Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no me pertenece, así como tampoco lo hacen sus personajes. Los créditos de la canción son únicamente para Skillet y su compañía discográfica, yo sólo la tomé con fines de entretenimiento.


Imperfection
Capítulo V

La mujer se invitó a entrar sola, sorteando a Juudai de manera muy grosera. En cuanto entró la habitación, la recorrió con los ojos azules con gesto crítico, evaluando desde el pequeño minino, tenido muy ufano sobre uno de los sofás, hasta los restos de comida que yacían sobre el suelo. Normalmente no estaba así, pero cuando la suerte quiere que te vaya mal... y Juudai no había hecho los deberes todavía.

—Johan no está en estos momentos—precisó el castaño, engullendo rápidamente el marisco y ofreciéndole amablemente un asiento que ella no aceptó—Regresa pronto, creo. Si gusta esperar... —lo mejor era desaparecerse de allí lo más pronto posible.

—No, quiero hablar contigo—declaró la mujer, echándose el largo cabello hacia atrás. Su piel era un poco más oscura que la de Johan, pero no demasiado, ¿quizá se había bronceado en el tiempo que no se habían visto?.

Juudai se sentó, curiosamente, esperaba oí a Yubel susurrarle algunas precauciones, pero el espíritu estaba callado. La mujer por fin lo imitó, colocándose justo frente a él, donde pudiese verla.

—Iré al grano: Quiero que te alejes de mi hijo—su mirada estaba llena de furia, nunca la había visto tan enfadada. Sus palabras parecían querer acuchillarlo, pero gracias al temple que había adquirido con Yubel, no se sintió tan mal como debería, o al menos lo disimuló— Tú no eres, ni serás lo que él se merece.

—Extrañamente... él piensa que sí—respondió, con cierto aire retador—Y a mí me importa lo que piensa él, aún si a ustedes no...—ella entrecerró los ojos.

—No te metas en los asuntos de mi familia que no te incumben—su voz empezaba a ganar la fuerza de un tornado— Johan tenía un buen compromiso con una de las chicas de la colonia donde solía vivir. Bueno, aún lo tiene —puntualizó— Rosaline es una dama excelente, su familia es la más adinerada de la zona y bueno, ¿adivina qué? Ella puede darle hijos, muchos hijos. Johan siempre soñó con tenerlos, hasta que llegaste tú...

Para aquello Juudai no tenía respuesta. Hijos... Johan quería muchos hijos...

—Verás, muchacho, no es... nada en contra tuyo, sólo estoy velando por el bienestar y la perduración de mi familia, ¿o acaso no te gustaría ver a Johan feliz? Él sería feliz si pudiese ser padre —su voz sonaba maternal, de verdad parecía no tener nada en contra suyo.

—Yo... —levantó la vista, la duda teñía sus hermosos ojos color chocolate. Él no podía tener hijos... ¿dónde estaba la felicidad que le podía proporcionar, entonces?

Victoria se levantó de pronto, contenta de que sus palabras hubiesen hecho el efecto deseado, aunque parecía un poco alerta, Juudai no lo notó, aún tenía escondida la vista entre los largos mechones de su cabello, pero logró recuperar la compostura para ver a la mujer marchar.

—Piénsalo—le dijo, antes de cerrar la puerta e irse.

Él no podía tener hijos...

No podía...

Las cosas están cambiando
parecen extrañas y necesito entenderlo
tú tienes tu vida, yo tengo la mía
pero tú eres lo único que me importa

Juudai no se dio cuenta de cuánto tiempo pasó allí, seguía sumido en sus pensamientos, preguntándose dónde estaba la equivalencia en todo aquello. Johan le había dado un nuevo hogar, amor, un contrato, se había separado de su familia por él... y él... ¿qué le daba? Nada.

El teléfono empezó a sonar, mientras Juudai se limpiaba unas cuantas lágrimas que le corrían por el rostro. La tal Rosaline parecía un partido perfecto para Johan, al menos ella sí podría darle lo que él tanto deseaba y que nunca se atrevió a compartir con él... un sueño del que nunca tuvo conocimientos.

—¿Quién habla?—preguntó, serenando su voz hasta tal punto que no se notaba la tristeza.

—¡Juudai!—la voz del otro lado estaba animada, feliz— ¡Soy yo, Jim! ¿Recuerdas que Johan y tú nos prometieron que nos reuniríamos?

