Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no me pertenece, así como tampoco lo hacen sus personajes. Los créditos de la canción son únicamente para Skillet y su compañía discográfica, yo sólo la tomé con fines de entretenimiento.


Imperfection
Capítulo VIII

Ayudándose con inglés, Juudai pidió un filete y un refresco en el primer restaurante al que entró. Después se sentó, tranquilo, en una de las mesas de la esquina y abrió el álbum para mirarlo con más detenimiento, con la ternura pintada en los ojos. Johan no había cambiado mucho desde pequeño hasta esos momentos, tenía los mismos ojos verdes curiosos e inocentes a su modo, también la misma sonrisa confiada y pícara a la vez y el cabello alborotado, largo y brillante.

Había muchas fotos de él en el álbum, tantas que a veces las páginas estaban sobrecargadas y amenazaban con romperse. Las había desde que era un recién nacido, un pequeñísimo ser humano, que sostenía la mano de su madre con los ojos cerrados, hasta fotos de su primer baño, su primera bicicleta, sus primeros patines y cumpleaños y él siempre lucía tan feliz, pero era cierto lo que decía Alice... sus ojos no mostraban tanta determinación como cuando tenía duelos y como cuando, (una sonrisa enorme se le extendió por el rostro) estaba con él.

Acarició su rostro con las yemas de los dedos mientras una canción en francés se escuchaba por el lugar. Sabía que debía disculparse e iba a hacerlo, no había problema. También sabía que su madre se iba a oponer nuevamente, pero no le interesaba. Él también haría hasta lo imposible por él, por corresponderlo de todas las maneras posibles, justo como él lo hacía. Así tuviese que aprender Noruego, Chino, Alemán...

—Entonces, ¿estás seguro?—la voz de Yubel hizo eco en su cabeza, como algo fantasmal y poco deseado, porque estaba tratando de contener la furia.

—Sabes que sí—susurró él, bajito para que nadie lo oyera—Nunca he estado tan seguro de nada.

Yubel entrecerró los ojos.

—¿Piensas hablar con él? ¿Regresar así, nada más? ¿No deberías pensar mejor las cosas?—sus intentos parecían cada vez más en vano y más desesperados. Él negaba con la cabeza cada vez que ella trataba de persuadirlo, mientras cortaba su filete y de vez en cuando posaba su mirada en la última foto del álbum, "te amo", decía ésta. ¿Qué más daba todo lo demás?

Tú vales tanto...
Pero nunca será suficiente,
jamás estarás conforme.
Qué hermoso eres,
pero parece tan lejano...
Lo que quieres alcanzar.
Lo que quieres ser...

El espíritu decidió que estaba muy enfadada como para hablarle y desapareció. Mientras tanto, Juudai, que acababa su comida, tomó su celular y buscando entre los números encontró el de Johan. Le temblaban las manos, no sabía ni cómo hablarle, pero aún así...

Un dolor terrible en su cabeza le hizo soltar el teléfono, que se quedó marcando. El muchacho se llevó las manos hacia ella, aplastando sus mechones sin cuidado, porque parecía que alguien estaba taladrándole el cráneo. Cerró los ojos y contuvo un grito, en lugar de cesar el dolor aumentaba con cada segundo. Johan contestó el teléfono, pero sólo encontró silencio. Juudai profirió un grito y abrió los ojos, para seguir gritando. Todo a su alrededor era horrible, deforme, había rostros malignos rodéandolo por todas partes, voces lastimeras clamando su nombre y el dolor no se iba...

Gritó nuevamente, mientras uno de los camareros con cara de demonio se le acercaba para ver qué le pasaba, sacando la lengua, ¿qué estaba pasando?

Johan comenzó a gritar también por el auricular, le era terriblemente doloroso y angustiante oír a su Juudai gritando, ¿y si le había pasado algo malo?

—Cálmese, señor—pidió el camarero en Noruego, por lo cual Juudai no lo entendió—¡Señor, por favor! ¿Está bien?

—¡Aléjate de mí!—vociferó el castaño, mientras se arriconaba—¡Largo! ¡Largo de aquí!

El dolor empezaba a marearlo, sentía que pronto iba a perder el conocimiento. Sus ojos comenzaron a cerrarse lentamente, llevando imágenes borrosas de seres diabólicos a su mente. Lo último que vio, antes de desmayarse por el dolor, fue el rostro sonriente de Johan en el álbum de fotos y las brillantes palabras de "te amo".

xxx

La titilante luz de una lámpara le guiñaba suavemente cuando se despertó, desorientado, mucho tiempo después. Ya no le dolía la cabeza, pero aún seguía confundido. Según lo que podía notar, estaba en una mullida cama, pero no entendía cómo es que había llegado hasta ahí y qué había pasado antes, lo último que recordaba era a la pequeña Alice, que cruzaba la calle hacia él con un cuaderno extraño entre las manos, nada más...

