Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.


Capítulo 21

Espiral

—Nos vemos, mamá.

—Pásalo bien, cariño.

Jasper se detuvo en la escalera de la entrada, procesando lo que acababa de pasar casi un minuto demasiado tarde. Una sonrisa lenta se extendió por sus mejillas, y rápidamente volvió a entrar. Él tomó en brazos a su madre de donde se encontraba inclinada sobre la mesa, sus planos estirados frente a ella. Ella soltó un chillido mientras él la giraba.

—Jasper, ¿qué tienes? —preguntó cuando él la bajó.

Él besó su mejilla.

—Nada. Nos vemos luego, mamá. Te amo.

Cada vez que Laurent pasaba a recogerlo o Jasper salía para encontrarlo en alguna parte, su madre tenía al menos unas mil preguntas sobre dónde estarían y por cuánto tiempo pensaba estar afuera. Incluso cuando no había más preguntas que hacer, ella aún tenía esa expresión en su rostro como si estuviera decepcionada de él por seguir eligiendo salir con Laurent en vez de estar a salvo en casa.

Ella se había olvidado de preocuparse por él hoy. Quizás tenía que ver con el hecho de que ella lentamente estaba comenzando a confiar en Jasper de nuevo y todo que ver con lo absorta que estaba en terminar su proyecto. Cual fuera el caso, él siempre estaba agradecido por una pizca de normalidad. Siempre estaba agradecido cuando él olvidaba que era un adicto por cinco minutos, diez minutos, incluso unos segundos de vez en cuando.

—Estás de buen humor esta noche —dijo Laurent mientras Jasper se subía al coche.

—Estoy de buen humor —dijo Jasper, ajustándose el cinturón—. Casi tengo suficiente ahorrado para un coche decente. Puede que tenga los fines de semana libres pronto. —Su sonrisa se suavizó—. Tengo una chica linda que me visitará la próxima semana, y por razones que desafían la razón, le gusto. Realmente le gusto. Y ese mismo fin de semana, cumpliré treinta y dos años. Treinta y dos años con un techo sobre mi cabeza, comida en mi estómago, una cama cálida y suave para dormir por las noches. Puede que eso no sea mucho para la mayoría de las personas, pero al diablo. Sinceramente, deberían ser dos años de mi muerte ya.

Laurent soltó una risita y levantó una copa imaginaria.

—Beberé por eso —dijo.

Jasper inclinó su propia copa imaginaria.

—Bueno. Yo no.

~S~

Laurent no había estado bromeando cuando dijo que bebería. Jasper sabía esto de su amigo, por supuesto. Él no optaba por el camino directo y estrecho como Jasper. Él bebía en ocasiones. Jasper no lo aprobaba, pero no tenía derecho a dictar cómo Lauren vivía su vida.

Esa noche, sin embargo, una sensación incómoda comenzó a asomarse por la columna de Jasper cuando Laurent dijo que irían a una fiesta.

—Han pasado un par de meses desde que nos encontramos, amigo —dijo Jasper, tratando de zafarse de la situación—. Pensé que seríamos solo nosotros.

—Ese es la mitad del problema, ¿o no? Tú mismo has dicho que quieres conocer más personas. Bueno, aquí está tu oportunidad. —Laurent le sonrió—. No puedo culparte por quererme todo para ti, hombre, pero no estoy disponible.

Jasper puso los ojos en blanco y miró por la ventana.

—Sé a lo que te refieres.

—Sí. Lo sé. No te preocupes mucho. Te estoy llevando con buenas personas.

Ante eso, Jasper se resignó a la idea de una fiesta. Sin duda habría alcohol, pero él podía lidiar con eso. Y Laurent tenía razón. Él sí quería conocer nuevas personas. Estaba comenzando a acercarse más con varias personas en el trabajo, pero uno nunca podía tener demasiados amigos, ¿cierto?

Condujeron hacia uno de los vecindarios de clase más alta de Seattle. Jasper silbaba mientras avanzaban por una calle llena de mansiones que creía que solo existían en L.A.

—¿Adónde diablos vamos?

Laurent le echó un vistazo y meneó sus cejas.

