Imperfection
Capítulo VI

Juudai se sentó en el suelo, cruzando las piernas, quería esconder su rostro ahí para llorar, pero eso le impediría hablar con Jim, quien estaba muy preocupado de haber recibido la llamada de un lloroso amigo suyo.

—Lo siento por molestarte tan tarde—parecía tan dolido, ¿dónde había quedado ese temple tan frío que había obtenido con Yubel?—No sabía qué más hacer.

—Lo entiendo, los noté raros esta tarde—concedió el vaquero, acordándose del semblante de ambos—No puedo creer que esto haya pasado—su voz transmitía mucho dolor, sin duda él sufría lo mismo que él, o parecido, al ser tan amigos—Sabes que cualquier cosa que necesites, puedes pedírmela, incluso puedes venir a pasar unos días conmigo si ya no deseas estar...

—¡No!—lo interrumpió alarmado el castaño, ya le era difícil dejar a Johan como para también dejar su casa, era egoísta, claramente, pero quería aferrarse por algún tiempo a lo único que le quedaba de él—No, gracias, Jim. No quiero causarte más molestias, sólo necesitaba a alguien con quien hablar...

—Cuando quieras, my friend—se oyó sonreír a Jim del otro lado—Hmmm, dado que no tienes quien te transporte mañana a tu trabajo, ¿quieres que pase por ti?

—Sí, gracias—al menos así no estaría solo al ver a Johan—Gracias por todo, buenas noches, Jim.

Colgó el teléfono con parsimonia y se encontró solo en una noche nublada, que no conseguía ponerle mejor los ánimos. Iba a subir a acostarse cuando el recuerdo de Johan durmiendo en incontables ocasiones le hizo desistir de la idea, iba a ser muy raro y doloroso no verlo ahí, con la espalda descubierta brillándole a la luz de la luna y con el cabello alborotado cubriendo sus ojos...

Prendió el televisor mientras se acomodaba en uno de los sofás, con varias mantas y demás cosas. Hunter se le subió a las piernas, pues era tan dormilón que seguramente planeaba quedarse con él ahí a falta de su amo favorito. En la TV no había nada interesante, como siempre y sobretodo por el horario, ya pasaba de la medianoche, curiosamente no había oído a Johan irse en el auto, pero quizá había sido por haber estado llorando...

Sus ojos se fueron cerrando lentamente, pero conforme lo hacían, horribles figuras se aparecían tras sus párpados, como si estuviese viendo nuevamente sus pesadillas, sólo que ésta vez, las personas de los infomerciales le ponían muecas y hasta le pareció que Hunter quería atacarlo, pero no eran más que tonterías, ¿cierto?

Se quedó dormido y soñó con lo mismo: pesadillas. Ya no tenía el consuelo de poder abrazarse a Johan cuando se despertase y una y otra vez se recriminaba por lo que había y no había hecho. Pero ya todo sería mejor para Johan y si era así, él se daba por bien servido... siempre había estado en su naturaleza darlo todo por las personas que él quería, así que ese pequeño sacrificio lo valía y con creces.

—Eres una buena persona—lo consoló Honesto, quien también dormitaba en las profundidades de su alma.

—Eso quisiera creer—respondió él, cubriéndose con las mantas al oír el primer trueno de una tormenta—De verdad quisiera.

&

La mañana amaneció nublada otra vez, pero como ya sabía, aquello no era nada nuevo. Así pues, Juudai se dedicó a escombrar el lugar, que se había quedado tirado desde el día anterior y después se hizo de desayunar, con el montón de comida que había traído Johan sabiendo de su gran apetito -una nueva punzada dolorosa en su pecho. Hunter lo siguió todo el rato, correteando entre sus piernas, casi al punto de tirarlo varias veces, al menos el gatito lo hacía reír.

Subió a bañarse a eso de las doce, tratando de evitar de todas las maneras posibles no mirar la cama vacía. Se dio un baño largo, relajante, pero cuando salió de ahí y tuvo que buscar su ropa, la realidad volvió a golpearlo, porque los cajones estaban cerrados como siempre, pero al abrirlos, sólo estaba la mitad de la ropa en algunos y en otros no había nada, delatando nuevamente la ausencia de otra persona en la casa.

