Dedicado a Neko Andersen.
Por todo su apoyo durante este proyecto. Quizá no lo hubiera terminado si no hubiera sido por sus reviews.


Imperfection
Capítulo XII

Sayuri se lanzó a los brazos de su hijo tan pronto supo que había comenzado a mejorar. Si es que se consideraba una mejora el que pudiese ver únicamente el rostro de Johan. Ella afirmaba que debían darle 'tiempo al tiempo' y que, después de todo, no era necesario que su hijo le viera las nuevas arrugas en la cara, que no había prisa. Eso no hacía sentir mucho mejor al muchacho, porque quería recuperarse, ya que se estaba volviendo loco en ese lugar, metafóricamente hablando, sin salir, ni ver las calles, ni nada, empezaba a hartarse del monótono tono blanco de su habitación, sobretodo cuando Johan tenía que irse un rato, llevándose su brillante color verde del lugar.

Tanto las enfermeras como el Doctor de Juudai notaron inmediatamente el cambio que éste tuvo una vez pasó la escena de Yubel. Tenía la mirada ciertamente triste, pero había una chispa en ella también, que les indicaba su deseo de seguir adelante a pesar de las adversidades. Por eso habían accedido a darle algunas cuantas terapias y a experimentar con algunas medicinas a fin de que se le diera de alta lo más pronto posible.

Si bien no era muy divertido sentarse todos los días frente al Psicólogo del pabellón, porque tenía que mentirle, Juudai consideraba que era de cierta ayuda. Podía decirle ciertas cosas, como la muerte de Yubel, que tanto le había afectado; ocultándole a su vez otras, como que ésta era un espíritu y ambos luchaban contra 'el mal'. Eso descargaba un poco su alma de la opresión que lo cernía y Johan no podía ocultar su felicidad ante el hecho.

—Bueno, señor Juudai, hábleme de lo que desea en el futuro —pidió amablemente Alfred, el psicólogo, que estaba detrás de su mesita llena de reconocimientos—. De lo que hará cuando llegue a salir de aquí.

Juudai miró de reojo a Johan, quien le devolvió una sonrisa radiante. El castaño tragó saliva, algo incómodo y bajo los ojos hasta posarlos sobre sus pies antes de empezar a hablar.

—Pues no sé, quisiera... —sus ojos volvieron a mirar a Johan y luego, como si quisiese librarse de una situación bastante embarazosa, exclamó—: ¡Quisiera estar en una liga profesional y viajar por todo el mundo! —después de todo, estar encerrado, le había conferido la sensación de que aún había mucho por conocer.

El Obelisk se quedó medio perplejo ante la respuesta. Él, por supuesto, tenía diferentes expectativas para su vida futura, sobretodo si Juudai no conseguía recuperarse del todo, entonces lo mejor sería quedarse en Noruega.

Alfred limpió parsimoniosamente sus lentes y tras ponérselos y cruzar las manos, dijo con una voz que parecía comprensiva:

—¿Y qué piensa el señor Johan de esto? —Juudai quiso desaparecer en esos instantes. No sabía qué diría Johan ¿y si conseguía lastimarlo otra vez?

—Mmmmm... —dudó el europeo, poniéndose un dedo en los labios—. Juudai es libre de hacer lo que él desee, yo no iré nunca en contra de sus decisiones, es más, hasta lo apoyaré, así sean descabelladas —su tono era amable, cálido. No había ningún tipo de resentimiento en su voz y sin embargo, al muchacho esa respuesta le dolió.

—Correcto —anotó el hombre en unas hojas, mientras removía en el expediente del Osiris, como buscando algo—. Hemos notado las últimas semanas que el comportamiento agresivo que solía tener el señor Yuki ha desaparecido. Si bien su problema cerebral es algo que no podemos explicar. Me parece totalmente capacitado para llevar una vida fuera de este lugar. No obstante, tendrá que hacerse chequeos periódicamente y tomar algunas medicinas para su condición.

Los ojos color chocolate del joven se llenaron de una luz que el Doctor nunca antes había visto, parecían refulgir de tan brillantes que eran, llenos de emoción y anhelo de seguir con su vida. Le estrechó la mano al médico en varias ocasiones y casi salió dando saltos del consultorio, mientras Johan agradecía las atenciones dadas con una sincera sonrisa de disculpa, asegurándole que lo cuidaría muy bien y todo ese tipo de cosas, después de todo, iba en serio cuando decía que, no importando qué, estaría a su lado.