—Tengo amigos en lugares altos estos días. De hecho, esta es la casa del director ejecutivo de mi compañía. Tiene gemelos de nuestra edad. Peces gordos en la compañía. Nepotismo, por supuesto, pero no puedo quejarme de eso, ¿o no? No por cómo conseguí mi empleo. Como sea, me encontraba en el estacionamiento para los empleados caminando hacia mi coche cuando vi a otro de los peces gordos, Felix, caminando de un lado a otro frente a un Chevy destartalado, ¿no? Él se movía de un lado a otro como un tigre enjaulado, jalando de su cabello, mirando su teléfono. Y lo escuché hacer una llamada. Supuse que él había estado teniendo una aventura apasionada con uno de los tipos encargados de Cuentas por Pagar y que había terminado mal. El tipo había dejado encerrada una gran presentación en su coche. El Sr. Scarpinato, el ya mencionado director ejecutivo de Industrias Volturi, iba a destrozar a Felix.

»—Por supuesto, ningún ruego o amenaza hacía que este tipo cediera, y él simplemente sonaba tan desesperado. Deberías haber visto a este tipo, Jazz. Quizás sea más grande que Emmett. Realmente creí que iba a llorar.

Jasper soltó una risita.

—De acuerdo. Entonces, ¿qué hiciste?

Los labios de Laurent se arquearon hacia abajo en las esquinas brevemente antes de alegrarse de nuevo.

—Bueno, no es un secreto para ti que tengo un conjunto de habilidades particulares que adquirí de mi tiempo con James. Me acerqué y abrí el coche por él.

—Arriesgado, ¿o no? Quiero decir, invita a la pregunta.

—Sí invitó a la pregunta, pero afortunadamente para mí, Felix pensó que mis aventuras en el robo de coches, entre otras cosas, eran divertidas. En cualquier caso, él me presentó a las gemelas maravilla y antes de darme cuenta, tenía el billete de oro. —Para ese momento, él había estacionado en una entrada ridículamente larga que ya estaba llena de coches—. Vamos. Te va a encantar el lugar.

Jasper pasó una mano por sus jeans.

—Siento que no estoy vestido de manera apropiada.

—No lo hagas. No hay pantalones elegantes aquí. Jeans de diseñador, estoy seguro que sí, pero estaremos bien.

No fue tan malo al principio. Jasper, culpable por asociación con Laurent, fue incitado a contar todo sobre de dónde salieron sus cicatrices. Como Laurent prometió, no fue recibido con burla sino con una clase bizarra de aceptación. Era una variación condescendiente —parecía que encontraban la historia de su vida una anécdota divertida— pero no obstante era una aceptación. Aunque él no podía decir que genuinamente le agradó alguien de inmediato, ellos fueron lo suficientemente amigables. Jasper comenzó a relajarse.

Todos estaban bebiendo, pero eso no molestaba realmente a Jasper. Ellos intentaron convencerlo de que bebiera, pero se aburrieron de eso pronto. Fue solo cuando Jasper comenzó a patearles el trasero y poner nombres en póker que las cosas se volvieron un poco más tensas.

—Es una trampa —dijo Felix. Él vertió una cantidad generosa de whisky en un vaso y se lo tendió a Jasper—. Vamos, hombre resistente. Tienes que seguirnos o tienes la ventaja, ¿o no?

Jasper bajó sus cartas y empujó sus fichas —ni siquiera estaban jugando por algo— hacia el centro.

—¿Dónde está el baño? —preguntó, con una sonrisa serena.

Se escapó y se tomó su tiempo en el baño. Cuando regresó, dio un giro equivocado y terminó en una parte de la casa que no había visto antes—no era difícil considerando que no le habían dado un tour. Pero lo que vio lo hizo detener en seco.

Jane Scarpinato estaba sentada con una amiga que Jasper vagamente recordaba haber sido presentada como Heidi. Jane estaba inclinada sobre la mesa frente a ella, inhalando una línea de lo que tenía que ser coca, pero Heidi...

Heidi tenía heroína.

