La noche del dragón.
El Dragón rugió en el cénit, y desde su hocico nació una llamarada que incendió la noche. Sakura lo observó mientras el fuego se regaba por el cielo, en forma de un inmenso aro de fuego blanquecino que habría sido un espectáculo de belleza incomparable, si no fuera el presagio mismo de la destrucción.
Siete lenguas de fuego nacieron del aro, e hicieron camino a través de la noche hacia los templos de los otros seis feudos y uno más al castillo Chiyoda, sede del gobierno imperial de todo Nihon. Aún cuando el fuego estaba a varios miles de metros por encima del suelo, su calor pudo sentirse en tierra, provocando el relincho de los caballos, aullido de lobos, y un desasosiego general en todo ser vivo en los alrededores de la capital.
Iniciados los primeros incendios, el Dragón enfiló a velocidad supersónica al templo Tsukimine.
Su aterrizaje se daría en segundos, Sakura fue la primera en dar un paso al frente donde calculaba que su adversario caería, y liberó el cetro de los sueños, mientras Tomoyo hacía con sus manos la postura para crear su barrera y limitar el combate al templo, parte del pueblo y la colina más cercana, Xiao-Lang se abrió algunos pasos a la izquierda detrás de ellas, mientras que Kurogane y Arashi hacían otro tanto en dirección opuesta.
Un extraño, pero gratificante escalofrío recorrió la espina de todos. Esa era sin lugar a dudas la batalla decisiva, un momento donde todos los involucrados podrían decir sin reparos que eran privilegiados, el futuro del país, probablemente del continente estaba en juego, y eso no era poca cosa.
El dragón escupió una ola de fuego que cubrió toda el área visible del cielo de los héroes. Sakura, ahora consciente de que la forma de las cartas era sólo una interpretación de su poder interno en la realidad, señaló con su cetro hacia el dragón, invocando a Gale.
El vendaval resultante chocó contra las llamas y continuó su marcha hasta impactar con la cabeza del dragón, con lo que disolvió su coraza incandescente, y obligó al trío dragón a caer en los terrenos del templo.
A la distancia, desde las colinas, Junichiro observaba con la boca abierta el descenso del dragón, listo para comenzar a escribir. Hizo jurar a Tomoyo con una mano en el corazón que lo dejaría dentro de la barrera: lo documentaría todo o moriría en el intento.
Desde una loma opuesta de donde estaba el aprendiz de escribano, el general Issa, de armadura y a caballo junto con sus hombres, vio cómo el inmenso fuego se elevaba al ser rechazado por la hechicera, e iluminaba la noche, lo que subía apenas perceptiblemente la temperatura del valle, para desaparecer por completo un instante después, donde sólo el ruido nocturno natural, el canto de ranas y grillos, podía ser escuchado.
—La sacerdotisa ha levantado su barrera —anunció en voz baja a su batallón. Seguido de ese comentario quedó un silencio nervioso del contingente, de casi quinientos soldados a sus espaldas.
—¿Qué debemos hacer, general?
El viejo sacó su pipa de la armadura junto con un pedernal, y tras algunas fricciones, exhaló una espesa nube de humo de tabaco.
—Esperar y confiar.
Dal desenvainó apenas sus pies tocaron el suelo. No tuvo tiempo de buscar a un adversario, la hoja de Arashi chocó con la suya y de inmediato la de Kurogane, con tal fuerza que la chiquilla no pudo mantener sus pies en el suelo, y fue lanzada al tejado más cercano, donde los dos samuráis la alcanzaron para continuar la contienda. Tanto la escolta jefe de la sacerdotisa, como el dueño de la villa pudieron notar el cambio en la chica dragón: había un aura obscura y un silencio poco común en ella... no es como si hubiera sido particularmente parlanchina en el pasado, pero siempre tenía un comentario displicente que hacer. Por otro lado, su pericia y concentración también eran superiores, así como su fuerza, desde siempre hubo un demonio dentro de ella, y al parecer, alguien lo había soltado.
Taeyang buscó con la mirada a Sakura y a Tomoyo, y apenas estuvieron ubicadas, movió las manos calcinando los árboles y estructuras que lo separaban de ellas, tratando de romper la barrera recién puesta. Su llamarada chocó a medio camino contra un pedazo de suelo de varias toneladas que había sido arrancado con todo y césped, la roca se fundió, pero el ardiente material resultante fue devuelto al chico dragón, que apenas pudo evitar ser sepultado por el contraataque.
Buscó al responsable, y se encontró con Xiao-Lang en armadura, que se habituaba a las nuevas habilidades elementales que Wu Xing le daba. El lobo se acuclilló para luego ser catapultado por un trozo de tierra a sus pies al encuentro de un piroquinético aún más diestro y poderoso. La ironía caía en que esta vez era él quien parecía estar fuera de sí.
