Imperfection
Capítulo II

Contrario a la mañana anterior, ese día Juudai amaneció con una enorme sonrisa en los labios. Había pasado una de las mejores noches en toda su vida y dudaba que algo pudiese hacer decaer su ánimo, estaba feliz, brillante. Podía ponerse a cantar si lo quería, pero no tenía la suficiente confianza con su nueva familia como para eso, así que sólo tarareó entre dientes, mientras observaba a Johan dormir, con su espalda descubierta brillando suavemente a la luz del sol que se colaba por entre la ventana, trayendo una mañana que prometía tanto como su futuro juntos.

El muchacho se estiró sobre la cama y luego con sumo cuidado comenzó a acariciar el rostro de su novio para despertarlo, pues se moría de hambre. Johan ya hacía tiempo que estaba despierto, pero no había abierto los ojos, sino que se había dedicado a disfrutar de la felicidad de su acompañante en silencio, de la calidez que se sentía al hacer a alguien feliz. Incluso no se despertó cuando Juudai lo acarició, permaneció durmiendo y sólo abrió los ojos al sentir un pellizco.

—¡Estabas despierto, Andersen! -exclamó Yuki componiendo una mueca- Y yo aquí muriéndome del hambre.

—Lo siento -dijo él, incorporándose también- Es que estás tan feliz que no quise romper tu burbuja diciéndote que tenemos que cocinar nosotros.

—¡Como si eso fuera un problema! -desdeñó y por un momento Johan pudo ver al Juudai que había conocido, al que sí reía y disfrutaba, mucho antes de que Yubel entrara nuevamente a su vida- ¡Sólo déjame a mí! -y dando un salto salió de la cama, para echarse a caminar hacia la cocina.

—¿Y piensas salir así desnudo?

—Se me había olvidado ese pequeño detalle... -el joven regresó corriendo- ¡Debiste decirme!

Johan se echó a reír.

&

Tras una refrescante ducha y después de que Johan le insistiera en que él cocinaba, Juudai salió aún sonriente del baño, limpiándose con una toalla los restos de agua en su cabello. El olor a algo delicioso lo animaba, aunque no sabía muy bien qué era, quizá otro de esos platillos extraños de Noruega. Durante su recorrido hasta el comedor, observó todas las fotografías que forraban las paredes, que contaban la historia de una familia feliz.

Sin embargo, las fotos de Johan, como es costumbre le llamaron mucho más la atención. Había muchas, tantas que se podía pensar que él era el favorito, aunque Alice le hacía muy bien la competencia, las había desde que era un bebé sostenido por su madre, con unos cuantos mechones de cabello azulado, hasta su primer cumpleaños, en donde tenía cara de enojado, pasando por su infancia y sus primeros juegos de cartas. Incluso había una donde se había quedado dormido viendo un duelo de Ciudad Batallas y varias de la Academia de Duelo donde él solía ir. Seguramente él era el orgullo de la casa.

Una mano le tomó la suya suavemente y al mirar para abajo, vio los rizos rubios de Alice, quien le sonreía, toda vestida con el uniforme de la Academia.

—¿Johan y tú no se bañan juntos? -preguntó inocentemente, el muchacho empezó a sudar frío- ¿Verdad que te quedarás aquí para siempre? Mi hermano estaría muy triste sino... -parecía extraña, como si supiera algo que él no.

—¡Alice, mamá dice que te apresures, que te espera en el auto! -la voz de Johan llegaba del fondo del pasillo, parecía alegre y aunque a Juudai le preocupaba la expresión de su nueva hermanita, él logró contagiarle cierta calma.

La niña le respondió que iba para allá y jalando de la mano al castaño ambos llegaron hasta la cocina, en donde al muchacho se le hizo agua la boca, porque había de todo. Cereales, café, huevos, leche, pan, carne, tocino, etc, etc.

—¡Johan, tú sí sabes hacerte querer! -exclamó sentándose y riéndose con Alice, quien comía a la mayor velocidad posible para no llegar tarde a clases.

