Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX y todos sus personajes son propiedad de KONAMI y Kazuki Takahashi, yo sólo los tomé con fines de entretenimiento y no gano nada de esto. Así como también, la letra de la canción pertenece a Skillet y su compañía discográfica.
Imperfection
Capítulo XI
Juudai se incorporó en la cama, aunque estaba tan débil que Johan tuvo que pasarle un brazo por la espalda o se hubiera pegado contra la pared al recaer. Sus ojos estaban fijos en Yubel, la única persona que no lucía deforme, que siempre había estado ahí para él, que lo había salvado, ¿qué sabía Yubel que ellos no? ¿Tendría algo que ver con su enfermedad?
El espíritu le devolvió la vista por un segundo y luego, como si estuviese muy avergonzada por algo, sus ojos se detuvieron en los de Johan y de ahí no se movieron más. Parecía estar a punto de llorar y eso al castaño le destrozó.
—¿Qué pasa, Yubel? —inquirió él, alzando su mano para poder tocarla.
—Ha sido mi culpa —declaro ésta—. Que estés aquí, que estés sufriendo, Juudai...
—¡No seas tonta! ¿Cómo podría ser tu culpa? —Juudai negó fervientemente con la cabeza mientras miraba de reojo a Johan. Su rostro no había cambiado, lo veía como siempre. Bajó los ojos ante los pensamientos que había tenido antes, que él no se merecía estar ahí y que Rosaline era mejor candidata a su compañía.
Yubel hizo un movimiento violento al saber esos pensamientos.
—¡Rosaline no existe! —vociferó. Johan no entendía nada de lo que estaba sucediendo, pero sabía que era grave. ¿Rosaline? ¿Yubel echándose la culpa? ¡Pero si todo era SU culpa!
—Existe, no quieras consolarme con ese tipo de cosas —Juudai se sentía enfadado de que lo creyera tan estúpido o tan loco, como si no pudiese discernir concretamente la realidad. Él la había visto y sabía su nombre.
—¡No existe Juudai! ¡Lo inventé todo! ¡Todo! Que esa mujer tenga su nombre es simple coincidencia —Yubel se sentó en la cama y tomó entre sus manos las de su protegido, quien atinó a parpadear confundido. Cuando volvió a hablar, su voz sonaba incluso aún más apenada—. Estaba celosa de Johan. Del cariño que le profesas. No podía concebir la idea de que nuestra promesa estuviese rota, tú me habías jurado "que tu amor era sólo mío" y yo quería que continuase así.
—¿Y cómo podrías haberlo inventado? —la voz de Johan rompió el incómodo silencio—. Bueno, en realidad, no sé de qué hablas, pero es poco probable...
—¡Fue la madre de Johan quien me lo dijo! ¿Cómo podrías haber sido tú? —Johan se quedó de piedra al escuchar eso último.
—¿Mi madre? ¿Qué te dijo mi madre? ¿Por eso es que tú...? —sus manos comenzaron a temblar incontrolablemente. Pero Yubel las detuvo, también tomándolas con cierto cariño.
—Fui yo —sentenció nuevamente—. Le hice creer a Juudai que era tu madre y engañé a su mente para que la viera, pero ese día nadie acudió a verlo, mucho menos ella.
—¿Ese día? ¿Te refieres al día en que... bueno, nos separamos? —el de ojos esmeraldas cada vez estaba más enredado, no había ningún sentido en las palabras de Yubel y comenzó a pensar, al igual que Juudai, que ésta sólo trataba de engañarlos para hacer sentir mejor a su amado.
Aún estoy tratando de averiguar
cómo decirte que estaba equivocado
no puedo llenar el vacío en mi interior
desde que te has marchado
Sus recuerdos vagaron hasta ese día, que le parecía, ciertamente muy lejano. Había salido a hacer las compras, porque Juudai tenía un apetito voraz y su madre le había hablado para pedirle que recogiera a Alice de la Academia, porque ella iría junto con Joel a hacerse unos análisis que le ocuparían todo el día. Él había cumplido con lo pactado, dejando a su hermana en su casa y se había regresado, un poco molesto, por el tráfico que había. Enojo que sin saberlo, Juudai había malinterpretado. Quizá sí tenía sentido... su madre iba a estar fuera, no era posible que pudiese pasar a su casa para amenazarlo, además, no era esa clase de persona.