—Ah—exclamó él, ignorando el dolor que le producía pensar en Johan—Sí, ¿qué pasa, Jim?

—Hmmm, bueno, Manjoume y Asuka están a punto de marcharse, querían saber si podemos reunirnos antes de que se vayan a Norte América.

—¡Claro!—quería verlos, pero eso no logró evitar que fingiera el entusiasmo—¿Cuándo?

Jim se avergonzó un poco.

—¿Pueden hoy?—su voz sonaba anhelante, no pudo decirle que no.

—Claro, Jim. Dame los datos y nos vemos allá a la hora que quieras.

Al menos eso podría distraerlo de los horribles y tristes pensamientos que lo atormentaban. Anotó el número de Jim, el lugar de la reunión y la hora en una nota y colgó, para encontrarse con Hunter mirándolo en espera de algo de comida, la cual le dio, pero sin estar muy consciente de lo que hacía. Yubel seguía callada y él necesitaba un consejo que no parecía venir, cada idea en su mente era más alocada que la otra.

Ayer estábamos riendo
hoy me dejas aquí preguntando
¿a dónde se ha ido todo ese tiempo?
en cierta forma me quedo solo
creciendo y envejeciendo
no quiero creer que esto se terminó

La puerta volvió a abrirse, el castaño no supo cuándo y Johan entró cargado de bolsas de comida, con el entrecejo fruncido, ¿acaso también había visto a su madre? Si bien su tono era el de siempre, Johan parecía enfadado. Quizá su madre le había dicho lo mismo que a él, no lo sabía, ni quería averiguarlo. Comieron en un silencio poco habitual, pues siempre tenían algo de que charlar, ya fueran duelos, sus amigos... como siempre había sido.

—Hmmm, ¿Johan? Jim, Manjoume y Asuka nos invitaron a despedirlos hoy—la mueca de Johan se hizo más notoria, a Juudai aquello no le gustó, ¿el enfado era con él?—Si no quieres ir, iré yo y ya les diré algo para disculparte.

—No, no, no—exclamó el de ojos esmeraldas, pasándose las manos entre el cabello, como si estuviese desesperado— Claro que voy.

—Vale—fue lo último que salió de los labios del castaño, antes de que irse a cambiar.

Nisiquiera en el camino a la ciudad hablaron. Juudai seguía confundido y triste, sobretodo por la actitud de Johan y las palabras de su madre no dejaban de resonar en sus oídos, quizá lo mejor era que se separaran... él no podía darle lo que necesitaba, incluso quizá por eso era su enojo, no lo sabía... pero ¡lo amaba tanto! ¿Cómo podría separarse de él? Y aún si podía, ¿qué le garantizaba que Johan no iba a seguirlo? También tenía muy presentes sus palabras: "Te seguiré a donde vayas", pero Johan no podía seguirlo, no era lo correcto, nunca lo había sido. Él ya le había prometido a Yubel amarla, como las personas normales... o lo más normal que se podía: Un chico y una chica. Él estaba rompiendo su destino cuando escogió a Johan, y ahora le estaba haciendo mucho mal.

El auto se detuvo en un estacionamiento repleto de autos, de un centro comercial lleno de gente, sobretodo de adolescentes que andaban de aquí para allá en los arcades y demás cosas, nuevamente parecía como si la vida quisiese darle una bofetada al muchacho, pues donde quiera que veía, sólo había parejitas, algunas con hijos, otras no, pero ninguna de dos chicos... Johan se estacionó y tras asegurarse de no dejar nada, acompañó a Juudai hacia donde estaban los demás, pero sin quitar la mueca ácida, que los otros o no notaron, o no quisieron comentar.

Jim fue el primero que se les acercó, con Karen pegada a su espalda, como ya era costumbre, saludando con un gesto amable a los dos. Asuka, por su parte, se quedó rezagada, al igual que Manjoume, quien sonreía.

—¿Y qué tal el viaje hasta acá?—rompió el silencio Johan—Espero que mis compatriotas los estén tratando bien—un asomo de risa se oyó en su voz.

—Bien—desdeñó Manjoume—Sí que es bonito este lugar, pero con tantos que he visitado, no es nada del otro mundo.

Asuka le pegó un codazo que lo dejó sin aire.