—Sabía que te gustaría, siempre pensé que la mejor manera de conquistarte era por el estómago o esas cosas que dicen las madres -le sacó la lengua antes de sentarse con un vaso de jugo de naranja- Asegurate de comer bien, hoy iremos a probar suerte, hace tiempo que me ofrecieron un contrato y estoy seguro que tú conseguiras uno o hasta más.

No obtuvo respuesta, pero tampoco la esperaba, viendo cómo Juudai devoraba todo a su paso, como si no hubiese comido en días. Nisiquiera se despidió de Alice, pero ella lo entendió, pues tenía la boca tan llena de pan, que hubiera terminado manchándole el uniforme. Así pues, la casa quedó completamente sola. Sus padres se habían marchado al trabajo y lo único que se oía era a alguien devorando a diestra y siniestra lo que se le atravesara por su plato.

A eso de las once, Johan subió a bañarse y arreglarse también, dejando a Juudai haciendo un poco de zapping en la televisión Noruega, pero no había nada interesante, como siempre, sólo un montón de programas para señoras chismosas y consejos para bajar de peso. Estaba por apagar la tele y subir a ver qué hacía su novio, cuando un canal le llamó poderosamente la atención: ¡En el Manjoume se enfrentaba contra Jim! Y al parecer iba ganando. Pero no se podía esperar nada más de Manjoume Thunder.

El duelo acabó en un aplastante empate, pero aún con eso, él los vitoreó a ambos, porque le parecía que los había visto hacía años, aunque no fuera así. Se sentía diferente y distanciado y eso le produjo malestar, porque ahora sus vidas estaban separadas y él no sabía a ciencia cierta a dónde iba la suya, al menos hasta que vio bajar a su novio y se quedó sin habla, como siempre.

—¿Y qué? ¿No te gustó "Viva la mañana"? -se burló, al pie de la escalera, un apuesto muchacho enfundado en ropa negra.

—¡Claro, si sólo estaba esperando los horóscopos! ¡Pero por tu culpa ya me los he perdido! -y haciendo una mueca se abalanzó hacia su cuello susurrando- Te ves tan bien, que no puedo ver nada más.

La risa de Johan le hizo cosquillas en el cuello. Éste le levantó el rostro con el dedo índice, hipnotizándolo con su mirada, él hablaba en serio cuando decía que no podía ver nada más.

—Me gustaría quedarme a jugar -admitió Johan con una sonrisa encantadora, atrapando un poco los labios de su acompañante- Pero tenemos que ir a buscar trabajo.

—¡Tenías que decir eso! -se rindió Juudai, depositándole un besito en los labios y echando a caminar resignadamente hacia la salida- ¡Espero que valga la pena el trabajo, sobretodo si me priva de esto!

—Ya verás que lo valdrá, sino es así, después te compensaré -y riéndose nuevamente, ambos subieron al automóvil plateado que Johan conducía, hablando de Manjoume y sus demás compañeros.

&

La luz del sol despuntaba sobre los edificios del centro de la ciudad y aunque a Juudai le encantaban, porque le hacían recordar de alguna manera a Japón, a pesar de tener una arquitectura completamente diferente, pronto empezó a extrañar la privacidad que ofrecía la pequeña casita escondida entre los árboles. Johan le hacía de guía turística lo mejor que podía, porque en realidad no estaba muy instruído en historia y sólo sabía cosas sueltas, pero que a él le parecían bastante interesantes, sobretodo viendo cuán diferente era el mundo desde ese lado, ¡se sentía como en una ciudad medieval o algo así!. Pasaron frente a varios centros comerciales, bibliotecas enormes con un sinfín de ventanas, arcades y estadios, pero su objetivo se hallaba cerca del mar, del otro lado de donde Johan vivía, un estadio construido especialmente para Seto Kaiba en el cual éste sólo tenía a los mejores duelistas y en el cuál Johan ya había conseguido varias ofertas para contratos.