Finalmente, el viejo hechicero parcialmente desfigurado, pudo ver frente a frente a Sakura. Ya había presenciado el alcance de su poder, y no volvería a cometer el error de subestimarla. Desde un punto lejano detrás de él arrancó de raíz un árbol con una orden mental, y lo lanzó como un proyectil contra las hechiceras. Sakura sólo tuvo que extender la mano para interceptar el ataque, la madera se convirtió en un montón de pétalos que continuaron su trayectoria, completamente inofensivos.
Cuando la tormenta floral cayó en totalidad al suelo, Chung-Hee no estaba más frente a Sakura. La intuición de la chica la hizo buscar en el cielo, donde el anciano, envuelto en llamas, se preparaba para volver a la carga.
—Mantén la barrera, Tomoyo. Y procura estar oculta y a salvo. Yo me haré cargo de él —indicó Sakura, sin volverse a ver a la sacerdotisa, pero señalándola con el cetro por encima del hombro—. ¡Lucid!.
Habiendo puesto la invisibilidad en su pariente, Flight apareció en su espalda, y se lanzó al cielo. Y así, a gran velocidad alcanzó la altitud de su oponente, y voló alrededor de él. Chung-Hee, que asediado comenzó a disparar llamaradas, en un primer intento de derribarla.
—No sé qué es lo que mi pueblo le haya hecho, pero le suplico que detenga esta locura... si es que hay algo que podamos hacer para enmendar la falta, le prometo que lo haremos —clamó Sakura, tratando de negociar con el anciano.
—Oh, sí que hay algo que pueden hacer para enmendarse: ¡MUERAN DE UNA VEZ!
Hecha esa exclamación, el anciano dio un giro de trescientos sesenta grados, formando una llamarada circular que iluminó como el sol, y que se impactó en segundos contra los límites de la barrera. La maestra de cartas apenas pudo evadirse cayendo unos metros, pero en el suelo, oculta de ojo humano, Tomoyo sintió un terrible ardor en el pecho.
Apenas Sakura se recuperó de las volteretas, fue tomada por las solapas, y llevada por las manos marchitas del viejo en picada hacia el suelo. Trató de liberarse del agarre por largos segundos, mientras sentía cada vez más cercano el piso. Recuperó la concentración a apenas unos cuantos metros de estrellarse en el arco Torii, tomó con firmeza el cetro de la estrella y golpeó con su extremo inferior el estómago del mago, que se distrajo momentáneamente, tiempo que ella aprovechó para invocar a Reversal. El efecto fue el deseado, el cambio en el paradigma del espacio fue tal que comenzaron a caer hacia arriba, donde finalmente pudo desembarazarse de las manos del anciano, al usar a Spiral como coraza.
Chung-Hee hizo crecer las llamas que lo rodeaban, y formó consigo mismo una versión más pequeña del Dragón, al tiempo que Sakura liberaba a Aqua y quedaba sumergida dentro del ave misma, y volaba al encuentro del hechicero. El choque resultó en una muy aparatosa explosión aérea que lanzó una enorme nube de vapor hacia la parte superior de la barrera.
Abajo, en tierra, los tres espadachines fueron empapados por el repentino torrencial que el choque de los hechiceros provocó en las alturas. Dal se fue de espaldas contra un gran olivo empujada por Arashi, se deslizó en el suelo justo un instante antes de que la Dragón de Plata en las manos de Kurogane cortara prácticamente sin resistencia casi todo el diámetro del tronco, que vencido por su propio peso cayó ruidosamente unos segundos después.
A pesar del talento y pericia de los líderes samurái de Tomoeda, Dal seguía teniendo la ventaja, era sobrehumanamente fuerte y veloz, y no estaba sujeta al factor del cansancio en la contienda. No tenía tiempo de recuperación entre ataques, por lo que podía fácilmente entablar un combate con un samurái y de inmediato pasar al otro, sin embargo, dada la última facultad que su padre había impuesto sobre los mellizos, el Gi parecía ser transpirado a través de su piel, lo que evitaba que sus heridas sanaran con la celeridad de la que presumía anteriormente. Para ese momento había sido alcanzada por la hoja de Kurogane un par de veces, un roce en el brazo y uno más en el abdomen, y ninguna de las heridas había comenzado a cicatrizar.
A una distancia prudente, camuflada, Tomoyo observaba a los espadachines, y esperaba no tener que usar sus facultades curativas en su mejor amiga, o en el único hombre que alguna vez amó.
En el tejado del templo, un rayo redujo a astillas la parte más alta del edificio y lanzó tejas y otros despojos a los alrededores, Taeyang evadía apenas el ataque lanzado por Hogo Okami, todo un amo de los elementos ya para ese momento. Las llamaradas lanzadas por el piromante eran redireccionadas, extintas en agua o bloqueadas por la tierra bajo los pies de los contendientes, aunque era difícil establecer si la balanza se inclinaba realmente del lado de alguno de los muchachos.
