenso jaja

sin embargo, no piensen que tendran que esperar meses para leer la continuacion, porque estoy inspirada y apenas termine de subir este capitulo, escribire el siguiente.

Lo mas probable es que tenga errores, porque no me tome la molestia de corregirlo, solo lo escribi y aca esta SUBIDO.

escribo el otro ahora mismo, asi que quizas este en un par de horas mas, ya que espero que sea largo.

este cap es de transicion, asi que no dice mucho, aun asi espero que les guste.

Saludos a todos los que leen este fic.

CAPITULO DEDICADO A TODOS AQUELLOS QUE SIGUEN ESTA HISTORIA, A PESAR DE LOS ENORMES LAPSUS CON LOS QUE SUELO ESCRIBIR (perdon)

PD: el fic esta terminando, dudo que tenga mas de 25 capitulos.

los amo!

Karmen


Capitulo 22: Volviendo a Hogwarts

La luz que inundaba su habitación la despertó. No quería levantarse, había dormido realmente mal después de su fracasada fiesta. Claro que solo fue un fracaso para ella, que no pretendía ver llegar a Harry ensangrentado y por razones que no quiso compartir. Le costo conciliar el sueño debido a la conversación que había establecido con el niño que vivió. La pequeña botella con el líquido plateado descansaba sobre su mesita de noche y parecía brillar aun mas con los rayos de sol que entraban por su ventana.

Dos días…

Dos días para perderse a si misma para siempre. Ya no podía seguir engañándose. No amaba a Alan, nunca lo había amando y jamás lo haría. Aunque el rencor inundo su corazón durante años, solo era un vil disfraz para no admitirse que siempre amaría a ese hombre, que le robo no solo el corazón, sino su alma, cuando apenas era una niña de 10 años.

Ambos se habían equivocado, de eso estaba segura. Algo se estaba perdiendo en su dolorosa historia con el hombre que alguna vez admiro, y que ahora tanto su recuerdo como su presencia, causaban un dolor más allá de lo imaginable.

Y pensar que cuando volvió a Inglaterra solo quería vengarse. Pero ¿había sido realmente ese su motivo para acercarse a Harry nuevamente? ¿O había sido su excusa? Nunca fue lo suficientemente fuerte cuando se refería a el. ¿Acaso se estaba probando a si misma? Quiso sentir el rencor que profesaba al principio, pero no pudo. Ahora que lo analizaba realmente sentía que su rencor no era con Harry, sino con ella misma. Ella y su cobardía, ella y su insistente deseo de que aquel hombre que la hacia delirar tuviera un solo defecto que le desagradara, para sentir que solo eran una mujer y un hombre que se adoraban, y no una fans y un héroe que merecía algo mas, una mujer mejor que ella.

¿Por qué? Porque necesitaba sentir que ella, con sus caprichos, sus problemas, sus arrebatos, era merecedora de aquel hombre tan perfecto. Su sueño de princesa partió bien hasta que se cuestiono a si misma si realmente lo merecía. Ella era feliz aun si tenía esos pensamientos. Pero cuando lo vio, en esa misma cama en la que una vez Harry la había hecho mujer, con otro cuerpo que no era el de ella, rozando sus manos en aquella mujer sin nombre a la cual odiaba, obtuvo la prueba que estaba esperando para no sentirse menos. Harry era un hombre… nada más que un hombre. Y se victimizo a si misma y huyo, como hacen los cobardes. Y obtuvo una razón para culparlo a él de sus inseguridades…

Pero ahora se encontraba donde mismo había partido todo esto. En su cama, en la Madriguera, sufriendo por ese valiente niño de ojos verdes, que con el paso de los años se había transformado en un hombre capaz de hacer reaccionar su cuerpo como ningún otro lo ha hecho. Cuando niña anhelo sus besos y ahora añoraba su cuerpo… si había algo que no había cambiado, es que tanto la Ginny niña, como la mujer, solo deseaban el amor de ese valiente héroe que los había liberado de Voldemort.

Y a pesar de que ella sabia que Harry aun la amaba, tanto como ella lo amaba a él, ya no había vuelta que darle al asunto. Lo habían arruinado, de una forma aun desconocida para ella. Había quebrado su amor de una manera agonizante. Si tan solo el mundo fuera más fácil, y ella pudiera gritar sin miedos que lo amaba, y que independiente de lo que el destino le hiciera al amor que se tenían, ella quería correr a sus brazos y quedarse a vivir en ellos para siempre, lo haría.

Pero era tarde, y nada en este mundo podía cambiar el hecho de que en dos días dejaría de ser Ginevra Weasley para pasar a ser la Señora DeLarge. Y a su lado, haciendo el papel de padrino, estaría el hombre de su vida, definitivamente prometía ser el día mas triste de su vida.

