Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no me pertenece, así como tampoco lo hacen sus personajes. Los créditos de la canción son únicamente para Skillet y su compañía discográfica, yo sólo la tomé con fines de entretenimiento.
Imperfection
Capítulo IX
El avión que llevaría a la madre de Juudai a Noruega no llegó hasta pasadas dos semanas más. Era un bonito día, de esos pocos que no están nublados en el país y ella, nerviosa ante la perspectiva de no saber lo que iba a encontrar, lo agradeció pensando que eso presagiaba que nada iba mal. Pero estaba muy equivocada, porque cuando se reunió con Johan, éste le hizo ver la cruel realidad. Su hijo, de tan sólo dieciocho años de edad, estaba internado en un hospital psiquiátrico desde hacia casi tres meses y los doctores no sabían qué iba mal con él.
Johan no paraba de disculparse, como si hubiese sido su culpa, pero ella sabía que no era así, sobretodo después de que éste le contara lo que había pasado antes de que lo tuvieran que internar. No le parecía normal que su hijo dejase lo que más amaba porque "necesitaba pensar", ¿desde cuándo Juudai era alguien racional? No, no lo llamaba tonto, pero él era más emocional... Jamás dejaría a Johan por pensar, pero quizá por otras cosas... ¿qué podía ser? ¿Por qué lo había llamado antes de haberse desmayado?
Juudai se encontraba sentado en una de las banquitas del jardín del psiquiátrico, había accedido a salir con una única condición: que nadie se le acercara. Aún no se iban las visiones, es más, hasta empezaban a empeorar, cuando no se encontraba dormido, prefería estarlo. Era mejor permanecer lejos de esa gente, no sabía si lo que veía era el reflejo de su verdadero ser y era mejor estar seguro. Aunque... ¿cómo Johan podría tener esa apariencia tan horrible...?
—¡Hijo!—una mujer de no más de cincuenta se acercó corriendo hasta él, pero él no podía distinguir sus facciones, pues estaban deformes, como las de todos los demás. Ella era su madre, de ojos chocolate, que él había heredado y semblante sereno—¡Mi Juudai! ¿Estás bien?
Yuki parpadeó, conocía la voz perfectamente, sabía quién era... ¿por qué ella también se veía así?
—Mamá—logró susurrar y cerró los ojos para poder hablar con ella tranquilamente. Nunca se le había ocurrido tal cosa, pero ahora que lo pensaba, si no podía verlos era mejor... su vista era lo que estaba mal, al bloquearla seguramente podría tener una conversación normal con alguien—¿Qué haces aquí, mamá?
Ella se sentó a su lado y lo abrazó, acunándolo en su pecho, para ella siempre sería su pequeño, no importando nada y verlo ahí, internado, con su cordura hecha trizas, pensó que era más de lo que podía soportar, pero debía ser fuerte, debía...
—Vine a verte, tonto—respondió, pellizcándole una de sus mejillas—Quiero que me cuentes todo lo que pasó. Juudai, tú no eres así...
El joven levantó el rostro, guiándose por el sonido de la voz de su madre. No podía abrir los ojos, por lo cual no sabía que expresión tendría ella, pero su voz denotaba mucha tristeza. Podía decírselo... sí podía, pero ¿eso de que iba a ayudar?
—Johan me dijo algunas cosas, pero también quiero saber tu versión—Sayuri no esperó respuesta y agregó: ¿Porqué, si lo querías tanto tú...?
Juudai le dirigió una sonrisa triste, antes de empezar a hablar, contándole todo lo que había pasado.
.
La noche había caído ya y era la hora de que las visitas se retiraran. Sayuri, en lugar de sentirse mejor después de haber oído la respuesta de su hijo se sentía peor. Había muchas cosas que no cuadraban, ¿la madre de Johan le había dicho esas cosas? Quizá tendría que hablar con ella para aclarar la situación. De cualquier forma, eso no podía ser de gran ayuda, no para su enfermedad, ¿qué demonios estaba pasándole a la cabeza de su hijo?
—¡Pasta~!—gritó un hombre al pasar por su lado, quien era escoltado por varios enfermeros hasta su habitación. Ella frunció el ceño, pero Johan, quien iba a su lado, no hizo ningún comentario, parecía ya acostumbrado a esa rutina.
—¿Por qué Johan?—él alzó una ceja al no entender su pregunta—¿Por qué sigues cuidando a mi hijo? Incluso te quedas aquí... así sea en los jardines o donde sea, ¿por qué?