Sintiendo mucha pena por los peces que vivían en el estanque, Xiao-Lang manipuló el agua del mismo para aprovechar una pequeña distracción en Taeyang, extinguió uno de sus ataques, y de inmediato ordenó a las raíces de los árboles cercanos que aprisionaran a su oponente. Los gruesos rizomas rasgaron el suelo bajo los pies del chico dragón, se le enredaron en las muñecas, tobillos y cuello, y lo obligaron a quedar de rodillas, inmovilizado. Decir que una espada como Wu Xing en las manos de un guerrero como Li sería "mortífera", era una triste caricatura del verdadero alcance de su poder. Era literalmente una mata demonios. Li corrió hasta alcanzarlo, sin embargo, dada su naturaleza bondadosa, aún con los adversarios, característica que compartía con Sakura, no aprovechó lo que sin lugar a dudas sería una oportunidad única para terminar con él (1).
Taeyang lo vio aproximarse, y tomó aire para lanzar una exhalación de fuego, pero a un movimiento de la mano de su captor, las raíces subieron por su cabeza, hasta enredarse en la parte baja de su rostro, y dejarlo incapaz de abrir la boca.
El lobo notó también la condición anormal de Taeyang. Tal como pasaba con su hermana, sus expresiones estaban ausentes, y cualquier gesto era inexistente, como si alguien hubiera tomado su espíritu y lo hubiera encerrado en el fondo de su cuerpo, incapaz de salir.
Xiao-Lang se acercó precavido, como si tratara con un potro salvaje, mientras veía como el chico se sacudía al intentar liberarse de su prisión. Trató de buscar en sus ojos cualquier pequeño indicio que le diera una excusa para darle el indulto, pero lo único que recibía era la mirada indiferente y la actitud pendenciera del muchacho. Li aferró el mango de la espada, de cara al primer conflicto moral de su vida en materia de vida y muerte.
Recordó que como parte de su entrenamiento, Wey lo había hecho practicar caligrafía.
"El pincel y la espada no son tan diferentes, señor Xiao-Lang. El trazo, la palabra o el acero, una vez hecho, dicho o ejecutado, no pueden corregirse. Habrá momentos en su vida donde una sola de esas acciones determine no sólo su destino, sino el de los que le rodean. Así, mantener silencio o perdonar una vida pueden ser sus más importantes actos de grandeza".
Xiao-Lang relajó la guardia mientras pensaba en eso, bajó la mirada, avergonzado, incapaz de definir si estaba siendo bondadoso o cobarde. Dedicó una nueva mirada al rostro del piroquinético, y entonces todo cambió.
Taeyang seguía luchando por liberarse, había generado llamas que lentamente quemaban su prisión, aunque lo lastimaban al mismo tiempo, pero el verdadero detalle estaba en su cara: el gesto indiferente del chico no era en absoluto consistente con las gruesas lágrimas que caían de sus ojos. El muchachito estaba sufriendo, y no sólo por las lesiones... Xiao-Lang conocía esa mirada, era terror. El mismo que experimentaría alguien que se sabe cercano a la muerte y no puede remediarlo.
—Es como un títere... —pronunció Tomoyo justo detrás de Xiao-Lang, al que le arrancó una exclamación de susto, principalmente porque se mantenía invisible.
—¿Señora Amamiya?
—Ya he visto esto antes... no en esta forma, pero en Europa es una maldición más o menos común a pesar de lo horrible que es... ¿es que la crueldad de ese anciano no conoce límites...?
—Ya veo... entonces es una versión de la maldición Imp...
Su reflexión fue interrumpida cuando Teayang rompió las raíces. Li saltó hacia su derecha, con la esperanza de que la sacerdotisa lo hubiera hecho en dirección opuesta en cuanto el chico dragón lanzó una llamarada hacia ellos. Y entonces tenía un problema más: su contrincante era un prisionero, no podía tratarlo como un oponente en realidad, y eso lo ponía en una terrible desventaja.
La velocidad a la que las espadas de Arashi, Kurogane y Dal se movían era simplemente hipnótica. La jovencita combatía con tal pericia, que incluso los dos samurais terminaban chocando espadas entre ellos, y literalmente no había objeto además de las espadas que no resintiera la furia de su estoque: el suelo, los árboles o los edificios que componían el complejo del templo, todo resultaba con daños.
Dal, por su parte, saltaba y daba piruetas; sin reparos buscaba conectar golpes letales a la cabeza, cuello o extremidades de sus adversarios. El dueño de la villa pensó que había sido una gran idea no involucrar a otros soldados en la batalla, cualquiera apenas un poco menos diestro que ellos habría muerto desde el inicio de la pelea, eso sin contar con que no había más espadas que las de ellos dos que soportaran sin daños a la de la niña.
A pesar de eso, Arashi, al tener un sable que se sostenía gracias a su propia energía vital, comenzó a dar señales de agotamiento y un reguerillo de sangre, aparentemente sin causa natural, comenzaba a caer de su oído derecho. El trance que evitaba que las emociones de la chica dragón fluyeran, no parecía interferir con su capacidad de análisis y estrategia, así que notando la primera debilidad en el dúo, comenzó a buscar pelea exclusivamente con Arashi, a sabiendas de que cada bloqueo la haría cada vez más vulnerable.