.

Juudai estaba tirado sobre su cama en el psiquiátrico con los ojos cerrados, aspirando por última vez el característico olor a medicina y a plantas que se extendía por el lugar. Iba a extrañarlo, pero deseaba con toda su alma nunca regresar en calidad de paciente. Se había despedido de Rosaline esa mañana, cuando había pasado a darle sus medicinas -una dósis muy pequeña que no le causaba sueño- y ahora sólo esperaba por Johan para poder marcharse. Irían a su casa, aquella escondida entre las miles de edificaciones similares, luego, quién sabe... aunque él quería seguir con su plan de ver el mundo. Si bien le daba mucho miedo la reacción de Johan ante eso...

Unos golpeteos en la puerta de su habitación lo hicieron incorporarse de golpe. Quizá podría arreglar la situación con Johan antes de partir a la casa, si es que él quería que se fueran después de su plática... No obstante, cuando Juudai murmuró un 'Adelante' y la puerta se abrió, sus mandíbulas se abrieron de la sorpresa, pues Victoria Andersen estaba plantada frente a él, con un sencillo vestido blanco. Se talló los ojos para alejar las alucinaciones, a pesar de que sabía ya no podía tenerlas al no estar Yubel con él, al menos en el sentido estricto de que Victoria era real, pues su rostro seguía igual que el de todos: irreconocible. Al final terminó aceptando que realmente era ella, aunque no sabía que quería... ¿volverían los problemas?

—¿Me puedo sentar, Juudai-kun? —oírla hablar en japonés era lo bastante extraño, pero el prefijo 'kun' realmente lo asustó. Él asintió, dejándole espacio a su lado, temiendo lo peor—. Ya sé que te extraña mi presencia aquí, no hemos tenido la mejor relación... pero he venido a disculparme.

—¿Perdón? —exclamó éste, elevando el tono de voz por la sorpresa. Victoria le tomó las manos y una sonrisa se extendió por su rostro al notar su reacción.

—Lo siento mucho, Juudai. No tengo nisiquiera las palabras para explicarte cuánto siento lo que pasó. Pensé que como madre, hacía bien al alejarte de Johan, pero estaba equivocada —Juudai se removió nervioso sobre la cama, las manos de Victoria seguían apretando las suyas y no sabía qué decir en realidad—. Mi hijo no puede vivir sin ti, desde que te conoció... es diferente. Johan cambió mucho al estar a tu lado. Cuando estabas enfermo... pensé que se moriría de dolor. Tenía ojeras, apenas comía, no reía... realmente parecía un muerto en vida.

—Oh, pero... —nuevamente las palabras se le atoraron en la garganta, en donde sentía un nudo que le impedía casi respirar.

—Perdóname, hijo. Prometo no volver a interferir en su relación y también prometo no ser más una arpía malvada —su risa resonó por el lugar, ciertamente parecida a la de su hijo, con un tono cantarín y enérgico, propio de una persona feliz.

—Todos creemos tomar las decisiones correctas cuando lo hacemos por las personas que nos importan —declaró Yuki, estrechando las manos de la mujer y regalándole una sonrisa—. Yo no tengo nada qué perdonarle, porque también he pecado con la misma acción.

—Eres un buen chico, Juudai —afirmó la mujer, y luego, de imprevisto, lo abrazó, susurrándole—: Haz todo lo que sea posible para hacer feliz a mi Johan. Y yo le pediré lo mismo para ti, ¿de acuerdo?

—Cuente con eso —se rió Juudai, correspondiendo al abrazo—. Aunque es algo terco, ya sabe, pero haré lo necesario —y así, se separó de sus brazos, para encontrarse con que también podía ver su cara. Una bastante bondadosa y comprensiva, una muy diferente a la última vez.

—¿Y Juudai-kun, me dejarás compensarte? —de pronto la conversación había tomado un rumbo mucho más divertido—. También porque me gustaría tener a mi hijo en casa, ya sabes. ¿Podrían quedarse un tiempo con nosotros, por favor? Alice los extraña muchísimo.