—Cálmate, Johan—le pidió al gatito, que maulló en respuesta. No sabía por qué le decía Johan, pero tampoco le importaba, nadie se daría cuenta de todos modos—Es hora de que Jim pase por mí, creo que debería esperarlo afuera, así no verá este tiradero.

Bajó las escaleras de dos en dos, acomodándose la playera negra y cuando abrió la puerta, se llevó otra gran punzada: el auto de Johan estaba ahí, con las llaves escondidas donde siempre, dispuesto para él. Johan debió irse en taxi, o caminando... hasta el lugar más cercano.

Juudai se recargó en su asiento, mullido y lleno de su aroma. Él no sabía manejar, no entendía qué hacía allí, de todos modos.

—Juudai—el vaquero había llegado, como siempre con Karen a su lado, le sonreía amablemente—¿Listo, my friend?

Él asintió, bajándose del vehículo, y también aliviado de que no le hiciese ninguna pregunta sobre su comportamiento.

—Gracias, Jim—repitió, siguiéndolo hasta su auto, negro y un poco menos deportivo que el de Johan.

Jim no trató de entablar conversación con él mientras se alejaban de la casita hacia el estadio, en esos momentos no tenía ningún ojo mágico con el cual ayudarlo, y en esos temas no era muy bueno, sobretodo porque la persona que le gustaba lo había rechazado y él no había intentado nada con alguien más, así que pensó que era mejor quedarse callado a arruinarlo más.

—Hemos llegado—anunció al aire, cuando la cúpula Kaiba se divisó ante ellos, al castaño comenzaron a temblarle las piernas, Johan estaría allí, sin dudas.

&

Johan no había pasado muy bien la noche, pero no se quejaba, las había tenido peores cuando había estado atrapado en aquél mundo, preso por Yubel. Pero, aunque no se quejaba, sí tenía unas ojeras tremendas y un dolor de cabeza que le aconsejó a Alice no acercarse demasiado a su hermano si no deseaba salir regañada. No había podido dormir hasta altas horas de la noche, porque los recuerdos le atormentaban cada vez que cerraba los ojos, casi siempre tratando de buscarle una explicación a lo que había sucedido, porque no entendía qué había salido tan mal, cuando parecían ser tan felices, tan plenos... y luego, cuando se cansaba de preguntarse qué estaba mal, llegaba el tema de Jim. Juudai lo había llamado, ¿para qué? ¿Acaso le... gustaba? ¿Lo quería? Cientos de punzadas le acudían al cuerpo ante ese pensamiento y entonces, regresaba al ciclo sin fin, cambiando de tema hacia qué había hecho mal.

Su madre le dirigía una atenta y suspicaz mirada mientras desayunaba, sus ojos azules recorrían desde las ojeras hasta las mejillas de su hijo, que no se curvaban en su sonrisa tan característica, pero sabía que no debía preguntarle nada, ya le diría él si tenía confianza, además, eso parecía ser lo mejor, ya lo superaría.

Joel y Alice apenas hicieron comentarios, tampoco sabían muy bien qué estaba pasando, pero lo sospechaban y sabían que era mejor dejarlo en paz hasta que estuviese mejor. El muchacho les agradeció de alguna manera que no hubiese ningún tipoo de comentario, sobretodo de su madre, porque no estaba muy seguro de qué clase de reacción iba a presentar si alguien se pasaba con sus críticas.

Subió a bañarse después de un rato y dio la batalla por perdida cuando quedó ante el espejo, porque aún seguía demacrado y aún con la ducha, la apariencia seguía siendo la de alguien consumido. Se puso una camisa blanca y una chaqueta negra, junto con un pantalón a juego y bajó dando tumbos, dispuesto a tomar el autobús hasta allá y, para no pensar, se puso los audífonos del iPod, al darle play, cualquier idea se disolvió detrás de Metallica, era mejor no pensar en que lo vería llegando allá, teniendo contratos similares. Pensarlo quizá significaría una huida de su parte, no sabía si iba a poder verlo sin querer abrazarlo y pedirle que recapacitara las cosas...