Habiendo repelido a Kurogane de un puntapié, Dal dio en consecutivo media docena de golpes verticales en la espada de Arashi, obligándola a arrodillarse, aquello eventualmente rompería su guardia.
Haciendo acopio de su aprendizaje en la lejana Okinawa, Arashi retrajo su espada y lanzó un cabezazo directo a la mandíbula de la espadachina que la tomó completamente por sorpresa; si bien, la samurái no era una gran artista marcial a mano desnuda, logró conectar varios golpes en la chica, que la aturdieron exitosamente hasta hacerla caer de espaldas.
Teniendo al enemigo a sus pies, Arashi volvió a invocar su propio estoque, y sin darle tiempo de recuperarse, lo sepultó en el suelo, y a través del brazo de Dal, la hoja se coló entre su radio y su cúbito, y la incapacitó para levantarse.
Viendo la oportunidad por fin, Kurogane se preparó para buscar con su espada el cuello de la chica.
Sakura salió de entre la nube de vapor seguida de una estela. Mantuvo la trayectoria hasta ver el límite de la barrera, y comenzó a buscar a Chung-Hee entre la neblina resultante de su último choque, en una espiral descendente. Lo encontró en el lado opuesto del espacio aéreo de Tomoeda, mientras dibujaba una curva para volver a embestirla, al tiempo que gesticulaba para condensar el vapor que flotaba a su alrededor, y lo convertía en afiladas astillas de hielo que lanzó contra Sakura. La maestra de cartas hizo un vuelo lateral para evadir el ataque, hasta que un par de proyectiles la alcanzaron, uno rasgó su traje a la altura del hombro y el otro perforó uno de los volantes de Flight.
Sintiendo que de un momento a otro sería incapaz de esquivar todos los trozos de hielo, hizo un movimiento de bastón para invocar a Hail. Su magia anuló una a una las improvisadas armas del anciano, lo que provocó una suave llovizna de diminutos diamantes helados.
Prácticamente cualquier intento por hablar con él era infructuoso, no parecía tener ningún interés en cambiar de opinión o recibir a cambio cualquier tributo, estaba cegado, el carácter sarcástico y burlón del último encuentro se había ido también, en su lugar sólo había furia y esa espeluznante sed homicida de la que no parecía tener control.
El fuego volvió al menú del hechicero, creó nuevas ráfagas, cada vez más aparatosas y destructivas, como si quisiera acabar en esa sola noche con todo el poder mágico que le restaba, así obligó a Sakura a volar en zigzag mientras pensaba en alguna forma de apaciguar su ira o incapacitarlo para luchar.
Cabía mencionar que la idea de matarlo estaba completamente descartada, aún cuando sabía que tenía la capacidad para hacerlo, dentro de ella cabía la esperanza de hacerlo cambiar de alguna manera, de encontrar en su marchito corazón aunque fuera el mínimo de humanidad o cualquier otro tipo de pensamiento poderoso que lo hiciera recular en su afán. Pero para eso, necesitaba hablar con él, debía haber alguna forma de detenerlo, inmovilizarlo al menos, hacerlo parar algunos minutos... esa idea se arraigaba fuertemente en su cabeza al mismo tiempo que notaba que cada vez le costaba más trabajo evadirse de sus disparos. El primer paso era crear una distracción.
Esperando con todo el corazón que su siguiente estrategia funcionara, invocó a Mirage. Una Sakura falsa hizo vuelo paralelo a la maestra de cartas, pero con una diferencia de unos grados en la trayectoria, y ella se duplicó del mismo modo que la Sakura real. En sólo unos segundos había más de un centenar de espejismos ocupando todo el campo visible del cielo de Tomoeda. Chung-Hee hizo incontables flamas tratando de alcanzar a cualquiera de ellas, tuvo éxito a cada vez, pero no pudo encontrar a la real, y en muy poco tiempo quedó inmerso en una esfera de adolescentes que lo estaba alterando de verdad.
Concentrando toda la energía que le era posible, creó una combustión en todo el aire alrededor de él, la bola de fuego parecía una estrella que lentamente se deshizo de todas las ilusiones, y encontró a la Sakura real justo en el cénit desde su perspectiva.
El fuego estuvo a muy poca distancia de alcanzarla, pudo sentir su insoportable calor en las fibras de su ropa, y le robó por un segundo la capacidad de respirar, aunque aquello era parte de la estrategia que había planeado.
Sakura lanzó desde su cetro una esfera diminuta, que atravesó el fuego y se ubicó a los pies del dragón sin que se diera cuenta, así, cuando quiso concentrar su ataque en la maestra de cartas, la esfera se dirigió hacia el suelo con estrépito mientras lo arrastraba en el proceso. Gravitation tiró del hechicero hacia el suelo con dureza, y evitó que su último ataque alcanzara a la chica.
La velocidad de arrastre aumentó cada vez, hasta que finalmente Chung Hee se impactó contra los adoquines en el patio principal del templo, donde dejó un cráter con la caída.
—¡Necesito que lo inmovilices nuevamente, Li! —indicó Tomoyo, al ver que el combate entre el lobo y el niño dragón se reanudaba.