—Siempre he estado con Juudai, siempre—ella recordó la verdad en sus palabras, su hijo le había contado de la vez de Darkness e incluso antes, lo de una tal Yubel, algo que ella nunca había podido entender a la perfección—Ahora también lo estaré, aún cuando él no quiera que yo esté aquí.
—No es que él no quiera, es otra persona...—el Obelisk se sorprendió, pero la mujer no añadió nada más—Nos vemos mañana, Johan. Porque seguro que estarás aquí también, ¿no?—una sonrisa amable se extendió por las comisuras de sus labios, luego le dio un abrazo breve y se subió a un taxi que la llevaría a su hotel.
Johan se dio la vuelta y emprendió el camino de regreso al psiquiátrico, si bien era cierto ya no se permitían visitas, le dejaban quedarse en las bancas de fuera del pabellón de enfermeras o en los jardines, lo cual no era una excelente idea considerando el frío que hacía. Pero eso a él no le importaba, Juudai ya estaba cada día más despierto, aunque más distante... significaba una mejora ¿no?
Sus pasos lo guiaron hasta su habitación. Sabía que estaba prohibido que estuviera allí y si alguien lo descubría iba a tener muchos problemas, pero no había podido evitarlo. Giró la manija de la puerta, que, sin hacer ningún sonido, le dejó entrar a la habitación, donde Juudai dormitaba pacíficamente. Cerró al entrar y procuró no hacer demasiado ruido mientras se sentaba a su lado, como siempre hacía, sólo quería darle las buenas noches y después se iría al jardín...
¿Sabes cómo es cuando
estás asustado de verte a ti mismo?
¿Sabes cómo es cuando
desearías haber sido alguien más?
Quien no necesita de nadie para continuar
¿Tú sabes lo que es querer rendirse?
.
Juudai escuchó unos pasos aproximarse a su puerta e inmediatamente cerró los ojos para bloquear las horribles visiones que solían acecharlo. También escuchó la manija dando vuelta y cómo alguien cerraba después de entrar. Un conocido olor a canela le inundó los sentidos cuando Johan se sentó a su lado, porque sabía que era él y al parecer, se le quedó contemplando, porque sólo podía sentir su respiración acariciándole la piel cada poco.
¿Por qué Johan estaba ahí con él, después de lo que le había dicho? ¿Por qué siempre era tan incondicional?
Sintió su mano recorrerle el rostro y luchó por no estremecerse ante el tacto que no había sentido durante ya varios meses, era tan cálido... pero él debía permanecer sereno si no quería que Johan se diese cuenta de que estaba despierto, aunque era bastante difícil, considerando que el Obelisk no parecía querer dejarlo en paz y lo acariciaba, jugaba con sus cabellos... justo como siempre había sido.
—Juudai—un susurro desesperado salió de su boca, que al parecer tenía muy cerca—¿Qué te tiene así, Juudai? ¿Por qué no puedo estar a tu lado otra vez? Siempre es así... siempre te dejo solo en tus momentos más oscuros... quizá hiciste bien en dejarme.
La mano de Juudai luchó demasiado para no apretar la de Johan, que la sostenía desde hace rato, ¿cómo podía creer que era por eso su abandono? Le dolía tanto oírlo decir eso y Yubel no pudo evitar sentir dolor también, al ver a su amado destrozado.
—Sé que te recuperarás de esto, estoy seguro, porque tú eres fuerte—su voz se debilitaba con cada palabra y aún así, seguía hablando en perfecto japonés, a pesar de que, estando él "dormido" no podía escucharlo—Y te juro, te prometo que yo...
Johan no pudo terminar su oración, se oían otros pasos y si no salía rápido del lugar, habría represalias. Con mucha rapidez, pasó por última vez su mano entre los cabellos castaños de su Juudai y salió de la habitación, dejándolo solo.
Yubel no se empeñó esa vez en despotricar contra él o hacer advertencias, simplemente se quedó callada, observando el lugar por el cual se había marchado y pensando muy seriamente... aunque no compartió sus pensamientos con Juudai, como para saber de qué pensaba. Lo único que él sabía, era que, cualquier cosa que estuviese en su mente, también le causaba mucha pena.
No me quiero sentir así mañana
No quiero vivir de esta manera hoy
hazme sentir mejor, quiero sentirme mejor
quédate junto a mi ahora y así nunca rendirnos
nunca rendirnos...
.
—No se supone que debamos despertarlo—al día siguiente, la voz de alguien lo despertó, muy contrario a sus deseos. Nuevamente se sentía tan cansado... en realidad, sólo deseaba estar solo. No podía vislumbrar algo más allá de esa eterna somnolencia y no le apetecía, como bien ya he explicado a él le bastaban sus sueños y nada más, no esperaba algo diferente de su vida. Soñaba con el pasado, más que con el futuro o el presente, porque dentro de el estaba todo lo que siempre había querido.