Juudai dudó, ése no era el plan y no sabía cuándo podría empezar a explorar el mundo, como quería. Sin embargo, la sonrisa radiante de Victoria y su voz suplicante, sumados al recuerdo de Alice, a quien debía un favor, le hicieron aceptar la propuesta, ya que no temía a nada en esa casa, parecía que ya todo estaba en paz.

—Pero, ¿qué está pasando aquí? —inquirió Johan, con mala cara, al entrar a la habitación y mirarlos a los dos. Se temía una escena como la que Yubel había planteado alguna vez.

—¡Johan esa no es manera de hablarle a tu madre! —espetó Juudai, dirigiéndole una mirada divertida a la mujer, quien parecía su cómplice e íntima amiga desde años— Discúlpate ahora mismo.

—Lo siento, mamá —murmuró el de cabellos azules, con la expresión confundida ante tanta camaradería entre ambos, ¿quizá Juudai estaba drogado aún?—. Y bueno —titubeó—. ¿Nos vamos ya?

Victoria se levantó resueltamente de la cama y tomó las escasas maletas que Juudai había acumulado, la mayoría llena de medicamentos.

—Johan, podemos ir a la casa de tus padres, ¿verdad? —murmuró muy bajito el castaño, esquivando la mirada inquisidora de su novio, quien nuevamente estaba entre confundido y dolido por la actitud rara que tenía Juudai para con él.

—Claro, vamos a darle una excusa a Alice para no hacer la tarea hoy —Victoria volvió a reírse y le pellizcó una de las mejillas a Johan antes de salir con las maletas, dejándolos solos— ¿Listo?

El otro asintió con una cabezada y con las mejillas sonrojadas, tomó la mano que le ofrecía Johan para salir del lugar, sintiendo como si esa mano fuese su salvación eterna.

.

La noche en Noruega parecía brindarles un panorama espectacular, siendo de ésas pocas que no estaban nubladas. El cielo, salpicado de estrellas, se sonreía a sí mismo reflejado en el amplio mar que se extendía frente a la casa, con sus tranquilas aguas moviéndose y cambiando de color conforme se apagaban las luces de la ciudad. Aquél era un buen día para una fiesta y todos lo sabían. Por lo cual habían acordado celebrar una pequeña reunión en la casa de los Andersen, en celebración a que Juudai tenía ya un mes fuera del hospital y hacía progresos a pasos agigantados, a tal punto que ya eran escasas las personas a las cuales no veía correctamente.

El jardín de los Andersen estaba decorado simple pero elegantemente. Alice se había encargado de colgar algunos farolillos que iluminaban las penumbras que proporcionaba el bosque alrededor del lugar y también la mesa donde compartirían los alimentos. El ambiente era festivo y las sonrisas se extendían por los rostros de las personas sentadas a la mesa, Johan, Juudai, Jim, Sayuri, Alice, Victoria y Joel.

—¿Juudai-kun me acompañarías por el postre? —preguntó Victoria, guiñándole un ojo desde el otro lado de la mesa. El muchacho le dijo que sí y se levantó de un salto, mientras Johan seguía todos sus movimientos por el rabillo del ojo con una sonrisa en los labios.

—Sólo no le diga a mamá que si puedo verla o se volverá loca —pidió éste, mientras cargaba un enorme pastel de chocolate por el jardín—. Aún no sé por qué no puedo ver a mamá... —susurró, más para sí mismo.

—Tiempo al tiempo —recitó Victoria, como lo había hecho una vez Sayuri, mientras lo seguía por el irregular terreno hasta llegar a donde todos esperaban ansiosos.

Juudai arrugó el ceño mientras dejaba el pastel sobre la mesa, pues frente a sus ojos Jim y Johan parecían muy entretenidos en una conversación que mantenía las mejillas del europeo sonrosadas. Bueno, quizá había estado un poco distante (aún le guardaba luto a Yubel) y no habían tenido mucho tiempo para hablar, nisiquiera habían estado juntos más allá de unos cuantos besos en ninguna ocasión desde que Juudai había salido del psiquiátrico, era obvio que eso y el tema de su viaje por el mundo hacían que fuese un poco difícil recuperar la comunicación entre ambos y por eso Johan se veía un poquito más aliviado al hablar con Jim. Pero aún así, le molestaba el hecho, no quería que ahora que podían estar juntos todo terminara mal.