Li confirmó la orden aún sin saber de dónde salía la voz de la sacerdotisa, asumió que se revelaría su posición una vez cumplida la encomienda, así que giró la hoja de la espada en su mano para que cualquier golpe que diera con ella no fuera letal. Como si de un practicante de parkour se tratara, el lobo corrió entre las llamaradas de Taeyang, y estructuras que él mismo creaba al manipular todos los elementos a su alcance. Tenía que acercarse a una distancia prudente para inmovilizarlo y con ello darle oportunidad a la sacerdotisa de hacer algo... aunque no sabía qué.
Apoyándose de una rama, Li dio un salto dirigiéndose a Taeyang, el piroquinético disparó una llamarada abierta de la que un oponente cualquiera no podría evadirse. Pero no tenía enfrente a cualquier oponente.
Xiao-Lang lanzó a Wu Xing contra las llamas, la espada atravesó la barrera de fuego sin oposición y alcanzó el suelo detrás de Taeyang, lo que le abrió suficiente espacio para pasar sin ser alcanzado. Al hacer el metal contacto con la tierra, las pocas raíces que quedaban bajo ella se estiraron, y alcanzaron al chico dragón, lo aprisionaron por completo desde el principio. Sólo sus ojos y su frente quedaron descubiertos.
—¡Señora Amamiya!
Tomoyo finalmente se descubrió, y con paso presuroso se acercó al prisionero. Pidió a Li que obligara al muchacho a arrodillarse y cuando lo hizo, se posicionó frente a él, le puso el pulgar izquierdo sobre el pecho y el derecho en el centro de la frente, mientras destellaba el sello mágico Amamiya bajo sus pies.
—Esto puede no gustarte, muchacho, pero trato de ayudarte —susurró Tomoyo, concentrada.
Un momento después, Taeyang se puso rígido como una tabla, mientras sus ojos volvían a llenarse de llanto, tuvo que pasar ese trance por cerca de un minuto, hasta que dejó de luchar y producir fuego, y su cuerpo se relajó casi hasta la flacidez. Una pequeña explosión de energía obscura manó de él, empujando a la sacerdotisa y al gaijin un paso atrás.
Tomoyo compartió una mirada de precaución con Xiao-Lang, y con una seña le pidió que liberara la cabeza del muchacho, para verificar si era capaz de hablar.
—¡Mi hermana! —exclamó el chico, muy aturdido, pero definitivamente muy preocupado.
Arashi apoyó todo su peso sobre el mango de su espada para evitar que Dal quedara libre, pero obviamente, la chica dragón no iba a hacérselo tan fácil. Dio varios puñetazos a las costillas de la samurái en un intento de someterla, sin embargo, Arashi se mantuvo impertérrita.
Kurogane no lo dudó ni por un instante, corrió tan rápido como sus pies se lo permitieron, pasando el sable por arriba de su hombro derecho, listo para tirar un único y devastador mandoble que cobraría la vida de la chica dragón de un solo tajo. Al verlo, Arashi se hizo un ovillo que dejó la cabeza de Dal totalmente expuesta, para que Kurogane terminara el trabajo.
El dueño de la villa saltó, y con todo el impulso que le era posible, lanzó el golpe más poderoso que hubiera intentado antes. No era un gran partidario de matar, en realidad, nunca había matado nada que siquiera pareciera humano... sí, había cazado, también ejecutó al zorro rabioso que contagió al gaijin, había combatido demonios y espíritus malignos... pero nada remotamente parecido a una niña como la que estaba por condenar.
—¡ALTO, HAGANEMARU!
El samurái había dado el golpe, los que observaban la escena pensaron que era tarde, pero para sorpresa de todos, la orden de Tomoyo lo detuvo a un par de milímetros de alcanzar la piel de la chica.
—¡Apártense ustedes dos! —ordenó la sacerdotisa, y en el acto, Kurogane y Arashi retrocedieron.
Su libertad, sin embargo, duró poco. Apenas los esgrimistas se apartaron, Taeyang de un lado y Xiao-Lang del otro, tomaron a la jovencita por los hombros, para evitar que recuperara su espada.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —preguntó confundido el líder del pueblo, al ver al chico dragón cooperar con ellos.
—Ese viejo loco los tiene hechizados... liberó todo su potencial, pero a cambio los privó totalmente de voluntad o libre albedrío... —explicó Tomoyo, mientras que los otros dos jovencitos forcejeaban con la niña—. Pude despertar al muchachito, pero no creo poder repetir el proceso en la chica, me desmayaría y la barrera caería... además, según lo que me acaba de explicar Taeyang, tanto ellos como el viejo tienen una gran concentración de Gi en sus cuerpos, si alguno llegara a morir, lo último que veríamos sería un abrumador espectáculo de luces y luego todo Tomoeda, tal vez todo Edo volaría por los aires... y la Gran Serpiente despertaría irremediablemente.
—¿Y entonces qué podemos hacer?
