Capítulo 10. Sólo los tontos no pueden ser engañados.
La pandilla de enmascarados tuvo un excelente avance a partir de esta noche. Pudieron localizar incluso partes humanas descarnizadas de algunos de los cadáveres. A este punto, realmente parecían tener razón.
No había ninguna otra huella sobre alguien que estuviera guiándolos o siguiéndolos, y por lo que escuche, había un sello incompleto de transmutación humana cercana al cementerio. Eso podría explicar porque los cuerpos se levantaron. Sin embargo, ¿a dónde se dirigían?
Descubrieron varios acuíferos recién utilizados, pasos llenos de lodo y fango eran visibles y explicaban como habían caminado de río abajo hasta arriba.
El problema es que cuando involucras cerca de cien cuerpos a perseguir desde dos noches anteriores en territorio con constante humectación, cualquier rastro puede perderse en cuestión de minutos.
Desayunando un muy esponjosito arroz con surimi, note que Hayabusa-san, alias cabeza de pato, discriminar las patatas dulces de su plato:
- Comételas – le ordene pausando un poco para dejar de masticar observándolo seriamente.
- Es muy temprano, incluso para ti, cualquier discusión irrelevante que desees iniciar – me contesto sin dejar de discriminar a los endulzados tubérculos.
- Comételas – seguí ordenándole.
- No puedes decir que comer y que no.
- Por supuesto que puedo y agradece que lo hago.
- Bien, te agradezco la oferta de comportarte como mi mamá gallina, pero para fortuna tanto tuya como mía, no lo eres.
- Te lo digo más por tu bien que por el mío.
- Dime, ¿cómo siquiera eso es posible cuando aparentemente pareces hacer lo contrario a eso? y aún más increíble, ¿porque querrías hacer eso?
- Si no gustas que te trate como a un mocoso descuidado, no actúes como uno.
- Para tu información, soy un excelente ejemplo de disciplina, años de esfuerzo amparan esa afirmación.
- Entonces señor disciplina, comete las patatas. – Finalice mi orden mordiendo mi último pedazo de pollo.
- Vuelvo a preguntar, ¿a ti qué te importa? – me respondió molesto, pero tratando de contenerse, si el puño de su mano izquierda sobre la encimera del desayunador era un indicador.
- Tus uñas – señalando, espero que lo capté.
- … ¿mis uñas? – no, no lo captó.
- Sip.
Los otros dos shinobis estaban observando la interacción cual partido de ping pong.
Tranquilos, este set será empate. Al menos, yo así lo veré, independientemente del resultado.
- ¿Qué tienen mis uñas?
Me reclino sobre el desayunador tomando mi taza de té. Lentamente un trago, delicioso. Permito que se deslice suavemente la tersura del oolong baje por mi garganta antes de responder.
- Me cuentan todo sobre ti.
- Por supuesto, y dime pequeña niña campestre, ¿te cuentan algo fascinante sobre mí?
Me encojo de hombros.
- Fascinante no, para mí no. Preocupante, pudiera ser.
Me aseguro de tener su atención cuando las señalo con mis palillos:
- De la mitad hacia la raíz tienen un tono amarillento, lo cual me indica problemas del riñón o del hígado, incluso el páncreas, pero la tersura de tu piel, me indica que estás en buena forma para ser diabetes. Podría ser el hígado; sin embargo, no estas hinchado en piernas ni en tobillos adicional a la ausencia evidente de ictericia. En este caso, me inclino por tus riñones. De ser así, explicaría porque te ves tan pálido cuando pasas periodos semi alargados sin alimento. La anemia suele ser una complicación cuando el único vegetal que consumes es el tomate, y no en cantidades controladas, dejando de lado a legumbres y tubérculos que pueden contrarrestar la ingesta con vitamina A – para este punto ya tenía mi cabeza siendo soportada por los dedos de mi mano derecha sobre la mesa.
Un dejo de terciopelo misterioso se filtraba en mi voz mientras terminaba de explicar.
- Generalmente no habría mucho problema, sin embargo, tengo la ligera sospecha de que tus riñones han sido lesionados con anterioridad, lo que dificulta la filtración correcta de la sangre. La limpieza de toxinas empeora la posible gastritis que, muy seguramente, sientes antes de dormir.
Su silencio me confirma, que, en efecto, ha estado teniendo reflujo nocturno.
- Sin embargo, hay una buena noticia: eres un macho joven. Tus células están en su periodo más fértil de tu existencia por lo que estas a tiempo de corregir cualquier problema renal.
Último trago a mi taza.
- Así que dime tú, gorrionsito, ¿te pareció fascinante lo que tus uñas le dijeron a esta pequeña niña campestre? – no sonreí, no totalmente cuando mi voz aterciopelada burlona le preguntaba al halcón.
Me miro por un tiempo muy largo. Demasiado largo, entonces bajo la mirada y como si nada hubiera ocurrido, el ninja continuó comiendo.
Sus compañeros simplemente parecían aburridos, pero diminutas señales los exponían.
Hombros inclinados ligeramente a nuestro espacio, cabeza inclinada colocando el oído más cercano a la conversación, barbilla baja, mandíbulas flojas.
Sólo fue el leve apretón en la mano izquierda de Karasu-san lo que me llamo la atención. Como cuando te frustras por algo que no puedes controlar. ¿Frustración por la falta de salud del pequeño del grupo? Entonces, ¿hermanos? Entre los tres, el olor corporal era muy similar, sin embargo, el cuervo y el halcón parecían muy allegados. Teníamos un trío familiar aparentemente.
Ohhh, la pandilla de los ojos rojos, les queda el mote.
Me levante del desayunador para comenzar con mi rutina mañanera. Fui por mi delantal y productos de limpieza.
Preparándome para lavar los platos, no me sorprendió nada cuando los platos colocados en el pilón estuvieran vacíos. Totalmente.
- Sabes que no te juzgaremos por tus hábitos alimenticios menos que saludables Hayabusa-chan – Shisui estaba pidiendo un enorme pellizco mientras seguía recordándole el sermón maquillado de la mujer veneno.
- Veremos más tarde que encuentra en ti para llamarte la atención – trato de responder Sasuke sabiendo que ya era una guerra perdida.
- Pero por favor, todos aquí sabemos que le agrado, disfrutamos nuestras mutuas interacciones.
- Por supuesto, debido a que dichas interacciones incluían la vergüenza del pequeño shōnen del trío.