Se incorporó de la cama, abriendo los ojos para inspeccionar a su alrededor y descubriendo que se hallaba en un cuarto blanco, tan inmaculado que le lastimaba a la vista. Los muebles eran de madera y estaban brillantes, aunque no eran muchos, solamente una mesita con un vaso de agua encima y una silla, además de la cama que él ocupaba. No había ventanas y la única puerta estaba cerrada, en apariencia.

Temblando de miedo, se levantó de un salto y sus pies descalzos tocaron el frío suelo, entonces se miró el cuerpo y se dio cuenta de que solamente traía una bata blanca, propia de los hospitales. Sus ganas de escapar aumentaron por cien en esos momentos, ¿dónde y por qué estaba ahí? Tan pronto alcanzó la manija de la puerta y le dio la vuelta, se dio cuenta de que estaba encerrado, por lo cual comenzó a golpearla con todas sus fuerzas, a ver si alguien le respondía.

—¡Por favor! ¿Hay alguien ahí?—sus puños comenzaban a dolerle de tanto que había golpeado la puerta. Y conforme fue cansándose, se fue resbalando hasta quedar sentado, con el pánico crispando sus facciones—¡Jim, Alice! ¡JOHAN!

La puerta se abrió y él cayó hacia atrás, pegándose contra las piernas de alguien. Era una enfermera y parecía algo malhumorada, pero cuando vio el rostro del castaño, su expresión se suavizó. Juudai levantó la vista al notar que se pegaba contra algo y se deslizó hacia atrás, muy lejos de la mujer, en cuanto vio su expresión, furiosa, envenenada, como la de una serpiente a punto de atacar. Ella suspiró al notar el efecto que había causado su presencia y avanzó hacia él, tratando de sonreír, pero como él no podía notarlo no servía de mucho.

—Juudai-san, por favor, escúcheme—extrañamente, la señorita hablaba japonés y muy fluido, ¿dónde demonios estaba?—Parece que ha sufrido algún tipo de transtorno y...

—¡No!—gritó él, tratando de salir del lugar—¿Dónde estoy? ¿Dónde están todos? ¡Déjeme salir de aquí!—trató de apartarla de un empujón, para no tener que mirar su rostro, pero ésta lo malinterpretó y llamó a dos enfermeros, que inmediatamente lo inmovilizaron y le inyectaron un tranquilizante. Nuevamente estaba sumergiéndose en el sopor, ¿cuándo iba a durar todo aquello? ¿Dónde estaban todos?

La mujer le tomó de la mano, él ya había cerrado los ojos, pero seguía escuchándola.

—Esto es un hospital psiquiátrico, no tiene de qué preocuparse, cuidaremos de usted hasta que esté mejor—tenía miedo, pero ya no podía gritar. Sus párpados pesaban demasiado, no podía con ellos, tenía tanto sueño... y lo único que esperaba, al quedarse dormido, era soñar con él.

Tus lágrimas caen otra vez,
Tus lágrimas caen...
Te arrodillas,
pides, suplicas.
¿Puedo ser alguien más
por todas las veces en que me he odiado?
Tus fracasos devoran tu corazón
En cada hora, te ahogas
en tu imperfección.

—¡Johan, Johan!—el muchacho de cabellos azules oía como alguien lo llamaba, pero tenía demasiado sueño como para abrir los ojos. Alguien lo movió, entonces abrió los ojos, enfadado, para mirar a Jim, quien siempre le sonreía, incluso hasta en los peores momentos.

—Hola, Jim—dijo él, frotándose los ojos con flojera, el vaquero le ofreció una taza de café.

—¿Has pasado la noche aquí otra vez?—el americano se sentó a su lado, mirando alrededor al desolado y triste lugar, de vez en cuando algunos gritos rompían el silencio, pero eran tan aterradores y tristes que no le hacían sentir bien—Johan, sabes que Juudai está bien aquí, ¿por qué debes quedarte?

—Quiero estar cuando... cuando se recupere—admitió el de ojos verdes, dándole un sorbo a su café, que pareció reconfortarle un poco el alma—Ya lleva dos meses aquí, estoy seguro que debe haber algún progreso.

—No te engañes, my friend—Jim le puso la mano en el hombro—Juudai se la pasa todo el día sedado, no creo que haya mejoras... las enfermeras dicen que sigue con esas extrañas alucinaciones.

Al europeo se le contrajeron los músculos de la cara, parecía estarse conteniendo las lágrimas con mucho esfuerzo, ¿por qué siempre tenía que ser así? ¿Por qué siempre estaba lejos cuando más Juudai lo necesitaba? Cuando se había convertido en Haou, durante un tiempo en su último año y ahora...

—Señor Andersen, si desea ver a Juudai puede pasar ahora—una señorita se les acercó aprovechando que se habían quedado en silencio. Él se levantó inmediatamente y Jim lo siguió, con el frío de la mañana calándole todos los huesos.

Los pasillos, que también eran blancos, ya empezaban a tener movimiento. A los pacientes más prometedores o a los cuales no se podía mantener encerrados por no ser peligrosos, los dejaban salir a caminar y algunos ya se movían por allí, hablando consigo mismos. Pero Juudai no salía, porque no quería, porque seguía alegando tener visiones horribles y él le creía... pero no sabía cuál podía ser la razón, dado que no habían encontrado nada malo en su cerebro al examinarlo.