Jasper se dio cuenta que no podía mover los pies. Tenía la mirada fijada. Él había entrado justo cuando Heidi presionó la aguja en su vena. El recuerdo visceral que lo invadió se apoderó de él y su mente. Vio el momento exacto en que la adrenalina entró en Heidi, y él la sintió con ella. Recordaba perfectamente la manera en que hacía efecto, como una bomba estallando en el centro de su pecho, pero en vez de expandir fuego y destrucción, esparcía calor y una sensación de tranquilidad. Era un tipo de fuego selectivo que aniquilaba solo las cosas que no querías en primer lugar: estrés, preocupación, tristeza. Todo se esfumaba, dejando solo paz a su paso. Ese era el problema con la heroína. Era como Jasper creyó que se debía sentir la normalidad.

Su boca se secó con necesidad. No había ni un pensamiento racional en su cuerpo, solo un conocimiento de lo que sentía versus lo que debería estar sintiendo. La desesperación se asomaba por su columna, y él dio un paso hacia adelante. Recordó al último segundo que no debería, aunque no podía, en ese momento, recordar por qué. Fue suficiente para detenerlo en su lugar de nuevo, pero ese era el límite de su fuerza de voluntad. Él no podía huir. No podía voltear. No podía apartar la mirada de la hermosa vista frente a él.

—Oh, fuimos atrapadas. —Jane se limpió la nariz y rio, un sonido ansioso—. Comenzamos la fiesta un poco temprano, pero el póker es tan aburrido. Deberías unirte a nosotras. Sabes que tenemos de lo bueno.

Los ojos de Jasper se movieron hacia Jane, y ella dio unas palmadas al sofá a su lado. Él tragó una, dos veces. Su boca estaba demasiado seca como para hablar. Su mirada regresó al costado de la mesa de Heidi.

—Oh. ¿Quieres esto, o no? —preguntó Heidi.

Ella tenía todo lo que él necesitaba, todo el equipamiento. Todo estaba preparado. No costaría nada. Ella preparó una dosis y sostuvo la aguja en dirección a él, quitándole incluso ese obstáculo.

—Vamos. Está bien. Sabemos compartir. —Su voz era baja y seductora, pero eso difícilmente importaba. Jasper no necesitaba un incentivo extra. Se lamió los labios, y Heidi sonrió—. Ven a sentarte conmigo —dijo.

—Oye, Jasper. ¿Adónde fuiste?

El sonido de la voz de Laurent fue como un puñetazo en el estómago de Jasper. Él jadeó y tuvo que estirar un brazo para apoyarse contra la pared y recuperar el equilibrio. Se sentía mareado por la fuerza de su racionalidad que está regresando. Cuando Laurent giró la esquina y entró al cuarto, tomó a su amigo del brazo.

—Necesitamos salir de aquí —dijo entre dientes—. Ahora mismo.

—No te vayas —dijo Heidi.

—Vuelve. Laurent puede dar fe de nosotras. Él ha probado nuestras cosas antes —dijo Jane.

Jasper levantó la cabeza, sus ojos abiertos completamente mientras miraba a su amigo.

—¿Qué?

Laurent lucía avergonzado, pero echó un vistazo rápido de Jasper a la mesa, su vergüenza rápidamente reemplazada por un hambre que Jasper conocía demasiado bien.

—Es solo una dosis, después de todo.

—¿Lo has hecho antes? —preguntó Jasper, la incredulidad ganando en su torbellino de emociones.

—Una dosis de vez en cuando no hace daño. —Sus ojos estaban nublados. Dio un paso dentro del cuarto, y Jasper lo retuvo.

—Kate —dijo Jasper. Él estaba teniendo problemas para formar palabras. A pesar que él estaba mirando a su amigo, podía sentir la presencia de la droga que él tanto deseaba—. ¿Acaso...? No puedes.

—Claro que puede. —Felix apareció detrás de ellos. Rodeó los hombros de Jasper con su brazo, interponiéndose entre ellos—. Kate no tiene que saberlo. Lo que pasa en Casa Scarpinato se queda en Casa Scarpinato. —Rio—. No te preocupes tanto, Jasper. Ven a relajarte. Quítate el estrés. Has sido un buen chico, y te mereces un respiro. No es gran cosa.

No es gran cosa. Sería tan fácil creer las palabras. Solo una jeringa. Una. No podía doler. Jasper permitió que Felix lo acercara.

Entonces, inhaló con un jadeo y se zafó por debajo del brazo de Felix.

