Imperfection
Capítulo X
Juudai no supo exactamente cuándo se quedó dormido en los brazos de Johan. Había sido tan cálido sentirlo a su lado, oír su respiración y el palpitar de su corazón... en esos momentos no le importó nada más. No obstante, cuando se despertó y esos sentimientos se desvanecieron al saber que ya no estaba a su lado, no pudo evitar sentirse muy triste y ni las palabras de consuelo de Yubel le sirvieron. La mañana ya había llegado y seguramente Johan había ido a asearse a su casa, viendo que él seguía en el pacífico mundo de los sueños. Lo extrañaba tanto... ¿cómo se había podido proponer vivir sin él? Y lo peor, era tan egoísta manteniéndolo a su lado de esa forma...
Sus ojos se abrieron perezosamente, para enfocar, por primera vez en varios días, su habitación, que nada tenía de diferente. O al menos eso pensó, hasta que descubrió un viejo cuaderno gastado sobre la mesita que siempre solía contener una jarra de agua fresca. No sabía de dónde conocía dicho objeto, pero le era familiar en muchos sentidos. Su corazón empezó a palpitar cada vez más fuerte, había algo en ese cuadernillo... debía tocarlo.
Yubel detuvo su mano en el aire. Su semblante estaba triste, confundido, a Juudai no le gustó y desistió del intento, no podía ser nada bueno si a ella no le gustaba, pero ¿por qué estaba ahí entonces? ¿Por qué sentía esa imperiosa necesidad de tocarlo?
Se dejó caer sobre las almohadas. Estaba hastiado de todo aquello, era molesto estar todo el día así, cada vez se sentía peor, más débil, más triste... no podía esperar nada más, no quería hacerlo tampoco, ¿sería acaso que su tiempo ya había acabado? ¿Que ya era hora de renacer? Morir, renacer... qué fácil sonaba, así podría olvidarse de todo.
La mano de Yubel que lo tomaba lo soltó de pronto, sorprendida de sus pensamientos y también dolida de ver que el chico al cual tanto quería se estuviese rindiendo de pronto, no era él en absoluto, ¡no era él! Tomó una resolución y le tendió resignada el cuadernillo, que éste aceptó sin rechistar, como si no le importara en lo absoluto nada. Sin embargo, su semblante cambió en cuando abrió la primera página del libro, recordaba también esa imagen, pero no dónde la había visto: el pequeño Johan sostenía un avión de juguete, en sus ojos brillaba la inocencia. Yubel lo vio sonreír por primera vez en muchísimo tiempo, una sonrisa sincera y cálida, tan característica de él. Y es que no veía el rostro deforme de Johan, sino el verdadero, porque las imágenes no podían ser alteradas por su cerebro.
Había olvidado sus ojos tan verdes, tan brillantes como esmeraldas. Y la manera en la cual sonreía, tan única que todas sus fotos la reflejaban. Había tantas fotos, pero las que más le gustaban eran las últimas, en donde ambos estaban juntos en la Academia, hacía tanto tiempo de eso... hasta le parecía de otra vida. Y luego, en la última página, una inscripción extraña. Noruego, sin duda. Acarició las letras con las manos, al pie de página de una foto donde ambos estaban abrazados. No entendía qué decía, pero, como había estado sintiendo desde que había abierto el álbum, tenía la certeza de que alguien ya se lo había explicado.
Golpeó la cama con los puños cerrados, desesperado por ser quien era, por sentirse como se sentía y por hacer sufrir a los demás. Había tantas cosas que no entendía, pedazos en blanco dentro de su memoria y el dolor que habían dejado, además del que ya antes había cargado... ¿cómo se suponía que debía de vivir con eso?
—Juudai, no te rindas —le pidió Yubel, acariciando su rostro—. Te prometo que todo va a ser mejor, si tú quieres que lo sea...
—¿Y cómo va eso a pasar? —replicó Juudai, con la voz monótona, pero sin dejar de quitar la vista de encima de la foto de Johan—. Ni los doctores saben qué me pasa.
—Todo va a ir mejor —sentenció. Juudai estaba a punto de replicar, cuando unos pasos lo obligaron a volver a cerrar los ojos.
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Johan rebuscaba entre todos sus cajones una camisa limpia, pero no la encontraba y empezaba a desesperarse. En realidad, la falta de ropa limpia no era la causa de su enojo. Estaba así por el diagnóstico que le habían dado esa mañana de la situación de Juudai, se estaba muriendo y no podía hacer nada. Los doctores afirmaban que él "había perdido la voluntad de vivir" y que ante eso "no podían hacer nada".