En primer lugar, si bien le molestaba la relación que su hijo mantenía con Juudai, nunca fue su intención sacarlos de donde todos vivían. Él podía recordar que su padre le había hablado para preguntarle si se sentirían más cómodos teniendo un techo propio y que su madre estaría más tranquila si no se fuesen muy lejos, pero que bajo ningún concepto los corrían, que eran libres de quedarse. Y por supuesto, él había elegido lo contrario, pensando en el bien de Juudai. Otro malentendido. Ahora no tenía dudas, su madre no tenía nada que ver. Pero, ¿cómo hacerle creer eso a Juudai? Y ¿eso de que iba a ayudar?
—Yubel... —musitó de pronto el Obelisk, con la voz llena de entendimiento. El espíritu cerró los ojos a modo de disculpa y también asintiendo a sus pensamientos no expresados, que confirmaban los hechos que acababa de relatar.
—Trata de recordar, Juudai, por favor —pidió ésta. Luego le cedió sus manos a Johan, quien sorprendido las sostuvo entre las suyas. La piel del muchacho estaba fría y dio un respingo al sentir el calor que emanaba el otro. Parpadeó aún más confundido y cerró los ojos.
Al momento de tratar de ir a ese día, un horrible dolor de cabeza hizo que soltara a Johan y se tomara los cabellos con desesperación, algo le impedía poder recordar, ¿por qué? A Yubel se le escaparon algunas lágrimas mientras contemplaba la escena. Colocó sus dedos sobre la frente de su protegido y el dolor se aligeró, pero no desapareció completamente.
Juudai pudo verse a sí mismo al cerrar los ojos, casi como si una película empezara a rodar. Había estado aburriéndose un rato mientras jugaba con Hunter y esperaba por el desayuno. Se levantó al oír un timbre, podía recordarlo, pero al verlo de nuevo se dio cuenta de que nunca se oyó tal sonido. Él se levantó, claro está y abrió la puerta, pero allí no había nadie. Y se vio a sí mismo también hablando solo. Únicamente interrumpido, como todos sabemos, por el teléfono y después por Johan.
Nuevamente, el recuerdo se rebobinó y aunque el dolor de cabeza aumentó, esta vez, en el espacio en blanco estaba Yubel, diciéndole todas esas cosas y sonriendo satisfecha de haber truncado aquella relación.
Ninguno de los dos había tenido la culpa y ahora lo sabían.
Juudai abrió los ojos de golpe y los dirigió al espíritu, quien sonrió avergonzada, mientras seguía llorando. El muchacho le limpió las lágrimas con los dedos, mientras su corazón empezaba a palpitar un poquito más rápido, conciente de la cercanía de Johan. Luego, de pronto, aquella calidez que había sentido se esfumó tan rápido como había llegado, porque aún sabiendo eso, de nada podía ayudarlo en su actual situación. El descubrir la verdad sobre ese incidente no hacia que dejara de ver a todos con los rostros deformes. No todo iba a regresar tan fácil a la normalidad.
Entonces, ¿eres tú o soy yo?
Sé que dije cosas que no debí
pero ya deberías conocerme, por ahora...
deberías conocerme
—Esto también es mi culpa —musitó Yubel, colocando sus manos en el rostro de Juudai, refiriéndose al dolor que lo aquejaba desde ese día—. Todo por mis estúpidos celos... Ya sé que tú no puedes recordar, Juudai, por eso, déjame ser tus ojos. Es la única manera, de otra forma... el hechizo que puse sobre ti quizá terminaría matándote.
Johan la apartó de un empujón ante esas últimas palabras. ¿Hechizo? ¿Muerte? ¿Qué demonios había hecho con su Juudai? Ella no le reprochó nada, sin embargo, volvió a tomarlo entre sus brazos y lo acercó a su pecho, dejando que el torrente de recuerdos fluyera nuevamente. Unos que no estaban contaminados.