Esos dos… Kami-sama los hace y ellos se juntan, pensaba el cabeza de pato.
Aunque fue una lección que espero que aprendas sinceramente y apliques de ahora en más como hoy mismo Hayabusa-san, requerimos continuar la investigación – comento Itachi con leve preocupación, apenas detectable, durante la primera parte de su oración, tornándose profesional cuando comento lo último.
- Hai taicho-san – ambos retomando el rol Shinobi
Continuaron conforme se habían quedado la noche anterior.
Se habían dado cuenta que si hubieran continuado sus investigaciones diurnas habrían tenido dificultad en encontrar los acuíferos. Realmente habían hecho un gran progreso ya que habían encontrado un posible camino donde el incremento de telas rotas y olor a putrefacción era evidente.
Pararon a descansar brevemente, tomando un refrigerio que les brindó – entiéndase como les arrojo – Sakura-san.
Este bosque no les recordaba nada a Konoha. Es decir, en efecto los árboles, riachuelos, animalitos peludos eran iguales a los de su aldea, entonces ¿por qué se sentían tan extraños? Algo en el aire se sentía misterioso.
La experiencia del día anterior lo confirmaba. Un lobo apreciando la ofrenda de una presa aún más grande, cual señor feudal, un sendero plagado de luciérnagas de tonalidad azul bebé haciéndolas parecer pequeñas hadas llevándolos a su propio destino. El lago donde podías trazar la superficie con un dedo y tornaba vida con colores neón.
Aunado a un sonido tenue en el viento. Un canto, decidieron. El aire no se sentía cargado, al contrario, era refrescante, aunque no tenía sentido cuando los árboles estaban inclinados a la vegetación perenne.
No es que no hubieran visto cosas grandiosas y fantásticas durante sus misiones. Por favor, su Hokage-sama podía invocar babosas gigantes.
Sin embargo, la visión continua de años, décadas - en el caso de Itachi y Shisui - de sangre y miembros separados de cuerpos lastimeros, ocasiona indiferencia gradualmente en la psique. Conforme veas la desgracia humana, menos ganas de seguir procurando la vida tendrá cualquier persona, en especial a aquellos que posteriormente verán la necesidad de lastimar a otros de una u otra manera.
Itachi había estado informando sobres sus avances cada noche en la privacidad de su – nueva – recámara.
La líder rubia había estado de acuerdo con la vigilancia permanente pero no intrusiva a su pequeña anfitriona. "Si resulta ser inocente, no gustamos de perdernos un buen médico" – había sido su respuesta por medio del pergamino de vuelto en el pico de Hōrai, su cuervo preferido.
Itachi suspiro. Hokage-sama y su frecuente necesidad por pedidos considerados prácticamente imposibles, era altamente conocida entre sus escuadrillas shinobi.
Hokage-sama había intentado recobrar el poderío medicinal que alguna vez gozó la Aldea Oculta entre las Hojas en el periodo de liderazgo de su abuelo: Hashirama Senju.
Sin embargo, con lo que no contaba hace seis años, cuando tomo el poder como Hokage, era toparse con que los avances médicos se habían quedado estancados principalmente por falta de presupuesto para el departamento de servicios de salud tanto shinobi como civil, y tal vez lo más importante de todo: falta de médicos.
"Muchos ciudadanos preferían salir y pelear una feroz batalla, pero no se vayan a ensuciar desinfectando agujas porque se queman las pestañas." Comentarios de esa índole podrías escuchar desde afuera de la oficina principal de la torre de gobernación.
A pesar de que tanto los salarios como la educación empezaron a mejorar para los doctores disponibles, aún hacía falta personal.
Cuando se termina una guerra, al parecer la gente parece pensar en recuperar a su familia creando a más, es por ello, que la población dentro de Konohagakure creció dramáticamente de diez mil a 18 mil en últimas fechas, conforme el departamento de impuestos gubernamental, considerando las fichas de nacimientos de los últimos veintidós años.
Cuando tienes esa población en una aldea, cien médicos en total no se dan abasto para atender a los enfermos, ya ni hablar de los ninjas. Personal capacitado dedicados en chakra medicinal era como el baúl de oro de un duende al final del arcoíris. Codiciado.
Por ello, cada vez que se detectaba a alguien dentro de la periferia de Konohagakure con gusto por la medicina, se les concedía una misiva enviada por la propia Hokage.
"Únete y pagaremos cualquier costo de tu existencia". Mencionaban palabras más, palabras menos, pero en esencia eso decía.
Por eso estaba seguro de que Sakura-san sería admitida inmediatamente por Hokage-sama, la parlanchina había evidenciado su conocimiento medicinal -al menos en teoría -, faltaría indagar un poco sobre la experiencia en práctica; sin embargo, todo eso lo veía completamente innecesario.
En primer lugar, la chica no poseía chakra útil y la Aldea tenía pleno uso sobre los ninjas con chakra medicinal por el momento, ella ya estaba mayor para aprender cualquier uso o exigencia sobre cómo utilizarlo o incluso detectarlo; en segundo lugar: a ella no le interesaría.
Estaba tan seguro de ello que pondría las manos al fuego por ello. Itachi había visto como ella estaba de arraigada a su hogar y su huerto. Si la demostración de la noche anterior no fue una muestra de cuanto ella amaba este lugar y sus recovecos, no sabía que lo haría.
Le daría la misiva por supuesto, pero dudaba mucho que aceptará la propuesta de Hokage-sama, especialmente si la chica ya se había quedado con primeras impresiones shinobi como las de Sasuke.
Sabía que su otouto no gustaba de ser grosero con nadie. Ni siquiera de dirigir la palabra. Las emociones en él se reflejarían con una mirada seca y uno que otro puño bien apretado en su mano. No más.
Sabía no quería ser grosero con ella, no realmente. Lo habían educado para mejor, pero incluso Itachi tenía problemas para no entretenerse con la forma altanera de ella. Parecía elegir cuidadosamente como te haría ver tus propios errores de la manera más entretenida para ella. Una vena sádica que él empezaba a disfrutar. Ni mencionar a Shisui. Parecía adorar cada palabra que salía de esa boca insolente.
Saliendo de esos pensamientos, Itachi le dio la oportunidad a Sasuke de liberarse del estrés un poco:
- ¿Cuál sería la mejor manera de proceder a partir de ahora? – Dirigiéndose a ambos, pero preguntando a su otouto.
