Imperfection
Capítulo III

De pronto, el aire pareció solidificarse y el frío de la noche, que se colaba por la puerta entreabierta empezó a aplastar el corazón del castaño, porque ésas eran las palabras que más había temido oír desde que había decidido que amaba a Johan y ahora estaba oyéndolas. Éste, por su parte, también se había quedado estático escuchando, pero conforme las palabras de su madre llegaban a sus oídos, también su mirada se llenaba de furia y... también algo parecido a la tristeza.

La pequeña Alice pasó por su lado, llorando, antes de subir las escaleras, sin decir una sola palabra, realmente le afectaba ver discutir a sus padres. Y sobretodo le dolía que Victoria no aceptara a Juudai, cuando ella ya lo consideraba de la familia.

Juudai quiso murmurarle algunas palabras de consuelo, pero nada acudió a sus labios, también estaban congelados. Johan le tomó la mano, en respuesta alguna, demostrándole su cariño, pero sin sonreír, casi parecía estar haciendo una mueca y el Osiris no pudo evitar preguntarse si ahora él compartía la opinión de su madre.

Nuevas voces interrumpieron la escena.

—¿Cómo me pides que haga algo, mujer? Johan ama a ese muchacho -la voz de Joel era cansina, como si el tema se hubiese discutido ya muchas veces- Sabes que yo respeto las decisiones que toma, siempre ha sido un muchacho responsable y que sabe lo que quiere, ¿por qué debería de estar equivocado en esta decisión?

Se oían pasos apresurados, unos finos tacones hacían un ruido ensordecedor al dar vueltas por la habitación.

—¡No puedo, Joel! -ahora Victoria parecía sollozar- ¡No puedo aceptarlo en esta familia! ¡Para mí, él no es digno de Johan! ¡Johan se merece a alguien mejor, una chica de clase alta, de las mejores familias que hay aquí! ¡Siempre supe que estaba en un error cuando decidió ser duelista! ¡Sabía que algo malo pasaría! ¡Y ahora...! -aunque ellos no podían verlos, supusieron que Victoria se había derrumbado a llorar cuando un peso muerto cayó sobre un sofá, haciendo un ruidito similar a un "plaf". La discusión había terminado.

En silencio, se retiraron a su habitación sin apenas hacer ruido, cerrando la puerta. Johan, por supuesto, estaba que echaba chispas y en cuanto se encontró a salvo, dentro de las cuatro paredes de su recámara, lanzó lo primero que encontró muy lejos, tratando de calmar su rabia. Sentía además, un dolor tremendo de que su madre se avergonzara del camino que había elegido, pero sobretodo le dolía que no aceptaba a la persona a la cual amaba, ¿cómo alguien no podía querer a Juudai?

En cuanto a él, nisiquiera se inmutó al ver a Johan lanzar y volver mil pedazos un adorno de porcelana. Estaba seguro de que él habría reaccionado igual. En su lugar, se dirigió hacia la ventana, cavilando, con el rostro surcado por el dolor, quería confortar a su novio, decirle algo, pero desde que había oído aquello, algo le había robado la voz y no ayudaba mucho el hecho de que Yubel le susurrara todo tipo de cosas.

—Johan... -la voz del muchacho le llegó distorsionada, aún estaba muy fuera de sus cabales.

—Ya sé lo que me vas a decir -su tono se suavizó hasta hacerse dulce, pero su cara seguía siendo agria- Y ni se te ocurra. Sabes perfectamente que te amo y que mi futuro es a tu lado, planeo seguirte hasta el fin del mundo si tú decides marchar.

—A veces eres tan testarudo -suspiró el castaño, al sentir como el otro lo abrazaba por la espalda, sintiendo por primera vez un poco de calor desde que habían entrado al lugar.

—Sólo lo hago cuando algo me importa y tú lo haces -Johan pasó los dedos por la línea de su cuello, describiendo pequeños círculos, era la única manera de que no siguiera arrojando cosas- Quizá debamos seguir enojando a mi madre, ¿qué te parece? Así algún día terminará aceptándolo -su voz estaba teñida por la tristeza, pero podía disimularla muy bien con un tono más seductor.

Yuki se dio la vuelta lentamente, también aparentando un mejor estado de ánimo.

—Te propongo algo -fingió una de sus mejores sonrisas- Quizá mañana en la mañana... ¿sabes? Aún no tachamos un baño en la lista.

Yubel sonrió maliciosamente y la mueca de Johan se hizo aún más visible. No obstante, no se molestó y asintiendo, llevó a Juudai hacia la cama, para recostartse junto a él, pegado a su espalda, como si temiera que al despertar no estuviera. Él por su parte, le murmuró muchas palabras conciliadores, aunque en realidad no sabía a ciencia cierta lo que decía. Antes de quedarse dormido, Johan le depositó un beso en el cuello y él supuso que aunque estaba triste, ya se sentía mejor, por lo cual pudo cerrar los ojos con mayor tranquilidad, pero lo que encontró fueron sólo pesadillas.