—¡Alice, déjalo en paz o ya verás!—la voz de Johan no lo decía en serio, pero ¿era real o nuevamente estaba en alguno de sus sueños?
—Son unos amargados, yo sólo quería ver a mi hermanito—y ahí estaba la voz de ella otra vez, pero él seguía sin entender qué pasaba, pues no deseaba abrir los ojos, todo era demasiado horrible como para encararlo, estaba seguro dentro de sí mismo—Juudai, por favor, despierta—lo siguiente que supo fue que alguien tomaba su mano, pero, como siempre, permaneció impasible, sin dar ninguna señal de estar escuchando, pese a que era todo lo contrario. La mano de la pequeña se deslizó por su mejilla y luego, Juudai supuso que se volteó hacia su hermano, pero nadie dijo nada y no podía comprobarlo.
—Johan, hablaron del estadio Kaiba, están en la linea esperándote—Jim se unió a la conversación y los pasos de él y de Johan se alejaron pasados unos segundos. No obstante, todavía había dos o tres respiraciones en la habitación, según sus cálculos, pues podía sentirlas. Una de ellas era de Alice, pero ¿y las otras dos? ¿Estaba su madre ahí también?
—Alice, ve fuera—ordenó el hombre que antes le había ordenado no despertarlo. La calidez del cuerpo de Alice se alejó, pero él pudo oírla musitar algunas palabras malsonantes hacia su padre, antes de cerrar la puerta—¿Necesitas más pruebas, Victoria? Johan ama a este muchacho.
—Lo sé—la mujer parecía resignada y un poco dolida—Lamento que todo esto haya terminado así, creo que la mayor parte de la culpa recae en mí, no debí tratarlo de esa manera.
—Lo dices como si todo estuviese perdido—declaró Joel.
—¿Y no lo está?—como siempre, su pesimismo se sobreponía a cualquier cosa.
Joel no dijo nada y Juudai no hizo esfuerzo alguno por desmentir o afirmar sus suposiciones, sólo se preguntaba cuándo se irían, para poder seguir durmiendo.
¿Sabes cómo es cuando
no eres quien quieres ser?
¿Tú sabes lo que es
ser tu peor enemigo?
Quien ve en mi cosas
que no puedo esconder
¿Tú sabes lo que es querer rendirse?
.
Conforme los días empezaron a pasar el estado de Juudai empeoró y nadie sabía por qué exactamente. Ya nunca estaba despierto (que ellos supieran) y siempre solía retorcerse por las noches, presa de las pesadillas, antes de caer tendido, casi como un muerto, para no volver a moverse hasta el día siguiente. Se limitaba a existir, pero nadie sabía por cuánto tiempo más y eso empezaba a aterrar a todos.
—Déjeme quedarme con él por las noches—rogó al Director del Psiquiátrico, al ver cómo su Juudai estaba cada vez más delgado, pues su único alimento era el suero que le inyectaban—¿De verdad cree que le haría algo?—sus ojos esmeraldas lucían tan desesperados que el hombre le dio el permiso, también tomando en cuenta su comportamiento incondicional y siempre apegado a las normas, sabía que cumpliría su palabra.
—Mírate nada más—lo reprendió Jim, cuando Johan salió con una sonrisa fatigada del consultorio del Director—¿De verdad piensas quedarte a velar por él? Johan deberías de...—su mano se acercó hacia su mejilla, pero éste la retiró de un manotazo furioso, ¿por qué Jim no podía entender que, hasta que Juudai diese su último suspiró y, quizá para siempre, él nunca amaría a alguien más?—Lo siento, my friend, pero sólo te estás haciendo daño.
—Ese es mi problema—musitó Johan, clavando los ojos en la madre de Juudai, quien iba a despedirse, pues la hora de visitas había terminado—De todas formas, tampoco es necesario que tú estés aquí, Jim. Si me disculpas...
El rostro de Johan se recompuso al estar frente a la madre del ser que más quería en el mundo y adoptó una sonrisa, que estaba un poco fingida, debido a la situación actual. Acompañó a Sayuri, como todos los días, hasta la salida y la vio marchar en un taxi, pero ésta vez con un nuevo sentimiento creciendo en su interior, ya no tendría que pasar el frío típico de Noruega fuera, preguntándose si Juudai tendría pesadillas, ahora podría brindarle su calor, ayudarlo.