Sasuke, teniendo su oportunidad para despejarse, medito unos segundos antes de deliberar:
- Dividirnos a partir del peñasco. Evidentemente, el sello de transmutación del cementerio no durará ni rendiría todo el camino hasta aquí por lo que debe de haber más en el camino real que se haya trazado para los cuerpos. Como el sello estaba incompleto calculo que debe de haber otros cuatro o cinco para poder llegar hasta aquí arriba. Debemos encontrar acuíferos que podrían haberse abierto posterior a la lluvia cerca del peñasco justo donde desapareció el rastro principal.
- Bien. Retomaremos a partir de ahí.
- Hai, taicho-san.
Entre el quincuagésimo y siguiente hachazo, Naruto sintió una intensa mirada sobre él.
Volteando ligeramente, sabiendo por quien el olor, su mirada goteante de sudor recibió a su visitante.
- ¿Encontraste lo que buscabas, shinobi-san?
Siguió clavando su hacha en el grueso tronco.
- Por desgracia, nos atoramos un poco, pero retomamos el camino.
Sasuke no sabía que pensar sobre que justo el sello que había estado siguiendo daba a este camino, donde aguardaba Naruto, el leñador.
No pensaba que este fuera el perpetrador de las desapariciones, pero tal como pensó ayer, podría estar mintiendo.
- El bosque es grande, pero es noble, dale tiempo.
Continuo en su labor.
- Acabaste muy pronto de desfogar el lago ayer, tienes bastante conocimiento en el bosque aparentemente.
- Verás, tengo experiencia con muchas cosas.
Dando un descanso, Naruto tomo su cilindro con agua, arrojándose un poco sobre la cabeza. Frescor inundo su cuello y hombros.
- Desde niño, trabaje en el campo y cortando leña, el bosque es mi hogar.
- ¿Es eso un decir o realmente vives en el bosque?
- Más al sur, esta mi casa, una cabaña destartalada, pero es mía.
Esto es nuevo. Los aldeanos no expresaron mayor actividad humana que no fuera la de Sakura-san y su perdida pareja.
- ¿No has visto algo extraño últimamente?
- ¿Ves el bosque a tu alrededor? Aquí muchas cosas son extrañas.
- ¿Cómo te las libras con los lobos?
- Simplemente no me meto en sus territorios, todos saben eso.
- …-
- Espera, ¿tú no sabías eso? – Una sonrisa enorme volvió a cruzar por la cara del rubio.
- Nadie espera ser atacado por una manada de lobos mutantes.
- Jajajaja oh cielos, ¿cómo escapaste?
- Con nula dificultad.
- Oh si, por supuesto, y yo soy un gusano de seda jajaja
- Mucha risa, pero pudiste advertirme ayer sobre eso.
- Pensé que Sakura-san te habría advertido con anterioridad.
- Como si no supieras el amor al sufrimiento ajeno al que se aferra esa mujer.
- Oh… así que te ha hecho llorar lágrimas de sangre a ti también, ¿eh?
- Los aldeanos mencionaron que ella tenía un compañero, sin embargo, ella reside sola actualmente, ¿conoces la ubicación actual de él? – Sasuke decidió preguntar para finalizar su confirmación de que este chico no era su pareja.
- ¿Compañero? – pregunto Naruto.
- Su amante, esposo, o perro con collar – respondió Sasuke aclarando la pregunta.
- No, no tengo idea de donde esta – Naruto se veía claramente confundido.
¿De dónde sacaron los shinobis que él era su pareja? En todo caso, el no mentía, él no era su amante y que supiera, nunca había habido alguno.
Sasuke activó el Sharingan tratando de captar los sutiles movimientos, los músculo de su rostro reaccionaban acorde a su afirmación. Confirmado: el rubio no mentía.
- ¡Oy! ¿Qué fue eso? – Naruto dejo de inclinarse para tomar su hacha.
Ojos rojos lo miraban desde debajo de la máscara con diseño de halcón. En el momento en que vio esos ojos en el ninja, sintió la irritación. El zorro dentro de él estaba despertando y tratando de agitarse en su interior.
Esto sólo había ocurrido en contadas ocasiones y cada una tan distinta a la anterior.
Uchiha, refunfuño Kurama. Tranquilízate, le pidió Naruto. Tan pronto como Bastet les había advertido tener cuidado si llegaban a ver estos ojos rojos, después de que Sakura-chan informará su última conversación, el zorro se había despertado – no es que durmiera realmente – y había estado refunfuñón los últimos dos días.
Déjame ir a por ellos, decía constantemente el kitsune. Será rápido, no lo sentirás, continuaba en su diatriba.
Bastet les conto, en un muy rápido murmullo, sin mayor aviso, que estos ojos podían ver el alma de una persona. Maldito neko y sus acertijos, Naruto seguía sin entender a que se refería, ¿por qué no puede hablar bien por una vez en la vida?
Tampoco el zorro demoníaco era muy informativo, simplemente seguía maldiciendo a un tal Uchiha y como quería descuartizarlo. Necedades de viejos, pensó el rubio sobre ambos: neko y kitsune.
- Nada importante – contestó el Uchiha una vez que Naruto pregunto.
- ¿Cómo nada? A mí me encantaría poder prender mis ojos como focos del color que quisiera.
Naruto, lejos de asustarse, realmente estaba emocionado.
Jamás en cualquier misión había visto esa mirada enrojecida, era como si pudiera hacerlo a voluntad, algo que le confirmo el mismo shinobi. Entonces habría posibilidad de que si preguntando, ¿pudiera hacerlo él mismo?
Inténtalo y te rebano en cachitos, le reclamo el kitsune.
- No son focos, no funciona así.
- Entonces ¿ves en la oscuridad?
- En ocasiones, si es que la luz lo permite, pero no como pareces cre…
- ¿Detectan el calor?
- No, eso es imposib…
- ¿Detectan el frío entonces?
- Creo no estas entendiend…
- ¿No te molesta la luz del sol?
- ¿Por qué debería molest…
- ¿Y chupas mucha sangre?
- … ¿Nani?
- Eres un ¿cómo se llama?... lo leí una vez en un libro de cuentos… mmm – Naruto se estrujaba el cerebro tratando de recordar – ¡Oh sí! Un vampiro, ¿no es así? Por eso la máscara, para no derretirte con la luz del sol.
Sasuke estaba estupefacto.
- ¿Cuántos años tienes?
- Dieciocho, pero ¿qué tiene que ver con que seas un vampiro?