Y Juudai volvió a verse a sí mismo, mientras las paredes del psiquiátrico se desvanecían a su alrededor. Estaba sentado en la banquita del parque con Alice, ella le hablaba sobre Johan, sobre sus sentimientos. Podía verse sonreír y a Yubel malhumorada, casi a punto de matar a alguien. Luego, como si de un eco se tratase, sus palabras regresaron a él con la fuerza de un torbellino: "Voy a hablar con Johan... quiero regresar con él."
Entonces, entraba al restaurante y sostenía una pequeña plática con su guardiana, quien desaparecía de su vista, para después echarle el hechizo que tanto había mencionado, posesionándose de todos sus recuerdos y sentimientos, a tal punto que su cerebro había quedado débil. Por eso había empezado a ver a todos con rostros horribles, porque ella no los quería cerca y los había ahuyentado de esa forma. Pero ahora Yubel se daba cuenta de que todo se le había ido de las manos, sobretodo cuando se enteró del informe de los médicos, de que no le quedaba mucho tiempo de vida y también, cuando observó su creciente tristeza carcomerle el alma.
Así que allí estaban, tratando de enmendar la situación, si es que era posible.
—¿Qué vamos a hacer ahora? —inquirió Johan, a quien Yubel había permitido también conocer los hechos.
—Ustedes nada. Lo haré yo —afirmó Yubel, soltando a Juudai y cerrando los ojos—. Este hechizo no descansará hasta que se le de una vida a cambio. Y yo le daré la mía.
—¡No! —vociferó Juudai, aferrándose a ella—. ¡No te vayas, Yubel!
—Mi amado Juudai, esta es la mejor manera de demostrarte cuánto siento todo lo que he hecho, espero algún día puedas perdonarme —sus manos se deslizaron hacia cada lado, como si estuviese a punto de darle un abrazo—. Ahora entiendo que tú nunca me amaste —Juudai estuvo a punto de replicar, pero ella fue más rápida—: Cuando eras niño no entendías el concepto de "amor", Juudai. Pero ahora lo sabes y quiero que lo aproveches, junto con Johan.
—¡Yubel! —el muchacho se deshacía en lágrimas. Nunca nadie lo había visto tan frágil—. ¡No tengo nada que perdonarte!
—Claro que lo tienes —negó ella—. Te hice tanto daño que nisiquiera me puedo permitir vivir sin odiarme. Lo siento, pero ya he tomado mi decisión. Cuida de él, Johan. Lo necesita, aunque no lo creas. Nos vemos en la próxima vida, mi querido Juudai.
Con un último movimiento, despeinó los largos mechones de cabello bicolor de Juudai y como si estuviese rezando una plegaria, desapareció lentamente en el aire, dejando una estela dorada tras de sí y también llevándose el dolor que aquejaba a la cabeza de Juudai, quien se quedó con el brazo estirado, mientras gruesas lágrimas le corrían por las mejillas. No podía creer que todo eso hubiese pasado, que Yubel se hubiese ido.
Si creíste cuando dije que estaría mejor sin ti
entonces tú nunca me conociste en realidad
Si creíste cuando dije que no estaría pensando en ti
tu crees conocer la verdad, pero estás equivocado
eres todo lo que necesito, sólo dime que aún lo crees
Sin planearlo, Juudai acabó en los brazos de Johan, quien le acariciaba de vez en cuando los cabellos, tratando de serenarlo. No se le ocurría qué decir, pero tenía la corazonada de que todo iba a empezar a ir mejor desde ahora.
—Johan, lo siento —musitó el Osiris, muy bajito, a causa de que seguía pegado a su pecho—. Lamento haber sido tan tonto, lamento haberte lastimado —sus ojos se elevaron para buscar los de su acompañante, tan sólo para descubrir que de nada había servido el sacrificio de Yubel. Aún seguía viéndolo como siempre.
—No seas tonto, ¿por qué te disculpas? —sintió las manos del europeo limpiarle las lágrimas y también notó que su voz estaba mucho más animada—. Fui yo el que no luché por ti cuando lo decidiste. Debí ser más firme.