La oscuridad se ceñía a su alrededor, como un peso opresivo que no conseguía soportar.

Podía oír voces, cientos de ellas llamándole y la más clara le pertenecía a Yubel. Sin embargo, el hecho no lo tranquilizaba, incluso lo alertaba más, no entendía el por qué.

Y luego, de pronto, se encontraba sumido en su abrazo. Los brazos del espíritu se cerraban como fuertes tenazas alrededor de su cuerpo, mientras que su cabeza descansaba sobre su pecho, fuertemente apretada. No era algo cariñoso, sino más bien posesivo.

Yubel le guiñó un ojo, mostrándole sus pequeños colmillos, antes de susurrar algo horrible (o al menos a él se lo pareció) que nisiquiera llegó a oír, debido a que su grito y sobresalto lo regresaron a la realidad. Al lugar en donde Johan dormitaba pacíficamente, con los rayos de la luna acariciando su despeinado cabello y en la cual se oía a Alice también, riendo en sueños.

Se mesó los cabellos con desesperación, sintiendo las gotas de sudor corriendo por su rostro, el sueño había sido tan vívido, tan real. Todavía podía ver el rostro del espíritu si cerraba los ojos, tan nítido como si estuviese ahí, esperando para tomarlo entre sus brazos, pero ¿por qué? ¿Desde cuándo Yubel se portaba así? ¿Desde cuándo ella buscaba más de él de lo que podía darle? Su semblante demacrado se reflejó en el espejo que había frente a la cama, sus facciones estaban crispadas y tenía los ojos alertas, muy al contrario de Johan, cuyo rostro estaba relajado y sereno. Juudai lo envidió por tener dulces sueños, porque él no estaba atado al estigma de Yubel.

Y era inútil, de todas formas, que ella tratase de acercarse. Juudai tenía muy en claro a quién pertenecía y así se lo hizo saber al espíritu, cuando se recargó en la espalda de su novio y escondiendo la cabeza entre su cabello, se quedó placidamente dormido.

A la mañana siguiente, no recordaba nada de ese sueño.

&

—¿Qué tal, bello durmiente? -se mofó Juudai cuando Johan se estiró, abriendo los ojos esmeraldas, al sentir los rayos del sol entrar por su ventana- Debías estar soñando muy bonito, no parabas de sonreír.

—Es que ayer me prometiste algo, si bien mi sueño no se acerca en nada a lo que voy a hacerte -el joven se levantó de la cama y abrió las ventanas, para dejar pasar el canto de las aves. Juudai lo observó embelesado, parecía de mucho mejor humor que la noche anterior, ¿quizá se debía a su promesa?

Johan se rió y siguió haciéndolo mientras buscaba la ropa que se pondría ese día, porque ya podía sentir a Juudai temblando debajo de él, con las mejillas encendidas, así como su piel caliente debajo de sus dedos y sus labios sobre los suyos.

—Vale, ¿qué esperas? El día de hoy amaneciste sucio, tendré que bañarte muy bien -Johan seguía feliz, ¿quizá sólo se había imaginado la sombra de tristeza cruzando sus párpados?

—Más te vale, porque creo que hoy tenemos un duelo de exhibición y no quiero apestar -seguirle la corriente era fácil, fluido. Si bien seguía teniendo cierta sensación de inquietud.

Juudai se levantó de la cama, echando a un lado las sábanas y fue hacia su maleta, que aún no le daba tiempo de desempacar, para sacar de ella un conjunto de ropa. Luego, mientras fingía que se decidía entre una playera negra y una roja, llegó hasta donde estaba su novio y alzándole la barbilla con el dedo, lo besó con toda la pasión que le fue posible expresar, vertiendo ahí mismo el miedo que se había instalado en su corazón apesar de no recordar su pesadilla.

Las playeras cayeron al suelo y, así como iban, tampoco les dio tiempo de llegar al baño, quizá hasta se habían olvidado de el. Tropezando, casi a ciegas, debido a que no rompían el beso, se dirigieron hacia la cama que apenas hacia pocos minutos acababan de abandonar, mientras las manos de Johan recorrían hábilmente la piel que tenían cerca antes de que ambos cayeran sobre ella. Juudai emitía suaves suspiros y su respiración comenzaba a hacerse más dificultosa, debido a que Johan había atrapado su cuello con los labios y con una de sus manos se dedicaba a acariciar su miembro, que empezaba a reaccionar.

—Demonios, Johan -logró articular- Más... -su voz se volvió ronca, presa de la excitación y Johan no pudo evitar obedecerle, deslizando su mano por el bulto que comenzaba a formarse en su pantalón con una lentitud enloquecedora.

—¿De verdad sabes cuánto te necesito, cuánto te deseo? -sus palabras salían atropelladas, realmente le costaba mucho enfocarse en algo, cuando varias sensaciones le recorrían el cuerpo.

La respuesta no llegó a oírse, alguien golpeaba la puerta.

—¿Johan, Juudai? -la vocecita de Alice llegaba desde el pasillo, pero sonaba normal, sin duda no había oído nada y mejor, porque no quería traumarla o algo por el estilo.