- ¿Cómo puedes creer en un cuento para niños a tu edad?
- Oye, no tiene nada de malo que seas un vampiro, te apoyo… A menos que bebas sangre de bebés, eso es malo, amigo.
- ¿Es que todos en este pueblo son tontos?
- ¡Oy! ¿No eres un vampiro? – Naruto bajo los hombros decepcionado.
- No.
- … ¿Quién diría que eres un satori entonces?
- …-
- Los satori sí fueron reales, y no lo puedes negar, eres uno.
Sasuke de pronto sintió que todas aquellas veces en que lo llamaron genio, excelente estratega, de pensamiento rápido, todo fue en vano al tratar de entender - y hacer entender - a este hyakusho.
- Para ser un fortachón del campo realmente eres un completo dobe. – Sasuke se cruzó de brazos
Naruto se encendió como una caja de fósforos.
- ¿A quién llamas dobe, teme? – posicionándose enfrente del ninja, Naruto estaba refunfuñando.
- No ves a nadie más aquí ¿o sí? Dobe – Sasuke copió el lenguaje corporal de Naruto quien estaba a punto de ahorcar al shinobi.
- Te arrancaré esos ojos para que no sigas bebiendo sangre, teme – gruñendo esta última palabra, Naruto se acercaba lentamente a Sasuke, quien también se dirigía hacia el rubio.
- Como si pudieras siquiera acercarte a mí, dobe.
- Sólo déjame demostrarte lo equivocado estas, teme.
- Cuando quieras, dobe.
Ambos machos enfrentados en posición de lucha, la testosterona volando en grandes cantidades por el boscoso lugar.
No se habían percatado que estaban pegados nariz con nariz, puños al lado del cuerpo, hombros tensos, barbilla baja, mostrando los dientes, la mirada fija e intensa sobre su futuro oponente.
Estaban justo a punto de demostrar quién era más infantil hasta que de repente, el shinobi con instintos en marcha, detecto movimiento detrás de él.
No le dio oportunidad para moverse a tiempo, por lo que empujo al rubio al suelo rápidamente cayendo este de espaldas y el shinobi sobre él.
El Uchiha sintió algo delicado, aterciopelado de repente, duro por los bordes en su rostro de repente. Planeaba levantarse cuando se percató de lo que realmente estaba pasando.
De alguna manera, Sasuke había quedado justo encima de Naruto, a la par. Ojos azul eléctrico, puros, le regresaban la mirada. El olor a sol y sudor llego a su nariz, pegada junto a la suya; pero, su boca... mmm.
Las bocas unidas por un suave, muy fino beso.
El calor de ambos se acumulaba entre la fresca camisa de lino y un chaleco verde de jōnin.
Apenas y se sentían los labios de Naruto debajo de los de Sasuke, pero se quedaron así un momento, antes de que sus cerebros terminarán de procesar lo que estaba sucediendo.
Abriendo los ojos en estado de estupefacción, no supieron cómo más reaccionar.
Brazos descuidados, deshilachados formaron apoyo sobre el suelo para levantar a Sasuke a velocidad récord.
Naruto quedo acostado en el suelo, viendo al cielo una vez que se retiraron las gemas rojas de enfrente.
Se escuchó un ruido, algo arrastrándose por la tierra a través de las hojas y las ramas pequeñas.
Sasuke saco el kunai depositado en su cartuchera de la muñeca a toda velocidad, Sharingan corriendo eficaz a través del claroscuro, detectando a su visitante sorpresivo.
Arrojando dicho kunai al cuello de aquel que se estaba desplazando por el suelo. Naruto, recobrando los sentidos, se apoyó en sus codos para impulsarse hacia arriba sin levantarse.
A su lado izquierdo de las piernas estaba una mano huesuda, el gris y la muerte rodeándola.
El esquelético miembro tratando de llegar a él, sin embargo, a dos centímetros de alcanzarlo un conjunto alineado de senbon rafagueó el brazo y quedo inerte junto al resto del cuerpo.
Sasuke se acercó lentamente a este nuevo evento:
- ¿Es—eso es u—un cadáver que se movía? – Naruto estaba impactado.
- Eso parece ser.
- ¿Cómo es posible?
- Eso es justo lo que intentamos averiguar.
Sasuke se acuclillo sobre el torso. Aparentemente, tal vez más allá de cinco años de defunción a decir por la falta de piel y carne. Los gusanos visibles por debajo de la ropa que aún le colgaba.
- ¡Oye! Ayer sólo me preguntaste sobre la desaparición de los cuerpos, nunca dijiste nada sobre que se movían solos.
- No es algo que deseemos dar a conocer a todos en el pueblo. Podría ocasionar histeria colectiva.
- Me estás diciendo entonces que he estado viviendo aquí teniendo de vecinos a estos… ¡zombies!
- No me avisaste sobre los lobos, considéralo un empate.
- Mmm…. ¿qué estás haciendo?
Naruto había tomado una ramita larga y le picaba las costillas al torso huesudo. Las cucarachas salían a toda velocidad corriendo por un nuevo refugio.
- ¿Qué parece? Sellando el lugar para podérselo mostrar a mis compañeros de escuadrón. Había seguido una pista y llevaba aquí.
- Por pista, ¿te refieres a…? – bajo la voz inclinándose a Sasuke quien estaba concentrado tratando de armar el genjutsu.
- ¿Qué puede haber más por aquí? Así es. – Sharingan dirigió su mirada a los alrededores del lugar. ¿De dónde salió si se oía al raspar el suelo? El torso debió caerse por aquí cerca si es que ya estaba tan desecho… ¡Bingo, ahí está!
Justo donde parecía madriguera de conejo encima de una raíz, era realmente la entrada de un acuífero.
Escucho que Naruto se desplazó por el claro a espaldas de él.
- Bien, no me quedaré aquí a descubrir cuantos más hay, espero no mueras en el intento – se despidió Naruto.
- ¿Dónde vives? – la voz de Sasuke cortante, aún sin mirar directamente a Naruto.
- ¿Preocupado de que me coman los zombies? – intento bromar el rubio
- Podría ser necesaria tu ayuda, los lugareños experimentados en el bosque al parecer son de utilidad de vez en cuando – mientras hablaba, Sasuke estaba entregando el mensaje a su halcón para dar aviso a Itachi y Shisui de su localización.