—Por Juudai, que ya no está loco más —se rió Jim, guiñándole su único ojo, mientras levantaba una copa de vino. Johan le secundó el brindis, riéndose suavemente. Alice levantó su vaso de jugo de manzana.

—Sí, bueno, que conste que yo ayudé —puntualizó la chiquilla, apartándose los rizos de la cara en un ademán entre divertido y soberbio, después le dio un largo trago a su jugo—. ¡Mamá! ¿De qué es el pastel? ¿Chocolate con qué? ¿Puedo tener una ración doble?

Joel se acarició el estómago paladeándose el pastel que aún no llegaba a comer. Mientras Sayuri se precipitaba a ayudar a su suegra a cortar el postre y a repartirlo entre todos. A Juudai le tocó un pedazo que tenía una fresa enorme encima y se le hizo agua la boca de tan sólo verla. Quizá le era posible acostumbrarse a eso: cenas hogareñas, una familia cálida, Johan, un lugar estable... ¿realmente quería salir al mundo y perder todo eso?

Johan y Jim reanudaron sus conversación mientras ambos engullían el pastel con muchas ganas, tantas que al de ojos esmeraldas le quedó llena toda la cara de chocolate. Jim parecía más divertido conforme el vino se iba acabando y hasta el propio Juudai se sintió un tanto mareado, aunque realmente no le prestaba demasiada atención a sus 'síntomas', porque Johan lo mantenía ocupado mientras lo veía charlar con Jim. ¡Ah, joder! ¿Cómo volver a la normalidad con él?

Cuando Alice se quedó dormida con la cabeza apoyada entre las manos y oliendo sospechosamente a vino, Victoria y los demás decidieron que la fiesta había terminado. Joel subió a la chiquilla a su habitación, mientras Victoria y Sayuri se encargaban de recoger los platos. Entre tanto, Jim, Johan y Juudai se despedían.

—¿Vuelves a Australia, Jim? —inquirió Juudai, quien también quería mezclarse en la conversación para dejar de tener celos—. ¿Por qué?

—Extraño a mi familia, además, Karen se siente mejor allí que aquí, ¿sabes? A los cocodrilos no les gusta mucho el frío —explicó el vaquero, aunque sus verdaderas razones eran otras: que ahora que Johan se había decidido, no tenía mucho más qué hacer allí.

—Mmmmm —dudó el castaño, pues eso era justamente lo que había pensado, que ahora Noruega era su hogar—. Espero que te vaya bien en Australia y que estemos en contacto.

—Lo mismo digo, my friend —el de cabello negro le estrechó la mano y luego a Johan, quien se limitó a murmurar—: Adiós.

Antes de desaparecer por el jardín, en el justo lugar donde estaba la puerta que daba a la calle, Jim exclamó, con voz bastante divertida y pícara:

—¡Espero no te acabes todo el chocolate esta noche, Johan! —lo cual logró que el europeo se pusiera de todos los colores.

No obstante, Juudai no entendió el significado y se limitó a seguir a su novio hasta su habitación, tomado fuertemente de su mano, que temblaba, aún un poco mareado por tanto vino.

Fin del Capítulo.


Notas de la Autora: Ahahah, un poco de intriga antes del final. ¿Será realmente su final? ¿Juudai se irá? ¿Johan irá con él? Y qué tal les pareció lo de Victoria, ahora ellos están en paz y Juudai parece que encontró otra cómplice en la familia Andersen ;). No sé qué decir de ésto, ya se va a acabar... pero tengo otro proyecto ;) bueno, muchos en realidad. ¿Qué quiso decir Jim con eso? ¿Habrá lemon el próximo capítulo? Mwahahaha.

No tengo mucho más qué agregar.

Ya están arriba los nuevos capítulos de Balance de Poder, Doce piedras gemas y Our songs por si gustan pasarse.

Muchísimas gracias por todo el apoyo que he recibido, por leer esta cosa extraña, por comentar. Como dije, no habría terminado esto sin sus muestras de apoyo.

Nos vemos el próximo lunes. Ya le quedan dos capítulos a esto...

Ja ne!