—¡Bola de incompetentes! —vociferó, aventando toda su ropa al suelo y apretando los ojos para no dejar que las lágrimas se apoderaran de ellos. ¿Cómo que no podían hacer nada? ¡Siempre se puede hacer algo!
—Johan —la voz de su madre lo sacó de su ensimismamiento. Ella no era precisamente a la persona a la cual quería ver, sobretodo después de lo que había hecho—. Hijo, ¡lo siento tanto! —sus brazos se ciñieron alrededor de su hijo, abrazándolo. El Obelisk correspondió el abrazo porque era algo que realmente necesitaba, a pesar del rencor insano que había crecido en su corazón después de tanto dolor.
—Mamá... se está muriendo —susurró, tan bajito que pensó Victoria no podría oírlo. Ella lo apretó aún más contra su cuerpo—. Y no puedo hacer nada.
—Siempre se puede hacer algo, Johan —lo alentó la mujer, acariciando su rostro. Ya no era más ese pequeño niño indeciso al cual tenían que comprarle juguetes nuevos cada vez que se aburría. Ahora ella podía entenderlo a la perfección y lamentaba haber sido tan tonta—. Ya lo has salvado una vez, ¿por qué tendrías que fallar ésta?
Victoria no entendía del todo la historia que ambos habían compartido, de lo único que estaba segura era de que su vínculo era muy fuerte y eso le bastaba para seguir creyendo en ambos, ¿por qué ellos no podían entenderlo?
—Gracias, mamá —atinó a decir el muchacho, sonriendo un poquito. Ella le pellizcó una mejilla—. No me voy a rendir, eso lo prometo.
Alice bufó indignada. Había oído toda la conversación de su hermano con su madre (sabía que estaba mal espiar tras la puerta, pero no había podido evitarlo) y estaba decidida a entrar otra vez en el asunto, ¿¡cómo que el baka de Juudai se había olvidado de su charla! Agh, y luego le decían entrometida. Claro que tendría que esperar unos cuantos días para ver a su hermanito, pero estaba vez iría mejor preparada, había otro álbum que no le había enseñado, eso, y unas buenas cachetadas... ejem, mejor no, unas buenas palabras y todo se arreglaría, ya no soportaba ver a todos tan tristes.
—Hunter, ¿por qué siempre tengo que hacer todo yo? —suspiró la chiquilla, acariciando la cabeza del gatito con parsimonia—. Algún día Johan y Juudai tendrán que pagarme por esto. Y les cobraré muy caro.
Se levantó de las escaleras y prendió la televisión, para que no se notara que había escuchado todo, mientras tanto, maquinaba un plan para ir a ver a Juudai sin ser descubierta, pero, ¿quién podría ayudarla? Una sonrisa se extendió por su rostro al saber de una persona, sólo esperaba que él pudiese ayudarla o estaría perdida.
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La enfermera entró a la habitación de Juudai llevándole su dósis diaria de medicinas, esas que siempre conseguían adormecerlo. Ella tenía una voz amable y siempre lo hacía reír si podía, Juudai había llegado a sentir afecto por ella, pues siempre le daba muchas palabras de aliento, él no sabía cómo agradecerle tanta amabilidad, normalmente los demás enfermeros pasaban de ellos, como si fueran simples trozos de carne, pero ella... no.
—Y bien, Juudai, abre la boca —su cabello negro era lo único que podía ver. Su rostro, al igual que el de todos, estaba deforme.
El muchacho obedeció y se tragó las pastillas sin chistar. La mujer estaba a punto de marcharse cuando le llamó la atención el cuadernillo que éste sostenía entre las manos, como si fuese un tesoro invaluable. Nunca lo había visto antes.
—¿Qué es eso, Juudai-chan? —ella tomó el cuaderno entre las manos con mucho cuidado, luego lo abrió y observó las fotografías con una sonrisa que él no pudo ver—. Es tu novio, ¿no?
Después de muchísimo tiempo, Juudai sintió que se sonrojaba.
—Ya no salimos más —puntualizó, como restándole importancia, aunque en realidad no pudo evitar que su voz sonara muy triste al decirlo.
—Mmmmm, no creo que eso en realidad le importe si él siempre está aquí —le devolvió el cuaderno, haciendo como que no existía, pues no se le permitían tener cosas que pudieran hacerle daño o a los otros. El álbum podría ser perjudicial para él...— Creo que te quiere mucho y tú a él.
El silencio que le siguió a esa afirmación le indicó que ya era hora de irse, aún le quedaban otras muchas personas a las cuales atender. El obsesionado con la pasta había encontrado a un amigo alemán y si hacían demasiadas migas, quién sabe qué podría pasar...
