Ingresaron al edificio tomados de la mano, ignorando totalmente a quienes los observaban, entre ellos, Kikyou, quién se encontraba camino a su salón cuando los vio atravesar la puerta
Estaban en el interior de una cueva, ella se veía bastante débil, sin embargo, Kagome se mostraba predispuesta a ayudarla
- Deberías irte... Inuyasha debe estar buscandote - dijo, obsevándola
- Comprendo - cerró los ojos, bajando la cabeza ante aquella secuencia - La historia se repite
Se detuvo en la puerta, esperando a la profesora de su siguiente clase
- Buenas tardes, señora Kaede
- Buenas tardes Kikyou - sonrió tiernamente
- Me preguntaba si... ¿podría hablar con usted luego de la clase?
- ¿Sucede algo?
- No... no se preocupe, sólo... quiero hablar con usted
- De acuerdo
Ambas ingresaron al salón
Hermana... ¿es que acaso estas lista para recuperar tus recuerdos?
Pensaba, al mismo tiempo en que dejaba sus cosa sobre el escritorio
A unos metros de ellos, Inuyasha y Kagome se detuvieron al frente de su salon
- O...oye Kagome
- ¿Qué ocurre? - volteo
Él miró sus manos aún entrelazadas
- Ay - lo soltó, sonrojada - Lo... lo siento
- ¿Por qué te disculpas?
- ¿He? ¿No te molesta que tome tu mano?
- Vaya que eres tonta - suspiró - ¿Por qué debería de molestarme?
- ¿Qué hacen aquí afuera jovencitos? - dijo Totosai - Ya deberian estar adentro
Totosai
La morena se quedó mirando al profesor, recordando toda la secuencia de la noche anterior
- ¿Ocurre algo Kagome? - preguntó el pelinegro, al pecatarse de la situación
Al mismo tiempo, Totosai meneo su cabeza, en señal de que no debía revelar lo ocurrido
- No... no es nada, vamos - ingresó, seguida por su compañero
- Ésta niña no es de fiar - murmuró el anciano - Espero que el señor no se haya equivocado al esconder las espadas en el árbol sagrado
Suspiró, ingresando al salón
- Veo que ya arreglaron sus diferencias - dijo Miroku
Ninguno de los dos respondió, sin embargo, la mirada de Kagome tenía un brillo especial
- Sango - le susurró - ¿Estas pensando lo mismo que yo?
- Creo que si - respondió, sonriendo miéntras observaba a su amiga
Estaba sentado en el sillon de su living cuando el golpe de la puerta principal hizo que se pusiera de pie, caminando hacía ella
- Buen día amo - sonrió el anciano al ver el rostro del demonio
- Anciano Myoga - le devolvió la sonrisa - Pasa - se movió, dándole permiso de ingresar
- Recibí la llamada de Izayoi y vine de inmediato mi señor
- Y te agradezco por eso Myoga - cerró la puerta
Caminó hacía el sillón nuevamente, sin embargo, se mantuvo de pie
- ¿Ocurre algo?
- Necesitos que te acerques a Sesshomaru - dijo, seriamente
- ¿Qué? - se sorprendió - Pero... amo, dudo que Sesshomaru acepte mi compañía
- Pues tendrá que aceptarlo - frunció el ceño - Tengo el presetimiento de que está escondiendo algo
- ¿Por qué lo dice?
- Lo veo muy interesado en volver a utilizar a colmillo explosivo... y tiene que haber una razón para ello
- Tal vez el amo Sesshomaru sólo quiere proteger a esa jóvencita
- No necesita ninguna espada para eso... Myoga ¿tú sabes algo?
- No señor - puso su mano en su barbilla - Tal vez algo le ocurrió en su paso por el infierno
- ¿Tu crees?
Estaba cenando con su familia cuando de repente, se percató de aquel olor tan familiar
¡No puede ser!