- Veinte minutos más al oeste, cerca de los manantiales cavernosos, verás una cabaña, pero no te aseguro estar siempre. Tengo que trabajar todo el día, sin embargo, si te veo por ahí y necesitas ayuda te la daré – Naruto se ofreció como hace todo buen caballero.
- Si te necesitamos nos encargaremos de encontrarte.
- Por supuesto, a menos que necesites sangre; en ese caso, búscate a otro, vampiro. – Naruto sentenció mientras se alejaba con hacha al hombro.
- Dobe – gruño al último Sasuke, una sien saltando en su frente.
Sasuke se enfocó a encontrar respuestas sobre cómo había llegado la mitad de un cuerpo humano sin vida. En ningún momento le regalo un vistazo a Naruto ni intento recordar lo que ocurrió entre ellos, porque no había opción en su mente para perder el tiempo en nimiedades.
Aunque un pensamiento fugaz sí paso al sentarse para esperar a su aniki y toshiue no itoko.
… Existe un Kami-sama que lo odia definitivamente, pensó el Uchiha no queriendo procesar en cómo había perdido su primer beso.
- Definitivamente está muerto.
- Ohh, pero que intuitiva eres, ¿Qué te lo confirmo: el olor de putrefacción o el hecho de que no tiene órganos dentro de él?
- Fuiste tú el que dijo que se movió sólo ¿no es así?
- …-
- …-
- Sakura-san, sólo nos puedes confirmar si ¿existe algo inusual dentro del cadáver o inclusive una manipulación externa? – Karasu-san intentando que volvamos a "Operando".
Dando un nuevo vistazo una vez removida la ropa, este cadáver simplemente parece otro más, común y corriente por la erosión misma de la tierra y la descomposición natural de la necrosis.
Me retire los guantes de látex blancos.
- Me temo que se ve completamente normal; a excepción de la cadera hacia abajo, todo está en su lugar como debería de ser.
Los shinobis me habían traído al bosque bajo la excusa de que este "zombie" había querido comerse al halcón.
- ¡Que no me quiso comer!
- Ni siquiera la tierra te quiere de vuelta – le contesté de inmediato.
El trío estaba murmurando acerca como el chakra oscuro no había afectado correctamente a este cuerpo y por eso vagó más allá por sí solo, sin embargo, estaban cerca. Un cadáver aún funcional que podía moverse por sí mismo significaba que estaban a punto de resolver el misterio.
- Taicho-san, mira esto – Ouhh eso fue muy pronto. Estos shinobis son rápidos.
- Eso es parte del sellado de transmutación de origen, ¿es el único que encontraste? – Los dos ninjas mayores estaban revisando una inscripción escrita en el tronco, un sello al parecer escrito hace poco si la sangre aún fresca con la que fue escrita era una señal.
Cabeza de pato estaba como un perro buscando incluso debajo de las piedras:
- ¿Qué tanto buscas? – le pregunte realmente curiosa.
- ¿Ves ese sanscrito en el tronco?
Asentí una vez.
- Por lo general, cuando se hacen este tipo de sellados tan desordenados, es porque la persona que los coloco muy seguramente no sabe lo que está ejecutando realmente – Sí, totalmente correcto – por tanto, tratará de compensarlo colocando un número insano hasta que se cumpla su voluntad. Todos los que habíamos encontrado incluyendo el del cementerio eran de la misma connotación, sin embargo, este difiere en algunos signos en lugar de simple transmutación, está solicitando métodos de ataque. Ese sello ordena atacar a cualquiera que se acerque a esta zona.
- ¿Por eso quería devorarte?
El shinobi se congelo. Uno, dos, tres segundos. Pareció recobrar la serenidad y expresó:
- Desconozco si deseaba devorarme, sin embargo, se arrastraba hasta donde yo estaba sin descanso.
El enmascarado de halcón pareció recordar algo y consulto con su líder.
- Taicho, solicito permiso para ampliar la revisión del área a quinientos metros más.
- Concedido – contesto seriamente Karasu-san.
Hayabusa-san se inclinó en una rígida reverencia y se retiró por un camino no transitable.
Fruncí el ceño internamente. Se dirigía a la cabaña temporal de Naruto.
¿Por qué iría hacia allá? No tendría sentido asimismo no está en el camino de los mantos acuíferos, a menos…
A menos que haya conocido a Naruto, lo cual no ocurriría. Aun si eso pasará, no sospecharía de mi hermano… ¿o sí?
No, nadie jamás sospecharía de mi rubio favorito. Sin embargo, no lo conocen como yo.
Es cierto que el sello parece fresco, pero para sospechar de mi hermano él tendría que haber estado aquí, antes que Hayabusa-san, y eso no podría suceder porque Naruto me prometió mantenerse escondido haciendo sus actividades en secreto.
En cambio, regreso a mi pregunta inicial, ¿Por qué fue hacía en dirección al nuevo hogar de mi hermano?
Vacía.
Totalmente.
Le vio la cara.
Tenía al culpable frente a él todo este tiempo.
Se presento ante él, dejo que se riera de él, estuvo a punto de agarrarlo a puño cerrado por su atrevimiento de llamarlo… pff… esa palabra despectiva.
Dejó que lo besar… ¡No! Eso no sucedió jamás.
Naruto le había mentido en ambos encuentros.
El cadáver no había atacado a Naruto mientras estuvo en el claro, quien - por lo que se veía - tenía tiempo "trabajando" ahí, curiosamente con madera que nunca se llevó. Por otro lado, cuando Sasuke empezó a acercársele en plan de ataque, fue cuando sorpresivamente el cuerpo salió de su escondite e hizo su movimiento.
No se acercó a Naruto para lastimarlo. ¡Se acerco a Naruto para protegerlo!
El rubio era el culpable y todo este tiempo se rio tanto figurativa como literalmente de él.
Ahora que revisaba la dichosa cabaña, por demás vacía, sintió la presencia de su aniki a sus espaldas. Shisui no debía de estar lejos, seguramente se quedó con Sakura-san para escoltarla a casa nuevamente.
- ¿Cuáles son tus sospechas? – interrogo su hermano mayor.
Sasuke estuvo a nada de contarle lo poco que sabía de Naruto cuando a la mente le vino esa imagen de la sonrisa de ayer: "Para servirte, Dattebayo".