Al entrar en su habitación, tan inmaculada como siempre, Johan pudo divisarlo durmiendo como siempre, en posición fetal, enredado entre las cobijas que lo mantenían calentito y seguro. Él se acercó, con cuidado de no hacer ruido para no despetarlo y que tuvieran que sedarlo nuevamente y se sentó a su lado, acariciándole los ya muy largos mechones de cabello que le caían por el rostro. Las ganas de llorar y de gritar no se iban, pero podía controlarlas, todavía podía...

Con mucho más cuidado que antes, abrazó el cuerpo de la persona que más amaba y besó su frente sin importarle lo que diría cuando se recuperara, sin importarle que lo quería fuera de su vida, porque eso era imposible y ahora lo sabía con certeza, sus vidas estaban tan unidas que casi parecían tejer un mismo hilo y así Juudai nunca se recuperara, él permanecería allí por y para él. Jim lo sabía también, podía verlo en el incondicional amor que le profesaba, y no podía culparlo, simplemente también iba a estar allí para él si lo necesitaba, como su amigo y también como el de Juudai, no podía exigir nada más.

Se recargó en la puerta, con los brazos cruzados, observando la escena. Deseaba tener un ojo mágico que lo trajera de vuelta nuevamente, así podría ver a Johan sonreír, pero no tenía ya magia en su interior.

Tú vales tanto...
pero eres tan fácilmente aplastado.
Quieres ser como todos los demás.
Nadie escapa.
Cada aliento que tomamos,
lo hacemos con nuestros esqueletos.
Esqueletos...

El celular de Johan los sacó a ambos de sus cavilaciones y una bonita melodía, muy alegre para el momento, resonó por el lugar, pero fue rápidamente acallada cuando el europeo contestó el teléfono y salió de la habitación, quien le hablaba era la madre de Juudai, Sayuri, que planeaba ir a verlos. Al hijo de los Andersen se le heló la sangre, no sabía cómo explicarle a su suegra la situación.

Juudai entreabrió los ojos al escuchar la canción, pero los volvió a cerrar en cuanto la luz del pasillo le lastimó. Últimamente no tenía conciencia de si mismo, sabía donde estaba, pero no cuándo se iría, ya no le importaba... sus sueños podían alimentarlo de por vida, en todos ellos aparecía su Johan, le sonreía su Johan... no necesitaba nada más.

Quería volver a dormirse cuando vio la figura de alguien recargado en su pared, distinguió el sombrero vaquero de su amigo y una sonrisa triste extendiéndose por su rostro mientras miraba a Johan, que estaba detrás de él, con celular en mano. Sus ojos chocolate se abrieron de la emoción, ¡Johan era real! ¡De verdad estaba ahí! Si tan sólo pudiese tocarlo...

Con movimientos torpes se sentó en la cama y estiró el brazo en dirección al Obelisk, implorando por sentir nuevamente el calor de su abrazo, que le había hecho más dulces sus sueños. Su rostro y el de Jim se veían horribles, como los de todos, pero el no bajaba la vista ni gritaba, porque sabía que Johan no era malo ni quería hacerle daño, pero se sentía tan cansado... algo no lo dejaba estar despierto, quizás eran las drogas...

Sus parpados cayeron y sintió que unos brazos lo rodeaban, pero al abrirlos sólo vio a Yubel, abrazándolo protectoramente y su pesadilla volvió a él con la fuerza de un torbellino, recordó las imágenes vívidas de gente llamándolo (Johan, Jim) y cómo ella lo mantenía preso...

Ahora su pesadilla era real y no podía escapar. Nunca podría, quizá simplemente debía rendirse...

El sueño acudió nuevamente como consuelo y ya no supo nada más.

Johan colgó el teléfono unos minutos después, no había podido responder a la pregunta de Sayuri: "¿Está todo bien?".

No puedes creer
No puedes ver
Todas las cosas que yo veo en ti
No eres el único
que se está ahogando
en la imperfección.

Fin del Capítulo.


Notas de la Autora: OMG, creo que alguien va a asesinarme. *Se escuda detrás de Johan y Juudai* Lo hice por su bien, ya verán que todo va a estar mejor después (?), no me odien demasiado por esto, no pueden estar juntos tan fácilmente. No sé ni qué decir, la canción es Imperfection, la que le dio el nombre a este fanfic y todo su sentido, es de Skillet, obviamente. Ahm, siento auras asesinas rodearme, en serio, no quería hacer esto, pero debía... ya verán por qué en los próximos capítulos. Gracias por leer y por los reviews, así como también quienes siguen esta historia en el anonimato.

Btw, esto es publicidad barata, pero subí dos fanfics spiritshipping paar compensar la tristeza de este, Doce piedras gema y Prohibido, les invito a que se pasen por ellos.

Nuevamente, gracias por leer, nos vemos la próxima semana.

Ja ne!