Se levanto sin ganas, y después de una ducha de treinta minutos, se visto y bajo a la cocina. Su madre preparando el desayuno, aparentemente feliz. Alan estaba mordisqueando una tostada sin muchas ganas. Cuando ella se sentó en la mesa, murmurando un "buenos días", el chico le sonrió.

- ¿Cómo amaneciste amor? – le pregunto

- Fatal – respondió simplemente

- ¿Por qué? ¿estas enferma mi vida? –

- No, solo tuve insomnio – contento sin ánimos

- Son los nervios por el matrimonio – agrego Molly sonriendo

- ¡Si, yo me siento igual! – dijo Alan emocionado.

- Si… debe ser por eso – contesto la pelirroja de forma monótona.

- Por cierto amor… no se si te dije, pero hoy tus hermanos, unos amigos y yo celebraremos mi despedida de soltero, así que no creo que llegue a dormir. Como Harry es el padrino, accedió a prestarnos su casa, pero tus hermanos la están organizando, porque Harry al parecer tenía mucho trabajo.

- Ok… - respondió sin interés

- ¿No te molesta, cierto? – pregunto preocupado el francés

- No, la mía la celebraremos mañana con mis amigas…

- Me parece perfecto – dijo sonriendo Alan.

- Hoy debes retirar el vestido de la tienda, hija – interrumpió Molly

- Si mamá, iré después del desayuno

- ¿harás algo más hoy amor?

- Si, saldré con Hermione y Luna a comprar unas cosas antes de la boda…

- Es que te extraño – dijo Alan poniendo cara de perrito abandonado – hace tiempo que no pasamos un buen rato solos…

- Así pasa antes de las bodas Alan, después tendrán mucho tiempo – agrego entusiasmada la Señora Weasley

- Si… toda una vida – susurro Ginny con voz triste, para que nadie mas pudiera escucharla.

La mañana pasó rápidamente. Cuando ya era hora de almorzar, las tres amigas se detuvieron en un restaurante para comer algo y continuar con las últimas compras antes de la boda. Hermione y Luna hablaban alegres sobre la despedida de soltera que le estaban organizando a la pelirroja, si esta solo contribuía a la conversación con monosílabos. Su mente se encontraba en el frasquito con líquido plateado que guardaba recelosa en su bolso. Hermione la miraba de forma extraña a veces, como si supiera lo que Ginny estaba pensando, y otras veces la miraba disimuladamente con tristeza. Ella debía saber, como buena amiga, cuan arrepentida estaba la pelirroja de haber aceptado casarse con el francés. Luna por su parte estaba tan distraída como siempre, indicándole a Ginny que en su luna de miel podría ir al refugio de Snorkack de cuerno arrugado que se encontraba al sur de Europa, a lo que Hermione respondía rodando los ojos por las ocurrencias de la rubia.

Ya eran las 8 de la noche cuando al fin llegaron a la madriguera. La casa estaba algo vacía, ya que los hombres debían encontrarse ya en la despedida de soltero de Alan. La señora Weasley tejía una bufanda sentada en el sofá de la sala. Al verlas llegar sonrió y les ofreció un chocolate caliente, a lo que Hermione y Luna aceptaron agradecidas, sin embargo, la pelirroja anuncio que debía salir.

- ¿Dónde iras a esta hora hija? – pregunto sorprendida la señora Weasley – espero que no vayas a espiar como se porta tu novio en su despedida – agrego sonriendo

- Claro que no mamá, tengo cosas mejores que hacer…

- Pero…

- No preguntes, son cosas personales – interrumpió la pelirroja, cuando su madre iba a replicar, y se apresuro a salir de la habitación.

- Mucha suerte, Gin… - dijo Hermione mirando fijamente a su amiga.

- Gracias… - respondió esta, echándole una última mirada a la sala, antes de desaparecer tras la puerta.

El horrible ruido de la música a todo volumen parecía tener la intención de hacer estallar su cabeza. No había tenido buena noche, su día había sido un desastre más, y más encima debía aguantar que celebraran la despedida de soltero del idiota ese, en su propia casa. ¿Acaso nadie se percataba de que buscaba tranquilidad?

- ¡Ven Harry, arriba ese ánimo amigo! – le dijo George pasando su brazo por los hombros del ojiverde – tomate unas copas conmigo

- No gracias, no tengo ganas – dijo Harry sonriendo levemente

- ¿Por qué tan amargado, eh? – pregunto el pelirrojo

- ¿ves alguna razón para celebrar? – se le escapo a Harry

George lo miro de un modo extraño y cuando pudo comprender las palabras del pelinegro le sonrió tristemente.