La lógica le decía que Naruto era la razón detrás de todo esto. Curiosamente, los rastros más distintivos los encontraron cuando el rubio estuvo cerca. Nadie en la aldea había dado una descripción que se ajuste a la suya. La cabaña en la que dice vivir realmente es una choza con un colchón aventado en el piso y una que otra cacerola con lo que pensó era comida de días. Tiende a desaparecer cuando manda llamar a sus demás compañeros.
Son argumentos sólidos para sospechar de él.
Siendo así, entonces, ¿por qué su instinto le dice que calle dichas sospechas? ¿Qué no las mencione a Itachi ni a Shisui? Esa energía risueña que irradia el rubio es razón insuficiente para no culparlo, y sin embargo…
Algo le dice que se arrepentirá si dice una palabra en contra de él.
No, necesita hablar directamente con él antes de sacar una conclusión concreta.
Más calmado, después de un largo minuto, ordena sus palabras:
- Naruto, el leñador que conocí, estaba conmigo cuando apareció el cuerpo, y pareció estar en problemas para entender la gravedad del asunto. Comento que seguiría trabajando, pero me temía que saliera huyendo a divulgar esta información a los aldeanos. Trate de convencerlo de que se guardará para si el secreto, pero puede que haya cambiado de parecer.
- ¿Por ello emprendiste prácticamente vuelo a este lugar?
- Me preocupaba que la vista de un cuerpo viviente pudiera afectarle – contesto un inamovible Sasuke.
- Tenía que convencer a su hermano mayor, no. En una misión, Itachi no era aniki, Itachi era un capitán nivel ANBU. Uno hecho a si mismo.
Pero Sasuke tampoco se quedaba atrás. Será más joven, pero no es llamado genio por nada.
Número uno en toda clase a la que había asistido desde la academia, margen abismal de progreso entre sus compañeros y él, el potencial shinobi de Sasuke era alto. No se quedaría a la sombra de Itachi y esta ocasión era perfecta para demostrarlo.
Sin falta lo buscaré, después de continuar la búsqueda de más sellos.
Itachi lo miró fijamente. Una mirada que a cualquiera tendría derritiendo en el suelo. Sasuke lo sabía mejor, estaba decidiendo si otorgaba o no una prórroga a la petición velada de Sasuke. Permíteme hacer esto.
Asintió.
- Adelante, informa a la brevedad al tener noticias Hayabusa-san.
- Por supuesto taicho-san.
Sasuke solo esperaba que su instinto no le fallará.
Aunque esta vez tuviera que golpear muy necesariamente a cierto rubio.
- Sakura-chan, debes mantenerlos en línea, no dejes que se sobrepasen contigo, ¿has entendido?
- Hai hai tranquilo Nobuyuki-san – lo calme con unas palmaditas en sus manos – Los ninjas de Konohagakure no han sido sino más que caballerosos con esta indefensa.
- ¿Segura que no deseas que Tajima-kun venga a cuidarte? – preguntaba al tiempo que enviaba miradas sucias al escuadrón sentado en la mesa principal, planeando su siguiente búsqueda.
Sonreí educadamente antes de colocar la hoja de maíz sobre su palma envuelta en el ungüento.
Cuando los shinobi mostraron curiosidad por el olor tan magnético de la pomada procedí a relatarles que sólo era muérdago. Cortado con una hoz dorada durante el solsticio de invierno a medianoche mientras una estrella fugaz volaba.
Me miraron sin decir nada, seguramente parciales si entre creerme o no. Por desfortuna, si no me creen, nunca sabrán como recolectar correctamente el muérdago medicinal.
Mi paciente se había quemado, en un segundo grado, se podía oler su carne chamuscada sobre la palma de su mano. Sin embargo, a sus sesenta años, Nobuyuki-san era un agradable adulto mayor fuerte aun en sus maneras. Siendo un civil, no tiene nada que envidiar al ninja, debido a que es duro como un roble y aunque es una horrible quemadura, la infusión de lavanda no parece haberlo sedado para nada.
- Arigatou, pero Tajima-san tiene sus propias cosas por hacer. Además, han sido atentos conmigo, y debemos permitirles continuar con su labor, ¿no crees, Nobuyuki-san? – dice cordialmente con una voz tan suave.
- Sólo si tú lo dices, Sakura-chan… Pero no olvides que Tajima-kun podría venir sin problema si necesitas ayuda… con otras cosas – aun receloso le dedicaba miradas tremendas a los ninja.
La mayoría de la gente adulta en el pueblo apenas podían mirar a cualquier ninja, en vista de sus vidas jóvenes en que fueron obligados a participar en las guerras directa o indirectamente.
Ese tipo de rencores permanecen toda la vida en la mente colectiva campesina.
- Ne, ne, no es necesario. Con decirte que han sido taaan amables conmigo – dije tiernamente sin mirarlos – que he decidido esterilizar correctamente sus juguetes shinobi que he encontrado por allí. Una buena resanada con lejía, barro y sangre de cerdo hace que cada arma que encontré rezagada tirada por ahí brille más que nunca.
Le dirigí una sonrisa inocente a Hayabusa-san, quien me miro levantando su cabeza en una fracción de segundo y salió disparado de la sala. Seguramente, así recordará guardar todos sus objetos punzocortantes, incluso uno que olvidó sobre la mesa del centro por la mañana, cada vez. Yo lo advertí y mis promesas se cumplen.
- Sakura-chan, eres una jovensita tan amable – asintió mi anciano paciente a la vez que sentía la mirada burlonas de Hyo-san y la de reclamo de Karasu-san – que suerte tienen, ninjas.
Yo estaba muy, muy divertida, sonriendo sin parar.
Los siguientes dos días al cadáver móvil - no es un zombie, hasta que yo lo vea caminar – los shinobis tomaron como fortaleza mi pobre mesa del comedor, que estaba repleta de pergaminos y tazas de té.
Cuartel sin tropel tanto mi comedor como la sala. Según Hyo-san:
- Tienes una excelente mesa de servicio Sakura-san.
Lo que yo escuchaba era:
- Así podemos vigilarte cuando estemos aquí, cuando estes en el jardín trasero el cancel de la sala nos permitirá observarte, y si estamos afuera, el cuervo-invocatoria vigilará que no envenenes nuestra comida… o le escupas, lo que mejor que se te ocurra.
No sé qué tienen con que le escupa a su comida, nunca lo he hecho. … A menos que sea un mensaje subliminal…, y realmente sean como esos pervertidos que pagan por la saliva y calcetines sucios de las chicas. He escuchado algunos rumores que dicho intercambio es sumamente redituable.
