Imperfection
Capítulo VII
Juudai se retiró a los bastidores en cuanto se anunció a la ganadora, sin mirar o saludar a alguien, aún tenía la horrible visión de que todos lo abucheaban y prefería no seguir allí, porque también estaba él, no podía soportar sentir su mirada encima y seguramente él tampoco.
Se recargó en una de las paredes, lejos de las demás personas y cerró los ojos, en esos momentos estaban anunciando el duelo de Johan contra esa misma chica. Parecía que era una clase de torneo o algo así, no había puesto demasiada atención a las instrucciones. Cerró los ojos y se dejó llevar por los sonidos a su alrededor, Johan acababa de convocar a su Topaz Tiger y jugado dos cartas boca abajo, su voz sonaba cansada. Él esperó que no fuese su culpa, aunque sabía que era lo contrario.
Volvió a abrirlos sólo cuando Jim le habló, estaba acercándosele rápidamente por entre el pasillo, con una mueca triste, él no entendía por qué. Lo acompañó hasta su camerino y, tras encender la tele, se quedó callado, mirando el duelo de Johan. Eso tampoco lo entendió, ¿por qué iba a verlo sin hablarle, con la cara triste y enfadada?
El duelo avanzó rápidamente y sólo culminó cuando el Dragón Arcoiris hizo su aparición en el campo, aplastando los puntos de vida de la chica, quien sólo atinó a sonreírle y estrecharle la mano a Johan, antes de retirarse.
Él volvió a cerrar los ojos, sin duda el no dormir no le hacía bien, porque a veces solía ver a Johan haciendo muecas horribles e incluso al propio Jim y a veces no. Era únicamente cosa de su imaginación, ¿no?
—Fue un gran duelo—comentó Jim, acomodándose el sombrero y dirigiendo la mirada a la figura de Johan, quien tenía otro duelo en puertas—Siempre he admirado cómo Johan maneja sus cartas, es excelente.
—Sí—coincidió Juudai, pero luego se calló, porque iba a agregar: Por eso también me gustó desde el principio.
—Juudai, ¿cuánto más piensas quedarte aquí, después de lo que ha pasado?—el castaño abrió los ojos para dirigirlos a Jim, él también se hacía la misma pregunta desde la noche anterior, pero seguía sin tener respuesta. Negó con la cabeza y para hacer algo, se puso a mover su deck.
—Tengo un contrato—puntualizó—Por un año, apenas llevo aquí dos o tres meses, no puedo irme.
—Los contratos pueden romperse—agregó Jim, pero para eso Juudai no tenía respuesta.
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Juudai se tiró sobre la mullida cama en cuanto llegó a su -casa-, ésta estaba impregnada aún del aroma de Johan y él lo respiró hasta el hartazgo, recordando el temple sereno que había mostrado su ex-novio en los duelos de esa tarde, pero aunque se veía calmado, sus ojos transmitían mucho dolor y él simplemente no había podido ignorarlo, aunque quizá lo que había hecho le había lastimado más en lugar de ayudarlo: al terminar su duelo con una victoria, se le acercó para felicitarlo, recibiendo una sonrisa por respuesta, cosa que logró que su corazón latiera tan fuertemente que se sorprendió de que no se oyera en todo el estadio, como un eco de sus sentimientos. Luego, ambos se despidieron con cortesía y no hubo nada más. Era tan extraño estar tan lejos, cuando hacía más o menos dos días estaban tan cerca, con las manos unidas, con las miradas llenas de felicidad... podían tocarse, podían besarse, porque pensaban que eran perfectamente compatibles...
¡Era tan raro no poder sentir la calidez de Johan a su lado! El no poder oír su corazón por las noches, latiendo suavemente, como el compás de una canción conocida y su voz, hablándole en perfecto Noruego, su lengua natal, palabras cariñosas de las que él únicamente podía entender los sentimientos... y luego pensaba nuevamente en los sacrificios que Johan había hecho por él, incluido el del idioma, pues siempre le hablaba en japonés, aún estando en su país e incluso hasta su madre, padre y hermana... y se daba cuenta de era más de lo que se merecía, demasiado, su decisión era correcta, Johan merecía algo mejor.
Poco a poco, el sopor fue reemplazando cualquier sentimiento, a pesar de que las lágrimas amenazaban con hacer presencia en sus ojos. Estaba abrazado al edredón azul, como los cabellos de su Johan y respiraba de su aroma, casi podía sentir que él estaba allí, aunque no fuera así... su mente quería imaginarse que lo que abrazaba era a él, que la calidez que había debajo de su cuerpo era otro cuerpo, uno que conocía perfectamente, pero cuando ya casi había logrado dormirse con la idea en mente, el teléfono comenzó a sonar como loco y esa vez era su celular.
—¿Hola?—preguntó, sin saber en qué idioma hablar, sabía algo de inglés y eso lo salvaba siempre pero...
La voz de Alice resonó por el auricular, también parecía muy triste, como su hermano. A Juudai se le encogió el pecho de imaginarla así, porque ella siempre solía ser tan alegre, tan simpática... una cara triste sin duda no se le iba a ver bien.