- Nunca es demasiado tarde, lo sabes ¿cierto? – le dijo el gemelo en un susurro.

- Yo creo que si… que ya es tarde – respondió tristemente Harry

- Dime, hermano… - dijo George sentándose frente a Harry - ¿crees que este francesito de culo caído puede hacer feliz a mi hermana?

Harry no respondió.

- Pues yo creo que no – insistió George – y estoy completamente seguro que Fred pensaría lo mismo. El no es para ella… ¿no ves lo amargada que esta Ginny últimamente? Ella siempre fue mas como nosotros… como Fred y yo, y ahora parece la versión femenina de Percy…

Harry solo sonrió. Ron miraba desde lejos la escena y creyó que ya era momento de intervenir. Se acerco con cautela y se sentó al lado de George, frente a Harry.

- ¿estarás amargado toda la noche? – le pregunto con una sonrisa

- ¿Tu que crees? – respondió George con una sonrisa – solo queda un día para que cierta pelirroja se ponga la soga al cuello, con el francesito de cuarta.

- ¿tú también lo odias, cierto? – dijo Ron a su hermano, sonriéndole

- ¡Por supuesto! Si mi cuñado favorito siempre será Harrykins – contesto el gemelo sonriendo – además, se cree mucho con sus trajes caros y su billetera abultada. Nosotros no estamos acostumbrados a tipos con aires de grandeza. Nos gustan mas humiles, valientes y sacrificados – agrego George guiñándole un ojo a Harry.

Harry rio fuertemente. Los miro con agradecimiento y gratitud. Eran sus hermanos, siempre lo habían sido y siempre lo serian. Los amaba como si fueran su familia.

- Gracias… - les dijo sonriendo – aunque creo que su hermana ya eligió.

- Yo no estaría tan seguro de eso amigo – debatió Ron

- ¿Por qué lo dices? – pregunto Harry interesado

- Si, ¿Por qué lo dices Ronniekins? –

- Mmm, Hermione me dijo que Ginny esta bastante triste, y que no quiere casarse con Alan.

- ¿Eso se lo dijo Ginny? – dijo Harry sorprendido

- No estoy seguro… Hermy solo me dijo que, a su parecer, nunca había visto tan triste a Ginny, y que ella sabia que ella estaba arrepentida de casarse con el idiota creído.

- Pero si fuera así ¿no crees que hubiese suspendido el matrimonio? – pregunto Harry con tristeza

- No - esta vez fue George quien respondió – Diablos, Potter, ¿Acaso no conoces a nuestra hermanita? Saco el orgullo Weasley… jamás admitirá que cometió el peor error de su vida comprometiéndose con Alancillo.

- ¿Y que se supone que debo hacer? – pidió consejo Harry

- Es bastante simple – agrego Ron, dejando sorprendidos a George y a Harry

- ¿ah si? ¿Nos mostraras tus tácticas de seducción pequeño Ronnie? – pregunto George con una risita.

- Claro que no idiota – respondió Ron golpeando a su hermano con un codazo en las costillas

- ¿Nos darás clases de sexo? – agrego Harry divertido, siguiéndole el juego a George

George y Harry soltaron una fuerte risotada que provoco que algunos de los asistentes los miraran.

- Ja-Ja, muy gracioso, cuatro ojos – dijo Ron enojado

- Hey, admite que fue chistoso jajá

- Si si, claro

- ¿y bien? – apuro George - ¿Cómo puede nuestro amigo Harry cabeza rajada recuperar a la pelirroja?

- Simple… demuéstrale que la amas – respondió el pelirrojo, mirando fijamente a su mejor amigo – demuéstrale lo que ella olvido hace años. Demuéstrale como ama un Potter…

La noche estaba nublada y oscura. El viento jugaba con su cabello mientras se dirigía lentamente al enorme castillo que tenia frente a sus ojos. Ese castillo que albergo su sufrimiento cuando el fue en busca de una manera para derrotar al señor tenebroso, ese castillo que resguardo su primer beso, en la sala común de Gryffindor frente a cincuenta personas.

El frio parecía colarse por su ropa y atacar con fiereza su blanca piel. Vio las luces encendidas de la cabaña de Hagrid, pero no se acerco a saludar. Camino con paso lento hacia el ex despacho de Dumbledore, donde ahora debía ocupar el puesto que una vez ocupo el hombre de barba larga y plateada, la única mujer que lo merecía, Minerva McGonagall.

Cuando llego al despacho, se encontró con el pequeño profesor Flitwick que salía de este. La saludo enérgicamente y la ayudo con la contraseña para acceder al despacho de la directora. Nerviosa, y con su bolso firmemente apretado bajo su brazo derecho, golpeo la puerta.

