Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.
Parte 3
"Encrucijada"
Capítulo 18 (56)
Durante los siguientes días, tanto Yami como Tea mantuvieron una distancia prudente en la que sólo hablaban de asuntos del trabajo. Para evitar buscar la forma de reunirse para platicar, ambos se juntaban con sus parejas a la hora de la comida y así le dedicaban tiempo a lo suyo sin contactarse por temas personales.
Tea pensaba que quizá Yami tenía algo que ver con su vida pasada. Era demasiada coincidencia que su colgante tuviera las iniciales de Yugi y Anzu y que, sobre todo, Yami tuviera como segundo nombre Yugi. Algo en su interior le decía cosas, pero prefería mantener distancia lo más posible y proteger su matrimonio.
Por otro lado, Yami estaba cada vez más perturbado por el parecido de Tea con su amiga. No creía en las historias de las personas que se parecen o en los hermanos gemelos perdidos. Además de que sentía una sensación familiar cada vez que compartía tiempo con Tea.
Ni Kaiba ni Serenity sospechaban lo que pasaba con sus parejas. Serenity continuaba con la idea del compromiso cuando se arreglaran los asuntos de fusión de ambas compañías; Kaiba también pensaba continuar con su matrimonio habitual una vez terminaran de fusionarse las empresas.
Al menos para ellos todo era normal. Kaiba se había acostumbrado a la presencia de Yami y al no hablar de temas personales le facilitaba el trabajo. Serenity mantenía la distancia para no perder su compostura, aunque seguía sin confiar en Kaiba y Tea.
Finalmente llegó el día en que los cuatro tendrían que estar juntos conviviendo: la fiesta de cumpleaños de Sigfried.
Esa tarde, Tea se vistió con un vestido de fiesta elegante que hacía lucir su cuerpo bien formado y unos zapatos de tacón con brillantes.
Mientras se maquillaba con un maquillaje sencillo para la noche, volvió a contemplar su reflejo fijamente como lo había hecho unos días atrás. Si el pasado salía a la luz lastimaría a Kaiba, pero quizá podría descubrir más sobre su vida.
Siempre sufrió por no tener recuerdos sobre quienes eran sus padres o si tenía hermanos, primos o amigos antes de despertar en el hospital donde se encontraba cuando la hallaron en los escombros de la ciudad.
"Yami Yugi Moto"-dijo en su mente-"Si de verdad eres el Yugi de mis recuerdos tal vez tú sepas quien soy"
Más se detenía por el hombre que amaba.
-"Pero…¿y si lastimo a Seto por hurgar en mi pasado?"
Abrió el cajón donde tenía su tesoro, ese corazón de madera que representaba lo único que la conectaba con las memorias perdidas. Lo miró fijamente reflexionando sobre si era correcto mostrarle el colgante a Yami para saber si él la conocía o sabía algo.
Tembló ligeramente su mano con el corazón dentro. Temía por Kaiba, por ella, por su matrimonio, por Martha, por todo lo que había formado como Tea Gardner, ahora Tea Kaiba. Estaba arriesgándose a perder todo por recordar solamente siete años de vida. Los primeros sietes años de su infancia.
Tras meditarlo por unos minutos, agarró una cadena de oro y se colocó el pendiente en el cuello. Finalmente había llegado el día de usarlo en público después de tantos años.
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La mansión de Sigfried era enorme, con un gran jardín rodeado de plantas, flores y arbustos altos. Se localizaba en las afueras de la ciudad Domino por lo que era necesario llegar en auto o camión. Ese salón era la prueba de que Sigfried era un hombre de mucho dinero, casi igual que Kaiba y mucho más que Yami.
Todas las personas iban vestidas de forma elegante y con ropa de fiesta que evidenciaba la alta sociedad en la que estaban.
Todos parecían estar contentos en el ambiente, menos Yami y Serenity que aunque estaban bien vestidos, para ellos era como estar en un lugar que no les correspondía; sentían que estaban fuera de lugar.
-Creo que no debimos de haber venido, amor-dijo Serenity con incomodidad evidente.