—Juudai, me alegra que hayas contestado, pensé que...—Alice no tuvo que explicarse, él entendía lo que iba a decir después "pensé que no responderías porque soy yo".
—¿Qué pasa, Alice? ¿Estás bien? ¿Está él bien?—se dio vuelta en la cama, quedando boca arriba. La niña soltó una risita que sonó un poco triste.
—Johan está bien, de hecho, no le digas que te llame—bajó el tono de voz—Quería hablar contigo.
El castaño se quedó callado por unos segundos.
—Claro, pero dime qué sucede—se había tranquilizado de que Johan estuviera bien, dado que ya no lo tenía cerca, temía cualquier incidente o mala noticia.
—Hmmm—dudó la niña—Mira, yo sé que este es un asunto que les concierne a ti y a mi hermano, pero... Juudai, ¿podemos vernos mañana? Te prometo que será bueno para ti y también para mi hermano—Alice hablaba como una mujer mucho más grande, parecía muy madura para su edad.
—Alice, yo no creo que... ¿Johan va a ir?—eso era lo único que le importaba, estar mucho rato cerca suyo, quizá en algún lugar cerrado no iba a ser fácil, quizá hasta terminaría suplicándole por regresar.
—¡No, claro que no! Sólo tú y yo y...—nuevamente se quedó callada, eso a Juudai le pareció sospechoso—¿Puedes llevar a Hunter?
—Claro—asintió él, pidiéndole los datos del lugar de la reunión y la fecha. Podía tomarse algunos días libres según su calendario, ya había usado uno cuando había visto a Asuka y los demás, ese sería el segundo y sería hasta mejor para él, así no tendría que ver a Johan nuevamente, eso haría más fácil la separación si decidía marcharse del país.
Después de todo, siempre podría ser el amigo de Alice. No había nada de malo en ello y quizá hasta algún día podría volver a ser el mejor amigo de Johan... aunque para eso harían falta muchos, muchísimos años. Era mejor dar un paso a la vez.
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Alice bajó las escaleras con un vestido de color rosa y unas zapatillas a juego, lucía radiante, como una celestina a punto de unir a dos personas bajo el lazo del destino. En las manos llevaba un cuaderno gastado, viejo y algo roto, pero que trataba como si fuese un tesoro invaluable y que escondió muy bien de la vista de su hermano y de sus padres, quienes comían después de una tarde algo ajetreada. Johan debía regresar al estadio y sus padres al trabajo, pero siempre se reunían para estar un rato juntos en la comida, como ese día. Era raro verlos así, porque hablaban en Noruego y ella estaba más acostumbrada al japonés gracias a Juudai y a su hermano, que desde que había regresado de Japón no decía nada en otro idioma, pero ahora, parecía querer olvidarlo todo y ella no podía reprochárselo, aunque ya estaba planeando algo para que no fuese así.
Después de la comida, la niña se despidió de su hermano con una sonrisa, asegurándole que todo iba a estar bien, por verlo, como siempre, decaido. Luego, junto con su padre, se dirigieron a Bergen, en donde ella se quedó frente a la -casa de un amiga- y Joel siguió de frente, para llegar al Consulado. Claro que, después de que el automóvil negro de Joel Andersen se perdió de vista, la niña se metió por otra calle hasta llegar a un parque lleno de árboles y flores, que brillaban gracias al rocío de la tarde. Juudai la esperaba allí, con la cara llena de confusión. Ella había tenido que mentir para estar ahí, pero si todo salía bien, no tendría por qué preocuparse si la descubrían.
Hunter echó a correr en cuanto la vio cruzar la calle, escapándose de los brazos de Juudai, quien suspiró resignado antes de tomar asiento en una banquita del lugar, visiblemente aliviado de que Johan o su madre no estuviesen ahí pues no sabría cómo lidiar con uno o ambos. Aunque sí le sorprendió que la niña acudiese sola y en un tono muy misterioso.
—¡Hola!—le saludó, abrazándose a su tórax con fuerzas—Ya ha pasado tiempo sin vernos, Juudai. Te ves un poco cansado...—la pequeña se llevó un dedo a los labios, dudando de qué hacer, luego, con mucha iniciativa le tomó la mano al que consideraba su hermano y se sentaron ambos en la banca—Johan no quiso decirme nada de por qué no están juntos, pero creo saberlo...—su carita se contorsionó en una sonrisa triste—Déjame decirte que eres un tonto y mi hermano es lo doble de tonto que tú.
—Alice, no entiendes—la voz del castaño quería ser amable, pero no podía—Johan y yo... él merece algo mejor que yo. Eres muy pequeña como para entenderlo.
—Quizá—concedió por pura cortesía—Quizá no lo entienda, pero lo único que sé es que ambos se extrañan. Mírate, Juudai, estás triste y mi hermano... mi hermano está destrozado y apenas llevan ¿dos semanas, tres? de separación, ¿cómo crees que va a poder soportar más tiempo así?