—Tratar de hacer reaccionar a Dal por otro medio…
—¡Sé que puedes escucharme, Dal...! Nuestro padre sólo nos está utilizando, estas personas... —El muchachito pensó muy bien las palabras a exclamar al oído a su hermana mientras forcejeaba con ella—. Yo realmente no creo que ellos sean los villanos de esta historia... por favor, despierta, ellos no sólo han decidido perdonarnos a pesar de las cosas que les hemos hecho, están dispuestos a ayudarnos... debes volver, podemos salvarnos, incluso podríamos intentar salvar a nuestro padre...
El discurso no pudo seguir. A sólo unos pasos de ellos, la caída de Chung-Hee provocada por Gravitation, lanzó a todos por los aires, Sakura, desde las alturas vio a sus amigos y a Xiao-Lang quedar a merced del hechicero, que recién se recuperaba, e hizo vuelo en picado para alcanzarlos.
El daño sufrido por esa última caída puso de manifiesto lo precario de la condición del cuerpo del viejo, que en su mitad quemada en la pelea anterior dejaba escapar una llama obscura con tendencia al púrpura, como evidenciando una fuga de energía de su interior, Gi, sin lugar a dudas, listo para provocar un accidente que destruiría todo a su alrededor.
Tomoyo abrió los ojos apenas, se obligó a sí misma a no quedar inconsciente, la supervivencia de la gente afuera dependía de ella, pero al levantarse, el panorama fue el más aterrador posible.
Chung-Hee, o lo que quedaba de él, con paso vacilante se acercaba a ella, unos pasos más cerca, Dal, aún en trance, recogía su espada de entre los escombros, y fijó su mirada en la sacerdotisa.
—Acábala. Con ella muerta, el feudo no tendrá protección —ordenó el hechicero con voz cavernosa. Dal se puso en marcha, y cerró distancia con Tomoyo.
Al quedar frente a ella, levantó la espada por arriba de su cabeza, lista para ejecutar la orden del viejo.
Taeyang, recién recuperado, corrió interponiéndose entre su hermana y Tomoyo, y abrió los brazos en actitud protectora.
—Te lo suplico, hermana... Esto está mal.
Dal, sin embargo, tomó al muchacho del cuello del traje y trató de arrojarlo a un lado, pero sin éxito. La chica no podía hablar, pero podía verse en sus ojos que estaba implorando a su hermano que saliera del camino, manifestado en las lágrimas que comenzaron a resbalar por sus mejillas.
—¡Hazlo de una vez, maldición! ¡No tenemos tiempo! —presionó Chung-Hee.
La esgrimista levantó una vez más el sable, sin dejar de mirar fijamente a los ojos de su hermano. Se quedó totalmente rígida por largos segundos. De la nada, comenzó a hacer un sonido gutural, que lentamente fue aumentando de volumen hasta convertirse en un grito, la pequeña explosión que había emitido Taeyang salió de ella también. Todos los cercanos se cubrieron el rostro.
—No puedo hacerlo... perdóname padre...
Un silencio pesado y tenso cayó entre todos ellos, al tiempo que la chica dragón bajaba la espada. Tomoyo pudo ver como Sakura descendía hacia ellos a toda velocidad, y dada la coyuntura, una negociación tal vez fuera factible...
—Parece que debo terminarlo todo yo solo —expresó Chung-Hee en voz baja y solemne.
En un parpadeo, el hechicero había arrebatado la espada de su hija, la empujó contra Taeyang y Tomoyo, y se preparó para dar una única estocada que atravesaría a los tres, ante la mirada aterrorizada de Sakura, aún a una distancia considerable de ellos.
El golpe fue dado, pero no alcanzó a su objetivo.
Xiao-Lang consiguió interponerse en su camino, logró a duras penas desviar el trayecto de la espada agresora con Wu Xing, aunque no limpiamente: el filo del hechicero hizo una cortada profunda en la ceja izquierda del gaijin, que sangró escandalosamente, aunque sin poner en riesgo su vida.
Al mismo tiempo, Arashi saltó hacia los gemelos y la sacerdotisa para derribarlos y ponerlos a salvo con ello.
La furia en la expresión de Chung-Hee, ante la frustración de su último ataque, desfiguró aún más su rostro, y cerca estuvo de increpar e intentarlo de nuevo, pero esa ira devino en dolor en un instante.
Sin poder dar crédito, vio salir de su pecho la afiladísima hoja de la Dragón de Plata. A sus espaldas Kurogane había atravesado su torso, una sola estocada precisa y contundente a su corazón, que sin lugar a dudas habría matado inmediatamente a una persona normal, y a pesar de lo especial del herido, el golpe definitivamente lo había dejado agonizante.
Al extraer la espada, una marejada de Gi escapó por la herida. Aquella energía impactó de lleno al samurái, con tal fuerza que lo hizo volar algunos metros, y lo dejó inconsciente.
Sakura aterrizó a unos centímetros de Xiao-Lang, consternada por la sangre que caía de su frente, en el inocente pensamiento de que eso era lo más grave que tendrían que atender, pues ignoraba el verdadero alcance de su problema principal. Luego reparó en la mirada aterrada del resto de los presentes, y cayó en cuenta que algo increíblemente malo estaba ocurriendo.