Sus pasos rompieron la quietud que imperaba en el psiquiátrico mientras se deslizaba por entre los pasillos hasta llegar al cuarto 519, estaba tranquilo y pensaba sacrificar su sueño para estar con Juudai, pero su ánimo cambió cuando vio a Jim parado frente a la puerta que él buscaba, con las manos en los bolsillos, quizá había sido demasiado rudo, ahora debía disculparse.
Jim se hizo a un lado cuando Johan trató de entrar a la habitación del ex-Osiris y lo siguió con una determinación muy clara en la mente. Cuando la puerta se cerró y ambos se vieron dentro del lugar, con Juudai haciéndose el dormido, como siempre, Jim llevó a cabo su plan. Sus labios se unieron con los de Johan, quién, sorprendido, no pudo atinar nada más que a quedarse estático.
Juudai entreabrió un ojo para comprobar por qué de pronto había tanto alboroto, era algo que no había podido descifrar mientras fingía dormir, unos pasos frenéticos y el choque de algo. Dos cuerpos, para ser exactos, lo supo en cuanto miró las deformes figuras de Johan y Jim, entrelazadas. Jim sostenía el rostro de Johan con la mano y su otra mano buscaba frenéticamente algo que él no llegó a saber, pues Johan lo apartó, esta vez, de un puñetazo.
—¿A qué crees que estoy jugando?—su rostro estaba rojo, pero de la ira, ¿cómo se le ocurría besarlo ahí, enfrente de Juudai? ¡Y sabiendo sus sentimientos por él!
—Johan, ¿de verdad amas a Juudai? Estás seguro que, después de todos estos meses, sigues queriéndolo ¿o es sólo compasión?—Jim no trataba de ser cruel, simplemente quería abrirle los ojos a su amigo, nada era peor que la compasión, al menos en el sentido amoroso.
—¡No seas estúpido, Jim! ¿Que si no lo amo? ¡Estás loco! ¡Lo amo con toda mi alma, con todo mi ser!—un nuevo empujón hizo que Jim se hiciera más hacia atrás, se había pasado con sus comentarios y Johan quería hacerlo papilla en esos momentos, pero logró serenarse, una pelea a gritos o a golpes, cuando recién había obtenido el permiso de estar ahí no era lo adecuado—De verdad lo amo—sentenció y su rostro se crispó hasta tal punto que pareció quebrarse, pero Juudai no podía verlo, sólo podía sentir la verdad en sus palabras y el dolor que éstas transmitían, un dolor que él también podía sentir.
Jim se disculpó en inglés y luego salió del lugar, sin decir nada más.
Juudai se encogió en la cama cuando el Obelisk se le acercó, con la respiración agitada. Su dolor era tan tangible que él pensó en querer morir por causarle dicho sufrimiento...
Aquello era peor que las pesadillas.
Hazme sentir mejor, tú me haces sentir mejor
tú me haces sentir mejor, traéme de regreso
No me quiero sentir así mañana
No quiero vivir de esta manera hoy
hazme sentir mejor, necesito sentirme mejor
quédate junto a mi ahora y así nunca rendirnos
Fin del capítulo.
Notas de la Autora: No odien mucho a Jim. Yo hubiera hecho lo mismo ;_;, ¿quién no se enamoraría de Johan º-º? x'D. Anyway, este capítulo está basado en algunas investigaciones de Psicología en las cuales estoy muy interesada, se llama "Logoterapia" y la teoría es que si los seres humanos perdemos nuestro motivo de vivir simplemente morimos. Sí, ya sé, suena como superación personal, pero es verdad xP. Juudai está en esa etapa ahora, así que pregúntense qué va a pasar, ¿morirá? ¿seguirá adelante? ¿por qué está enfermo? Mwahahaha, tendrán que esperar una semana más para saber algunas cosas ya que no pienso revelarlo todo xP. Este fanfic tendrá únicamente catorce capítulos, ya estoy escribiendo el doce, así que ya estamos casi en la recta final. Pero no se preocupen, porque ya tengo como cuatro proyectos de longfics de esta pareja para compensar x'P.
Este capítulo está patrocinado por una dósis extrema de Axis Powers Hetalia x'D. Creo que lo notaron en el "Pasta" que siempre suele decir Feliciano x'D.
La canción es Never surrender de Skillet.
Muchas gracias por darse el tiempo de leer y comentar, me hace muy feliz saber que alguien le interesa esta historia :3.
Como siempre, la publicidad barata no puede faltar xPPP. Ya están arriba los capítulos de Balance de Poder, Doce Piedras Gemas y Everything.
Nos vemos la próxima semana.
Ja ne!