—Tengo que irme. Laurent. Tenemos que irnos. ¿Podemos irnos?

Laurent miró de un lado a otro, pero Felix ya lo había jalado entre él y Jane en el sofá. Se encogió de hombros en disculpa para Jasper.

—En serio no es gran cosa. A veces, hago trampa.

Jasper vaciló. Él sabía que tenía que salir de allí. Rápidamente. Antes que la voz racional fuera ahogada por la necesidad. Dios, estaba justo allí. Pero él no podía creer que Laurent no estuviera luchando contra esto como él lo hacía. No podía creer que el otro hombre incluso estuviera remangándose la camisa.

Él quería salvar a su amigo de lo que estaba a punto de hacer, pero su fuerza de voluntad ya estaba agotándose. Era ahora o nunca. Tenía que huir o iba a sucumbir.

—Vamos, Jasper. Todo va a estar bien —dijo Laurent.

Jasper quería creerle desesperadamente. Él nunca había deseado tanto algo en su vida. Solo una cosa.

Pero un nombre, solo un nombre, hacía eco en sus pensamientos justo entonces.

Kaylee.

Kaylee. Mamá. Papá. Edward. Emmett. Bella.

Él se dio la vuelta, tratando de encontrar la fuerza para seguir adelante, tratando de recordar cómo caminar, cómo correr.

Alice.

Él rozó al hermano de Jane, Alec, tan fuerte, que casi lanzó al hombre al suelo.

—¿Qué diablos? —Alec tomó el brazo de Jasper y lo sacudió—. ¿Cuál demonios es tu problema?

Kaylee.

Jasper luchó para zafarse del agarre de Alec, y salió corriendo. Escuchó a Laurent y una de las chicas llamándolo, pero se concentró en la imagen mental de su hija en su mente y siguió corriendo.

Pero a pesar que seguía avanzando, algo dentro de él se retorcía. Alejarse de su dosis, de su deseo más profundo simplemente se sentía mal. Pensó en su vida, sus logros, por tan pequeños que fueran. Pensó en la pizca de confianza que su madre le había mostrado cuando salió de la casa. Pensó en Alice, y el sueño lejano que tenía de que algún día, él realmente pudiera ser capaz de ser el compañero de alguien. Pensó en su bebé, en su hija, todo lo que había perdido en ella y todo lo que perdería si regresaba.

Aún quería hacerlo.

Una vez atravesadas las verjas, en la acera, Jasper se detuvo. Se apoyó sobre sus rodillas, jadeando en busca de aire, aturdido, aterrado y asqueado de saber que toda la agitación que sentía podría desaparecer en segundos si tan solo regresaba ahora. Buscó su teléfono en su bolsillo. Necesitaba estar lejos de aquí. Muy lejos. Sus manos temblaban mientras intentaba encontrar el número correcto.

—Por favor. Por favor. Por favor —masculló bajo su aliento, encontrando la voluntad para dar unos pasos más—. Por favor, atiende.

—¿Hola?

Jasper quedó sin aliento ante el sonido de esa voz. Accidentalmente había llamado a la última persona que quería llamar ahora mismo, la persona que no lo entendería.

—Mierda.

—¿Jasper? —preguntó Edward, su tono era firme.

—Yo, eh... Mierda. Quise llamar a Emmett —dijo Jasper. Él no tenía ningún tipo de filtro ahora mismo—. Pensé que llamé a Emmett. Lo siento. Mierda.

—¿Qué está pasando?

Jasper cerró los ojos, la desesperación se asomaba por todos lados. ¿Por qué sus hermanos tenían nombres con E? ¿Por qué Edward? Si él tenía que marcar por error, ¿por qué tuvo que ser Edward? Edward, que lentamente, muy lentamente, comenzaba a tratarlo como un ser humano de nuevo.

Pero él no confiaba en sí mismo para intentarlo de nuevo si colgaba ahora. Era Edward o iba a regresar a esa casa.

—Te necesito... —Tragó fuerte—. Necesito que vengas a buscarme. Ahora mismo. Por favor. Mira hay drogas en esa casa, y las quiero. Quiero consumirlas. Voy a consumirlas si no vienes a buscarme. Por favor. Por favor, ayúdame.