—Johan, no puedo verte... —Juudai cerró los ojos, su única vía de escape.
—¿Y qué importa eso? —Johan se le acercó, hasta que sintió su aliento rozándole suavemente el rostro. Su corazón se puso a latir como loco, era una sensación maravillosa poder volver a los viejos tiempos, sentía su cara sonrojada. Quizá de verdad no importaba.
—¿Y si el hechizo de Yubel sigue aquí? —el temor teñía su voz, porque no podía darse el lujo de tener una esperanza si ésta se iba a ver rota de nuevo—. ¿Y si... voy a morir?
—No lo harás —el europeo también tenía miedo, pero algo dentro de él le indicaba que podía confiar en Yubel—. Quizá cueste trabajo, pero sé que te pondrás mejor. Yo estaré aquí para ti, si aún lo quieres así...
Una risita nerviosa se escapó de los labios del muchacho, no había pensado en arreglar tan pronto las cosas.
—Claro que, si necesitas tiempo para... bueno, tú sabes, Yubel... no hay problema.
La respiración de Johan se alejó de su rostro y también sus brazos, que estaban alrededor de su torso. De pronto, sintió mucho frío. Le dolía mucho lo de Yubel, porque también la había lastimado, pero sabía que debía seguir adelante, porque ella así lo deseaba y porque, de cualquier forma, la vida lo obligaría a continuar caminando. Quería guardarle un duelo, eso seguro, pero también quería a Johan a su lado...
No puedo deshacer las cosas
que nos llevaron a este lugar
pero sé que hay algo más para nosotros
que nuestros errores
Entonces, ¿eres tú o soy yo?
Sé que soy tan ciego
cuando no estamos de acuerdo
pero ya deberías conocerme, por ahora...
deberías conocerme
Johan se levantó de la cama, sonriendo.
—Ya... ya hablaremos de esto luego —declaró, dándole vuelta a la manija de la puerta—. Es obvio que necesitas pensar, además, no he comido nada y... —se pasó la mano por los cabellos, a modo de disculpa.
Juudai se levantó de un salto, no iba a volver a posponer nada, no quería que volviese a pasar lo de esa vez.
—¡No tengo que pensar nada, idiota! —gritó, mientras se aferraba a su muñeca con todas sus fuerzas. Nuevamente un bonito color carmín le pintaba las mejillas, se sentía como en la primera vez que le había declarado sus sentimientos, hacía ya tanto tiempo, mientras ambos estudiaban en la Academia...— ¡Johan, no quiero hablar después, quiero hablar ahora!
A ciegas, sus manos vagaron por el rostro del europeo, quien tenía una mueca sorprendida. Recorrió sus pómulos y su mandíbula, además, acaricio sus labios. Era él, aunque no pudiese verlo, Johan seguía siendo el mismo de siempre, nada había cambiado, ni sus sentimientos por él. No necesitaba pensar nada, ni tiempo para recuperarse, porque estando con él no era necesario, Johan lo sanaría como ya había hecho en veces anteriores.
Estampó sus labios contra los suyos, con la fuerza de un torbellino, con esa que había desaparecido en su estado de convalecencia. Se sentía más fuerte, más vivo que nunca, a pesar de que su cerebro no estuviese del todo recuperado. Y sentir los labios de Johan sobre los suyos aumentó aún más la sensación de bienestar, pues eran cálidos y suaves, parecía obtener vida de ellos conforme los devoraba.
Sus brazos se colocaron detrás del cuello del joven, que parecía haber crecido aún más. Johan se rió entre dientes un poco, pero correspondió el gesto, porque también lo necesitaba. Parecía que habían pasado milenios desde que habían tenido esa clase de contacto y sus cuerpos les reclamaban por algo más.
Juudai abrió los ojos inconscientemente y lo que vio le hizo gritar de la sorpresa. El rostro de Johan era tan claro... podía verlo de nuevo y también podía ver los cambios que había sufrido, parecía un poco más serio, quizá por todos los sufrimientos que había tenido que pasar, pero eso no lo hacía menos apuesto. Además de estar mucho más alto, su rostro se había afilado y lucía mucho mayor y más varonil, con los ojos verdes brillándole de la emoción, una que no había visto aparecer en sus ojos desde aquél día en que lo había dejado.