—Tomoyo... tenemos que atender a todos los heridos, incluso a él... —dijo con inocencia la maestra de cartas, al ver a Chung-Hee caer sobre sus rodillas, con las manos en el pecho.
—Estamos condenados... —interrumpió la sacerdotisa
Del hechicero emanaba con cada vez más fuerza todo el Gi contenido.
Los niños dragón también fueron presa de un dolor agudo en el pecho. Al parecer sus vidas estaban ligadas a la del viejo. No fue necesaria una explicación, Sakura interpretó de inmediato lo que pasaba: lo que fuera que resultara de la muerte del viejo, se los llevaría a todos, a toda la ciudad, probablemente a toda la capital.
Sin pensarlo dos veces, caminó hasta el anciano. Demandó un gran esfuerzo, puesto que la energía que escapaba de él la empujaba y comenzaba a formar un remolino a su alrededor.
—¿Cómo puedo ayudarlo?
—No puedes ayudarme, niña... al parecer nadie pudo durante todo este tiempo. Ha llegado la hora del juicio para todos nosotros.
—Debe haber una forma, todo tiene solución.
—¿Por qué insistes en ayudarme? ¿Por qué no me reprochas por lo que te he hecho? Acabamos de tener un combate y yo no hubiera dudado ni por un momento en matarte; estuve cerca de tomar la vida de alguien que amas de la forma más dolorosa y lenta posible, ¿por qué tú, después de todo eso, te empeñas en no dejarme morir?
—Creo que todos merecemos segundas oportunidades... no quisiera ser grosera, pero ¿podríamos dejar esta charla para luego?
—No hay un "luego", este es el final. He pasado más de un siglo acumulando Gi, pensando que tendría un adversario que me haría utilizarlo todo, que se defendería y buscaría mi muerte tanto como yo buscaría la suya... y al final, lo único que conseguí fue a una niña cuyo poder sólo se puede comparar con su ingenuidad... ojalá pudiera volver a ver al mundo a través de tus ojos, pero al final estoy satisfecho... moriré, pero haré desaparecer este lugar de asesinos y conquistadores voraces, y mi legado será...
Sin que ninguno se lo esperara, ni el viejo siquiera, Sakura había tomado con delicadeza su cabeza, abrazándolo como se abraza a un abuelo. Huelga decir que él no había recibido una muestra de afecto desde más de un siglo atrás, y dicho comportamiento lo inquietó sobremanera... no sólo por una acción tan disonante ante los últimos eventos, sino por la sinceridad del abrazo... parte de la energía de Sakura se transmitió a él, y él pudo sentir su corazón, sin ningún tipo de odio o enojo. Nunca había conocido a alguien cuya alma estuviera tan limpia de sentimientos negativos.
Sakura, por su parte, también pudo conocer, aunque fuera sólo sensorialmente, parte del alma del hechicero. El nudo que se formó en su garganta al percibir todas las pérdidas e injusticias de las que aquél hombre fue víctima, amenazaba con estrangularla... pero tal como ella ya sabía... efectivamente había algo de esperanza en su interior.
—Sé que lo que te hicieron fue horroroso, abuelito... y sé que no puedo enmendar los errores que mis ancestros cometieron, de la misma forma en que yo no puedo perdonarte por los que tú hiciste en retribución. Lo único que puedo hacer es ofrecerte una esperanza para el futuro.
Chung-Hee torció el gesto al sentir como su tórax se debilitaba, acercándose inexorablemente al final.
—¿Eres estúpida, niña? ¡No hay esperanza ni futuro! ¡En pocos minutos todos estaremos muertos y la única herencia que puedo dejar es la de la destrucción! Ojalá hubiera algo más, pero eso es todo…
—Te equivocas —respondió Sakura con seguridad y optimismo—. Las cosas más importantes a veces están junto a nosotros y no nos damos cuenta de ello hasta que es tarde. Tal vez no pueda salvarte a ti, pero daré mi vida para darle una nueva oportunidad a cada persona de este país, o de cualquier otro... y si me lo permites, trataré de salvar tu verdadero legado también.
—¿De qué demonios estás hablando? ¡No hay nada mío que puedas preservar!
—Claro que sí... y no hablo de algo, sino de alguien... dos personas en realidad. —Apenas Sakura terminó esa oración, él miró a los niños dragón, cada vez más debilitados, precariamente asistidos por Tomoyo y Xiao-Lang, y finalmente entendió las palabras de la joven hechicera, que continuó—: Ellos no son la herramienta de tu venganza ni el resultado de tu ira... ellos en realidad son tu herencia, el legado que dejarás de tu existencia, y aunque no lo hayas podido ver así, son el testimonio de un amor inmenso que fue más allá de la muerte.
Todo se volvió claro entonces para él. Desde siempre, su herencia para la humanidad estuvo a salvo, en realidad, era en sus propias manos que esa herencia estaba siendo amenazada.