—¡Es genial este lugar, me encantaría quedarme aquí para siempre!—y le dirigió una elocuente mirada al castaño, que parecía muy abstraído de la conversación. Johan parecía querer golpearla.

—¿Qué tal si continuamos esta conversación en otro lugar?—sugirió Jim, encabezando la marcha hasta unas mesitas fuera de un elegante café. Sin dejar de notar que Juudai y Johan no se tomaron de la mano, ni mucho menos intercambiaron palabra alguna.

No me digas adiós, porque no quiero
escuchar esas palabras esta noche
Porque quizás no es nuestro fin
y aunque sabíamos que este momento
llegaría, no digas nada esta noche,
si vas a decirme adiós

Por extraño que parezca, Johan se sumió inmediatamente en una conversación con Asuka, preguntándole sobre sus estudios en Nueva York, del por qué no los había continuado y otras cosas más. Mientras que Manjoume hacía algunos aportes a esa conversación y Jim y Juudai caminaban un poco más separados de los demás, callados.

—¿Tienes algo, Juudai?—susurró él, muy bajito—¿Ha pasado algo con Johan?—dirigió la vista hacia atrás, recorriendo el rostro del europeo.

Juudai le dirigió una mirada lastimera a ambos.

—Claro que no, es sólo que...—no sabía ni por dónde empezar y cuando volvió a mirar a Jim, éste le dirigía una mirada dura. Había olvidado que él y Johan eran buenos amigos— Comí demasiado—mintió, en una pasable imitación de su voz avergonzada.

Todos se sentaron al llegar al café. Parecía un lugar bonito y al menos, alrededor había suficientes distracciones. Juudai y Johan se sentaron uno al lado del otro, pero continuaron sin mirarse con las conversaciones que ya habían establecido, hasta que Jim decidió generalizar un poco la plática, pues notaba el ambiente muy tenso y cómo Juudai alzaba la vista cada pocos segundos, como vigilando que nadie se acercase a Johan. Así pues, la charla se volvió en torno a sus proyectos a futuro y sobre lo que habían hecho en el poco tiempo que habían estado separados. Manjoume seguía en una liga profesional y como ya les había explicado, tenía un torneo mundial que le obligaba a moverse constantemente. En cuanto a Asuka, ella seguía con sus estudios en Nueva York, aunque se había tomado unas vacaciones de un mes para acompañar a Manjoume y aprender de las ligas profesionales de manera técnica. Y Jim también estaba en una liga profesional, pero no quiso dar muchos detalles, porque según él, todo era demasiado simple.

La noche cayó rápidamente entre risas y comentarios, para cuando se dieron cuenta, ya era hora de despedirse. Asuka abrazó a Juudai dos veces y le besó la mejilla a modo de despedida, así pues, también estrechó la mano de su antiguo rival y aseguró que se verían pronto. Manjoume hizo otro tanto y Jim también, todavía recelando un poco a la pareja, sobretodo a Johan, quien parecía normal. Así la velada terminó, aunque el vaquero seguía teniendo sospechas, mucho más cuando vio a la pareja retirarse así como habían llegado, mudos entre ellos.

Hunter los esperaba maullando de hambre. Así que para disimular un poco la situación, que de por sí ya era mala, Juudai se decidió a darle de comer, mientras Johan lo seguía hasta la cocina.

—¿Te pasa algo?—preguntó por fin, acariciando mecánicamente la cabeza del gatito—Has estado raro todo el día.

—Johan...—pasaron unos cuantos minutos sin hablar, porque Juudai parecía muy ocupado abriendo la comida—Creo que ya no es bueno seguir juntos.

—¿Por qué?—su voz temblaba tanto como sus manos, que se aferraban a la mesita de la cocina.

—Yo...—no podía decirle lo que su madre le había contado— Quiero estar solo un tiempo—mintió— Ya sabes, necesito pensar si esto es... bueno, es que Manjoume está viajando y...

La mano de Johan se alzó en el aire, pidiéndole silencio. Sus hermosos ojos verdes se cerraron una vez, estaba tratando de controlar su temperamento.

—Está bien—aceptó— Entonces, me iré—Juudai veía su rostro enfadado, pero ese enfado no se transmitía en su voz, que parecía querer romperse como un fino cristal al caer al suelo— No te dejaré sin un lugar donde quedarte, Juudai. Me iré con mis padres... tú... quédate aquí cuando te plazca. Y si...