Lucía un vestido rojo que dejaba al descubierto su cuello y clavículas junto con un poco de escote que la hacía lucir muy bella. Sin embargo, ese vestido no era suyo, sino de Mai que se lo prestó porque sabía que irían a esa fiesta.
-No podíamos faltar. Aquí hay muchas personas de la empresa Shroeder y tenemos que presentarnos y dar una buena imagen-respondió Yami arremangándose las mangas de su traje.
-Si, pero no deja de ser un lugar con gente muy distinta a nosotros.
Yami se dejó llevar un poco por la tristeza ante el comentario de Serenity. Porque era una realidad que ninguno de los dos estaba a la altura de la gente de la fiesta. Ambos eran personas más humildes y su negocio apenas iba en crecimiento; sus ganancias no les permitían tener la misma presencia que los demás allí porque ni siquiera podían darse el lujo de comprar un traje o vestido propio.
Aquello los lastimaba a ambos mucho. En especial a Yami que quería hacer lo posible por su empresa y por la mujer con la que pronto se casaría.
¿Casarse? ¿En serio iba a casarse con ella? ¿Serenity de verdad era la mujer con la que querría compartir todos los días de su vida?
-Ah, señor Moto, señorita Wheeler.
La voz de Sigfried los sacó de sus pensamientos y ambos sonrieron como si estuvieran contentos.
-Hola, señor Sigfried-saludó Yami con cordialidad-Nos da mucho gusto festejar con usted.
-A mí me alegra ver a mis futuros socios aquí en mi celebración.
Sigfried señaló el otro lado del salón.
-El señor Kaiba y su esposa llegaron hace unos momentos. Es muy importante que nos presentemos ante las personas de este lugar ya que estoy seguro de que pronto trabajaremos en los mismos proyectos.
Yami y Serenity esbozaron una sonrisa disimulada, pero no les daba gusto ver a Kaiba y Tea. O al menos para Serenity era molesto ver a esa pareja incluso en una fiesta como esa.
Yami por otro lado ubicó a Tea en el salón y nuevamente quedó cautivado con ella. Lucía un vestido color azul con tirantes que dejaba su cuello destapado junto con un poco de escote. Agregando además que su pierna quedaba destapada gracias a que el vestido estaba abierto de abajo para que las piernas se alcanzaran a ver.
Inevitablemente, el corazón de Yami comenzó a latir con fuerza como si quisiera salirse de su pecho. Tragó saliva sintiéndose nervioso ante la idea de que Tea estuviera allí en ese lugar, porque tenía deseos de acercarse a ella, de conversar, de saber más sobre ella, si era Anzu o no; deseaba poder besarla y tenerla en sus brazos.
¿Besarla? ¿En qué estaba pensando?
Sacudió su cabeza ligeramente y decidió alejarse junto a su novia para evitar tentaciones.
-Vamos a ver por aquí a quien nos encontramos, Serenity.
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Kaiba notó que Tea buscaba con la mirada a alguien. Giraba la cabeza de un lado a otro y recorría con la mirada cada rincón del salón.
-¿A quién buscas?-preguntó con curiosidad.
Tea se sobresaltó con la pregunta; estaba buscando a Yami.
-Ah, pues…a nadie en particular. Sólo quería buscar una salida al jardín para tomar aire.
-¿Te sientes mal? ¿Quieres que nos retiremos?
-No, Seto. Es importante que estemos presentes. Lo único que necesito es tomar un poco de aire y estar sola un rato.
Kaiba no la cuestionó. Le creía todo lo que ella le dijera. Giró sobre sí mismo y preguntó a una persona de allí por la salida al jardín.
-Dice el señor que la salida está junto al ventanal más grande-dijo Kaiba dirigiéndose a Tea y señaló el gran ventanal en donde se alcanzaba a ver una puerta.
-Gracias, Seto-dijo Tea con una sonrisa amorosa-Te veo al rato, amor.