—¡Johan ha hecho mucho por mí! ¿Y yo qué puedo darle? ¡Nada!—estalló por fin el Osiris, apartando la vista de los ojos de la pequeña, que le recordaban a los de él—¡Si hasta debe hablar japonés para estar conmigo! ¡Aún estando aquí!—con un movimiento abarcó todo el espacio, dándole a entender que era su país natal y no hacía falta.
Alice entrecerró los ojos, pero no agregó nada, en su lugar abrió el viejo cuadernillo que había robado de su casa hacía pocas horas y lo abrió por la primera página, en la cual había una serie de fotografías de un pequeño de cabello azul, era Johan, pero el castaño no entendía por qué ella le enseñaba tales cosas.
—Mi hermano te quiere y te lo puedo probar—lo obligó a mirar el álbum, la primera foto mostraba al bebé Johan sosteniendo un avioncito de juguete y en fotos posteriores el avión aparecía roto y reemplazado por un automóvil de juguete—Cuando tenía un año, según papá, él rompía cualquier cosa que le daban, así le gustara mucho, porque se aburría. Yo no estuve ahí para verlo en ese tiempo, pero conforme creció siguió haciendo lo mismo. Hubo un tiempo en que quiso andar en patineta, ser un skate. No era tan malo—el asomo de una sonrisa se pintó en sus labios al recordar—pero se aburrió y lo dejó.
Juudai seguía sin entender de qué iba todo eso, pero aún así, seguía sin despegar la vista de las fotografías de la primera página.
—Luego quiso tocar la guitarra, pero le dio pereza, porque las mejores escuelas están del otro lado del país, así que desistió de su intento—su mano se deslizó por varias páginas más, entre manchones de colores, hasta llegar a una página que confirmaba su historia, en ella había una fotografía de Johan con una patineta negra y varios rasguños en la cara, se veía entusiasta, pero no tanto como cuando sostenía sus cartas—Entonces empezó a duelear, por pura moda. Se oían rumores de todo tipo y al subir Yugi a ser el rey de los juegos y aumentar la popularidad de éstos, él quiso intentarlo y fue ahí cuando no se despegó. Siempre decía: "esto es para lo que estoy hecho" y por supuesto, le creí, porque nunca lo había visto tan entusiasmado.
La delicada mano de Alice se posó en las últimas páginas, en donde Johan tenía las fotos de sus compañeros de la Academia donde solía asistir y también muchas otras de la Academia de Japón, más exactamente de Juudai. A él casi se le llenan los ojos de lágrimas, porque eran las mejor cuidadas y había varios mensajes escritos hacía muy poco que brillaban en letras rojizas, aunque él sólo podía entender uno: "El duelo debe llevarme a mi Destino". La niña le ayudó a comprender el otro, que estaba escrito en Noruego, decía más o menos así: "Jeg elsker deg".
—"Te amo"—recitó en perfecto japonés la chiquilla, dirigiendo sus curiosos ojos al rostro de su -hermano- para ver su reacción.
—Soy un idiota—por fin comprendía todo lo que Alice había querido transmitirle. Si Johan se hubiese aburrido o hartado de él, se lo hubiera dicho, lo hubiese dejado, pero seguía ahí, sacrificándose, permaneciendo a su lado a pesar de todo...
—Puedes quedarte con el álbum—puntualizó ella, levantándose antes de acariciar al gatito, que estaba atrapado en su abrazo, contenta de haber obtenido una reacción favorable de su parte—Por un tiempo, eso sí. Si mamá descubre que no está, me mata.
—Gracias—respondió Juudai, tomándolo con mucho cuidado—Gracias, Alice.
—De nada—ella le guiñó un ojo—Ahora, piensa las cosas. Habla con mi hermano, ya verás que todo saldrá bien.
Juudai asintió y abrazó a su -hermanita- antes de plantarle un beso en la mejilla, a lo cual ella respondió con unas risas. Se sentía mucho mejor y sin duda iba a hablar con Johan, pero primero, tenía que comer algo.
Acompañó a la pequeña Andersen hasta donde la recogería su padre y después se marchó hacia un restaurante cercano, aún con el álbum en las manos y con Hunter dentro de una cesta, bien protegido.
Todo iba a estar bien ¿verdad?
¿Verdad?
Fin del Capítulo.
Notas de la Autora: Bueno, aquí estamos ya con el capítulo séptimo, qué rápido se me ha ido este fanfic, vaya x'D. Aunque todavía no toca su fin, eso sí, tiene como otros cinco o seis capítulos más, las cosas empiezan a ponerse interesantes. ¿Juudai hablará con Johan? Y si es así, ¿qué va a pasar después? Ya lo sabremos en el siguiente capítulo, donde empieza otra de las partes más interesantes, porque no crean que todos se van a quedar cruzados de brazos mientras ellos se reconcilian o si x3? Gracias por leer y por los reviews :3.
Btw, en serio las palabras que puse dicen "te amo" en Noruego, he aquí cómo se dice en los diferentes idiomas que se hablan ahí:
Noruego: Jeg elsker deg (Bokmaal) Eg elskar deg (Nynorsk) Jeg elsker deg (Riksmaal)
Nos vemos la próxima semana :3.
Ja ne!