¿Cuánto ofrecerían por mis mallas nuevas? ¿O les gustarían las sucias rotas?
Estaba pensando en cómo ser una empresaria exitosa, con cierta sucursal en Yugakure cuando sentí calor corporal a mi derecha.
- Un centavo por tus pensamientos, Sakura-san – pregunta Karasu-san
- ¿Cuánto me pagarías por escupirte?
- …-
- Oh, no tienes que contestar, sólo estoy haciendo una muestra de mercado.
- … ¿Debería saber? – pregunta cauteloso.
- Mmm no, posiblemente no quieres saber – baje la voz risueña con eso último.
Estaba arrodillada recogiendo las grifola frondose – hongos silvestres – del musgo veraniego, en una linda tarde de mediados de junio cuando el enmascarado de cabello largo se unió a mí.
Probablemente más por cansancio que realmente a venir a preguntarme sobre el costo de mis mallas.
El primer día que llego no lo note, debido a que no contaba con una base de comparación, sin embargo, en estos cinco días me he percatado que realmente ha estado viviendo bajo mucho estrés y aparentemente, cuenta con una salud bastante enrarecida, sino es que precaria. A veces, pareciera que le cuesta respirar, toma ciertos bostezos como si le faltará el aire, pero no emite sonido alguno.
He estado muy tentada a revisarlo; sin embargo, tengo la sensación de que, a la mínima señal de manipulación de chakra, él tendrá mi cuello bajo su kunai. Presionando, duro.
No me he podido comunicar con Bastet, esencialmente por qué - aunque los shinobis no están en casa durante el día -, el cuervo-invocatoria es un dulce chico que realmente está dedicado a tarea de continua vigilancia.
Al principio era muy tímido, pero se me estruja el corazón cuando veo a cualquier animalito viéndome con una carita de borrego a medio morir. Así que le deje un platito de agua con azúcar junto a unas rebanadas de manzanas. Ese fue el inicio de una bella amistad. Desde entonces entra muy gustoso en la casa, y he descubierto que le encantan las termitas, cosa que a Sacacorchos le encantaría.
Bastet no es muy respetuoso de cualquier animal que llegue a mis brazos, así que lo persigue de vez en cuando. Sólo para matar el aburrimiento de no poder hablar como le encanta al neko mandón.
- ¿Puedo hacerte una pregunta Sakura-san?
- Puedes hacerla Karasu-san, seré yo quien decida si puedo contestarla.
- ¿Por qué estas tan sola?
Eso no me lo esperaba.
Esperaba cuestionamientos sobre mi conocimiento extenso del bosque, el uso de algunas plantas medicinales, incluso una petición sobre dejar en paz a su – sospecho – hermano, pero esto me desarma.
No me congelo, pero mis movimientos se vuelven más lentos.
No es controlado, simplemente estoy pensando en cómo debo contestar, pero paso tanto tiempo tratando de encontrar las palabras que casi me doy por vencida intentando responder.
- Soy una mujer extremadamente antisocial, prefiero amargar el día de varios antes de permitir que amarguen el mío y eso me hace demasiado feliz. Pero a los ojos de los cuerdos, no es normal pensar así, ¿ves? – digo alzando mi hombros con resignación.
- En ese caso, ¿por qué vives tan alejada del pueblo? Hasta los antisociales aun así viven cerca de las manadas.
Lo mire esta vez, sentándome hacia la puesta del sol:
- La casa es parte de mi herencia, nací y me crie aquí. Crecí rodeada de árboles, no de gente, al menos, no tanta. Sabes de que tamaño es nuestro lindo pueblito.
- Tu infancia la viviste con tu familia en este lugar.
- Hai, así es.
- ¿Dónde están ellos ahora, si puedo preguntar?
- … - Suspiro profundo, mirando los tintes anaranjados y rosados caer bajo los árboles del horizonte plano, bajo la mirada ligeramente, paso saliva – Cada uno… a su tiempo… se fue – mi voz baja con cada palabra.
- Lo siento mucho.
- Yo no. – mi voz grave, pero sin subir el volumen.
Le regrese la mirada al tiempo que él lo hacía.
- Ellos sufrían mucho – me señalo el corazón con el dedo índice de mi mano derecha – aquí.
Los pocos rayos que atraviesan las cuencas visuales me permiten tener un vistazo de sus ojos, pero más allá de eso, creo poder ver comprensión.
Estoy dando a entender totalmente algo ajeno a la verdad, pero siento que este shinobi, de alguna manera… entiende.
Él entiende.
Mi nudo en la garganta no pasa desapercibido por él. Excelente, no sabía cuan realista sería mí actuación, tanto que yo misma me lo creí.
Como una cuasi disculpa, murmuré:
- En verdad lamento ser tan difícil, es la única palabra que encuentro para definirme, difícil en cuanto a mi forma de ser, mi manera de pensar, soy complicada de tratar, de entender y, de soportar, créeme, sé que lo soy. Y lamento que haya sido tu escuadrón al que le haya tocado lidiar conmigo.
Siento la mirada del capitán shinobi sobre mi cabeza, sé que está preguntándose mil cosas a la vez, o sólo pensando que soy extraña, pero me agrada cuando responde:
- Hay veces en que las personas más lastimadas, son las más bondadosas secretamente. Quizás un corazón herido entiende, como no causar dolor en los otros, y se prefiere por la molestia o el sarcasmo. – lo miro sorprendida por las palabras tan dulce - A menos que sea Hyo-san y se termine uniendo a la muerte social de Hayabusa-san.
Suelto una sana risa, y me siento raramente más ligera que hace un momento.
Este shinobi es como Haku.
No sabía exactamente como comprobarlo o decírselo a sus compañeros.
Su sharingan ya había inspeccionado repetidas veces sin resultado alguno; sin embargo, de una manera injustificable, estaba muy seguro qué el perchero se movía.
- ¿Cómo es que no te comieron los lobos cuando eras una niña?
- Eso es porque hice el ritual de aceptación.
- ¿Ritual de aceptación?
- Sí, para ser aceptado en la manada.
- ¿Cómo es este ritual de aceptación?
- Sólo debes de ir desnudo a la mitad de la montaña a medianoche, debes de prender velas negras y cazar juntos a ellos a los ciervos blancos, así te dejaran bailar con ellos toda la noche; a cambio te brindaran un intercambio. Ofrecí un ciervo blanco, así que ellos me dieron algo a cambio.