—No puede ser -musitó entre dientes del cabello azulado, retirando la mano, como si le quemara la verguenza- ¿Qué pasa, Alice?

—Mmmmm -la niña dudó- ¿Interrumpía algo? -una risa pícara resonó por el lugar.

—No, qué va -Juudai ya había recuperado el habla, pero sin duda estaba un poco decepcionado.

—Bueno, es que papá no puede llevarme a la Academia hoy -entreabrió la puerta un poquito y ambos se separaron, el castaño cubriéndose con las sábanas, los rizos rubios de Alice se movieron un poquito al ladear la cabeza- ¿Podrían llevarme ustedes, por favor? -les dirigió una sonrisa deslumbrante- Claro, si antes pueden dejarse en paz dos minutos.

—¡Sal de aquí, pequeña bruja! -se quejó Johan- Sí te llevaremos a la escuela, ¿ok? Ahora sólo... bueno, ve a desayunar, ya te alcanzamos.

—Parece que tendrás que esperar -terció Juudai, apartándose nuevamente de la cama- Iré a darme un baño frío, lo necesito.

—Sí, creo que yo también -Johan planeaba seguir con lo suyo.

—¡Aléjese de mí, acosador! -se burló el de ojos color chocolate- ¡Ya le daré su compensación después! ¡Mire si es usted un pervertido, aún cuando su hermanita nos descubrió...!

—Ya entendí, ya entendí -se pasó la mano por detrás de la nuca- De verdad me estás haciendo esperar, no te quejes cuando llegue el momento de pagar, porque tengo muchas ganas de violarte.

Una risita se oyó desde el baño y Johan sólo suspiró, vivir con su familia no era muy divertido si los interrumpían a cada rato.

&

El día corrió rápido, como agua entre los dedos, pero no hubo ningún acontecimiento digno de mencionar. Para cuando ambos regresaron a la casa, después de varios duelos de exhibición, para darlos a conocer entre el público Noruego como las nuevas promesas del país, nuevamente era de noche, pero a diferencia del día anterior, alguien los esperaba a la puerta. Por suerte para Juudai, no era Victoria, sino Joel y la pequeña Alice, con los ojos llorosos.

—Hijo, ¿podríamos hablar por favor? -al castaño volvió a helársele la sangre- Si Juudai desea escuchar también puede hacerlo, juro que no es nada malo.

—Eso dices tú -se quejó Alice, mientras sostenía un pequeño gatito entre los brazos, de un castaño pardo y ojos verdes.

—No te preocupes por mí -sentenció el Osiris, sentándose en la escalera que daba al segundo piso y donde dormían sus padres, Alice le hizo compañía- No es necesario que yo escuche nada.

Johan le dirigió una última mirada preocupada, antes de desaparecer por el resquicio de una puerta, que sin duda daba a algún tipo de despacho.

—¿No te gusta Hunter? -la pequeña trató de distraerlo, pues su semblante se había vuelto ácido- Mi mamá no quiere que se quede, no sé qué haré con él.

El gatito se soltó del abrazo y empezó a jugar con los dedos del muchacho, que colgaban inertes sobre sus piernas. Y así permaneció durante largo rato, en el cual Juudai actuó un tanto distante, debido a que toda su atención se centraba en la puerta cerrada a pocos metros de él y en la que no sabía que estaba pasando.

Cuando por fin ésta se abrió, notó que el rostro de su amante no era nada alentador.

—Nos vamos -afirmó y la pequeña Alice ni se inmutó, porque ya lo sabía- Aquí está... -le enseñó una pequeña llave de plata- Mi padre nos la ha dejado, si no te molesta cambiar de residencia, podemos irnos un poco más lejos de aquí. No demasiado lejos -consoló a su hermana- Lo prometo. Pero si no quieres... juro que haré lo que sea para que mi madre...

—¡No! Está bien, no es bueno que siga causando molestias en esta casa, vayamonos, pero... -se levantó de donde había estado sentado y dirigiéndole una última mirada a su padre, cargó al pequeño gatito en brazos, componiendo una de sus mejores sonrisas- ¿Podemos llevárnoslo?

Ya que somos dos a los que no nos quieren aquí, pensó.

Fin del Capítulo.


Notas de la Autora: Ehm, no sé ni qué decir x'D. Victoria hace de las suyas de nuevo, les dije que no se iba a quedar tranquila, pero ése es el mejor de los problemas que tiene Juudai y que tendrá Johan, ya verán a lo que me refiero, si bien tengo el capítulo cuatro ya escrito, no me gusta mucho cómo quedó y es probable que me atrase unos días en subirlo si no logro dejarlo tal y como yo quiero -w-. Muchas gracias por sus reviews de apoyo, a Neko Andersen y a Pandora x Yusei, me alegra que alguien siga mi historia, así como también a quienes no comentan pero me tienen en sus favoritos. Espero este capítulo haya sido de su agrado, nos vemos la próxima semana :3.

Ja ne!