Se despidió de su esposo y se retiró con gusto. La verdad es que Tea también se sentía incómoda en la fiesta. Hacía tiempo que no se relacionaba con personas de ese estilo. Se podría decir que desde que se casó con Kaiba vivía con comodidades y aunque trabajara todos la conocían en la empresa. Sin mencionar que era una persona apreciada por ser bondadosa a pesar de estar casada con alguien millonario de mal carácter.
Pero aquí no había nadie conocido, el ambiente no era familiar y aunque sabía comportarse en la alta sociedad, los negocios fuertes no eran de su interés. Sólo estaba allí por apoyar a su esposo.
Deseaba sentirse acompañada de alguien de confianza y, casi de forma automática, pensó en buscar a Yami, el único que la hacía brillar en medio de aquel lugar y que, por alguna razón, había una familiaridad especial entre ambos.
Pero decidió alejarse de todos los invitados y salió por la puerta que daba al jardín para perderse en aquel lugar lleno de arbustos y flores.
Por otro lado, Yami se acercó a la mesa de la comida con la intención de agarrar una copa de vino y retirarse a buscar a su pareja. No se percató de que Kaiba estaba cerca de esa mesa agarrando algunos manjares.
Cuando se encontraron con la mirada en el momento exacto en que Yami tomaba su copa, el enojo que ambos compartían en su infancia volvió a despertar en ellos.
Yami quiso alejarse con una actitud indignada por tener que estar cerca de ese hombre que odiaba, pero Kaiba lo detuvo.
-¿De donde sacaste tu traje, Yami Yugi?
Giró con brusquedad y vio la sonrisa burlona de Kaiba tal cual como cuando eran niños.
-No creo que sea de tu incumbencia, Kaiba-respondió Yami sin gritar, pero con firmeza.
-Eres alguien de muy baja clase como para que crea que te compraste por ti mismo ese traje
La sangre comenzó a hervir en las venas de Yami, cerró su puño, pero se contuvo para no hacer un escándalo que provocara la expulsión de su empresa. Por alguna razón, pensó que eso era lo que Kaiba deseaba.
-No me molestes más, Kaiba. Ya no soy el niño de antes.
-Eso es evidente. En otro tiempo me golpearías por defender a tu amiguita-la voz de Kaiba sonaba con burla y desdén.
Yami tenía deseos de golpearlo como en aquella ocasión cuando eran niños, pero recordó que Kaiba era vengativo y prefirió no hacerlo. Además, no valía la pena echar a perder su imagen por ese hombre odioso.
Sin agregar más, se alejó de la mesita con comida pero comprendió que necesitaba relajarse después del encuentro con Kaiba.
-Oye Yami, me dicen los señores de allá que desean conocerte para saber sobre tus ideas para la corporación Shroder-dijo Serenity acercándose a su novio, sin embargo pudo percibir que algo no estaba bien-¿Qué te pasó, amor?
-Voy a tomar un poco de aire. Necesito calmarme-fue su única respuesta y se marchó sin decir nada más.
Serenity miró a la dirección de donde venía su novio y distinguió a Kaiba que ya se encontraba platicando con un grupo de personas. Supo enseguida que algo había pasado y ella también enfureció, pero prefirió quedase callada por el tema de la imagen pública.
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Sentada en una fuente ubicada en el bello jardín, Tea descansaba un poco del ajetreo de la gente, aunque desafortunadamente para ella su mente no paraba de pensar en lo sucedido de los últimos meses. Su llegada a Japón parecía que estaba cambiando su vida para siempre y eso la asustaba a la vez que despertaba el anhelo de descubrir quien era ella en verdad.
Absorta en sus ideas y temores, tardó en darse cuenta que unas pisadas estaban acercándose a donde ella estaba. Cuando se levantó con la intención de regresar al salón, vio la figura de un hombre con cabellos tricolores que fue reflejado por la luz de la luna.
Su silueta de cabellos puntiagudos brillando con la luz lunar hizo que una imagen se mostrara en la mente de Tea. ¿Otro recuerdo olvidado o un juego de su subconsciente?