—Te amo, Johan —afirmó el castaño, acunando su rostro entre las manos, con la emoción desbordándose de todos sus poros. A Johan aquellas palabras le sacaron un par de risas, era tan maravilloso escucharlas, podía morir de felicidad ahí mismo, pero no lo haría, claro... aún le quedaba más felicidad por vivir.
—Y yo también te amo, Juudai —murmuró, volviendo a besarlo, mientras también lo abrazaba.
Alice se secó un par de lágrimas que le corrían por las mejillas con gesto ofendido. Había ido hasta allí con ayuda de Jim y ambos habían escuchado la conversación que habían mantenido. La niña lloraba de felicidad, al final, no había sido necesaria su intervención. Ella también sabía que Juudai tendría mucho camino por recorrer antes de curarse definitivamente, pero estaba radiante de alegría de que por fin él volviese a tener ganas de vivir y de ser feliz con su hermano. Ambos habían sido tan tercos cuando se habían separado. No habían podido comprender el lazo tan profundo que los unía, pero ahora, todo eso era cosa del pasado... y su lazo, ahora sí, sería inquebrantable.
Jim aplaudió un poco, aunque nadie pudo verlo, estaba feliz de que él fuera feliz, a pesar de que hacía mucho tiempo que pensaba que estaba todo perdido, Johan siempre había sido así, ahora lo entendía aún mejor y se alegraba de su final de cuento de hadas o el principio de uno, pues al igual que Alice, pensaba que todavía había algunos asuntos que resolver... Nunca mencionaría el incidente que había sucedido hacía unos días en esa habitación. Así como también, se disculparía con Johan a su tiempo. Por el momento, lo único que podía hacer era sacar a la niña de allí antes de que alguien los descubriera, no quería meterlos en más problemas.
—Vamos, Alice-chan —ordenó el vaquero, tomándole una mano cariñosamente. La niña asintió, aún llorosa.
—Sí, ya voy —susurró y de pronto no pudo decir nada más, porque las lágrimas le ganaron.
Su último pensamiento antes de marcharse de ahí, recaía en hablar con su madre y en ayudar a Juudai y a su hermano.
Porque juntando todas las piezas y ayudándolas a encajar, encontrarían la verdadera felicidad.
¿Eres tú o soy yo? Sé que dije cosas que no debí
tu crees conocer la verdad, pero estás equivocado
Porque eres todo lo que quiero, ¿no me conociste incluso un poco?
Eres todo lo que necesito, sólo dime que aún lo crees
Fin del capítulo.
Notas de la Autora: ¡Neko, deja de espiar mis archivos! Ok, no x'D. Pero te acercaste muchísimo a lo que sucedió, ¿a que no te esperabas lo del engaño de su madre? Y bueno, ¿qué quieres de premio :3? Yo iba en serio con eso x'D.
La canción es "Believe" de Skillet. La escuché y pegaba perfectamente con este capítulo, es tan linda ;-;.
Y bueno... ¿qué les pareció el capítulo? ¿Los descubrimientos? ¿El final? Awww, trabajé muchísimo en este capítulo, lo tenía en mente desde que empecé a escribir esta historia, aunque cambiaron algunos detalles con el paso del tiempo. No sé ni qué decir, estoy bien emocionada x'D. Pero, no todo va a ser felicidad ¿o sí? ¿Juudai se recuperará? ¿El hechizo de Yubel seguirá ahí? ¿Cómo reaccionará la madre de Johan ante esto? Ah, faltan tres capítulos para el final!
Espero me dejen sus opiniones, realmente aprecio sus comentarios :3. Gracias por todo su apoyo y por sus reviews.
Ya están arriba los nuevos capítulos de Balance de Poder, Doce piedras gemas y Our songs, por si gustan pasarse.
Nos vemos el próximo lunes :3.
Ja ne!