El silencio que siguió fue casi demasiado largo, pero entonces Edward habló. Su tono era brusco, pero no dijo nada excepto «¿Dónde estás?».

Las palabras trajeron suficiente alivio que Jasper tuvo la claridad mental de darle la vaga ubicación del centro comercial por el que habían pasado justo antes de entrar a los vecindarios elegantes. Comenzó a moverse de nuevo. Teniendo un destino en mente ayudaba.

—De acuerdo —dijo Edward—. Puedo buscarlo en el mapa. —Pausó—. Necesito el teléfono...

—Llamaré a Alice —soltó Jasper—. Por favor, apresúrate.

Él colgó e hizo lo que prometió. Cuando Alice contestó, balbuceó una aproximación de lo que había sucedido.

—Dios, lo siento. Ally, lo siento mucho.

—Shh. Está bien. Estás bien.

—Fue estúpido. Debería haberlo sabido. Simplemente sucedió tan rápido, y entonces estaba allí. Lo siento.

—No hiciste nada malo. Hiciste todo bien. Te fuiste, Jasper. Estoy tan orgullosa de ti.

—No debería haber estado allí en primer lugar. —El pánico lo puso nervioso, casi rozando la incoherencia—. Solo estaban bebiendo al principio, pero estaban presionando, ¿sabes? Debería haberlo sabido. Juro que no sabía, Ally. Debería haberlo hecho, pero no lo hice.

—No podrías haberlo sabido. Está bien. Estás bien.

Finalmente llegando a su destino, Jasper miró alrededor del estacionamiento.

—Edward está aquí.

—Bien. Eso es bueno. Deja que te lleve a casa.

Jasper respiró temblorosamente, y maldijo en voz baja.

—Él no lo va a entender.

Alice suspiró.

—Hiciste lo correcto, Jasper. No dejes que él te diga lo contrario. Deja que sea un imbécil al respecto si va a serlo. Mientras que salgas de allí. Pero recuerda que no hiciste nada malo. Nada en absoluto, y estoy orgullosa de ti —repitió.

—Gracias.

—Llámame después de que llegues a casa, ¿sí?

—Sí.

Ni bien se encontraba en el coche de su hermano, Jasper se dejó caer hacia delante, colocando su cabeza entre sus rodillas. El deseo no lo había abandonado. Lo hacía sentir mareado. Su corazón estaba latiendo demasiado rápido, pero la fuerte tensión en sus pulmones se había aliviado ligeramente. Jadeó, tratando de respirar profundo y fracasando.

—Cielos. Eres un desastre. —Como Jasper había esperado, Edward no sonaba contento—. ¿Consumiste algo?

—No —dijo Jasper entre jadeos—. No lo hice.

—Pero querías.

—Mira, sé que estás furioso, pero...

—Por supuesto que estoy furioso. ¿Tuve que dejar a mi esposa embarazada en casa sola para conducir al otro extremo de la ciudad y recogerte porque necesitabas una dosis?

—Eso no es lo que sucedió.

—Sí, claro. Dijiste que querías hacerlo. Después de todo, querías hacerlo.

—Sí. —Jasper se enderezó y los sorprendió a los dos al darle un puñetazo al salpicadero. El dolor en sus nudillos fue un alivio bien recibido para todo lo demás que estaba sintiendo—. Sí. Quería hacerlo. Realmente quería. Por unos minutos allí, nada, nada importaba más que la maldita jeringa que me estaban ofreciendo. Nada importaba. ¿Sabes por qué? Porque soy un puto adicto. Soy un puto... —No podía hablar más. Su garganta se cerró. Él simplemente llevó su puño hacia el salpicadero de Edward de nuevo.

—Está bien. Está bien. Jasper. Détente. Lo siento. Solo para, ¿de acuerdo? Vas a romperte la mano.

Jasper jadeaba en busca de aire, dándose cuenta que sus ojos ardían con las lágrimas que no quería derramar. En cambio, gruñó y enterró su cabeza entre sus rodillas de nuevo.

—No fui allí buscando drogas. No fue mi idea.

—De acuerdo. Te creo —dijo Edward, y su voz, increíblemente, era gentil—. No importa. Lo siento. No debería haberte gritado. Me asustaste, pero estoy contento de que estés a salvo. Estoy contento de que me hayas llamado. Solo... respira. Vas a hiperventilar.