Pensó, al mismo tiempo en que se ponía de pie
- ¿Ocurre algo, cariño? - preguntó Izayoi
El demonio pasó la mirada por su esposa e hijo, quienes lo miraban con un dejo de confusión en sus ojos
- No te preocupes - sonrió - Ya terminé... iré a caminar un poco
La mujer asintió, de alguna manera, comprendiendo que realmente algo importante estaba pasando y requería toda la atención de su esposo
- Ve con cuidado
- Lo haré
Tomó su abrigo, el cual no necesitaba para nada, sin embargo, no quería llamar la atención de aquellos que aún transitaban la calle en medio del frio del invierno. Salió de su casa y se dirigió en dirección del metro de la ciudad. Descendió las escaleras y se paró delante de las vías, observando la nada miéntras su largo pelo platinado, atado en una elevada cola de caballo, ondeaba al ritmo de la suave brisa nocturna
- No es necesario que te escondas - pronunció - Pude percibir tu olor al momento en que llegaste aquí y... - hizo una pasua, cerrando sus ojos y sonriendo - Estoy seguro de que sabías que venía a verte
- ¿Qué es lo que quieres, padre? - emergió de una de las columnas
El demonio giró su cabeza, sin dejar de sonreir
- Bienvenido Sesshomaru... jamás pensé verte en una época como esta
- Puede que tengas razón Myoga - hizo una pausa - Sin embargo, si algo esta sucediendo, necesito saberlo de inmediato... Inuyasha aún no recupera sus recuerdos, por lo que todavía no puede usar a colmillo de acero
- Comprendo - respondió - En caso de un ataque, el amo Inuyasha estaría completamente indefenso
- Así es... anciano Myoga, tu deber es averiguar que está pasando con mi hijo
- De acuerdo amo... sólo espero que Sesshomaru no me despelleje vivo jeje
- Y una cosa más... - lo miró - Tendrás que hacerlo con tu verdadera forma...
- ¿Se refiere a...? - Inu no Taisho asintió
- De lo contrario... te matará
- De... de acuerdo
Unió sus manos, envolviendose en una especie de nube. Segundos después, saltó al hombro del demonio
- Por fin - se pegó a su mejilla - Que delicia volver a probarlo amo
La mano del peliplata lo aplastó contra su rostro
- Ni siquiera intentes eso con Sesshomaru - suspiró - Él no es como yo
- Y que me lo diga - respondió, tratando de estabilizar su visión
Caminaba a su casa, con el rostro de aquel jóven aún en su retina
- Señor Sesshomaru - sonrió, con sus mejillas un poco sonrojadas
En ese momento, se topó con una señora, quién llevaba una bebe en un carrito
- Lo siento... - dijo la mujer al ver que el tamaño del carrito le impedia el paso a la jóven
- No se preocupe - respondió sonriendo - Es... una bebé muy hermosa - se asomó, observando a la bebé, quién sonreía ante su presencia - ¿Cuál es su nombre?
- Muchas gracias - sonrió la señora - Su nombre es Towa
Towa
Abrió sus ojos ante la mención de aquel peculiar nombre
- Te felicito Rin... hiciste un buen trabajo - dijo la anciana Kaede, al mismo tiempo en que dejaba las canastas a un costado
- Muchas gracias señora Kaede - respondió, acostada, miéntras que, a su lado, se ubicaban dos bebés
- ¿Ya escogiste sus nombres?
- Si - sonrió - Towa y Setsuna
- Sesshomaru estará muy orgulloso...
- ¿Se encuentra bien? - preguntó, preocupada - Se ve pálida...
- ¿He? - regresó a la realidad - N...no... no es nada - sonrió - Es un hermoso nombre
Asintió, dejándo pasar a la mujer y reauno su caminata
¿Qué fue eso? Esas niñas... ¿eran mis hijas?... Esa mujer... nombró al señor Sesshomaru... ¿él y yo...?
- No - murmuró - Yo... jamás en mi vida había visto a ese hombre, sin embargo...
Es como si lo conociera
Ingresó a su casa, al mismo tiempo en que anunciaba su llegada
Con que... recordaste a nuestras hijas
Pensó el demonio, quién nunca había dejado de seguirla, aún despues de haberse marchado antes que ella del parque
- Rin sigue exacatamente igual ¿no le parece?
Miró sobre su hombro, percatandose de la presencia de la pulga
Estaba tan distraido vigilando a esa jóvencita que ni siquiera se ocupó de percibir mi olor
- Mi padre te envió ¿no es así, Myoga? - preguntó, redirigiendo su vista a la casa de Rin
- Así es señor Sesshomaru... su padre está muy preocupado
- Ja... está muy equivocado si piensa que voy a decirte algo a ti
- Tal vez nuestra relación no sea la mejor señor...