Vio un niño con el mismo cabello de Yami a la luz de la luna; el infante la miraba con amor y ternura como nunca antes había sido expresado en toda su vida aquel sentimiento.
"-Yugi, ¿en verdad te gusto?
-Nunca te mentiría en algo así."
Tuvo un ligero mareo de nuevo y sacudió un poco su cabeza para aligerar su mente. Siempre que se encontraba con Yami pasaban estas cosas.
-Ah, hola Tea-saludó Yami con normalidad-No creí que estuvieras aquí.
-Quería tomar aire para sentirme mejor.
-¿Aún te sientes mal de los mareos?-preguntó Yami con preocupación.
-No te preocupes; es algo que me pasa seguido últimamente.
De pronto una idea pasó por la mente de Yami y se le heló la sangre en las venas, una idea que podía ser maravillosa pero para él era un espanto.
-¿Crees que a lo mejor estás embarazada?
Tea enrojeció con la pregunta, aunque no tanto como Yami cuando lanzó la interrogación.
-¿Cómo crees eso? No estoy embarazada.
-¿No piensas tener hijos?-preguntó Yami pero en realidad quería saber si ella deseaba tener descendencia con Kaiba.
-No planeo tener hijos en mucho tiempo.
Yami suspiró con alivio. Al menos no tendría una inquietud más con respecto a Kaiba y Tea.
-¿Tú piensas tener hijos con Serenity?
Esa pregunta resultó filosófica para Yami y lo dejó callado por unos segundos.
-No he pensado en eso. Jamás lo había platicado con ella.
-Eso es algo que es importante hablar con la pareja-dijo Tea como una señora dando consejos a los jóvenes con menos experiencia.
Hubo un silencio. Yami fijó sus ojos en ella; se veía radiantemente hermosa con ese vestido y la luna la ayudaba a lucir más bella. Los ojos color azul de Tea brillaban con la luna y eso le trago recuerdos de aquella noche en que confesó su amor a Anzu cuando eran niños. Igual durante una noche de luna llena.
-Lamento interrumpirte en tu descanso-dijo Yami reaccionando sobre lo que estaba pasando.
-No me molesta. Estaba tratando de evitar el ambiente fiestero un poco.
-Igual yo-respondió Yami sorprendido. No quiso decirle nada de lo que Kaiba le dijo en el salón.
-Supongo que estamos igual-dijo Tea con satisfacción.
Otro silencio, lo único que se escuchaba era el sonido de la música de fondo del salón de fiesta en la mansión de Sigfried. Yami contemplaba a Tea fijamente notando que le gustaba su figura independientemente de si era parecida a Anzu o no.
La música cambió a una balada para bailar en parejas. Los dos la escucharon, pero no dijeron nada. Por primera vez no sabían qué decir mutuamente entre ellos, pero la presencia de ambos los alegraba internamente.
-¿Te gustaría bailar conmigo?-preguntó Yami sin que Tea esperara la pregunta.
Ella lo miró estupefacta. Jamás se había sentido así por un hombre que no fuera su pareja. Era un simple baile, no podía pasar nada. En ese tipo de fiestas era algo normal invitar a bailar a alguien aunque no fuera tu compañero de vida formal.
Yami extendió su mano para su invitación a bailar, ella sólo miró la mano y al chico de cabello tricolor.
¿Sería malo aceptar? Algo en su interior no encajaba. Yami tenía algo que ver con ella, o eso pensaba.
O quizá habías más cosas que aún no comprendía; cosas que pronto se daría cuenta y que, tal como pensó, cambiarían su vida para siempre.
En ese instante, cuando vio a Yami, supo que deseaba con todo su corazón descubrir el pasado olvidado aún si eso llevaba su vida a la perdición.
Levantó su mano y tomó la de Yami en señal de que aceptaba bailar con él esa noche.
Una imagen salió a la luz a su memoria con un poco más de nitidez.
La visión de unos niños confesándose su amor a la luz de la luna y un beso inocente de dos niños que estaban enamorados
CONTINUARÁ...
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