Ese mismo sentimiento de culpa que se sepultó en su pecho más de cien años atrás volvió a él. En sus planes nunca contempló que la materialización de su poder en seres mágicos podía ser un objetivo por sí mismo, y no sólo un camino para alcanzar una meta.
Miró a sus niños padecer una agonía semejante a la de él, y se odió a sí mismo aún más.
—No puedo juzgarte por las cosas que has hecho, y aunque quisiera, no creo tener el poder de detener lo que te sucede. Pero puedo intentar salvarlos a ellos.
Un largo silencio siguió a aquella propuesta. El brujo finalmente se decidió:
—Después de que yo muera, todo el Gi dentro de mí escapará de mi cuerpo —comenzó a explicar el viejo, sereno—, la energía vital sin canalizar se convertirá en cualquier otra forma de energía, ese tipo de escape casi siempre deviene en una reacción violenta, como la de la pólvora... con lo que hay en mí, en Dal y Taeyang bastaría para revivir un volcán, nada en muchos kilómetros sobreviviría... Por mis ancestros, ¿qué fue lo que hice...? —Esas últimas palabras fueron seguidas de una opresión en su pecho que presagiaba el desenlace, y compartió una mirada suplicante con sus pequeños, siendo que la siguiente oración se las dedicó con su último esfuerzo—: Ojalá puedan perdonarme…
—Ve en paz, abuelito... en adelante yo cuidaré de ellos.
Chung-Hee tomó por el hombro a Sakura y la empujó para que se alejara, mientras que era víctima de algo parecido a una convulsión, y unos instantes después, varias pequeñas explosiones continuas de energía manaron de él, deformando su cuerpo gradualmente, dándole luego de unos segundos una apariencia grotesca, hasta que finalmente su piel cedió. Una energía y un calor como no habían sentido antes se impregnaron en el ambiente mientras que lo que quedaba del cuerpo del viejo se convertía en cenizas, y un turbulento tornado de colores los aprisionaba en su interior.
Con Chung-Hee muerto, los gemelos dragón serían los siguientes. Tal vez Sakura no podría salvarlos, pero definitivamente los ayudaría a morir con dignidad y tranquilidad... o en su defecto, corregiría su soledad en el momento final.
—Aún podemos salvar a todos afuera de la barrera, Tomoyo —dijo con calma Sakura—. Si puedo concentrar esta energía y contenerla por unos instantes, tú puedes cerrar la barrera y evitar que el daño pase al mundo real.
—¿Y dejarte aquí sola? ¡De ninguna manera! ¡Estamos juntas en esto!
—Basta sólo un hechicero para lograrlo, y Tomoeda necesitará tu guía cuando todo termine.
—Pero Sakura…
—Lo sé... te dije que todo estaría bien, ¿no? —Se acercó y le puso las manos en los hombros—. Gracias por todo, me enseñaste tanto...
Sakura retrocedió, y Tomoyo sintió un apenas perceptible tirón en el obi de su traje ceremonial... instintivamente miró atrás, y vio una diminuta esfera que se alejaba hacia un extremo de la barrera. Ella la había visto sólo unos minutos antes, utilizada por Sakura como un arma.
—¿Pusiste un hechizo en mí sin que me diera cuenta...? —preguntó asustada, mientras el tirón gravitacional se hacía cada vez más potente
—Dos en realidad... es lo mismo que mandar a una chica sola al bosque o desmayarla en una evocación... aprendí de la mejor.
—¡No me hagas esto, Sakura!
—Adiós, Tomoyo.
La sacerdotisa, su escolta en jefe, y el dueño de la villa, aún desmayado, fueron tirados violentamente hacia un punto indeterminado de la barrera, muy lejos del epicentro de la concentración de energía, y habiéndose alejado lo suficiente, Gravitation cedió el paso a Snooze, que puso a Tomoyo en un pesado estupor. Ella sabía lo que eso significaba, se desmayaría irremediablemente, se resistió como pudo al sueño, pero era un hechizo de Sakura, sabía que no tenía oportunidad de superarlo... su barrera irremediablemente se cerraría. Aún así, luchó por evitarlo hasta que la obscuridad devoró su consciencia.
—Tú también deberías irte. —Dijo Hoshinomegami con el mismo tono de resignación a su eterno acompañante.
Hogo Okami se acercó a sus espaldas, y con ternura la abrazó por el talle, mientras le recargaba el rostro en el cuello.
—Nunca. Mi lugar está contigo.
La tierra bajo sus pies comenzó a cimbrarse, y ellos cayeron sobre sus rodillas sin soltarse. Sakura miró a Dal y Taeyang, ambos agobiados por el dolor, pero tranquilos y conmovidos por la piedad mostrada por los muchachitos ante ellos. Sakura les tendió la mano, y ambos se tomaron de ella, esperando el final.
Capítulo 24.
Fin.
1. Para la tradición china, había cinco elementos, tres de los clásicos: Agua, Tierra y Fuego, y se consideraban elementos también el Metal y la Madera.
¡Cada vez más cerca del final!