—¡Nada más te miren y seguro te contratan! -afirmó orgulloso- A mí ya me lo han ofrecido, pero no estoy seguro de que esté preparado... es Seto Kaiba y da miedo.

—Eso dicen -admitió- Pero, creo que si no fueras bueno, no te hubieran tomado en cuenta, así que nada de malas caras, Johan.

El automóvil se estacionó cerca de un mirador y ambos aferraron sus decks como si su vida dependiese de ellos, mientras un viento frío, típico del país se extendía por el suelo, haciendo revolotear las hojas y demás basuritas tiradas por ahí. Sin duda el país era hermoso y ¿cómo no podía serlo? ¡La vista desde allí era maravillosa! El amplio mar se extendía hasta donde alcanzaba la vista, e incluso aún más allá, hasta llegar al polo norte. El viento, aunque frío, resultaba reconfortante y le daba excusas a los enamorados para abrazarse y la ciudad era tranquila, llena de puertos por todos lados y cafeterías, donde montones de personas con abrigos disfrutaban de una bonita tarde.

Los castaños ojos de Juudai no podían abarcar todo y se pusieron un tanto tristes cuando dejó de verse el mar al entrar al edificio de la Corporación Kaiba, un estadio magnificamente construido, lleno de gradas hasta donde terminaba y en el centro un imponente sistema de hologramas casi reales.

Un hombre no mucho mayor que ellos los recibió y los condujo a la parte trasera del lugar, un pequeño conjunto de oficinas en donde los esperaban varios representantes. Conforme caminaban, ambos se ponían más nerviosos y una vez llegaron al lugar, ya se habían tomado de la mano, para expresarse su apoyo.

Johan estaba a punto de presentarse y presentar a su novio, cuando una voz femenina los interrumpió, una muy familiar y que a la vez, le molestó un poco, porque era una antigua rival.

—¡Juudai, Johan! -Asuka se acercaba corriendo con una sonrisa pintada en los labios, aunque en realidad solamente miraba al Osiris- ¡No esperaba encontrarlos aquí!

—Claro que no -musitó Johan, tan bajito que nadie lo escuchó- Ése era el punto.

—¡Asuka, qué haces aquí! -Juudai por el contrario, parecía feliz de ver a una vieja amiga.

—Hace poco que nos vimos -se rió ésta- Sólo estoy aquí porque acompaño a Manjoume -un leve rubor cubrió sus mejillas- Está por aquí y Jim también, ambos están en un torneo mundial.

—¿Y qué haces acompañando a Manjoume? -esta vez Johan parecía interesado.

—¡Oh! ¡Nada! Simplemente... -sus explicaciones quedaron acalladas por Jim, quien de pronto apareció y se dirigió corriendo hacia ellos, también con una sonrisa.

—Así que han venido por un contrato -exclamó, en cuanto llego a donde ellos estaban- Pues, más vale que no hagan esperar a estos señores, ya parecen bastante enfadados.

En efecto, los hombres los miraban esperando a ver a qué hora se despedían de sus amigos y se tomaban eso en serio. Los chicos se despidieron con la promesa de verse nuevamente antes de que tuvieran que partir otra vez en rumbos diferentes. Por lo cual, Johan y Juudai, en las siguientes horas se sumergieron en un largo aburrimiento lleno de cláusulas de contratos, ofertas diferentes, agencias de viaje y demás, hasta que ambos acordaron trabajar juntos un año en Noruega y después meterse a los torneos mundiales, eso les daría tiempo de estar juntos un poco más, casi como unas vacaciones, que ya eran muy necesitadas después de todos los horribles acontecimientos que se habían sucedido en la Academia.

—Al final no quedó tan mal -suspiró Juudai, mirando cómo el sol teñía de un tono diferente las olas, estaba cayendo la tarde, lo cual significaba que habían pasado la mayoría del día ahí- Ahora me muero de hambre ¿qué se supone que se come aquí?