El autobús lo dejó a unas cuantas cuadras de la cúpula, así que tuvo que caminar. Durante el trayecto, su vista se perdió en el mar y cuando por fin llegó y vio estacionado el auto de Jim, le empezaron a temblar las piernas, pero no podía ni quería renunciar, tenía que seguir adelante.

Entró, pues, al lugar, en donde su manager le informó que tendría dos duelos ese día y que en esos momentos se estaba llevando a cabo uno, el de Juudai.

Moría por verlo, pero sabía que eso iba a hacerle daño, aún así, avanzó con rapidez por entre los pasillos llenos de gente que no había podido entrar a la función y entró, gracias a sus "influencias" al estadio, mientras buscaba a Jim con la mirada, pues era más que obvio que estaría allí. Por fin distinguió su sombrero vaquero entre unas de las gradas más alejadas, observando con interés el duelo que sostenía Juudai contra una chica que poseía un deck de monstruos Luz y que se sorprendió mucho de verlo llegar, aunque eso sí, le sonrió.

—¿Qué hay, Jim?—Johan se sentó a su lado, posando la mirada también en el duelo, aunque no le estaba prestando más atención de la necesaria—¿Cómo está Juudai?

—Siempre Juudai—se rio el vaquero, palmeando su espalda, pero luego su cara se tornó seria—¿Qué problema han tenido?

Johan bajó la vista y Jim no pudo evitar tomarle una mano.

—¿No lo sabes, amigo?—su vista entonces vagó hasta el ex-Osiris, quien ponía una carta boca abajo para terminar su turno.

—No lo sé—Johan se deshizo de la mano de Jim con toda la delicadeza que le fue posible—Pero si él desea que permanezca lejos, eso haré.

&

Un calorcillo que parecía haberse apagado desde el día anterior, empezaba a crecer en el pecho de Juudai. Estaba en su elemento, jugando cartas, con un montón de gente mirándolo y el duelo parecía emocionante, la chica manejaba muy bien su deck, tanto, que él empezaba a tener problemas, no podía sentirse mejor... o sí podía, sabía quién sí podía hacerlo sentir mejor, pero él había prometido no molestar más a Johan, por lo cual, eso era a lo único que podía aspirar.

—¡Convoco a Neo-Parsath!—vociferó la muchacha, derribando a uno de sus monstruos al atacar. El chico sonrió, justo era eso lo que esperaba.

—Puedo ser feliz así—pensó, levantando una carta de trampa—Si todas estas personas pueden apoyarme... quizá no me sienta tan solo.

Su mirada se dirigió hasta Jim, quien estaba junto a... ¡Johan! y a quien el vaquero sostenía la mano, parecían muy entretenidos hablando. Un dolor se le coló en el corazón, como ácido, quemando todo a su paso, dolía... ya nisiquiera sabía lo que estaba haciendo, ahora todo parecía tan feo, tan terrible... los rostros de las personas, deformes, malignos, codiciosos...

Puso una carta boca abajo, ya no sabía ni qué hacía.

La chica contraatacó el turno siguiente y sus life points fueron hasta cero, pero no le importó. Sólo había una imagen en su mente y unas palabras, dichas por Yubel, mucho tiempo atrás: "No necesitas a nadie más que a mí...".

Fin del Capítulo.


Notas la de la Autora: Este capítulo es más intermedio que nada, lo bueno sigue en el siguiente capítulo lo prometo y Alice tendrá una participación importante :3, esa niña no se va a quedar de brazos cruzados eso lo prometo. Btw, se me había olvidado recomendarles que busquen imágenes de Noruega si quieren ver cómo es, las descripciones que yo uso son reales, así que googleen un rato "Bergen" y ya verán dónde vivían mis dos protagonistas. Por el momento es todo, espero no les haya aburrido el capítulo por la falta de acción, gracias por haber leído, se acepta cualquier tipo de crítica o comentario constructivo, nos vemos la próxima semana.

Ja ne!