Y todo por su culpa
- ... pero le aseguro que puede confiar plenamente en mi
En ese momento, el demonio lo golpeó, lanzandolo lejos
- No me molestes - giró y comenzó a caminar
- ¡Espere señor Sesshomaru! - saltaba detrás de él - El gran señor realmente necesita estar al tanto de la situación... él es el único que podría encargarse si algo sucede
No puedo decir nada... porque ni siquiera estoy seguro de lo que ocurre
Pensó sin decir una palabra ni cambiar su expresión. En ese momento, un llamado hizo que frenara su andar
- ¡AMO SESSHOMARU!
Las clases finalizaron, por lo que, todos los estudiantes estaban saliendo del establecimiento
- Oye Miroku - se acercó al castaño
- Señorita Kagome -sonrió
- Al final no pudimos hablar de aquello que quería decirme
- ¿Segura que se siente bien para hablar sobre esto?
- Si... estoy tranquila
- ¿De que hablan ustedes dos? - se les unió el pelinegro
- Inuyasha - miró a su amigo - Sólo estaba por comentarle a la señorita Kagome un sueño extraño que tuve
- ¿Un sueño?
- Chicos - la castaña se sumó a la conversación - ¿Qué van a hacer ahora?
- Yo debo ir a mi casa, tengo que ayudar más a mamá
- ¿Puedo acompañarte a tu casa? - dijo, para sopresa de ella
- ¿De verdad? - él asintió - Si... de acuerdo - sonrió
- Sango... ¿qué te parece si yo te acompaño a ti?
- No es necesario...
- Oh jajaja sólo así me aseguraré de que nada te pase - la abrazó
- Quíteme ese brazo de encima
- Claro claro
- Jóven Miroku - intervino Kagome - ¿De que trataba ese sueño?
- Pues... es algo que aún me ha costado descifrar - dijo, poniendose la mano en su barbilla - Pero estabamos en el bosque...
- ¿Estabamos?
- Así es Inuyasha, tú, la señorita Kagome, la profesora Kaede y yo, además, había un niño de un aspecto un poco extraño
¿Será el mismo niño que he visto?
Pensaron, al mismo tiempo
- ¿La profesora de historia? - preguntó Sango
- Si... parecía que habiamos estado en medio de un combate... Inuyasha estaba herido y tenía esa apariencia que nos habías comentado...
¿Es que acaso me la pasaba herido en aquella época?
Pensó, refunfuñando
- Sin embargo, en un momento, nos acercamos a lo que parecía ser una persona...
- ¿Cómo era? - dijo la castaña
- Estaba cubierto con una extensa piel de mandril... parecía que estaba tratando de ocultar su identidad... nosotros lo llamabamos, Naraku
- ¿Qué? - dijeron al unísono el pelinegro y la morena - ¿Es... estas seguro Miroku?
- ¿Por qué tienes esa expresión Inuyasha? ¿Acaso tu lo viste en aquellas visiones?
- Bueno... no exactamente, pero... si mencionabamos su nombre en mis sueños
- Yo también oí de él - acotó Kagome - Al parecer, en quella vida, estabamos en guerra con.. él
- ¿Tu crees Kagome?
- Bueno... estoy bastante segura Sango
- Pues, yo no he tenido nada de eso aún... es extraño, ¿no les parece?
- Alguna razón tiene que haber - dijo Miroku
Llegaron a la esquina en donde sus caminos se separaban
- Mañana seguiremos con la platica - sonrió el castaño - Que tengan una linda tarde
- ¿Y usted a dónde cree que va? - lo miró seria
- Ya te dije que te acompañaria a tu casa querida Sango - comenzaron a caminar
- Y yo le dije que no es necesario - replicaba
- ¿Qué le ocurre a esos dos? - los miraba confundido
- ¿De verdad no te das cuenta, Inuyasha? - él meneo la cabeza - Eres un tonto - comenzó a caminar, sonriendo
- ¡¿Qué dijiste?! - la siguió