¿Recuerdas que en diciembre
juramos que nunca cambiaríamos?
Aunque te vayas, nuestros sentimientos
siempre permanecerán iguales
Desearía que pudiéramos estar riendo
en cambio me quedo aquí preguntando
¿tenemos que terminar con esto?
¿podemos evitarlo de algún modo?
Ambos sabemos lo que tenemos que decir
pero no hoy, porque no quiero dejarte así

Las palabras se le quedaban atoradas en la garganta y Juudai necesitó mucho esfuerzo para no abrazarlo al verlo tan destrozado.

—Y sí algún día quieres volver—un suspiro brotó de sus labios—Tú sabes dónde encontrarme.

Johan no entendía por qué el cambio, por qué tan repentinamente pasaba esto, pero iba a respetar sus decisiones. Él sabía perfectamente lo que era sentirse perdido y si Juudai lo estaba ahora y necesitaba estar solo, lo iba a dejar, todo el tiempo que fuese necesario, así significara un para siempre...

—Gracias—logró articular el castaño, quien no podía creer que hubiese sido tan fácil, quien no deseaba que fuera tan fácil—Gracias, Johan.

Su mano se posó sobre las del muchacho, en un último gesto de cariño, deseándole lo mejor, porque él no podía dárselo. Esperando que algún día pudiese perdonarlo y olvidarlo. Él haría lo posible por salir de su vida rápidamente, por irse de aquella casa, de aquél país, lo más lejos posible, para que ni su recuerdo pudiese perseguirlo.

Johan soltó sus manos suavemente, iba a extrañar esa sensación de calidez, sus ojos chocolates derritiéndose a la luz de la luna, su piel caliente brindándole abrigo en las noches...

Subió a hacer sus maletas en total silencio y le pidió que no le acompañase, porque no quería que lo viese llorar. El Osiris asintió y se dedicó a tontear en la cocina, con un nudo en la garganta al oír cómo se abrían y cerraban cajones, y al saber, que al día siguiente, cuando fuese al estadio, él estaría allí... y también sabiendo que algún día, lo vería al lado de otra persona que no sería él, quizá hasta con hijos en brazos, con los mismos ojos verdes esmeraldas que él poseía, con la misma amabilidad que residía en su alma, con la misma sonrisa cálida...

Las lágrimas brotaron lentamente también de sus ojos. Johan salió y cerró la puerta sin despedirse, le era demasiado difícil.

Juudai logró tomar el celular, mientras el gatito arañaba la puerta en busca de su amo favorito, las lágrimas no se detenían.

—¿Jim? Soy yo, Juudai—logró escuchar Johan, quien seguía recargado en la puerta, sin atreverse a irse—Necesito verte.

¿Así que, en realidad, siempre debió cuidarse de Jim y no de Asuka...?

Y sí, se terminó, duele, pero te doy mi palabra
de que espero que siempre seas feliz como lo fuimos
feliz como lo fuimos...
No me digas adiós, porque no quiero
escuchar esas palabras esta noche
Porque quizás no es nuestro fin
y aunque sabíamos que este momento
llegaría, no digas nada esta noche,
si vas a decirme adiós

Fin del capítulo.


Notas de la Autora: OMG. ¿Debería de contratar algunos guardaespaldas? Bueno, esto tenía que pasar, la madre de Johan logró lo que quería, por fin lo logró, pero ¿por cuánto tiempo? ¿Y ahora que va a pasar? Bueno, sin duda, todavía queda mucho camino por recorrer en este fanfic, esto es apenas el principio de sus males, ya lo verán... y sí, soy mala, no me odien demasiado, mejor odien a Victoria (?) x'DDDDD. Ya hablando en serio, por si a alguien le interesa, la canción se llama "Say goodbye" y es del grupo Skillet (amo al grupo, ¿se nota x'D?). Espero que les haya gustado el capítulo, a pesar de ser triste. A mí me encantó escribirlo, sobretodo porque me costó trabajo separarlos y eso fue un reto para mí. Ya no sé ni qué decir, espero sus comentarios, así sean malos, siempre agradezco los reviews.

Gracias por los reviews a Neko Andersen y a Chibi.

Y también gracias por leer a quienes no dejan review x3.

Nos vemos la próxima semana.

Ja ne!