- Bien, demente, ¿Qué te dieron ellos a cambio? – dice incrédulo y sonriente a su pesar.
Levanto el collar que oculto bajo mis ropas
- Sólo te dan un lindo recuerdo de tu primera cacería.
Hyo-san y Hayabusa-san quedan atónitos cuando ven un colmillo de lobo de doce centímetros con parte de la encía emerger de mi pecho.
Me miran al rostro después de un buen rato.
Sonrío sádicamente entrecerrando los ojos.
- Ese no es un anillo real de bodas, son solo ramitas mal ligadas.
- Usaré un anillo real de bodas cuando me casé.
- ¿Entonces porque no usar el anillo en otro dedo?
- Porque significa algo muy especial.
- …-
Nadie vuelve a comentar nada en el comedor desde que agache la cabeza.
- ¿No puedes ser, sólo por un día, amable? Onegai es una palabra tan sencilla, sólo repite conmigo. O-ne-ga-i.
- Fuiste entrenado para situaciones más que imposibles toda tu vida. Un poco de amor rudo no te hará daño… - lo dirigía mientras caminaba detrás de mí cargando con mis zanahorias - … ¿o sí, Hayabusa-san?
- … Sólo una vez, repite conmigo.
Le dirigí una mirada plana mientras le arrojaba otra zanahoria. La atrapo antes de que le diera en la cara.
- Cualquier dama respetable pedirías disculpa ante tal carácter – reclama todo arrogante y lleno de mugre en su máscara.
Gire mis pasos para verlo directamente. Aun me sacaba más de media cabeza de altura y casi, podría jurar que lo vi estremecerse cuando entrecerré mis ojos hacia los suyos.
Decidiéndolo pronto, asentí para mi misma y le ordené:
- Por acá. – cambiando el rumbo de nuestra cosecha.
Empecé a recolectar cuatro tomates antes de arrojarlos cuidadosamente a la canasta del shinobi.
Él los miro con incredulidad antes de preguntar con confusión:
- Tan rencorosa eres que me obligarás a ver como todos los demás comen tomates menos yo.
Lo dijo de una forma tan lastimera, que por poco me arranca una risa, pero simplemente le respondí sin mirarlo y continuar mi trabajo:
- La tarta de tomate con albahaca y pasta puede que te guste.
Se quedo de piedra. No lo vi, pero por la forma en como sentí su mirada perforarme la nuca supe que estaba impactado.
Después de unos segundos, pregunta receloso:
- ¿Lo vas a envenenar?
- Iie.
- ¿Laxante?
- Ganas no me faltan, pero no.
- ¿Podré comer?
- A menos que tengas algo mejor que devorar.
- ¿No me lo tirarás a la cabeza?
- ¿Por qué desperdiciaría una perfecta tarta en tu rostro si ni siquiera la salsa te corroería los ojos?
- Entonces… ¿Por qué…? – pregunta confundido.
Me giro parcialmente para recoger una fruta mediana. Agua de sandía, sí, será un toque fresco.
- No me voy a disculpar por ser lo que soy y no es orgullo, es amor propio y me llevo toda la vida aprenderlo. Así que agradece cuando de vez en cuando se me enternece el corazón.
- … Eres una mujer rara.
Le sonrío infantilmente y esta vez, sí se estremece:
- Seamos raros y locos, porque aburridos y amargados existen demasiados.
- ¿Por qué no hay fotos de tu familia?
- Porque a veces los recuerdos son demasiado.
-Oh, miren esto: un "amable" shinobi ayudando a una pobre campesina con su pozo de agua, arreglándolo porque "alguien" cuyo nombre no diré – cof cof gorrionsito – se aventó sobre él.
- En primer lugar, no eres ninguna "pobre", bien puedes pedir una reparación de aquel fontanero que parece adorarte. Segundo no soy gorrionsito; y tercero, demente, no me "aventé" sobre él.
- Por supuesto, él se aventó sobre ti y tú te resististe.
- Mira, si quieres ayudar podrías… -
- ¿Rompes mi pozo y tienes el descaro de pedir ayuda a la inconsolable víctima?
Un enmascarado Hyo-san, estaba muy entretenido comiendo la tarta de manzana que prepare, Karasu-san quedo más encantado con los dangos tricolor recién hechos.
Ambos sentados en la mesa de campo con tazas idénticas de té negro viendo como Hayabusa-san peleaba por arreglar mi pozo.
- Olvídalo, lo arreglaré a la brevedad.
Se había quitado la camisa negra por el alto sol veraniego, así que sólo observe.
Había algo no me gustaba en todo esto.
Una vez que encontré la molestia que me consumía, comenté señalándolos:
- De todos los shinobis, ¿ustedes eran los únicos disponibles?
- Tuviste suerte, cuentas con tres shinobis de rango jōnin: habilidades tanto de ataque como defensiva arriba del promedio, totalmente compleme…
- Ah si, si, no lo dudo, pero ¿no había más? – interrumpo a Hayabusa-san.
- Como guardias ninja de la aldea de Konoha, podemos protegerte a ti y a tu aldea mejor que nadie.
- Aja sí… Pero eso no responde a mi pregunta.
- ¿Si éramos los únicos disponibles?
- Hai.
- … ¿Por qué preguntarías eso?
- A ver la respuesta es un sí o un no, no hay pierde.
- Entonces no, no había más disponibles.
- …-
- …-
- Pero ¿puedo ver el catálogo de la próxima temporada?
- ¿El catálogo?
- Sí, de shinobi. Si quisiera contratar alguno, necesito ver si tendrán lavadero de verdad o serán un palito escuálido como tú.
Hyo-san se atraganto escupiendo y riendo a la vez con una risotada que llego hasta el pueblo, golpeándose en las rodillas continuamente
- … Taicho-san, permiso para cometer venganza.
Kasaru-san, ¿más poky con dango? – mi sonrisa dulce e inocente activada.
- … Denegado Hayabusa-san. Te lo agradecería mucho, Sakura-san.
- Para servirte Karasu-san. – sonreí con presunción victoriosa al pequeño gorrión.
Un gruñon Hayabusa-san apareció a la hora de la cena murmurando algo sobre Taichos traicioneros y Hyo-san inútiles que solo se reían de su desgracia.
Un rubio mirando a la luna y las estrellas.
Emociones contradictorias pasaban por su mente; enfocado en una sola imagen… rememoraba él, tocándose sus labios suavemente.