Se escucho desde el otro lado un firme y severo adelante tan característico de la mujer.

Ginny entro con cierto temor, preguntándose si la profesora accedería a su pedido. Miro hacia el frente y vio a la mujer absorta en la lectura de unos pergaminos. El cuadro del profesor Dumbledore le sonrió y ella devolvió la sonrisa, mientras el retrato de su antiguo profesor de pociones la miro con el entrecejo fruncido.

La profesora McGonagall alzo la vista y sonrió.

- ¡Señorita Weasley! – exclamo emocionada, levantándose de su asiento y dirigiéndose a la pelirroja con los brazos extendidos.

- Profesora… - dijo Ginny y la abrazo gentilmente.

- Tanto tiempo, vaya que ha crecido – la miro sonriente la directora

- Si, estoy mas vieja – bromeo Ginny manteniendo el tono cordial

- Siéntate, siéntate – la invito Minerva.

Ginny se sentó frente a la directora, mientras esta retomaba su asiento.

- ¿Qué ha sido de tu vida? – pregunto la mujer mayor con interés

- Estoy trabajando como Auror en el ministerio. Llegue hace pocas semanas de Francia, estuve viviendo 3 años fuera.

- Si, eso me contaron, me alegro mucho que hayas vuelto

- Si, volví porque me casare en un día, supongo que le llego mi invitación a la boda…

- Si, la recibí, déjame felicitarse. Aunque admito que me tomo por sorpresa, pensé que el novio se trataría de… otra persona – repuso la profesora con cierto temor.

- Si, a muchos… - respondió Ginny con tristeza.

- Mmm… pero, cambiando de tema ¿a que debo el honor de tu visita?

- Ah… es que… verá…

- Anda, dime con confianza – le dijo la mujer con una sonrisa.

- Ok – dijo firmemente la pelirroja – Vera… estuve hablando con Harry anoche… y uhmm… bueno, no se si se habrá enterado que entre el y yo las cosas no acabaron muy bien…

- Si, algo supe – dijo tristemente Minerva

- Si, bueno… uhmm, las cosas nunca quedaron muy claras, y conversando ayer… el me entrego esto – dijo, sacando de su bolso la pequeña botellita - ¿usted sabe que es?

La profesora tomo el recipiente y lo miro interesada. Sin embargo, no fue ella quien respondió, sino el enorme cuadro que se encontraba tras ella.

- Es un recuerdo – dijo Dumbledore con rapidez – Un recuerdo para que puedas verlo en el pensad ero…

- ¿Pensadero? – pregunto la pelirroja – Si, justamente Harry me dijo ayer… que viniera a Hogwarts y le pidiera a usted profesora McGonagall si accedía a prestarme el pensadero que le perteneció a usted, Profesor Dumbledore.

La profesora McGonagall miro fijamente a la pelirroja. Esta se sintió intimidada, como si la profesora intentara buscar en su mirada la fuente de esta petición.

- ¿es muy importante para ti, no es así? – pregunto con cautela.

- Si, lo es… Harry quería que lo viera antes de casarme, supongo que debe ser importante – dijo tristemente

El cuadro de Snape miraba fijamente a la pelirroja. Cuando ya no aguantaba más repuso:

- Al parecer Potter tiene los mismos gustos de su padre – dijo mordazmente.

- ¿Por qué lo dices Severas? – pregunto interesado Dumbledore, sonriendo.

- Es pelirroja como Lily– respondió simplemente Snape.

La profesora McGonagall, Dumbledore y varios retratos más estallaron en carcajadas. Ginny, contrariada y avergonzada miro Snape a los ojos y este le devolvió la mirada diciendo:

- Si Potter le pidió ver ese recuerdo, Weasley, debería hacerlo, o podría arrepentirse después…

- Lo se, profesor – dijo Ginny entre dientes.

- Bueno Ginny, aquí esta el pensadero – agrego la profesora poniéndose de pie y dirigiéndose a abrir un armario.

- ¿Qué se supone que debo hacer? – pregunto tímidamente la chica.

- Debes verter el liquido plateado en el y sumergir tu cabeza en el recuerdo – respondió rápidamente Dumbledore.

- Ok… - dijo la pelirroja, abriendo el tapón del frasquito y vertiéndolo en el pensadero.

- Te dejare a solas, ignora a estos curiosos – agrego la profesora McGonagall señalando a los retratos.

- Muchas Gracias – dijo Ginny mirándola a los ojos…

- No agradezcas – respondió la mujer, saliendo de la habitación.

Ginny se acerco lentamente al recipiente y sumergió su cabeza en el líquido plateado que contenía las respuestas que espero por 3 años.


Dejenme un comentario =)

ahorita mismo escribo el otro ^^