—¡Oye! ¿Cómo te llamas? —preguntó el castaño, antes de que ella cerrara la puerta. Quería recordar el nombre de la persona que siempre se portaba amable a pesar de todo.
—Rosaline —sonrió ésta, cerrando la puerta. A Juudai se le quedó helado el corazón y Yubel se puso blanca, ¿!Rosaline! algo iba muy mal en todo aquello... quizá era una casualidad, pero ¿cómo podía serlo? Hablaba japonés, parecía tener una alta posición social... ¿era ella? Pero, si lo era, ¿por qué era tan amable? ¿No debería de odiarlo por lo de Johan? ¿Y Johan sabría que ella trabajaba ahí?
El dolor volvió a instalarse en su corazón. Quizá Jim tenía razón y Johan estaba ahí por pura lástima, no encontraba otra explicación. Era probable que estando ahí, él la viera. Ella estaba sana, era amable y divertida, ¿por qué no cambiar a su débil y transtornada persona por ella? Abrazó el álbum con más fuerza y cerró los ojos, dejándose llevar por los soporíferos que acababa de recibir. Sin duda no quería seguir viviendo así... no podía. Lo mejor era aceptar que debía morir, así todos podrían ser felices.
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Yubel flotaba en círculos alrededor del profundamente dormido Juudai. No pasaban de las tres de la tarde y fuera se oía mucho ajetreo de las personas que podían salir y de sus familiares. Si no se equivocaba, Johan se presentaría ahí de un momento a otro, tal como ella esperaba que hiciera pues había un asunto muy importante a tratar con él. Había tardado mucho convenciéndose de que eso era lo mejor, porque estaban en juego sus dos máximas prioridades, que eran hacer feliz a Juudai y hacerse feliz a sí misma. Al final, había ganado su amor por Juudai y estaba decidida a sacarlo de aquel abismo.
Johan abrió la puerta y su vista se dirigió hacia Yubel, que nunca antes había podido ver desde que se había posesionado de su cuerpo. Sabía que ella era la guardiana de su Juudai y que habitaba en su cuerpo, aún así, le extrañaba poder verla, ¿algo andaba mal? Un palpitar un poco irregular lo sacó de sus cavilaciones, Juudai parecía aún más débil, ¿cómo podía ser? El día anterior estaba de maravilla.
—Johan, esto no me agrada —el espíritu se deslizó hasta donde estaba Juudai, ahora realmente estaba muriendo—. Tienes que salvarlo. Sólo tú puedes hacerlo, ya no puedo deshacer lo que he hecho... —su mirada se perdió en los ojos confundidos de Johan.
—¿De qué estás hablando? —Juudai entreabrió los ojos, mirando hacia ambos— ¿Qué has hecho? ¿Qué pasa?
Yubel pasó saliva, sabía que un día aquello iba a suceder, pero aún así, aún habiéndolo planeado, no sabía ni cómo empezar. Era una larga, larga historia...
Fin del Capítulo.
Notas de la Autora: Bueno, ahora sí que se va a poner bueno esto, ¿qué sabe Yubel? Al que adivine o se acerque le hago un fanfic como él/ella quiera x'D. Pues bien, aquí estamos nuevamente, no sé ni cómo describir este capítulo. Realmente volví a usar lo de la Logoterapia porque Juudai es un caso perfecto y Victor Frankl, el autor de esta terapia, lo comprobó: Si a un preso le dicen que será liberado en dos horas entonces aumenta su salud, si lo que se le dice no sucede, entonces muere de la pena, dependiendo de cuánto deseaba dicho objetivo. Juudai se acaba de dar cuenta de Rosaline y ahora siente como si no valiera la pena vivir, en consecuencia, su salud se está agravando hasta tal punto que puede morir. ¿Lo hará? ¿Qué hará Alice? ¿Qué sabe Yubel? ¡Estamos muy cerca del final! ¡No puedo creerlo!
Muchas, muchísimas gracias por el apoyo que he tenido, nunca pensé llegar tan lejos con este fanfic y ahora me alegra mucho llegar a mi casa los lunes después de un horrible día para leer sus reviews.
Este capítulo igualmente está patrocinado por Hetalia x'D. En la parte del obsesionado por la pasta (Feliciano) y el amigo alemán (Ludwig) x'D. Creo que tuve un trauma cuando escribí este capítulo x'D. Bueh, creo que no tengo nada más qué decir. El siguiente capítulo es larguísimo...
Btw, ya están arriba los capítulos nuevos de Balance de Poder, Doce Piedras Gemas y Everything, por si gustan pasarse.
Nos vemos el próximo lunes, se les quiere :3~
Ja ne!