Cuando llegaron a casa, la sensación de pánico había disminuido. Jasper podía pensar de nuevo, pero el lado negativo de eso era que nada lo protegía de la ola de emociones que lo invadía. Él sabía lo cerca que había estado de perder todo, y sabía sin duda que no estaba exagerando. Le hubiera tomado segundos, segundos, deshacer el trabajo de dos años. Hubiera sido tan fácil.

Y aún así, él quería hacerlo.

Estaba asqueado consigo mismo y cansado. Tan cansado. Estaba cansado de luchar. No debería haber sido tan difícil apenas sobrevivir. No debería haber sido tan difícil respirar. No quería enfrentar los rostros decepcionados de sus padres.

—Vamos —dijo Edward, sorprendiéndolo de nuevo cuando rodeó la cintura de Jasper con su brazo y lo ayudó a mantenerse de pie mientras caminaban hacia la puerta. Jasper ni siquiera había notado que estaba temblando tanto que difícilmente podía caminar.

—Mamá. Papá —llamó Edward, y Jasper gimió. No sabía si podía enfrentar a sus padres justo en ese momento.

Antes de darse cuenta que ellos estaban allí, y por segunda vez esa noche, estaba mascullando disculpas mientras les contaba lo que había sucedido.

Él esperaba que ellos dijeran sus «Te lo dije» sobre Laurent. Esperó que ellos le dijeran que era demasiado estúpido. O débil. Era débil porque casi se había rendido. Había estado tan cerca.

Ellos no dijeron nada de eso. Esme y Carlisle lo llevaron hacia el sofá para sentarlo entre ellos. Lo abrazaron y lo mecieron mientras él finalmente se tranquilizaba. Acariciaron su cabello y su espalda. Esme masculló palabras sin sentido que no tenían intención de ser condescendientes. Simplemente eran las palabras que una madre decía para calmar a su hijo.

—Buen chico. Eres un buen chico, Jasper.

—Te amamos —dijo Carlisle—. Estamos aquí.

~S~

Alrededor de una hora después, cuando Jasper se encontraba solo de nuevo en su cuarto, llamó a Alice. La agitación que había sentido había desaparecido de alguna manera, dejando atrás un lugar desolado y vacío en el centro de su pecho. Las palabras de amor y apoyo de sus padres daban vueltas a su alrededor, pero estas no se asimilaban.

—Simplemente estoy perdido, Ally —le dijo cuando ella le pidió que intentara precisar lo que estaba sintiendo—. He estado intentándolo tan duro. Tan jodidamente duro, y esta noche, nada de eso importó. Si Laurent no hubiera entrado al cuarto cuando lo hizo, lo hubiera hecho. Justo allí lo hubiera hecho. E incluso después de eso... Apenas logré salir de ese cuarto. Estaba tan cerca.

—Pero lograste salir. Lo hiciste. Huiste.

—No debería haber sido tan duro. Dos años. Dos malditos años, y aún sigo allí. De vuelta dónde comencé. ¿No debería ser más fuerte que eso?

—Eres mucho más fuerte de lo que piensas —dijo Alice—. Volverse más fuerte no se trata de no tambalearse. Así no es como funciona. No caminas en círculos.

»—Estás haciendo progreso en un espiral. Sí regresas a dónde comenzaste, ya que la rehabilitación y sanar toman tiempo, pero cada vez que vuelves a ese punto te encuentras más arriba porque tienes más experiencia, más conocimiento, y más fuerza.

»—Estás progresando.

Jasper cerró los ojos. Se dejó caer en la cama, envolviendo las mantas firmemente a su alrededor.

—Quiero creerte. En serio.

—Solo duerme ahora, cielo. Ve a dormir. Hablaremos mañana, y estaré allí en una semana, ¿de acuerdo?

Una pequeña sonrisa se asomó en los labios de Jasper.

—Sí, cariño. Está bien.

—Te amo, Jasper Whitlock.

Su corazón aleteó. No comprendía por qué. No comprendía cómo ella podía decirlo, pero en ese momento, decidió que no importaba. Se sentía bien escuchar esas palabras, incluso si también lastimaban.

—Te amo, Alice.