—¡Hablas como si éste fuera el fin del mundo, donde no ha pasado Dios! -se quejó Johan divertido, subiendo al automóvil y encendiéndolo- Déjame decirte que aquí hay de todo, no somos unos incivilizados, ¿qué se te antoja? Yo te lo consigo.

—¡Unos camarones! -exclamó el otro, con los ojos brillándole de la emoción, pues eran sus favoritos- ¡Muchos, muchos camarones!

—Estando en un puerto, eso no es difícil de conseguir -le despeinó el cabello, que ahora tenía más largo en comparación a cuanto lo había conocido- Salen unos camarones -y pisando el acelerador, ambos se dirigieron a un restaurante.

La noche había caído ya cuando decidieron regresar a la casa, después de que el castaño se atiborrara de camarones con un sueldo que aún nisiquiera le pertenecía. Estaba feliz y lleno, todo le parecía perfecto, estaba por trabajar en lo que más le apasionaba después de su novio: como duelista profesional, vivía con la persona a la cual amaba y además, ya no se sentía solo.

—Quizá ahora es momento de que cumplas tu promesa, ya sabes, debes de compensarme -pidió Juudai, quien se encontraba recargado sobre su hombro, aspirando el aroma de su cuello.

—¿Y qué debo compensarte? Si este día ha estado muy bien -sintió unas cuantas cosquillas cuando la lengua de su amante le recorrió el cuello y casi pierde el control del auto- No te compensaré -Juudai puso mala cara- Te daré un premio, por tu primer contrato de muchos.

Juudai se rió, esa idea le parecía fantástica. Y mientras ambos seguían en camino hacia la casa, dejando primero atrás la ciudad, llena de luces y gente dispuesta a divertirse; luego pasando por largos campos y otros lugares llenos de flores, pensó que nada podía ir mejor, nisiquiera Yubel podía interferir con esa felicidad, por muchos celos que le dieran. Sí, él le había prometido algo, pero no podía mandar en su corazón, era imposible, su amor era cada vez menos equivalente, Johan estaba ganando y Yubel estaba furiosa nuevamente de que la promesa estuviese rota, pero no se lo hacía saber.

La puerta se abrió suavemente, una vez hubieron bajado del vehículo y tras haber buscado las llaves a oscuras por un largo rato. La estancia estaba iluminada, como el día anterior y se respiraba un bonito perfume, aunque también llegaba el olor a un estofado que no iban a llegar a probar por tener otros planes y también porque ya habían comido, Juudai preguntó si podían subir directamente a su habitación, porque secretamente no le apetecía ver la mirada endurecida de su madre, estaban a mitad del pasillo cuando Johan abrió la boca a punto de responderle y una voz furiosa, que reconocieron como la de su madre se oyó, callándolo inmediatamente. No parecía importarle si alguien la escuchaba.

—¡No quiero que Johan esté con ese muchacho! -gritaba- ¡Está destruyendo su futuro! ¡No podrá tener hijos! ¡Lo van a discriminar! ¡Me niego, quiero que se vaya! -el silencio se hizo por un rato, los dos chicos se encontraban petrificados- Joel, haz algo. Hoy en la mañana Judai salió medio desnudo del cuarto de Johan, no puedo permitir algo así a los ojos de Alice.

—Quizá no todo es tan perfecto -susurró en su oído Yubel y Juudai estuvo de acuerdo bastante triste.

Fin del Capítulo.


Notas de la Autora: Bueno, aquí estoy de nuevo. No iba a dejar que me lincharan, tengo mucho por vivir todavía (?), aunque seguramente que me van a querer linchar por éste capítulo, bueno... no quiero revelar demasiado, pero la madre de Johan será importante a su manera a través de esta historia, así que, sólo están empezando a ver lo que la mujer va a hacer por "proteger" a su hijo. Espero que les haya gustado el capítulo, el lemon estará en el capítulo cuatro, que también ya lo tengo escrito, dejen sus críticas, opiniones, sugerencias, ya saben, siempre me gusta leer lo que tengan qué decir. Nos vemos la próxima semana.

Gracias por leer.

Ja ne!